Soderbergh eclipsa con su iPhone la competición de la Berlinale
Gemma Casadevall
Berlín, 21 feb (EFE).- El director estadounidense Steven Soderbergh eclipsó hoy con "Unsane", rodado con un iPhone y exhibida fuera de concurso, la jornada a competición de la Berlinale, integrada por un filme de humor negro iraní y una larga reflexión alemana sobre la pubertad.
"Unsane", un psico-thriller con Claire Foy atrapada en la red fraudulenta dinale que ha visto ya catorce de las 19 aspirantes al Oso, pero sigue esperando su gran película.
El siempre inquietante Soderbergh -Palma de Oro de Cannes con "Sex, Lies, and Videotape", en 1989, y el Óscar al mejor director por "Traffic", en 2000- ha sido visitante asiduo del festival, donde compitió en 2007 con "The Good German" y en 20e un seguro médico y también en las de un acosador, fue el plato fuerte del día, en una Berl13 con "Side effects".
Esta vez se presentó a exhibición, con una cinta basada donde Sawyer -el personaje de Foy- va de pánico en pánico desde el momento en que entra en una clínica en busca de una terapia liberadora, para verse sometida a la condición de ingresada entre locos.
La mente de Soberbergh idea para esa mujer empeñada en que ella no es como los otros paciente sucesivas trampas, físicas y psíquicas, hasta llegar a un psicópata -Joshua Leonard-, convertido en el "administrador" del cóctel ded fármacos destinados a neutralizar toda resistencia.
Pánico, tensión, terrores internos y externos, es el recorrido con el que el iPhone de Soderbergh persigue a Sawyer, a modo del Jack Nicholson de "One Flew Over the Cuckoo's Nest" (1973).
Fue la película del día, pese a que obviamente no estará en el palmarés de la 68 edición de la Berlinale, cuya séptima jornada decepcionó.
Irán es una filmografía potente en el festival berlinés, que en años sucesivos convirtió su gran pantalla en expresión del exilio al que Teherán somete a sus creadores críticos.
Esta vez acudió representando al cine iraní "Khook" ("Pig"), de Mani Haghighi, sobre las tribulaciones de un cineasta enfundado en camisetas de AC/DC y deprimido porque a él no le acosa el régimen.
Hasan, el personaje Masan Majuni, asiste con horror, primero, y humillación, después, a la serie de asesinatos de sus colegas, que aparecen decapitados en diversos lugares, mientras a él le ignoran los enemigos de la libertad de expresión.
Los asesinos no tienen criterio ni saben cuáles deberían ser sus "prioridades", se lamenta Hasan a su madre, quien trata de consolarle asegurándole que tarde o temprano le decapitarán.
"Es una película de mujeres fuertes porque, aunque en el exterior no se cea, Irán es un país de mujeres fuertes", defendió Haghighi ante el festival, donde en 2016 compitió con "A dragon arrives".
La Berlinale ha sido plataforma amiga para el cine "libre" iraní, con exponentes como el Oso de Oro obtenido en 2015 por "Taxi", el filme con el que Jafar Panahí burló su inhabilitación profesional convertido en taxista que filma lo que le cuentan sus pasajeros.
Cuatro años antes, su compatriota Asghar Farhadi se había llevado ya el oro con "Nader and Simin. A Separation", otra película de mujeres fuertes, como el filme de Haghighi.
"Khook" adopta perfiles de humor negro que recuerdan al español Alex de la Iglesia, pero sin la mordacidad continuada de éste.
No convenció en la Berlinale, como tampoco lo hizo "Mein Bruder heisst Robert und ist ein Idiot" -traducible por "Mi hermano se llama Robert y es un idiota"-, 174 minutos dirigidos por el alemán Philip Gröning en torno a dos gemelos, envuelto en diálogos de pubertad y campos de trigo, junto a una gasolinera perdida.
De la contemplación de las hormigas paseando entre las piernas de la chica, Elena, que se apuesta con su hermano a que tendrá sexo antes de su examen de reválida en filosofía, se pasa ya en el tramo final del filme a un delirio violento.
Las preguntas de los medios, esencialmente alemanes, al final de la proyección se dirigían esencialmente a la extensión de la película y a cómo piensan sus productores justificar ese derroche de medios, en una película de digestión más que difícil. EFE
gc/agf
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Los WCF de la Berlinale, una "fábrica de Osos" con olfato para América Latina | |
Gemma Casadevall
Berlín, 21 feb (EFE).- El World Cinema Fund (WCF), el programa de ayudas de la Berlinale, se ha consolidado como una fábrica de sueños o hasta de Osos para nuevos cineastas, en un festival con especial olfato para América Latina y con una notable nómina de aciertos.
"De entrar o no en el programa puede depender que un proyecto despegue y que, una vez materializado, la película no muera tras pasar por uno o dos festivales", apuntó a Efe Marcelo Martinessi, director de "Las Herederas", película paraguaya surgida de la cantera de los WCF y a competición en la presente Berlinale.
