lunes, 11 de febrero de 2013

Latinoamérica, en todas direcciones

Uruguay, cuatro años después de "Gigante"


"Tanta agua", el diluvio uruguayo que empapó a la familia

Gemma Casadevall

Berlín, 11 feb (EFE).- Uruguay emergió hoy en la Berlinale con "Tanta agua", un filme de bajo presupuesto dirigido por dos debutantes -Ana Guevara Pose y Leticia Jorge Romero-, que de un diluvio en vacaciones salta al complejo mundo de la pubertad.
"Nos centramos en una familia en formato micro -un padre y sus dos hijos- para pasar a algo tan macro como es la fase de la persona que siempre persiste cuando creamos haber llegado a la adultez", explicó Efe Guevara, en entrevista a dos voces con su colega.
La situación de arranque de "Tanta agua", estrenada hoy en Panorama, es un "pobre padre" -como se denomina a sí mismo el personaje, interpretado por Néstor Guzzini-, divorciado, que se lleva a sus hijos de vacaciones una semana a unas termas uruguayas.
Como el título anuncia, al trío le espera un diluvio que además de inutilizar la piscina y empapar a la familia obliga al adulto a buscar alternativas a dos poco cooperativos hijos, empeñados en aburrirse sin disimulos, especialmente la muchacha, Malú Chouza.
Del padre que va a buscar a los chicos a casa de su exesposa, casi de madrugada y ya bajo la lluvia, "se desplaza la atención a la adolescente, que con 14 años tiene mucho por delante pero ningunas ganar de perder el tiempo", explicó Leticia Jorge.
El filme supera con creces el diluvio inicial para dejar emerger de nuevo esa cinematografía en la Berlinale, tras el espaldarazo que supuso en 2009 "Gigante", de Adrián Biniez, al acaparar el Gran Premio del Jurado, el Alfred Bauer -en memoria del fundador del festival- y el de mejor ópera prima.
"El éxito de 'Gigante' hace que nos hayamos encontrado el camino algo más transitado. Adrián nos empujó al resto, internacionalmente, y eso se nota", apuntó Leticia, para matizar que, modestamente, no se sienten "representantes" de su país, sino de su filme.
La suerte de "Tanta agua" arrancó del paso de la película, aún en versión proyecto, por San Sebastián, donde ganó el premio Cine en Construcción, una situación parecida a la de "Gloria", del chileno Sebastián Lelio, una de las 19 aspirantes a Oso de la Berlinale.
"La historia de 'Tanta agua' se fraguó en 2011, pero luego quedó atascada por falta de presupuesto. San Sebastián la impulsó", sostiene Ana Guevara.
No hubo un reparto específico de tareas entre una y otra directora, sino que se hizo "de forma natural", de acuerdo a las aptitudes de cada una y tras terminar un guión en que, en palabras de Leticia Jorge, dejo "muy visualizado cómo trabajaríamos".
El gran enemigo, sobre el papel, era ese protagonista establecido por el guión, pero a la vez indomable -la lluvia-, para lo cual se equiparon con los efectos especiales pertinentes por si fallaba el elemento natural.
"Fuimos una pesadilla para el asistente de producción. Tenía cada día tres planes distintos, para rodar si llovía, si no lo hacía, si estaba nublado o si salía el sol. Por suerte, el diluvio natural nos acompañó ahí donde debía", recordaba Jorge.
Tras ese filme en formato "micro", que esperan estrenar en Uruguay el próximo mayo, el dúo de realizadoras prepara ya el paso a la macro en el que será su segundo largometraje a dos manos, esta vez centrado en una estructura familiar mayor y los cambios que genera en ella la muerte del abuelo.
"Tanta agua" es uno de los aspirantes al premio ópera prima de la Berlinale, al que concurren largometrajes de las secciones a competición, Panorama y Forum.
América Latina copa la lista de los candidatos, con seis títulos: "Deshora", de la argentina Barbara Sarasola-Day; "Habi, la extranjera", de su compatriota María Florencia Alvarez; "Workers", del mexicano José Luis Valle; "AninA", del uruguayo Alfredo Sordeguit, y "Princesas Rojas", de Laura Astorga Carrera. EFE
gc/jcb/me
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La poética del sabotaje diario


