jueves, 19 de febrero de 2026

Alois o cómo afrontar un deshaucio

 


Algo va mal, muy mal, cuando se entra en la antepenúltima jornada en la lucha por los Osos de la Berlinale y el tema preferente de los medios sigue siendo la respuesta torpe de Wim Wenders respecto a Gaza y la cuestión de si la Berlinale "censura" algo que afecta a la llamada "razón de Estado" alemana -es decir, el compromiso inquebrantable con Israel, bajo el peso de la culpa por el Holocausto-. O si, en el mejor de los casos, simplemente "silencia" ese genocidio del presente. 
Para esta antepenúltima jornada, la mayoría de la crítica internacional, los enviados especiales, ya se volvió a sus países de origen. La Berlinale solo invita a cinco noches de hoteles y los medios no invierten en un festival de capa caída. Lo que queda del desfile de 22 aspirantes a Osos -o sea, cuatro películas- se resolverá a golpe de agencia o con un par de chivatazos vía wasap de amigos leales que siguen acudiendo cada mañana, a las nueve, al Berlinale Palast. 
Que un festival subvencionado -todos lo son-, etiquetado de político -solo la Berlinale lo es, en lo que respecto a los grandes- practique el doble rasero entre unas u otras víctimas -ucranianas o palestinas- es sin duda más que un lamparón sobre la Berlinale. Es incluso probable que Tricia Tuttle no sobreviva como jefa del festival al virulento debate. 
Pero no es el rifirrafe político el auténtico problema de Tuttle. Si día a día, la crítica llena sus crónicas con el último episodio en el cruce de denuncias, manifiestos y explicaciones del festival es sencillamente porque no hay nada mejor que contar. 
La selección de filmes a competición fue más que decepcionante y las secciones paralelas tampoco deslumbraron. No hubo despliegue de estrellato sobre la alfombra roja. Tampoco sorpresas procedentes del cine de autor. Y hubo mucha butaca vacía, también en las galas de estreno de la sección oficial.
 Más de uno echa la vista atrás con añoranza y recuerda los 18 años de gestión al frente del festival de Dieter Kosslick. Era propenso a salpicar cualquier frase de chistes malos y su inglés algo rústico dejaba atónito a más de un invitado. Pero año a año se traía a la alfombra roja a su amigo George Clooney y su clan, incluía en la competición a gente como Steven Soderberg y mucho vecino francés, a la prensa se le regalaban pintalabios, bolsas de la Berlinale y otros fetiches, había oferta gastronómica en la sección del 'cine culinario' y al día siguiente se acudía al pase de las nueve con los ojos enrojecidos, en caso de haberse dejado arrastrar a alguna fiesta.
La Berlinale de Tuttle es un mausoleo. La tendencia a perder visibilidad empezó con sus antecesores, Carlo Chatrian y Mariette Riessenbeek. La actual directora no ha logrado revertir esa situación, más bien la ha acentuado.
¿Está desahuciada la Berlinale? En la octava jornada a concurso, de pronto, se hizo la luz. "The loneliest man in town", de  la austriaca Tizza Covi, recolocó a un festival en pantuflas y desprovisto de crítica internacional invitada. La historia del músico de blues Alois Koch, interpretado por sí mismo, es una de esas películas donde nada sobra, todo está bien contado y con su punto de minimalismo sarcástico a lo Kaurismäki. 
Koch, sobre los 80, es el último inquilino de un inmueble en Viena programado para la demolición. La noche de navidad le cortan la luz, luego se quedará sin agua corriente, a continuación se encontrará a su obeso y tatuado propietario semidesnudo en su sofá, comiéndose su bocadillo y ensuciándole la casa. Forma parte de una estrategia de acoso y derribo para que se rinda y se vaya. 
Lo que podría derivar en una denuncia contra la especulación inmobiliaria se convierte en un retrato preciso de un personaje, su entorno y probablemente un rescate. Nada que ver con las precipitaciones del falso thriller que es la serie "Ravalejar", presentada unos días atrás. 
"The loneliest man in town" no quiere prisas ni saturaciones. Es la película que necesitaba una Berlinale en dirección al deshaucio. Es difícil que una sola producción evite el desastre. Pero sirve de pequeña revancha para los que siguen entrando puntualmente al pase de las 09.00 frente a la crítica internacional que se puso rumbo a casa.

miércoles, 18 de febrero de 2026

"Moscas", otra peli con niño

 


El gremio de los que llevamos mal lo de las "películas con niño" no debe ser tan reducido como aparentemente creen los programadores de festival o los cineastas. Como una afrenta aún más generalizada percibe este tipo de persona lo de que, encima, se lleve al niño protagonista a alegrar la consiguiente conferencia de prensa. 
Es una clara maniobra destinada a ganarse el favor de la supuesta mayoría a la que aparentemente sí le agrada la presencia de una criatura, su espontaneidad, balbuceos, timidez o gracias, sea en la pantalla o ante los medios. Lo de la "mirada del niño" aplicado al cine tiene muchas variantes. Por supuesto algunas de ellas valiosísimas o incluso con rango de obra maestra. Pero ni siquiera esto tranquiliza a los alérgicos a la presencia de criaturas en el cine.
La Berlinale no debe ser consciente de esa realidad, tal vez oculta. Se suele comentar en voz baja, pero no se confiesa y menos se escribe sobre ello. La presente edición se abrió con un niño en la conferencia de prensa de la película inaugural, "No good men", de la afgana Shahrbanoo Sadat. En ese caso, bastante accesoria, puesto que tiene un papel más bien periférico en la historia de la única camarógrafa femenina de Kabul TV.  Por tanto, hay que deducir que estaba ahí para hacer las delicias de la teórica mayoría que sí aprecia estas cosas. 
"Moscas", del mexicano Fernando Eimbcke, trajo al segundo niño ante los medios, Bastián Escobar. Hay que reconocerle al cineasta latinoamericano que, en su caso, sí estaría justificado, puesto que lleva buena parte del peso de su filme, compartido con Teresita Sánchez, la jubilada rancia a la que obviamente acaba llevando a su red el nene. Todo gira en torno a un padre que trata de camuflar la presencia de su hijo ante la mujer que le alquila una habitación, sin derecho a nada, ni siquiera a dar detalles sobre el o la paciente a la que se visita y que en esos momentos está ingresado en el hospital central de México, junto enfrente. Se trata de la madre, enferma terminal de cáncer. 
Rodada en blanco y negro, con una estética deliberadamente emparentada con el realismo italiano, el rostro y la mirada del niño recuerdan al "Marcelino pan y vino" rodada en los años 50. Es poco recomendable para los no-amantes de las películas con niño. Menos aún para quienes esperaban algo distinto de Eimbcke, un director que encandiló en 2008 a la Berlinale con "Lake Tahoe", su segundo largometraje. Se llevó entonces el Premio Alfred Bauer como representante de las "nuevas perspectivas" del cine. El galardón quedó erradicado de la nómina de premios Berlinale en 2000, nada menos que en el 70 aniversario del festival, tras relevarse el pasado nazi del fundador del festival.
Eimbcke volvió a Berlín, la ciudad en la que vivió durante unos años, con una película que no tiene ya la frescura maravillante de "Lake Tahoe". Hay demasiados lugares comunes incluso para la teórica mayoría de los  que no sienten aversión hacia las películas con niño. Se apunta un par de tantos de entrada, como el zumbar de las moscas a las que combate la vieja con todos los remedios a su alcance. Pero es una recreación más o menos conocida de cómo la ternura del niño acaba ganándose al mundo hostil adulto.
Prácticamente en toda edición de este festival de cine se programa alguna película con niño. A veces se desiste de colocarlo ante los medios, otras no. Algunas salen del festival con premio, como el Oso de Oro a "Alcarràs", de Carla Simón, en 2022. O el Oso de Plata a la mejor actriz para Sofía Otero, un año después, por "20.000 especies de abejas". En esos casos, hay que estar preparado para actuar con contención ante la siguiente, imparable descarga emocional por parte de una mayoría del público, además de familiares y jurado premiados presente en la gala.  

