martes, 18 de febrero de 2025

De la aversión al cine 'con niño' al galán disfrazado de viejo






Es conocida la aversión de muchos, o tal vez solo algunos, a las películas 'con niño'. Esta predisposición en contra se ve reforzada si luego se incorpora al actor infantil en la rueda de prensa. Estas cabecitas que asoman apenas por detrás del micro o la botella de agua y responden con timidez o inusitada soltura. De acuerdo a su cometido, despiertan la ternura de algunos asistentes. Pero no de todos. 

Existe la variante de los equipos que desisten de incorporar a la criatura en su rueda de prensa. Pero es casi inevitable que luego aparezca sobre la alfombra roja. O que suba a recoger el Oso, si lo recibe, con parecidas muestras de ternura entre el auditorio. Así fue en 2023 con Sofía Otero, la niña vasca protagonista de '20.000 especies de abejas'. Dedicó su Oso de Plata a su padre en la vida real, "el mejor padre del mundo entero" y se desparramaron sonrisas y lágrimas entre el auditorio. 
'El mensaje', del argentino Iván Fund, fue el aspirante a Oso de este año entre lo definible como 'película con niño'. Esta vez su criatura no es el niño transgénero que no quiere que le llamen Aitor, sino Lucía. Pero también es una historia familiar, tejida en torno a un trío formado por una nena capaz de comunicarse con mascotas de todo tipo, sean gatos o tortugas. Recorre con su dinámica abuela y la pareja de ésta pueblos y ciudades en una destartalada furgoneta. Y visita de vez en cuando a su mamá en un sanatorio mental. El negocio de la vidente infantil funciona sin que se llegue a aclarar si hay o no engaño. En cualquier caso sería un engaño menor y por razones de intendencia. Mínima y sin lujos, con el formato en blanco y negro elegido por Fund. El resultado es una película con niño ante las que los adversos al género reconocen méritos y agrados.
Otra aversión bastante extendida es la que sienten muchos, o algunos, ante películas en que se esconde bajo gruesas capas de maquillaje o prótesis a un actor determinado, identificable como galán, para avejentarlo o convertirlo en jorobado por exigencias del papel que interpreta. Surge la pregunta de por qué no se buscó a un actor de la edad y físico adecuado al personaje. Este fue el caso de la guapísima Charlize Theron masculinizada para 'Monster' (2003), por citar un precedente de la Berlinale. O ahora de Ethan Hawke en 'Blue Moon', de su director del alma Richard Linklater. 
El papel a interpretar es el de Lorenz Hart, compositor legendario en crisis, pegado a la barra de bar mientras otros triunfan. Es difícil saber si está bien o mal en su personaje. El maquillaje embarra su interpretación. Finalmente resultan más convincentes los diez minutos en que la estupenda Margaret Qualley le relata sus asuntos sexuales en el guardarropía que el prolongado discurseo del encorvado Hawke. 

lunes, 17 de febrero de 2025

Las puertas correderas no dan la felicidad


No es lo más habitual que en una misma Berlinale coincidan dos películas alemanas que resulten buenas o destaquen por su buena interpretación. No es por falta de presencia del cine anfitrión, porque un festival subvencionado como la Berlinale no podría permitírselo. Pero incluso en ediciones donde ha habido dos o tres representantes locales, más coproducciones con participación germana, el balance final es de, como máximo, una buena y el resto no, sea por pretenciosa, aburrida o solo apta para el público de la casa. Por no hablar de los años en que el festival tuvo que dar explicaciones por no haber incluido en su competición títulos que luego aclamó la Academia de Hollywood, como 'La vida de los otros'. La lista de olvidos históricos es larga. La de inclusiones a concurso de películas fallidas, simplemente por 'anfitrionas', aún lo es más.
La primera edición bajo Tricia Tuttle ni abusó ni ignoró el cine alemán. Dos de las películas a concurso identificables como 'alemanas' salieron más que bien paradas. No pecaban de excesivas, estaban magníficamente interpretadas y presentaban situaciones no tan comunes. La primera, 'Was Marielle weiss', de Fréderic Hambalek, coloca a un desbordado matrimonio ante el tierra trágame de un hija adolescente que escucha y ve todo, pero todo, lo que esos dos adultos llamados padres dicen cuando no está delante. Por todo se entiende los flirteos subidos de tono de la madre, Julia Jentsch, con un colega de trabajo. O las arrogancias del padre perfecto en su ámbito laboral. Una situación insostenible y embarazosa para progenitores y adolescente, que Hambalek resuelve con ironía. Fue el regreso de Jentsch convertida en adulta, años después de ganar el Oso de Plata por su iluminada interpretación de la adolescente Sophie Scholl, paradigma de la resistencia contra el nazismo.

La segunda fue 'Mother's baby', de Johanna Moder, que en realidad es austríaco-suiza, pero que se percibe como alemana. Ahí no hay risas posibles, sino una exitosa directora de orquesta que queda embarazada gracias a los prodigios de la ciencia, pero que cuando tiene el bebé en sus brazos no sabe si es suyo. ¿Depresión post-parto o una revisión de 'La semilla del diablo'? La duda es legítima y la intención del filme es que uno salga del cine sin acabar de decantarse por lo uno o por lo otro.

Pero no es esa la única incertidumbre que dejan ambas películas. El tono es distinto, pero comparten un denominador común inquietante: por qué nos empeñamos en habilitar nuestros hogares con puertas correderas, sinónimo de aislamiento térmico, acústico, en hogares modernos de líneas impolutas Bauhaus, en frío acero o en madera. Se las identifica con bienestar y silencio. Pero al final los seres que habitan tras esas puertas correderas no saben ahuyentar mejor que el resto de los mortales sus problemas. Ambos acomodados hogares, la del matrimonio espiado por su propia hija y la del bebé surgido de una siniestra clínica privada, viven en ese tipo de casas unifamiliares o apartamentos dotados de puertas correderas. Nada les aisla de sus demonios interiores.
 
Cero aislamiento término proporcionaba el regreso a casa pasadas las 23.00 desde la Haus der Kulturen der Welt, en el corazón del Tiergarten. Adentrarse en el bosque que envuelve la que fue la sede de mis primeras Berlinales da miedo. Ahí la nieve es más fresca y menos propicia a resbalarse. Pero hay que tener el arrojo que se tuvo en esos primeros años berlineses para atreverse. Esperar el autobús, a -7 grados, tampoco es opción. Finalmente se decide uno por andar sobre la algo más segura calzada hasta la Brandeburger Tor. Es algo más que un kilómetro, pasan pocos coches y se hace largo. Pero cuando aparece finalmente la silueta de la Tor al final del último tramo de pista deslizante se da todo por bueno. Todo o casi todo. El motivo para arriesgarse hasta esa algo remota sala era recuperar una película no vista en el pase oficial. 'La tour de glace', una atrocidad soporífera protagonizada por Marion Cotillard en formato 'Reina de las Nieves'. Son 118 minutos que no aportan nada. El regreso a casa acaba siendo más gratificante y bello que seguir en la sala. La excursión sirve de pretexto para recordar esos primeros tiempos en que ese mismo lugar era la sede oficial de la Berlinale y tu eras unos treinta y algo años más joven.

domingo, 16 de febrero de 2025

La diosa Chastain y la violencia contra la mujer como género






No importa si eres la diosa por excelencia del cine mundial o una trabajadora brasileña a la que la cuenta atrás hasta la jubilación retira de la vida pública. La industria del cine siempre encontrará la manera de representar el maltrato a la mujer en sus múltiples formas. 
Han bastado para comprobarlo apenas cuatro jornadas de las diez que tendrá la competición de la Berlinale -ocho, en realidad, porque, las dos últimas son de recreo y sin aspirantes a nada-. La abuela brasileña es Denise Weinburg, una mujer que se niega a ser retirada de su casa, su familia y su entorno en una jaula en 'O Ultimo azul'. La diosa, Jessica Chastain, la pelirroja de melena perfecta, la mujer exquisita de 'Dreams', que de amar, exprimir y manipular a un sin papeles mexicano pasa a verse humillada. 
El excelente cine chino incluyó en su episódica historia familiar de 'Living the Land'el drama de tantas mujeres entregadas a un matrimonio concertado o a sujetarse a las crueldades de la regla del hijo único. El reparto de maltratos posibles a la mujer subió enteros en la siguiente superproducción china, 'Girls on Wire'. Es la historia de dos muchachas que van de tortura en tortura, esclavizadas, golpeadas y brutalizadas por el entorno masculino. Por un lado está la madre soltera forzada a convertirse en drogadicta; por el otro, su prima que trabaja como 'extra' en películas de artes marciales para pagar las deudas contraídas por los hombres de su familia. La joven a la que su prima más joven idolatra porque se la imagina triunfando en el cine. Los imperativos de guión significan, para ella, que se la sumergirá sin piedad decenas de veces en un río helado. El frío no importa ni tampoco que tenga la regla. Hay que insistir hasta lograr la escena perfecta.

