sábado, 24 de febrero de 2024

Dahomey y el hipopótamo Pepe


 La descolonización de los museos africanos se alzó con el Oro de la Berlinale

Joana Serra




La Berlinale repartió sus premios principales entre dos filmes que saltan del colonialismo al desarraigo: el Oso de Oro fue para la franco-senegalesa “Dahomey”, de la directora Mati Diop, una película en formato de falso documental que recorre la restitución de 26 obras de arte desde París a Benín. Y el Oso de Plata al mejor director fue para el dominicano Nelson Carlos de los Santos Arias por su fascinante historia del hipopótamo fantasmal “Pepe”. En la primera, la narración corresponde a una de esas piezas que retorna a África desde el expolio; en la segunda, la voz corresponde al animal fugado del zoo del patrón de la droga colombiana, Pablo Escobar. El jurado presidido por la actriz keniano-mexicana Lupita Nyong’o, con el director alemán Christoph Petzold y el español Albert Serra en su equipo, premió así estas dos formas de cine radical entre los 20 filmes seleccionados para su competición oficial.
También radical era “L’Empire”, de Bruno Dumont, que obtuvo el Premio del Jurado con un filme que juega a la ciencia ficción y convierte la parisina Notre Dame en una nave espacial. Menos arriesgado fue el Gran Premio Especial del Jurado para el coreano Hong Sangsoo, un habitual del festival alemán, que presentó su nuevo ejercicio de minimalismo titulado “A traveler´s needs” e interpretado por Isabelle Huppert.
El resto del palmarés incluyó al cine anfitrión a través de “Sterben”, del alemán Matthias Glasner, Oso de Plata al mejor guión; dio a la británica Emily Watson otra Plata como actriz de reparto por su cruel monja de “Small things like these”; y el correspondiente al mejor protagonista al estadounidense Sebastian Stan por “A different man”. La austriaca “Des teufels bad”, un magnífico filme sobre los estragos del fanatismo religioso en la Austria de 1750, ganó la siguiente plata para su impactante fotografía.

Apoyos a Gaza desde el corazón de Alemania

Pero el mensaje más político del festival se fue a Gaza. Fueron varios los miembros del jurado o premiados con los Osos quienes pidieron desde el escenario un alto el fuego inmediato. Y, en lo que concierne al palmarés, recibió el premio al mejor documental “No other land”, del duo israelí-palestino Yuval Abraham y Basel Adra. Se trata de una dura denuncia de la demolición de poblaciones palestinas de Cisjordania por Israel. El galardón plasmó la apuesta política de la Berlinale, especialmente destacable por ser Alemania un país donde, por responsabilidad histórica, su clase política evita criticar al gobierno israelí.
No fue el único alegato por Gaza sobre el escenario: la directora brasileña Juliana Rojas reclamó el alto el fuego al recoger su premio a la mejor dirección por “Cidade, Campo”, de la sección Encounters. Y el equipo entero de “Direct Action”, de Guillaume Cailleau, subió al escenario con el pañuelo palestino para recibir el de mejor filme de esa misma sección, dedicada a los nuevos lenguajes del cine.
No había películas españolas entre las 20 aspirantes a los Osos. Pero sí se colaron en el palmarés del festival dos producciones procedentes de la península, ambas dirigidas por mujeres. Fueron Anna Cornudella, cuyo film “The Human Hibernation” ganó el premio de la crítica internacional Fipresci, mientras que la producción hispano-costarricense "Memorias de un cuerpo que arde", de Antonella Sudasassi, ganó el premio del público de la sección Panorama.
Sin estar en la sección oficial, sino en las paralelas, perpetuaron el buen balance dejado en 2022 -con el Oro a “Alcarràs”, de Carla Simón- y en 2023 -con la Plata a Sofía Otero por “20.000 especies de abejas”-.
“The Human Hibernation” se exhibía en la sección Forum, destinada al cine experimental. Plantea la posibilidad de una hibernación humana por efecto del cambio climático. La costarricense Sudasassi reflexiona sobre la mujer y su liberación sexual, a través de tres personajes femeninos.
A la iraní “My favorite cake”, proyectada en ausencia de sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, por imperativos del régimen de Teherán, se le reservó el Fipresci correspondiente a la sección oficial, así como el premio del jurado ecuménico. ERa la favorita de las quinielas, pero finalmente solo obtuvo galardones de estos jurados independientes.

Cambio de ciclo


La presente Berlinale cierra el ciclo de cuatro años bajo la dirección colegiada del italiano Carlo Chatrian y la neerlandesa Mariette Rissenbeek, a los que relevará la estadounidense Tricia Tutlle. Su gestión quedó marcada en su primer año por las restricciones por la pandemia y termina salpicada decríticas. En ese periodo el festival alemán ha perdido relevancia y visibilidad mediática frente a sus grandes rivales europeas, Cannes y Venecia.
También ha perdido algo de lo que fue su señal de identidad, el sello de festival popular. A diferencia del elitista festival francés, Berlín pone a la venta entradas para todas sus galas -unas 300.0000-. Las salas siguen llenándose, pero se critica que se haya suprimido la venta en taquilla de las localidades, ya que ahora solo pueden adquirirse online. Ello margina a quienes no dominan la dura competición por hacerse con las más preciadas -que se agotan en minutos-. Elimina, además ese “espacio de encuentro” que formaban los que guardaban cola ante la taquilla, algunos de ellos con sus termos de café, lo que daba aire de “normalidad ciudadana” a los diez días de vida del festival.

viernes, 23 de febrero de 2024

Será niño, será niña

 La Berlinale, ante un Oso que tanto puede llamarse Pepe como Mahin

Joana Serra





La Berlinale cerró su desfile de 20 aspirantes al Oso con una hermosa y feminista película nepalí, “Shambhala”. Queda por desvelar quién recibe este sábado el Oro de esta 74 edición del festival alemán, que podría decantarse por un hipopótamo llamado “Pepe” como por la vital viuda iraní Mahin.
Nunca hay quinielas fiables en el festival alemán. Se atribuye al jurado la tarea de encontrar su propia película, dar la sorpresa y acarrear con el disgusto general, si resulta que el palmarés no complace a la mayoría. El jurado de la presente edición está presidido por la actriz keniano-mexicana Lupita Nyong’o, pero los motores del veredicto final pueden ser dos cineastas de su equipo: el alemán Christoph Petzold y el español Albert Serra. Ambos representan una perspectiva del cine radical e innovadora, lo que favorece al dominicano “Pepe”. La película, dirigida por Nelson Carlos de los Santos Arias, convierte en narrador al fantasma de un hipopótano huido del zoo del patrón de la droga colombiano Pablo Escobar. Es una historia fascinante, centrada en el destino de un ejemplar entre los centenares de hipopótamos diseminados por el río Magdalena, descendientes de congéneres africanos.
No es una película para todos los gustos. Mucho más fácil para el equipo de Nyong’o sería optar por la iraní “My favorite cake” y su liberada viuda de 70 años que no renuncia al amor. Fue proyectada en ausencia de sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, por imperativos del régimen de Teherán. Seguiría así la estela de anteriores Oros que la Berlinale ha entregado al cine iraní “resistente”: en 2020 lo ganó "There is no Evil" sin la presencia de su director, Mohammad Rasoulof, mientras que en 2015, fue la sobrina de Jafar Panahi, inhabilitado para rodar, quien recogió el Oro por "Taxi".
Entre las películas favoritas de la crítica internacional, según recoge la revista “Screen”, está la austríaca “The devil’s bath”, con un impresionante Anja Plaschg poniendo el rostro de una mujer sometida al fanatismo religioso y ancentral del siglo XVIII. La alemana “Sterben” bien situada por el trabajo de sus actores, entre ellos Lars Eilinger. Es una cinta de tres horas por capítulos entorno a la demencia, la vejez, el alcoholismo y el suicido, que curiosamente no aboca al espectador a la depresión.
Ya en la última jornada, “Shambhala” fascinó con su historia de una embarazada recorriendo a pie el pedregal nepalí para explicarse a uno de sus esposos -tiene tres, aunque solo uno ejerce de marido-. Su antecedente en el palmarés sería “La boda de Tuya”, Oro en 2007 y rodada en escenarios parecidos, pero en Mongolia. Otra firme candidata a premio estrenada en el tramo final fue la tunecina “Who do I belong to”, una dramática historia de una familia partida por el terrorismo islámico y la brutalidad yihadista contra la mujer.
Han sido varias las historias femeninas de este festival. Entre ellas, la italiana “Gloria”, de Margherita Vicario. Dio alas al festival, especialmente en lo musical, a través de las muchachas de la escuela de música de San Ignacio, en la Venecia de 1800, que descubren el “Pianoforte” y estrenan ante el Papa una pieza pop que podría ir al festival de Eurovisión de Malmö.
El resto del cine europeo aportó sólidas películas como la danesa “Vogter”, con una impactante funcionaria de prisiones ajustando las cuentas a un preso. La francesa “L’Empire” hizo las delicias de los devotos de Bruno Dumont con un irónico tributo a pie de playa de la “Guerra de las Galaxias” o “Juego de Tronos”. No se descarta un puesto en el palmarés para “Langue étrangere”, de la francesa Clarie Burguer, una inteligente película que combina los dilemas de la adolescencia actual con los del mundo adulto.
Menos convincentes resultaron “Small things like these”, pese a la presencia del irlandés Cillian Murphy, o “Hors du temps”, de Olivier Assayas, que acudía a la Berlinale como teórico favorito.
Algo parecido ocurrió con otros dos directores habituales de la Berlinale, el mexicano Alonso Ruizpalacios, que compitió con su multiétnica “La cocina”, o el coreano Hong Sangsoo, con su “A traveleer’s needs”, interpretado por Isabelle Huppert.
La gala de los Osos cerrará el sábado un festival sin títulos españoles a competición. Tras el Oro en 2022 a “Alcarrás”, de Carla Simón, y la Plata de 2023 a Sofía Otero, por “20.000 especies de abejas”, al cine de la península le correspondió mirar el desfile de aspirantes desde la barrera.

