viernes, 11 de febrero de 2011

La noche en que se hundió el mundo

Berlinale, de Wall Street a la Junta


El Wall Street tóxico y la dictadura argentina abren la carrera por los Osos 
  
Gemma Casadevall

Berlín, 11 feb (EFE).- La Berlinale entró hoy de lleno en la carrera por los Osos con Jeremy Irons y Kevin Spacey, dirigidos por el debutante JC Chandor en "Margin Call" y sumergidos en el Wall Street más tóxico, y con la visión desgarradora de la dictadura argentina del "El Premio", de la también primeriza Paula Markovitch.
"Quisimos reflejar la monstruosidad del sistema financiero, lo que no significa que todos los seres humanos que lo habitan sean monstruosos. También son personas", afirmó JC Chandor, quien desembarcó en Berlín con Irons, Spacey, Paul Bettany, y Zachary Quinton, algunos de los actorazos involucrados en primer filme.




A ellos, además del asimismo magnífico Stanley Tucci, corresponde dar un contorno creíble al codicioso ámbito financiero -y aún más altas quiebras-, "el mundo de los que no conocen la moral", en palabras de Spacey, cuyos mecanismos parecen no entender ni los responsables que aparentemente lo dirigen.
Activos tóxicos, un recital de managers, brokers, mandos intermedios y jefazos despiadados o desbordados, con los veteranos Irons y Spacey entre jovenzuelos que quieren ganar millones y no saben cómo gastar los que ya ganaron: ese es el mundo de "Margin Call", en el Wall Street de 2008, el de Lehman Brothers.
Todo ocurre una noche antes de que su mundo se hunda, entre seres sin familia -lo único similar a ello es del perro agónico de Spacey- a los que se comunica el despido desactivándoles el teléfono móvil, borrando mails y tarjetas de seguridad y dándoles la socorrida caja de cartón para que empaqueten sus cosas.
Spacey y Irons, impecables los dos, más Demi Moore, con su arquetípica cara de arpía, marcan el film con que Chandor irrumpe en el mundo de las bancarrotas y el regalo de bonos multimillonarios a quien coloque basura tóxica mientras se hunde el sistema.
Chandor opta por la visión desapasionada, incluso melancólica, paseando entre rascacielos a través de la noche y mientras se masca una catástrofe global que no estallará con un avión estrellándose en la primera Torre Gemela, como el 11-S, sino por la información contenida en un "pen-drive" -lápiz de memoria portátil-.
Redondeó la primera jornada a competición "El Premio", el primer largometraje dirigido por Markovitch, nacida en Buenos Aires y afincada en México, quien refleja desde una casita en la playa, a través de una madre y su hija de siete años, Ceci, el desgarro provocado por la dictadura argentina.
Madre e hija duermen vestidas, en una casa por las que se cuelan viento, arena y hasta el mar, y en la que la niña aprende que, a quien le pregunte en la escuela, sólo debe responder que papá vende cortinas en Buenos Aires.
Papá no vende cortinas, se le presume desaparecido o tal vez muerto, puesto que no escribe. Entre vendavales y unas dunas que serían idílicas, si no fuera porque las circunstancias son las que son, discurre su mundo, hasta que participa en un concurso de redacción en la escuela donde debe describir que es el ejército.
El hallazgo de Markovitch es la niña, Paula Gallinelli Hertzog, que coloca a su madre al borde del abismo con su redacción, donde cuenta lo que oyó, es y hace el ejército de la Junta Militar.
El resultado es una película bellísima, aunque para muchos excesivamente extensa, literaria, por deseo explícito de la directora, para quien "el cine es un género literario, con pocas imágenes, pero cada una de ellas de gran carga".
"El Premio" fue acogida con el calor que siempre despierta en Berlín el cine argentino, aunque en términos de producción, éste no lo sea, ya que ese capítulo se lo reparten México, Alemania y Polonia.
Markovitch acudía como debutante, pero no lo es tanto, puesto que su nombre pasó ya por el festival, como guionista de "Lake Tahoe", el filme del mexicano Fernando Eimbke que en 2008 ganó el premio Alfred Bauer del festival.
Se trata de un filme muy a la medida de la Berlinale y de su director, Dieter Kosslick, admirador confeso de las historias contadas por mujeres y, en concreto, del cine argentino.
"El Premio" es el primer concursante latinoamericano, al que seguirá "Un mundo misterioso", del argentino Rodrigo Moreno, ganador en 2006 del Alfred Bauer, con "El custodio". EFE
gc/jcb/ea
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Ceci, la nena del viento


Markovitch y su cine literario abren el paseo latinoamericano de la Berlinale 
  
Gemma Casadevall

Berlín, 11 feb (EFE).- La directora argentina Paula Markovitch abrió hoy el amplio paseo por el cine latinoamericano que ofrecerá la 61 Berlinale con el estreno a concurso de "El Premio", una visión literaria del cine aplicada los estragos causados por la dictadura.
A Markovitch le correspondió el desafío de compartir la primera jornada a concurso del festival con otro debutante en la dirección, el estadounidense JC Chandor y su "Margin Call".
Mientras su colega de EEUU presentó un filme centrado en el Wall Street despiadado de los activos tóxicos, apuntalado en Jeremy Irons, Kevin Spacey y un batallón de grandes nombres, la cineasta argentina, afincada en México, lo hizo desde la simplicidad y a través de una niña de siete años, Paula Galinelli Hertzog.
"Entiendo el cine como un género literario, con pocas imágenes, pero cargadas de simbología y fuerza", explicó Markovitch, tras el pase para la prensa, respecto a un film que discurre en una casa entre dunas azotadas por el viento y en una escuela destartalada.
Ceci, la niña, y su madre -Laura Agorreca-, así como la maestra -Vivianna Suraniti- y la compañera de pupitre -Sharon Herrera- son los instrumentos con los que se teje el sensible relato fílmico de esa madre e hija que duermen vestidas, puesto que por la casa se cuelan el viento, la arena y hasta el mar, cuando sube la marea.
Ambas viven ahí semiocultas y lo primero que la niña aprende es que, a quien le pregunte en la escuela, sólo debe responder que papá vende cortinas en Buenos Aires.
Papá no vende cortinas, se le presume desaparecido o tal vez muerto, puesto que no escribe. Madre e hija entierran sus libros en la arena, a modo de metáfora de la dictadura no tan alejada de su playa de dunas que serían idílicas, si no fuera porque las circunstancias son las que son,
Ahí discurre su mundo, hasta que Ceci participa en un concurso de redacción en su escuela sobre el tema qué es el ejército. Colocará a su madre al borde del abismo a través de cuatro frases infantiles, reflejo de lo que hizo con los suyos la Junta Militar.
"Es una película con muchas referencias autobiográficas", explicó Markovitch, nacida en Buenos Aires en mayo del 1968 y cuya infancia transcurrió entre la provincia de San Clemente del Tuyú y Córdoba, adonde se trasladaron sus padres.
Markovitch debuta en la dirección con ese film pero estaba incluida en la nómina de la Berlinale como guionista del "Lake Tahoe", el film del mexicano Fernando Eimbke que en 2008 ganó el premio Alfred Bauer del festival.
Afincada en México, su película es de producción mexicana, alemana, francesa y polaca, pero no argentina, puesto que, según explicó, no encontró productor allí que la respaldara.
Su filme, muy a la medida de los gustos del director de la Berlinale, Dieter Kosslick, admirador confeso de las historias contadas por mujeres y del cine argentino, abrió el panorama de cine de su país.
Le seguirá a concurso, "Un mundo misterioso", del argentino Rodrigo Moreno, ganador en 2006 del Alfred Bauer, con "El custodio".
Fuera de las dos aspirantes a los Osos -del total de 16 concursantes-, se verá en Panorama "Medianeras", el debut de Gustavo Taretto, mientras que en Forum se incluyeron "Ausente", segundo largometraje de Marco Berger, y "Ocio".
En Cine Culinario se verá "El camino del vino", de Nicolás Carreras, mientras que en Co-Production Market se presentan "Wakolda", de Lucía Puenzo, y "El día trajo la oscuridad", de Martín Desalvo. EFE
gc/rz/cr
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jueves, 10 de febrero de 2011