"La Berlinale ha sido durante años nuestra gran pantalla europea. Es un festival con sensibilidad hacia nuestro cine y un alto porcentaje de aciertos", añadió el productor uruguayo Fernando Epstein, implicado en el filme de Martinessi, primero de Paraguay que compite en la Berlinale.
"Las herederas" es una de las dos representantes latinoamericanas a concurso en la 68 edición del festival, recibida con elogios de la crítica y el público tras su estreno el pasado viernes, mientras que mañana se proyectará "Museo", del mexicano Alonso Ruizpalacios.
Antes de las ayudas de la Berlinale a "Las Herederas", su primer largometraje, Martinessi había acudido a Berlín como invitado del Talent Campus, un foro de intercambio para nuevos cineastas.
Con los WCF, fundados hace 13 años y dotados con una partida anual de 300.000 euros, se ha apoyado a 180 películas procedentes de América Latina, Asia y África -"los focos de interés regional o temático se van revisando año a año", explica el director del programa, el ítalo-alemán Vincenzo Bugno.
De esa cantera surgieron filmes y talentos con la peruana Claudia Llosa, quien en 2006 recibió una ayuda de 10.000 euros para su primera película, "Madeinusa", y luego alzó el Oso de Oro, en 2009, con "La teta asustada", asimismo impulsada desde el WCF.
Unos años antes, los éxitos del WCF se fueron a Argentina: en 2004, "El abrazo partido", de Daniel Burman, ganó el Gran Premio del Jurado y la plata para el actor Daniel Hendler, mientras que "El Custodio", de Rodrigo Moreno, obtuvo el Alfred Bauer; en 2005, "El otro", de Ariel Rotter, ganó el Gran Premio del Jurado y la plata al actor Julio Chávez.
"Estamos hablando de películas que no han nacido y muerto en éste u otro festival, sino que se estrenaron y distribuyeron en salas comerciales. Esto en esencial para nosotros", prosigue Epstein, quien lamenta que no todos los filmes apoyados por otros programas europeos similares tengan esa misma fortuna.
Al margen de los filmes incluidos en la competición, la presente Berlinale ofrece una larga lista de producciones apoyadas desde el WCF en sus secciones paralelas, como las argentinas "Teatro de guerra", de Lola Arias, "La cama", de Mónica Lairana, o la brasileña "O processo", de Maria Augusta Ramos.
El monto de las ayudas han oscilado entre los 15.000 euros (18.500 dólares) y los 100.000 (123.500 dólares) y siempre para proyectos de bajo presupuesto. La producción de "Las herederas" fue apoyada con 40.000 euros (49.400 dólares).
"La Berlinale es un festival abierto a lo recóndito", apunta Epstein, quien el pasado martes participó en las sesiones de debate del Instituto Iberoamericano de Berlín, en paralelo al festival, y que hoy estuvo con Martinessi en el "Día del WCF", centrado en el programa que dirige Bugno.
Con o sin apoyos del WCF, a lo largo de los diez días de festival, en la capital alemana se habrán proyectado casi 40 filmes procedentes de las cinematografías latinoamericanas, sea en la gran pantalla del Berlinale Palast, donde discurre la sección oficial o en salas paralelas.
Dos de ellas, "Las Herederas" y "Museo", aspiran a los Osos que entregará el próximo sábado el jurado internacional presidido por el director alemán Tom Tykwer.
Otras sueñan con un premio de los jurados independientes o los destinados a la sección Generation, como "Mochila de plomo", del argentino Darío Mascambroni, o "Unicornio", del brasileño Eduardo Nunes.
Todas ellas, como la mexicana "Los débiles", de Raúl Rico y Eduardo Giralt Brun, de la sección Forum, habrán logrado su estreno europeo. EFE
gc/ig
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miércoles, 21 de febrero de 2018
El imperio del I
martes, 20 de febrero de 2018
Entre cabezaditas de Joaquin
Phoenix brilla en la Berlinale con terapia de un kamikaze en silla de ruedas
Gemma Casadevall
"Nos ceñimos en lo posible al personaje real, desde al accidente que le deja paralítico a su superación personal", explicó el director estadounidense sobre su filme, basado en la biografía de John Callahan, quien a los 21 años quedó en silla de ruedas y al que su cáustico sentido del humor redimió como exitoso dibujante.
Van Sant, de regreso en la Berlinale tras haber estado en la sección oficial de ese festival con "Good will hunting" (1998), "Finding Forrester" (2003) y "Promised Land" (2013), sitúa al espectador en los primeros veinte minutos bajo la tensión de un joven Callahan en su últimos día de "vida andante".
La tragedia le acecha en cualquier esquina desde el momento en que sale a comprar la primera botella del día, recién salido de la ducha, hasta que muchas horas y botellas después se topa con alguien tan sediento como él -Jack Black-, en busca de la mejor fiesta.
De ahí salta al momento en que un médico le da el diagnóstico y sentencia -parálisis de por vida-, para empezar el largo camino de terapias y recaídas, entre litúrgicas sesiones de alcohólicos anónimos y lecciones sobre lo que a partir de entonces va a ser su sexualidad.
