jueves, 4 de marzo de 2021

En nada, los Osos

Entre la defensa del cine iraní y la sutileza japonesa

Gemma Casadevall 


Berlín, 4 mar (EFE).- La Berlinale reeditó hoy, en la recta final de su edición virtual, su defensa del golpeado cine iraní y también su pasión por la sutilidad japonesa, presentes en la lucha por los Osos con "Ballad of a White Cow" y "Wheel of Fortune and Fantasy", de Ryusuke Hamaguchi.
Un año después de entregar el Oro a "There is no Evil", dirigida por Mohammad Rasoulof, el festival reincidió en lo de incluir a competición un filme incómodo para Teherán, dirigido por Behtash Sanaeeha y Maryam Moghadam y que parece retomar el hilo de la anterior.
De nuevo, la ejecución de una condena a muerte, convertida en labor de rutina en Irán, con el agravante de que el ejecutado es inocente. A su viuda le corresponde encajar un año después el reconocimiento de la justicia iraní de que su esposo fue sentenciado por error.
A la explicación seguirá una promesa de indemnización y, a esta, algo más de dinero procedente de un hombre que se presenta como alguien que quedó en deuda con el ejecutado.
Si Rasoulof presentaba en su película a un buen padre de familia ejerciendo de verdugo, Sanaeeha y Moghadam ponen en escena a un juez hundido en un drama familiar y sumido en los remordimientos por esa sentencia errada.
Rasoulof, quien el año pasado no pudo acudir a recoger el Oro por imperativo de Teherán, es este año miembro -asimismo ausente- del jurado.
El dúo de cineastas actual se inscribe en la línea del cine que desafía a Teherán y con el peligro de ser inhabilitados, como Jafar Panahi, ganador de un Oro en 2015 con "Taxi".
Los rostros compungidos de la viuda y el juez parecen directamente extraídos de esa línea sucesoria. La propia Moghadam da vida a la protagonista, mientras que el papel masculino lo asume Alireza Sanifar, de la escuela de Panahi.
Ella pasará de ciudadana abnegada a romper varios tabús. A través del personaje masculino se plasmará la crueldad del régimen iraní, lo de menos es si una ejecución fue o no arbitraria y por culpa de quién, ya que lo grave es la rutina con que se aplica. La vaca blanca a la que alude el título remite al inocente que espera su turno en penales saturados.

UN TRÍPTICO DONDE NADA ES LO QUE PARECE

Hamaguchi -habitual en los festivales europeos, de San Sebastián a Locarno, además de Cannes y Venecia- acudía a la sección oficial con un exponente de delicadeza japonesa, pero donde nada es lo que aparenta.
Son tres historias -un triángulo, una seducción, el encuentro de dos excompañeras de clase- cada una con engranajes internos nada triviales, que se van revelando frase a frase. Toman forma de pieza teatral en tres actos, con estructuras temporales que conviene no desatender.
Lo que, de entrada, toma la apariencia de un filme algo ñoño va in crescendo. El diálogo inicial de dos amigas, en el taxi, una contándole a la otra los encantos del nuevo amor, deriva en resentimientos no tan propios de gente joven. Un profesor y autor de éxito cae en desgracia por un audio que va a parar donde no debe, algo parecido a lo que le ocurre al vídeo sexual de la maestra en el film de Radu Jude, pero sin porno visual.
Las dinámicas humanas no siempre se mueven como corresponde. Sus mujeres -clase media, impecables, acomodadas- van cayendo en infortunios por torpeza, desmemoria o por recordar demasiado. Tras "Passion" (2008) y "Asako I & II", dos de los filmes presentados en otros festivales por este cineasta, Hamaguchi prueba ahora en una Berlinale que presume de buen olfato para el cine asiático.

EL MEXICANO RUIZPALACIOS, EL ÚLTIMO DISPARO

La 71 edición de la Berlinale es la más rara de la historia de ese festival, como lo son todos los eventos internacionales del cine en tiempos de pandemia. Ha quedado obligada a lo virtual, sin alfombra roja ni proyecciones, ya que los cine alemanes llevan desde noviembre cerrados.
La competición oficial se limitó a quince filmes -normalmente son una veintena- que se han comprimido en cuatro jornadas -de las diez usuales- y presentado por screening.
La esperanza de la organización es poder retomar el contacto con el público en un formato presencial, en junio.
Queda una concursante por conocer, "Una película de policías", del mexicano Alonso Ruizpalacios.
La organización de la Berlinale le ha reservado la última jornada de su ronda de screenings virtuales, este viernes, jornada en que el jurado dará a conocer su veredicto.
Es la segunda vez que este cineasta compite por los Osos, tras haber ganado hace tres años el de Plata al mejor guion con "Museo", sobre el expolio artístico en México e interpretada por Gael García Bernal. A medio camino entre el documental y la ficción, "Una película de policías" denuncia la corrupción policial en México D.F. EFE   gc/jam/acm  

La Berlinale, ante su jurado más raro


Gemma Casadevall

Berlín, 4 mar (EFE).- Hacer pronósticos de favoritos al Oso de Oro en una Berlinale siempre es tarea compleja; en los últimos diez o veinte años, los jurados optaron por ignorar las preferencias de la crítica. En esta 71 edición, virtual, el jurado está formado por seis directores que ya ganaron el máximo galardón, todos ellos cineastas ajenos a convenciones.
El órgano "quinielístico" tradicional de toda Berlinale es la puntuación que difunde a diario la revista "Screen", elaborado por la valoración de críticos internacionales.
En esta ocasión, la cabecera se la disputan la alemana "Herr Bachmann und seine Klasse" -documental de Maria Speth sobre un veterano maestro de provincias- e "Introduction", del surcoreano Hong Sang-soo.
Su perseguidora es "Fabian", del alemán Dominik Graf, y la georgiana "What do we see when we look at the Sky". Asimismo bien colocadas están "Petite Maman", de Céline Sciamma, y la rompedora "Bad Luck Banging or Loony Porn", del rumano Radu Jude.
Las quince cintas incluidas en la sección oficial han sido presentadas en apenas cinco jornadas, a la espera de que mañana se comunique el veredicto del jurado.
La lista de "Screen" no incluye a las últimas películas presentadas este jueves por el festival -la iraní "Ballad of a White Cow", la japonesa "Wheel of Fortune and Fantasy" y la mexicana "Una película de policías"- teóricas firmes aspirantes también.