La Berlinale, apertura al trote


Bridges y los Coen, cual "cowboys" por la Berlinale 
 
Gemma Casadevall

Berlín, 10 feb (EFE).- Los hermanos Joel y Ethan Coen, junto a su "Marshall" Jeff Brigdes, desfilaron sobre la alfombra roja de la 61 Berlinale cual "cowboys", al galope del "True grit" que abrió el festival y custodiando a Hailee Steinfeld, la gran revelación de un filme que juega a ser y no ser un "western" de toda la vida.
"No soy el perpetuador de John Wayne. Lo adoro, pero no busquen en nuestra película una especie de híbrido con la de 1969. Nuestro filme tampoco es una película del género", afirmó Bridges, presente en Berlín con un "look" bastante parecido al del viejo alguacil borracho del film, aunque aseado y sin el parche tapándole el ojo.
"No buscábamos el 'remake', vimos la película de niños y teníamos una idea más o menos vaga de lo que pasaba. Wayne no es un referente para la gente de mi generación", corroboró Ethan Coen, entre asentimientos de su hermano Joel.
Wayne es un "icono", resumió Bridges, para quien los cinematográficos hermanos tienen "su propio lenguaje y su propia relación con el mundo de muerte y violencia" del llamado salvaje oeste.
La comparación era inevitable y el "remake" del "Valor de Ley" que dio el Oscar en 1969 a Wayne dejó a la Berlinale dividida entre los que lo ven como un "western" de siempre y los que le aprecian un cúmulo de diferencias derivadas del humor corrosivo del sello Coen.
Se habla demasiado -y dispara poco- para ser una película del oeste de las de siempre, pero por otro lado ahí están todos los tópicos del género -cazadores de recompensas, forajidos, borrachos, personal de gatillo fácil y ni un minuto para el aseo personal.
Se ciñe más al libro de Charles Portis que al guión del film de Henry Hathaway, pero es casi desligar del todo a Bridges de Wayne.
Mientras unos afinaban paralelismos en esa especie de duelo entre actores, a 40 años de distancia entre sí, o entre este filme y otros de los Coen, otros se dejaron arrastrar por la magia de una película que, en realidad, pertenece a Steinfeld, en el papel de la muchacha de catorce años empeñada en vengar la muerte de su padre.
Steinfeld está a millas de los estereotipos del género "película con niño", en el filme, y fue aclamada por un festival tan sediento de grandes nombres como de descubrir talentos.
Encantadora y tan lista como en el filme, juró haberlo pasado estupendamente rodeada de hombres permanentemente rudos: "Pasé tres meses con ellos, tiempo suficiente para perderles el miedo".
La Berlinale aclamó a los Coen y a Bridges, como no podía ser de otro modo, y se quedó prendada con la muchacha. Los hermanos y su actor se quitaron con creces la espina de la tibia recepción que dio ese mismo festival a "The Big Lebowski", en 1998.
La película acudía fuera de competición y coincidiendo con su arranque en las salas comerciales de media Europa -en EEUU se estrenó ya hace semanas-, de manera que poco margen para descubrirle sus secretos dejó a la crítica desplegada a Berlín.
Aún así, fue un arranque vigoroso para un festival por el que mañana dejará de hablarse tanto de aspirantes o no a Oscar -el film de los Coen acumula diez nominaciones-, para hacerlo de Osos.
Abrirán el desfile de candidatos dos debutantes en la dirección: el estadounidense JC Chandor y la argentina Paula Markovitch.
El primero concurre con "Margin Call", una película centrada en el convulso Wall Street de 2008 e interpretada por Kevin Spacey, Jeremy Irons y Demi Moore.
Markovitch, nacida en Buenos Aires y afincada en México, lo hará con "El premio", un film que acude arropada por la subvención previa de la propia Berlinale -el fondo World Cinema- y su aval como guionista de "Lake Tahoe", el film del mexicano Fernando Eimbke que en 2008 ganó el premio Alfred Bauer del festival.
Kosslick se ha prodigado en elogios a la película de Markovitch, que retrata aspectos poco explorados de la dictadura argentina a través de una niña de siete años y una mujer.
Es una historia con perfiles autobiográficos, según el catálogo, y la primera de las dos concursantes de Latinoamérica, a la que seguirá, el próximo miércoles, "Un mundo misterioso", del argentino Rodrigo Moreno, ganador en 2006 del Alfred Bauer, con "El custodio".
La 61 Berlinale viene muy buen nutrida de cine argentino, a competición o en las restantes secciones: "Medianeras", de Gustavo Taretto, en Panorama, además de "Ocio", de Juan Villegas y "Ausente", de Marco Berger, en Forum, y "El camino del vino", de Nicolás Carrera, en el Cine Culinario.
Además, estarán presentes en el Co-Production Market, paralelo al festival, "Wakolda", de Lucía Puenzo, y "El día trajo la oscuridad", de Martín Desalvo. EFE
gc/jcb/is
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miércoles, 9 de febrero de 2011

Galopes


Los Coen ponen al galope una Berlinale pletórica de cine latinoamericano 
 
 
Gemma Casadevall

Berlín, 9 feb (EFE).- Los hermanos Joel y Ethan Coen pondrán mañana a cabalgar la 61 edición de la Berlinale con su western "True Grit", que abrirá un festival cargado de buenas dosis de 3D y cine latinoamericano, en alternancia con el desfile de famosos sobre la alfombra roja.
Jeff Bridges, en pos de su propio Óscar con el mismo mítico personaje que le dio el suyo a John Wayne en 1969, abrirá la veda a las cerca 400 películas que se proyectarán a lo largo la Berlinale, incluidas las 16 aspirantes a los Osos, entre ellas los filmes de los argentinos Rodrigo Moreno y Paula Markovitch.