Van Sant administra su perfil del santo bebedor con sabias dosis de momentos agridulces o directamente amargos, brisas de aire fresco con su rehabilitadora-azafata -Rooney Mara- y con un genial terapeuta -Jonah Hill- que nació nadando en oro y acrecienta esa riqueza innata con sesiones para exalcohólicos ricos.
Fue difícil, en la presentación a los medios, arrancarle alguna frase a Phoenix, que parecía interesado en demostrar que no le gustan los festivales ni hablar de sus caracterizaciones, ni la actual, ni otras anteriores, como la de Johnny Cash en "Walk de Line".
"No tengo buenas respuestas a preguntas 'cool'", dijo, interrogado sobre sus silencios interpretativos, mientras el veterano Udo Kier, uno de los secundarios en la película de Van Sant, compensaba un poco su parquedad con alguna anécdota.
"Don't worry, he won't get far on foot" era el reencuentro de la Berlinale no solo con Van Sant, sino también entre este y Kier, intérprete del filme con el que el director estadounidense debutó en Berlín con "Mala Noche" (1986), entonces fuera de concurso.
Es asimismo un nuevo trabajo conjunto entre Van Sant y Phoenix, tras "To die for", en 1996, pero tampoco a este respecto se explayó mucho su protagonista, más allá de expresar su satisfacción.
Para Phoenix, lo que hay que contar está expresado suficientemente en el filme, uno de esos productos de corte 'made in USA' sobre la capacidad de superación personal cuando todo falla, pero se sigue pudiendo usar correctamente la cabeza.
La biografía del Callahan rehabilitado es la segunda redención de un adicto en competición en esta Berlinale, tras la proyección el pasado domingo de "La Prière", dirigida por el francés Cédric Kahn y centrada en la rehabilitación, por la vía del rezo, en una estricta comunidad católica de los Alpes franceses.
El filme de Kahn se apuntalaba en otro genial actor, el joven Anthony Bajon. Se trata de dos películas de corte y recursos distintos, unidas por la mano maestra de sus respectivos directores y sus impecables actores.
Completó la competición hoy la película del filipino Lav Diaz "Ang Panahon Ng Halimaw" -"Season of the Devil"-, una muestra más del sentido del espacio y el tiempo de este realizador, especializado en películas hechas de planos fijos y mucha épica, que no bajan de las cuatro horas.
Si el año pasado compitió en la Berlinale con "Hele sa Hiwagang Hapis" -"A Lullaby to the Sorrowful Mystery"-, de ocho horas de duración y centrada en la lucha contra la opresión colonial, ahora invierte 234 minutos en relatar el horror impuesto por el control militar sobre una población del archipiélago en los años 70.
Obviamente excesiva, como la anterior, pero al mismo tiempo maravillosa, dejó en la Berlinale una muestra de la pasión de Diaz por el estricto blanco y negro, dulcificado por poética musical. EFE
gc/nl/agf (foto) (vídeo)
lunes, 19 de febrero de 2018
Estando en todo
| Brendemühl y Brühl, dos multitalentos hispano-alemanes en la Berlinale | |
Gemma Casadevall
Berlín, 19 feb (EFE).- La sección oficial de la Berlinale juntó en su 68 edición a los actores hispano-alemanes Alex Brendemühl y Daniel Brühl, ambos dotados de gran versatilidad y representantes de una "multiplicidad de identidades" e idiomas que les permite diversificar su presencia en el cine europeo. Brühl, protagonista de "7 Days in Entebbe", del brasileño Jose Padilha, alterna en esa cinta el inglés dominante en el filme, que reproduce el dramático secuestro de un avión de Air France en 1976, con el alemán propio de su personaje, un terrorista de Fráncfort. Mientras que Brendemühl es un cónsul mexicano en Marsella (Francia) en "Transit", del director Christian Petzold e incluida en la lucha por los Osos, y en "La Prière", de Cédric Kahn, es un cura francés al frente de una comunidad religiosa a la que acuden drogadictos en busca de su desintoxicación. "En la Berlinale empezó todo para mí, con 'Goodbye, Lenin'", recordó Brühl en la presentación del filme de Padilha -que se exhibe fuera de concurso-, en relación a su papel protagonista en esa película, en la competición de 2003, lo que supuso su plataforma internacional. "Estuve aquí el año pasado, en el 'Django' que inauguró la Berlinale. Este año estoy por partida doble en dos filmes a concurso, una con un papel pequeñito, la alemana, mientras que en la francesa tengo ya un rol destacado", explicó a Efe Brendemühl. Los filmes en los que interviene Brendemühl se proyectaron el pasado sábado y ayer domingo, respectivamente, y ambos suenan como destinatarios de alguno de los premios que otorgará el día 24 el jurado que preside el director alemán Tom Tykwer. "La multiplicidad de identidades es mi patria. Siempre me he sentido un poco extranjero en todas partes y en casa en cualquier lado. Me siento muy barcelonés, porque ahí nací y sigo teniendo mi casa. Pero trabajo más en Alemania o Francia que en España", afirmó Brendemühl. "Es más fácil explicar algo así aquí, en