DE LA BOSNIA ZBANIC AL IRANÍ RASOULOF

No ha habido oportunidad en esta Berlinale virtual, sin alfombra roja ni comparecencias ante los medios, de tantear las preferencias de los miembros del jurado. Su única intervención fue en formato zoom, en un debate a distancia moderado por el director del festival, Carlo Chatrian.
No hay un presidente del jurado y tampoco se sigue el esquema clásico -algún director de cine, un actor o actriz, más productores. Todos sus miembros tienen el mismo rango o teórico poder decisorio.
Uno de ellos, el iraní Mohammad Rasoulof, ni siquiera pudo acudir a una sesión fotográfica previa con sus colegas en la sede del festival, ya que las autoridades de Teherán le impidieron salir del país.
Rasoulof ganó el Oro en 2020 con "There is no Evil", un premio que no pudo recoger personalmente, retenido en Teherán, y que se interpretó como un reconocimiento a la capacidad de resistencia de los cineastas iraníes a las imposiciones del régimen.
El filme de Rasoulof se centraba en cuatro verdugos -el que cumple porque es su trabajo, el que tiembla ante la ejecución, el que huye y el que obedece-. No era el favorito, pero tampoco levantó indignación.
Un año antes, el israelí Nadav Lapid recogió con "Synonymes" un Oro que parecía destinado a François Ozon por "Gràce à Dieu", una denuncia sobre el silencio de la iglesia frente a la pederastia, al que se reservó el Gran Premio del Jurado.
En su diálogo con Chatrian, Lapid recordó que compartió vuelo con Ozon tras recibir el premio y cómo ambos comentaron el inesperado veredicto del jurado, presidido por la actriz francesa Juliette Binoche, que al parecer no hizo inclinar la balanza a favor de su compatriota.
Al zoom con Rasoulof y Lapid se unió el de la tercera integrante del jurado la rumana Adina Pintilie, ganadora en 2018, también contra pronóstico, con "Touch me not", una producción que rompía unos cuantos cánones. Su estreno en el festival había producido deserciones del público, entre largas escenas de sexo, diálogos con personas incapacitadas para ejercerlo o discapacitados que disfrutan en plenitud su sexualidad.
La cuarta integrante del equipo, Oro en 2017, es la húngara Ildiko Enyedi, que ganó el máximo premio con "On Body and Soul", otro filme que había sido recibido con calidez, pero que no partía como favorito, sobre el hermoso cuento de un jefe y una empleada de un matadero que comparten sueños.
Gianfranco Rosi -incluido en el jurado, aunque ausente en la presentación con Chatrian- ganó el Oro en 2016 con su "Fuocoammare", sobre el drama migratorio en aguas del Mediterráneo. Una película que impactó en la Berlinale, un año después de la crisis migratoria que llevó a Alemania a casi un millón de refugiados. Fue probablemente el pronóstico menos inesperado de los últimos tiempos, debido al jurado presidido por la actriz estadounidense Meryl Streep.
Cierra el círculo del jurado la realizadora bosnia Jasmila Zbanic, quien se llevó el Oro en 2006 con su drama sobre la violación como arma de guerra "Grbavica". Era entonces una debutante y se presentaba con un filme rodado desde la absoluta sobriedad, con un equipo mínimo y total desnudez de medios. EFE   gc/jam/acm

miércoles, 3 de marzo de 2021

Ni en la Berlinale salimos del bosque

La Berlinale se adentra en el bosque amigo de Sciamma

Gemma Casadevall


Berlín, 3 mar (EFE).- La Berlinale se adentró hoy en los secretos del bosque, a través de "Petite Maman", de la francesa Céline Sciamma, y del duro cine húngaro, otra presencia dominante en esta edición virtual del festival, muy volcado hacia el este europeo.
Una cabaña en el bosque, dos niñas casi idénticas que coinciden bajo la lluvia y el bastón de la abuela para no perderse: entre estos elementos deja fluir la francesa Sciamma la película con que busca un Oso en la Berlinale, diez años después de haber debutado en su sección Panorama con "Tombay".
Del amor entre dos mujeres del siglo XVII trazado en "Retrato de una mujer en llamas" (Portrait d'une jeune fille en feu") -premio al guion en Cannes en 2019- pasa a dos niñas que podrían ser gemelas -Joséphine y Gabrielle Sanz- una de las cuales se llama Marion, como la madre de la otra, Nelly. Su filme, de apenas 77 minutos, se mueve entre enigmas colocados con precisión, donde nada es superfluo.
Nelly queda prácticamente sola en la casa del bosque de la abuela. Su madre, aquejada de una tristeza endémica, se ausentó. El amoroso padre tiene una función más bien de intendencia. Nelly quedará envuelta entre la tentación de seguir jugando un rato más con la "petite Maman" Marion y la lealtad a la madre adulta.

EL BOSQUE COMO REFUGIO O COMO LABERINTO

Para muchos berlineses, como para Nelly y Marion, el bosque era ya un amigo o el refugio. Ahora quedó revalorizado como salvación en tiempos de pandemia, que en Alemania se ha traducido en meses de cierre de la vida pública, pero no en confinamiento domiciliario. El paseo por el bosque ha sido la válvula de escape de los ciudadanos, sea en solitario o para encontrarse y conversar.
El bosque francés de Sciamma es, como el berlinés, un amigo. Dos cineastas húngaros, ambos asimismo aspirantes al Oso, convierten los suyos en elemento laberíntico, claustrofóbico.
"Természetes fény" ("Natural Light"), dirigida por Dénes Nagy, colocará en un bosque permanentemente encharcado o inhóspito a un oficial húngaro cuyo cometido es buscar partisanos en territorio soviético, durante la II Guerra Mundial.
Es un militar rodeado de dilemas y confrontado a los rostros atemorizados de aldeanos que saben cuáles son las órdenes que reciben: entregar al partisano o ver arder su casa, tal vez con ellos dentro.
"Rengeteg- mindenhol látlak" ("Forest. I see you Everywhere"), dirigida por Bence Fliegauf, no ocurre en ningún bosque, sino que retoma el título del primer largometraje de este director, presentado en 2003 en la sección Forum.
Forman la película siete microhistorias, interpretadas por actores no profesionales de impactante versatilidad y rodada con mínimo presupuesto.
Son diálogos en espacios interiores sombríos. El primero, entre una adolescente que culpa a su padre del accidente de tráfico en el que muere la madre y queda casi mutilada una amiga; en el siguiente, aparece una joven que exige saber de su turbio novio por qué prestó su cámara a otra mujer.
Se suceden diálogos incriminatorios entre seres muy cercanos, pero no queridos. Una madre trata de apartar a su hijo, un muchacho aún, de las "redes del mal", cuando ella es una fanática religiosa; un hombre joven trama la venganza del curandero que ha estafado y arruinado físicamente a familias enteras.
El hilo conductor entre esos seres destructivos es sutil. Todo el filme discurre entre sombras, con la casi única excepción del momento en que una muchacha sube la persiana y deja entrar un rayo de luz al abuelo que parecía agónico, pero tal vez sólo dormía.
Fliegauf regresa a competición con su inquietante "Forest", tras haber ganado en 2012 el Gran Premio Especial del Jurado con "Solo el viento" ("Csak a szél"), un retrato de un día en la vida de una familia gitana, en medio de los asesinatos xenófobos en serie contra ese colectivo

