Llegó por fin el sábado y esa gala de los Osos en que los que hemos seguido el festival nos preguntamos si acertamos en nuestro pronóstico. La respuesta suele ser un no. Es ley no escrita de la Berlinale es que el jurado, en este caso el de Wim Wenders, busca su propia película y no premia aquello que ya tuvo su galardón en otro festival. En este caso, el de Sundance, por lo que respecta a “Josephine”, la impactante película los estragos que una violación provocará no solo en la víctima, sino en la niña que asiste como testigo y en todo su entorno familiar.
“Josephine” se fue de vacío, lo mismo que otras favoritas -de la austríaca “The Loneliest man in twon” o “We are all strangers”, de Singapur. Se alzó con el Oro Turquía. O, mejor dicho, una película con título alemán, “Gelbe Briefe”, dirigida por un berlinés, Ilker Çatar, pero que para los mortales presentes es “turca”. Se habla en turco y remite al autoritarismo practicado en ese país.
El segundo premio en el escalafón, Oso de Plata Gran Premio del Jurado, fue otra película identificable a primera vista como turca, “Kurtulus”, de Emin Alper, un filme entre pedregales en que se mezclan fanatismos y disputas territoriales entre clanes kurdos.
El palmarés de Wenders tuvo un doble espacio para “Queen at Sea”, el drama de la desbordada hija, Juliette Binoche, ante la demencia de su madre. Le dio una la plata a su director, Lance Hammer, y otra más a sus dos secundarios, Tom Courtenay y Anna Calder-Marshall, el matrimonio de ancianos que sigue gustando del sexo.
Hubo más triunfos para el cine alemán a través de la plata para Sandra Hüller y su luchadora soldado “Rose”. Y un Oso a la dirección escénica para británico Grant Gree, por “Everybody Digs Bill Evans”, además de otro al guión de “Yo”, la casa de muñecas de Anna Fitch.
¿Todo bien? Pues sí, aunque un año más no acertarse en tus pronósticos. Wenders logró cerrar un palmarés del que cuesta disentir y, además, demostró que la Berlinale sigue apostando por el cine político, aunque silencie o se calle ante Gaza.
El Oso de Oro, como el Gran Premio del Jurado, son dos películas de alto voltaje político. “Gelbe Briefe”, por ser una “premoción aterradora de lo que puede ocurrir en nuestros países”, en palabras de Wenders. “Kurtulus”, o “Salvation”, porque además de la temática del filme dio oportunidad a su director de dirigirse a los palestinos en Gaza, al pueblo iraní y a los kurdos y asegurarles, Oso en mano, que “no están solos”.
Gaza, efectivamente, no estuvo sola en la gala. Fueron varios los galardonados que recordaron a sus víctimas, tras diez días de festival marcados por la polémica entorno al silencio alemán ante el genocidio. Tanto Wenders como la directora de la Berlinale, Tricia Tuttle, afrontaron desde el minuto cero de la gala la cuestión.
El director y presidente del jurado, para pedir la unión de “activistas, cineastas y periodistas” frente a un mundo que está “fuera de control”. Podía interpretarse como un mea culpa tras el terremoto provocado en su torpe respuesta de la conferencia de prensa inaugural, cuando defendió que un cineasta debe mantenerse al margen de la política. Tuttle, al asegurar al principio de la ceremonia que en la Berlinale hay espacio para la crítica o para alzar la voz. El productor de “Gelbe briefe”, el alemán Ingo Fliess, mandó un golpe de realidad al decir que la amenaza no proviene del cine, sino de los autócratas, la ultraderecha y los nuevos fascismos.
Si Wenders y Tuttle pretendían derribar la acusación de que la Berlinale silencia a Gaza, fue precisamente un palestino el que les “salvó” la papeleta. El cineasta Abdallah Alkhatib recibió su premio a la mejor Ópera Prima con “Chronicles From the Siege” con una denuncia al gobierno alemán, “cómplice del genocidio de Gaza”. Envuelto en la kufiya palestina, aseguró que algún día Palestina “será libre” y que Gaza tendrá un gran festival, donde se hablará de política, más que de cine.
Provocó gritos propalestinos entre el público y nervios en la presentadora de la gala, Désirée Nosbusch. Está programado que se desate un nuevo debate en Alemania, y especialmente en el sensacionalismo mediático representado por “Bild”, sobre el presunto antisemitismo en la gala de los Oso.
Pero es posible que también salve la reputación de la Berlinale. Al fin y al cabo, se dio pantalla y premio a un palestino refugiado por reflejar el “estado de sitio” de su población y denunció sobre el escenario al gobierno “cómplice” del país que le acoge.
La Berlinale cerró así su año más complejo con algo parecido a un “Palmarés feliz”. Habrá que ver si no hay más sacudidas, para el cineasta o para Tuttle, una vez retirada la alfombra roja de su 76 edición.

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