Berlín, que hacerlo en otros lados, donde si hablas de patria e identidades te la juegas", añadió, en tono irónico, este actor de padre alemán, en alusión al debate político en torno a Cataluña. "Crecí en una familia mixta en la que habías distintas percepciones sobre la misma cuestión", recordó por su parte Brühl, en la conferencia de prensa de su filme, preguntado sobre su capacidad para sentir empatía por su personaje, el terrorista alemán. Brühl nació en Barcelona en 1979, mientras que Brendemühl lo hizo en 1972. Ambos pueden manejarse en catalán, además de en español o en alemán paterno, así como en inglés y francés. "Los actores no tenemos identidad. Nos desdoblamos por imperativos del trabajo", prosigue Brendemühl, quien admite que esa multiplicidad le ayudó a encontrar papeles fuera de España cuando la crisis económica más castigó al cine. "Tuve suerte. Coincidiendo con el estallido de la crisis empezaron a llamarme mucho de Francia y Alemania y he podido labrarme un camino ahí, me he abierto un camino fuera", explica el protagonista de "Trafic" y "La Prière". Brendemühl advierte que la crisis, que amainó a escala de la economía general, "tardará aún resolverse" en el sector del cine: "ha hecho un daño que costará mucho reparar. Cerraron muchísimas productoras, que sacaban proyectos de presupuesto mayor o menor", lo que llevará "tal vez años" remontar. Respecto a las posibilidades de premio de los dos filmes con los que está en la competición de la Berlinale, Brendemühl se limita a responder que "Transit" es alemana, lo que teóricamente le da el bono de jugar es casa, mientras que la francesa "ha despertado mucho interés", por el peso del tema que toca. "Transit" discurre en una Francia ocupada por el fascismo, solo que traslada el nazismo de los años 40 al mundo actual, entre tropas de elite antiterroristas y perseguidos que tratan de exiliarse hacia México o Venezuela. "La prière" refleja la redención de un drogadicto por la vía de la religión y la férrea disciplina impuesta por el cura de Brendemühl, hasta acabar en otro tipo de adicción, la de la fe y el rezo. EFE gc/agf (foto) | |
Regreso a "Utøya"
Noruega plasma en la Berlinale el trauma colectivo del neofacista Breivik | |
Gemma Casadevall
Berlín, 19 feb (EFE).- Noruega impactó hoy en la Berlinale con "Utøya", un filme rodado en una sola toma y surgido del trauma colectivo dejado por el ultraderechista Anders Breivik tras los 72 minutos que duró su matanza en un campamento juvenil de una idílica isla vecina a Oslo. "Lo ocurrido ese 22 de julio no puede transmitirse en palabras. Tenemos el rostro de Kaja para vivir la angustia, el miedo, el desconcierto de quienes murieron o sobrevivieron a la tragedia", explicó su director, Erik Poppe, sobre una película incluida en el último momento entre las 19 aspirantes al Oso. Kaja, interpretado por la jovencísima Andrea Berntzen, es la muchacha a la que sigue la cámara de Poppe en todo el filme desde una primera llamada de su madre, a las 17:06 de la tarde, reproduciendo en tiempo real lo vivido ese día de verano de 2011. "No te preocupes, estamos en la isla más segura del mundo", le responde Kaja, mientras desde Oslo llegan las primeras informaciones del atentado con bomba perpetrado en el barrio gubernamental, apenas dos horas antes. El espectador sabe que la explosión de Oslo, donde murieron 8 personas, fue el primero de los dos atentados perpetrados por Breivik, un fundamentalista neofascista, que del barrio gubernamental se trasladó a Utøya para matar a sangre fría a 69 personas, en su mayoría adolescentes o hasta niños. La siguiente escena muestra a Kaja riñiendo a su hermana menor, Emille, en una tienda de campaña envuelta en el caos; poco después empiezan a escucharse algunos disparos, que primero se interpretan como fuegos artificiales o algún tipo de entrenamiento. Ninguno de los muchachos y muchachas con que se topa Kaja sabrá en todo el filme quién es su atacante. La cámara apenas mostrará un par de veces a una sombra, la única que no trata de esconderse ni corre, ya que es el asesino, mientras uno de esos adolescentes que se lo topó explica que quien dispara "es la policía". Breivik actuó solo, sabe el espectador de hoy, y efectivamente llevaba un uniforme policial. Los muchachos y muchachas que huyen despavoridos por el bosque o entre el lodo que rodea el lago no logran entender por qué nadie acude en su auxilio. Solo tienen de su lado su instinto de superviviente o el azar, que hará que estén o no en el punto de mira de Breivik. "Es un proyecto colectivo en el que he contado con los testimonios de tres supervivientes de la tragedia. Opté por la ficción, no por reproducir un caso concreto, por razones de ética. Para Noruega es un trauma nacional. Pienso que es mejor que nadie vea ahí a su hijo o hija, a su novio o amigo", explicó Poppe. El realizador ofreció su conferencia de prensa acompañado de su actriz protagonista, de 19 años, y de otros de los