jueves, 22 de febrero de 2024

Del astronauta Sandler a la lésbica Steward

 Egoyan „psicoanaliza” el abuso sexual con Amanda Seyfeld

Joana Serra



El director armenio-canadiense Atom Egoyan presentó en la Berlinale uno de sus psicoanálisis cinematográficos, esta vez aplicado al trauma de los abusos sexuales y con Amanda Seyfried de protagonista. “Seven veils”, la película del cineasta, se exhibía fuera de concurso, pero era el plato fuerte al menos en lo mediático de la penúltima jornada a competición.
“Es una especie de ajuste de cuentas entre los traumas del presente y los del pasado, entre la pérdida dejada por la muerte de un mentor y amante y las secuelas que aún arrastra de la figura del padre”, explicó Seyfried. “La historia de Salomé es fascinante. Confluyen en este mito del deseo y el ansia ante lo que te falta y crees que necesitas”, resumió por su parte Egoyan, de nuevo en la Berlinale tras haber sido hace veinte años presidente de su jurado internacional.
“Seven veils” es una revisión del mito de Salomé a través de la historia en que se tejen la realidad y la ópera que trata de poner en escena el personaje que interpreta Seyfried. Es una directora escénica con problemas con su esposo, con sus solistas, con la sombra del mentor fallecido y con la personalidad de su padre. La crisis matrimonial es un precipicio más al que se asoma, aunque probablemente lo más perturbador es el trauma que arrastra desde su infancia. Para Egoyan, la película es un reencuentro con una versión anterior de esa misma ópera de Richard Strauss que dirigió en 1996. Es su octava incursión en ese mito bíblico y la obsesión por el deseo.
Seyfried se convirtió en el ser más buscado de la jornada sobre la alfombra roja. Su filme se proyectó en la sección Berlinale Special, principal fuente de estrellato en el festival, mientras que la sección oficial a competición ha sido más bien discreta en cuanto a celebridades.
En esa misma sección fuera se concurso se proyectó el “Spaceman” protagonizado por Adam Sandler, que abandona la comedia para convertirse en un astronauta solitario y deprimido que ha perdido la conexión con su mujer -Carey Mulligan-. Ambos, Sandler y Mulligan, acapararon los flashes del miércoles. Unos días antes, el máximo imán mediático fue Kristin Steward -presidenta del jurado en 2023-, protagonista ahora de una explícita historia de amor lésbico con una culturista -Katy O'Brian-, en “Love Lies Bleeding”.



Nadie, sin embargo, llenó tanto la Berlinale como el director Martin Scorsese, Oso de Oro de Honor de la Berlinale, quien además de acudir para recibir ese galardón participó en actos paralelos junto a Sharon Stone, su protagonista de “Casino”.
La Berlinale se cerrará el sábado con la entrega de sus preciados Osos entre los 20 aspirantes incluidos en la sección a concurso.

miércoles, 21 de febrero de 2024

Pañuelos palestinos y exclusión ultra

Gaza sacude una Berlinale „políticamente correcta“

Joana Serra

Un grupo de activistas pro-Palestina afeando a la exsecretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, su fidelidad al compromiso con la defensa de Israel; una película grabada en octubre que denuncia el „apartheid“ que, a juicio de sus autores, se practica contra los palestinos; o varios manifestantes irrumpiendo en el European Market al grito de „Free Palestine“: son algunos de los problemas que está teniendo una Berlinale que presume de festival político, pero que no acaba de afrontar los conflictos que no son „políticamente correctos“ para el establisment alemán.
Año a año, el festival alemán defiende la presencia del cine iraní en su sección oficial, incluidos los directores perseguidos por el régimen de Teherán. Apuesta asimismo fuertemente por Ucrania, víctima de la agresión rusa. Pero no acaba de resolver sus dilemas internos cuando se trata de Israel o teme que cualquier crítica a su gobierno sea instrumentalizada por el antiseminismo, en pleno auge ultraderechista.
Clinton, invitada a la gala del „Cinema for Peace“ respondió a la provocación activista con un „si Hamás liberara a sus rehenes, mañana tendríamos una tregua“. Siete manifestantes que se habían infiltrado en la sesión, un acto en paralelo a la Berlinale, fueron expulsados de la sala, mientras la excandidata a la Casa Blanca expresaba su „comprensión“ por las emociones que desata la guerra en Gaza en el mundo occidental.
Algún tumulto ha provocado asimismo el estreno de „No Other Land“, una película firmada por un colectivo palestino-israelí que se proyecta en la Berlinale fuera de concurso. Describe la expulsión de los palestinos de una población de Cisjordania y fue filmada en octubre del año pasado, aunque apenas incluye alguna alusión a los ataques y secuestros de la organización terrorista Hamás.
La dirección del festival, ejercida por el dúo formado por Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek, había tenido ya sus problemas con la ministra de Cultura, la verde Claudia Roth, defensora como Clinton del compromiso cerrado con el estado de Israel. Es también la línea que tradicionalmente ha seguido a rajatabla los sucesivos gobierno y el conjunto de la clase política de Alemania por responsabilidad histórica con el destino de los judíos.
La dirección de la Berlinale quiso incidir de algún modo en una temática ineludible en un festival políticamente comprometido como es la Berlinale, a través del llamado „Tiny House Project“, o „Proyecto de la Casa Pequeña, un remolque con capacidad para seis personas que invita a reflexionar sobre la guerra de Gaza. Es obra del activista israelí Shai Hoffmann y el palestino Ahmad Dakhnous y se plantea ser una opción íntima para el diálogo sobre una situación que, en Alemania, desata las tensiones y genera temores a una instrumentalización antisemita. Cualquier manifestación pro-palestina puede derivar en Berlín u otras partes del país en proclamaciones de apoyo a Hamás o negación del derecho a la existencia de Israel, lo que para el país del que partió el Holocausto es intolerable.
Un desfile de cineastas proclamando su apoyo a Gaza, como la que se vio en la gala de la entrega de los Premios Goya en Valladolid, generaría un fuerte debate en Alemania. Mientras en España, se apoya mayoritariamente, también desde la clase política dominante, a Palestina, en Alemania ocurre exactamente lo contrario.
No es este el único conflicto político al que se enfrentan Chatrian-Rissenbeek. Su decisión de retirar las invitaciones a sus galas los representantes de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), presionados por las protestas procedentes del ámbito cultural, ha topado con la incomprensión de algunos cineastas presentes en el festival. Directores como el alemán Andreas Dresen, representante del cine dicho social originario del este del país, han explicado, preguntados por la cuestión, que no ven del todo procedente esa exclusión. Otro cineasta del país, ahora miembro del jurado, Christian Petzold, consideró asimismo que habría sido „más oportuno“ tenerlos entre los invitados, en tanto que representantes políticos elegidos democráticamente.
La AfD es la segunda fuerza en intención de voto a escala nacional. A diferencia de lo que ocurre en España, donde Vox es socio de gobierno del PP en algunas comunidades, en Alemania el resto del espectro parlamentario actual excluye a la AfD como aliado en cualquier constelación a nivel nacional o regional. La exclusión de los representantes de ese partido se produce en medio de las manifestaciones multitudinarias que se han registrado en todo el país contra la ultraderecha, precipitadas por las revelaciones de una reunión entre neonazis en que se abordó la expulsión masiva de millones de ciudadanos de origen extranjero.
La reunión, a la que asistieron representantes de la AfD, tuvo lugar en Potsdam (este del país) el pasado noviembre, pero fue revelada recientemente por un equipo periodístico de investigación. Para muchos alemanes, fue el toque de alerta definitivo de la realidad y corrientes internas de un partido con escaños en el Bundestag (Parlamento federal) y en 14 de las 16 cámaras regionales del país.

martes, 20 de febrero de 2024

El gran Martin y una foto triunfal

Scorsese: “El cine no muere: se transforma”

Joana Serra




La presente Berlinale tal vez está ofreciendo poco brillo sobre la alfombra roja en su competición oficial. Pero al menos se aseguró un espacio de lujo para el Oso de Oro de Honor del año: Martin Scorsese. El director estadounidense compareció ante los medios vital, simpático y dispuesto a responder cualquier pregunta, aunque esquivando la cuestión de si volvería a rodar con “The Rolling Stones”.

“El cine no muere, solo se transforma. La tecnología evoluciona, ello implica cambios… Pero lo importante es no temerle, ni a la tecnología ni a los cambios. No somos sus esclavos”, respondió Scorsese, ante una sala de prensa abarrotada, por primera vez en esta edición del festival berlinés.

Decenas de teléfonos móviles en alto le recibieron. Quien más quien menos, todos querían llevarse su foto “individual”, independientemente de las que transmitirían al mundo el muro de cámaras profesionales de la prensa gráfica en primera fila.

“El ego estorba”, aseguró en otro momento, a propósito de cómo se siente alguien que ha recibido todos los premios posibles. “Cuando era joven lo tuve. Y no se acaba de perder nunca. Pero hay que tener una relación saludable con él”, añadió entre risas, custodiado por el presidente de la Berlinale, Carlo Chatrian.

La presencia de Scorsese en la Berlinale era el plato fuerte de esta edición. Nadie, menos aún Chatrian, se molestó en tratar de enumerar algunos de los títulos míticos del maestro -de „Taxi Driver” (1975), “Cape Fear” (1991), “Casino” (1995) o “Gánsters de Nueva York” (2002) hasta “Los asesinos de la luna” (2023). Es un director longevo y en activo, cuyo último filme es, según Steven Spielberg -Oro de Honor de 2023-, el mejor de su carrera.

Las respuestas del director estadounidense fueron de lo personal -”mi plato preferido es la lasaña. Y nadie las cocinaba mejor que mi madre”- a los planes para el futuro -”tengo 81 años, gestionar el tiempo es importante para mi”-. Reaccionó con irónicas sonrisas a un periodista búlgaro que trató de “improvisar” una imitación de una escena de Jack Nicholson en “Departed”. Y aludió a su dentista cuando alguien le preguntó si volvería a rodar con Mick Jagger.