Sergi y el thriller del Raval

 

El verí de l’especulació a la Berlinale 



 

“Arriba un moment que per­so­nes nor­mals, tre­ba­lla­do­res, es plan­te­gen si és ètic res­pec­tar una llei que no ens pro­te­geix ni pro­te­geix la teva família”, explica Pol Rodríguez, direc­tor de Rava­le­jar. Not for sale, la sèrie de pro­ducció cata­lana que aquest dimarts ha tin­gut la seva estrena a escala inter­na­ci­o­nal a la Ber­li­nale. En un for­mat entre el thri­ller i el docu­men­tal, Rava­le­jar es una immersió en el cor d’aquest barri bar­ce­loní, el Raval. Hi retrata el verí de l’espe­cu­lació immo­biliària que fa fora veïns, comerços i res­tau­rants de tota la vida. Una jun­gla, on el ciu­tadà honest esdevé còmplice dels ocu­pes i on un fals amic –com Cristòbal, el per­so­natge que inter­preta Sergi López– és el braç exe­cu­tor dels vol­tors ano­me­nats fons d’inversió.

L’epi­cen­tre n’és Les Mos­ques, el nom popu­lar de Can Lluís, el res­tau­rant que va obrir un avi de Pol Rodríguez fa 90 anys i d’on van ser-ne des­no­nats el 2021. Al direc­tor (Bar­ce­lona, 1977) el va acom­pa­nyar a Berlín bona part d’un equip que es com­porta com una família. El ros­tre més cone­gut és el de Sergi López, que va repar­tir abraçades per un fes­ti­val on es belluga com a casa, perquè hi ha pre­sen­tat mitja dot­zena de pel·lícules. Era un nou retorn a la capi­tal ale­ma­nya, on havia estat no fa ni un mes com a part de l’equip de Sirat, la pro­ducció d’Oli­ver Laxe que es va gua­nyar cinc pre­mis a la gala de l’Acadèmia del Cine Euro­peu. L’acom­pa­nya­ven els actors Enric Auquer, Maria Rodríguez Soto i Quim Àvila, entre d’altres.

“A Rava­le­jar hi con­vi­uen uns setanta actors, entre els con­sa­grats i altres de novells, amb gent d’un barri que històrica­ment ha aco­llit molta immi­gració, però on ara ningú no troba pis o el fan fora del que té”, explica Pol Rodríguez. La sèrie està codi­ri­gida per Isaki Lacu­esta, que el 2022 va com­pe­tir al fes­ti­val amb Un año, una noche, la impac­tant pel·lícula sobre una pare­lla que sobre­viu a l’atemp­tat del Bata­clan de París. L’estrena de la sèrie a la pla­ta­forma HBO serà al maig. Però a la gran pan­ta­lla de la secció Ber­li­nale Spe­cial Serie se n’han pre­sen­tat els dos pri­mers capítols.

Rava­le­jar recorre la pèrdua d’iden­ti­tat d’un barri o una Bar­ce­lona que des­a­pa­reix engo­lida pel turisme de cre­uer, el dels pisos turístics o el dels expats. Reflec­teix la crisi de l’habi­tatge en una ciu­tat que, com tan­tes capi­tals euro­pees, també Berlín, esde­ve­nen apa­ra­dors al ser­vei del visi­tant. “Ens hem trans­for­mat en una soci­e­tat amb dos tipus de per­so­nes: els turis­tes i els que no tenen casa. Nosal­tres matei­xos, quan viat­gem, ens trans­for­mem en còmpli­ces de la crisi de l’habi­tatge. No ens plan­te­gem el que pro­vo­quem ni en dema­nem res­pon­sa­bi­li­tats”, explica el direc­tor bar­ce­loní. El resul­tat n’és una “des­pro­tecció davant les estruc­tu­res del capi­tal i una classe política que des­a­pa­reix, ni la veiem, perquè no ofe­reix solu­ci­ons”.

Rava­le­jar és un cop de rea­li­tat que con­trasta amb Rose­bush Pru­ning, una de les 22 pro­duc­ci­ons inclo­ses a la secció ofi­cial d’aquesta 76a edició de la Ber­li­nale, sense repre­sen­tants del cinema català i espa­nyol en la lluita per l’Os. Al jurat pre­si­dit per Wim Wen­ders li cor­res­pondrà repar­tir honors dis­sabte que ve.