El "remake" de los Coen se exhibe fuera de competición y dará paso a una lista de aspirantes a premio más breve de lo habitual -suele haber entre 18 a 22 filmes-, marcada por nuevos talentos procedentes de todo el planeta, tanto de EEUU y Europa como de Irán, Israel o Asia, junto a Latinoamérica.
El director de la Berlinale, Dieter Kosslick, promete novedades, entre otras un "domingo entero sin quitarse las gafas del 3D" con la proyección, en jornada dominical, de tres filmes en esa técnica: "Les contes de la nuit", de Michel Ocelot; "Pina", de Wim Wenders, y "Cave of forgotten Deams", de Werner Herzog, estas dos últimas fuera de competición.
El estrellato que Kosslick da al 3D no eclipsará -asegura el director- el que toda Berlinale proporciona a las estrellas de carne y hueso, entre ellas Colin Firth, Liam Neeson, Kevin Spacey, Ralph Fiennes y Carmen Maura, así como la presencia extraoficial de Madonna.
La reina del pop acudirá a Berlín para promocionar su último filme como directora, "W.E.", en el European Film Market, pero en el festival los medios la esperan como si fuera a competición.
Neeson acude también fuera de concurso, con el thriller "Unknown" del español afincado en Hollywood Jaume Collet-Serra, mientras que de Firth se proyectará "The King Speech" en Berlinale Special.
Maura también estará en Berlín con una película fuera de concurso, "Les femmes du 6ème Etage", de Philippe Le Guay, y en la que comparte reparto con Natalia Verbeke y Lola Dueñas.
Entre Firth y el equipo de los Coen se asegura una nutrida presencia de "oscarizables" en la capital alemana, mientras que al jurado presidido por la actriz y directora italiana Isabella Rossellini le corresponderá repartir los Osos entre las aspirantes.
La debutante Markovitch se presenta con una película que parece predestinada a mucho, tanto por su título -"El Premio"-, como por la predilección confesa de Kosslick por el cine dirigido por mujeres y la clara apuesta de esta edición de la Berlinale por Latinoamérica.
Se trata de una producción filmada en México -donde está afincada la directora-, que muestra a través de una niña de siete años los estragos de la dictadura argentina.
Completa el aporte del cine latino "Un mundo misterioso", de Rodrigo Moreno, ganador en 2006 del premio Alfred Bauer con "El Custodio".
Sus rivales en competición van de Joshua Marston -Oso de Plata en 2004 a la actriz Catalina Sandino-Moreno por "María, llena eres de gracia"-, Miranda July y Ralph Fiennes -ambos, en el doble papel de directores y actores- o el iraní Asghar Farhadi.
Marston se presenta con "The Forgiveness of Blood", Fiennes lo hace con "Coriolanus" y July con "The Future".
La máxima aportación de estrellas a concurso -Spacey, Jeremy Irons y Demi Moore- corresponderá a "Margin Call", del debutante JC Chandor, en el mundo de las bancarrotas de Wall Street de 2008.
Otra debutante, Victoria Mahoney, redondea la aportación de EEUU en la lucha por los Osos con "Yelling to the Skyp".
El cine anfitrión competirá con "Schlafkrankheit", de Ulrich Köhler, y "Wer wenn nicht wir", de Andres Veiel, mientras que el resto de aspirantes procederá de Hungría, Rusia, Turquía y Corea.
Se hablará mucho de Irán, anunció Kosslick, no solo a través del concursante de Farhadi, sino también de la solidaridad al director iraní Jafar Panahi, oficialmente miembro del jurado, aunque no estará en Berlín por cumplir condena en su país por conspiración.
El despliegue latinoamericano no se limitará a la competición, sino que se extiende a todo el festival, con una veintena de títulos repartidos entre Panorama, Forum y Generation, y producciones procedentes de casi todo el continente: Brasil -con "Tropa de Elite 2"-, Chile, Perú, Venezuela, Colombia, Paraguay, Uruguay y México.
España estará representada por Isabel Coixet, con el documental "Escuchando al juez Garzón", en Berlinale Special; "También la lluvia", de Icíar Bollaín; y "Amador", de Fernando León de Aranoa, ambas en Panorama, entre otros.
Y, finalmente, en el capítulo homenajes se dará el Oso de Oro de Honor al actor alemán Armin Mueller-Stahl y se dedicará una retrospectiva al fallecido director sueco Ingmar Bergman, con presencia de algunas de sus musas, como Liv Ullmann. EFE
gc/jcb/mcm
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Mi Berlinale

La Berlinale tiende su polivalente alfombra roja para divos y gente común 

 
Gemma Casadevall
Berlín, 9 feb (EFE).- La Berlinale tendió hoy su alfombra roja para la apertura mañana del festival, que hasta el próximo día 20 verá desfilar tanto a divos y divas de Hollywood como a un público común, sea en sesiones de gala o en formato de cine de barrio.
Los operarios trabajan a marchas forzadas para tener a punto la tela roja ante el Berlinale Palast el día de la inauguración.
El festival se abrirá con el western "True grit" -"Valor de ley"-, de los hermanos Joel y Ethan Coen, y con Jeff Bridges, candidatos a los Oscar.
El director de la muestra, Dieter Kosslick, iba hoy de cita en cita, tras recoger en el aeropuerto a la presidenta del jurado, la actriz y directora italiana Isabella Rossellini, mientras en las taquillas se agolpaba el público en busca de entrada.
"La Berlinale ha vivido siempre y seguirá viviendo aupada por el ciudadano común, berlinés o visitante, que se lanza a por sus entradas con una pasión que da al festival un ambiente que no tiene ningún otro en su género y categoría", sostiene Kosslick.
El carácter de festival "para el público" diferencia a la Berlinale, en palabras de su director, de sus congéneres europeas -Cannes y Venecia-, mucho más elitistas, a lo que se suma el hecho de que se celebra en una capital con más de tres millones de visitantes, lo que no ocurre en sus rivales francesa e italiana.
El pasado lunes empezó la venta de localidades para prácticamente todas las sesiones del festival -incluidas las de gala y con la única excepción de los pases exclusivamente reservados a la prensa- y con un total de casi 400 filmes donde elegir.
La oferta va de la sección oficial, con sus 16 aspirantes a los Osos, al resto de apartados fuera de competición: Panorama, Forum, Berlinale Special, Generation, Retrospectiva (dedicada este año a Ingmar Bergman), Cine Culinario y Berlinale en el Barrio.
En un encuentro con medios extranjeros, Kosslick dijo que los que quieran compartir sesión con los divos lucharán por su lugar en las sesiones de gala del Berlinale Palast, en las que se espera a figuras como Kevin Spacey, Ralph Fiennes o Lian Neeson.
La Berlinale ofrece también un nutrido programa para indagar entre cinematografías periféricas y poco exploradas, y una sección de cine culinario -en el que está incluido el film "El camino del vino", del argentino Nicolás Carrera-, que es una innovación de la "era Kosslick" -en el cargo desde 2001- y, según dice, su preferida.
Otra de las incorporaciones de su cuño es el Cine de Barrio -"Berlinale goes Kiez"-, que llevará, por ejemplo, "Tropa de Elite 2", segundo film del brasileño Jose Padilha sobre la guerra de las favelas, a salas repartidas por los distritos de la capital alemana.
También ahí tiende el festival su alfombra roja, apodada en ese caso la "Matte" -estera o felpudo-, al igual que en los restantes cines, fuera del Berlinale Palast, donde discurren las sesiones.
Cada cine tendrá su alfombra, alfombrilla o felpudo rojo, como se la quiera llamar, y todo aquel que guarde colas tendrá acceso a una entrada, tanto en los puntos de venta anticipada -con tres días de antelación- como en el propio cine, el día de la proyección.
Existe, también en los estrenos del Berlinale Palast, la modalidad de entrada "último minuto" o localidades a mitad de precio que salen a la venta media hora antes del pase, en función de las plazas que hayan quedado disponibles o a devoluciones de última hora. EFE
gc/mlr
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lunes, 7 de febrero de 2011