¿Será esta película de Vivian Qu la más dura exposición de violencia contra la mujer en este festival? De ningún modo. La industria del cine aporta tantas versiones de maltrato a la mujer que a veces cuesta distinguir el producto que quiere denunciar o sensibilizar sobre estas situaciones del que busca el morbo. Al fin y al cabo, ver a una mujer sufriendo, humillada, violada, golpeada, arrastrada por los pelos tiene su público. Esencialmente masculino.    
Chastain fue la diosa perfecta, como lo es su cabellera. La película del mexicano Michel Franco rechina por muchos lados. Incluido el dudoso mensaje que acaba dejando acerca del drama de los sin papeles mexicanos que cruzan a Estados Unidos.   

 

sábado, 15 de febrero de 2025

La sonrisa de Pattinson y la camiseta imperio de Chalamet

Incluso los menos fascinados por Robert Pattinson vamos admitiendo que, poco a poco, se le ha ido borrando el rostro de vampiro. Sus 17 muertes de 'Michey17', la última de Bong Joo-Ho, podrían ser 27 o 57, porque es así como se perciben. Y lo de postularse como ser desechable y convertir esa categoría en un oficio de por vida y más allá de la muerte tiene su parte imaginativa, pero también excesiva. No, la nueva película del aclamado director coreano no tiene la gracia ni transmite el talento, la profundidad, la sabiduría o la sátira de 'Parasite'. Pero la inclusión de esta película calificable como de ciencia ficción extremista en el 'Berlinale Special' estaba más que justificada por el obvio impacto mediático de Pattinson y el regreso de Bong Joo-Ho. Como todo el mundo dice saber en este tipo de situaciones, era lo más esperado de la Berlinale y se presentaba además como première mundial. Antes del pase para los medios se requirió una y otra vez a los presentes que respetaran el embargo, so pena no se sabe qué, hasta la proyección oficial. Un requerimiento un poco absurdo, en tiempos de blogueros y redes desatadas, sobre todo teniendo en cuenta que horas antes de levantarse el embargo oficial hay una rueda de prensa, que se transmite vía streaming planetario y en abierto. Es casi una invitación a soltar un par de pinceladas, al menos, con la excusa de cualquier frase que pueda soltar Pattinson o quienes le preguntan, que en definitiva ya la vieron. 

Y sí: Pattinson cumplió con creces. En el filme, ante los medios y sobre a alfombra roja. Estuvo guapo, sonriente, simpático, encantador y hasta brillante. Impecable en su papel. Al director coreano se le recibió también de acuerdo al guión: como al esperado más esperado entre los cineastas presentes. No importaba que no compita. O quizás por eso. Porque tras el pase no hay que romperse la cabeza pensando en si un festín de muertes ingeniosas de Pattinson por el espacio sideral tendrá cabida en un palmarés. A quién le importa si se hace o no larga. 

El segundo ser nacido para deslumbrar sobre la alfombra roja y poco fue Timothée Chalamet y su 'A complete Unknown', de James Mangold. El biopic con el que el ídolo de adolescentes y generación siguiente vuelve a aspirar al Oscar, tras su 'Call me by your name'. 

La idea es que todo aquel que escriba sobre el film afirme que el actor 'se pone en la piel' de Bob Dylan, destaque incluso que es él quien canta, que preparó para ello durante cinco años y este tipo de cosas. Todo es rigurosamente cierto. Pero no hay justificación alguna para querer verla si no de es devoto de Chalamet o, al menos, de Dylan. También puede ocurrir que a los realmente fieles a Dylan les parezca una atrocidad ese 'acercamiento' al personaje o sus interpretaciones. En ese caso, el ámbito de auténticamente fascinados de reduce. También se escluye de la criba a los amantes de Joan Baez, a los que probablemente se les revuelvan las tripas ante la versión de niña boba y caprichosa, con hechuras de top-model o influencer de Instragran que se da del personaje. 

Seguramente Chalamet también estaba incluido en el programa por eso de que la Berlinale entra en el circuito promocional para los nominados a los Oscar. Hizo las delicias de quienes le adoran, que aparentemente son muchos y muchas. Desfiló por Berlinale de rosa, incluida la camiseta imperio bajo con que se exhibió tras el desfile por la alfombra roja. Como todo el mundo sabe, los actores de verdad no sienten el frío si de trata de mostrar su piel. 

Pattinson camina firmemente hacia su redención incluso para quienes pensaban que nunca sería un actor, sino solo un vampiro. Chalamet sigue siendo insufrible para quienes no entienden qué le ven a ese adolescente. Hay abismos generacionales que no se superan ni en la Berlinale. 

viernes, 14 de febrero de 2025

Bienvenido el cine familiar chino y sus plañideras


A la Berlinale se acude básicamente en busca de reencuentros. La acreditación de todos los años, el señor que coloca aguas y micrófonos para las ruedas de prensa, que sigue siendo el mismo desde que recuerdas. El frío glacial de la sala de trabajo para los medios, en las catacumbas del Berlinale Palast. O el jurado internacional, donde siempre suele incluirse algún nombre que en el pasado compitió por los Osos. Este año ese papel le correspondió al argentino Rodrigo Moreno, formidable director en 2006 de 'El custodio" y decepción en 2011 con 'Un mundo misterioso'.
Algún colega argentino no me perdonó en su momento la crónica mía, entonces para la Agencia Efe, la de mayor difusión en España y Latinoamérica, sobre ese segundo producto. Atribuyó mi descontento a que no sé de cine. 

La presidencia del jurado no corresponde en este 75 festival a alguien vistoso como Tilda Swinton, sino a un tal Todd Haynes que, como no sé de cine, puedo confesar sin tapujos que no sabía exactamente quién es hasta mirarme el catálogo. Como este blog es privado tampoco me veo en la necesidad de buscar referencias para aparentar lo contrario. Con mencionarlo basta y sobra. Con Tilda, miembro del jurado en 2009, se tenía el factor fotogénico asegurado.
Swinton volvía a la Berlinale, pero esta vez como  receptora del Oso de Oro de Honor, una especie de tributo a esta amiga fiel del festival. 
La homenajeada de la 75 edición, además de brindar buenas fotos, fastidió un poco a la organización por su respaldo expresó al boicot a Israel. 

Es el primer año con Tricia Tuttle al frente del festival y por supuesto saltaron los titulares de la gendarmería política alemana apuntando a desliz antisemita. Otro reencuentro. La reputación de festival político de la Berlinale suele plasmarse con el apoyo a Irán, a Ucrania o a otras latitudes, sin generar demasiada controversia. Con Israel no hay manera de hacerlo bien. La culpa por el Holocausto sigue pesando demasiado como para expresar solidaridad hacia Gaza o denunciar las atrocidades de Benjamin Netanjahu sin levantar sospechas.  