UN CUENTO GEORGIANO ENTRE AMANTES DE MESSI

El cine del este acude a la Berlinale con rango de primera potencia.
Entre las aspirantes al Oso se dan buenas opciones a la rumana "Bad Luck Banging or Loony Porn", del provocador Radu Jude. Una película que rompe esquemas y que arranca de la exhibición de un vídeo sexual casero de una maestra de Bucarest.
Completa el recorrido por estas cinematografías "What do we see when we look at the Sky", un cuento georgiano sobre una pareja de enamorados que, al día siguiente del flechazo, no pueden reconocerse porque despertaron bajo otra apariencia.
Ambos se preguntan por qué el otro no acude a la cita, incapaces de reconocerse, aunque estén uno frente al otro. Por suerte, el dios fútbol todo lo repara. Alexander Koberidke, el director, ve a Argentina ganando un Mundial con Leo Messi. Jóvenes, viejos y hasta perros seguirán la final en su bar de Kutaissi, su ciudad. Las cosas pasan cuando tienen que pasar, es su lema. EFE  gc/jam/acm   (foto)

martes, 2 de marzo de 2021

Catálogos y directores de cabecera

  Hong Sang-soo explora Berlín, en un festival de dominio numérico alemán

Gemma Casadevall


Berlín, 2 mar (EFE).- El director surcoreano Hong Sang-soo regresó de exploración por Berlín, un festival tradicionalmente "amigo" del cine asiático, pero cuya sección oficial aparece en esta edición 71, en formato virtual, bajo el dominio alemán.
"Introduction", una pieza de 66 minutos a la medida de los seguidores de Sang-soo, llevó a la Berlinale su siguiente ejercicio de minimalismo. Es la segunda vez consecutiva de este cineasta en la sección oficial, tras la plata lograda en 2020 con "The woman who ran".
Tres abrazos, uno de ellos en Berlín, los otros en Seúl, son el componente más emotivo de la película. Rompen el esquema algo rígido, a ojos occidentales, de este retrato de lo cotidiano y la cortesía trivial planteado por Sang-Soo.
La historia mínima se teje entre una enigmática actriz, dos madres cuyos hijos se desvían del destino previsto y un médico más ocupado en el cineasta que pasa por su consulta que en su chico, un muchacho enamorado camino a Berlín. En blanco y negro, sin más berlineses que los que asoman por alguna escena y entre coreanos propensos a beber demasiado, la película acudía a la Berlinale etiquetada como favorita.





LA PUJA DEL ANFITRIÓN

Alemania pondrá las cosas difíciles. Su representación no es solo numéricamente superior -cuatro directores del país anfitrión, del total de 15 filmes a concurso-; además, presenta unas cuantas sorpresas.
El hispano-alemán Daniel Brühl debuta como director con "Nebenan", un film donde demuestra que ya no es el chico al que la Berlinale lanzó al mundo exterior, en 2003 con "Goodbye, Lenin". Ofrece una parodia de sí mismo, en el papel de un actor entre su Berlín y Hollywood.
Es un tipo de éxito, que vive en un loft del barrio berlinés de la modernidad y al que el cliente del único bar no gentrificado de la zona le hunde, pieza a pieza, todo lo que profesional y privadamente parecía sólido. El cliente -Peter Kurth- es, en realidad, un vecino de los de "antes", en el antiguo sector comunista de Berlín. Alguien avezado en el espionaje de tiempos de la Stasi, facilitado por el afán de regalar datos personales a las redes o el celular.
Su compatriota, la actriz y directora Maria Schrader, compite con "Ich bin dein Mesch" -"I'm your Man"-, también en clave de comedia y centrada en una científica del museo Pergamon que recibe por tres semanas al hombre perfecto. Un humanoide, diseñado de acuerdo a los algoritmos almacenados sobre sus apetencias, que le enerva en su perfección, pero que obviamente es un encanto.
También por Alemania se presenta "Fabian", producida por la televisión pública ZDF, basada en el clásico de Erich Kästner y dirigida por Dominik Graf, habitual de la Berlinale. Un producto destinado a ser emitido por esa cadena en tres capítulos -ronda las tres horas-, con el puntal del actor Tom Schilling alternando burdeles y amor real, en la república de entreguerras de Weimar que derribó el ascenso al poder de Adolf Hitler.
Más difícil de encajar, y más fascinante, es el "Herr Bachmann und seine Klasse" de Maria Speth. Un documental igualmente sobre las tres horas, acerca de la figura de un veterano maestro de provincias que sortea con empatía, guitarra eléctrica incluida, las dificultades de un alumnado formado por chicos y chicas con raíces migratorias diversas y, en algunos casos, precario dominio del alemán.
Una clase como tantas otras de Alemania, donde un diez por ciento de la población es de origen extranjero. Y un maestro, el auténtico Herr Bachmann, que no da por perdido a ninguno de sus chicos.