Scorsese fue recibido como un amigo en la capital alemana. No solo por representar por sí solo una página grandiosa de la historia del cine, sino porque sus útimas apariciones en otras ediciones de la Berlinale llevaron sobre la alfombra roja a máximas figuras: en 2010 lo hizo acompañado de Leonardo di Caprio para presentar su “Shutter Island”; dos años antes había acudido con los “Rolling” al completo, los protagonistas de su icónico documental “Shine a light” que puso la Berlinale patas arriba.

En la presente edición le corresponde el papel de máximo homenajeado del año. Para la entrega del Oso de Oro de Honor se programó una gala con la proyección de la película “Departed” (2006), una historia tejida sobre uno de sus géneros favoritos -las películas de gansters- y con Di Carpio, Nicholson, Matt Damon, Martin Sheen y Mark Wahlberg. Tras esa sesión de gala, tendrá lugar este miércoles una conversación entre el director y la cineasta Joanna Hogg en el apartado “Talents” del festival, a modo de taller para jóvenes creadores.


Un gran homenajeado para un año de transición


Los dos co-directores de la Berlinale, Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek, se despedirán este año de su cargo tras cuatro años de liderazgo bicéfalo que han sido un poco de capa caída para la Berlinale. Lo que se ha visto hasta ahora de sus 20 aspirantes al Oso no ha sido muy brillante y ha incluido algunas decepciones. Se recibió casi como un bálsamo al coreano Hong Sangsoo, porque además de satisfer a los amantes de su cine minimalista acudió junto a Isabelle Huppert, su protagonista. Otras presencias esperadas, como el francés Olivier Assayas, no acabó de convencer. 

A falta de lo que se estrena en las tres últimas jornadas, encabeza las quinielas de la revista “Screen” para el Oso del festival la película iraní “My Favorite Cake”. Sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, no pudieron acudir a Berlín por imperativo del régimen de Teherán. De la falta de grandes películas a concurso se responsabiliza al tándem formado por Chatrian y Rissenbeek. Pero al menos dejaron para el album de su último festival un Oso honorífico irreprochable, además de carismático y pletórico, a sus 81 años.





lunes, 19 de febrero de 2024

Los herederos de Carlos

  La Berlinale da nuevo brío a „Deprisa, deprisa“, el Oro de Saura con registro

 „quinqui“

Joana Serra


Hace un año, unos pocos días después de la muerte de Carlos Saura, la Berlinale improvisó un homenaje al cineasta español con la proyección de „Las paredes hablan“, su último largometraje documental. Para la presente edición, el festival alemán programó en su sección „Retrospectiva“ una versión restaurada de „Deprisa, deprisa“, el filme con registro „quinqui“ que dio a Saura el Oso de Oro en 1981.

„Tenemos una película muy bien restaurada, con el equipo de Enrique Cerezo y Video Mercury, que nos permite ver una copia exactamente igual o mejor que la original“, explicó a El Correo Antonio Saura, hijo del cineasta, ante su estreno en la Academia de las Bellas Artes de Berlín.

La Berlinale fue un festival „determinante“ para Saura, quien ya en 1966 ganó el Oso de Plata con „La Caza“ y que luego obtuvo el máximo galardón con „Deprisa, deprisa“. „Sigue siendo una película maravillosa, rodada con actores naturales -no profesionales-, lo que por entonces era una innovación en el cine español“, prosigue Antonio Saura.

„La percepción de una película es muy distinta dentro o fuera de tu país. Aquí vieron una España del extrarradio que nunca había sido retratada en el cine español, con gente bienintencionada que te robaba un banco o quemaba el coche“, explica su hijo.

En lo que respectaa España, „de pronto se llenaron los cines de gente que nunca habría ido a ver una película de Saura“ y donde se escuchaba una música „maravillosa“, que hasta entonces se escuchaba solo en las gasolineras, identificada con la marginalidad „quinqui“. „La música de ‚Deprisa, deprisa‘ es una joya del cine español“, resume.

Una fundación para preservar el multitalento del padre


Al estreno en Berlín de la nueva copia acudieron Antonio y su hermana Anna con un proyecto en ciernes: la creación de una Fundación Carlos Saura. „Estamos en fase inicial aún, pero esperamos que en los próximos meses podamos ponerla en fase turno. No será exactamente un museu, sino una fundación o entidad X destinada a preservar y promover todo el legado de nuestro padre“, explica Anna Saura.

Recuerda la hija del director que la obra de su padre va „mucho más del cine“, ya que consagró su talento „todos los días de su vida, a todas horas“ a otras disciplinas, como el dibujo, la fotografía o la escritura, además de coleccionar cámaras de foto -“muchas de ellas, compradas en sus viajes a Berlín, donde recorría cada tienda del ramo“, añade Antonio-.

„Será de ámbito multidisciplinar, como fue mi padre“, resume Anna, que aún no se decide a etiquetar ese proyecto como „Casa Saura“ u otro término similar.

Censura y exclusión

La presencia de los hermanos Saura en Berlín se produce en un momento de debate en torno a la oportunidad de excluir o no a representantes de la ultraderecha parlamentaria de galas y actos culturales. Ese fue el caso de la ceremonia inaugural de la Berlinale. La dirección del festival optó por retirar las invitaciones a cinco miembros de Alternativa para Alemania (AfD), segundo partido en intención de voto a escala nacional, presionada por las protestas procedentes del ámbito cultural a su prevista presencia.

„Mi padre era un demócrata de izquieras, odiaba todo lo que tenía que ver con el fascismo, pero no estaba cerrado a que los fascistas entraran en determinadas cosas si aceptaban las reglas del juego“, responde Antonio Saura, tras unos segundos de reflexión, a la pregunta de qué opinaria su padre sobre esa cuestión. „Es una pregunta compleja, un tema peligroso. La ultraderecha, una vez dentro de las estructuras del poder, quiere cambiar las reglas del juego. Lo vemos ahí donde Vox está gobernando con el PP: aplican política regresivas de sesgo ideológico“, prosigue Antonio

„NO estoy seguro de qué diría Carlos Saura. Pero yo creo es mejor que estén dentro. Pese a esos peligros“, concluye, para repasar a continuación la expansión de la ultraderecha por Europa: „Tenemos ya a (Giorgia) Meloni en Italia, Alemania da mucho miedo, España da mucho miedo, parece que Portugal se salvará… Pero Francia va a girar aún más a la derecha. Y ahí tienes a (Donald) Tusk, en Polonia, que ni siquiera es de izquierda, pero trata de corregir las barbaridades de sus antecesores“, argumenta.

El estreno de la copia restaurada de „Deprisa, deprisa“ tiene lugar en la quinta jornada de la Berlinale. En la sección oficial a competición de este año, la 74 edición, no producciones españolas entre los títulos seleccionados para la lucha por los Osos. El veredicto del jurado se conocerá el próximo sábado, tras diez días de intenso cine y mucho debate, también político.

sábado, 17 de febrero de 2024

De la cocina de Ruizpalacios al magnético Gael

 El romanticismo futurista de García Bernal

Joana Serra




No hay garantía de presencia en la lucha por los Osos de la Berlinale para el cine español, ni siquiera tras dos exitosos años consecutivos -en 2022, con el Oro a “Alcarrás” de Carla Simón y un año después con el de Plata para la actriz Sofía Otero por “20.000 especies de abejas”. Pero, a falta de representantes del cine español, México intercaló al medio su idioma en la sección a concurso, a través de dos películas multilingües: “La Cocina”, dirigida por Alfonso Ruizpalacios, y “Another End”, del italiano Piero Messina y con Gael García Bernal en el papel protagonista.

La primera sumerge al espectador en el caos entre pucheros de un restaurante neoyorquino en hora punta. Se mezclan un español de múltiples acentos latinos con el árabe, el francés o el inglés; la segunda es una “fábula futurista de ciencia ficción muy romántica”, en palabras del actor mexicano, quien fue recibido como un amigo de la casa, ya que es la quinta vez que acude al festival alemán.

A Ruizpalacios le avalaba la buena acogida recibida en 2018 con “Museo” -interpretada precisamente por García Bernal-, a lo que siguió el premio al Mejor Documental recibido en 2022 con “Una película de policías”. Por “La Cocina” discurren todo tipo de excesos, casi tantos con las nacionalidades de los empleados sinpapeles del restaurante. Busca deliberadamente el desorden emocional y físico alrededor de dos personajes -el latino Pedro Ruiz, exponente de la masculinidad tóxica, y la rubia camarera que quedó embarazada. Recorre a partir de ellos el racismo, la indefensión, la lucha por el poder o las reglas de las jerarquías de su microcosmos. “El cine con inmigrantes mexicanos se ha convertido en un género. Yo lo abordo no desde la perspectiva del que lucha por alcanzar Estados Unidos, sino de la soledad de quien llegó hace años y se estableció ahí”, explicó Ruizpalacios.

Compareció el director mexicano con Raúl Briones, el actor que interpreta al broncas machista que es Pedro, aunque en la vida real se presenta como persona de identidad sexual no binaria. Junto a ellos, la actriz Rooney Mara, la camarera que hará estallar la olla a presión o precario equilibrio de una cocina que no puede dejar de funcionar.

“Another End”, la fábula en que García Bernal combina su idioma con el italiano dominante, es una enrevesada película que coloca al protagonista en un futuro donde es posible reencontrarse con el ser querido perdido a través de otro cuerpo. Tiene poco que ver con la cultura mexicana de la muerte, reconoció el actor, y deja una cierta sensación de despropósito. Messina, a quien se presentó como un “alumno ejemplar de Paolo Sorrentino”, se vio confrontado a reiteradas preguntas sobre la intencionalidad filosófica o hasta biológica de una película dotada de buenos actores -acompañan al mexicano Bérénice Bejo, Olivia Williams y Renate Reinsve-, pero muchas incongruencias.

Ambas películas, la de Ruizpalacios y la que protagoniza García Bernal, luchan por los Osos de esta 74 edición de la Berlinale, que abrió el jueves el drama irlandés “Small things like these”, interpretada por Cillian Murphy. La presencia de este actor, aspirante a los Oscar por “Oppenheimer”, alegró la alfombra roja inaugural de un festival que el próximo martes entregará su Oso de Oro de Honor al director estadounidense Martin Scorsese.