actores, profesionales o no, que interpretan a otros adolescentes, así como los tres supervivientes de la tragedia. Todos ellos compartieron el aplauso de los medios, para una película que, como insistió Poppe, surgió como proyecto de un país traumatizado por la existencia de un monstruo surgido de modelo de sociedad con altísimos niveles de bienestar y que se creía perfecta. La crítica a la gestión policial -que se demoró hasta lo inexplicable, como reconstruyó luego una comisión investigadora- queda plasmada con las últimas víctimas que habrían salvado sus vidas si las fuerzas de seguridad hubieran llegado antes. "Ni una sociedad avanzada como la nuestra está a salvo de los monstruos que genera. La ultraderecha avanza en Europa en forma de lobos solitarios o de partido. El Estado o sus fuerzas están obligados a protegernos como es debido", apuntó Poppe. Al total de 77 víctimas mortales del doble atentado se sumaron unos 300 heridos y muchos de ellos siguen precisando ayuda psicológica, recuerda el epílogo del film. Noruega dejó en la Berlinale el rostro de la joven actriz como vehículo transmisor de una tragedia narrada sin concesiones. El otro rostro de la jornada a competición fue el de Marie Bäumer, la actriz que da vida a Romy Schneider en el filme "3 Tage in Quiberon" ("3 Days in Quiberon"), dirigido por la alemana Emily Atef. Se trata de una recreación de los tres días pasados por la actriz austríaca con una amiga y dos reporteros en un hotel, en 1981, teóricamente para sanearse anímica y físicamente. Es un retrato que busca la plena identificación, incluso física, con una Romy a la que se presenta como un ser bipolar, que va de la depresión a bailar en un bar entre copas de "Moet Chandon" con esos periodistas -nada escrupulosos- o un perfecto desconocido. EFE gc/agf (foto) (vídeo) "Pino" Solanas: feliz cumpleaños en la Berlinale de un "narrador militante" Gemma Casadevall Berlín, 19 feb (EFE).- El político y cineasta argentino Fernando "Pino" Solanas celebró en la Berlinale el estreno internacional de su "Viaje a los pueblos fumigados", un documental sobre los estragos de la agricultura industrializada, donde ejerce de "narrador militante". "Me encontré ante un público muy receptivo ante lo que está ocurriendo en el campo argentino, la deforestación, el desplazamiento de los indígenas", afirmó el director, en entrevista a Efe, tras el pase de su filme, incluido en la sección Berlinale Special y proyectado unos días después de cumplir los 82 años. Con "Viaje a los pueblos fumigados" regresaba al festival del que, en 2004, recibió el Oso de Oro de Honor, entonces coincidiendo con el estreno de lo que denomina su "primera parte de una misma película", la "Memoria de un saqueo". "He empeñado años en documentar lo que veo. Lo he dividido en capítulos, porque serían 17 horas de largometraje. 'Memoria del saqueo' fue el inicio", explicó en relación a esa cinta, en la que recorría la historia de Argentina, desde el final de la dictadura, en 1983, hasta la caída del gobierno de Fernando de la Rúa en 2001. Le siguió "La Dignidad de los nadies", donde "narré cómo se defendieron las víctimas del modelo neoliberal de los años 90. Ahora vino el desastre agrario", prosigue. En "Viaje a los pueblos fumigados", Solanas orienta su compromiso político y cinematográfico hacia los estragos ecológicos derivados del uso de herbicidas como los glisofatos de la trasnacional Monsanto, así como el desplazamiento forzoso de los indígenas. "No puedo plantearme salvar el mundo. Lo más que puede hacer una película es lograr que algo de lo que cuento quede, que se entienda", argumentó Solanas, en cuyo filme se documentan asimismo las consecuencias sobre la población de esos pueblos fumigados, incluido malformaciones de bebés. Para Solanas, el principal responsable de lo que ocurre en el campo argentino es "la dirigencia (clase dirigente) política" de su país, a la que imputa no haber establecido "los controles necesarios". "La dirigencia política que gobierna nuestros países defiende la producción agrícola industrial. Todos saben cuáles son sus consecuencias. Todos callan", denuncia. Hay un "hermanamiento entre poder político y poder económico", afirma, una connivencia con las grandes trasnacionales, en detrimento de la población indígena de lugares como la provincia de Salta, en el norte de Argentina, donde arranca su filme. "Se echa el bosque abajo, caiga quien caiga. Se arrasan las chácaras (granjas) y se desplaza al chacarero (campesino), que si luego quiere regresar se va encontrar que su casa ya no existe", lamenta. Rodar ese documental le llevó "tres o cuatro años", de los que resultaron "horas y horas de conversaciones", que finalmente hubo que reducir a unos 100 minutos "porque nadie aguanta más que ese tiempo" en una película de esas características. Solanas ejerce de director, cámara y a la vez personaje, ya que su presencia es constante en las imágenes: "Soy un narrador