ASOMÓ UN VELERO FRANCÉS, RECLUTADO EN CANNES

La Berlinale virtual no incluye pases de prensa, sino que abre el acceso desde plataformas digitales a los filmes a profesionales del sector y medios acreditados, que quedan sujetos a que se libere del embargo cada producción. Los cuatro alemanes se liberaron entre ayer y hoy, lo mismo que el rumano "Bad Luck Banging or Loony Porn", del provocador Radu Jude. Un filme muy esperado, que arranca de un video sexual casero entre una pareja que disfruta con lo que hace y que deriva en juicio sumarísimo a la protagonista, la maestra.
No sujeta a embargo alguno llegó "Albatros", primera concursante francesa, dirigida por Xavier Beauvois. Un director de la "factoría Cannes", el rival entre los festivales europeos de la Berlinale y en el que este cineasta obtuvo el Gran Premio del Jurado con "Des hommes et des Dieux".
Albatros es el nombre de la maqueta de un velero y remite a un abuelo náufrago. Entre la redención o el naufragio se moverá un policía de Normandía. Su rutina policial incluye suicidas que se lanzan al acantilado, borrachos a los que hay que arrancar de la barra del bar, así como granjeros atenazados por la burocracia europea.
El buen padre de familia, con planes de casarse tras años de convivencia, optará por salir mar adentro tras el acto desesperado de uno de esos ganaderos, amigo y vecino, que derriba su expediente policial y humano. Primer toque de aviso del cine francés, a la espera de la "Petite Maman" de Céline Sciamma, que se liberará mañana del embargo. EFE
gc/egw/icn
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La Berlinale estrena "Tina", el legado de la incombustible Turner

Gemma Casadevall


Berlín, 2 mar (EFE).- La 71 edición de la Berlinale estrenó hoy "Tina", último capítulo en la larga confrontación de Tina Turner con su vida, desde su condición de mujer incombustible, pero al mismo tiempo vulnerable, víctima del maltratador Ike, su ex-esposo.
Rodado por Dan Lindsay y T.J. Martin, el filme, incluido en la sección Berlinale Special y fuera de concurso, responde al esquema clásico de todo documental sobre una estrella, aunque con cierto carácter de alegato contra la violencia de género.
Tina fue una explosiva e idolatrada tigresa, reina del soul, pero al mismo tiempo una mujer a merced de un esposo violento. 45 años después de su divorcio, se le sigue quebrando la voz cuando recuerda ese matrimonio torturante.
Ike Turner (1931-200) le dio apellido y fue su plataforma a la fama. A cambio, convirtió su vida privada en un infierno de violencia.
El documental repasa la larga secuencia de éxitos de la cantante, las cifras multimillonarias de ventas y los sucesivos golpes privados. Desde la infancia sumida en la pobreza de la niña que fue, llamada entonces Anna Maer Bullock, hasta el abandono de sus padres.
Los orígenes de su carrera musical están ligados a Ike, al que conoció en 1958. De ser una chica más en su grupo pasó a ser su figura dominante y la compañera del líder.
Nada es realmente nuevo en la historia de su vida. Su primera confesión sobre los maltratos de Ike apareció en los 80 en forma de un artículo publicado en la revista "People", se recuerda en el filme. En su momento le costó lo suyo decidirse a hablar de ello, explica Tina a cámara.
A esa primera confrontación con su existencia siguió una autobiografía ("Yo, Tina"), en 1986; luego una película ("Tina, Whats Love Got to Do with It"), en 1993. Y también un musical ("The Tina Turner Musical"), en 2018.
El documental ahora estrenado, en esa edición virtual del festival alemán, tiene algo de legado. Tina Turner vive retirada en Suiza desde hace años, junto a su esposo actual, el alemán Erwin Bach, productor del filme. Aparece relajada, apartada casi de la imagen de la mujer indomable que fue, sentada en una butaca de una elegante villa, en Zúrich.
Pero sus ojos siguen emocionando cuando habla de los dramas del pasado. No solo el matrimonio con Ike. También forman parte de su biografía los intentos de suicidio, el difícil camino para reencaminar su existencia tras su separación, o el lastre, y a la vez reclamo mediático, del apellido Turner que decidió conservar como parte de su nombre artístico.
Siempre según los cánones del género, el documental alterna imágenes de archivo de sus actuaciones más legendarias con material inédito y entrevistas. Ahí están también las aportaciones de algunos colegas y compañeros del pasado, como Angela Basset y Oprah Winfrey, así como del esposo con el que comparte su existencia en madurez, junto a un lago suizo.

CAINE, FOSTER, PFEIFFER, OTROS ROSTROS EE.UU. DEL SPECIAL

Entre los 15 aspirantes al Oso de la sección a competición de la Berlinale no hay ningún representante estadounidense. La industria del cine está a la expectativa, nadie se aventura a promociones presenciales europeas ni tampoco hay invitaciones formales a intentarlo, por parte del festival alemán, dadas las incertidumbres actuales y las restricciones de viajes.
No está claro tampoco como será el segmento presencial de la Berlinale. La parte virtual termina el próximo viernes; la dirección del festival ha programado lo que se denomina evento de verano, del 9 al 20 de junio, donde deben proyectarse ya ante el público las 166 películas de sus distintas secciones, además de las incluidas en la competición oficial. Los ganadores de los Osos se conocerán este viernes, pero se entregarán en junio.
En la sección Special son varios los nombres de peso procedentes de EEUU con películas anunciadas como estreno internacional o europeo. Se verá así a Michael Caine protagonizando "Best Sellers", una película dirigida por Lina Roessler, centrada en un veterano autor que sigue creando con su vieja máquina de escribir.
También se ha incluido en esa sección "The Mauritanian", la película del escocés Kevin MacDonald que le ha dado ya un Globo de Oro a Jodie Foster por su papel de abogada de un presunto terrorista de Guantánamo. Michelle Pfeiffer, por su parte, será una viuda al borde de la bancarrota en "French Exit", de Azazel Jacobs.
Todos ellos forman parte del programa virtual. Que lleguen a presentarse en Berlín, en el evento de junio, en algún otro tipo de formato o que su presencia se limite al catálogo -obviamente, también digital- es algo ahora mismo no pronosticable. EFE
gc/jls