El más notable, puestos a hablar de cine, fue el tributo al buen cine chino que de nuevo rindió la Berlinale. Desde tiempos de Moritz de Hadeln, o incluso antes, hay una o dos o tres producciones asiáticas, preferentemente chinas, que nos saludan en la sesión de las nueve de la mañana. Algunos colegas se la saltan, los más disciplinados asistimos. Pocas veces nos arrepentimos, incluso si eso ocurre hacia el final de los diez días de festival, cuando los ojos empiezan a quejarse de todo.
Este año fue el primer día, gracias Tricia. 'Living the Land', se llamaba la maravilla filmada por Hou Meng. Puro cine familiar chino, que arranca con un entierro donde se nos recuerda la universalidad de las plañideras y también una de las formas de ejercer la brutalidad contra la mujer como son los matrimonios concertados.

El reverso de la medalla fue algo llamado "Hot milk", un despropósito con tres mujeres haciendo el ridículo de diversas formas por las playas de Almería, probablemente Agua Amarga. Una de ellas, Vicky Krieps, actriz formidable según la gente que sí sabe de cine. 





 

miércoles, 12 de febrero de 2025

Abriendo la 75 edición: de nuevo, el trasero de Lars



Las previas en formato clásico de la Berlinale destacaban para esta 75 edición un par de nombres invitados a exhibirse, pero fuera de competición, como Robert Pattinson y Timothée Chalamet. También el regreso a la casa de Richard Linklater con Ethan Hawke como protagonista de su 'Blue Moon', teórico plato fuerte entre las 19 aspirantes a los Osos, con permiso de 'Dreams', de Michel Franco, y la siempre espléndida Jessica Chastain. Era el lead casi obligado para una Berlinale que se prometía impracticable para los corresponsales. A la inoportuna presencia en el primer fin de semana de la Conferencia de Seguridad de Múnich, MSC, un obstáculo ya conocido de años anteriores, se añadía la recta final para las elecciones generales de 23 de febrero. Unos comicios clave para el futuro de Europa, como suele decirse.

La primera jornada o etapa previa era casi de relax. La película inaugural, fuera de concurso, era 'Das Licht', de Tom Tykwer, con un viejo conocido en el papel protagonista: el culo de Lars Eidinger. Una parte del cuerpo humano que el actor alemán se empeña en exhibir probablemente en todas sus películas o inclusive cuando no acude a la Berlinale como actor. El precedente más recordado por esta corresponsal fue en 2016. 
A más tardar en febrero de ese año, y en ocasión de la Berlinale, la prensa sensacionalista alemana tomó buena cuenta de que en las fiestas de la embajada española podían pasar cosas destacables. Eidinger era ese año miembro del jurado y acudía al evento para darle brillantez, además de pinchar discos. 
Pero acabó brindando mucho más que eso. Se subió a una mesa, se bajó los pantalones y se entregó briosamente al baile con el culo al aire. Fue el bocado ideal para 'Bild' y demás tabloides. 

Alguno recordó ya entonces que el culo de Lars no debería ser, en rigor, noticia. Tampoco la merca presencia del actor en un acto, de la clase que sea, puesto que es  especie de mascota en el festival berlinés. Se recuerdan pocas Berlinales recientes sin al menos una película protagonizada por Eidinger. Tal vez sus contratos incluyen una cláusula o exigencia explícita a mostrarse. No importa a las órdenes de qué director o directora del ámbito alemán se ponga. Ahí está él.
Su anterior aparición en pantalla en la Berlinale fue en 2024, con 'Sterben', una exhibición de muertes en familia en 180 minutos dirigida por Matthias Glasner, otro director en nómina del festival. Que este años abriera con 'Das Licht' y Tykwer respondía a la regla no escrita según la cual para el primer día se precisa cierto magnetismo sobre la alfombra roja. De no contar con estrellato internacional, al menos rostros o culos conocidos.

A la gala llegó Lars con uno de esos trajes desorbitadamente enormes, lo que indica que esa debe ser la moda actual. No exhibió ahí su conocido trasero. Pero seguramente alguien consideró que ya bastaba con el protagonismo que tiene en la película de Tykwer. 'Das Licht' discurre estratégicamente entre chaparrones o diluvios, de modo que Lars, un padre de familia en bicicleta, cada vez que llega a casa se desviste por completo para que, además del ya conocido culo, se vea por fin al resto del cuerpo desnudo del actor. De nuevo, Eidinger lo dio todo. 'Das Licht', por lo demás, tiene algunas cosas buenas. Especialmente el retrato de una familia alemana muy de nuestros días, donde cada uno va por su lado. Eso fue todo.

Todo apunta a queserá una Berlinale como las que llevábamos tiempo sin disfrutar: con las calles nevadas. Saliendo del pase avanzado para los medios cayeron los primeros copos. Otra forma de reencuentro, tras varios consecutivos a temperaturas inusitadamente altas para lo que es o fue un febrero en Berlín. Nada que ver con las impresionantes nevadas de años míticos, al menos por el momento. Pero bonito para estrenar la acreditación de su 75 edición oficial, la 34 en lo cómputo personal.  A los medios ya hace unos años que no se nos regala una bolsa, ni se nos entrega un catálogo, puesto que solo existe online. Tampoco hay obsequios del pintalabios L'Oreal que bien administrado se lleva el resto del año en el bolso. Pero pesa más lo que sigue siendo como siempre o lo que diferencia a los que presumimos de que conocemos el festival de los recién llegados. A esos se les explica con gesto compungido cómo ha decaído el festival, su pérdida de visibilidad o la desaparición de lo que fueron nuestros bares preferidos y por qué no pisamos, ni pisaremos, el imperio del fast food actual.

sábado, 24 de febrero de 2024

Dahomey y el hipopótamo Pepe


 La descolonización de los museos africanos se alzó con el Oro de la Berlinale

Joana Serra




La Berlinale repartió sus premios principales entre dos filmes que saltan del colonialismo al desarraigo: el Oso de Oro fue para la franco-senegalesa “Dahomey”, de la directora Mati Diop, una película en formato de falso documental que recorre la restitución de 26 obras de arte desde París a Benín. Y el Oso de Plata al mejor director fue para el dominicano Nelson Carlos de los Santos Arias por su fascinante historia del hipopótamo fantasmal “Pepe”. En la primera, la narración corresponde a una de esas piezas que retorna a África desde el expolio; en la segunda, la voz corresponde al animal fugado del zoo del patrón de la droga colombiana, Pablo Escobar. El jurado presidido por la actriz keniano-mexicana Lupita Nyong’o, con el director alemán Christoph Petzold y el español Albert Serra en su equipo, premió así estas dos formas de cine radical entre los 20 filmes seleccionados para su competición oficial.
También radical era “L’Empire”, de Bruno Dumont, que obtuvo el Premio del Jurado con un filme que juega a la ciencia ficción y convierte la parisina Notre Dame en una nave espacial. Menos arriesgado fue el Gran Premio Especial del Jurado para el coreano Hong Sangsoo, un habitual del festival alemán, que presentó su nuevo ejercicio de minimalismo titulado “A traveler´s needs” e interpretado por Isabelle Huppert.
El resto del palmarés incluyó al cine anfitrión a través de “Sterben”, del alemán Matthias Glasner, Oso de Plata al mejor guión; dio a la británica Emily Watson otra Plata como actriz de reparto por su cruel monja de “Small things like these”; y el correspondiente al mejor protagonista al estadounidense Sebastian Stan por “A different man”. La austriaca “Des teufels bad”, un magnífico filme sobre los estragos del fanatismo religioso en la Austria de 1750, ganó la siguiente plata para su impactante fotografía.

