El gremio de los que llevan mal lo de las "películas con niño" no debe ser tan reducido como aparentemente creen los programadores de festival o los cineastas. Como una afrenta aún más generalizada percibe este tipo de persona lo de que, encima, se lleve al niño protagonista a alegrar la correspondiente conferencia de prensa.
Es una clara maniobra destinada a ganarse el favor de la supuesta mayoría a la que aparentemente sí le agrada la presencia de una criatura, su espontaneidad, balbuceos, timidez o gracias, sea en la pantalla o ante los medios. Lo de la "mirada del niño" aplicado al cine tiene muchas variantes. Por supuesto algunas de ellas valiosísimas o incluso con rango de obra maestra. Pero ni siquiera esto calma a los alérgicos a la presencia de criaturas en el cine. La aversión les ciega, hasta el punto de no calibrar la grandeza de una interpretación o el peso del mensaje de la película.
La Berlinale no debe ser consciente de esa realidad, tal vez oculta. Los que llevan mal lo de la película con niño tal vez lo comenten en voz baja, pero no lo confiesan y ni escriben sobre ello. La presente edición se abrió con un niño en la conferencia de prensa de la película inaugural, "No good men", de la afgana Shahrbanoo Sadat. En ese caso, bastante accesoria, puesto que tiene un papel más bien periférico en la historia de la única camarógrafa femenina de Kabul TV. Hay que deducir que estaba ahí para hacer las delicias de la teórica mayoría que sí aprecia estas cosas.
La Berlinale no debe ser consciente de esa realidad, tal vez oculta. Los que llevan mal lo de la película con niño tal vez lo comenten en voz baja, pero no lo confiesan y ni escriben sobre ello. La presente edición se abrió con un niño en la conferencia de prensa de la película inaugural, "No good men", de la afgana Shahrbanoo Sadat. En ese caso, bastante accesoria, puesto que tiene un papel más bien periférico en la historia de la única camarógrafa femenina de Kabul TV. Hay que deducir que estaba ahí para hacer las delicias de la teórica mayoría que sí aprecia estas cosas.
"Moscas", del mexicano Fernando Eimbcke, trajo al segundo niño ante los medios, Bastián Escobar. Ahí si estaría más justificado, puesto que lleva buena parte del peso de su filme, compartido con Teresita Sánchez, la jubilada rancia a la que obviamente acaba llevando a su red el nene.
Todo gira en torno a un padre que trata de camuflar la presencia de su hijo ante la mujer que le alquila una habitación, sin derecho a nada, ni siquiera a dar detalles sobre el o la paciente a la que se visita y que en esos momentos está ingresado o ingresada en el hospital central de México, justo enfrente. Se trata de la madre, enferma terminal de cáncer.
Todo gira en torno a un padre que trata de camuflar la presencia de su hijo ante la mujer que le alquila una habitación, sin derecho a nada, ni siquiera a dar detalles sobre el o la paciente a la que se visita y que en esos momentos está ingresado o ingresada en el hospital central de México, justo enfrente. Se trata de la madre, enferma terminal de cáncer.
Rodada en blanco y negro, con una estética deliberadamente emparentada con el realismo italiano, el rostro y la mirada del niño le recuerdan a los enemigos del cine con niño al "Marcelino pan y vino" rodada en los años 50. Es poco recomendable para este grupo, si además no contaba con semejante "traición" de Eimbcke, el director que en 2008 encandiló a la Berlinale con "Lake Tahoe", su segundo largometraje. Ganó entonces el Premio Alfred Bauer como representante de las "nuevas perspectivas" del cine. Dicho galardón ya no existe. Quedó erradicado de la nómina de premios Berlinale en 2000, nada menos que en el 70 aniversario del festival, tras relevarse el pasado nazi del fundador del festival.
Eimbcke volvió a Berlín, la ciudad en la que vivió durante unos años, con una película que no tiene ya la luminosidad de "Lake Tahoe". No solo por estar rodada en blanco y negro.
Eimbcke volvió a Berlín, la ciudad en la que vivió durante unos años, con una película que no tiene ya la luminosidad de "Lake Tahoe". No solo por estar rodada en blanco y negro.
Es una película con muchos lugares. Se apunta un par de tantos de entrada, como el zumbar de las moscas a las que combate la vieja con todos los remedios a su alcance. De ahí pasa a exponer cómo la ternura del niño puede ganarle la batalla al mundo hostil adulto.
Prácticamente en toda edición de este festival de cine se programa alguna película con niño. Algunas salen del festival con premio, como el Oso de Oro a "Alcarràs", de Carla Simón, en 2022. O el Oso de Plata a la mejor actriz para Sofía Otero, un año después, por "20.000 especies de abejas". En esos casos, los no amantes del cine con niño deben estar preparados para actuar con contención ante la siguiente, imparable descarga emocional por parte de una mayoría del público, además de familiares y jurado presente en la gala.
Prácticamente en toda edición de este festival de cine se programa alguna película con niño. Algunas salen del festival con premio, como el Oso de Oro a "Alcarràs", de Carla Simón, en 2022. O el Oso de Plata a la mejor actriz para Sofía Otero, un año después, por "20.000 especies de abejas". En esos casos, los no amantes del cine con niño deben estar preparados para actuar con contención ante la siguiente, imparable descarga emocional por parte de una mayoría del público, además de familiares y jurado presente en la gala.

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