Las previas en formato clásico de la Berlinale destacaban para esta 75 edición un par de nombres invitados a exhibirse, pero fuera de competición, como Robert Pattinson y Timothée Chalamet. También el regreso a la casa de Richard Linklater con Ethan Hawke como protagonista de su 'Blue Moon', teórico plato fuerte entre las 19 aspirantes a los Osos, con permiso de 'Dreams', de Michel Franco, y la siempre espléndida Jessica Chastain. Era el lead casi obligado para una Berlinale que se prometía impracticable para los corresponsales. A la inoportuna presencia en el primer fin de semana de la Conferencia de Seguridad de Múnich, MSC, un obstáculo ya conocido de años anteriores, se añadía la recta final para las elecciones generales de 23 de febrero. Unos comicios clave para el futuro de Europa, como suele decirse.
La primera jornada o etapa previa era casi de relax. La película inaugural, fuera de concurso, era 'Das Licht', de Tom Tykwer, con un viejo conocido en el papel protagonista: el culo de Lars Eidinger. Una parte del cuerpo humano que el actor alemán se empeña en exhibir probablemente en todas sus películas o inclusive cuando no acude a la Berlinale como actor. El precedente más recordado por esta corresponsal fue en 2016.
A más tardar en febrero de ese año, y en ocasión de la Berlinale, la prensa sensacionalista alemana tomó buena cuenta de que en las fiestas de la embajada española podían pasar cosas destacables. Eidinger era ese año miembro del jurado y acudía al evento para darle brillantez, además de pinchar discos. Pero acabó brindando mucho más que eso. Se subió a una mesa, se bajó los pantalones y se entregó briosamente al baile con el culo al aire. Fue el bocado ideal para 'Bild' y demás tabloides.
Alguno recordó ya entonces que el culo de Lars no debería ser, en rigor, noticia. Tampoco la merca presencia del actor en un acto, de la clase que sea, puesto que es especie de mascota en el festival berlinés. Se recuerdan pocas Berlinales recientes sin al menos una película protagonizada por Eidinger. Tal vez sus contratos incluyen una cláusula o exigencia explícita a mostrarse. No importa a las órdenes de qué director o directora del ámbito alemán se ponga. Ahí está él.
Su anterior aparición en pantalla en la Berlinale fue en 2024, con 'Sterben', una exhibición de muertes en familia en 180 minutos dirigida por Matthias Glasner, otro director en nómina del festival. Que este años abriera con 'Das Licht' y Tykwer respondía a la regla no escrita según la cual para el primer día se precisa cierto magnetismo sobre la alfombra roja. De no contar con estrellato internacional, al menos rostros o culos conocidos.
A la gala llegó Lars con uno de esos trajes desorbitadamente enormes, lo que indica que esa debe ser la moda actual. No exhibió ahí su conocido trasero. Pero seguramente alguien consideró que ya bastaba con el protagonismo que tiene en la película de Tykwer. 'Das Licht' discurre estratégicamente entre chaparrones o diluvios, de modo que Lars, un padre de familia en bicicleta, cada vez que llega a casa se desviste por completo para que, además del ya conocido culo, se vea por fin al resto del cuerpo desnudo del actor. De nuevo, Eidinger lo dio todo. 'Das Licht', por lo demás, tiene algunas cosas buenas. Especialmente el retrato de una familia alemana muy de nuestros días, donde cada uno va por su lado. Eso fue todo.
Todo apunta a queserá una Berlinale como las que llevábamos tiempo sin disfrutar: con las calles nevadas. Saliendo del pase avanzado para los medios cayeron los primeros copos. Otra forma de reencuentro, tras varios consecutivos a temperaturas inusitadamente altas para lo que es o fue un febrero en Berlín. Nada que ver con las impresionantes nevadas de años míticos, al menos por el momento. Pero bonito para estrenar la acreditación de su 75 edición oficial, la 34 en lo cómputo personal. A los medios ya hace unos años que no se nos regala una bolsa, ni se nos entrega un catálogo, puesto que solo existe online. Tampoco hay obsequios del pintalabios L'Oreal que bien administrado se lleva el resto del año en el bolso. Pero pesa más lo que sigue siendo como siempre o lo que diferencia a los que presumimos de que conocemos el festival de los recién llegados. A esos se les explica con gesto compungido cómo ha decaído el festival, su pérdida de visibilidad o la desaparición de lo que fueron nuestros bares preferidos y por qué no pisamos, ni pisaremos, el imperio del fast food actual.



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