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lunes, 1 de marzo de 2021

Abriendo el screening


La Berlinale lanza su desafío virtual con un puzzle sobre la guerra del Líbano

Gemma Casadevall 

Berlín, 1 mar (EFE).- La 71 Berlinale arrancó con "Memory Box", un gran puzle sobre la guerra del Líbano y la primera revelación entre las 15 aspirantes a los Osos de un festival virtual que desafía los obstáculos impuestos por la covid al sector del cine.
La pregunta de cómo presentar una película en estos tiempos planeará inevitablemente sobre el que, de acuerdo al calendario, es el primero de los grandes festivales europeos.
El tándem libanés formado por Joana Hadjithomas y Khalid Joreige lo resuelve con un fascinante rompecabezas entre recuerdos ocultos y el presente, alrededor del conflicto al que, en 2008, se habían consagrado ya en "Quiero ver" ("Je veux voir", 2008), con Catherine Deneuve.
Componen su filme miles de imágenes captadas en los 80 con la polaroid o un último carrete que nunca se llevó a revelar. Ahí están también viejas cintas de casete o cuadernos en papel, que toman nueva vida y se ensamblan con archivos de imagen o audio, captados con el Iphone y compartidos por wasap o Instagram.
La "Memory Box" se abre cuando una adolescente, Alex -Paloma Vauthier- ve llegar a su casa de Montreal un paquete enorme, dirigido a su madre -Rim Turki-. Son los miles de cartas, fotos, etc, dirigidos desde Beirut a la amiga con quien prometió compartir todos sus secretos, mientras el Líbano quedaba envuelto en bombas.
Alex ignora la orden de mantener embalada la caja. Irá así revelándose ante sus ojos la muchacha que fue su madre, tan parecida a la adolescente que es ella. Su confortable Montreal bloqueado por intensas nevadas poco tiene que ver con un Beirut cayéndose a pedazos. Pero sí lo tienen las pasiones y miradas de ambas mujeres.



La clave de todo la tiene una tercera, la abuela -Clémence Sabbagh-. Una libanesa que se sigue manejando mejor con el árabe que con el francés en el Canadá al que llegó hace décadas para enterrar el recuerdo de las bombas -y del marido muerto-. Maia, la madre, recupera los abrazos y risas adolescentes; Téta, la abuela, atrapará desde el Montreal nevado un rayo de sol libanés.
"Memory Box" es, como siempre en esta pareja de cineastas, una película muy personal. Está tejida sobre fotos y cuadernos como los que Hadjithomas compartió con una amiga, entre 1982 y 1988. Con Joreige ha compuesto este puzle, donde conviven técnicas extintas con la digitalización y la avidez difusora actual.

UN FESTIVAL VIRTUAL PARA DESATASCAR EL MERCADO

El filme, una coproducción canadiense-libanesa, fue la primera cinta liberada del embargo en este segmento de la Berlinale, en que no hay pases ni encuentros mediáticos, a la espera de que en verano se pueda celebrar el festival presencial abierto al público.
Ha habido alguna proyección previa, con aforo de menos de veinte personas, pero la mayoría de las películas se ofrecerá por enlaces u otras plataformas a profesionales del sector registrados en el European Film Market (EFM) o los medios acreditados.
Los cines berlineses están cerrados desde noviembre. La Potsdamer Platz, sede del festival, es un desierto; nadie corre de un pase al siguiente; cada uno sigue los filmes en su ordenador.
"El objetivo es descongestionar el atasco actual de películas ya terminadas. Que se vean, que empiecen a moverse a escala de distribuidores. Y que hablen de ellas quienes las vieron", comentó a Efe Kristian Müller, responsable de comunicación del EFM.

ALEMANIA, PODEROSO ANFITRIÓN

El segmento virtual se cerrará el viernes, cuando el jurado dé a conocer sus Osos. Integran el equipo seis ganadores del Oro en ediciones anteriores -el iraní Mohamed Rasoulof, el israelí Navad Lapid, la rumana Adina Pintilie, la húngara Indikó Enyedi, el italiano Gianfranco Rosi y la bosnia Jamila Zbanic.
Cuatro de ellos están físicamente en la capital alemana, pero no Rasoulof -quien en 2020 ganó en ausencia el máximo premio con "La vida de los demás" ("There is no Evil") y sigue sin ser autorizado a salir del país- ni tampoco Lapid, afectado por las restricciones a los viajes.
A lo largo de esta primera jornada se levantó asimismo el embargo a tres representantes del cine anfitrión en lucha por los Osos: "Ich bin dein Mensch" -"I'm your Man"-, dirigida por la actriz Maria Schrader; "Fabian", de Dominik Graf, y "Nebenan" -"Next Door"-, el debut como director del actor hispano-alemán Daniel Brühl.
El máximo imán mediático se lo aseguró Brühl con una comedia en que se interpreta a sí mismo -un actor de éxito internacional-, colgado de la barra de un bar en el único local no gentrificado de Prenzlauer Berg, uno de los barrios de la modernidad del Berlín actual.
Schrader no se quedaba atrás: su filme presenta a una científica del Museo Pergamon que recibe durante tres semanas al hombre de sus sueños, un humanoide de tacto y besos reales, diseñado para hacerla feliz de acuerdo a los algoritmos almacenados sobre sus apetencias.
"Fabian" es una producción de la televisión pública alemana ZDF basada en el clásico de Erich Kästner y que coloca a su protagonista entre burdeles de la república de Weimar. Sexo fácil, amor real, en la Alemania de entreguerras que sepultó la llegada de Adolf Hitler. EFE
gc/jam/icn


Carlos Alfonso Corral, en busca de la grandeza del sintecho

Gemma Casadevall


Berlín, 1 mar (EFE).- El cineasta mexicano Carlos Alfonso Corral abrió la ronda de cineastas latinoamericanos de la 71 edición de la Berlinale con "Dirty Feathers",un documental incluido en la sección Panorama que retrata "la grandeza, a veces oculta, del homeless (sintecho)".
"Puede que un día te reciban con amor, porque están de buena onda, y que al siguiente no te quieran ni hablar. O te gritan. Todo eso está en mi película", explicó en entrevista telemática a Efe este cineasta, nacido en 1989 entre El Paso (EE.UU) y Ciudad Juárez (México) y afincado en Los Angeles.
Tan fronterizos como el origen del cineasta son los sentimientos de empatía o rechazo que, admite, pueden cruzarse en el espectador ante su filme, una coproducción estadounidense-mexicana. "En mí domina el amor. Ni la lástima ni el repudio. Pero no a todo el mundo le es igual de fácil este acercamiento sentimental", admite.
Hay quien únicamente ve en personajes como los que retrata "la suciedad o la sordidez"; sin embargo, lo que mueve a este director es el ansia de transmitir "sus sueños, sus esperanzas y su corazón", mostrar que "gente sin hogar no significa gente sin dignidad o proyectos".
Sus personajes son seres como Brandon y Reagan, ambos adictos, embarazada ella de ocho meses; tras haber sido expulsados del albergue por sus reincidentes peleas, se buscan la vida en la calle. O veteranos que duermen bajo un puente, expresos, almas buenas y adolescentes; el eje común es que ninguno tiene un hogar.