Rose­bush Pru­ning, diri­gida pel bra­si­ler Karim Aïnouz, incor­pora una bona des­fi­lada d’actors cone­guts, com Ellen Fan­ning, Callum Tur­ner, Jamie Bell, Pamela Ander­son, Riley Keuogh i Elena Anaya. Van apor­tar a la catifa ver­me­lla del fes­ti­val, aquest any prou des­lluïda, la presència de la can­tant Dua Lipa, pare­lla de Tur­ner. Però al marge de mag­ne­tis­mes mediàtics, aporta poc al cine i no és gens iden­ti­fi­ca­ble amb la Bar­ce­lona on teòrica­ment dis­corre. La gent de debò, bona o dolenta, de Les Mos­ques és subs­tituïda per un grup de rics ame­ri­cans, pares, fills i la xicota d’un d’ells, que mai no tin­dran pro­ble­mes d’habi­tatge. No només perquè els sobren els diners, sinó perquè són per­so­nat­ges ali­ens a la vida real. També gira tot entorn d’una família, però en comp­tes d’esti­mar-se i aixo­plu­gar-se es des­tros­sen entre ells com llops atrets per la carn san­gui­no­lenta d’un be aban­do­nat. Res del que passa té a veure amb Bar­ce­lona, que es reco­neix perquè hi surt el funi­cu­lar i alguna imatge de la Bar­ce­lo­neta. Si a la Vicky, Cris­tina, Bar­ce­lona de Woody Allen ja es res­pi­rava poca auten­ti­ci­tat, la pel·lícula d’Aïnouz és un fake, on l’únic autèntic són les saba­tes de Bot­tega i altres pro­duc­tes d’alta gamma que llu­ei­xen els pro­ta­go­nis­tes.





martes, 17 de febrero de 2026

La Binoche somos todas


A Juliette Binoche hay que admirarle, además de la inteligencia, la belleza o los ojos que atrapan el mundo, su capacidad para afrontar cinematográficamente dilemas complejos. "Queen at see", dirigida por Lance Hammer, la sumerge en uno de esos dilemas que tarde o temprano afrontamos todos. O muchos. Qué hacer con nuestro padre, o con nuestra madre cuando la edad o la demencia les convierte en unos seres desvalidos e incontinentes, que a veces no nos reconocen y otras veces solo a duras penas. Que no saben vestirse, ni peinarse ni mucho menos ducharse. No es tema nuevo. Hay cierta sobredosis incluso de grandes películas recientes en esa dirección.

"Queen at see" lo aborda desde un tabú persistente respecto a los viejos: el sexo. Binoche es la hija de una adorable, pero demente viejecita -Anna Calder-Marshall-. Según ella, ese esposo y compañero actual que la cuida, limpia y mima la somete a sexo forzado. De la sospecha pasa a la denuncia. Y la intervención policial deriva en lo irremediable: que a su madre la apartan del esposo, de su entorno, de su hogar, para llevarla a un lugar seguro: uno de esos morideros llamados asilos de ancianos.

La sospecha no se confirma. Al contrario. La videovigilancia del asilo evidencia que no solo desea sexo, sino que lo busca. Demasiado tarde para revertir lo irremediable. A Leslie, su madre, le quitaron los pocos elementos de referencia que le quedaban. El retorno al entorno conocido no funciona. O la demencia entró en fase irreversible. Es cuestión de tiempo que se produzca el accidente doméstico.

Hasta aquí, el argumento. Lo que pesa sobre Binoche, Calder-Marshall y Tom Courtenay no es solo la sospecha de violación de una anciana o cómo actuar ante ella. Ahí está también la hija adolescente, Florence Hunt, quien de algún modo representa el futuro que le espera a Binoche en veinte, treinta o cuarenta años.

Se precipita Binoche al denunciar el supuesto abuso sexual. Cómo reaccionar a esa sospecha. Se trata simplemente de la reacción a la culpa de una hija que estuvo ausente y que de pronto trata de compensarlo. 

"Queen at sea" es una película imposible de digerir para todos aquellos que pasan o pasaron recientemente por la situación de arrancar fuera de su entorno a su padre, o a su madre. Sea porque estuvieron físicamente ausentes; sea porque les superó la tarea de cuidarlos; sea porque no hay forma de hacerlo bien. Depositar a alguien en el moridero le convierte en un ser infeliz, tu eres infeliz y además sale caro. 

También es imposible de digerir para todos aquellos que no están en esa tesitura, al que una película así resulta insoportable, aburrida o sencillamente deprimente. Por perfecta que sea la interpretación de Binoche, como siempre. Por meticulosa que sea la reconstrucción de lo que ocurre en esos morideros, plagados de otros muertos en vida, donde además te obligan a participar en actividades colectivas.

Binoche somos todas. Como hijas o como madres, a quien algún día tu hija deberá confiar al moridero.  Aun  no lo sabes, o no quieres saberlo. Pero tu destino es convertirte en esa desvalida anciana que ya no sabe vestirse sola; tu hija adolescente será una mujer adulta desbordada por la situación. 

Binoche fuimos, somos o seremos todas. Mucha menos identificación se produjo en esta Berlinale con Amy Adams. Independientemente de si se está o no bajo los tentáculos de una adicción, en este caso el alcoholismo. De su asimismo acuático título, "At the see", proyectada unos días antes que la película de Binoche, se esperaba mucho. Algunos temían que el húngaro Kornél Mundruczo se dejara llevar por su tendencia a lo pretencioso. Pero incluso así se anunciaba como un valor sólido al menos en lo mediático. Nada de ajustó a lo previsto. No es una película pretenciosa, pero sí decepcionante. Y no solo porque Amy Adams no acudió a dar algo de brillo sobre la mortecina alfombra roja. Su mujer rota que regresa al hogar tras seis meses de terapia contra su alcoholismo es una coreógrafa famosa que asume lo de recomponer los platos rotos dejados por su adicción como si fuera una "to do liste" donde ir tachando tareas. Primero se arregla con su hijo pequeño, que de entrada ni quiere ver a la mamá que casi se mata conduciendo borracha con él dentro. Luego seguirá el esposo, luego el manager y amigo, luego la hija adolescente que en su ausencia ejerció de señora de la casa. Y así sucesivamente.
El "to do" de Adams es el previsible. Y, encima, recuerda peligrosamente a la inmensamente superior "Valor Sentimental" de Stellan Skarsgard. Aquí el padre tiránico es una figura deshilachada. Lo mismo ocurre con el resto del reparto. Ni siquiera se echó tanto de menos a Adams. 





jueves, 12 de febrero de 2026

A Wenders no le sopla Tilo Jung



¿Cuándo empieza para cada uno la Berlinale? ¿Con la llegada del primer formulario para acreditarse, cuando se rellena, responde y se paga, previa confirmación de su concesión? ¿Cuando se asiste al primer pase avanzado para los medios? ¿O cuando aparece el señor que coloca las aguas minerales y arregla los micros para la primera conferencia de prensa y compruebas que sigue siendo el mismo hombre de todos los años?