Fotomatón


Kassner, el "fotomatón" de la Berlinale, a punto para su maratón de retratos 
 
Gemma Casadevall
Berlín, 7 de feb (EFE).- El fotógrafo alemán Gerhard Kassner, el retratista oficial de la Berlinale, expone desde hoy una selección de fotos de las estrellas que han pasado por el festival de cine de Berlín, a punto de la próxima sesión continua de pases con sus protagonistas, a velocidad de fotomatón.
"De pronto los tienes delante, les saludas, cruzas dos frases, te concentras en la labor y en dos o tres minutos se acabó la sesión. La escena se repite cinco, ocho, diez veces por día, lo que dure el festival", resume Kassner para Efe lo que es su quehacer diario en la Berlinale.
Mick Jagger, Antonio Banderas, Madonna, George Clooney, Nicole Kidman, Martin Scorsese y Jack Nicholson son algunos de los actores y directores que pasaron por el especial "fotomatón" que Kassner tiene instalado en el salón VIP del Hotel Hyatt, centro neurálgico para la prensa durante los diez días de la Berlinale.
"Son de cien a 120 retratos por cada edición de festival. O sea, casi un millar en mis siete años de ejercicio. Todo un ejercicio de concentración y precisión, puesto que en horas deben estar firmados y expuestos en el Berlinale Palast", prosigue Kassner.
Cada una de las estrellas invitadas, con película en la sección oficial, Panorama o restantes apartados del festival, pasa por su pequeño estudio en el Hyatt y se somete a su rápida sesión fotográfica, en general antes de la presentación ante los medios.
Pocas horas después, ante la sesión de gala, la firmará bajo las cámaras de otros colegas de profesión, tras lo cual el retrato queda colgado, en un lugar más o menos preferente del Palast, según el grado de VIP de cada estrella.
"Tengo la ventaja respecto a mis colegas acreditados de que ni uno escapa a mi cámara, todos acuden solícitos, maquillados y sonrientes. La desventaja, en contrapartida, es que no les pillaré en esa imagen desprevenida o inoportuna, que tal vez dé la vuelta al mundo", bromea el fotógrafo.
Algunas de las estrellas anunciadas para la Berlinale, que se abre el jueves, repiten en ese festival -ese es el caso de los hermanos Joel y Ethan Coen, que abren la muestra con "True grit", como de su protagonista Jeff Bridges, que ya estuvieron en Berlín con "The Big Lebowsky".
También serán repetidores en Berlín Kevin Spacey -protagonista de "Margin Call", de JC Chandor-, así como otras presencias menos hollywoodianas, como el director argentino Rodrigo Moreno, quien regresa a competición con "El mundo misterioso", después de haberse llevado en 2006 el premio Alfred Bauer con "El custodio".
"Todos reciben el mismo trato. Nuevos, repetidores, grandes divas o nuevos talentos en la dirección", sostiene Kassner, pese a confesar que, al margen de lo profesional, sí se siente algo distinto cuando se tiene delante a una Madonna.
La reina del pop estará y no estará este año en la Berlinale, ya que acude a la capital alemana para promocionar su próxima película como directora, fuera el programa del festival.
"No tengo claro que vaya a haber ocasión de retratarla", dice el fotógrafo de la muestra, ante la anunciada presencia de Madonna en el European Film Market.
Por si acaso, la imagen de la estrella está entre la selección de retratos que expone, desde hoy, Kassner, en los salones de otro hotel berlinés, el Hotel Bogotá, junto a la Ku'Damm, la avenida comercial del antiguo sector oeste de la capital alemana.
En el Bogotá, algo alejado de los cines y hoteles por los que discurre la Berlinale, ha quedado instalada la exposición de los trabajos de Kassner, realizados entre 2003 y 2010.
"Empecé un año después de que asumiera la dirección del festival Dieter Kosslick. Creo que me ocurre lo que a él y a tantos otros que trabajamos en eso: el festival nos agota, pero cuando acaba nos sentimos desolados. Esta exposición es una forma de perpetuar", explica.
A tres días de la apertura de la Berlinale, Kassner se aplica en la distribución de sus retratos, mientras se somete a la poco usual faceta en él de pasar a sujeto fotografiado por sus colegas. "Se me hace raro, sí. Y, encima, mi sesión con ellos va más allá de los dos o tres minutos que a mi me dedicó Madonna". EFE
gc/rz/cr
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martes, 1 de febrero de 2011

Berlinale compacta


Los Coen, Spacey, Madonna y Maura animarán una Berlinale en formato reducido 
 
Gemma Casadevall 
 
Berlín, 1 feb (EFE).- La presencia de Madonna, Colin Firth, Liam Neeson, Kevin Spacey, Ralph Fiennes, Jeff Bridges, Carmen Maura, Vanessa Redgrave y los hermanos Coen animará la Berlinale, marcada por una competición reducida a 16 candidatos, entre ellos nuevos talentos como los argentinos Rodrigo Moreno y Paula Markovitch.
"Va a ser una Berlinale más compacta de lo habitual, pero con tantos alicientes que nadie echará de menos nada", al decir del director del Festival de Cine de Berlín, Dieter Kosslick, ante la presentación oficial hoy de su 61 edición (del 10 al 20 de febrero).
El cómputo de aspirantes a Osos del certamen es el más parco que se recuerda -lo habitual son entre 18 y 20-, admitió Kosslick, en un encuentro con medios extranjeros, y el desembarco de estrellas no procederá de la sección a competición o del programa oficial del festival.
La representación latina en el concurso correrá a cargo de "El Premio", rodada en México por la argentina Markovitch, y el "Un mundo misterioso", de Moreno, frente a rivales como Joshua Marston, Miranda July, Fiennes y el iraní Asghar Farhadi.
Markovitch debuta como directora con una película respaldada por el fondo World Cinema de la Berlinale y centrada en una mujer "marcada por la dictadura", desde una perspectiva "distinta a la habitual", explicó Kosslick.
Moreno, ganador en 2006 del premio Alfred Bauer -el fundador del festival- con "El custodio", regresa a competición con un film para "amantes del tempo lento", como lo define Kosslick, sobre un sufrido conductor en busca del aparcamiento perfecto.
Ambos representan dos estilos muy distintos de hacer cine y son exponente del buen momento del cine en Latinoamérica, cinematografía acostumbrada a salir premiada de Berlín.
Pero el gran acontecimiento mediático de la Berlinale será la aparición de Madonna en Berlín, fuera de programa, para promocionar su nuevo film como directora, "W.E." en el European Market. Sólo hay previstos pases para profesionales del sector, pero Kosslick promete "hacer que la reina del pop se asome" donde la vean los medios.
Neeson y Redgrave acudirán con "Unknown" del español afincado en Hollywood Jaume Collet-Serra, en la sección oficial pero fuera de concurso, lo mismo que "True Grit", remake de Joel y Ethan Coen de la película del mismo título, y también "Les Femmes du 6ème Etage", con Carmen Maura al frente de una comedia sobre emigrantes.
También fuera de competición se espera en Berlín a Colin Firth, de quien se exhibirá "The King's Speech" en la sección Berlinale Special.
A los hermanos Coen les corresponderá abrir la Berlinale el día 10, para lo que se les espera juntos a sus protagonistas, Jeff Bridges, Hailee Steinfeld y Josh Brolin.
Kosslick también advierte que en la pugna debe prestarse especial atención -aunque el reparto de honores corresponde al jurado presidido por la directora y actriz Isabella Rossellini-, a otros filmes diversos..
Entre ellos, "The Forgiveness of Blood", filmado en Albania por Marston, quien compitió en 2004 con "María, llena eres de gracia", Oso de Plata a la colombiana Catalina Sandino-Moreno.
Asimismo destaca Kosslick "Odem", de Jonathan Sagall, una producción israelí -otra cinematografía mimada por la Berlinale- y centrada en la realidad de Oriente Medio a través de dos muchachas.
A competición irán también "Coriolanus", el debut como director de Fiennes, a su vez protagonista, y "The Future", de Miranda July ejerciendo a la vez de realizadora y actriz.
Corresponderá a "Margin Call", de JC Chandor, el máximo aporte de estrellas a concurso -Kevin Spacey, Jeremy Irons y Demi Moore-, envueltas en el convulso Wall Street de las bancarrotas de 2008.
Sin embargo, puede que para algunos la atracción sea la inclusión a concurso, por primera vez en la Berlinale, de un film de animación en 3D, "Les contes de la nuit", de Michel Ocelot -compartiendo jornada con otro 3D, "Pina", de Wim Wenders, fuera de competición.
Otra debutante en la dirección, Victoria Mahoney, completa la aportación de EEUU con "Yelling to the Sky", mientras que el cine anfitrión se limita a dos títulos a concurso: "Schlafkrankheit", de Ulrich Köhler, y "Wer wenn nicht wir", de Andres Veiel.
La lista se cierra con "A Torinoi Lo", del húngaro Béla Tarr, "Saranghanda", del coreano Lee Yoon-ki, "V Subbotu", del ruso Alexander Mindadze, la turca "Bizim Büyük Caresinzligimiz", de Seyfi Teoman, y la iraní "Jodaeiye Nader az Simin", de Farhadi.
La inclusión del film de Farhadi dará ocasión para recordar la ausencia obligada de otro director iraní, Jafar Panahi, al que Kosslick mantiene como miembro del jurado, pese a que no estará en Berlín por cumplir condena en su país por conspiración.
El capítulo de homenajes se repartirá entre el actor alemán Armin Mueller-Stahl, Oso de Oro de Honor, y el fallecido director sueco Ingmar Bergman, al que se dedicará una retrospectiva, con presencia de sus musas Liv Ullmann, Harriet Andersson y Gunnel Lindblom. EFE
gc/jcb/ea/agf