"Workers", la rebelión silenciosa de los sumisos

Gemma Casadevall

Berlín, 11 feb (EFE).- La película "Workers", del mexicano José Luis Valle, plasmó hoy en la Berlinale la rebelión silenciosa de los trabajadores sumisos que un buen día dicen que no pueden más, desde la realidad de la Tijuana fronteriza, ampliable a otras latitudes.
"Es una rebelión sutil, no expresada en gritos, sino en pequeños gestos, de quienes durante años se esmeraron en hacerlo todo bien y que se ven desposeídos del mínimo reconocimiento", explicó a EFE Valle, nacido en El Salvador y desde hace año y medio "mexicano legalizado".





Ese es el caso de Rafael, servidor fiel durante 30 años de una fábrica de bombillas, que se compra zapatos nuevos para presentarse al patrono en su teórico último día de trabajo y se le recuerda que no tiene los papeles en regla y, por tanto, tampoco acceso al retiro.
También es el caso del colectivo de sirvientes de una tiránica patrona, atada a una silla de ruedas y con respiración asistida, que al morir convierte en heredera universal a la galgo hembra "Princesa", de la que pasan a ser lacayos de por vida.
"Son dos historias paralelas, reflejo de la brutalidad kafkiana, grotesca, que tal vez nos hace reír en el filme, pero que no es graciosa, de un mundo en que la brecha social se extiende, desde el sexto mundo mío a esta Europa que parecía ideal", prosigue.
Se trata del primer largometraje del realizador, incluido en la sección Panorama Special -la segunda sección de la Berlinale- y financiado con la ayuda del World Cinema Fund (WCF), los fondos creados por la Berlinale en 2004 para apoyar a jóvenes talentos.
De esa factoría salieron filmes como "La teta asustada", de la peruana Claudia Llosa, Oso de Oro en 2009, así como "El otro", del argentino Ariel Rotter; "El custodio", de su compatriota Rodrigo Moreno; y "El abrazo partido", de Daniel Burman, todos ellos premiados en ediciones anteriores del festival.
"Workers" es uno de los seis filmes procedentes de América Latina que aspiran al premio ópera prima de la Berlinale, sean de la sección a competición o de las restantes, como es el caso del cubano Carlos Machado Quintela, con "La Piscina".
México está entre las cinematografías latinoamericanas "mimadas" por la Berlinale en los últimos años, después de que en una fase anterior la atención se hubiera centrado, en lo que a ese ámbito se refiere, en Argentina y Brasil.
A esta 63 edición del festival acuden cinco títulos con participación mexicanas, ya que junto a "Workers" está en Panorama la coproducción con Uruguay "Tanta agua", aspirante al premio a la mejor ópera prima, dirigido por Ana Guevara y Leticia Jorge.
En Forum, dedicado al cine experimental, se proyectó "Matar extraños", dirigida por Jacob Secher Schulsinger y Nicolás Pereda y centrada en la revolución mexicana del siglo pasado.
En Cortometrajes, México presenta la coproducción entre Estados Unidos, Ghana y México "Kwaku Ananse", así como el documental de animación "Reality 2.0", dirigido Víctor Orozco.
No como representante del cine mexicano, pero asimismo abundando en la realidad brutal que sacude el país está "Narco Cultura", una película dirigida por el israelí Shaul Schwarz, incluida en Panorama Documentos y centrada en los crímenes de Ciudad Juárez.
"Mi país vive una guerra brutal. Andar por Tijuana es confrontarse con esa realidad monstruosa, con crímenes que no tienen nombre ni estadística. Cuídense los europeos: no dejen crecer entre ustedes el abismo de injusticia social que nosotros no sabemos ya cómo combatir", advierte Valle. EFE gc/ram  (vídeo)



domingo, 10 de febrero de 2013

Anticipándonos a Catherine

La Berlinale encontró a su heroina sin complejos

Gemma Casadevall

Actors Sergio Hernandez (L), Paulina Garcia (C) and director Sebastian Lelio pose during a photocall to promote the movie ''Gloria'' at the 63rd Berlinale International Film Festival in Berlin February 10, 2013. REUTERS/Fabrizio Bensch

