
Incluso los menos fascinados por Robert Pattinson vamos admitiendo que, poco a poco, se le ha ido borrando el rostro de vampiro. Sus 17 muertes de 'Michey17', la última de Bong Joo-Ho, podrían ser 27 o 57, porque es así como se perciben. Y lo de postularse como ser desechable y convertir esa categoría en un oficio de por vida y más allá de la muerte tiene su parte imaginativa, pero también excesiva. No, la nueva película del aclamado director coreano no tiene la gracia ni transmite el talento, la profundidad, la sabiduría o la sátira de 'Parasite'. Pero la inclusión de esta película calificable como de ciencia ficción extremista en el 'Berlinale Special' estaba más que justificada por el obvio impacto mediático de Pattinson y el regreso de Bong Joo-Ho. Como todo el mundo dice saber en este tipo de situaciones, era lo más esperado de la Berlinale y se presentaba además como première mundial. Antes del pase para los medios se requirió una y otra vez a los presentes que respetaran el embargo, so pena no se sabe qué, hasta la proyección oficial. Un requerimiento un poco absurdo, en tiempos de blogueros y redes desatadas, sobre todo teniendo en cuenta que horas antes de levantarse el embargo oficial hay una rueda de prensa, que se transmite vía streaming planetario y en abierto. Es casi una invitación a soltar un par de pinceladas, al menos, con la excusa de cualquier frase que pueda soltar Pattinson o quienes le preguntan, que en definitiva ya la vieron.
Y sí: Pattinson cumplió con creces. En el filme, ante los medios y sobre a alfombra roja. Estuvo guapo, sonriente, simpático, encantador y hasta brillante. Impecable en su papel. Al director coreano se le recibió también de acuerdo al guión: como al esperado más esperado entre los cineastas presentes. No importaba que no compita. O quizás por eso. Porque tras el pase no hay que romperse la cabeza pensando en si un festín de muertes ingeniosas de Pattinson por el espacio sideral tendrá cabida en un palmarés. A quién le importa si se hace o no larga.
El segundo ser nacido para deslumbrar sobre la alfombra roja y poco fue Timothée Chalamet y su 'A complete Unknown', de James Mangold. El biopic con el que el ídolo de adolescentes y generación siguiente vuelve a aspirar al Oscar, tras su 'Call me by your name'.
La idea es que todo aquel que escriba sobre el film afirme que el actor 'se pone en la piel' de Bob Dylan, destaque incluso que es él quien canta, que preparó para ello durante cinco años y este tipo de cosas. Todo es rigurosamente cierto. Pero no hay justificación alguna para querer verla si no de es devoto de Chalamet o, al menos, de Dylan. También puede ocurrir que a los realmente fieles a Dylan les parezca una atrocidad ese 'acercamiento' al personaje o sus interpretaciones. En ese caso, el ámbito de auténticamente fascinados de reduce. También se escluye de la criba a los amantes de Joan Baez, a los que probablemente se les revuelvan las tripas ante la versión de niña boba y caprichosa, con hechuras de top-model o influencer de Instragran que se da del personaje.
Seguramente Chalamet también estaba incluido en el programa por eso de que la Berlinale entra en el circuito promocional para los nominados a los Oscar. Hizo las delicias de quienes le adoran, que aparentemente son muchos y muchas. Desfiló por Berlinale de rosa, incluida la camiseta imperio bajo con que se exhibió tras el desfile por la alfombra roja. Como todo el mundo sabe, los actores de verdad no sienten el frío si de trata de mostrar su piel.
Pattinson camina firmemente hacia su redención incluso para quienes pensaban que nunca sería un actor, sino solo un vampiro. Chalamet sigue siendo insufrible para quienes no entienden qué le ven a ese adolescente. Hay abismos generacionales que no se superan ni en la Berlinale.
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