Apoyos a Gaza desde el corazón de Alemania

Pero el mensaje más político del festival se fue a Gaza. Fueron varios los miembros del jurado o premiados con los Osos quienes pidieron desde el escenario un alto el fuego inmediato. Y, en lo que concierne al palmarés, recibió el premio al mejor documental “No other land”, del duo israelí-palestino Yuval Abraham y Basel Adra. Se trata de una dura denuncia de la demolición de poblaciones palestinas de Cisjordania por Israel. El galardón plasmó la apuesta política de la Berlinale, especialmente destacable por ser Alemania un país donde, por responsabilidad histórica, su clase política evita criticar al gobierno israelí.
No fue el único alegato por Gaza sobre el escenario: la directora brasileña Juliana Rojas reclamó el alto el fuego al recoger su premio a la mejor dirección por “Cidade, Campo”, de la sección Encounters. Y el equipo entero de “Direct Action”, de Guillaume Cailleau, subió al escenario con el pañuelo palestino para recibir el de mejor filme de esa misma sección, dedicada a los nuevos lenguajes del cine.
No había películas españolas entre las 20 aspirantes a los Osos. Pero sí se colaron en el palmarés del festival dos producciones procedentes de la península, ambas dirigidas por mujeres. Fueron Anna Cornudella, cuyo film “The Human Hibernation” ganó el premio de la crítica internacional Fipresci, mientras que la producción hispano-costarricense "Memorias de un cuerpo que arde", de Antonella Sudasassi, ganó el premio del público de la sección Panorama.
Sin estar en la sección oficial, sino en las paralelas, perpetuaron el buen balance dejado en 2022 -con el Oro a “Alcarràs”, de Carla Simón- y en 2023 -con la Plata a Sofía Otero por “20.000 especies de abejas”-.
“The Human Hibernation” se exhibía en la sección Forum, destinada al cine experimental. Plantea la posibilidad de una hibernación humana por efecto del cambio climático. La costarricense Sudasassi reflexiona sobre la mujer y su liberación sexual, a través de tres personajes femeninos.
A la iraní “My favorite cake”, proyectada en ausencia de sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, por imperativos del régimen de Teherán, se le reservó el Fipresci correspondiente a la sección oficial, así como el premio del jurado ecuménico. ERa la favorita de las quinielas, pero finalmente solo obtuvo galardones de estos jurados independientes.

Cambio de ciclo


La presente Berlinale cierra el ciclo de cuatro años bajo la dirección colegiada del italiano Carlo Chatrian y la neerlandesa Mariette Rissenbeek, a los que relevará la estadounidense Tricia Tutlle. Su gestión quedó marcada en su primer año por las restricciones por la pandemia y termina salpicada decríticas. En ese periodo el festival alemán ha perdido relevancia y visibilidad mediática frente a sus grandes rivales europeas, Cannes y Venecia.
También ha perdido algo de lo que fue su señal de identidad, el sello de festival popular. A diferencia del elitista festival francés, Berlín pone a la venta entradas para todas sus galas -unas 300.0000-. Las salas siguen llenándose, pero se critica que se haya suprimido la venta en taquilla de las localidades, ya que ahora solo pueden adquirirse online. Ello margina a quienes no dominan la dura competición por hacerse con las más preciadas -que se agotan en minutos-. Elimina, además ese “espacio de encuentro” que formaban los que guardaban cola ante la taquilla, algunos de ellos con sus termos de café, lo que daba aire de “normalidad ciudadana” a los diez días de vida del festival.

viernes, 23 de febrero de 2024

Será niño, será niña

 La Berlinale, ante un Oso que tanto puede llamarse Pepe como Mahin

Joana Serra





La Berlinale cerró su desfile de 20 aspirantes al Oso con una hermosa y feminista película nepalí, “Shambhala”. Queda por desvelar quién recibe este sábado el Oro de esta 74 edición del festival alemán, que podría decantarse por un hipopótamo llamado “Pepe” como por la vital viuda iraní Mahin.
Nunca hay quinielas fiables en el festival alemán. Se atribuye al jurado la tarea de encontrar su propia película, dar la sorpresa y acarrear con el disgusto general, si resulta que el palmarés no complace a la mayoría. El jurado de la presente edición está presidido por la actriz keniano-mexicana Lupita Nyong’o, pero los motores del veredicto final pueden ser dos cineastas de su equipo: el alemán Christoph Petzold y el español Albert Serra. Ambos representan una perspectiva del cine radical e innovadora, lo que favorece al dominicano “Pepe”. La película, dirigida por Nelson Carlos de los Santos Arias, convierte en narrador al fantasma de un hipopótano huido del zoo del patrón de la droga colombiano Pablo Escobar. Es una historia fascinante, centrada en el destino de un ejemplar entre los centenares de hipopótamos diseminados por el río Magdalena, descendientes de congéneres africanos.
No es una película para todos los gustos. Mucho más fácil para el equipo de Nyong’o sería optar por la iraní “My favorite cake” y su liberada viuda de 70 años que no renuncia al amor. Fue proyectada en ausencia de sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, por imperativos del régimen de Teherán. Seguiría así la estela de anteriores Oros que la Berlinale ha entregado al cine iraní “resistente”: en 2020 lo ganó "There is no Evil" sin la presencia de su director, Mohammad Rasoulof, mientras que en 2015, fue la sobrina de Jafar Panahi, inhabilitado para rodar, quien recogió el Oro por "Taxi".
Entre las películas favoritas de la crítica internacional, según recoge la revista “Screen”, está la austríaca “The devil’s bath”, con un impresionante Anja Plaschg poniendo el rostro de una mujer sometida al fanatismo religioso y ancentral del siglo XVIII. La alemana “Sterben” bien situada por el trabajo de sus actores, entre ellos Lars Eilinger. Es una cinta de tres horas por capítulos entorno a la demencia, la vejez, el alcoholismo y el suicido, que curiosamente no aboca al espectador a la depresión.
Ya en la última jornada, “Shambhala” fascinó con su historia de una embarazada recorriendo a pie el pedregal nepalí para explicarse a uno de sus esposos -tiene tres, aunque solo uno ejerce de marido-. Su antecedente en el palmarés sería “La boda de Tuya”, Oro en 2007 y rodada en escenarios parecidos, pero en Mongolia. Otra firme candidata a premio estrenada en el tramo final fue la tunecina “Who do I belong to”, una dramática historia de una familia partida por el terrorismo islámico y la brutalidad yihadista contra la mujer.
Han sido varias las historias femeninas de este festival. Entre ellas, la italiana “Gloria”, de Margherita Vicario. Dio alas al festival, especialmente en lo musical, a través de las muchachas de la escuela de música de San Ignacio, en la Venecia de 1800, que descubren el “Pianoforte” y estrenan ante el Papa una pieza pop que podría ir al festival de Eurovisión de Malmö.
El resto del cine europeo aportó sólidas películas como la danesa “Vogter”, con una impactante funcionaria de prisiones ajustando las cuentas a un preso. La francesa “L’Empire” hizo las delicias de los devotos de Bruno Dumont con un irónico tributo a pie de playa de la “Guerra de las Galaxias” o “Juego de Tronos”. No se descarta un puesto en el palmarés para “Langue étrangere”, de la francesa Clarie Burguer, una inteligente película que combina los dilemas de la adolescencia actual con los del mundo adulto.
Menos convincentes resultaron “Small things like these”, pese a la presencia del irlandés Cillian Murphy, o “Hors du temps”, de Olivier Assayas, que acudía a la Berlinale como teórico favorito.
Algo parecido ocurrió con otros dos directores habituales de la Berlinale, el mexicano Alonso Ruizpalacios, que compitió con su multiétnica “La cocina”, o el coreano Hong Sangsoo, con su “A traveleer’s needs”, interpretado por Isabelle Huppert.
La gala de los Osos cerrará el sábado un festival sin títulos españoles a competición. Tras el Oro en 2022 a “Alcarrás”, de Carla Simón, y la Plata de 2023 a Sofía Otero, por “20.000 especies de abejas”, al cine de la península le correspondió mirar el desfile de aspirantes desde la barrera.

