jueves, 12 de febrero de 2026

A Wenders no le sopla Tilo Jung



¿Cuándo empieza para cada uno la Berlinale? ¿Con la llegada del primer formulario para acreditarse, cuando se rellena, responde y se paga, previa confirmación de su concesión? ¿Cuando se asiste al primer pase avanzado para los medios? ¿O cuando aparece el señor que coloca las aguas minerales y arregla los micros para la primera conferencia de prensa y compruebas que sigue siendo el mismo hombre de todos los años?

Todas las respuestas son válidas. Pero, en términos de adrenalina o nervios, la primera sacudida procede desde hace unos años del ordenador, en casa, a las 07.30 de la mañana, cuando se activa por fin la plataforma para acceder a las entradas. Ahí aparece otro señor, también viejo conocido, aunque algo más reciente, en formato mínimo y andarín, que te coloca en la lista de espera. Avanza desesperadamente lento. Pasan minutos eternos por mucho que le des al refresh. Y cuando alcanzas el objetivo, ingresar en la plataforma, compruebas que se agotaron las entradas más codiciadas. No importa si madrugas para conectarte a las 07.15 o si decides hacerlo a las 07.35. Nada te evitará la percepción del mal trato o la arbitrariedad de la lista de espera. Hay que decir, sin embargo, que acaban consiguiéndose. Al que madrugada, el hombrecito le ayuda.

En términos mediáticos u oficiales, la Berlinale arranca con esa primera conferencia de prensa en el Hyatt que corresponde, también desde siempre, al jurado. Wim Wenders preside, como todo el mundo sabe. Las primeras frases corresponden, también de acuerdo a lo conocido, a la pregunta de cuán político es este festival o si piensa que el cine político puede cambiar las cosas. "Las películas pueden cambiar el mundo, pero no en un sentido político", responde. 

Hasta aquí, todo bien. Nada se salió del guión. De no haber sido que entre los acreditados estaba Tilo Jung, periodista, bloguero o influencer, según se vea, al que también le cuadra la definición de "Nervensäge" -"serrucho para los nervios", literalmente-. 

Jung irrumpió en las conferencias de prensa de portavoces gubernamentales hace unos años. Era un 'enfant terrible', un preguntatodo, en un contexto de representantes de los medios más bien convencionales y a menudo avejentado. Con el tiempo se ha convertido en un clásico. A él dedican su tiempo, o la pérdida de él, los portavoces del gobierno. Responden disciplinadamente a preguntas a veces irreverentes, pero necesarias, o en ocasiones simplemente rompepelotas.

Tilo Jung, con unos 280.000 followers solo en X, no podía dejar la oportunidad de crecer en redes. ¿Es la Berlinale un festival amordazado?, preguntó. Recordó que se está ante un festival subvencionado, donde Gaza es un tema tabú. Se apoya al cine ucraniano o al iraní, pero se ignora el genocidio de Gaza. La primera en responder fue la productora polaca Ewa Puszczynska, a quien le pareció "injusto" que se les preguntara eso. Wenders trató de secundarla. Las redes empezaron a arder. Justo ante tras la pregunta de Tilo se interrumpió el streaming.

En la sala de prensa había suficientes periodistas para tomar nota y cámaras para seguir grabando. Pero la implantación del streaming mató al periodismo presencial, lo mismo que el hombrecito de la plataforma de tickets online derribó el counter de toda la vida. 

La dirección de la Berlinale subsanó el problema, pidió disculpas y colgó la conferencia de prensa íntegra en cuanto fue técnicamente factible. Pero las redes ya ardían. Tilo se reeditaba como bloguero justiciero, ahora en territorio del cine. Censura, era lo más suave que se achacó al festival, mientras que a Wenders se le llamó directamente vendido a la "razón de estado" alemana y su apoyo incondicional a Israel.

El arranque de la Berlinale generó así uno de esos debates eternos sobre el peso de la culpa por el Holocausto y el silencio alemán sobre el genocidio en Gaza. Será un debate eterno, como lo fue el que se generó en 2024 con el premio al mejor documental para “No other land”, del duo israelí-palestino Yuval Abraham y Basel Adra. 

"Recibo amenazas de muerte y he tenido que cancelar mi vuelo de regreso. Esto me ocurre desde que medios israelíes y alemanes calificaron absurdamente de antisemita mi discurso en la Berlinale", escribía desde X Abraham unos días después de la gala, dos años atrás. Su pecado consistió en pronunciar la palabra apartheid aplicada a lo que a diario viven los palestinos en su tierra. En ese caso, Cisjordania.

Wenders probablemente estuvo torpe. O tal vez también le pesa la culpa alemana. Incluso es posible que no atendiera a la trascendencia de la cuestión. En cualquier caso, a Wenders no le soplará un bloguero, influencer o Nervensäge. Tilo Jung logró que le citen en 'Variety'. Wenders tiene peso propio. Queda por ver si a la directora del festival, Tricia Tutlle, tampoco le sopla Tilo.

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