Berlín, 10 feb (EFE).- La Berlinale encontró hoy a su heroína en "Gloria", del chileno Sebastián Lelio, el retrato de una mujer sin complejos, inmersa en una sociedad asimismo ansiosa de demostrar que no le teme a la vida, que aportó luz a la competición del festival.
La película se desmarcó de lo visto hasta ahora en una Berlinale que su director, Dieter Kosslick, ha plagado de personajes de mujeres poderosas, aunque hasta el momento sin el factor de positivismo que emana esta producción chilenoespañola.
"Es un canto al derecho a disfrutar de la vida de una generación, la de los ya mayorcitos, en medio de una sociedad enfermizamente obsesionada por la juventud", explicó Lelio, tras el paso de la película, la primera a concurso que se llevó una cerrada ovación.
Aparentemente, todo gira en torno a la mujer que interpreta Paulina García -recibida por la prensa de la Berlinale como "la Meryl Streep de América Latina"-, una mujer que se acerca a los 60 saboreando lo que le ofrece la vida, incluido por supuesto el sexo.
"En realidad, es un retrato interconectado con el ansia de libertad y de ser por fin feliz, compartido por toda la sociedad chilena", añadió Lelio.
No se trata solo de esa Gloria, una mujer estupenda que tal vez bebe demasiado como para poder tomar siempre las decisiones correctas, en el momento adecuado, pero que "acaba encontrando el camino correcto".
Se trata de todos los personajes "que genera en Santiago de hoy", desde esa generación de "mayorcitos" a los que alude el director a los estudiantes que salen a la calle a clamar por sus derechos, telón de fondo del filme.
Paulina García es una mujer que canta al volante, que se ríe, que se enamora de un hombre que no está a su altura -es difícil estarlo- y que tiene su lucha diaria con un vecino drogadicto y con el gato de este, con más aspecto de murciélago que de felino.
Disfruta del sexo, lo que inscribe a "Gloria" en la corriente actual de filmes que muestran cuerpos desnudos ya entrados en años, por mucho que eso "pueda costarnos algún rechazo en los sectores machistas, hipócritas, de nuestra sociedad", apuntó Paulina García.
Lelio, argentino de origen, crecido en Chile y residente en Berlín -donde acabó su filme, con una beca de la sociedad de intercambio DAAD-, devolvió a la competición de la Berlinale el cine chileno, ausente desde 1991 -entonces, con "La Frontera", de Ricardo Larraín, Oso de Plata a la mejor ópera prima-.
"Gloria" es su cuarto filme -tras "Sagrada Familia", "Navidad" y "El año del tigre"- y llegó con buena estrella a la Berlinale, tras haber obtenido en San Sebastián el premio Cine en Construcción a su proyecto, lo que le abrió la puerta a la coproducción española.
Brindó la dosis de positivismo que precisaba el festival, en una jornada a competición compartida con "La religieuse", de Guillaume Nicloux, interpretada por Pauline Etienne y Isabelle Huppert y centrada en la estricta, hasta brutal, vida tras los portalones de un convento.
Es la historia de la rebelión de una de esas monjas, minuciosamente contada, desde la perspectiva de la que se subleva contra el poder de la madre superiora.
A Huppert se la esperaba en Berlín como la primera del contingente de divas francesas que Kosslick ha preparado para la 63 edición del festival -las siguientes serán Juliette Binoche, como "Camille Claudel" y Catherine Deneuve, en "Elle se'n va".
El filme, sin embargo, no gira en torno a ella, sino de la joven colega de convento y de profesión.
La tercera película a competición era la canadiense "Vic+Flo ont vu un ours", de Denis Côte, estaba asimismo centrada en dos mujeres, una lesbiana "auténtica" y su novia -a la que en realidad gustan los hombres-, en una historia oscura en que se mezclan pasados carcelarios, venganzas y amenazas.
Entre los frondosos bosques canadienses y los altos muros del convento, "Gloria" aportó el resplandor de la mujer que sabe sonreírle a la vida, desde un Santiago de Chile que asimismo se sacude los corsés del pasado. EFE
gc/cat
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Todos con Gloria