Todas las respuestas son válidas. Pero, en términos de adrenalina o nervios, la primera sacudida procede desde hace unos años del ordenador, en casa, a las 07.30 de la mañana, cuando se activa por fin la plataforma para acceder a las entradas. Ahí aparece otro señor, también viejo conocido, aunque algo más reciente, en formato mínimo y andarín, que te coloca en la lista de espera. Avanza desesperadamente lento. Pasan minutos eternos por mucho que le des al refresh. Y cuando alcanzas el objetivo, ingresar en la plataforma, compruebas que se agotaron las entradas más codiciadas. No importa si madrugas para conectarte a las 07.15 o si decides hacerlo a las 07.35. Nada te evitará la percepción del mal trato o la arbitrariedad de la lista de espera. Hay que decir, sin embargo, que acaban consiguiéndose. Al que madrugada, el hombrecito le ayuda.

En términos mediáticos u oficiales, la Berlinale arranca con esa primera conferencia de prensa en el Hyatt que corresponde, también desde siempre, al jurado. Wim Wenders preside, como todo el mundo sabe. Las primeras frases corresponden, también de acuerdo a lo conocido, a la pregunta de cuán político es este festival o si piensa que el cine político puede cambiar las cosas. "Las películas pueden cambiar el mundo, pero no en un sentido político", responde. 

Hasta aquí, todo bien. Nada se salió del guión. De no haber sido que entre los acreditados estaba Tilo Jung, periodista, bloguero o influencer, según se vea, al que también le cuadra la definición de "Nervensäge" -"serrucho para los nervios", literalmente-. 

Jung irrumpió en las conferencias de prensa de portavoces gubernamentales hace unos años. Era un 'enfant terrible', un preguntatodo, en un contexto de representantes de los medios más bien convencionales y a menudo avejentado. Con el tiempo se ha convertido en un clásico. A él dedican su tiempo, o la pérdida de él, los portavoces del gobierno. Responden disciplinadamente a preguntas a veces irreverentes, pero necesarias, o en ocasiones simplemente rompepelotas.

Tilo Jung, con unos 280.000 followers solo en X, no podía dejar la oportunidad de crecer en redes. ¿Es la Berlinale un festival amordazado?, preguntó. Recordó que se está ante un festival subvencionado, donde Gaza es un tema tabú. Se apoya al cine ucraniano o al iraní, pero se ignora el genocidio de Gaza. La primera en responder fue la productora polaca Ewa Puszczynska, a quien le pareció "injusto" que se les preguntara eso. Wenders trató de secundarla. Las redes empezaron a arder. Justo ante tras la pregunta de Tilo se interrumpió el streaming.

En la sala de prensa había suficientes periodistas para tomar nota y cámaras para seguir grabando. Pero la implantación del streaming mató al periodismo presencial, lo mismo que el hombrecito de la plataforma de tickets online derribó el counter de toda la vida. 

La dirección de la Berlinale subsanó el problema, pidió disculpas y colgó la conferencia de prensa íntegra en cuanto fue técnicamente factible. Pero las redes ya ardían. Tilo se reeditaba como bloguero justiciero, ahora en territorio del cine. Censura, era lo más suave que se achacó al festival, mientras que a Wenders se le llamó directamente vendido a la "razón de estado" alemana y su apoyo incondicional a Israel.

El arranque de la Berlinale generó así uno de esos debates eternos sobre el peso de la culpa por el Holocausto y el silencio alemán sobre el genocidio en Gaza. Será un debate eterno, como lo fue el que se generó en 2024 con el premio al mejor documental para “No other land”, del duo israelí-palestino Yuval Abraham y Basel Adra. 

"Recibo amenazas de muerte y he tenido que cancelar mi vuelo de regreso. Esto me ocurre desde que medios israelíes y alemanes calificaron absurdamente de antisemita mi discurso en la Berlinale", escribía desde X Abraham unos días después de la gala, dos años atrás. Su pecado consistió en pronunciar la palabra apartheid aplicada a lo que a diario viven los palestinos en su tierra. En ese caso, Cisjordania.

Wenders probablemente estuvo torpe. O tal vez también le pesa la culpa alemana. Incluso es posible que no atendiera a la trascendencia de la cuestión. En cualquier caso, a Wenders no le soplará un bloguero, influencer o Nervensäge. Tilo Jung logró que le citen en 'Variety'. Wenders tiene peso propio. Queda por ver si a la directora del festival, Tricia Tutlle, tampoco le sopla Tilo.



domingo, 1 de febrero de 2026

Sin salir del Kiez


Crónica desde Berlín: De catedral del tecno a nueva filmoteca alemana



Berlín Nueva Filmoteca de Berlín en el antiguo E-Werk. / Gemma Casadevall

 Gemma Casadevall    Berlín01 FEB 2026 8:00

"La gente y la industria están cansadas de ver las mismas pelis. 'Sirat' no es una peli más, es una experiencia, un evento. Una peli que convierte la sala de cine en un lugar para la catarsis". Así explicaba el cineasta franco-español Oliver Laxe las claves del éxito de 'Sirat', una película insólita con cifras récord de nominaciones dentro y fuera de España. Laxe lo resumía así, de paso por Berlín, pocas horas antes de la gala de la Academia del Cine Europeo. Su ‘peli’, como la llama, acaparó cinco premios en la categoría de técnicos y fotografía -entre ellos, el del sonido, para su impactante y desgarrado rave.

Para una de las históricas catedrales del tecno berlinés, ‘E-Werk’, el rave pasó a la historia con el cambio de milenio. Cerró sus puertas como templo del tecno y señal de identidad de nuevo Berlín surgido de la caída del Muro, en 1989. Otros clubes emblemáticos han vivido su propia agonía; la categoría de templo la ocupa ahora 'Berghain'.

Que 'E-Werk' ya no sea lugar de culto no significa que no busque la inmersión. O el evento, según la definición de Laxe. Tras la fachada de ladrillos rojos de la histórica planta energética industrial, levantada en los años 20, ha encontrado asilo la 'Deutsche Kinemathek', la Filmoteca alemana.



Foto de la nueva filmoteca de Berlín. / Gemma Casadevall

Hace año y medio, la institución quedó en tierra de nadie. Expiró su contrato de arriendo en el edificio de acero y cristal de varias plantas que ocupó frente a la sede de la Berlinale. La filmoteca parecía condenada a su propia agonía. Ahora lanza su batalla por la supervivencia a través de 'Screentime'. Ese es el nombre que recibe la instalación y proyecciones repartidas entre varios espacios de la planta baja de 'E-Werk'. Del tecno berlinés se pasó a recorrer, año a año, más de un siglo de historia del cine alemán. Ahí van discurriendo escenas emblemáticas de F. W. Murnau, Fritz Lang, Rainer Werner Fassbinder y muchos otros nombres legendarios identificables como propios de una filmoteca alemana. Por supuesto también están representados héroes menos remotos, como Wim Wenders, Tom Tykwer, Christian Petzold o Fatih Akin.

