miércoles, 19 de febrero de 2025

El Día de la Muerte: entre el Palast y Springer

 Toda Berlinale tiene su 'día de la muerte'. Es la jornada en que, porque se acumularon películas a repescar o porque hay ruedas de prensa intempestivas, todo periodista acreditado se pasará de las 08.30 a las 00.00, o más, maltratando sus ojos ante sucesivas pantallas. El día de la muerte de este 75 cumpleaños cayó en miércoles. Arrancó el maltrato con 'Drommer', concursante noruega con pase avanzado de sesión matinal. Y terminó con la repesca de 'La cache', ya sobre la medianoche. No todo fue cine. A estas alturas del festival, era ya impostergable lo de culminar y enviar reportajes, previas, perfiles y todo el comboluto propio de una cobertura electoral y por duplicado, por ser dos los medios a alimentar. Había tareas acumuladas tras haber ido capeando la situación en los días precedentes gracias Donald Trump, acaparador de toda la capacidad de escándalo mediático y privado con sus barbaridades.

'Drommer' se comportó. Ofreció uno de esos productos escandinavos que se dejan ver. Gira en torno al ambivalente enamoramiento de una estudiante respecto a su profesora y los dilemas entre sus emancipadas madre y abuela, que no saben si denunciar un presunto abuso de la docente o respaldar el amor. La tercera opción es declararse fascinadas por el talento literario de su chica, plasmado en su diario que no deja espacio para imaginar que tal vez todo fue platónico.

La siguiente pantalla no fue para la Berlinale, sino para el grupo Springer. El imperio mediático del tabloide más leído del país, 'Bild', invitaba a asistir a la grabación del duelo entre Olaf Scholz, el canciller titular, y el aspirante Friedrich Merz, que como todo el mundo sabía a estas alturas estaba llamado a recuperar el poder perdido para los conservadores. Pusieron a disposición de los medios su pantalla y un catering que incluía ensalada de frutas, un regalo tras días alimentándose de porquerías. Seguías sin tener a los rivales a mano, apenas se les vio fugazmente entrar en el plató. Pero de algún modo te reafirmaste en que no es lo mismo 'estar ahí' que verlo luego por televisión y en casa. Del mismo modo que no es lo mismo ver una película en cine o en streaming. De Springer, como del cine, no se levanta una a poner una lavadora. Sentada entre colegas no tiene una más remedio que atender y tomar notas.  

La tercera pantalla y aún más espléndida pantalla fue la del Berlinale Palast en sesión de gala. En rigor, la misma que la del pase de prensa del filme noruego. Pero compartida con el equipo de 'Yunan', por tratarse del estreno oficial. Entre ellos, la legendaria Hanna Schygulla, convertida en una especie de abuela castañera como la propia. Por supuesto se la recibió con honores. Pero lo más destacable del filme es la fotogenia de las islas frisias devoradas por el Mar del Norte. La historia del sirio emigrado a Alemania, enfermo de tristeza, o los dotes curativos de Schygulla es lo de menos.

'La cache' no salió al rescate de los ojos cansados. O si, puesto que resultó ser una de esas películas de las que uno puede salirse a la mitad sin remordimientos. Mayo francés del 68 y una familia en formato de la serie española 'Cuéntame'. Habrá ocasión de recuperarla cuando la pasen, como ocurre con cualquier producción francesa, por alguna televisión pública alemana.

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