Leilo y Paulina, dos chilenos a por el Oso

Gemma Casadevall

Berlín, 10 feb (EFE).- El director chileno Sebastián Lelio y la actriz Paulina García entraron hoy en la ronda de cazadores del Oso de Berlín con "Gloria", el retrato de una mujer y de una sociedad, la de Chile, que aspiran a todo porque no le temen a la vida.
"Mi película es el viaje de un individuo, una mujer, que ocurre en medio del torrente colectivo de la sociedad chilena", explicó Lelio a EFE, tras la proyección de "Gloria", que se llevó la primera ovación cerrada de la sección a competición de la Berlinale.
Gloria representa "el ansia de vivir, sin complejos y sin miedo, ni a la edad ni al qué dirán", explicó por su parte Paulina García, quien da cuerpo junto a Sergio Hernández a una pareja entrada en años, que se conoce y enamora bailando.
Ella va camino de los 60, él pasó esa barrera y superó una operación de la que resurgió con muchos kilos menos encima. Ambos disfrutan del vino y el sexo, sin tabúes, sólo que ella es arrojada y decidida y él no.
"Las mujeres somos más valientes. Preferimos tomar una decisión antes que quedarnos en la ambigüedad. Vivimos en una sociedad muy machista, en Chile, donde la mujer no tuvo derecho al voto hasta 1948. Pero incluso antes de poder votar ya decíamos nosotras", asegura la actriz.
Lelio traza en "Gloria" el nexo entre las ansias de vida de esa mujer que no se acobarda y las de la sociedad chilena actual por liberarse de los lastres del pasado.
"Chile se ha modernizado a tropezones, su contrato social es caduco. Hay una sociedad nueva que exige educación y salud gratis", apunta el realizador, para quien pese al protagonismo de Paulina hay un "cordón umbilical invisible entre ella y su sociedad".
"Son dos cosas que se retroalimentan: su derecho a vivir y a ser querida representa también las ansias del chileno de hoy", añade Lelio, nacido en 1974 en Argentina y desde los dos años en Chile.
"Gloria" es un canto al ansia de libertad, individual y colectiva, representada por una mujer "ya mayorcita", en medio de "una sociedad enfermizamente obsesionada por la juventud".
Se trata de un filme que empezó a fraguarse tres años atrás, que luego quedó aparcada mientras Lelio rodaba "El año del tigre" -"ahí quedó medio huérfana, pero se reveló y volvimos a ella"-.
A partir de ahí todo empezó a funcionar "con gran rapidez", filmaron en Santiago de Chile a principios de 2012, luego ganó el premio Cine en Construcción en San Sebastián y a partir de ahí encontraron coproductora española.
"Fue como una explosión. Los programadores de la Berlinale la vieron y la seleccionaron. En medio recibí una beca alemana -de la sociedad de intercambio cultural DAAD-, así pasé unos meses trabajando y terminando de montar la película aquí", explicó Lelio, que se quedará "unos meses más" en la capital alemana.
Con "Gloria", la película de una mujer madura que canta al volante, que se ríe y que se enamora de un hombre que no está a su altura, el cine chileno regresó a competición en la Berlinale tras años de ausencia -la última fue en 1991 con "La Frontera", de Ricardo Larraín, Oso de Plata a la mejor ópera prima-.
Se trata del cuarto filme de Lelio -tras "Sagrada Familia", "Navidad" y el mencionado "El año del tigre"- y brindó al festival la dosis de positivismo que precisaba la Berlinale, pletórica de personajes poderosos de mujer, pero hasta ahora más bien sombríos.
"Gloria" compartió la jornada a concurso con "La religieuse", de Guillaume Nicloux, interpretada por Pauline Etienne y Isabelle Huppert y centrada en la estricta, hasta brutal, vida tras los portalones de un convento.
La tercera película a competición del día fue la canadiense "Vic+Flo ont vu un ours", de Denis Côte, estaba asimismo centrada en dos mujeres, una lesbiana "auténtica" y su novia -a la que en realidad le gustan los hombres-, en una historia oscura en que se mezclan pasados carcelarios, venganzas y amenazas.
Lelio la rodó tras "El año del tigre", una película dura hecha tras el terremoto que sacudió su país, necesitado de un "golpe de vitalidad".
Como tal aporte de positivismo recibió la Berlinale a "Gloria", única representante de América Latina entre las 19 aspirantes al Oso. EFE/cr
gc/cr
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sábado, 9 de febrero de 2013