Inmersión como alternativa a la vitrina

La nueva filmoteca quedó inaugurada en la segunda quincena de enero, con un fin de semana de puertas abiertas. Quien acudió pensando que en su interior encontraría la exposición permanente que tuvo la anterior Kinemathek de la Potsdamer Platz, entre vestidos icónicos de Marlene Dietrich y demás piezas de su legado quedó decepcionado.

"Todo ese legado está almacenado. Quién sabe cuándo volverá a ser exhibido en su totalidad", explica Heidi Zapke, responsable de comunicación de la Kinemathek. Se exhiben apenas un par de trajes y algunos documentos, como una carta de David Bowie a Marlene en representación de ese legado ahora conservado en el archivo.

'Screentime' es un evento inmersivo, no una exposición. No se trata de pasear entre vitrinas, sino de sentarse y asistir a las proyecciones. El espacio se convertirá en sala de cine durante la próxima Berlinale para la sección 'Retrospectiva'. En mayo ofrecerá su primera exposición. Aunque tampoco entonces exhibirá, advierte Zapke, el enorme legado de su archivo. Entre las proyecciones y el concepto de evento de 'E-Werk' buscará la filmoteca una nueva vida. Dispone de diez años -los previstos en el nuevo contrato de arriendo- para lograrlo.

El fin de semana inaugural fue su tarjeta de presentación. Se formaron colas ante su acceso, como no veía el 'E-Werk' desde sus tiempos del tecno. Durante la Berlinale, del 12 al 22 de febrero, espera ganar en proyección internacional. La retrospectiva del festival de cine de este año incluye títulos como el 'Allemagne année 9 neuf zéro' de Jean-Luc Godard. Será una inmersión en concepto de evento actualizado.

En las antípodas del multicine

En pos de la supervivencia están asimismo los cines de barrio –Kiez, en alemán-- que aprovechan el tirón del festival para recordar que siguen ahí. Muchos de ellos no han superado el parón de la pandemia. Como viene haciendo desde hace unos años, la Berlinale prestará una alfombrilla roja en formato reducido a salas como 'York', en el multiétnico barrio de Kreuzberg, 'Xenon', en el vecino de Schöneberg, o 'Casablanca', en el extrarradio. Es una selección entre la larga lista de salas como Babylon, Kurbel, Eiszeit, Sputnik o Zeiss-Grossplanetarium que se reparten por la capital alemana. Ofrecen programas ambiciosos, preferentemente en versión original con o sin subtítulos, en salas a veces diminutas y con estéticas en las antípodas del multicine o Cinemaxx.

Un año más, durante la Berlinale habrá un pase especial en la cárcel de Plötzensee. Es un evento único, en que se reclama del espectador que deje todas sus pertenencias, móvil, etc en los cajetines tras cruzar el portalón de alta seguridad, tal como hacen los familiares o amigos que visitan a su reo.


El 'Berlinale Goes Kiez' -o 'La Berlinale va al barrio'- es una forma de darse ánimos frente a la dura competencia. Durante la Berlinale bullen de actividad. El resto del año plantan cara al streaming doméstico y las plataformas. También ahí hay goteo anual de cierres. Las que siguen en pie representan la batalla por el cine como evento, lo que solo puede darse, a su parecer, desde la experiencia colectiva de ver una película en sala.



Colas para acceder a la prisión de Plötzensee en Berlín / Gemma Casadevall

martes, 20 de enero de 2026

La previa, como género

 La Berlinale pone a varios 'reincidentes' en busca del Oso, con Wenders en el jurado




Elle Fanning, Isabelle Huppert y Amy Adams estarán en la Berlinale 2026. / EPC

  Gemma Casadevall    Berlín20 ENE 2026 


Juliette Binoche, Amy Adams, Elle Fanning, Channing Tatum, Pamela Anderson y hasta una nieta de Elvis Presley, Riley Keough, son algunas de las estrellas a las que se espera ver sobre la alfombra roja de la próxima Berlinale, que llevará un total de 22 películas incluidas en la lucha por el Oso de Oro. Fuera de concurso acudirán filmes con Isabelle Huppert, John Turturro y Steve Buscemi. Y en el apartado de homenajes se dará el Oro de Honor a la versátil y guerrera Michelle Yeoh, a la que la directora del festival, Tricia Tuttle, identifica como un "talento rompedor de fronteras geográficas, lingüísticas o cinematográficas". Corresponderá la tarea de repartir los Osos al jurado internacional presidido por Wim Wenders, otra mediática presencia bajo su 'cielo' berlinés.

Tuttle, en su segundo año al frente del festival, reveló este martes el programa al completo de la Berlinale que arrancará el próximo 12 con el estreno mundial, aunque fuera de concurso, de 'No Good Men', de la directora afgana Shahrbanoo Sadat. Entre las películas seleccionadas para la competición destaca la escasa presencia del producciones identificables como "de Hollywood", la apuesta por el llamado cine de autor y el alto número de reincidentes -hasta catorce- o cineastas que ya anteriormente presentaron sus películas en su Berlinale, en algunos casos en la sección oficial.

Potencial latinoamericano


Por segundo año consecutivo no habrá ningún director español en la competición oficial. Pero eso no es tan insólito en el festival berlinés, como tampoco lo es su reconocida preferencia por América Latina. Hay tres películas a competición dirigidas por cineastas latinoamericanos: 'Rosebush Pruning', del brasileño Karim Aïnouz -luchador por el Oso en 2014 con 'Praia do Futuro'-, que interpretan Elle Fanning y Pamela Anderson; 'Moscas', del mexicano Fernando Eimbcke --premio especial del Jurado en 2008 con 'Lake Tahoe'-- y 'Josehine', de la brasileño-estadounidense Beth de Araujo, con Channing Tatum entre sus protagonistas.

También buscarán su puesto en el palmarés cineastas como el húngaro Kornel Mundruczo, con 'At the Sea' que interpreta Amy Adams, así como Lance Hammer, con 'Queen at Sea' y Juliette Binoche enfrentada a los dilemas de la demencia. El cine de animación estará representado por la japonesa 'A new dawn', de Yoshitoshi Shinomiya. Y el apartado de biopics. por 'Everybody Digs Bill Evans', del británico Grant Gee, consagrado al legendario pianista de jazz. Otros cineastas a concurso son Ilker Catak, Emin Alper, Hanna Bergholm Angela Schanelec, Warwick Thornton, Alain Gomis, Anthony Chen, Markus Schleinzer y Hanna Bergholm.