“La Cocina” compartió la jornada a competición con la iraní “My favourite cake”, una hermosa historia alrededor de una viuda de 70 de años -magistralmente interpretada por Lily Farhadpour-. Es una mujer que no desiste de su vida amorosa y que se topa en su búsuqeda con un taxista. El filme se presentó en ausencia de sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, a los que las autoridades iraníes retiraron el pasaporte.

La situación no es nueva en la Berlinale, un festival que lleva años apostando por el sólido cine iraní y muy especialmente con los cineastas que desafían la censura impuesta por su régimen. En 2020, "There is no Evil" levantó el Oso de Oro en ausencia de su director, Mohammad Rasoulof, al que el régimen de Teherán impidió viajar. En 2015, fue la sobrina de Jafar Panahi quien recogió de nuevo el Oro, ahora por "Taxi", que había sido rodada burlando la inhabilitación profesional impuesta al director.

La historia de la viuda y el taxista cautivó a la Berlinale, mientras que otra aspirante a concurso, “A different Man”, causó división de opiniones, pero no dejó a nadie indiferente. Es la tercera película que el neoyorquino Aaron Schimberg presenta en el festival alemán y pone en escena a un hombre con el rostro totalmente deformado por múltiples tumores, pero seguro de sí mismo, frente a otro que, con una malformación algo menos acusada, consigue convertirse en “bello” gracias a un tratamiento experimental, aunque su vida seguirá siendo frustrante. 

El primero está interpretado por Adam Pearson y el segundo por Sebastian Stand. “Yo también me he tenido que preguntar a menudo hasta qué punto una malformación define a una persona, cómo afecta su vida o su personalidad”, explicó Schimberg, afectado por una malformación labial mucho menor que sus protagonistas. “En mi película, la malformación va más allá de lo físico”, resumió.

Alemania, finalmente, entró a competición con “In liebe, Eure Hilde”, dirigida por Andreas Dresen -otro cineasta habitual en la Berlinale- e interpretada por Liv Lisa Fries, protagonista de la exitosa serie “Babylon Berlin”. Describe la vida de una joven de la resistencia contra el nazismo y coloca al espectador en la labor de identificase tanto con quienes combatieron el Tercer Reich como con quienes se convirtieron en sus cómplices.

jueves, 15 de febrero de 2024

Entre Lupita, Christian y Albert

Murphy abre la Berlinale con un drama irlandés sobre madres solteras esclavizadas

Joana Serra


La alfombra roja inaugural de la 74 Berlinale se tendió para el irlandés Cillian Murphy, el rostro masculino de un drama real sobre miles de madres solteras esclavizadas por monjas católicas de su país, exponente de un cine denuncia acorde con un festival políticamente comprometido.
„Lo irónico es que represento a un hombre cristiano, confrontado a un acto cristiano en una sociedad que se dice cristiana”, explicó Murphy al presentar „Small things like these“. Le acompañaba su colega Matt Damon, en este caso no como actor, sino como productor -junto a su amigo Ben Affleck- de la película. Con ellos, más Emily Watson, la Berlinale se aseguró su imprescindible aporte de estrellazgo para la inauguración del festival. En los próximos días, aunque no representando a películas en competición, se espera a Kristen Stewart, Carey Mulligan y Adam Sandler, además de al maestro Martin Scorsese, Oso de Oro de Honor de la 74 edición de la Berlinale.
“Small things like these” está basado en un libro de Claire Keegan. Se centra en el drama real de miles de madres solteras esclavizadas en el convento de las Madalenas, entre 1820 y 1990. Además de retenerlas, se les arrebataban sus hijos para darlos en adopción, arropadas por la ley del silencio de la sociedad de la Irlanda católica.
Murphy, firme aspirante a un Oscar por su „Oppenheimer“, presta su mirada de ojos claros a un sencillo carbonero entre cuyos clientela está el convento de las monjas. Es además de escuela de sus hijas, el lugar donde se retiene a jóvenes embarazadas sin marido. Minuto a minuto irá revelando su director, Tim Mielants, el pasado de ese buen esposo y padre, su dilema ante una de las muchachas atormentadas o la extorsión practicada por la madre superiora -Emily Watson-. Es una película deliberadamente lúgubre, con un carbonero que día a día de regreso a casa se limpia frenéticamente manos y uñas negras, como si quiera lavarse una culpa ajena. Se intercalan el presente y el pasado del niño que fue, hijo de una mujer sola que encontró mejor protección.
La película de Murphy fue la primera de las 20 aspirantes al Oso incluidas en la Berlinale, el festival que el año pasado sirvió de palanca internacional a las „20.000 especies de abejas“ de Estíbaliz Urresola Solaguren -Oso de Plata a Sofía Otero- y que el anterior entregó su Oro a „Alcarràs“, de Carla Simón.
Este año no hay directores españoles en la competición oficial, aunque sí dos co-producciones en español -“Pepe“, del dominicano Nelson Carlo de los Santos Arias, y „La cocina“, del mexicano Alonso Ruizpalacios. La primera es una insólita historia donde el „narrador“ es un hipopótamo fantasmal propiedad del patrón de la droga colombiano, Pablo Escobar. En la segunda, Ruizpalacios -premio al mejor documental en 2021 con „Una película de policías- convierte un restaurante de Nueva York en un microcosmos multicultural. También de México buscará su Oso el actor Gael García Bernal, protagonista de „Another End“, del italiano Piero Messina.
Destaca entre el resto de aspirantes al Oso „A traveler’s needs“, del coreano Hong Sangsoo, asiduo a festivales como el alemán, cuya película cuenta con Isabelle Huppert como protagonista.
La tarea de repartir los galardones, que se entregarán el día 24, corresponde al jurado presidido por la actriz keniano-mexicana Lupita Nyong’o -Oscar a la mejor actriz de reparto en 2014 por “12 años de esclavitud”-. Es la primera figura de origen africano al frente del jurado internacional. Será la presencia más mediática de su equipo y compartirá su tarea con dos directores representantes del cine innovador: el alemán Christian Petzold -un asiduo a la competición en ediciones anteriores, aunque nunca se llevó el Oro- y el español Albert Serra.



Las preguntas de los medios se dirigieron reiteradamente a cuestiones políticas. Desde la exclusión en las galas de representantes de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), segundo partido en intención de voto a escala nacional, a la guerra en Gaza o la de Ucrania. Petzold, requerido a opinar sobre la decisión de retirar las invitaciones inicialmente repartidas para la AfD, zanjó la cuestión resaltando las manifestaciones multitudinarias que tienen lugar semana a semana contra la ultraderecha en todo el país.
A Serra le correspondió afrontar sucesivas preguntas sobre su „admiración“ al presidente ruso, Vladímir Putin, o al expresidente de EEUU Donald Trump, como había declarado hace unos años en entrevistas. El director catalán, quien trabaja en una película sobre las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, no se retractó, aunque calificó de „irrelevantes“ sus opiniones como cineasta. „He dicho muchas cosas, incluso puedo haber dicho que soy el Papa de Roma. ¿Qué cambia lo que yo diga?“, afirmó. La escritora ucraniana Oksana Zabuzhko, asimismo miembro del jurado, intervino en la cuestión al explicar, irónicamente, que le había regalado un libro a Serra para „educarle“ sobre Ucrania.
La presente Berlinale será la última bajo la fórmula de dirección bicéfala compartida por Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek. Dejarán su puesto entre críticas, ya que se considera que en sus cuatro años de gestión el festival ha perdido relevancia internacional y, en lo mediático, es apenas una sombra respecto a sus rivales europeas, Cannes y Venecia.
Una presencia internacional de primer orden la tienen asegurada en su despedida con el Oso de Honor a Scorsese. Asimismo se espera en Berlín a Sharon Stone así como de la exsecretaria de Estado de EE.UU, Hillary Clinton, ambas invitadas a las galas del „Cinema for Peace“, que discurren en paralelo a la Berlinale.

viernes, 2 de febrero de 2024

El peso de la culpa alemana

 El debate sobre el supuesto antisemitismo de la Berlinale alcanza a un cineasta israelí, amenazado de muerte




El israelí Yuval Abraham (izquierda) y el palestino Basel Adra, en el momento de recoger el premio en la Berlinale, el pasado 24 de febrero / AP / MARKUS SCHREIBER


Gemma Casadevall

"Recibo amenazas de muerte y he tenido que cancelar mi vuelo de regreso. Esto me ocurre desde que medios israelíes y alemanes calificaron absurdamente de antisemita mi discurso en la Berlinale", escribía desde X -antes Twitter- el director de cine israelí Yuval Abraham, premiado en el festival de cine Berlín junto con su colega palestino Basel Adra por su documental 'No other Land'. La película, un documental sobre la demolición de poblaciones palestinas en Cisjordania por excavadoras y ejército israelíes, ganó el premio al mejor documental de la Berlinale y el del público de la sección Panorama.
El palmarés ya es historia -el Oso de Oro fue para la franco-senegalesa 'Dahomey', centrado en la descolonización de los museos africanos-. Pero lo ocurrido en la gala de los premios ha levantado ampollas en Alemania, país que practica, por responsabilidad histórica, el apoyo incondicional a Israel. Abraham y otros galardonados -como la brasileña Juliana Rojas, premiada por 'Cidade, campo', en la sección Encounters- expresaron su apoyo a los palestinos o clamaron por un alto el fuego en Gaza. Adra pidió el fin de los suministros de armas a Israel, Abraham habló de „apartheid“ contra los palestinos y el estadounidense Ben Russell, premio al mejor filme de la sección Encounters por 'Direct Action', pronunció la palabra "genocidio". Hubo ovaciones entre el público y apoyo por algún miembro del jurado.
Nada que no se haya visto en otras galas del cine, incluida la entrega de los Goya. Pero suficiente para desatar una tempestad en Alemania. Además del peso de la responsabilidad por el Holocausto, se teme tanto una instrumentalización de la crítica a Israel por la ultraderecha como una legitimización de los ataques de Hamás.
La clase política en pleno, desde el alcalde de Berlín, el conservador Kai Wegner, a la ministra de Cultura, la verde Claudia Roth, expresaron su estupor por el supuesto antisemitismo transmitido por la gala. La Berlinale emitió su enésimo comunicado distanciándose de las declaraciones de los cineastas. De poco sirvió que la codirectora del festival, Mariette Rissenbeek, hubiera dejado clara la condena a los ataques de Hamás del 7 de octubre en la apertura de la gala. La Berlinale ha quedado bajo sospecha de antisemitismo, una etiqueta amplificada desde todos los medios de comunicación de relevancia del país. Se ha publicado apenas algún comentario recordando que criticar a Israel no es, de por sí, antisemitismo -como el del politólogo Klaus Bachmann, en 'Berliner Zeitung'-. Pero domina el repudio sin paliativos, incluido a Abraham, hijo de supervivientes del Holocausto nazi.
Hay un claro divorcio entre esta especie de "pensamiento único" oficial y la calle, como lo demuestra el premio por votación del público a 'No other Land'. Todos sus pases estuvieron a rebosar de público joven, no identificable ni con la ultraderecha ni mucho menos con el temido yihadismo.

