jueves, 26 de febrero de 2026

Alles gut?


Pues no, al palmarés feliz no le siguió un ‘Ende gut, alles gut”, sino una foto en ‘Bild’ con Tricia Tuttle posando con un grupo de cineastas entre banderas palestinas. Se la marcaba con un aro rojo para mejor identificación entre el público lector que hasta entonces había vivido ajeno a la Berlinale. 

Era previsible que el diario insignia del sensacionalismo alemán trataría de sacar punta al socorrido debate sobre el antisemitismo en la Berlinale. La cabeza de la jefa del festival pendulaba desde el minuto 1 del festival. O, a más tardar, desde que el activista, bloguero o periodista, como quiera llamársele, Tilo Jung abrió fuego contra Wim Wenders y el cineasta respondió de cualquier manera. 

Los esfuerzos por dar con un palmarés justo y a la vez político, más las explicaciones de unos y otros en la gala no calmaron a ‘Bild’. Menos aún la denuncia mal planteada de uno de los galardonados contra el gobierno alemán y su ‘complicidad’ en el genocidio de Gaza.

Se trataba del cineasta palestino-sirio Abdallah Alkhatib, premio a la mejor Ópera Prima con ‘Chronicles From the Siege’. No fue el único que alzó la voz en la gala de los Osos a favor de Palestina. La mayoría, con enorme dignidad. Peró Alkhatib, que se identificó a sí mismo como un refugiado palestino acogido en Alemania, usó el complejo término, para estándares alemanes, de “genocidio”. Esgrimió la kufiya, habló en tono exaltado y añadió una frase no exenta de peligros: “Nos acordaremos de todos los que estuvieron a nuestro lado y nos acordaremos de todos los que estuvieron en contra de nosotros, contra nuestro derecho a vivir con dignidad, o que eligieron el silencio”, dijo, al recoger su premio, mientras la moderadora se ponía más y más nerviosa.

En la gala de los Goya, en España, habría salido en hombros. En Alemania adoptó perfiles de amenaza al respetable. Había un único representante del gobierno alemán, el ministro de Medio Ambiente Carsten Schneider, que optó por abandonar la gala.

No, ‘Bild’ no iba a soltar la presa. Además de la foto de Tuttle, tomada aparentemente una semana atrás con el equipo de Alkhatib, lanzó el titular de que a la jefa de la Berlinale le quedaban horas en el cargo. Wim Wenders tomó su fusil. Primero salió un comunicado de apoyo a Tuttle de la Academia del Cine Europeo, fundada por él mismo en 1989 con gente como Ingmar Bergman y otros cuarenta cineastas del continente. Le siguió una carta abierta en los mismos términos, cuyo volumen de firmantes crecía y crecía en tiempo real hasta alcanzar a los 700. O más. 

Estaba ahí lo más granado de la profesión, principalmente alemana, pero también nombres irrefutables, como el director israelí Navav Lapid, ganador del Oso de Oro en 2019 con “Synonymes”. El PEN Club se adhirió y hasta la plantilla de la Berlinale salió a arropar a su jefa. Callaron de pronto los que habían hablado de declive por su bajo nivel en lo cinematográfico, la falta de estrellas o las salas semivacías en un festival acostumbrado a vender 300.000 entradas al público. La profesión se atravesó en el camino de ‘Bild”.

Efectivamente, hubo una reunión de urgencia del consejo supervisor de Cultura, presidido por el ministro Wolfram Weimer. Efectivamente, se abordó el conflicto creado. Y, efectivamente, hubo rasgamiento generalizado de vestiduras de los más diversos estamentos gubernamentales. Pero Tricia no cayó ese día. Incluso la llamada prensa de referencia apuntó que destituirla sería enterrar la Berlinale. Quién acudirá en 2027 en un festival de por sí de capa caída y que encima incurre en un ridículo sideral cuando se trata de Israel.

Al avance editorial de ‘Bild’ y la cascada de apoyos a Tuttle siguieron titulares apocalípticos sobre previsible entierro de un festival que celebró su 76 edición. Luego, silencio. Las deliberaciones sobre el futuro de la Berlinale y su jefa en el KBB seguirán “en los próximos días”, según un comunicado.

Para abreviar, los medios reducían la polémica a la foto de ‘Bild’ y el tumulto en torno a cómo recogió el premio Alkhatib. Explicar que el chaparrón sobre Tuttle arrancó de un Tilo Jung acusando al festival de ‘silenciar el genocidio’ pero que finalmente se apuntaba a su cese por ‘propalestina’ no cabe en una misma nota. Mejor dejarlo en que tal vez ‘Bild’ se columpió con un bulo, que la prensa de referencia se subió al carro y que Wenders probablemente lo paró con un par de llamadas. A Wim no le sopla un Tilo Jung ni el ‘Bild’ ni menos aún un ministro de quien en cuatro días nadie recordará el nombre.

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