Berlinale, Latinoamérica

Argentina y Brasil, estandartes en la Berlinale del poderío latinoamericano 
  
Gemma Casadevall

Berlín, 1 feb (EFE).- Latinoamérica se mostrará como potencia en auge en la Berlinale con una nutrida representación encabezada por las aspirantes a Oso "El premio" y "Un mundo misterioso", de los argentinos Paula Markovitch y Rodrigo Moreno y por la brasileña "Tropa de Elite 2", de Jose Padilha, en una sección paralela.
El festival de Berlín siempre es buena plaza para el cine latinoamericano, más desde que en 2001 Dieter Kosslick asumió su dirección, y la edición 61 de la muestra, que se celebra entre el 10 y el 20 de febrero y presentada hoy oficialmente, lo corrobora con creces.
Dos latinoamericanos están entre los 16 títulos de la competición oficial, "El Premio" -coproducción entre México, Francia, Polonia y Alemania- y "Un mundo misterioso" -Argentina, Uruguay y Alemania-, mientras que Panorama Special proyectará la segunda parte de la vibrante "Tropa de Elite" de Padilha, Oso de Oro en 2008.
Se trata, en lo que respecta a las concursantes, de dos filmes "de estilo muy distinto, ambos exponentes del buen momento latinoamericano", en palabras de Kosslick, que aúnan además algunos de los ingredientes "afines" al director del festival.
Markovitch debuta como directora con un filme que ha recibido el apoyo del fondo World Cinema de la Berlinale y que se ha rodado en México, centrada en una mujer marcada por la dictadura y su hija de pocos años.
Lo que ocurre alrededor de ellas se descubre a través de silencios y desde una "perspectiva distinta" a la habitual al tema de la dictadura argentina, según descripción de Kosslick.
Es un filme dirigido por una mujer -otra preferencia confesa de Kosslick- y avalada además por la trayectoria de Markovitch como guionista del mexicano Fernando Eimbcke, premio Especial del Jurado y Fipresci en la Berlinale de 2008 con "Lake Tahoe".
Moreno, ganador en 2006 del premio Alfred Bauer -el fundador del festival- con "El custodio", regresa a competición con un film para "amantes, como yo, del tempo lento", en palabras de Kosslick, que trata de un conductor en pos del misterio del aparcamiento perfecto.
Ambos cineastas argentinos buscarán el Oso, lo mismo que lo harán, en cortometrajes, "La calma", del peruano Fernando Vilchez Rodríguez, y "La ducha", de la chilena María José San Martín.
En Panorama, la segunda sección más importante del festival, se proyectará "Medianeras", el debut del argentino Gustavo Taretto, mientras que su compatriota Nicolás Carreras exhibirá "El camino del vino", un film centrado en "la pérdida del gusto y del olfato".
El cine latinoamericano será "especialmente fuerte" en Forum, destacó Christoph Terhechte, el director de esta sección, que destacó la presencia argentina.
Por Argentina acuden "Ausente", de Marco Berger, y "Ocio", de Juan Villegas; de Colombia, "Karen llora en un bus", de Gabriel Rojas Vera; de Chile, "El mocito", de Marcela Said, y por parte de Brasil, "Os residentes", de Tiago Mata Machado.
Generation, destinada al público juvenil, mostrará la peruana-argentina "Las malas intenciones", de Rosario García-Montero, la venezolana-peruana "El chico que miente", de Marité Ugás; la brasileña "Ensolarado", de Ricardo Targino; la chilena "Blokes", de Marialy Rivas, y la paraguaya "Calle última", de Marcelo Martinessi.
La presencia latinoamericano alcanza incluso las Perspectivas del Cine Alemán, a través de "Dígame - Sag mir", rodada por la directora Josephine Frydetzki en Buenos Aires, con motivo del bicentenario de la independencia de los países latinoamericanos.
Queda garantizada así una más que extensa panorámica sobre Latinoamérica desde Berlín, un festival cuya nómina de galardonados acumula numeros nombres de la región, de los que el último fue la directora Claudia Llosa, Oso de Oro en 2009 con la hispano-peruana "La teta asustada".
La buena sintonía entre la Berlinale y Latinoamérica arrancó de 1998, año en que la brasileña "Central do Brasil", de Walter Salles, se llevó el Oro, y se acentuó con la llegada de Kosslick, en 2001, a la dirección de la muestra.
Ese año, la argentina Lucrecia Martel despuntó con el premio a la mejor opera prima con "La ciénaga". Le siguieron, en 2004, "El abrazo partido", de su compatriota Daniel Burman, Gran Premio del Jurado y Oso de Plata al actor Daniel Hendler.
Dos años después llegó el turno a "El Custodio", de Moreno, y al siguiente "El otro", del también argentino Ariel Rotter, que obtuvo el Gran Premio del Jurado, más la Plata a su actor Julio Chávez.
Otro argentino, Adrián Biniez sumó en 2009 el Gran Premio del Jurado, el Alfred Bauer y el de mejor opera prima con "Gigante"; y, por parte de México, los citados premios a "Lake Tahoe" de Eimbcke.
Varias de estas producciones habían contado con la ayuda previa del fondo World Cinema, creado por la Berlinale para apoyar el cine de Latinoamérica, África y Oriente Medio. EFE
gc/jpm/agf
(foto)