"El rodaje me llevó poco tiempo, apenas 11 días, en 2016. De ahí salieron 14 horas de grabación; luego las fui madurando hasta que recién hace unas semanas terminamos el montaje", explica este realizador ante el estreno de su filme que, por imperativo de la pandemia, se hará en el segmento virtual de la Berlinale.
Entre los "homeless" de El Paso hay negros, hispanos y "algún blanco". En ellos se mezclan acentos, del mismo modo que tras ellos se cruzan sonidos de jazz, boleros, rap y algún clásico.
Algunos frecuentan el Opportuny Center, el albergue para sintecho de El Paso. Otros "esquivan todo lo que consideran una autoridad, incluida la caritativa" y prefieren la calle.
"Dirty Feathers" los retrata "como lo que son: gente con los bolsillos vacíos", que apuran como un tesoro medio cigarrillo y a los que sus conciudadanos que sí tienen casa mirarán con desprecio.

DE LO VIRTUAL A LA EXPERIENCIA COMPARTIDA

Es el primer largometraje de Carlos Alfonso Corral tras los cortos "Pie Edad" (2008), "Guilt Youth Hymns" (2010) y "Twilight Tracers" (2018). Con cintas anteriores estuvo ya en plazas europeas como Cannes y Venecia; aspira ahora a asistir al segmento presencial de la Berlinale, programado para junio.
"Claro que no es lo mismo que nos hablemos por zoom y que presente mi película a personas sentadas ante la computadora a que lo haga en la sala del cine, compartiendo la experiencia", explica. Su película, de 75 minutos y en riguroso blanco y negro -"es mi forma de expresión", dice este cineasta, originariamente fotógrafo-, está "imaginada" para ser compartida.
Es un filme surgido tras la muerte de un pariente que vivía en la calle. La pieza fundamental para culminarlo es Roberto Minervini, productor que le ha acompañado en toda su carrera.
Carlos Alfonso Corral tendrá que esperar aún a ver la reacción del público en la Berlinale del próximo junio o en una sala de cine. Sí ha compartido su película con algunos de sus personajes, ante los que la proyectó hace unas semanas.
"Fue hermoso y a la vez triste. Me recibieron con corazón y amor. Pero algunos de ellos ya no estaban ahí, su vida había cambiado, uno había muerto", cuenta. Brandon y Reagan tuvieron su bebé, pero quedó bajo custodia de las autoridades de protección de menores.

MÉXICO, TAMBIÉN A COMPETICIÓN

"Dirty Feathers" se incluyó en la sección Panorama, segunda en importancia de la Berlinale tras la oficial a competición. Entre quienes sí lucharán por los Osos está el mexicano Alonso Ruizpalacios, con "Una película de policías".
Será el regreso del cineasta a la competición de ese festival europeo, tras haber ganado hace tres años un Oso de Plata al mejor guion con "Museo", sobre el expolio artístico en México e interpretada por Gael García Bernal. A medio camino entre el documental y la ficción, "Una película de policías" denuncia de la corrupción policial en México D.F. EFE
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domingo, 21 de febrero de 2021

En la butaca clandestina del Delphi, la previa 2021

 




Abre una Berlinale virtual, señal de supervivencia del cine frente a la covid

Gemma Casadevall 


Berlín, 27 feb (EFE).- La 71 Berlinale se abre virtualmente este lunes, a modo de señal de supervivencia del cine ante la covid y con el hispano alemán Daniel Brühl, el surcoreano Hong Sand-soo y el mexicano Alonso Ruizpalacios entre los cazadores del Oso.
Cada una de las 15 películas de la sección oficial se ha visto afectada por la pandemia, sea en la fase de rodaje, montaje o postproducción, recordaba el director del festival, Carlo Chatrian, al presentar el programa.
Su mensaje fue virtual, como lo será todo en este primer segmento del festival, sin alfombra roja, conferencias de prensa ni presencias estelares, en un Berlín donde los cines -como el resto de la cultura- llevan cuatro meses cerrados a cal y canto. Chatrian y su co-directora, Mariette Rissenbeck, aspiran a poder celebrar en junio una edición abierta al público, con el total de 166 cintas de sus distintas secciones.
Cada filme culminado es un éxito o hasta un prodigio. El primer aspirante al Oso es la franco-libanesa "Memory Box", de Joana Hadjithomas y Khalid Joreige. Una historia tejida sobre tres mujeres -abuela, madre e hija- que arranca en Canadá y sigue en el Beirut en guerra, en un puzzle de recuerdos que nunca se contaron.
Le seguirá "I'm your Man", dirigida por la actriz alemana Maria Schrader, que al igual de su compatriota Brühl se ha pasado a la dirección. Son cuatro los representantes del cine anfitrión a concurso en esta Berlinale comprimida en cinco jornadas -la mitad de lo normal- y con menos concursantes de lo habitual.
Brühl compite con "Nebenan", una película que discurre en un bar berlinés que podría ser el suyo, con personajes asimismo muy familiares. La alemana Maria Speth lo hará con "Herr Bachmann", un documental de tres horas sobre un entrañable maestro de pueblo entre alumnos de diversos orígenes migratorios.
"Fabian", basado en el clásico de Erich Kästner, es el cuarto concursante alemán, dirigido por Dominik Graf, habitual de la casa.
"Introduction" es el título de la película con que Hong Sang-soo buscará el Oro -tras haberse llevado la plata el año pasado con "The woman who ran"-. Discurre parcialmente en un Berlín muy parecido al de Brühl, pero desde la mirada poético-filosófica del surcoreano.
Ruizpalacios presentará "Una película de policías", una denuncia de la impunidad policial en México, entre el documental y la ficción y que devuelve a competición a este realizador, tres años después de su "Museo", sobre el expolio artístico en su país.
El cine francés compite con "Albatros", de Xavier Beauvois, y "Petite Maman", de Celine Scianma, mientras que Irán -ganador del Oro en 2020 con "There is no evil", de Mohammad Rasoulof- vuelve a concurso con "Ballad of a white cow", dirigida por Behtash Sanaeeha y Maryam Moghaddam.
El este europeo estará más representado de lo habitual. Georgia compite con "What do we see when we look at the sky?", un poético filme de dos enamorados que se pierden la pista tras apenas conocerse, dirigido por Alexandre Koberidze; el húngaro Dénes Nagy lo hará con "Natural light", centrado en los dilemas humanos de la II Guerra Mundial y entre bosques permanentemente encharcados.
Hungría compite con "Forest", de Bence Fliegauf, mientras que Rumanía lo hace con "Bad luck banging or loony porn", de Radu Jude. Cerrará el círculo de aspirantes la japonés "Wheel of fortune", de Ryusuke Hamaguchi.