jueves, 22 de febrero de 2024

Del astronauta Sandler a la lésbica Steward

 Egoyan „psicoanaliza” el abuso sexual con Amanda Seyfeld

Joana Serra



El director armenio-canadiense Atom Egoyan presentó en la Berlinale uno de sus psicoanálisis cinematográficos, esta vez aplicado al trauma de los abusos sexuales y con Amanda Seyfried de protagonista. “Seven veils”, la película del cineasta, se exhibía fuera de concurso, pero era el plato fuerte al menos en lo mediático de la penúltima jornada a competición.
“Es una especie de ajuste de cuentas entre los traumas del presente y los del pasado, entre la pérdida dejada por la muerte de un mentor y amante y las secuelas que aún arrastra de la figura del padre”, explicó Seyfried. “La historia de Salomé es fascinante. Confluyen en este mito del deseo y el ansia ante lo que te falta y crees que necesitas”, resumió por su parte Egoyan, de nuevo en la Berlinale tras haber sido hace veinte años presidente de su jurado internacional.
“Seven veils” es una revisión del mito de Salomé a través de la historia en que se tejen la realidad y la ópera que trata de poner en escena el personaje que interpreta Seyfried. Es una directora escénica con problemas con su esposo, con sus solistas, con la sombra del mentor fallecido y con la personalidad de su padre. La crisis matrimonial es un precipicio más al que se asoma, aunque probablemente lo más perturbador es el trauma que arrastra desde su infancia. Para Egoyan, la película es un reencuentro con una versión anterior de esa misma ópera de Richard Strauss que dirigió en 1996. Es su octava incursión en ese mito bíblico y la obsesión por el deseo.
Seyfried se convirtió en el ser más buscado de la jornada sobre la alfombra roja. Su filme se proyectó en la sección Berlinale Special, principal fuente de estrellato en el festival, mientras que la sección oficial a competición ha sido más bien discreta en cuanto a celebridades.
En esa misma sección fuera se concurso se proyectó el “Spaceman” protagonizado por Adam Sandler, que abandona la comedia para convertirse en un astronauta solitario y deprimido que ha perdido la conexión con su mujer -Carey Mulligan-. Ambos, Sandler y Mulligan, acapararon los flashes del miércoles. Unos días antes, el máximo imán mediático fue Kristin Steward -presidenta del jurado en 2023-, protagonista ahora de una explícita historia de amor lésbico con una culturista -Katy O'Brian-, en “Love Lies Bleeding”.



Nadie, sin embargo, llenó tanto la Berlinale como el director Martin Scorsese, Oso de Oro de Honor de la Berlinale, quien además de acudir para recibir ese galardón participó en actos paralelos junto a Sharon Stone, su protagonista de “Casino”.
La Berlinale se cerrará el sábado con la entrega de sus preciados Osos entre los 20 aspirantes incluidos en la sección a concurso.

miércoles, 21 de febrero de 2024

Pañuelos palestinos y exclusión ultra

Gaza sacude una Berlinale „políticamente correcta“

Joana Serra

Un grupo de activistas pro-Palestina afeando a la exsecretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, su fidelidad al compromiso con la defensa de Israel; una película grabada en octubre que denuncia el „apartheid“ que, a juicio de sus autores, se practica contra los palestinos; o varios manifestantes irrumpiendo en el European Market al grito de „Free Palestine“: son algunos de los problemas que está teniendo una Berlinale que presume de festival político, pero que no acaba de afrontar los conflictos que no son „políticamente correctos“ para el establisment alemán.
Año a año, el festival alemán defiende la presencia del cine iraní en su sección oficial, incluidos los directores perseguidos por el régimen de Teherán. Apuesta asimismo fuertemente por Ucrania, víctima de la agresión rusa. Pero no acaba de resolver sus dilemas internos cuando se trata de Israel o teme que cualquier crítica a su gobierno sea instrumentalizada por el antiseminismo, en pleno auge ultraderechista.
Clinton, invitada a la gala del „Cinema for Peace“ respondió a la provocación activista con un „si Hamás liberara a sus rehenes, mañana tendríamos una tregua“. Siete manifestantes que se habían infiltrado en la sesión, un acto en paralelo a la Berlinale, fueron expulsados de la sala, mientras la excandidata a la Casa Blanca expresaba su „comprensión“ por las emociones que desata la guerra en Gaza en el mundo occidental.
Algún tumulto ha provocado asimismo el estreno de „No Other Land“, una película firmada por un colectivo palestino-israelí que se proyecta en la Berlinale fuera de concurso. Describe la expulsión de los palestinos de una población de Cisjordania y fue filmada en octubre del año pasado, aunque apenas incluye alguna alusión a los ataques y secuestros de la organización terrorista Hamás.
La dirección del festival, ejercida por el dúo formado por Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek, había tenido ya sus problemas con la ministra de Cultura, la verde Claudia Roth, defensora como Clinton del compromiso cerrado con el estado de Israel. Es también la línea que tradicionalmente ha seguido a rajatabla los sucesivos gobierno y el conjunto de la clase política de Alemania por responsabilidad histórica con el destino de los judíos.
La dirección de la Berlinale quiso incidir de algún modo en una temática ineludible en un festival políticamente comprometido como es la Berlinale, a través del llamado „Tiny House Project“, o „Proyecto de la Casa Pequeña, un remolque con capacidad para seis personas que invita a reflexionar sobre la guerra de Gaza. Es obra del activista israelí Shai Hoffmann y el palestino Ahmad Dakhnous y se plantea ser una opción íntima para el diálogo sobre una situación que, en Alemania, desata las tensiones y genera temores a una instrumentalización antisemita. Cualquier manifestación pro-palestina puede derivar en Berlín u otras partes del país en proclamaciones de apoyo a Hamás o negación del derecho a la existencia de Israel, lo que para el país del que partió el Holocausto es intolerable.
Un desfile de cineastas proclamando su apoyo a Gaza, como la que se vio en la gala de la entrega de los Premios Goya en Valladolid, generaría un fuerte debate en Alemania. Mientras en España, se apoya mayoritariamente, también desde la clase política dominante, a Palestina, en Alemania ocurre exactamente lo contrario.
No es este el único conflicto político al que se enfrentan Chatrian-Rissenbeek. Su decisión de retirar las invitaciones a sus galas los representantes de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), presionados por las protestas procedentes del ámbito cultural, ha topado con la incomprensión de algunos cineastas presentes en el festival. Directores como el alemán Andreas Dresen, representante del cine dicho social originario del este del país, han explicado, preguntados por la cuestión, que no ven del todo procedente esa exclusión. Otro cineasta del país, ahora miembro del jurado, Christian Petzold, consideró asimismo que habría sido „más oportuno“ tenerlos entre los invitados, en tanto que representantes políticos elegidos democráticamente.
La AfD es la segunda fuerza en intención de voto a escala nacional. A diferencia de lo que ocurre en España, donde Vox es socio de gobierno del PP en algunas comunidades, en Alemania el resto del espectro parlamentario actual excluye a la AfD como aliado en cualquier constelación a nivel nacional o regional. La exclusión de los representantes de ese partido se produce en medio de las manifestaciones multitudinarias que se han registrado en todo el país contra la ultraderecha, precipitadas por las revelaciones de una reunión entre neonazis en que se abordó la expulsión masiva de millones de ciudadanos de origen extranjero.
La reunión, a la que asistieron representantes de la AfD, tuvo lugar en Potsdam (este del país) el pasado noviembre, pero fue revelada recientemente por un equipo periodístico de investigación. Para muchos alemanes, fue el toque de alerta definitivo de la realidad y corrientes internas de un partido con escaños en el Bundestag (Parlamento federal) y en 14 de las 16 cámaras regionales del país.

martes, 20 de febrero de 2024

El gran Martin y una foto triunfal

Scorsese: “El cine no muere: se transforma”

Joana Serra




La presente Berlinale tal vez está ofreciendo poco brillo sobre la alfombra roja en su competición oficial. Pero al menos se aseguró un espacio de lujo para el Oso de Oro de Honor del año: Martin Scorsese. El director estadounidense compareció ante los medios vital, simpático y dispuesto a responder cualquier pregunta, aunque esquivando la cuestión de si volvería a rodar con “The Rolling Stones”.

“El cine no muere, solo se transforma. La tecnología evoluciona, ello implica cambios… Pero lo importante es no temerle, ni a la tecnología ni a los cambios. No somos sus esclavos”, respondió Scorsese, ante una sala de prensa abarrotada, por primera vez en esta edición del festival berlinés.

Decenas de teléfonos móviles en alto le recibieron. Quien más quien menos, todos querían llevarse su foto “individual”, independientemente de las que transmitirían al mundo el muro de cámaras profesionales de la prensa gráfica en primera fila.