sábado, 20 de febrero de 2010

McGregor, por gentileza de Polanski

sábado, 20 de febrero de 2010


Un Oso para adornar el chalet suizo


La Berlinale se rindió al cine recóndito y al ausente Polanski 
  
Gemma Casadevall


Berlín, 20 feb (EFE).- La 60 Berlinale se volcó con el cine recóndito al entregar su Oso de Oro a la turca "Bal" ("Honey"), de Semith Kaplanoglu, y varias Platas al nuevo cine de Rumanía y Rusia, y se rindió al ausente Roman Polanski, con el premio al mejor director por "The Ghost Writer".
Polanski, que permanece en arresto domiciliario en Suiza por una deuda pendiente con la justicia de EEUU -la presunta violación de una menor en los '70-, fue aclamado por la solidez de su filme, sobre el "negro" Ewan McGregor, que de escritor de las memorias del ex premier británico pasa a descubrir una trama sobre los secuestros de la CIA en Irak.
"De haber podido, tampoco habría venido a Berlín a recoger el premio. La última vez que fui a un festival a buscar un premio acabé en la cárcel", fue el mensaje de Polanski leído por Alain Sarde y Robert Benmussa en la gala. El director fue detenido el pasado septiembre, cuando acudía al festival de Zúrich y actualmente sigue bajo arresto domiciliario en su chalet suizo.
Su inclusión a competición fue vista como un gesto solidario al colega en dificultades. Tras el desfile de los 20 aspirantes a premio quedó claro que, por encima de todo, Polanski sigue haciendo buen cine, al estilo Hitchcok de toda la vida, pero sólido.
Con "Bal", tercer filme del turco Kaplanoglu sobre Anatolia, se premió un estilo muy distinto de entender el cine, a través de una poética hecha de silencios y sobre la figura de un niño que sólo habla con fluidez, a susurros, con su padre, el resto es tartamudeo o mutismo.
Un buen día, el padre queda suspendido al quebrarse la rama de un árbol de la que se colgó para recoger la miel de sus colmenas, a merced del zumbido de las abejas.
El jurado, presidido por Werner Herzog y con la actriz René Zellweger y el productor español José María Morales, recompensó asimismo la película del joven realizador rumano Florian Serban "Eu cand vreau sa fluier" ("If I want to whistle, I whistle").
El filme de Serban, rodado en una sórdida cárcel de menores rumana e interpretada, a excepción de los protagonistas, por muchachos del penal, se llevó el Gran Premio Especial del Jurado y además el Alfred Bauer en memoria del fundador del festival.
Herzog y los suyos dejaron claro también cuál era la filosofía de sus premios de interpretación: ante todo, intensidad, nada de tributos a nombres reconocidos, como Gérard Depardieu.
La Plata a la mejor actriz fue para la japonesa Shinobu Terajima, por su desgarrador papel en el durísimo film "Caterpillar", de Koji Wakamatsu, como abnegada esposa de un soldado japonés que regresa de la guerra sin brazos ni piernas, decidido a que siga siendo su esclava sexual puesto que sí le quedaron los genitales.
La Plata al mejor Actor fue, compartida, para el dúo de actores formado por Grigoru Dobrygin y Sergei Puskepalis, por en "Kak ya Provel etim letom" (How I ended this Summer"), la película de Alexei Popogrebsky que discurre en el círculo polar ártico.
La confrontación entre el joven inexperto que todo lo rompe y el iracundo trabajador de la estación ártica que aspira a volver a casa, tras años entre hielos, es la base de un filme sustentado solo en ellos y el maravilloso espectáculo del paisaje polar.
El filme ruso, primero en años procedente de ese país a concurso en la Berlinale, ganó otra Plata a la mejor contribución artística por el trabajo de su cámara, Pavel Kostomarov.
Polanski fue el único gran nombre entre los principales premios del palmarés berlinés, fuera de la Plata al mejor guión para Wang Quan'an -por "Tuan Yuan"-, director chino que en 2007 ganó el Oro.
Se fueron de vacío el alto contingente de cine escandinavo y restantes cinematografías del corazón de Europa, mientras que el cine anfitrión sólo rozó el premio como co-productor de "Bal".
La Berlinale se cerró con una ceremonia sobria, más incluso de lo que suele serlo la clausura de la Berlinale, tras una edición de cumpleaños empañada por la parca presencia de grandes astros. En diez días de festival, el máximo representante de Hollywood sobre su alfombra roja fue Leonardo DiCaprio, con una la película fuera de concurso, "Shutter Island", de Martin Scorsese.
Lo más mediático no fueron ni las estrellas ni el cine actual, sino la proyección del mítico "Metrópolis" de Fritz Lang de 1927 ante la Puerta de Brandeburgo a varios grados bajo cero y bajo la nieve, en versión restaurada sobre una copia casi íntegra hallada dos años atrás en el Museo del Cine de Buenos Aires.
La 60 Berlinale homenajeó, además, con sendos Osos de Oro de Honor a una de las divas más internacionales del cine alemán Hanna Schygulla y al guionista Wolfgang Kohlhaase, autor histórico desde tiempos de la extinta Alemania comunista y aún en activo. EFE  gc/cr