En la selección hay más cine calificable como "familiar" que político, explicó Tuttle en su presentación. Habrá historias de amor o de amor propio, comedias, incluso un western, con lo que la directora del festival quiere plasmar la diversidad del cine actual. Que no haya mayor acento político es algo un tanto insólito en la Berlinale. Pero para Tuttle lo importante es plasmar la "diversidad" del cine actual.

Presencias fuera de concurso

Al cine español se le reservan puestos de relevancia tanto en la pujante sección 'Special Series', a través de 'Ravalear', de Pol Rodríguez e Isake Lcuesta, así como en Panorama, la segunda en importancia de la Berlinale, con la opera prima de Ian de la Rosa 'Iván & Hadoum'.

A Huppert se la verá como 'La condesa sangrienta', en Berlinale Special. A Turturro y Buscemi, en 'El único carterista vivo en Nueva York', en ese mismo apartado. La dirección de la Berlinale, de acuerdo a su costumbre, anunciará más adelante o incluso ya con el festival en marcha quiénes entre el cúmulo de estrellas potencial acudirán finalmente a Berlín.



sábado, 17 de enero de 2026

Regreso a la Haus der Kulturen der Welt

 'Valor sentimental' se corona como mejor película europea y 'Sirat' acapara méritos por su impactante técnica




Los actores Stellan Skarsgard y Elle Fanning en un fotograma de 'Valor sentimental'. / Kasper Tuxen Andersen/Elastica Films

 Gemma Casadevall   17 ENE 2026 

La película española "Sirat", un desgarrado "road movie" a impactos de "rave", acaparó cinco premios de la Academia del Cine Europeo, que dio el galardón al mejor filme del año a "Valor Sentimental", del danés Joachim Trier. El cine europeo, desde su sede en Berlín, repartió así honores entre la solidez del cine escandinavo y la valentía, rebelde e innovadora representada por Oliver Laxe y su equipo de "Sirat".

'Valor sentimental' partía como favorita y le dio, además, el premio al mejor director a Trier. También ganó el correspondiente al mejor actor el sueco Stellan Skarsgard, por su magistral trabajo como carismático, genial y también terrible padre ausente de regreso al hogar. Y a una de estas "hijas" en la película, la noruega Renate Reinsve, le correspondió el de mejor actriz. Fue un triunfo nada inesperado para Trier, cuya película además se llevó el de mejor guión y a la música original.

El premio al mejor director para Trier dio ocasión a ver de nuevo juntos a "Los Javis", encargados de entregarlo en su reaparición en público tras su separación.

'Sirat' abrió su caja de los honores con el premio a la mejor dirección artística, para Laia Ateca. Le seguió el de mejor sonido, por la inmersion en el 'rave' que logran Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas. Luego sumó el de mejor montaje, para Cristóbal Fernández y el del cásting, para Nadia Acimi, Luis Bértolo y María Rodrigo. A los cuatro premios técnicos siguió un quinto, esta vez de rango "principal": el de fotografía, que fue para Mauro Herce.

Consagración europea para el equipo de Laxe


Laxe había llegado a Berlín con la sensación de un 'regreso al hogar europeo', como explicó horas antes de la gala. Acudía también con cómputo récord de nominaciones para la gala de cine europeo. Luchaba por el máximo galardón, el de dirección y el de actor, más los denominados técnicos. Su "peli", como la llama, es radical e intensa. Obtuvo ya el Premio del Jurado de Cannes 2025, varias nominaciones a los Globos de Oro, está en la carrera hacia los Óscar y se encamina a los Goya.

"Deberíamos dejar de lado el lenguaje belicista, lo de colocar titulares de 'arrasa' o 'se va de vacío' para definir el éxito o el fracaso", advirtió Laxe. El director franco español (1982) defiende que el público alcanzado con "Sirat", tanto en proyecciones en sala como en plataformas, significa que "ya hemos ganado".

La película, interpretada por un actor más que rodado, Sergi López, junto a neófitos arrancados de la vida misma, ha impactado tanto en espectadores no cinéfilos como en severos jurados. El eje es Luis, el padre que se pierde con su hijo en una "rave" Marruecos. Recorre sucesivos desgarros, de los que es casi imposible seguir vivo.

"Es una peli que habla de nuestros miedos, de nuestros deseos de cambio, de nuestra necesidad de trascendernos", explicó Laxe a El Periódico, unas horas antes de la gala. Hace 10 o 15 años no hubiera entrado en la carrera de los Óscar, reconoce. Pero ahora aparece como un "reflejo de nuestro tiempo" o como una "terapia de choque". Ha devuelto al público joven a las salas de cine, convertidas en espacio para la inmersión en su “película evento”. Expone un dolor y unas heridas que, en lugar de cicatrizar, conviven con la muerte.

Liv Ullmann, una homenajeada anti-Trump

Al margen del triunfo de "Valor sentimental", el cine escandinavo protagonizó también el apartado de homenajes a través del premio a toda la carrera que recibió Liv Ullmann, la actriz y directora noruega, durante un tiempo pareja del director sueco Ingmar Bergman, uno de los fundadores de la Academia del Cine Europeo.

Ullmann recibió el premio de manos de otra mujer poderosa en la historia del cine europeo, Juliette Binoche, presidenta de la Academia. Ullmann no dejó pasar la ocasión y aludió sobre el escenario a lo que, para muchos noruegos, es una afrenta: que la ganadora del Nobel de la Paz 2025, la líder de la oposición venezolana María Corina Machado, haya entregado su medalla al presidente Donald Trump. "Soy noruega. Nosotros damos el Nobel a una persona… ¿y esa persona lo da a otro? Si van a despreciarlo, deberíamos quitárselo", dijo, entre ovaciones a sus méritos y a esa frase.

A Ingmar Bergman y a una cuarentena de cineastas europeos se debe la fundación de la Academia, en 1989. Fue la respuesta continental a Hollywood y colocó su sede en el Berlín de Wim Wenders, otro histórico de la Academia. De acuerdo a la tradición, la capital alemana recibe la gala con periodicidad bianual. En los años alternos ha discurrido por ciudades como París, Roma, Varsovia, Barcelona, Malta o Reikiavik.   

Las ediciones berlinesas suelen tener un aire de regreso a los orígenes y de antesala de su festival de cine, la Berlinale, que se abrirá el próximo dia 12 de febrero. A Wenders le corresponderá presidir el jurado internacional que repartirá los Osos del festival.   