Algún que otro desubicado

Cuando un western habla en alemán

Nina Hoss cabalgó por la Berlinale

Gemma Casadevall

Berlín, 9 feb (EFE).- El cine alemán entró hoy en competición en la Berlinale con "Gold", con una Nina Hoss cabalgando en busca de oro por abruptas montañas canadiense, en un festival volcado en mostrar el valor de la tierra en tiempos de pioneros o ante los usurpadores del presente.
A Hoss, una "musa berlinesa" asidua del festival, le correspondió defender el pabellón alemán con una película angosta, única representante del cine anfitrión a concurso y compartiendo jornada con la rusa "Dolgaya schastlivaya zhizn" ("A Long and Happy Life").
Fueron dos exponentes distintos de lo que el director del festival, Dieter Kosslick, anunció como uno de los ejes de la 63 edición de la Berlinale: el destino de los desarraigados del planeta, sea por propia voluntad o por designio ajeno.
Dirigida por Thomas Arslan, "Gold" se centra en un grupo de inmigrantes alemanes que, en 1898, pasan de Estados Unidos a Canadá, dispuestos a recorrer 2.500 intrincados kilómetros en busca de oro.



La misma Hoss que en 2012 interpretó a una médico acosada por la Stasi -policía política de la Alemania comunista- en "Barbara" o a la fantasmal "Yella", dos años atrás, es ahora el centro de esos alemanes a los que Arslan mueve por las montañas.
Mantienen los gestos, frialdad y frases secas propias de empleados de una oficina de Correos en Bremen o Hannover, su lugar de origen, sólo que lugar de estampar sellos amputan con un serrucho la pierna de uno de ellos al borde de la gangrena.
A la hora de la proyección, entre un cúmulo de tópicos robados de cualquier "western", empezaron a desatarse las impaciencias o carcajadas de los asistentes.
El propósito de Arslan no era la parodia, sino retratar a unos pioneros entre los seis millones de alemanes que entre 1830 y 1900 llegaron a Estados Unidos y que forman parte de su paisaje actual.
Cuando un filme desata risas ahí donde no debe es que algo no funciona, por mucho que al final se dispensaran a aplausos de cortesía al único anfitrión entre los 19 filmes a concurso.
"Me pareció interesante reflejar ese otro lado de los alemanes afectados por las migraciones. Es decir, donde ellos mismos son quienes emigran, o al revés". explicó Arslan, director alemán de origen turco, de cuya filmografía destaca "Dealers".
Bastante mejor le fue "Dolgaya schastlivaya zhizn", del ruso Boris Khlebnikov, con una historia parecida a la de "Promised Land" proyectada el día anterior y con Matt Damon, solo que sin los edulcorantes propios del cine estadounidense.
También aquí se centra el filme en un colectivo de campesinos, esta vez de la península de Kola, a los que los poderosos pretenden quitar de sus tierras a precio de estafa.
El filme ruso se unió a la tónica de "Promised Land", sólo que en lugar de ladrones de guante blanco -un consorcio energético- aquí quien pretende desterrar a los vecinos es el aparato estatal.
Una muy buena alternativa, en lo cinematográfico, a "Gold" y, sobre todo, a la tercera película a competición de la jornada, "The Necessary Death Of Charly Countryman", dirigida por el sueco Fredrick Bond e interpretada por Shia LaBeouf.
La película de Bond empieza con un delirio, el del personaje interpretado por LaBeouf, y va a más, entre paseos por "hostels" y clubes nocturnos de Bucarest.
A LaBeouf no se le borra la expresión de bobo enamorado -de Rachel Wood- en toda la película, con un Mads Mikkelsen empeñado en quitarle a la chica de sus sueños.
Mientras la competición llevo a a alfombra roja a Hoss, heroína local, y LaBeouf, con muchas fans en Berlín, los filmes fuera de concurso dejaron otra dosis de guapas y guapos: entre otros, Anne Hathaway, representando a "Les Misérables" en la sección Berlinale Special, y James Franco y Amanda Seyfried, en "Lovelace", de Panorama. EFE

