miércoles, 18 de febrero de 2026

"Moscas", otra peli con niño

 


El gremio de los que llevamos mal lo de las "películas con niño" no debe ser tan reducido como aparentemente creen los programadores de festival o los cineastas. Como una afrenta aún más generalizada percibe este tipo de persona lo de que, encima, se lleve al niño protagonista a alegrar la consiguiente conferencia de prensa. 
Es una clara maniobra destinada a ganarse el favor de la supuesta mayoría a la que aparentemente sí le agrada la presencia de una criatura, su espontaneidad, balbuceos, timidez o gracias, sea en la pantalla o ante los medios. Lo de la "mirada del niño" aplicado al cine tiene muchas variantes. Por supuesto algunas de ellas valiosísimas o incluso con rango de obra maestra. Pero ni siquiera esto tranquiliza a los alérgicos a la presencia de criaturas en el cine.
La Berlinale no debe ser consciente de esa realidad, tal vez oculta. Se suele comentar en voz baja, pero no se confiesa y menos se escribe sobre ello. La presente edición se abrió con un niño en la conferencia de prensa de la película inaugural, "No good men", de la afgana Shahrbanoo Sadat. En ese caso, bastante accesoria, puesto que tiene un papel más bien periférico en la historia de la única camarógrafa femenina de Kabul TV.  Por tanto, hay que deducir que estaba ahí para hacer las delicias de la teórica mayoría que sí aprecia estas cosas. 
"Moscas", del mexicano Fernando Eimbcke, trajo al segundo niño ante los medios, Bastián Escobar. Hay que reconocerle al cineasta latinoamericano que, en su caso, sí estaría justificado, puesto que lleva buena parte del peso de su filme, compartido con Teresita Sánchez, la jubilada rancia a la que obviamente acaba llevando a su red el nene. Todo gira en torno a un padre que trata de camuflar la presencia de su hijo ante la mujer que le alquila una habitación, sin derecho a nada, ni siquiera a dar detalles sobre el o la paciente a la que se visita y que en esos momentos está ingresado en el hospital central de México, junto enfrente. Se trata de la madre, enferma terminal de cáncer. 
Rodada en blanco y negro, con una estética deliberadamente emparentada con el realismo italiano, el rostro y la mirada del niño recuerdan al "Marcelino pan y vino" rodada en los años 50. Es poco recomendable para los no-amantes de las películas con niño. Menos aún para quienes esperaban algo distinto de Eimbcke, un director que encandiló en 2008 a la Berlinale con "Lake Tahoe", su segundo largometraje. Se llevó entonces el Premio Alfred Bauer como representante de las "nuevas perspectivas" del cine. El galardón quedó erradicado de la nómina de premios Berlinale en 2000, nada menos que en el 70 aniversario del festival, tras relevarse el pasado nazi del fundador del festival.
Eimbcke volvió a Berlín, la ciudad en la que vivió durante unos años, con una película que no tiene ya la frescura maravillante de "Lake Tahoe". Hay demasiados lugares comunes incluso para la teórica mayoría de los  que no sienten aversión hacia las películas con niño. Se apunta un par de tantos de entrada, como el zumbar de las moscas a las que combate la vieja con todos los remedios a su alcance. Pero es una recreación más o menos conocida de cómo la ternura del niño acaba ganándose al mundo hostil adulto.
Prácticamente en toda edición de este festival de cine se programa alguna película con niño. A veces se desiste de colocarlo ante los medios, otras no. Algunas salen del festival con premio, como el Oso de Oro a "Alcarràs", de Carla Simón, en 2022. O el Oso de Plata a la mejor actriz para Sofía Otero, un año después, por "20.000 especies de abejas". En esos casos, hay que estar preparado para actuar con contención ante la siguiente, imparable descarga emocional por parte de una mayoría del público, además de familiares y jurado premiados presente en la gala.  

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