“El ego estorba”, aseguró en otro momento, a propósito de cómo se siente alguien que ha recibido todos los premios posibles. “Cuando era joven lo tuve. Y no se acaba de perder nunca. Pero hay que tener una relación saludable con él”, añadió entre risas, custodiado por el presidente de la Berlinale, Carlo Chatrian.

La presencia de Scorsese en la Berlinale era el plato fuerte de esta edición. Nadie, menos aún Chatrian, se molestó en tratar de enumerar algunos de los títulos míticos del maestro -de Taxi Driver” (1975), “Cape Fear” (1991), “Casino” (1995) o “Gánsters de Nueva York” (2002) hasta “Los asesinos de la luna” (2023). Es un director longevo y en activo, cuyo último filme es, según Steven Spielberg -Oro de Honor de 2023-, el mejor de su carrera.

Las respuestas del director estadounidense fueron de lo personal -”mi plato preferido es la lasaña. Y nadie las cocinaba mejor que mi madre”- a los planes para el futuro -”tengo 81 años, gestionar el tiempo es importante para mi”-. Reaccionó con irónicas sonrisas a un periodista búlgaro que trató de “improvisar” una imitación de una escena de Jack Nicholson en “Departed”. Y aludió a su dentista cuando alguien le preguntó si volvería a rodar con Mick Jagger.

Scorsese fue recibido como un amigo en la capital alemana. No solo por representar por sí solo una página grandiosa de la historia del cine, sino porque sus útimas apariciones en otras ediciones de la Berlinale llevaron sobre la alfombra roja a máximas figuras: en 2010 lo hizo acompañado de Leonardo di Caprio para presentar su “Shutter Island”; dos años antes había acudido con los “Rolling” al completo, los protagonistas de su icónico documental “Shine a light” que puso la Berlinale patas arriba.

En la presente edición le corresponde el papel de máximo homenajeado del año. Para la entrega del Oso de Oro de Honor se programó una gala con la proyección de la película “Departed” (2006), una historia tejida sobre uno de sus géneros favoritos -las películas de gansters- y con Di Carpio, Nicholson, Matt Damon, Martin Sheen y Mark Wahlberg. Tras esa sesión de gala, tendrá lugar este miércoles una conversación entre el director y la cineasta Joanna Hogg en el apartado “Talents” del festival, a modo de taller para jóvenes creadores.


Un gran homenajeado para un año de transición


Los dos co-directores de la Berlinale, Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek, se despedirán este año de su cargo tras cuatro años de liderazgo bicéfalo que han sido un poco de capa caída para la Berlinale. Lo que se ha visto hasta ahora de sus 20 aspirantes al Oso no ha sido muy brillante y ha incluido algunas decepciones. Se recibió casi como un bálsamo al coreano Hong Sangsoo, porque además de satisfer a los amantes de su cine minimalista acudió junto a Isabelle Huppert, su protagonista. Otras presencias esperadas, como el francés Olivier Assayas, no acabó de convencer. 

A falta de lo que se estrena en las tres últimas jornadas, encabeza las quinielas de la revista “Screen” para el Oso del festival la película iraní “My Favorite Cake”. Sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, no pudieron acudir a Berlín por imperativo del régimen de Teherán. De la falta de grandes películas a concurso se responsabiliza al tándem formado por Chatrian y Rissenbeek. Pero al menos dejaron para el album de su último festival un Oso honorífico irreprochable, además de carismático y pletórico, a sus 81 años.





lunes, 19 de febrero de 2024

Los herederos de Carlos

  La Berlinale da nuevo brío a „Deprisa, deprisa“, el Oro de Saura con registro

 „quinqui“

Joana Serra


Hace un año, unos pocos días después de la muerte de Carlos Saura, la Berlinale improvisó un homenaje al cineasta español con la proyección de „Las paredes hablan“, su último largometraje documental. Para la presente edición, el festival alemán programó en su sección „Retrospectiva“ una versión restaurada de „Deprisa, deprisa“, el filme con registro „quinqui“ que dio a Saura el Oso de Oro en 1981.

„Tenemos una película muy bien restaurada, con el equipo de Enrique Cerezo y Video Mercury, que nos permite ver una copia exactamente igual o mejor que la original“, explicó a El Correo Antonio Saura, hijo del cineasta, ante su estreno en la Academia de las Bellas Artes de Berlín.

La Berlinale fue un festival „determinante“ para Saura, quien ya en 1966 ganó el Oso de Plata con „La Caza“ y que luego obtuvo el máximo galardón con „Deprisa, deprisa“. „Sigue siendo una película maravillosa, rodada con actores naturales -no profesionales-, lo que por entonces era una innovación en el cine español“, prosigue Antonio Saura.

„La percepción de una película es muy distinta dentro o fuera de tu país. Aquí vieron una España del extrarradio que nunca había sido retratada en el cine español, con gente bienintencionada que te robaba un banco o quemaba el coche“, explica su hijo.

En lo que respectaa España, „de pronto se llenaron los cines de gente que nunca habría ido a ver una película de Saura“ y donde se escuchaba una música „maravillosa“, que hasta entonces se escuchaba solo en las gasolineras, identificada con la marginalidad „quinqui“. „La música de ‚Deprisa, deprisa‘ es una joya del cine español“, resume.

Una fundación para preservar el multitalento del padre


Al estreno en Berlín de la nueva copia acudieron Antonio y su hermana Anna con un proyecto en ciernes: la creación de una Fundación Carlos Saura. „Estamos en fase inicial aún, pero esperamos que en los próximos meses podamos ponerla en fase turno. No será exactamente un museu, sino una fundación o entidad X destinada a preservar y promover todo el legado de nuestro padre“, explica Anna Saura.

Recuerda la hija del director que la obra de su padre va „mucho más del cine“, ya que consagró su talento „todos los días de su vida, a todas horas“ a otras disciplinas, como el dibujo, la fotografía o la escritura, además de coleccionar cámaras de foto -“muchas de ellas, compradas en sus viajes a Berlín, donde recorría cada tienda del ramo“, añade Antonio-.

„Será de ámbito multidisciplinar, como fue mi padre“, resume Anna, que aún no se decide a etiquetar ese proyecto como „Casa Saura“ u otro término similar.

Censura y exclusión

La presencia de los hermanos Saura en Berlín se produce en un momento de debate en torno a la oportunidad de excluir o no a representantes de la ultraderecha parlamentaria de galas y actos culturales. Ese fue el caso de la ceremonia inaugural de la Berlinale. La dirección del festival optó por retirar las invitaciones a cinco miembros de Alternativa para Alemania (AfD), segundo partido en intención de voto a escala nacional, presionada por las protestas procedentes del ámbito cultural a su prevista presencia.

„Mi padre era un demócrata de izquieras, odiaba todo lo que tenía que ver con el fascismo, pero no estaba cerrado a que los fascistas entraran en determinadas cosas si aceptaban las reglas del juego“, responde Antonio Saura, tras unos segundos de reflexión, a la pregunta de qué opinaria su padre sobre esa cuestión. „Es una pregunta compleja, un tema peligroso. La ultraderecha, una vez dentro de las estructuras del poder, quiere cambiar las reglas del juego. Lo vemos ahí donde Vox está gobernando con el PP: aplican política regresivas de sesgo ideológico“, prosigue Antonio

„NO estoy seguro de qué diría Carlos Saura. Pero yo creo es mejor que estén dentro. Pese a esos peligros“, concluye, para repasar a continuación la expansión de la ultraderecha por Europa: „Tenemos ya a (Giorgia) Meloni en Italia, Alemania da mucho miedo, España da mucho miedo, parece que Portugal se salvará… Pero Francia va a girar aún más a la derecha. Y ahí tienes a (Donald) Tusk, en Polonia, que ni siquiera es de izquierda, pero trata de corregir las barbaridades de sus antecesores“, argumenta.