Dudas sobre el festival

La Berlinale es conocida como un festival de fuerte contenido político, pero en esta edición, la número 74, entró en conflicto con lo políticamente correcto. Era el último de la dirección bicéfala a cargo de la neerlandesa Rissenbeek y el italiano Carlo Chatrian. Dejarán el puesto tras cuatro años en los que la Berlinale ha perdido magnetismo mediático y tampoco ha convencido en lo cinematográfico.
Las presiones políticas han pesado sobre su gestión. Se vieron forzados a retirar las invitaciones a representantes de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), ante la lluvia de críticas del ámbito cultural contra esa presencia. El activismo pro-israelí salpicó algunos actos del festival -incluido uno con la exsecretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, increpada por su apoyo a Israel.
El próximo año asumirá la dirección la estadounidense Tricia Tuttle, por designación directa de la ministra de Cultura Roth.
Las dudas sobre el futuro no se limitan al festival, sino también a instituciones como la Filmoteca -Deutsche Kinemathek-, sus salas de cine Arsenal y el Museo del Cine, hasta ahora alojadas en un edificio vecino a Berlinale. Este año fue el último en el que se entregaron ahí los premios Fipresci de la crítica internacional -uno de ellos, para la sección Forum, a 'The Human Hibernation', de Anna Cornudella-. Su contrato de alquiler expiró, sin que se sepa dónde se alojarán en el futuro.

sábado, 25 de febrero de 2023

La nena de Basauri

   


Sofía convirtió en bueno un palmarés dudoso
Joana Serra

"A mi padre, Fernando Otero, el mejor padre del mundo entero", proclamó Sofía Otero sobre el escenario del Berlinale Palast, con su Oso de Plata en la mano y bajo la mirada de Estíbaiz Urresola, la directora de "20.000 especies de abejas". Entre el auditorio se alternaban las sonrisas y también las lágrimas, no solo por parte del aludido.
La Plata a la mejor interpretación entre las 19 películas a competición de la sección oficial de la Berlinale tenía muchos mensajes en clave. El de la niña a su padre real, confrontado al que interpreta en la película Martxelo Rubio, que no quiere ver como su hijo Aitor rechaza el nombre y el género que se le adjudicó.
La película de Urresola es una inmersión en el conflicto que genera en una familia la revelación de la transexualidad de Aitor, convertido en Lucía. La madre -Patricia López Arnaiz- trata de entender; otros rechazan esa transformación, en parte para preservarla de futuros conflictos como transexual.
La Plata a Sofía convirtió en aceptable un palmarés que, en su conjunto, fue controvertido. El Oso de Oro se fue para "Sur l'Adamant", del francés Nicolas Philibert, un documental en que hablan a cámara los pacientes de un centro de día psiquiátrico parisino. Un ejercicio más social que cinematográfico, que no fue bien acogido por la crítica que sigue el festival.
El Oso de Plata Gran Premio del Jurado fue para una de las favoritas al Oro, "Roter Himmel", del alemán Christian Petzold, un realizador habitual de la Berlinale y el más sólido aspirante al máximo premio entre los cinco representantes del cine alemán seleccionados para esta edición.
Se fue de vacío la mexicana "Tótem", de Lila Avilés y que planteaba otro retrato de una familia, en este caso agrupada en torno a un padre agonizante. Su protagonista era una niña de edad y rasgos parecidos a Sofía Otero, Naima Sentíes, la pequeña que asiste a los preparativos para el que será el último cumpleaños de su padre, rodeado de todos sus seres queridos.
Urresola tenía casi tantos elementos a favor como en contra para alcanzar el Oro. La acogida de su película tanto en los pases de prensa como en la gala del estreno fue más que cálida. Se apreció ahí más que una mera simpatía hacia una película destinada a tener una buena recepción en un festival comprometido temáticamente como es el berlinés.
Es una película que defiende el derecho a la diversidad de género, pero que trata con amor y respeto tanto a quienes comparten esa defensa como a quienes tratan de apartar a Aitor de un camino complejo.
El modelo de cine íntimo, familiar y sencillo de Urresola recibió fuertes aplausos en cada uno de sus pases durante la Berlinale. Antes de la ceremonia del Berlinale Palast, había recibido ya dos premios de los llamados jurados "independientes": primero fue el Gilde de Cine Artístico y Teatral; le siguió el del jurado de lectores del diario "Berliner Morgenpost".
Urresola acudió a recogerlos horas antes de la gala emocionada y destacando el hecho de que se trata de una película hablada en parte en euskera y el valor añadido que ello supone para el País Vasco.
Eso ocurrió sobre las doce y media del mediodía, en un acto sin pretensiones en la misma sala de prensa del Hotel Hyatt donde en todo el festival comparecieron ante los medios de directores, actores y equipo de cualquier filme de las secciones de la Berlinale.
Faltaban seis horas para la gala del Berlinale Palast, donde el jurado presidido por la actriz estadounidense Kristen Stewart iba a entregar sus Osos. Que entre su equipo hubiera dominio femenino -cinco mujeres y dos hombres- podía ayudar a una película dirigida por una mujer.
Pero que una de esas mujeres del jurado fuera precisamente otra española, la directora Carla Simón, ganadora en 2022 del Oro con "Alcarràs", podía ser hasta contraproducente. Era difícil -aunque no descartable- que el máximo galardón fuera dos años seguidos al mismo país, encima para otra película "sencilla y familiar" y dirigida por una mujer. Un cúmulo de paralelismos tal vez difícil de digerir para un jurado de procedencias diversas que tenía ante sí a 19 películas seleccionadas para la competición. Junto a Stewart y Simón integraban el equipo la actriz iraní Golshifteh Farahani, la directora alemana Valeska Grisebach, la estadounidense Francine Maisler, el director rumano Radu Jude y su colega chino Johnnie To. Cada uno con su forma de entender el cine, sus intereses y orientación.

Oso para Lucía en un palmarés desbarajustado



Berlin dio el Oro al cine social y premió la diversidad sexual con Sofía

Gemma Casadevall

Berlín, 25 feb (EFE).- La Berlinale entregó su Oso de Oro al cine "social", a través del documental sobre un centro psiquiátrico del francés Nicholas Philibert, en una edición del festival cuya reina absoluta fue Sofía Otero, la niña que personifica la defensa de la diversidad sexual en la película española "20.000 especies de abeja".
El máximo premio al filme del realizador francés es una de esas decisiones calificables de poco comprensibles y que probablemente se atribuirán a una supuesta falta de liderazgo de la presidenta del jurado, la actriz estadounidense Kristen Stewart.
"Sur l'Adamant", el filme premiado, no estaba entre las favoritas de los críticos que siguen el festival y fue recibido como una mera exposición o sucesión de pacientes de dicho centro de día, una barcaza en pleno Sena, en el corazón de París.
A "Roter Himmel", la sexta película con que el alemán Christoph Petzold acudía a la Berlinale, se le reservó el Oso de Plata Gran Premio del Jurado, cuando se barajaba para ese filme el máximo galardón. Y se dejó fuera del palmarés tanto a la mexicana "Totem", de Lila Avilés, como a la película de animación japonesa "Suzume", de Makoto Shinkai, ambas recibidas con entusiasmo en el festival.
Sobre el escenario del Berlinale Palast, Sofía Otero compensó con creces los desacuerdos que pueda generar el palmarés del jurado de Stewart, de cuyo equipo formaba parte la directora española Carla Simón, ganadora del Oro en 2022 con "Alcarràs".
"A mi padre, Fernando Otero, el mejor padre del mundo entero", proclamó la joven actriz, mientras entre el equipo de la película y los familiares de la niña presentes en la sala se repartían risas y lágrimas. "A mi madre, a mis hermanos..." siguió Sofía.
El homenaje a su padre, más allá de lo tierno o anecdótico, encaja en lo que es la película de Urresola: una inmersión en una familia del País Vasco, confrontada a la transexualidad de Aitor, el niño que no se identifica ni con ese nombre ni con el género atribuido.
El Oso de Plata a Sofía Otero era un premio al coraje de Urresola, cuya película es su ópera prima. El otro Oso de Plata de interpretación, en ese caso a un papel de reparto, fue para la alemana Thea Ehre, en el papel de una transexual recién salida de la cárcel, en "Bis ans Ende der Nacht" -"Till the End of the night", de Chistopher Hochhäusler.
El cine español y latinoamericano brillaron asimismo en secciones como "Encounters", destinado a nuevos creadores: "El eco", de la mexicana Tatiana Huezo, ganó el premio al mejor documental y también a la mejor dirección de esa sección.
El español Lois Patiño consiguió el premio del Jurado de Encounters por "Samsara", mientras que el premio a la mejor opera prima entre todas las secciones de la Berlinale fue para la argentina "Adentro mío estoy bailando", de Leandro Koch y Paloma Schachmann.
El cineasta español, afincado en Francia, Paul B. Preciado obtuvo una mención especial del jurado de "Encounters", así como el premio al mejor documental de los premios Teddy, orientados al colectivo LGTBI.
La 73 edición de la Berlinale era la cuarta con el italiano Carlo Chatrian y la holandesa Mariette Rissenbeck al frente de la dirección bicéfala del festival, que además recuperó todos sus formatos tras las restricciones de los años anteriores por la covid.
Eligieron un jurado con cinco mujeres y dos hombres: junto a Stewart y Simón integraban el equipo la actriz iraní Golshifteh Farahani, la directora alemana Valeska Grisebach y la estadounidense Francine Maisler, además del director rumano Radu Jude y su colega chino Johnnie To.
Al margen de las discusiones que pueda generar el palmarés, Chatrian y Rissenbeck lograron en su cuarto año una selección de 19 películas a concurso de calidad alta o suficientemente alta -con alguna excepción-.
Dominó el cine de autor sobre el de entretenimiento. Y se logró de nuevo el objetivo de llenar las salas de cine en distintos puntos de Berlín, con unas 400 películas en las distintas secciones del festival y para un festival que presume de popular, frente al despliegue de estrellas que caracteriza a Cannes. EFE
gc/ie
(foto) (vídeo)

viernes, 24 de febrero de 2023

Última ronda




Carla Simón, ante un reparto de los Osos "compensado, compartido y equilibrado"