militante, un militante. Un senador nacional, como yo, debe implicarse, debe hacer que se le vea, como motor de una lucha de todos. Sería ridículo no hacerlo", concluye. El cineasta argentino no solo logró que en el público berlinés "se quedara" con el mensaje de su filme, sino que además escuchó de ese público un colectivo "cumpleaños feliz", unos pocos días después de llegar a los 82 años -"el viernes, creo que fue", dice. Su "Viaje a los pueblos fumigados" es una de las representantes de Argentina en la presente 68 edición de la Berlinale, que también cuenta con "Teatro de guerra", dirigido por Lola Arias, y "La omisión", de Sebastián Schjaer. La película de Arias, proyectada en la sección Forum, fuera de concurso, se centra en un encuentro entre veteranos, argentinos y británicos, de la guerra de las Malvinas. "La omisión", que se exhibe en la sección Panorama, está centrada en los derechos de la mujer o la falta de éstos en sociedades como la argentina. La cinta gira en torno a Paula, una joven que viaja al frío sur de Argentina para trabajar durante la temporada de invierno en empleos ocasionales con el fin de reunir dinero y emigrar a Canadá. EFE gc-egw/agf | |
domingo, 18 de febrero de 2018
La adicción al rezo
Cédric Kahn documenta una exquisita redención en una Berlinale muy europea | |
Gemma Casadevall
Berlín, 18 feb (EFE).- El director francés Cédric Kahn impresionó hoy en la Berlinale con "La Prière", una película que recorre casi como un documental el paso de la adicción a la droga al del rezo, en una jornada estrictamente europea, donde la italiana "Figlia Mia" y la sueca "Real State" completaron la sección a concurso.
"Es la redención de una dependencia tóxica a través de una adicción más trascendente: la de la oración, la disciplina, la humildad, el rigor religioso", explicó el realizador sobre su filme, que gira en torno a un joven que busca escapar de la droga en una comunidad católica de los Alpes franceses.
Ahí coinciden jóvenes de distintas procedencias, estamentos sociales y religiones, inclusive los que creen no tener fe ninguna pero que acuden a ese remoto lugar perdido en las montañas como última esperanza para romper el círculo de la adicción.
Uno de esos jóvenes, Thomas -Anthony Bajon-, es la figura central de Kahn, quien recorre sus recaídas, dudas, tentaciones y rezos, bajo la tutela de riguroso sacerdote -Alex Brendemühl- y de una monja sabia -Hanna Schygulla- a la que no se engaña con mentiras piadosas.
Bajon es la auténtica revelación de la película, mientras que el hispano-alemán Brendemühl tuvo ocasión de reafirmar su versatilidad -está en la Berlinale por partida doble, ya que también interpreta un personaje secundario en la alemana "Transit", del director alemán Christian Petzold y estrenada el sábado.
Schygulla interpreta uno de los poco personajes femeninos de la película junto con la tentadora muchacha del pueblo vecino, Sybille, Louise Grinberg. Curiosamente serán esas dos mujeres en medio del colectivo de hombres las que demostrarán a Thomas quién es en realidad.
Kahn, un realizador acostumbrado a competir en Cannes, en Venecia o en Berlín -concursó en la Berlinale 2004 con "Feux Rouges"-, plasma todo el camino de renuncias y superación personal de Thomas en ese colectivo religioso que a ratos adopta perfiles de secta.
Es un lugar orquestado para salvar al pecador, pero que tarde o temprano habrá que abandonar, con todos sus riesgos.
La segunda película a competición de la jornada fue la italiana "Figlia Mia", de Laura Vispuri, quien en 2015 compitió en la Berlinale con "Vergine Giurata", su primer largometraje.
Ahora regresó con un intenso drama entre dos madres, la biológica y que durante diez años crió a Vittoria, una niña que no precisará explicaciones adultas para entender de pronto que procede de la mujer que ofrece servicios sexuales en cualquier rincón o se arrastra en el bar para que le inviten a la siguiente copa.
Vispuri retrata la transformación de esos tres personajes femeninos -la abnegada madre de adopción Valeria Golino, la alcoholizada Alba Rohrwacher y la niña Sara Casu-, que intercambian sus papeles en medio de un desgarro creciente y del descubrimiento de identidades.
Es una película de corte similar a "Vergine giurata", donde el inclemente sol sobre un paisaje agreste, en Cerdeña, tiene su propio papel de coprotagonista y donde se sitúa al espectador ante el dilema de una maternidad doble casi imposible de resolver.
Completó este domingo de competición estrictamente europea "The Real State" ("Toppen av ingenting" en sueco), dirigido por Axel Peterson y Mans Mansson, sobre una rompedora mujer de unos 70 años que quiere vender un edificio de viviendas heredado.
Es una anciana que practica el sexo como una disciplina parecida al "fitness" que le ayuda a mantenerse su esbeltez radical, a la que no le importa dejar en la calle a familias desestructuradas, inmigrantes u otros inquilinos marcados por la precariedad.