Salvadnos de los salvadores


El haitiano Raoul Peck sacude con el despropósito de la ayuda humanitaria 

Gemma Casadevall

Berlín, 9 feb (EFE).- El director haitiano Raoul Peck sacudió hoy la Berlinale con su documental "Assistance mortelle", filmado tras el terremoto que dejó 250.000 muertos y un millón de damnificados en su país y en el que denuncia los despropósitos de la ayuda humanitaria.
"Por favor, salvémonos de quienes dicen que vienen a salvarnos", exclamó el realizador, sin acritud pero contundente, tras la proyección de su filme, recibido con fuertes ovaciones en su estreno en la sección Berlinale Special, fuera de concurso.
Rodado en Puerto Príncipe y otras zonas devastadas por el seísmo del 12 de enero de 2010, el documental se adentra en "la otra catástrofe que siguió a la catástrofe", en un país donde las viviendas de millón y medio de personas quedaron en ruinas.
"La comunidad internacional prometió miles de millones de dólares en ayuda humanitaria. En lugar de un auxilio controlado se vino sobre nosotros el caos, a veces por negli gencia, a veces por afán de hacer negocio con nuestra tragedia", sostuvo el director.
De la promesa de ayuda urgente, transparente y con implicación haitiana, se pasó a un despropósito de ONGs actuando en paralelo y en medio del despliegue mediático alrededor de la elite política internacional -como el expresidente de EEUU Bill Clinton- y estrellas comprometidas, desde Angelina Jolie a George Clooney. 
Peck acudió con este documental a la Berlinale desde su posición de viejo amigo del festival, pues en 2002 fue miembro del y en 2005 compitió por los Osos con "Sometimes in april", sobre el genocidio ruandés de 1994.
Explicó que su propósito no es "dejar en evidencia a colegas, ONGs, ni otros estamentos comprometidos de corazón con la causa", sino incidir en la necesidad de replantearse lo que se entiende por ayuda humanitaria.
El cineasta, exministro de Cultura en Haití, se presentó como un ciudadano de mundo que ha vivido en África, Estados Unidos y Europa y alternó el creole de su país de origen con el francés, el inglés y el alemán -estudió cine en Alemania-.
"Haití también pasó su hora cero", explicó el cineasta, en alusión a cómo quedó Alemania tras la Segunda Guerra Mundial y la capitulación del Tercer Reich.
"Assistance mortelle" es un documento con el que pretende "disuadir" al espectador de hacer donativos irreflexivos a "cualquier ONG, por simple afán de bondad" o lo que califica de "ayudar por ayudar".
Con un formato estricto, sin concesiones al espectador, el filme recoge los argumentos tanto de los "sufridores" de la ayuda -haitianos comunes- como de quienes tratan de canalizarla honradamente, ya sean responsables de altos organismos o pequeñas organizaciones.
"Los haitianos somos en ese engranaje como piezas de un escenario que es el país más pobre del mundo", sobre el que de pronto llueve miles de millones de dólares, lo que no impide que cientos de miles de ellos sigan viviendo hoy bajo carpas de plástico.
Ejemplo de esta situación son escenas como las que muestra al responsable del departamento de Ingeniería haitiano dirigiendo las labores de sus cien empleados, descalzos sobre el lodazal de canalizaciones infestadas, a metros de cuatro cooperantes de una ONG protegidos de pies a cabeza con el mejor equipo.
Apenas cinco de las veinte grandes organizaciones que operaron en Haití presentaron "cuentas claras" de su gestión.
Para tareas prioritarias, como las labores de desescombro, no había dinero, pero sí lo hubo para invitar al país a políticos y periodistas de todo el mundo, dispuestos a relatar lo que la comunidad internacional "hacía con Haití", apunta Peck.
Los 99 minutos del documental son el resultado de 500 horas de película, rodadas en los dos años siguientes al seísmo y financiadas por varios canales de la televisión pública franco-alemana, Arte, entre otras ayudas. EFE
gc/cr