Gemma Casadevall

Berlín, 24 feb (EFE).- La directora española Carla Simón, Oso de Oro de la Berlinale 2022 con "Alcarrás", avanza que el palmarés de la 73 edición será "compensado" en el reparto de distinciones, "compartido" por los siete miembros del jurado del que forma parte y "sin imposiciones" de ningún tipo.
La decisión final ya ha sido adoptada, explicó a EFE, en la víspera de la gala de los Osos, obviamente sin dar pistas acerca de quién se alzará con el Oro, pero segura de que "todos nosotros podemos vivir con lo elegido", en alusión al equipo que preside la actriz estadounidense Kristen Stewart.
"Ha habido mucho diálogo y el resultado es un palmarés muy compartido, de acuerdo a la voluntad de Kristen de que todo el mundo se sienta representado", dijo, y también bajo la premisa de que "nadie estará totalmente de acuerdo con todos los premios".
Han sido diez días para visionar las 19 películas a concurso, entre ellas la española "20.000 especies de abejas", de Estíbaliz Urresola, y la mexicana "Tótem", de Lila Avilés, ambas centradas en núcleos familiares: la primera, alrededor de un niño que se identifica como niña; la segunda, desde la mirada de otra niña ante la fiesta de cumpleaños de su padre, un hombre joven que agoniza.
En el jurado hubo un claro dominio femenino, con cinco mujeres frente a dos hombres. Además de Stewart y Simón, lo integraron a actriz iraní Golshifteh Farahani, la directora alemana Valeska Grisebach, la estadounidense Francine Maisler, el director rumano Radu Jude y su colega chino Johnnie To.
Esta composición "no ha influido en lo elegido", asegura Simón: "no nos hemos dejado llevar por quién ha hecho una película, sino por la película en sí".
Sí se ha notado la alta presencia femenina, sin embargo, en la forma cómo se ha desarrollado el diálogo y la consecución de ese resultado, insiste, "muy compartido".
Simón (Barcelona, 1986) había tenido ya varias experiencias como jurado, aunque no en uno tan numeroso y tampoco en un festival internacional de primera categoría, como la Berlinale.
"Es una responsabilidad. Te das cuenta de cómo un Oso de Oro ha marcado la vida de 'Alcarrás', cómo se ha visto fuera, cómo ha viajado, cómo se ha vendido en tantos sitios. Tienes la sensación de que debes elegir muy bien", explica.
Al mismo tiempo, admite, "te das cuenta de que en las conversaciones al final estás hablando de sensaciones, de intuiciones". Desde esta perspectiva, explica, "te preguntas cómo debían hablar hace un año de 'Alcarràs' y qué sensaciones produjo".
Estar en un jurado es también una manera de "abrir la mirada" hacia unas películas que "tal vez no verías, porque no es tu tipo de cine". La competición de la Berlinale es una especie de "termómetro sobre cómo está el mundo del cine y el mundo en general, los temas nos interesan más", resume.
El trabajo del jurado terminó el pasado jueves, puesto que el equipo de Stewart ve los filmes en sesiones y orden distintos que el discurrir del festival. Este viernes se estrenaban oficialmente las últimas dos aspirantes: "Bis ans Ende der Nacht", de Christoph Hochhäusler, la última de las cinco representantes del cine alemán a concurso, así como la francesa "Sur l'Adamant", de Nicolas Philibert.
Simón ha vivido un año frenético. En 2022 recogió su Oso de Oro embarazada y ahora regresó a Berlín con su bebé, que ha viajado con la directora -y la pareja o los padres de ésta- en muchas de las estaciones derivadas del éxito de "Alcarràs".
"El 1 de marzo me encierro de nuevo en la cueva. Ni una entrevista más", afirma. Tiene escrita una primera versión del guión de "Romería", su tercera inmersión en la familia -como fue "Estiu", premio a la mejor opera prima en la Berlinale de 2017 y luego "Alcarràs".
Empezó a escribir su guión en la pandemia y espera iniciar su rodaje en 2024. Simón advierte una diferencia entre esta tercera película y las anteriores: "Ahora será una reflexión sobre la memoria familiar, no una historia sobre una u otra familia", revela. EFE gc/jam/pi  (vídeo)  

Alemania y Francia cierran la caza del Oso de una Berlinale familiar y de autor

Gemma Casadevall

Berlín, 24 feb (EFE).- La película "Bis ans Ende der Nacht", de Christoph Hochhäusler, la última de las cinco representantes alemanas a concurso, junto con la francesa "Sur l'Adamant", de Nicolas Philibert, cerraron este viernes la búsqueda del Oso de una Berlinale volcada en el cine de autor y familiar.
A Hochhäusler, con un film cuyo arranque recuerda a las producciones televisivas policíacas, y Philibert, con un documental sobre un centro de día psiquiátrico en el Sena, les correspondió la última ronda de un festival cuyo jurado entregará mañana sábado los premios oficiales.
"Bis ans Ende der Nacht" -"Till the End of the Night"- sorprendió con la magnífica interpretación de Thea Ehre, en el papel de una transexual recién salida de la cárcel y utilizada como cebo por su agente domiciliario.
"Sur d'Adamant" fue acogida como el documental "social" de presencia casi obligada en cualquier festival, que retrata uno a uno a los pacientes de un establecimiento que bien podría ser un hostal, en el corazón de París.
El cine alemán cerró así su propio desfile, con un balance más que bueno y un firme candidato al Oso de Oro, Christian Petzold, por sexta vez en la competición de la Berlinale, de nuevo con Paula Beer y un "Roter Himmel" -"A fire"- con el que parece haber encontrado, por fin, la película redonda.
Decepcionó en cambio Margarethe von Trotta, que no consiguió convencer con su "Ingeborg Bachmann", pese a la soberbia interpretación de Vicky Krieps sobre la escritora austríaca, emancipada y exitosa, pero rota por el abandono de su colega Max Frisch.
El nombre de Petzold se baraja en las apuestas que circulan por el festival junto con el de la mexicana Lila Avilés y su "Tótem", la película apoyada en la mirada de una niña -Naima Senties- ante la fiesta familiar que se le prepara por su cumpleaños a su padre, un hombre joven que agoniza entre sus seres queridos.
Conmovió asimismo "20.000 especies de abejas", de la española Estíbaliz Urresola, cuyo personaje central interpreta otra niña de edad parecida, Sofía Otero, en el papel de un niño que no se identifica ni con el género ni con el nombre que se le ha adjudicado, Aitor.
Las preferencias de la revista de la Berlinale, "Screen", se inclinaban a media semana por "Past Lives", dirigida por la surcoreana-canadiense Celine Song y alrededor de una historia de amor abruptamente interrumpida, pero nunca abandonada, entre Corea del Sur, Canadá y finalmente Nueva York.
Pero dos estrenos en los últimos días del festival podrían dar la vuelta a favor de Asia, principalmente "Suzume", de Makoto Shinkai, el regreso del cine de animación japonés a la Berlinale tras el "Spirited Away" de Hayao Miyazaki, ganadora del Oro en 2002 -un máximo premio ex aequo con "Bloody Sunday".
La otra opción asiática es la china "Art College 1994", de Liu Jian, asimismo de animación.
No hay pronósticos sólidos para un festival de cine cuyo palmarés no suele coincidir con las quinielas. El jurado presidido por la actriz estadounidense Kristen Stewart tomó ya su decisión, según avanzó a EFE la directora española Carla Simón, miembro de su equipo y ganadora del Oro en 2022 con "Alcarràs".
Será un reparto de premios "compensado", "compartido" por los siete miembros del jurado del que forma parte y "sin imposiciones" de ningún tipo, explicó.
En el jurado hubo un claro dominio femenino, con cinco mujeres frente a dos hombres. Además de Stewart y Simón, lo integraron a actriz iraní Golshifteh Farahani, la directora alemana Valeska Grisebach, la estadounidense Francine Maisler, el director rumano Radu Jude y su colega chino Johnnie To.
Esta composición "no ha influido en lo elegido", asegura Simón: "No nos hemos dejado llevar por quién ha hecho una película, sino por la película en sí".
Sí se ha notado la alta presencia femenina, sin embargo, en la forma cómo se ha desarrollado el diálogo y la consecución de ese resultado, sostuvo, "muy compartido" por todos sus miembros. EFE
gc/psh   (vídeo) (foto)  

