jueves, 13 de febrero de 2003

De la sorpresa de "Good bye Lenin" a "Lichter"

El cine alemán despega de su crisis


Bildergebnis für good bye lenin berlinale

Gemma Casadevall Berlín, 13 feb (EFE).- El cine alemán despegó en la presente Berlinale del anquilosamiento de los últimos años, de la mano de una nueva generación de directores decididos a tratar con brío la realidad de la Alemania posterior a la reunificación, en la que nada es lo que fue. 
Mientras el país se está sumido en la peor crisis económica en años y afectado por unas complejas relaciones exteriores, debido a la posible guerra en Irak, el cine parece haber reencontrado el camino de la creatividad, completamente emancipado de los ya "clásicos" nombres de Wim Wenders o Werner Herzog. 
"Good Bye, Lenin", de Wolfgang Becker, abrió la ronda del cine nacional a competición de esta 53 Berlinale como una sorpresa que confirmó la sensación de aire fresco transmitida el pasado año con "Halbe Treppe", Oso de Plata al mejor director, Andreas Dresen. 
La película de Becker, una metáfora de la reunificación contada al revés - desde la fantasía de cómo hubiera querido vivirla una comunista ejemplar-, dejó claro que lo de Dresen no fue un espejismo, sino la irrupción en el festival de una serie de producciones excelentes y, sobre todo, exportables. 
A "Good Bye, Lenin" siguió "Lichter", de Hans Christian Schmid, sobre los problemas de la Alemania fronteriza y pobre, compuerta a la Europa rica para miles de indocumentados llegados del Este. 
"Lichter" no levantó ya los niveles de entusiasmo de Becker o su antecesor Dresen, pero fue recibida por la crítica internacional como un producto digno, que refleja la realidad oculta tras los rascacielos de la Postdamerplatz: una Alemania que poco tiene que ver con la sociedad de bienestar con la que se la identificó. 
Becker, como Dresen, Schmid y muchos otros representantes del nuevo cine alemán no se sienten llamados a seguir hurgando en la gran herida nacional -el nazismo- ni a ajustar las cuentas con la generación anterior, en busca de responsabilidades colectivas o individuales en el Holocausto. 
Tampoco han caído en la trampa de la comedia boba, una especie de epidemia frecuente entre jóvenes realizadores alemanes, ansiosos de romper con el estigma de la rigidez germana sin acertar en el cómo hacerlo. 
La realidad inminente se ha impuesto sobre los fantasmas del pasado y la superficialidad. La Alemania más pobre, antiguo territorio germano-oriental, castigada por un paro que se sitúa entre el 20 y 25 por ciento en algunas regiones, se ha convertido en su campo de batalla. 
Tras el éxito de "Halbe Treppe" -una comedia agridulce sobre dos parejas en crisis, en el más profundo e inhóspito este alemán-, Dresen no se ha dejado tentar por las producciones de alto presupuesto, sino que regresó a sus orígenes, el documental. 
"No me interesan los grandes vuelos. Soy una persona sencilla, que se rige a impulsos de lo que la conmueve", comentaba a EFE el director alemán, presente este año en la Berlinale con "Herr Wichmann vor der CDU". 
La cinta es un documental de 71 minutos sobre un candidato anónimo de la oposición conservadora en territorio "enemigo", el distrito de Uckermark (Brandeburgo), de claro dominio socialdemócrata. 
"Es un perdedor, por definición, con el que no comparto ni ideas políticas, ni de otro tipo. Mi intención no es ridiculizarlo, sino reflejar, a través de él, lo que ocurre en esa Alemania aún desconocida para los propios alemanes", dijo. 
El documental de Dresen sigue a Wichmann -un encorbatado estudiante de derecho de 25 años- en su campaña durante las elecciones legislativas del pasado septiembre -en que el canciller Gerhard Schroeder fue reelegido por la mínima ventaja-. 
A Wichmann todo le sale mal. El viento es inclemente con el parasol, las papeletas y demás mobiliario que planta de pueblo en pueblo en busca del elector, lo que convierte en pura parodia su lema electoral ("Viento fresco para la región"). 
Cae en lo políticamente incorrecto en sus intentos por convencer al ciudadano -bajo la consigna de que un voto es un voto, no importa que éste sea ultraderechista- y la novia se le duerme durante el "histórico" duelo televisivo entre Schroeder y su rival conservador, Edmund Stoiber. 
Pero, de puro torpe, acabó despertando la ternura del público que llenaba la sala de cine -en su mayoría, gente joven de izquierdas, que para nada simpatiza con la CDU. 
Dresen fue recibido en la Berlinale como un héroe, a pesar de su película se proyectaba fuera de competición, en la sección "Panorama-Documentos". La sala se llenó a rebosar, como ocurrió con las proyecciones de otros compañeros de generación, como Christian Petzold, con "Wolfburg". 
Su documental difícilmente pasará de ser un producto de consumo doméstico, pero está claro que con "Halbe Treppe" desatascó el cine alemán. "Good Bye, Lenin" tiene asegurada su distribución en varios países europeos y en Japón, como barco insignia de ese nuevo cine germano de bajo presupuesto y alta creatividad. 
Un buen panorama, complementado también estos días con la designación de la alemana "Nirgendwo in Africa", de Caroline Link, entre las candidatas a los Oscar. EFE gc/pe/mcd/pq

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