Su dúo de directores se lanza a reflejar la fealdad -física o moral-, en una película sin concesiones al espectador que desató algunos abucheos en su pase previo para la prensa, pero también fervientes defensores. EFE
gc/psh
(foto) (vídeo)
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sábado, 17 de febrero de 2018
La altivez soberana de Isabelle
viernes, 16 de febrero de 2018
Una sonrisa de oro y un debut
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jueves, 15 de febrero de 2018
Tykwer, el expendedor de energía y los perros parlantes de Wes
| CINE BERLINALE (Previsión) | |
| Abre la Berlinale con un cómic de perros parlantes con voces ilustres | |
Gemma Casadevall
Berlín, 15 feb (EFE).- La Berlinale abrió con "Isle of dogs", un cómic de perros parlantes dirigido por Wes Anderson, que colocó sobre su alfombra roja a Bill Murray, Jeff Goldblum, Tilda Swinton y Greta Gerwif, algunas de las voces ilustres de esta parábola de poderes humanos corruptos y canes deportados.
La técnica del "stop motion" sustituyó a los actores, pero la dirección de la 68 edición del festival se las arregló para no dejar su jornada inaugural sin el necesario aporte de estrellato, con la presencia de los intérpretes que doblan a las figuras del filme.
"Es como rodar una especie de 'We are the world' con las mejores voces del cine", respondió Murray, el perro "Boss" en la película y de algún modo el "jefe" de la tropa de Anderson, a la pregunta de qué siente siendo apenas una voz, no un rostro.
"Es un homenaje a Kurosawa", apuntó el director, respecto a un filme de producción e inspiración japonesa, que parece recrear un mundo post-catástrofe nuclear de Fukushima y donde la pérdida de valores se sintetiza en la traición al más leal amigo, el perro.
A "Isle of dogs" le correspondió el honor de ser la primera película de animación que abre una Berlinale, en lugar de cualquiera de las restantes 18 aspirantes a oso con interpretación humana.
Más reflexiva que electrizante, sitúa al espectador ante crueles humanos que parecen ladrar, mientras los canes se expresan en perfecto inglés y que, pese a estar abandonados en un basurero, conservan los valores que quiso erradicar un alcalde corrupto.
Los perros quedaron deportados en una isla vertedero de residuos químicos o radioactivos, a la que llega el joven piloto Atari en pos de su mascota, Stops, un ejemplar de ojos azules muy parecido a un can callejero, que vive traumatizado porque una vez mordió a su amo. "Es un espejo de la sociedad de hoy en la que dejamos que los perros nos transporten de regreso a la humanidad", afirmó el director estadounidense, respecto a su segunda película de animación, tras "Fantastico Mr. Fox" (2009).
"Isle of dogs" aportó a la Berlinale la necesaria dosis de estrellas, a pesar de la ausencia en la presentación a los medios de las más mediáticas voces que se pusieron al servicio de Anderson, Scarlett Johansson y Edward Norton.
Los presentes se comportaron como hermanados colegas y hasta entonaron para las cámaras un par de cantos "a capella" -incluido el "happy birthday" a Koyu Ranki, el niño que pone la voz a Atari.
"Isle of dogs" supone el regreso a Berlín de Anderson, quien en 2001 competió con "The Royal Tenenbaums", en 2004 lo hizo con "The Life Aquatic with Steve Zissou" y en 2014 ganó el premio especial del jurado con "Grand Budapest Hotel".
La película rompió el hielo del desfile de aspirantes al Oso de una Berlinale que, como dijo el presidente de su jurado internacional, el director alemán Tom Tykwer, hace para muchos las funciones de "expendedor de energía" contra el invierno berlinés.
"No conozco a nadie, directores o público, que no se alegre cada febrero con la llegada de la Berlinale", afirmó Tykwer, en la presentación de su equipo ante los medios.
La lista de filmes a concurso que se verá en los próximos días combina a directores consagrados, como los franceses Cédric Kahn y Benoit Jacquot, con nuevos talentos como el paraguayo Marcelo Martinessi y el mexicano Alonso Ruizpalacios, únicos cineastas de América Latina en la competición de la sección oficial.
El cine estadounidense estará representado a concurso por "Damsel", de David Zellner e interpretada por Robert Pattinson, junto con "Don't Worry, He Won't Get Far on Foot", de Gus Van Sant, con Joaquin Phoenix en su papel principal.
Abultada será la presencia del cine anfitrión, con cuatro títulos: "Transit", "In den Gängen" ("In the Aisles"), "3 Tage in Quiberon" ("3 Days in Quiberon") y "Mein Bruder heißt Robert und ist ein Idiot" ("My Brother's Name is Robert and He is an Idiot").
Asimismo de Europa competirán la noruega presentará "Utøya", centrado en los atentados del ultraderechista Anders Behring Breivik, mientras que Suecia acudirá con "Toppen av ingenting", de Mans Mansson, e Italia estará en competición con "Figlia mia", de Laura Bispuri.