La gran Conxita, Gemma y otras chicas de gala

sábado, 22 de febrero de 2025

Oso a Oso





A la entrega de los Osos suelen seguir titulares de críticos o enviados especiales disconformes con el veredicto del jurado, calificando el palmarés de 'contra pronóstico', 'sorprendente', 'incomprensible', 'desequilibrado' o, directamente, 'robo'. Proceden generalmente de enviados que o no vieron la película, porque la proyectaban a primerísima hora, o se salieron en medio porque no le valoraron posibilidades.

Lo de salirse antes de terminar el filme suele ocurrir en películas de contenido identificable como femenino, interpretado esencialmente por mujeres, pero que no incluyen escenas de sexo explicito o lesbianismo. En ese caso, el machirulismo asistente tal vez se habria quedado pegado a la butaca hasta el final.

Por ahí fueron más o menos los comentarios tras otorgar el jurado presidido por Todd Haynes su Oso de Oro a la noruega 'Drommer', 'Dreams'. Si al menos el premio se hubiera ido a la película del mismo título en inglés, interpretada por Jessica Chastain, tal vez el disgusto de este sector habría sido menor. Al menos ahí sí se asistía a escenas explícitas. 

A alguno se le fue la pinza misógina en su crónica final sobre el palmarés. Para este sector, ese Oso solo podía obedecer a un claro favoritismo por lo femenino, en un festival cuya dirección por primera vez recaía en una mujer, Tricia Tuttler.

El palmarés de esta 75 edición sí fue contra pronóstico o sorprendente, pero no incomprensible, ni desequilibrado y en ningún caso un robo. Se llegó al final del desfile de aspirantes sin favoritos claros, con algunas decepciones por parte de las películas más esperadas -como el 'Dreams' de Michel Franco con Chastain- y una serie de títulos llamados 'modestos' o de bajo presupuesto más que destacables. Ese es el caso del 'Drommer' noruego.

Ahí va un párrafo para cada uno de los Osos u ositos de la competición oficial:

Oso de Oro: 'Drommers', del noruego Dag Johan Haugerud, es una de esas películas escandinavas que sale con premio de la Berlinale tal vez porque todo funciona y nada chirría. Gira en torno al dilema entre una estudiante y la profesora de la que se enamora, más la madre y la abuela de la chica que no saben si denunciar a la docente o alabar ese amor.

Oso de Plata Gran Premio del Jurada a la brasileña 'O ultimo azul', de Gabriel Mascaro. Otra película de presupuesto modesto magníficamente interpretada en torno a la abuela a que arrebatan todo cuando la jubilan, incluido el derecho a cumplir su último sueño. Nada que objetar a una película que retrata sin contemplaciones el maltrato estatal y familiar a los viejos.

Oso de Plata Premio del Jurado a la argentina ‘El mensaje’, de Iván Fund’, otra excelente película sobre la niña con poderes especiales para comunicarse con las mascotas. Una habilidad que no llega a demostrarse, pero que permite al trio protagonista subsistir a salto de mata con lo que les pagan los propietarios del gato, perro, pájaro o tortuga que enfermó, murió o de pronto se comporta de un modo extraño. 

Oso de Plata a la mejor Dirección para Huo Meng, por ‘Living the Land’. Tal vez deberían haberla ascendido al Oro. Pero siendo que desde hace décadas la Berlinale viene ofreciendo y premiando tanto excelente cine chino a lo mejor habría sonado a más de lo mismo. Es una historia familiar impecablemente filmada. Nada que no se haya visto anteriormente en este festival.
 
Oso de Plata a la mejor Interpretación protagonista para Rose Byrne, la desbordada madre y terapeuta de ‘If I Had Legs I’d Kick You’. De nuevo se echó de menos el no tan alejado pasado en que había Oso al mejor actor y a la mejor actriz. El actual oso sin concreción sexual resulta un tanto 'woke' y hace que se quedara sin premio, por ejemplo, el magnífico Andranic Manet, el asimismo desbordado protagonista de la francesa 'Ari=.  

Oso de Plata a la mejor Interpretación de reparto a Andrew Scott, por ‘Blue Moon’. Otro premio muy bien dado. Sirve, por contraste, para destacar lo mal que está en esa misma película de Richard Linklater su protagonista, Ethan Hawke. 

Ende gut, alles gut. Cerró la parte periodísticamente relevante de la 75 edición de la Berlinale. La 34 en el cómputo personal. Un año más, ininterrumpidamente y desde 1992. Esta vez, la jornada adicional del domingo, el llamado Día del Espectador, estaría volcado en el Bundestagswahl.

viernes, 21 de febrero de 2025

Pobre Ucrania

Viernes, víspera de la gala de los premios, es jornada propicia a repescar la última aspirante a los Osos que no se logró ver en su pase para la prensa. O para empezar a repasar quinielas sobre los premios entre los colegas. La concursante a recuperar este año era una película en formato documental ucraniana, 'Timestamp'. El único documental de la sección oficial, firmado por una mujer, Kateryna Gornostai. 

Recorre la vida diaria de una serie de escuelas de ciudades, pueblos o extrarradios, cuyo nombre hace unos años no decían nada al espectador europeo, pero que desde la guerra de agresión rusa son sinónimo de crímenes de guerra sobre la población civil ucraniana. Por ejemplo, Bucha. El suburbio de Kiev que sufrió uno de los primeros asedios y matanzas en el inicio de la invasión. La vida escolar retomó ahí su ritmo, salpicada por las alarmas antiaéreas que obligan a desplazar grandes o pequeños actos al refugio más cercano. De ahí se traslada la cámara a otras ciudades menos conocidas, algunas a pocos kilómetros del frente o en zonas temporalmente ocupadas por las tropas rusas. Las clases presenciales no se retomaron ahí. Oero se mantiene en pie la actividad online, entre las ruinas de escuelas comidas por los bombardeos y población que trata de sobreponerse a todo por la vía de lo cotidiano. 

Se diría que es un documental predestinado a impactar en un festival con reputación de político. Se cumplirán el próximo lunes los tres años del inicio de la invasión a gran escala de febrero de 2022. Desde entonces, edición a edición, la Berlinale ha brindado su pantalla a filmes que reflejan los estragos de la guerra. En su mayoría, desde la estricta perspectiva ucraniana. En 2023 se incluyó incluso un falso documental calificable directamente de propaganda pro Kiev, con un penoso Sean Penn abrazándose a Volodímir Zelenski y otros ucranianos, del búnker a la barra del bar de su hotel. Una película llamada 'Superpower' que no le hacía favor alguno a la causa ucraniana. Hasta ahora, incluso el más dudoso de estos productos, cinematográficamente hablando, llenaba salas.