viernes, 8 de febrero de 2013

Desposeídos, uníos


Matt Damon le puso rostro a la usurera industria energética


Gemma Casadevall

Berlín, 8 feb (EFE).- El actor estadounidense Matt Damon llevó hoy a la Berlinale el rostro de la estafa ecológica en "Promised Land", un filme de Gus Van Sant sobre la usura voraz de la industria energética que convierte a granjeros en desposeídos de su tierra.
Damon, con su eterna cara de chico bueno pese a interpretar a un engatusador profesional, acaparó los flashes de la primera jornada a competición, compartida con el excelente filme "W Imie" ("In the name of"), sobre homosexualidad y sacerdocio en la católica Polonia.
"Es un personaje en dilema, que trata de no escuchar a su conciencia, aunque sabe el alto coste que implica ignorarla", explicó el actor, el imán mediático de la jornada en un papel diseñado a su medida y en un filme del que es además coguionista y productor.
"Promised Land" arranca con la llegada de Damon y Frances McDormand a un pueblo de granjeros perdido en EEUU que el consorcio "Global" pretende perforar en busca del gas, por mucho que conlleve envenenar el subsuelo de los prados donde pacen las vacas.


Se trata de perforaciones a kilómetros de profundidad -el controvertido método "Fracking"-, para el que se insuflan productos químicos y que "Global" quiere llevar adelante estafando con un contrato subvalorado a los granjeros.
"No es filme de héroes y villanos. En nuestro mundo, también el de los consorcios sin escrúpulos, uno puede pasar de un lado al otro sin dejar de ser la misma persona", apuntó Van Sant, presente en la Berlinale como nombre de peso entre los 19 aspirantes a Oso.
Damon y McDormand serán exponente del principio de que "nada es sólo blanco o negro" -en palabras del actor-, ni siquiera en el mundo sin escrúpulos del que proceden.
Llegarán al pueblo pensando que será una pieza fácil y se toparán con un viejo maestro, ingeniero de elite ya jubilado y líder de la resistencia en tanto que suficientemente viejo para permitirse el lujo de morir con dignidad, en lugar de venderse barato.
A partir de ahí empezarán a hacerlo todo mal, desde comprar al alcalde a tratar de hacerlo con un activista ecologista -John Krasinski- tan engatusador como los enviados del consorcio, por mucho que les acose a ellos y al pueblo entero con carteles de "Global go home".
Van Sant se permite una pequeña sorpresa, cuando todo parece cuadrar demasiado y el dilema de Damon tiende a resolverse en una dirección excesivamente esperable.
"Trato de hacer filmes en los que creo y que a la vez sean realistas, cinematográficamente", defendió Damon, en alusión al corte convencional de la película, en la que no falta el romance con la linda maestra del pueblo.
"Promised Land" dio un buen arranque, en lo mediático, a la primera jornada a competición, aunque en lo cinematográfico la mejor acogida se la llevó el filme dirigido por Malgoska Szumowska, representante del nuevo cine polaco.
"W Imie..." se recibió como una de esas pequeñas joyas del cine de bajo presupuesto, con unos actores excelentes y trazado sobre otro tipo de dilema: el de un cura de una parroquia rural al cargo de un grupo de muchachos difíciles.
La homosexualidad, tabú en todo el ámbito católico y más aún en un país casi al cien por cien confesional como es Polonia, es la tortura interior y exterior del sacerdote, que se gana el aprecio de los chicos con su imagen moderna y hasta el acoso de la atractiva y desorientada esposa de un instructor de la escuela.
Szumowska aborda el tabú sin tapujos, en un película rica en detalles reveladores y que huye de los tópicos.
La tercera a competición fue "Paradies: Hoffnung" ("Paradise: Hope"), la última pieza de la trilogía del austríaco Ulrich Seidl -tras sus anteriores "paraísos" dedicados al amor y a la fe-.
También se introduce en las tentaciones adultas -esta vez, un médico- por una muchacha, esta vez en un campamento de vacaciones al que los padres envían a sus hijos con sobrepeso a adelgazar.
La muchacha es una "Lolita" gorda empeñada en seducir al adulto, el tercer personaje en dilema en una misma jornada, y el resultado un filme sin la intensidad de su compañera a competición polaca ni el factor mediático de la de Van Sant. EFE
gc/jcb/cr
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jueves, 7 de febrero de 2013

