Algo va mal, muy mal, cuando se entra en la antepenúltima jornada en la lucha por los Osos de la Berlinale y el tema preferente de los medios sigue siendo la respuesta torpe de Wim Wenders respecto a Gaza y la cuestión de si la Berlinale "censura" algo que afecta a la llamada "razón de Estado" alemana -es decir, el compromiso inquebrantable con Israel, bajo el peso de la culpa por el Holocausto-. O si, en el mejor de los casos, simplemente "silencia" ese genocidio del presente.
Para esta antepenúltima jornada, la mayoría de la crítica internacional, los enviados especiales, ya se volvió a sus países de origen. La Berlinale solo invita a cinco noches de hoteles y los medios no invierten en un festival de capa caída. Lo que queda del desfile de 22 aspirantes a Osos -o sea, cuatro películas- se resolverá a golpe de agencia o con un par de chivatazos vía wasap de amigos leales que siguen acudiendo cada mañana, a las nueve, al Berlinale Palast.
Que un festival subvencionado -todos lo son-, etiquetado de político -solo la Berlinale lo es, en lo que respecto a los grandes- practique el doble rasero entre unas u otras víctimas -ucranianas o palestinas- es sin duda más que un lamparón sobre la Berlinale. Es incluso probable que Tricia Tuttle no sobreviva como jefa del festival al virulento debate.
Pero no es el rifirrafe político el auténtico problema de Tuttle. Si día a día, la crítica llena sus crónicas con el último episodio en el cruce de denuncias, manifiestos y explicaciones del festival es sencillamente porque no hay nada mejor que contar.
La selección de filmes a competición fue más que decepcionante y las secciones paralelas tampoco deslumbraron. No hubo despliegue de estrellato sobre la alfombra roja. Tampoco sorpresas procedentes del cine de autor. Y hubo mucha butaca vacía, también en las galas de estreno de la sección oficial.
Más de uno echa la vista atrás con añoranza y recuerda los 18 años de gestión al frente del festival de Dieter Kosslick. Era propenso a salpicar cualquier frase de chistes malos y su inglés algo rústico dejaba atónito a más de un invitado. Pero año a año se traía a la alfombra roja a su amigo George Clooney y su clan, incluía en la competición a gente como Steven Soderberg y mucho vecino francés, a la prensa se le regalaban pintalabios, bolsas de la Berlinale y otros fetiches, había oferta gastronómica en la sección del 'cine culinario' y al día siguiente se acudía al pase de las nueve con los ojos enrojecidos, en caso de haberse dejado arrastrar a alguna fiesta.
La Berlinale de Tuttle es un mausoleo. La tendencia a perder visibilidad empezó con sus antecesores, Carlo Chatrian y Mariette Riessenbeek. La actual directora no ha logrado revertir esa situación, más bien la ha acentuado.
¿Está desahuciada la Berlinale? En la octava jornada a concurso, de pronto, se hizo la luz. "The loneliest man in town", de la austriaca Tizza Covi, recolocó a un festival en pantuflas y desprovisto de crítica internacional invitada. La historia del músico de blues Alois Koch, interpretado por sí mismo, es una de esas películas donde nada sobra, todo está bien contado y con su punto de minimalismo sarcástico a lo Kaurismäki.
Koch, sobre los 80, es el último inquilino de un inmueble en Viena programado para la demolición. La noche de navidad le cortan la luz, luego se quedará sin agua corriente, a continuación se encontrará a su obeso y tatuado propietario semidesnudo en su sofá, comiéndose su bocadillo y ensuciándole la casa. Forma parte de una estrategia de acoso y derribo para que se rinda y se vaya.
Lo que podría derivar en una denuncia contra la especulación inmobiliaria se convierte en un retrato preciso de un personaje, su entorno y probablemente un rescate. Nada que ver con las precipitaciones del falso thriller que es la serie "Ravalejar", presentada unos días atrás.
"The loneliest man in town" no quiere prisas ni saturaciones. Es la película que necesitaba una Berlinale en dirección al deshaucio. Es difícil que una sola producción evite el desastre. Pero sirve de pequeña revancha para los que siguen entrando puntualmente al pase de las 09.00 frente a la crítica internacional que se puso rumbo a casa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario