viernes, 13 de febrero de 2026

Un Kabul que bien podría ser Hamburgo


Hay que reconocerle a Tricia Tuttle cierta osadía en el arranque de su segunda Berlinale. La película inaugural ni aporta despliegue de estrellato sobre la alfombra roja ni está entre las 22 aspirantes al Oso. Y el personaje a homenajear por el conjunto de su carrera no es ni Steven Spielberg ni un Martin Scorsese, que llenan por sí mismos páginas y páginas, sino Michelle Yeoh, una actriz maravillosa, pero cuyo nombre dirá poco o solo remotamente a muchos ciudadanos de a pie. 'Nunca imaginé que una chica de Malasia que soñaba sin límites podría estar aquí", dijo la ganadora del Óscar a la mejor actriz en 2022 por "Everything Everywhere All at once", al recoger su Oso de Oro de Honor. 

La categoría de homenajeado del año no suele generar discusiones, aunque sí mayor o menor impacto mediático según quién lo reciba. En el caso de Yeoh, tuvo una gala digna y tan elegante como es ella misma. Nada más y nada menos.

Con algo de desconcierto se acogió a la película encargada de abrir el festival y su equipo. "No Good Men’ es el tercer largometraje de Shahrbanoo Sadat, presentada como una comedia romántica ambientada en un Kabul a punto de caer bajo el control talibán. Aplicar el término comedia romántica a semejante argumento parece un oximoron. La historia de la única mujer que trabaja como camarógrafa en Kabul TV, inmersa en una sociedad que arcaica, sexista y misógina como la afgana, incluso antes del regreso talibán, da poco margen a la sonrisa. Sí tiene un punto romántico, puesto que hay un galán, el moderador estrella de ese canal televisivo. Pero nada que recuerde a lo que se entiende por el término a escala de Hollywood o sus equivalentes europeas. 

El desconcierto aumenta cuando además se entera uno de que obviamente no ha sido rodada en Kabul, porque sería imposible, pero tampoco en algún país vecino o similar. Es 'ambientada' en la capital afgana, pero el rodaje tuvo lugar entre dos barrios de Hamburgo, la ciudad donde reside Sadat desde que escapó prácticamente in extremis de su país, en medio del caos precipitado por la retirada de las tropas de Estados Unidos y demás aliados occidentales.

Trasladar el polvo, trasiego o griterío afgano a la ciudad hanseática alemana habrá sido tarea titánica. El personaje de Naru, que interpreta la propia realizadora, se mueve en un Afganistán corrupto, con una democracia que si llegó a existir, se desmorona, y poblado por unas mujeres valientes, a las que el espectador sabe que se les arrebatarán todos los derechos en breve. La ambientación funciona. O eso le parece al espectador occidental que nunca pisó Kabul y que se pregunta cómo lo habrán conseguido. Interesante sería saber cómo lo percibe un ciudadano afgano.

La inauguración de la Berlinale con "No Goog Men" fue un acto de fe por parte de Tuttle y una apuesta por el cine dirigido por mujeres, especialmente de cinematografías periféricas. La alfombra roja se tendió para el equipo de Sadat, desde la capital de una Alemania que hace unos meses reanudó las deportaciones de afganos a su lugar de origen, a través de terceros países, pero contando con mediación talibán. Los vuelos de deportación parten regularmente de los aeropuertos alemanes, entre denuncias de organizaciones humanitarias que alertan de lo que les espera a esos grupos reducidos de afganos. Las autoridades alemanas argumentan que se trata de delincuentes condenados por delitos graves, incluida violación en grupo, o multireincidentes,   



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