viernes, 19 de febrero de 2010


Mamut Gerard

Descomunal Depardieu e inquietante Winterbottom cierran lucha por los Osos 
 
Gemma Casadevall

Berlín, 19 feb (EFE).- Un descomunal Gérard Depardieu, convertido en "Mammuth", y un inquietante Michael Winterbottom, escarbando en el cerebro de un policía psicópata y asesino, en "The Killer inside me", cerraron hoy la sección a concurso de la Berlinale, cuyos Osos siguen sin tener un favorito claro.
La apuesta de Winterbottom en su cuarta película a competición en Berlín ("Besos de mariposa", en 1995, "In this world", Oro en 2003, y "Camino a Guantánamo", Plata al mejor director en 2006) fue el cine negro, sobre una novela de Jim Thompson y con un atractivo desfile de actores -Casey Affleck, Kate Hudson y Jessica Alba-.
"Los libros de Jim Thompson van más allá de la mera violencia como entretenimiento. Se busca su origen, el desarrollo y el proceso de destrucción interna", explicó Winterbottom, que acudió a Berlín sin ninguno de sus actores y se vio confrontado con la cuestión del uso -y para algunos, abuso- de la violencia contra la mujer.
Affleck es un sádico, un policía tejano que no disfruta porque sí matando -o casi- a puñetazos a sus novias, preferentemente, sino que tras él está el rastro "de una infancia destruida", explicó.
Hay un detonante, "la huella de la violencia y la sexualidad transtornada", la paterna, en su infancia, y la propia, en la actualidad, y a ello se remite su filme, explicó.
Por qué centrarse ahora, después de filmes de alto calibre político como los que le dieron Osos en la Berlinale, en el cine negro, envuelto en la música y el ambiente prototípico del género, es algo que Winterbottom no llegó a revelar en su comparecencia ante la prensa.
"No reproduzco esquemas ajenos, la violencia existe, no es un tema exclusivo sólo para filmes de corte documental o relacionados con el mundo actual. Es parte de un entorno cotidiano, el doméstico o el que leemos en ese mundo paralelo que son nuestras lecturas, como las novelas de Thompson", dijo.
A Winterbottom se le esperaba en la Berlinale como último cartucho en un festival en que se han visto muchas buenas películas, pero no esa "gran" película o clara favorita a premios. Su "The Killer inside me" no parecía ser la destinataria de ese calificativo y la recepción fue dispar, a juzgar por los discretos aplausos, en alternancia con algún abucheo.
Depardieu animó la jornada con su "Mammuth", apodo que sirve en el film dirigido por Benoit Delépine tanto al personaje que interpreta como la moto a la que monta, tras años dormida en el garaje, para empezar un curioso "road movie" de carnicero jubilado en busca de su historial laboral.
Los primeros 15 o 20 minutos colocan al espectador ante un recital de gags desternillantes, con un Depardieu más orondo que cuando se caracterizó del galo Obélix y un "look" semejante al de Mickey Rourke de "The Wrestler".
Quien se confía en que irá a más en esa dirección se equivoca. El resto del filme adopta perfiles más y más melancólicos, poéticos o filosóficos, con un Depardieu más y más inmenso en lo interpretativo, tanto como su descomunalidad física.
Winterbottom y Depardieu se comieron a la danesa "En Familie", el tercer filme a competición de esa última jornada, dirigida por Pernille Fischer Christensen, y centrada, como su título indica, en la vida familiar, eje de la Berlinale, por designio de su director, Dieter Kosslick.
Es una película agónica, en el sentido estricto de la palabra, porque aborda exactamente eso: la agonía de un padre de familia, enfermo de cáncer, que aspira por lo menos a que algo le sobreviva: la hermosa panadería, orgullo de una dinastía de artesanos que, teme que se cierre con él.
Lo que arranca como película sobre una hermosa familia donde todos se quieren deriva, en la medida en que el padre recae en una enfermedad que se revela terminal, en un nudo de conflictos algo deshilachado.
Con "En Familie" se cerró el desfile de las 20 aspirantes, entre las que el jurado presidido por Werner Herzog deberá repartir honores.
A falta de un claro favorito, la revista de la Berlinale "Screen", daba la máxima puntuación, hasta ayer, al ruso "Kak ya provel etim letom" -"How I Ended This Sommer"-, de Alexei Popogrebsky, seguido del turco "Bal", de Semil Kaplanoglu.
Nadie descarta nada, visto que la nómina de premiados por la Berlinale de la última década incluyó Oros como la "Carmen" sudafricana, en 2005, un hito absoluto en lo que a premios contra todo pronóstico se refiere. EFE  gc/jcb/cr

jueves, 18 de febrero de 2010


Duro Sarajevo, endulzado Buenos Aires


Argentina Smirnoff y bosnia Zbanic, dos lecciones de cine de nuevo cuño 
 
Gemma Casadevall

Berlín, 18 feb (EFE).- Dos jóvenes directoras, la argentina Natalia Smirnoff y la bosnia Jasmila Zbanic, dominaron hoy la Berlinale, con un filme armado sobre el talento de María Onetto, la primera, y sobre la radicalización islámica en Sarajevo, la segunda, en una jornada a competición en la que el cine alemán fue abucheado.
Zbanic, nacida en 1974 en Sarajevo y Oso de Oro en 2006 con "Grbavica", volvió a la Berlinale con una sutil muestra de cómo sugerir, más que mostrar, los cismas dejados en la sociedad bosnio musulmana por el conflicto bélico.
Smirnoff, porteña nacida en 1972, debutó con "Rompecabezas", centrada en el mosaico de sentimientos de una mujer, María del Carmen -interpretada por Onetto-, a quien alguien regala en su 50 cumpleaños un puzzle y descorre así la cortina de un talento que nunca sospechó tener y que algunos hubieran preferido dejar oculto.
Onetto es el principal talismán de la primeriza directora para desarrollar su película y el primer plano de su rostro, en alternancia con los de sus manos superdotadas para armar cualquier rompecabezas, es el hilo conductor del filme.
Su amoroso esposo, los hijos, el alma gemela que le sale al paso como tándem con vistas a un torneo mundial de puzzles -en Alemania- y restantes personajes son puras comparsas, con las que Smirnoff completa el mosaico alrededor de Onetto.
En otra órbita se sitúa Zbanic con "Na Putu" -"On the Path"-, centrado en una joven y hermosa azafata bosnia, que quiere tener hijos con su compañero, un musulmán moderno y controlador aéreo, de pronto en el paro por tomar alcohol en el trabajo.
La salida al desempleo será un trabajo en un campamento de musulmanes que sí siguen las reglas estrictas del Corán, donde las mujeres van cubiertas de cabeza a los pies y su resquicio a la vida es la apertura en su negra burka a la altura de los ojos.
"Tras el genocidio, tras la guerra perdida, fueron muchos los que buscaron refugio en el integrismo religioso. Traté de abordar ese proceso y hasta qué punto alguien, por amor, debe aceptar los cambios del otro, cuándo empezamos a renunciar a nosotros mismos y en qué punto la renuncia significa traicionarnos", explicó Zbanic.
Del refugio en la religión al lavado de cerebro, del Corán al integrismo político: ésta es la cuestión que plantea Zbanic, en un filme donde no exhibe los desgarros de la sociedad bosnia a zarpazos, sino con inteligencia.
Cuatro años después de abordar en "Grbavica" el drama de las mujeres violadas en el conflicto balcánico, Zbanic regresó al festival con una exhibición de talento consolidado.
Sobre la debutante Smirnoff, tras el pase de prensa, se barajaba la cuestión de si se cumplirá con ella la regla no escrita de que todo film argentino a concurso sale de la Berlinale con premio.
Así ha sido desde que Lucrecia Martel se llevó el correspondiente a mejor ópera prima en 2001 con "La ciénaga". La regla se mantuvo, sucesivamente, con Daniel Burman, Ariel Rotter y Rodrigo Moreno, con distinciones mayores o menores, hasta llegar en 2009 al porteño Adrián Biniez, con su "Gigante" rodado en Uruguay.
Si Rotter y Moreno sustentaron sus filmes en el trabajo de actor de Julio Chávez, Smirnoff "tomó" prestada a Onetto -otro sinónimo de solidez interpretativa- de su compatriota y colega Martel.
Smirnoff y Zbanic dejaron en la Berlinale el sello del buen trabajo, con la etiqueta común de "jóvenes realizadoras", mientras que el anfitrión alemán se llevó el primer abucheo de la competición con "Jud Süss", de Oskar Roehler.
Su filme se centra en la figura de un actor, Ferdinand Marian, que vende su alma al diablo -el ministro de la propaganda nazi Joseph Goebbels- no por afán de éxito, sino porque no se atreve a negarse. Cree que podrá manipular al gran manipulador del Tercer Reich, pero por supuesto se estrella, con las consecuencias que cualquiera imagina para su esposa, de origen judío.
Rodada bajo el prisma estético de un melodrama de los 40, con un Moritz Bleibtreu ("RAF Facción del ejército rojo") a medio camino hacia la parodia como Goebbels, la película provocó impaciencia entre los medios internacional y algo de vergüenza ajena entre los alemanes. EFE
gc/jcb/agf  (foto)

Ronda de homenaje


Homenaje a Schygulla y Kohlhaase, la diva y el talento a la sombra 
 
Gemma Casadevall

Berlín, 18 feb (EFE).- La 60 edición de la Berlinale rindió hoy homenaje por partida doble a dos leyendas vivas del cine alemán, la actriz Hanna Schygulla, probablemente una de sus divas más internacionales, y Wolfgang Kohlhaase, un talento algo más a la sombra e histórico guionista desde tiempos de la Alemania comunista.
Schygulla y Kohlhaase se repartieron los honores del festival en su cumpleaños redondo, con sendos Osos de Oro de Honor a toda su carrera y con una retrospectiva de diez filmes, uno por cada día del festival, para sus títulos más míticos.