El jurado de Tykwer entregará sus osos el sábado 24, mientras que el domingo siguiente se cerrará oficialmente la Berlinale con el llamado Día del Espectador. EFE
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miércoles, 14 de febrero de 2018
Buenas intenciones
| El cine de animación de Wes Anderson abre una bienintencionada Berlinale | |
Gemma Casadevall
Berlín, 14 feb (EFE).- La película "Isle of dogs" inaugurará mañana una Berlinale cargada de buenas intenciones, incluida la denuncia del escándalo de abusos sexuales que sacude el mundo del cine, aunque sin dejar que ello eclipse totalmente las estrellas sobre su alfombra roja.
La historia de un niño de doce años que parte en busca de su perro, deportado por un alcalde corrupto, es la segunda incursión de Wes Anderson en el cine de animación y tendrá el honor de abrir el desfile de 19 aspirantes a los Osos, entre las que decidirá el jurado presidido por el director alemán Tom Tykwer.
Será la primera vez que la Berlinale queda inaugurada con un filme de animación, doblado por actores como Bill Murray, Edward Norton, Scarlett Johansson, Tilda Swinton y Frances McDormand.
Supone además el regreso a Berlín de Anderson, quien en 2001 competió con "The Royal Tenenbaums", en 2004 lo hizo con "The Life Aquatic with Steve Zissou" y en 2014 ganó el premio especial del jurado con "Grand Budapest Hotel".
En los días siguientes se espera la presencia de actores como Robert Pattinson, Joaquim Phoenix e Isabelle Huppert, al frente de filmes aspirantes a premio, mientras que su colega estadounidense Willem Dafoe recibirá el Oso de Oro de Honor de la Berlinale.
La iniciativa impulsada en internet por la actriz alemana Claudia Eisinger, pidiendo que se tiña este año de negro la alfombra roja a modo de señal contra los abusos sexuales, no ha prosperado, pero la Berlinale se propone abordar el #MeToo en varias sesiones de debate.
Su director, Dieter Kosslick, quien hace unas semanas reveló que había descartado a cineastas confesos de casos de acoso sexual, ha tenido que dar explicaciones por la inclusión en la sección Panorama del filme "Human, Space, Time and Human", del surcoreano Kim Ki-duk.
Una actriz imputa al realizador asiático haberla obligado a interpretar duras escenas de sexo y violencia no incluidas en el guión, en su película "Moebius", pero Kosslick ha recordado que esas acusaciones fueron rechazadas por la justicia coreana el pasado año.
El #MeToo planea sobre la Berlinale, como ha ocurrido en todos los eventos recientes del mundo del cine, pero la dirección del festival aspira a cumplir un año más con su doble objetivo de brindar espectáculo y cine comprometido.
A Tykwer le auxiliarán en su labor de jurado un sólido equipo, entre cuyos miembros están el español Chema Prado, exdirector de la Filmoteca española, y la actriz belga Cécile de France.
La lista de aspirantes a los osos incluye nombres de relieve como los franceses Cédric Kahn y Benoit Jacquot, así como nuevos talentos como el paraguayo Marcelo Martinessi y el mexicano Alonso Ruizpalacios, únicos representantes del cine latinoamericano en una edición sin directores españoles a competición..
Ruizpalacios vuelve a la Berlinale con "Museo", interpretada por Gael García Bernal, después de haber ganado en 2014 el premio a la mejor ópera prima con "Güeros".
Martinessi competirá con su primer trabajo, "Las herederas", filme apoyado por fondos de ayuda al cine joven de la Berlinale.
Junto a "Isle of Dogs", concursarán por Estados Unidos "Damsel", de David Zellner e interpretada por Pattinson; y "Don't Worry, He Won't Get Far on Foot", de Gus Van Sant, con Joaquin Phoenix.
Alemania compite con cuatro cintas: "Transit", "In den Gängen", "3 Tage in Quiberon" y "Mein Bruder heißt Robert und ist ein Idiot".
Noruega presentará "Utøya", centrado en los atentados del ultraderechista Anders Behring Breivik, mientras que Suecia acudirá con "Toppen av ingenting", de Mans Mansson, e Italia estará en competición con "Figlia mia", de Laura Bispuri.
Fuera de concurso, pero también en la sección oficial, se proyectarán "7 Days in Entebbe", del brasileño José Padilha, Oso de Oro en 2008 con "Tropa de Elite", así como "Unsane", de Steven Soderbergh, que cuenta con Claire Foy en su reparto.
Asimismo con carácter de exhibición estarán en el Berlinale Special "Viaje a los pueblos fumigados", del argentino Fernando "Pino" Solanas, y "La librería" de la española Isabel Coixet.
Se proyectarán unas 400 películas en las distintas secciones de la Berlinale, que a diferencia del elitista Cannes hace honor a su reputación de popular y saca a la venta 300.000 entradas.
Junto a las taquillas del centro comercial ante el Berlinale Palast, sede del festival, se formaron ya el lunes las primeras colas de aficionados, algunos de los cuales pasaron la noche ahí en sacos de dormir para asegurarse la localidad deseada. EFE
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