jueves, 23 de febrero de 2023

Dos de dibujos animados

 La Berlinale se sumerge en la magia de la animación asiática

 Gemma Casadevall


Berlín, 23 feb (EFE).- La Berlinale se abandonó a la magia asiática a través de "Suzume", una película de Makoto Shinkai en que conviven la mitología japonesa y el imperio de lo digital, representante del cine de animación en lucha por los Osos del festival junto con la china "Art College 1994".
Era la primera vez en dos décadas largas en que Japón estaba en la competición oficial del festival con una película de animación, tras el "Spirited Away" de Hayao Miyazaki que ganó el Oro en 2002 -un máximo premio ex aequo con "Bloody Sunday".
"El cine de animación permite trasladar a un amplio público, adulto o niños, filmes que a unos les remite a los más traumáticos terremotos sufridos por mi país y a otros a la aventura o el sueño romántico", explicó Shinkai (Nagano, 1973), considerado el heredero de los maestros japoneses de este género.
El título "Suzume" remite al nombre de una muchacha de 17 años, que un día camino a la escuela en su bicicleta se topa con el enigmático Souta, un joven rastreador de puertas misteriosas entre ruinas dejadas por seísmos devastadores, tras las cuales se esconde el monstruoso generador del siguiente terremoto.
El joven es el cerrajero depositario de una llave capaz de contener al enorme gusano. Pero un gatito aparentemente inofensivo lo deja convertido en la silla infantil de tres patas, recuerdo para Suzume de su madre, muerta siendo una niña.
Arranca ahí la mágica aventura de iniciación de la muchacha y su chico-silla, a través del Japón sacudido por sucesivos seísmos, más el traumático tsunami. El altamente tecnificado Japón actual, sus modernos sistemas de alarma, teléfonos inteligentes y GPS pueden paliar sus efectos, pero solo una adecuada interpretación de los mitos le preservará de la destrucción.
"La animación consigue que veamos películas como la nuestra desde la perspectiva del cine de entretenimiento", explicó Shinkai. El realizador japonés, catapultado al reconocimiento internacional y el éxito comercial en 2016 con "Your Name", combina en "Suzume" la fascinación por los mitos con el homenaje al espíritu de lucha de su país frente a las catástrofes generadas por la madre Tierra.
Cada uno de los filmes surgidos de la factoría japonesa es, a la vez, exponente de sus prodigios tecnológicos, entre personajes y comportamientos que reproducen lo humano hasta el detalle o inventan catástrofes difíciles de plasmar fuera del ámbito de la animación.
Habría sido el único entre los aspirantes al Oso de esa escuela asiática, de no haber sido que la Berlinale incluyó en el último momento entre los 19 seleccionados de la sección a concurso a la china "Art College 1994", de Liu Jan.
Son producciones muy distintas tanto en lo temático como en el ritmo. "Suzume" va de lo poético a la catástrofe de forma trepidante, mientras que Liu busca el retrato de la sociedad de su país a través de un grupo de estudiantes que conversan o reflexionan sobre tradición y modernidad, arte y filosofía.
Es cine de animación que toca de pies al suelo y con el que Liu regresa a la competición de la Berlinale, tras haber estrenado en 2017 "Have a Nice Day", una película que de la capital alemana viajó luego a festivales de todo el mundo, desde Londres a Sitges (España) o Tesalónica (Grecia).
Completó la penúltima jornada concurso de la 73 edición de la Berlinale "Limbo", una espléndida exposición de cine en blanco en negro dirigida por Ivan Sen, que convierte a Simon Baker en un policía australiano investigando el asesinato de mujer aborigen veinte años atrás.
Es una película de protagonismo compartido entre el agente blanco -y, por tanto, generador de desconfianzas en el entorno de la víctima- y el desierto australiano, además del destartalado vehículo en que se mueve el policía.
"Procedo de esas tierras. Conozco su valor para todos nosotros, aborígenes o no. Es más que un paisaje, es nuestro estado de ánimo", explicó el cineasta, hasta ahora más identificado como "autor" de otros festivales europeos, como Cannes, que de Berlín. EFE  gc/jam/psh


La "Misión a Marte" de Vallmajor o cómo triunfar en paralelo en la Berlinale

Gemma Casadevall

Berlín, 23 feb (EFE).- La Berlinale consta en su 73 edición de unos 400 filmes, entre los 19 que luchan por los Osos en su sección oficial, los 16 de la sección Encounters para nuevos creadores, los de Panorama, Generation, Forum, Series, Retrospectiva y Homenajes, así como los del European Film Market.
Teóricamente hay espacio suficiente para todas las escuelas, formatos y tendencias, actuales o clásicos, para un festival que abrió el pasado 16 de febrero y que entregará sus premios oficiales el próximo sábado. A las proyecciones en esas secciones se suman además las sesiones o workshop del Talent Campus.
Más allá de esos espacios, discurre en paralelo la llamada Semana de la Crítica -"Woche der Kritik"-, con una treintena de títulos procedentes todo el mundo, entre ellos "Misión a Marte", de Amat Vallmajor del Pozo (Girona, 1996), cineasta formado en la Elias Querejeta Zine Eskola de San Sebastián.
"En un formato paralelo a la Berlinale, sin alfombras rojas, sin famosos. Con muchos debates y con un programa que incluye debates previos a la proyección de tu película con otras de los 80", explicó a Efe el director, tras el estreno de su filme en la capital alemana.
A Vallmajor le correspondió compartir la sesión con la estadounidense "Cafe Flesh" (1982), de Stephen Sayadian, y la surcoreana "The fifth thoracic vertebra" (2022), de Syeyoung Park.
"Misión a Marte" es una especie de "road movie" que parte de un País Vasco post-apocalíptico, atravesado por nubes tóxicas, para ir a parar a Vergès, la población catalana donde creció Vallmajor y donde vive su madre, Mila del Pozo, parte del trío protagonista del filme.
"Es una película en clave de apocalipsis doméstica, para echar unas risas y pensar un poco, pero no mucho", explica el director. El peso de su película recae sobre dos hermanos -Txomin y Gerardo del Pozo-, los tíos del director.
Uno es arqueólogo, contratado para ir a hacer un peritaje a Marte, una misión para la que se busca de acompañante a su hermano, quien accede pese a su mal estado de salud.
Juntos parten de Eíbar, en el País Vasco, hasta Verges, lo que implica una larga conversación en que se alternan conocimientos de meteoritos con cuestiones domésticas, comentarios sobre la lucha contra la banda terrorista ETA o curiosas teorías sobre el nazismo.
"No hay que tomarlo en serio. Hay cosas que suenan a conspiranoico, porque así son a veces las cosas que dicen mis tíos", explica Vallmajor. Para el director, la película es un recorrido sobre las conversaciones que él mismo escuchaba, de niño y en ese mismo trayecto, viajando con esos dos parientes.
"Misión a Marte" es la opera prima de Vallmajor, que ejerce de panadero en el País Vasco, y que se tomó unos días para asistir en Berlín a la Semana de la Crítica. La película había tenido previamente su estreno en la última edición del Festival Internacional de Cine de Gijón y se proyectó a continuación en el Festival de Pontevedra (Novos Cinemas).
Su próxima estación será el D'A Film Festival de Barcelona, que tendrá lugar el próximo mes de marzo. 

miércoles, 22 de febrero de 2023

Lucía, Paula, Iceta y, de postres, una portugesa

La Lucía de Urresola y el cielo rojo de Petzold a por su Oso

Gemma Casadevall

Berlín, 22 feb (EFE).- La 73 edición de la Berlinale tuvo este miércoles una jornada redonda en su sección oficial, a través de las "20.000 especies de abejas" de la directora española Estíbaliz Urresola y de "Roter Himmel" -"Cielo rojo"- del alemán Christian Petzold, un habitual del festival alemán, ahora encaminado al Oso.
La aceptación de la diversidad sexual empieza con la de un niño es el mensaje de la directora vasca, seleccionada entre las 19 películas de la sección a competición del festival alemán. La suya es una película que penetra en la vida interna de una familia, como hizo Carla Simón en "Alcarrás" -Oso de Oro en 2022-.
"Mi deseo fue aportar algo, desde mi ámbito de trabajo, que es el cine, a la tarea de aproximar posiciones que aparentemente están muy distantes", explicó Urresola (Bilbao, 1984). El cine será la "herramienta" para acercarse al despertar de la transexualidad en Aitor, el niño de ocho años interpretado por Sofía Otero, que no se siente cómodo ni con ese nombre ni con el apodo neutral "Cocó".
Su entorno es una familia vasca bien estructurada y moderna, pero con goteras: el matrimonio se encamina a la ruptura, la madre busca retomar su carrera como escultora y asoman asimismo los problemas económicos.
Urresola describe en su filme "múltiples despertares". Uno de ellos es la transexualidad de Aitor que empieza a reconocerse a sí mismo bajo otro nombre -Lucía-. La madre (Patricia López Arnaiz) respetará el derecho de su hijo a vestirse como una niña, pese a reconocerse desbordada por la situación.
El padre (Martxelo Rubio) considerará que a los ocho años es pronto para darle paso a la "Lucía" que clama dentro de Aitor. Son dos de las posiciones "distantes" que plantea la película, junto con la de la abuela católica practicante (Itziar Lazcano) y una tía apicultora (Ane Gabaraín).
Conviven en su película muchas miradas sobre la transexualidad, de la restrictiva a la tolerante. Todo ocurre durante unas vacaciones en la casa de la abuela en el País Vasco. Los menores están más capacitados para encajar los cambios, mientras el mundo adulto no sabe cómo afrontarlos, sea por conservadurismo o por temor a los problemas que aguardan a Aitor.
El peso del filme recae en Sofía Otero, aunque es una película coral con una dinámica intimista similar a la de "Tótem", la película dirigida por la mexicana Lila Avilés, asimismo a competición. Ahí la protagonista es Sol, otra niña de edad parecida, hija de un hombre joven que agoniza y al que su familia prepara una fiesta de cumpleaños con sus seres queridos, hermanos, amigos, colegas y la pareja.
En el film de Urresola domina la constelación femenina formada por la madre, la abuela y la tía, aunque finalmente la respuesta adecuada procederá de Eneko, el hermano algo mayor.
"20.000 especies de abejas" compartió la jornada con el "Cielo rojo" de Petzold, la segunda pieza de su trilogía sobre el insomnio iniciada con "Undine (Ondina)".
Retoma a su musa de entonces, Paula Beer, aunque ahora quien no puede dormir es un joven novelista, Thomas Schubert, que va a pasar unos días con su amigo Felix a una casa enterrada en un bosque junto al litoral báltico alemán con intención de trabajar.
Leo, el escritor que interpreta Schubert, es un tipo permanentemente crispado, con sobrepeso y confrontado al trío de esbeltos, lúdicos y constructivos amigos que forman Felix, Nadja y un rescatista de la playa. No puede dormir porque le atacan los mosquitos, porque escucha las noches de sexo de la pareja o porque intuye que su novela es un bodrio.
Ninguno atenderá al incendio forestal que forzó ya a evacuar poblaciones vecinas y que da el título al quinto filme con que Petzold busca su Oso berlinés, entre ellos "Barbara" -Plata a la mejor dirección en 2012-.
Ambas producciones son firmes aspirantes a los premios, que entregará el jurado internacional dirigido por la actriz estadounidense Kristen Stewart y que cuenta entre sus miembros con Simón, el Oro de 2022. EFE

Iceta advierte en Berlín de los techos aúnpor romper por la mujer en el cine

Berlín, 22 feb (EFE).- El ministro español de Cultura, Miquel Iceta, destacó hoy desde la Berlinale la fuerza adoptada por directoras como Estíbaliz Urresola, aspirante a los Osos con "20.000 especies de abejas", pero advirtió de los "muchos techos" que quedan por romper para una cineasta.
"No me gustaría que encasillásemos a las directoras solo en un cine muy intimista. Están demostrando que son capaces de hacer buen cine en todos los terrenos", afirmó Iceta en un aparte con los medios, tras visitar el pabellón español European Film Market, evento paralelo a la Berlinale.
Según Iceta, tanto en el cine español como en el europeo "no se estaba dando la importancia suficiente a la mirada de la mujer", mientras que -"aunque a los hombres nos cueste entenderlo", admitió- las mujeres son capaces de ver "un mismo problema desde otro ángulo" y ese ángulo puede ser "fundamental".
El ministro de Cultura consideró que las políticas públicas deben contribuir a "seguir rompiendo" los límites que se encuentran aún las mujeres para la dirección y recordó que la pasada edición de los premios Goya fue muy buena "porque mostró la gran capacidad de nuestras mujeres" cineastas.
Iceta aludió ahí a la gran cantidad de mujeres cineastas candidatas a los premios nacionales -"aunque también hubo quejas de que no fueron tantas las premiadas", admitió-. "Ésa es la garantía de futuro que debemos celebrar", añadió, en relación a las nominaciones.
El ministro español acudió a la Berlinale para el estreno de "20.000 especies de abejas", una película que aborda la diversidad sexual a través del personaje de Aitor, un niño de ocho años que no se siente cómodo con ese hombre y en el que progresivamente va revelándose su personalidad como Lucía.
Al hablar de diversidad sexual "estamos hablando de sentimientos, estamos hablando de libertad, estamos hablando de derechos", apuntó Iceta sobre esa la película, una de las 19 aspirantes de la sección oficial de la Berlinale, donde el año pasado se alzó con el Oro "Alcarrás", de Carla Simón.
"Los avances a veces cuestan, pero cuando se producen son irreversibles. Así va a pasar con la ley trans, como pasó con la ley de divorcio, con la ley del aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo", pronosticó.
Iceta, quien visitó el European Film Market unas horas antes del estreno de "20.000 especies de abejas", destacó asimismo la importancia de ese espacio, aunque obviamente la atención mediática se centre en el festival.
"El Market es donde se compran y se venden producciones, ideas. No es la alfombra roja, pero es lo que permite que exista la alfombra roja", afirmó, para destacar el buen momento del cine español, reflejado asimismo en la atención acaparada en el recinto del Gropius Bau, donde se desarrolla el mercado.
La visita al recinto tuvo lugar tras la presentación ante los medios de la Berlinale de la película de Urresola (Bilbao, 1984), cuyo filme describe la vida interior y entorno familiar, escolar y social de Aitor, el niño que interpreta Sofía Otero, que no se siente cómodo ni con ese nombre ni con el neutral de "Cocó".
El filme se centra en un núcleo familiar, donde la madre -Patricia López Arnaiz- representa la aceptación del derecho a la diversidad, mientras que el padre -Martxelo Rubio- considera que con ocho años es pronto para darle paso a la "Lucía" que Aitor dice llevar dentro.
Son dos de las posiciones "distantes" que aparecen en la película, junto con las de la abuela católica practicante -Itziar Lazcano-- y una tía apicultora -Ane Gabaraín-, reveladora de múltiples diversidades. EFE gc/jam/cg (video)  

Brandon Cronenberg exhibe en Berlín su último horror

Berlín, 22 feb (EFE).- El director canadiense Brandon Cronenberg exhibió hoy en la Berlinale "Infinity Pool", el último film de horror que lleva la firma de un apellido identificado con el cine inquietante y que aportó al festival berlinés una alfombra roja rica en estrellato.
De "subjetiva" y "algo salvaje" calificó Cronenberg su nueva película, proyectada en la sección Berlinale Special con rango de estreno europeo, tras su paso por el festival estadounidense de Sundance.
El escenario elegido es un resort turístico exquisito, instalado en una corrupta dictadura de un país extremadamente pobre. Al visitante le conviene no tratar de salir del recinto, puesto que tras las vallas de protección le puede pasar lo de al matrimonio formado por James y Em -Alexander Skarsgard y Cleopatra Coleman-.
Un accidente de automóvil puede implicar pena de muerte, que solo evita un extranjero rico si accede a pagar una fuerte cantidad y dejar que se genere un clon suyo perfecto, al que se ejecutará ante sus ojos.
En la misma sala donde se le comunica la sentencia hay un cajero automático para facilitar la operación, tras lo cual se ingresa también casi automáticamente a una comunidad de ricos decadentes. Practican el procedimiento reiteradamente y coleccionan las urnas de los ejecutados.
El filme de Cronenberg, continuador de la escuela de su padre, David Cronenberg, no se inscribe realmente en el género del terror, sino más bien del cine violento.
Su programación en la Berlinale dio al festival los rostros más mediáticos de la jornada. Junto al propio Cronenberg acudió Skarsgard -hijo a su vez de un habitual en otras ediciones, Stellan Skarsgard-, así como Mia Goth.
"Mi personaje es un novelista sin talento que lleva años sin publicar y que vive a expensas de su adinerada esposa. Es un perrito que reacciona al primer halago", explicó Skarsgard, respecto a un personaje que le lleva a aparecer más y más ensangrentado a cada ejecución de algún clon.
Gabi, el personaje de Goth, es una actriz asimismo sin talento que, como James, lleva una vida de lujo gracias al marido millonario.
La diferencia entre ambos es que uno seguirá siendo, tras sucesivas operaciones de clonado, un personaje sometido, mientras que ella desarrolla un sadismo aparentemente ilimitado.
"Infinity Pool" sigue la regla del "nada es verdad, pero todo es posible", en palabras de su director, una de las características de la filmografía Cronenberg, padre o hijo. Que el ejecutado sea el clon o el original es una de las preguntas que queda para el espectador.
La película deriva en una exhibición de violencia extrema, más algunas escenas de sexo bajo alucinógenos, que causó cierta decepción a quienes esperaban algo en la línea de "Antiviral", que fue exhibido en Cannes en 2012.
El festival berlinés suele alternar estas producciones fuera de competición, que aportan las presencias mediáticas que generalmente no genera el llamado cine de autor de la sección oficial a concurso EFE

El portugués Canijo, a por un doble triunfo en Berlín con un fado y un hotel

Berlín, 22 feb (EFE).- El director portugués Joao Canijo compitió hoy en la Berlinale con "Mal viver", una película concebida como un doble proyecto cinematográfico con el que buscará el triunfo tanto en la sección oficial como en Encounters, el segundo gran apartado del festival alemán.
"Mi protagonista es un viejo hotel, algo destartalado, donde iba de niño con mis padres. Pensé que lo habrían demolido ya, pero descubrí que sigue en pie", explicó el director, en su presentación ante los medios, acerca del establecimiento en que discurren lo que en realidad son dos filmes paralelos, "Mal viver" y "Viver mal".
"Mal viver" es el que quedó seleccionado entre los 19 aspirantes a los Osos de la 73 edición del festival, mientras que "Viver mal" forma parte de los 16 que compiten por el premio en Encounters.
En ambos casos, toda la acción discurre en un hotel semiabandonado a 40 kilómetros de Oporto. Ahí se mueven cinco mujeres entre las que se cruzan complejas relaciones madre-hija, en un ambiente que va de la melancolía característica de un fado al desgarro, la desesperanza y la amargura.
"Son mujeres pérfidas aparentemente. Pero en realidad en nudo de relaciones entre ellas va mucho más allá de ese calificativo", explicó Beatriz Batarda, una de las actrices del equipo, estrictamente femenino en lo que respecta al filme a concurso.
En el viejo hotel, que conserva su majestuosa piscina con una vista panorámica excepcional, subsisten esas mujeres con apenas algún que otro cliente esporádico, a los que Piedade -Anabela Moreira- brinda el mismo trato exquisito y algo trasnochado de sus tiempos como establecimiento de lujo.
La contraparte de Piedade, la dueña, es su hija Salome, cuyo regreso reabre heridas del pasado, especialmente en lo que se refiere a la figura del padre.
La película recuerda por momentos los dramas entre personajes fuertes femeninos del alemán Rainer Werner Fassbinder o el francés Jacques Rivette, a medio camino entre el teatro y el cine, entre escenas plagadas de dobles interpretaciones, malentendidos y cuentas pendientes.
"Mal viver" se estrenó en la jornada de la sección oficial este miércoles tras "Roter Himmel", del alemán Christian Petzold, y "20.000 especies de abejas", de la española Estíbaliz Urresola, dos películas consideradas firmes aspirantes del Oso del festival.
"Viver mal" se presentará mañana, jueves, en Encounters, la sección dedicada a nuevos lenguajes cinematográficos.
El director artístico del festival, Carlo Chatrian, destacó al anunciar la programación completa de la Berlinale el hecho de que es la primera vez que un mismo director compite de forma paralela en las dos grandes secciones.
Chatrian situó a Canijo en la estela del gran maestro del cine portugués, Manoel de Oliveira, de quien fue asistente de dirección, antes de trazar su propia carrera, con alrededor de diez largometrajes presentados en festivales de cine internacionales, como Cannes, Venecia, San Sebastián y Toronto.