La actriz, de 66 años, representa lo que el ministro de Cultura, Bernd Neumann, llamó exponente de la "atracción magnética" desde la pantalla, mientras que el guionista, de 78 años, es el ejemplo de profesional forjado en los estudios DEFA, de la República Democrática Alemana (RDA), que han seguido marcando el camino tras la reunificación.
De Schygulla se recordaron algunos títulos míticos de sus tiempos de musa de Rainer Werner Fassbinder, como "Lili Marleen" (1980), más otros como "Storia di Piera", de Marco Ferreri (1982) o su participación en "Auf der anderen Seite" ("Al otro lado", 2006), de Fatih Akin, representante de la nueva generación de cineastas germano-turcos.
De Kohlhaase se proyectó el título que colocó el cine de la RDA en el palmarés de la Berlinale, "Solo Sunny", cuya actriz, Renate Krosner, ganó el Oso de Plata a la mejor interpretación femenina en 1980.
Y también filmes realizados tras la caída del Muro, como la comedia como "Sommer vorm Balkon" (2005), dirigida por Andreas Dresen, realizador identificado con los talentos actuales surgidos en el antiguo territorio germano-oriental.
Con los Osos de Oro de Honor a Schygulla y Kohlhaase se homenajeó a dos personalidades dispares que marcaron décadas del cine alemán, la actriz que puso el rostro a inquietantes personajes femeninos de Fassbinder y al "superviviente" del Este, que no quedó engullido por la apisonadora de colegas del otro lado tras la caída del Muro.
Schygulla es, para sus compatriotas, algo así como la continuadora de Marlene Dietrich, la diva más internacional del cine alemán, que dio la espalda a su país tras la llegada de Adolf Hitler al poder, en 1933, para no regresar jamás más que de visita.
La Dietrich abandonó Alemania en dirección a Hollywood el mismo día en que se estrenó "El ángel azul", el 1 de abril de 1930, luego adoptó la nacionalidad estadounidense y actuó ante sus soldados para animar a la tropa en la guerra contra el Tercer Reich.
Murió en París, en 1992, la misma ciudad donde reside Schygulla, aunque en su caso la capital francesa no es exactamente un exilio por razones políticas, sino profesionales, por ser ésta la ciudad donde principalmente actúa como cantante.
Schygulla, nacida en 1943 en la entonces Polonia ocupada, coqueteaba estos días, antes medios alemanes, con la posibilidad de reinstalarse en Berlín sin esperar tanto como la Dietrich, cuyos restos fueron finalmente enterrados en un cementerio berlinés dos años después de su fallecimiento.
La relación algo compleja de Schygulla y Dietrich con Alemania las une en el calificativo de "divas distantes". Sin embargo, entre ambas actrices hay una diferencia fundamental, según recordaba estos días el director de la filmoteca alemana, Rainer Rother.
Dietrich fue, en Alemania como en EEUU, prototipo de la superestrella glaciar, mientras que Schygulla era y sigue siendo algo así como la anti-estrella, más interesada en ofrecer su imagen de ser real que de criatura del celuloide a quien además no asustan ni las arrugas ni las canas, como muestra en sus apariciones recientes.
En sus tiempos de musa de Fassbinder encarnó el modelo de belleza "alemana", de acuerdo a los cánones, pero también la mujer atravesada por conflictos y matrimonios rotos, que tanto apura su magnetismo físico como la elaboración intelectual de sus personajes.
Está en la nómina de divas alemanas, no sólo como la más internacional, sino también como una de las más versátiles, al igual que lo fue Kohlhaase como guionista que, incluso en tiempos de la RDA y trabajando en sus estudios estatales, dio un tono crítico a sus filmes, alejado de los colegas que se entregaron al aparato de propaganda. EFE  gc/ih/agf  (foto)

Flaquita


Natalia Smirnoff, única latinoamericana en pos del Oso, en la línea de Martel 
 
Gemma Casadevall

Berlín, 18 feb (EFE).- La argentina Natalia Smirnoff concurrió hoy en la Berlinale como única aspirante latinoamericana a los Osos, consciente de que está en la línea de Lucrecia Martel, Ariel Rotter y otros compatriotas que salieron de Berlín premiados, pero sin ver en ello una garantía de éxito.
"Tengo la sensación de que Argentina tal vez salió ya un poco del foco. En un momento dado una cinematografía se da como emergente, luego esa circunstancia pasó", explicó Smirnoff, tras el pase para prensa de su film, su ópera prima como directora de largometrajes.
Su película, "Rompecabezas", apuntalada en el trabajo de actriz de María Onetto compartió jornada a competición con "Na Putu", de la bosnia Jasmila Zbanic, ganadora en 2006 de un Oso de Oro con "Grbavica", así como "Jud Süss", del alemán Oskar Roehler. Ellas escucharon aplausos; él, representante del cine anfitrión, abucheos.
Ambas son exponentes de una nueva generación de cineastas -Zbanic nació en Sarajevo en 1974, Smirnoff, en Buenos Aires en 1972-, pero sus películas corresponden a dos formas distintas de hacer cine.
Mientras que Zbanic aborda los cismas dejados en la sociedad bosnia musulmana por el conflicto bélico, Smirnoff se centra en el mosaico de sentimientos de una mujer, María del Carmen -Onetto-, a quien alguien regala en su 50 cumpleaños un puzzle y descorre así la cortina de un talento que nunca sospechó tener.
Onetto es el talismán de Smirnoff -"es una actriz imprevisible, que arriesga a cada plano", dijo- y su filme se apuntala en primeros planos de su rostro, en alternancia con los de sus manos superdotadas para armar puzzles.
Tras la exhibición del filme, la cuestión ahora es si Smirnoff cumplirá con la regla no escrita de que todo film argentino a concurso se va de Berlín con premio.
La buena racha del cine argentino en la Berlinale de esta última década arranca de Lucrecia Martel, en 2001, con "La ciénaga", que se llevó el premio a la mejor ópera prima.
Le siguió, en 2004, "El abrazo partido", de Daniel Burman, que ganó el Gran Premio del Jurado y el Oso de Plata al mejor actor, para Daniel Hendler.
Dos años después, "El Custodio", de Rodrigo Moreno, obtuvo el Alfred Bauer, y al siguiente le tocó el turno a "El otro", de Ariel Rotter, que ganó el Gran Premio del Jurado y el Oso de Plata al Mejor Actor -Julio Chávez-.
Finalmente en 2009, el porteño Adrián Biniez, ganó el Gran Premio del Jurado, el de mejor ópera prima y el Alfred Bauer con "Gigante", rodada en Uruguay.
Smirnoff lleva una década trabajando como ayudante de dirección en las películas de Martel -"La ciénaga", entre ellas- y de otros títulos argentinos, incluido "El otro".
Si Rotter y Moreno sustentaron sus filmes en el trabajo de Chávez, Smirnoff "tomó" prestada a Onetto -otro sinónimo de solidez interpretativa- de su compatriota y colega Martel. EFE gc/nvm