El estreno de la copia restaurada de „Deprisa, deprisa“ tiene lugar en la quinta jornada de la Berlinale. En la sección oficial a competición de este año, la 74 edición, no producciones españolas entre los títulos seleccionados para la lucha por los Osos. El veredicto del jurado se conocerá el próximo sábado, tras diez días de intenso cine y mucho debate, también político.

sábado, 17 de febrero de 2024

De la cocina de Ruizpalacios al magnético Gael

 El romanticismo futurista de García Bernal

Joana Serra




No hay garantía de presencia en la lucha por los Osos de la Berlinale para el cine español, ni siquiera tras dos exitosos años consecutivos -en 2022, con el Oro a “Alcarrás” de Carla Simón y un año después con el de Plata para la actriz Sofía Otero por “20.000 especies de abejas”. Pero, a falta de representantes del cine español, México intercaló al medio su idioma en la sección a concurso, a través de dos películas multilingües: “La Cocina”, dirigida por Alfonso Ruizpalacios, y “Another End”, del italiano Piero Messina y con Gael García Bernal en el papel protagonista.

La primera sumerge al espectador en el caos entre pucheros de un restaurante neoyorquino en hora punta. Se mezclan un español de múltiples acentos latinos con el árabe, el francés o el inglés; la segunda es una “fábula futurista de ciencia ficción muy romántica”, en palabras del actor mexicano, quien fue recibido como un amigo de la casa, ya que es la quinta vez que acude al festival alemán.

A Ruizpalacios le avalaba la buena acogida recibida en 2018 con “Museo” -interpretada precisamente por García Bernal-, a lo que siguió el premio al Mejor Documental recibido en 2022 con “Una película de policías”. Por “La Cocina” discurren todo tipo de excesos, casi tantos con las nacionalidades de los empleados sinpapeles del restaurante. Busca deliberadamente el desorden emocional y físico alrededor de dos personajes -el latino Pedro Ruiz, exponente de la masculinidad tóxica, y la rubia camarera que quedó embarazada. Recorre a partir de ellos el racismo, la indefensión, la lucha por el poder o las reglas de las jerarquías de su microcosmos. “El cine con inmigrantes mexicanos se ha convertido en un género. Yo lo abordo no desde la perspectiva del que lucha por alcanzar Estados Unidos, sino de la soledad de quien llegó hace años y se estableció ahí”, explicó Ruizpalacios.

Compareció el director mexicano con Raúl Briones, el actor que interpreta al broncas machista que es Pedro, aunque en la vida real se presenta como persona de identidad sexual no binaria. Junto a ellos, la actriz Rooney Mara, la camarera que hará estallar la olla a presión o precario equilibrio de una cocina que no puede dejar de funcionar.

“Another End”, la fábula en que García Bernal combina su idioma con el italiano dominante, es una enrevesada película que coloca al protagonista en un futuro donde es posible reencontrarse con el ser querido perdido a través de otro cuerpo. Tiene poco que ver con la cultura mexicana de la muerte, reconoció el actor, y deja una cierta sensación de despropósito. Messina, a quien se presentó como un “alumno ejemplar de Paolo Sorrentino”, se vio confrontado a reiteradas preguntas sobre la intencionalidad filosófica o hasta biológica de una película dotada de buenos actores -acompañan al mexicano Bérénice Bejo, Olivia Williams y Renate Reinsve-, pero muchas incongruencias.

Ambas películas, la de Ruizpalacios y la que protagoniza García Bernal, luchan por los Osos de esta 74 edición de la Berlinale, que abrió el jueves el drama irlandés “Small things like these”, interpretada por Cillian Murphy. La presencia de este actor, aspirante a los Oscar por “Oppenheimer”, alegró la alfombra roja inaugural de un festival que el próximo martes entregará su Oso de Oro de Honor al director estadounidense Martin Scorsese.

“La Cocina” compartió la jornada a competición con la iraní “My favourite cake”, una hermosa historia alrededor de una viuda de 70 de años -magistralmente interpretada por Lily Farhadpour-. Es una mujer que no desiste de su vida amorosa y que se topa en su búsuqeda con un taxista. El filme se presentó en ausencia de sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, a los que las autoridades iraníes retiraron el pasaporte.

La situación no es nueva en la Berlinale, un festival que lleva años apostando por el sólido cine iraní y muy especialmente con los cineastas que desafían la censura impuesta por su régimen. En 2020, "There is no Evil" levantó el Oso de Oro en ausencia de su director, Mohammad Rasoulof, al que el régimen de Teherán impidió viajar. En 2015, fue la sobrina de Jafar Panahi quien recogió de nuevo el Oro, ahora por "Taxi", que había sido rodada burlando la inhabilitación profesional impuesta al director.

La historia de la viuda y el taxista cautivó a la Berlinale, mientras que otra aspirante a concurso, “A different Man”, causó división de opiniones, pero no dejó a nadie indiferente. Es la tercera película que el neoyorquino Aaron Schimberg presenta en el festival alemán y pone en escena a un hombre con el rostro totalmente deformado por múltiples tumores, pero seguro de sí mismo, frente a otro que, con una malformación algo menos acusada, consigue convertirse en “bello” gracias a un tratamiento experimental, aunque su vida seguirá siendo frustrante. 

El primero está interpretado por Adam Pearson y el segundo por Sebastian Stand. “Yo también me he tenido que preguntar a menudo hasta qué punto una malformación define a una persona, cómo afecta su vida o su personalidad”, explicó Schimberg, afectado por una malformación labial mucho menor que sus protagonistas. “En mi película, la malformación va más allá de lo físico”, resumió.

Alemania, finalmente, entró a competición con “In liebe, Eure Hilde”, dirigida por Andreas Dresen -otro cineasta habitual en la Berlinale- e interpretada por Liv Lisa Fries, protagonista de la exitosa serie “Babylon Berlin”. Describe la vida de una joven de la resistencia contra el nazismo y coloca al espectador en la labor de identificase tanto con quienes combatieron el Tercer Reich como con quienes se convirtieron en sus cómplices.

jueves, 15 de febrero de 2024

Entre Lupita, Christian y Albert

Murphy abre la Berlinale con un drama irlandés sobre madres solteras esclavizadas

Joana Serra


La alfombra roja inaugural de la 74 Berlinale se tendió para el irlandés Cillian Murphy, el rostro masculino de un drama real sobre miles de madres solteras esclavizadas por monjas católicas de su país, exponente de un cine denuncia acorde con un festival políticamente comprometido.
„Lo irónico es que represento a un hombre cristiano, confrontado a un acto cristiano en una sociedad que se dice cristiana”, explicó Murphy al presentar „Small things like these“. Le acompañaba su colega Matt Damon, en este caso no como actor, sino como productor -junto a su amigo Ben Affleck- de la película. Con ellos, más Emily Watson, la Berlinale se aseguró su imprescindible aporte de estrellazgo para la inauguración del festival. En los próximos días, aunque no representando a películas en competición, se espera a Kristen Stewart, Carey Mulligan y Adam Sandler, además de al maestro Martin Scorsese, Oso de Oro de Honor de la 74 edición de la Berlinale.
“Small things like these” está basado en un libro de Claire Keegan. Se centra en el drama real de miles de madres solteras esclavizadas en el convento de las Madalenas, entre 1820 y 1990. Además de retenerlas, se les arrebataban sus hijos para darlos en adopción, arropadas por la ley del silencio de la sociedad de la Irlanda católica.
Murphy, firme aspirante a un Oscar por su „Oppenheimer“, presta su mirada de ojos claros a un sencillo carbonero entre cuyos clientela está el convento de las monjas. Es además de escuela de sus hijas, el lugar donde se retiene a jóvenes embarazadas sin marido. Minuto a minuto irá revelando su director, Tim Mielants, el pasado de ese buen esposo y padre, su dilema ante una de las muchachas atormentadas o la extorsión practicada por la madre superiora -Emily Watson-. Es una película deliberadamente lúgubre, con un carbonero que día a día de regreso a casa se limpia frenéticamente manos y uñas negras, como si quiera lavarse una culpa ajena. Se intercalan el presente y el pasado del niño que fue, hijo de una mujer sola que encontró mejor protección.
La película de Murphy fue la primera de las 20 aspirantes al Oso incluidas en la Berlinale, el festival que el año pasado sirvió de palanca internacional a las „20.000 especies de abejas“ de Estíbaliz Urresola Solaguren -Oso de Plata a Sofía Otero- y que el anterior entregó su Oro a „Alcarràs“, de Carla Simón.
Este año no hay directores españoles en la competición oficial, aunque sí dos co-producciones en español -“Pepe“, del dominicano Nelson Carlo de los Santos Arias, y „La cocina“, del mexicano Alonso Ruizpalacios. La primera es una insólita historia donde el „narrador“ es un hipopótamo fantasmal propiedad del patrón de la droga colombiano, Pablo Escobar. En la segunda, Ruizpalacios -premio al mejor documental en 2021 con „Una película de policías- convierte un restaurante de Nueva York en un microcosmos multicultural. También de México buscará su Oso el actor Gael García Bernal, protagonista de „Another End“, del italiano Piero Messina.
Destaca entre el resto de aspirantes al Oso „A traveler’s needs“, del coreano Hong Sangsoo, asiduo a festivales como el alemán, cuya película cuenta con Isabelle Huppert como protagonista.
La tarea de repartir los galardones, que se entregarán el día 24, corresponde al jurado presidido por la actriz keniano-mexicana Lupita Nyong’o -Oscar a la mejor actriz de reparto en 2014 por “12 años de esclavitud”-. Es la primera figura de origen africano al frente del jurado internacional. Será la presencia más mediática de su equipo y compartirá su tarea con dos directores representantes del cine innovador: el alemán Christian Petzold -un asiduo a la competición en ediciones anteriores, aunque nunca se llevó el Oro- y el español Albert Serra.