FOSTER, CAINE, PFEIFFER Y TINA TURNER, EN EL SPECIAL

Estados Unidos no está en esta sección oficial, muy centrada en lo periférico. Pero aportará estrenos ilustres, en el apartado de exhibición o "Berlinale Special".
Michael Caine protagoniza "Best Sellers", centrado en un autor que sigue creando con su vieja máquina de escribir y dirigido por la debutante Lina Roessler.
Jodie Foster interpreta a la abogada de un presunto terrorista prisionero en Guantánamo en "The Mauritanian", del escocés Kevin Macdonald. Michelle Pfeiffer será una viuda al borde de la bancarrota en "French Exit", de Azazel Jacobs, mientras que a Tina Turner se la verá en un documental con material inédito, compilado por Dan Lindsay bajo el título, simplemente, de "Tina".
En una Berlinale presencial estarían destinados a captar el máximo impacto mediático. En tiempos de virtualidad, todo queda a merced de la "nube" -el "cloud"- a la que acceden medios y profesionales acreditados.

SEIS OROS EN BUSCA DE SUCESOR

Los Osos se entregarán en junio, en la Berlinale abierta al público con que Chatrian y Rissenbeck quieren defender su título de "festival popular". Pero el veredicto del jurado se conocerá ya el próximo viernes.
El jurado estará formado seis exganadores del Oro: junto a Rasoulof -Oro en 2020- integran el equipo el israelí Navad Lapid -Oro 2019 con "Synonyme"-, la rumana Adina Pintilie -en 2018, con "Touch me not"-, la húngara Indikó Enyedi -en 2017, con "Body and soul"-, el italiano Gianfranco Rosi -"Fire at sea", 2016- y la bosnia Jamila Zbanic -en 2006, con "Grbavica"-. EFE
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jueves, 11 de febrero de 2021

Enlatados

 Ruizpalacios, Brühl y Sang-soo en una Berlinale encerrada y sin alfombra roja

Gemma Casadevall 



Berlín, 11 feb (EFE).- El director mexicano Alonso Ruizpalacios, el hispano-alemán Daniel Brühl y el surcoreano Hong Sang-soo lucharán por los Osos de la próxima Berlinale, que será en formato virtual y sin alfombra roja, pero determinada a impulsar al castigado sector del cine.
"Una película de policías", entre lo documental y la ficción y sobre el trasfondo de la impunidad policial en México, supondrá el regreso de Ruizpalacios al festival berlinés, tres años después de su "Museo", un "road movie" sobre el expolio artístico en su país.
Brühl debutará en la dirección con la comedia negra "Nebenan", casi dos décadas después de haber convertido la Berlinale en su plataforma internacional como protagonista de "Goodbye, Lenin".
Sang-soo, otro habitual en Berlín y Oso de Plata en 2020 con la minimalista "The woman who ran", regresa con "Introduction" a un festival especialmente sensible con el cine asiático.
Será una sección oficial reducida a cinco días y 15 títulos -lo habitual son diez jornadas y una veintena de filmes-, sin invitados, público ni sesiones fotográficas.
En toda Alemania la vida cultural está cerrada a cal y canto desde noviembre -sean museos, cines, óperas o pequeñas salas de conciertos-. No hay excepciones para una cita internacional como la Berlinale, el último gran festival europeo que pudo celebrarse con normalidad en 2020, semanas antes de los cierres por la covid.
El propósito declarado de esta Berlinale es "dar un claro mensaje de impulso al sector", según Mariette Rissenbeek, co-directora del festival desde el año pasado junto al italiano Carlo Chatrian. Al formato virtual, del 1 al 5 de marzo y restringido al sector del cine y los medios, seguirá en junio una edición abierta al público, acorde a la señal de identidad de la Berlinale como "festival popular".
En la lucha por los Osos dominará el cine francés y el alemán. Competirán por Francia "Albatros", de Xavier Beauvois, junto a "Petite Maman", de Celine Scianma, y la co-producción con Líbano "Memory Box", de Joana Hadjithomas y Khalil Joreige.
El alemán Dominik Graf -otro conocido de ese festival- compite con "Fabian", basada en un clásico de la literatura alemana de Erich Kästner. Dos compatriotas suyas, Maria Schrader y Maria Speth, lo harán con "Ich bin dein Mensch" y "Herr Bachmann und seine Klasse", respectivamente.
El cine iraní, ganador en 2020 del Oso de Oro con "There is no evil", de Mohammad Rasoulof, vuelve a concurso con "Ballad of a white cow", una co-producción con Francia dirigida por Behtash Sanaeeha y Maryam Moghaddam y rodada parcialmente en Berlín.
El cine japonés estará representado por "Wheel of fortune", de Ryusuke Hamaguchi, mientras que Rumanía lo hará con "Bad luck banging or loony porn", de Radu Jude.
Completan la selección la germano-georgiana "What do we see when we look at the sky?", de Alexandre Koberidze, la húngara "Forest", de Bence Fliegauf, y la húngaro-letona "Natural light", de Dénes Nagy.

SEIS OSOS DE ORO BUSCARÁN SUCESOR

Nada en esta Berlinale será lo habitual. Tampoco el jurado encargado de repartir los premios, equipo que en esta edición no tendrá un presidente, sino que estará compuesto por seis directores que ya salieron de Berlín con su Oso.
Junto a Rasoulof -Oro en 2020 con "There is no evil"-, integrarán el equipo el israelí Navad Lapid -Oro 2019 con "Synonyme"-, la rumana Adina Pintilie -en 2018, con "Touch me not"-, la húngara Indikó Enyedi -en 2017, con "Body and soul"-, el italiano Gianfranco Rosi -"Fire at sea", 2016- y la bosnia Jamila Zbanic -en 2006, con "Grbavica"-. Darán su veredicto tras los cinco días de virtualidad de marzo, mientras que la entrega de los premios será en junio.

