Llegó por fin el sábado y esa gala de los Osos ante la que los que hemos seguido el festival nos preguntamos si acertamos en nuestro pronóstico. La respuesta suele ser un no. Es ley no escrita de la Berlinale que el jurado, en este caso el de Wim Wenders, busca su propia película y no premia aquello que ya tuvo su galardón en otro festival. En este caso, el de Sundance, por lo que respecta a “Josephine”, la impecable película sobre los estragos que una violación provocará no solo en la víctima, sino en una niña convertida en testigo accidental del acto y en todo su entorno familiar.
“Josephine” se fue de vacío, lo mismo que otras favoritas -de la austríaca “The Loneliest man in twon”, para este blog, o “We are all strangers”, de Singapur, para tantos otros-. Se alzó con el Oro Turquía. O, mejor dicho, una película con título alemán, “Gelbe Briefe”, dirigida por un berlinés, Ilker Çatak, pero que para los mortales empeñados en ser los primeros en informar es “turca” o, si acaso, germano-turca. Se habla en turco y remite al autoritarismo practicado en ese país, auqnue Catak lo traslade a Berlín y Hamburgo. Para los medios alemanes, no hay dudas: el Oro se va a un cineasta berlinés. Es la primera vez en más de 20 años que el cine alemán se alza con el oro en su festival. La última vez que lo hizo fue en 2004 con "Contra la pared", del asimismo germano-turco Fatih Akin.
El segundo premio en el escalafón, Oso de Plata Gran Premio del Jurado, sí fue claramente para Turquía: “Kurtulus”, de Emin Alper, un filme entre pedregales en que se mezclan fanatismos y disputas territoriales entre clanes en una remota región kurda.
El palmarés de Wenders tuvo un doble espacio para “Queen at Sea”, el drama de la desbordada hija, Juliette Binoche, ante la demencia de su madre. Le dio una la plata a su director, Lance Hammer, y otra más a sus dos secundarios, Tom Courtenay y Anna Calder-Marshall, el matrimonio de ancianos que sigue buscando el sexo.
Hubo más triunfos para el cine alemán a través de la plata para Sandra Hüller y su rompedora soldado “Rose”. Y un Oso a la dirección escénica para británico Grant Gree, por “Everybody Digs Bill Evans”, además de otro al guión de “Yo”, la casa de muñecas de Anna Fitch.
¿Todo bien? Pues sí, aunque un año más no acertarse en tus pronósticos. Wenders logró cerrar un palmarés del que cuesta disentir y, además, demostró que la Berlinale sigue apostando por el cine político, aunque silencie o mire hacia otro lado ante Gaza.
El Oso de Oro, como el Gran Premio del Jurado, son dos películas de fuerte voltaje político. “Gelbe Briefe”, por ser una “premoción aterradora de lo que puede ocurrir en nuestros países”, en palabras de Wenders. “Kurtulus”, o “Salvation”, porque además de la temática del filme dio oportunidad a su director de dirigirse, Oso en mano, a los palestinos en Gaza, al pueblo iraní y a los kurdos y asegurarles un “no estáis solos”.
Gaza, efectivamente, no estuvo sola en la gala. Fueron varios los galardonados que recordaron a sus víctimas, tras diez días de festival marcados por la polémica entorno al silencio alemán ante el genocidio. Tanto Wenders como la directora de la Berlinale, Tricia Tuttle, afrontaron desde el minuto cero de la gala las críticas a una ambivalencia que deriva de la doctrina oficial alemana de apoyo incuestionable a Israel.
El director y presidente del jurado pidió a modo de tibia disculpa la unión de “activistas, cineastas y periodistas” frente a un mundo que está “fuera de control”. Podía interpretarse como un mea culpa tras el terremoto provocado en su torpe respuesta de la conferencia de prensa inaugural, cuando defendió que un cineasta debe mantenerse al margen de la política. Tuttle intervino al principio de la ceremonia para garantizar en la Berlinale hay espacio para la crítica o para alzar la voz. Más explícito fue el productor de “Gelbe briefe”, el alemán Ingo Fliess, al advertir que las amenazas no provienen del cine, sino de los autócratas, la ultraderecha y los nuevos fascismos.
Wenders y Tuttle pretendían salir al paso de la acusación de que la Berlinale silencia a Gaza. Pero fue precisamente un palestino quien indirectamente les “salvó” la papeleta. El cineasta Abdallah Alkhatib recibió su premio a la mejor Ópera Prima por “Chronicles From the Siege” con una denuncia sobre el escenario al gobierno alemán, al que calificó de “cómplice del genocidio de Gaza”. Envuelto en la kufiya palestina, aseguró que algún día Palestina “será libre” y que Gaza tendrá un gran festival, donde se hablará de política, más que de cine.
Provocó gritos propalestinos entre el público y nervios en la presentadora de la gala, Désirée Nosbusch. Está programado que se desate un nuevo debate en Alemania, y especialmente en el sensacionalismo mediático representado por “Bild”, sobre el presunto antisemitismo en la gala de los Oso. También son previsibles las condenas del gobierno alemán al pronunciamiento del cineasta.
Pero en realidad lo que hizo Alkhatib y quienes hablaron en nombre de Gaza fue salvar la reputación de la Berlinale. Al fin y al cabo, se dio pantalla y premio a un palestino refugiado por reflejar el “estado de sitio” de su población y denunció sobre el escenario al gobierno “cómplice” del país que le acoge.
La Berlinale cerró así su año más complejo con algo parecido a un “Palmarés feliz”. Habrá que ver si no hay más sacudidas, para el cineasta o para Tuttle, una vez retirada la alfombra roja de su 76 edición.






















.jpg)