Tanta belleza aburre

Kung fu sobre la alfombra roja

Gemma Casadevall

Berlín, 7 feb (EFE).- El director chino Wong Kar Wai abrió hoy la Berlinale con "The Grandmaster", un homenaje al genio del kung-fu Bruce Lee que en lugar de ritmo, acción y golpes se plasma en filosófica y trascendente belleza.
"Bruce Lee fue el héroe de mi infancia, sí. Sólo que las artes marciales además de golpes certeros y mortales encierran principios, honor y mucha filosofía", afirmó Wong, quien además de inaugurar el festival llegó a Berlín como presidente de su jurado internacional.
"The Grandmaster", fuera de competición, es un espectáculo que va de la fascinación coreográfica por el kung-fu, entre hermosos paisajes helados y combates callejeros bajo inclementes diluvios, a la búsqueda de la esencia del honor y la traición a ese principio.
"Las artes marciales son un código que se trasmite de generación en generación y que cada generación enriquece con nuevas prácticas", explicó el director.
"The Grandmaster" arranca de la China de 1936, año de la invasión japonesa, donde el enemigo no es solo ese invasor extranjero, sino también la hostilidad norte-sur entre dos clanes. Abarca hasta finales de los cincuenta, con el personaje principal, Ip Man, convertido en gran maestro para Bruce Lee.
En medio, una historia de amor entre el perfecto luchador y la Miss Gong, única rival que alcanza a vencerlo con una forma de lucha específica de su clan, el llamado juego de las 64 manos.
Wong coloca al frente de su filme a dos superestrellas del cine asiático, Tony Leung -protagonista de "In The Mood For Love", del mismo director- y Zhang Ziyi -de "Tiger & Dragon" y "The Geisha"-.
El director regresó así a la Berlinale, como director y encabezando a un jurado del que forman parte también Tim Robbins, el director alemán Andreas Dresen y la iraní Shirin Neshat, exponente de los cineastas de su país bajo la tenaza de las restricciones de Teherán.
El cineasta chino se presentó junto a sus compañeros de jurado dispuesto a colocarse "al servicio" de los 19 aspirantes a los Osos.
Él homenajeó a Lee, mientras que la Berlinale le recibió como al genio al que vio debutar y que regresa con la aureola de maestro.
Wong, de 54 años, presentó en ese mismo festival, en 1988 su ópera prima, "As tears go by", entonces en el Foro del Cine Joven.
Ocho años después regresó con "Fallen Angels" y en 1997 se llevó de la competencia, el Festival Cannes, el premio al mejor director con "Happy together".
Recibió el César francés en 2001, con "In the mood for love", la película a la que inevitablemente remiten las secuencias más bellas de "The Grandmaser". Y en 2004, la Academia del Cine Europeo, con sede en su Berlín "amigo", le premió por su película "2046".
Tras la exhibición del mágico kung-fu de Wong se abrirá mañana el desfile de los 19 filmes aspirantes al Oso, con grandes nombres como el iraní Jafar Panahí, los estadounidenses Steven Soderbergh y Gus Van Sant, junto a nuevos talentos, como el chileno Sebastián Lelio.
Sobre su alfombra roja se espera ver a un desfile de estrellas, como las divas francesas Catherine Deneuve, Juliette Binoche e Isabelle Hupert, así como a Matt Damon, Jude Law, Nicolas Cage, Jeremy Irons, el cantante-actor Shia LaBeouf y a un Ethan Hawke, una vez más, como pareja de Julie Delpy.
Acudirán asimismo Isabella Rossellini, expresidenta del jurado que ahora recibirá una Cámara de Oro, así como Anika Ekberg, dando lecciones en el Talent Campus, Jane Fonda, invitada por la firma patrocinadora del festival, y Sharon Stone, en la gala "Cinema por Peace".
Mañana llegará la primera aportación del cine español, "La Plaga", de Neus Ballús, que refleja los efectos de la crisis global sobre cinco personajes y que se exhibe en la sección Forum.
También en la crisis, y sobre un formato aún más doméstico -una pareja-, se centra la última película de Isabel Coixet, "Ayer no termina nunca", con Javier Cámara y Candela Peña, que se exhibirá el domingo, fuera de concurso, en Panorama. EFE
gc/jcb/cr
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miércoles, 6 de febrero de 2013

Previas