En 2025 parece que el compromiso con Zelenski tocó techo. Tanto entre el público, como en cuanto a su repercusión mediática. La sala donde se proyectaba el documental, con audiencia mixta entre público corriente y prensa rezagada, no había vendido ni un cuarto de las entradas. Algo revelador en un festival que presume de agotar las localidades de prácticamente todas las sesiones.

Probablemente sí hubo un público entusiasta en la gala del estreno. Pero si un ucraniano cualquiera entre las decenas de miles llegados a Berlín por la guerra hubiera estado este viernes en el Urania, la sala elegida para la repetición, se habría sentido muy solo. Abandonado, directamente. Las butacas vacías eran un preocupante reflejo de lo que ocurre a escala internacional con el apoyo a Kiev y mientras Donald Trump parece determinado a zanjar un conflicto con un apretón de manos con Vladímir Putin a espaldas de Kiev. O del ascenso de la ultraderecha prorrusa que el domingo aspira al segundo puesto en las elecciones nacionales. Su discurso contra la acogida de refugiados y contra el apoyo a Kiev parece haber cuajado. 

Pobre Ucrania, por partida múltiple. Trump tiene un aterrador buen radar para captar todo aquello que dejó de interesar y de lo que puede sacar bocado político. Europa mira desde la barrera, con Alemania a la espera de un relevo en la cancillería. Las reflexiones políticas ocuparon el resto de la jornada. No solo porque tocaba seguir completando previas e información electoral para el domingo, sino porque encima, una vez culminada esa tarea, saltó un urgente con el ataque a cuchilladas nada menos que en el monumento a la victimas del Holocausto. La víctima había ingresado con heridas de gravedad. El agresor había sido detenido, tras regresar horas después al lugar de los hechos que para entonces era escenario de un aparatoso operativo policiale. 

El monumento a los seis millones de judíos asesinados por el nazismo es un lugar especialmente expuesto. Sus 2.710 columnas de hormigón, repartidas en una inmensa explanada cercana a la Puerta de Brandeburgo y la embajada de EEUU es un espacio abierto día y noche al visitante, por deseo expreso del arquitecto que lo diseñó, Peter Eisenman. Un lugar al que unos acuden a posar para un selfie, otros para reflexionar, otros a merendar sin contemplaciones y alguno a vandalizarlo o dejar constancia del antisemitismo que sigue recorriendo Europa. 

Los 19.000 metros cuadrados del recinto quedaron vallados. Al día siguiente saltaron más detalles sobre la víctima, un turista vasco de 30 años, y sobre su agresor, un sirio de 19 años. El peor imposible para el final de una campaña que había quedado suficientemente salpicada por otros ataques a cuchilladas o atropellos múltiples cometidos por refugiados, algunos con víctimas mortales y decenas de heridos. Gasolina para la ultraderecha y para el trumpismo que la apoya. 


jueves, 20 de febrero de 2025

La sosez de ser coreano

Siete veces estuvo ya en competición el norcoreano Hong Sangsoo en la Berlinale. La última, el año pasado. Cada vez que se le incluye en la lista de los aspirantes al Oso se escuchan comentarios de quienes aseguran que siempre les aburrió, combinados con los que le idolatran. Es un director 'clásico' de festival, cuyas películas llenan críticas en uno u otro sentido, pero que luego se difumina en los circuitos comerciales. Todo el mundo en la Berlinale parece recordar de memoria la última vez que bostezó o que se sublimó con una de sus películas.
Ahora volvió a Berlín con uno de sus ejercicios de minimalismo perfeccionista, planos fijos y una constelación de unos pocos personajes que se dedican esencialmente a comer, beber o hablar entre sí. 'What does that nature say to you' es el título. Una pareja que lleva tres años como tal recala como por casualidad en casa de los padres de ella. Se acoge al chico con un educado interrogatorio, se le alimenta repetidamente, todo parece funcionar. Hasta que deja de hacerlo. Que el chico no sea tan buen poeta es solo un buen síntoma. Nada es sorprendente ni ácido ni demasiado amable ni demasiado brusco. Reina la absoluta corrección. El futuro suegro es un tipo moderno y agradable, su mujer también.

Qué más? Pues nada. Solo la sensación de que ser norcoreano debe resultar terriblemente aburrido. Ni una caricia, ni un achuchón entre la pareja. Tampoco hacia la hija o de ésta con su hermana. Ni una mota de polvo sobre la mesa, ni una arruga en el pantalón. La comida, por supuesto, excelente. El alcohol, excesivo. 
Los críticos que proclaman su desafecto hacia Hong Sangsoo se sienten ratificados, aunque alguno concede que esta vez su película no es 'de las peores'. Lo que peor se lleva, sin embargo, son las risas de complicidad de la otra mitad del cine, los entregados al talento del director, en cuanto 
en una escena aparece un detalle considerado un guiño hacia quienes sí entienden y saborean.

Era el último estreno entre las películas a concurso. Desde hace un par de años, la dirección de la Berlinale da por terminado el desfile el jueves sin que se sepa exactamente por qué. Tal vez para facilitar la estampida de la crítica internacional más selecta, a la que el festival invita a hotel las cuatro o cinco primeras noches. A partir de ahí, el festival empieza a apagarse irremisiblemente, por mucho que formalmente se prolonga hasta el domingo.
En esta ocasión vino perfecto para seguir con la cobertura electoral. A un par de estaciones de metro quedaba el Gasometer, antigua planta gasística, ahora sala multiuso, en el bonito barrio de Schöneberg. Ahí discurría el último mitin en la capital alemana de Friedrich Merz, el favorito a canciller. 
Por esas peculiaridades alemanas, el candidato del bloque conservador, lo mismo que el canciller Olaf Scholz, no eligieron la capital para el cierre de campaña del viernes. Ambos optaron por Renania del Norte-Westfalia, el 'land' más poblado de Alemania. Merz, en el desabrido Oberhausen; Scholz, en Dortmund. Como todo el mundo sabe en Alemania, el futuro del país no se decide en Berlín, sino en el corazón renano. 
El Gasometer de Berlín no se llenó. Había huelga de transporte público y eso complicaba la vida al ciudadano, explicaron. Pero como los mítines ya no se celebran para atraerse a la militancia de a pie, sino para mostrarlos en redes, tampoco importa tanto. Pantallas y más pantallas, así como una cuidadosa labor de dirección escénica, transmitían la imagen de cohesión y entusiasmo precisa para el aspirante. Merz había entrado en la sala estrechando manos de sus seguidores, estratégicamente colocados para dar sensación de llenazo.  
Al final, acudir al Gasometer tenía cierto aire de continuidad respecto a la ficción de la Berlinale.
bunde