BAJO EL SIGNO DE LA PANDEMIA

La fórmula híbrida entre el festival virtual y el popular es una solución de compromiso ante la situación creada por la pandemia. En diciembre se anunció ya que el festival se aplazaba de febrero a marzo. Con la entrada en 2021, cuando Alemania acumulaba sucesivos picos de contagios, se optó por esa doble versión.
Justo ayer, la canciller Angela Merkel y los poderes regionales acordaron prolongar hasta el 7 de marzo las restricciones de la vida pública. Desde noviembre está cerrada la restauración, el ocio y la cultura, a lo que se sumó en diciembre los comercios no esenciales.
La prórroga se decidió tras semanas de descenso continuado de la incidencia de contagios -del pico de 197 casos semanales por 100.000 habitantes registrado el 22 de diciembre se pasó a 64,7 positivos-.
Sin embargo, las autoridades y los expertos temen una propagación de las nuevas mutaciones, más agresivas, que según Merkel podrían acabar siendo las dominantes en la pandemia. EFE
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domingo, 1 de marzo de 2020

Las 330.000 de todos los años

Berlinale: cómo mantener la venta de entradas con menos películas

Gemma Casadevall

Berlín, 1 mar (EFE).- La Berlinale cumplió este domingo su tradición de dedicar una jornada adicional al Día del Espectador, la seña de identidad de un festival popular que en esta 70 edición mantuvo su buen nivel de venta de entradas al público con menos películas programadas.
Un total de 340 filmes se proyectaron a lo largo de once días de festival, en lugar de los 500 que solían programarse en ediciones anteriores. La venta de localidades al público aumentó en los primeros seis días de festival un 10 % -se llegó a 272.000, según el balance parcial-.
Para el recuento final habrá que esperar las cifras generadas este domingo, con proyecciones todo el día y en salas de toda la ciudad. Pero se espera que se sitúen sobre las 330.000 localidades vendidas, indicó a Efe Frauke Greiner, responsable de comunicación del festival.
El Día del Espectador siguió a la gala de los premios del sábado. El Oso de Oro fue, de nuevo, para una película iraní, "There is no Evil", cuyo director, Mohammad Rasoulof, no acudió al festival porque Teherán no le autorizó a viajar. Se vivió así una situación parecida a la de 2015, cuando recogió el máximo galardón por "Taxi" la sobrina del cineasta Jafar Panahi, inhabilitado entonces -como ahora Rasoulof- para rodar y salir del país.
Hubo emoción, lágrimas y declaraciones vía skype de Rasoulof difundidas por el equipo del filme premiado. El cierre de la gala se convirtió en un homenaje al líder ausente y, a la vez, en denuncia de la situación en Irán. También hubo quejas de quienes consideran que el jurado, presidido por el actor británico Jeremy Irons, premió la valentía política, no la cinematográfica.
La cinta es un alegato contra la pena de muerte en Irán. A cambio, se fueron de vacío dos filmes aclamados por la crítica -la estadounidense "First Cow", un antiwestern entre amasadores de galletas de Kelly Reichardt, así como "Days", el cine sin palabras del taiwanés Tsai Ming-Liang.

LOS HÉROES DE QUIENES PAGARON POR SU ENTRADA

Para el público corriente, los que hicieron cola día a día para comprar su entrada, los héroes están en otras secciones: "Chico ventana también quisiera tener un submarino", del uruguayo Alex Piperno y proyectada en "Forum", ganó el premio de los lectores del diario "Der Tagesspiegel"; la ganadora por votación popular de la sección Panorama fue la serbia "Otac" ("Father"), sobre un viudo sin recursos que lucha por la custodia de sus hijos; y, en documentales, "Welcome to Chechnya", sobre el duro activismo pro colectivo LGTB en Chechenia.
"La historia de 'Chico ventana' desató pasiones en nuestro jurado lector como no recuerdo en años", explicó a Efe Christiane Peitz, crítica de "Der Tagesspiegel" y encargada de entregar su premio a Piperno. "La Berlinale tiene corazón para películas pequeñas", afirmó el desbordado Piperno, premiado con su primer largometraje alrededor de un submarino por la Patagonia equipado con una puerta prodigiosa.
"La Berlinale nos permite ver en la gran pantalla del multicine aquello que el resto del año se proyecta, con suerte, en alguna sala off", comentó Hanna Zimmermann, berlinesa dispuesta a apurar la Berlinale el domingo con la alemana "Nackte Tiere" -"Naked Animals"-, de la sección "Encounters" para nuevos lenguajes en el cine.
"Nackte Tiere" es la historia de cinco jóvenes en el mundo semirural de Brandeburgo, el "Land" que envuelve Berlín. Compartió esa nueva sección del festival con "Gunda", del ruso Victor Kossakovsky, un documental-biografía cuya protagonista es una cerda. Y, también, con "Los conductos", del colombiano Camilo Restrepo, ganador del premio a la mejor ópera prima entre todas las secciones de la Berlinale.
"La sección 'Encounters' es la apuesta personal de Carlo (Chatrian) por dar el espacio a los nuevos talentos", explicó, en un aparte del festival, la codirectora de la Berlinale, Mariette Rissenbeek. El italiano Chatrian -exdirector del festival de Locarno- y la holandesa Rissenbeek se estrenaron en esta 70 edición del festival como dirección colegiada de la Berlinale.
Chatrian era el responsable de la parte artística. Rissenbeek, de la gerencia y las finanzas. El primero logró un nivel de calidad por encima de lo que fueron los últimos tiempos bajo el liderazgo de Dieter Kosslick, director en solitario durante 18 años. El reparto de Osos fue discutible, aunque no escandaloso, como había ocurrido más de una vez en la "era" de su antecesor.
Rissenbeek, por su parte, mantuvo la Berlinale como un festival cuya razón de ser es el público, no las estrellas sobre la alfombra roja -por mucho que su ausencia irrite a los medios, ansiosos de visibilidad para el festival-. EFE  gc/ah