Las preguntas de los medios se dirigieron reiteradamente a cuestiones políticas. Desde la exclusión en las galas de representantes de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), segundo partido en intención de voto a escala nacional, a la guerra en Gaza o la de Ucrania. Petzold, requerido a opinar sobre la decisión de retirar las invitaciones inicialmente repartidas para la AfD, zanjó la cuestión resaltando las manifestaciones multitudinarias que tienen lugar semana a semana contra la ultraderecha en todo el país.
A Serra le correspondió afrontar sucesivas preguntas sobre su „admiración“ al presidente ruso, Vladímir Putin, o al expresidente de EEUU Donald Trump, como había declarado hace unos años en entrevistas. El director catalán, quien trabaja en una película sobre las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, no se retractó, aunque calificó de „irrelevantes“ sus opiniones como cineasta. „He dicho muchas cosas, incluso puedo haber dicho que soy el Papa de Roma. ¿Qué cambia lo que yo diga?“, afirmó. La escritora ucraniana Oksana Zabuzhko, asimismo miembro del jurado, intervino en la cuestión al explicar, irónicamente, que le había regalado un libro a Serra para „educarle“ sobre Ucrania.
La presente Berlinale será la última bajo la fórmula de dirección bicéfala compartida por Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek. Dejarán su puesto entre críticas, ya que se considera que en sus cuatro años de gestión el festival ha perdido relevancia internacional y, en lo mediático, es apenas una sombra respecto a sus rivales europeas, Cannes y Venecia.
Una presencia internacional de primer orden la tienen asegurada en su despedida con el Oso de Honor a Scorsese. Asimismo se espera en Berlín a Sharon Stone así como de la exsecretaria de Estado de EE.UU, Hillary Clinton, ambas invitadas a las galas del „Cinema for Peace“, que discurren en paralelo a la Berlinale.

viernes, 2 de febrero de 2024

El peso de la culpa alemana

 El debate sobre el supuesto antisemitismo de la Berlinale alcanza a un cineasta israelí, amenazado de muerte




El israelí Yuval Abraham (izquierda) y el palestino Basel Adra, en el momento de recoger el premio en la Berlinale, el pasado 24 de febrero / AP / MARKUS SCHREIBER


Gemma Casadevall

"Recibo amenazas de muerte y he tenido que cancelar mi vuelo de regreso. Esto me ocurre desde que medios israelíes y alemanes calificaron absurdamente de antisemita mi discurso en la Berlinale", escribía desde X -antes Twitter- el director de cine israelí Yuval Abraham, premiado en el festival de cine Berlín junto con su colega palestino Basel Adra por su documental 'No other Land'. La película, un documental sobre la demolición de poblaciones palestinas en Cisjordania por excavadoras y ejército israelíes, ganó el premio al mejor documental de la Berlinale y el del público de la sección Panorama.
El palmarés ya es historia -el Oso de Oro fue para la franco-senegalesa 'Dahomey', centrado en la descolonización de los museos africanos-. Pero lo ocurrido en la gala de los premios ha levantado ampollas en Alemania, país que practica, por responsabilidad histórica, el apoyo incondicional a Israel. Abraham y otros galardonados -como la brasileña Juliana Rojas, premiada por 'Cidade, campo', en la sección Encounters- expresaron su apoyo a los palestinos o clamaron por un alto el fuego en Gaza. Adra pidió el fin de los suministros de armas a Israel, Abraham habló de „apartheid“ contra los palestinos y el estadounidense Ben Russell, premio al mejor filme de la sección Encounters por 'Direct Action', pronunció la palabra "genocidio". Hubo ovaciones entre el público y apoyo por algún miembro del jurado.
Nada que no se haya visto en otras galas del cine, incluida la entrega de los Goya. Pero suficiente para desatar una tempestad en Alemania. Además del peso de la responsabilidad por el Holocausto, se teme tanto una instrumentalización de la crítica a Israel por la ultraderecha como una legitimización de los ataques de Hamás.
La clase política en pleno, desde el alcalde de Berlín, el conservador Kai Wegner, a la ministra de Cultura, la verde Claudia Roth, expresaron su estupor por el supuesto antisemitismo transmitido por la gala. La Berlinale emitió su enésimo comunicado distanciándose de las declaraciones de los cineastas. De poco sirvió que la codirectora del festival, Mariette Rissenbeek, hubiera dejado clara la condena a los ataques de Hamás del 7 de octubre en la apertura de la gala. La Berlinale ha quedado bajo sospecha de antisemitismo, una etiqueta amplificada desde todos los medios de comunicación de relevancia del país. Se ha publicado apenas algún comentario recordando que criticar a Israel no es, de por sí, antisemitismo -como el del politólogo Klaus Bachmann, en 'Berliner Zeitung'-. Pero domina el repudio sin paliativos, incluido a Abraham, hijo de supervivientes del Holocausto nazi.
Hay un claro divorcio entre esta especie de "pensamiento único" oficial y la calle, como lo demuestra el premio por votación del público a 'No other Land'. Todos sus pases estuvieron a rebosar de público joven, no identificable ni con la ultraderecha ni mucho menos con el temido yihadismo.

Dudas sobre el festival

La Berlinale es conocida como un festival de fuerte contenido político, pero en esta edición, la número 74, entró en conflicto con lo políticamente correcto. Era el último de la dirección bicéfala a cargo de la neerlandesa Rissenbeek y el italiano Carlo Chatrian. Dejarán el puesto tras cuatro años en los que la Berlinale ha perdido magnetismo mediático y tampoco ha convencido en lo cinematográfico.
Las presiones políticas han pesado sobre su gestión. Se vieron forzados a retirar las invitaciones a representantes de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), ante la lluvia de críticas del ámbito cultural contra esa presencia. El activismo pro-israelí salpicó algunos actos del festival -incluido uno con la exsecretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, increpada por su apoyo a Israel.
El próximo año asumirá la dirección la estadounidense Tricia Tuttle, por designación directa de la ministra de Cultura Roth.
Las dudas sobre el futuro no se limitan al festival, sino también a instituciones como la Filmoteca -Deutsche Kinemathek-, sus salas de cine Arsenal y el Museo del Cine, hasta ahora alojadas en un edificio vecino a Berlinale. Este año fue el último en el que se entregaron ahí los premios Fipresci de la crítica internacional -uno de ellos, para la sección Forum, a 'The Human Hibernation', de Anna Cornudella-. Su contrato de alquiler expiró, sin que se sepa dónde se alojarán en el futuro.