miércoles, 14 de febrero de 2007

La imposible neutralidad


Israel le puso rostro a la guerra en la Berlinale

Gemma Casadevall 

Berlín, 14 feb (EFE).- La guerra del Líbano entró en la Berlinale con el pretendidamente apolítico film israelí "Beaufort", mientras que Alemania llevó a concurso una espectral "Yella", ante la que el mejor refugio fue el cómic fílmico "300" y la batalla de las Termópilas. 
Un director israelí, Joseph Cedar, le puso rostro a la guerra con una película centrada en lo que fue un trauma nacional: la retirada, en 2002, de Beaufort, la fortaleza levantada sobre la montaña que en 1982 había conquistado el Ejército israelí. 
"No hay un mensaje político, lo evitamos deliberadamente, porque la intención es reflejar los miedos y ansia de supervivencia de unos soldados, los últimos, en Israel o en cualquier otro país del mundo", explicó Cedar tras la proyección del film. 
En "Beaufort" ni se ve al enemigo -"porque no lo hay, puesto que eso no es lo importante"- ni hay grandes escenas bélicas. Es una película centrada en los rostros de los soldados y las relaciones entre ellos, la alegría al recibir la orden de retirada y la esperanza de llamar, de una vez, a casa y decir que salieron vivos. 
Pero los misiles penetran en el búnker y destrozan a uno u otro entre el puñado de soldados del último reemplazo, del mismo modo que una mina se lleva por delante a un artificiero recién llegado. 
Se trata de un film que, paradójicamente, empezó a rodarse cuando "aún creíamos que la guerra del Líbano había terminado", en junio del año pasado, pero a la que el nuevo estallido bélico del mes siguiente "dio una perspectiva y percepción distinta", añadió el director. 
Para rodarlo, fue necesaria "toda una labor logística", explicó el director, desde vigilancia de la ONU a la reconstrucción de la fortaleza que Israel voló en la retirada, lo que de alguna manera también influyó en el resultado final. 
"Lo de hacer volar el bastión de cemento y hormigón construido para el film fue una especie de metáfora de lo que debió significar para Israel hacer estallar lo que durante años se había defendido, por lo que habían caído tantos soldados", añadió. 
Cedar insistió una y otra vez en que su película y sus propósitos eran apolíticos, lo que costaba creer, viéndolo tocado con una kipá y respondiendo con ojos desorbitados a la pregunta de un periodista sirio: "¿Sirio? ¿Y para quién informa?". 
El tema no es neutral y, pese a los muchos méritos de "Beaufort", interpretativos y de creación de una atmósfera claustrofóbica, el film no logró vencer la sensación de incredulidad. 
Si hace dos años, en la Berlinale apenas nadie creyó en una auténtica neutralidad en "Paradise Now" -asimismo centrada en dos rostros humanos, los de los dos palestinos a punto de perpetrar un atentado suicida-, tampoco ocurrió ahora con "Beaufort". 
Aunque sólo fuera porque el film no puede evitar "explicar" mucho de la mentalidad israelí y sus soldados, que no conocen otra cosa que la guerra, generación tras generación. 
Completó la jornada a competición "Yella", un exponente del cine más espectral que pueda dar de sí Alemania, en la forma y el fondo. 
Christian Petzold, que dos años atrás compitió con "Gespenster" (literalmente, "Fantasmas"), regresó a lo fantasmagórico alrededor de una muchacha que, junto a un marido violento que se salta una orden de alejamiento, acaba en el fondo de un río cuando sale en pos de nuevos horizontes. 
Nina Hoss trata de dar vida en pantalla a lo que claramente es una zombi, que se mueve entre zombies y que forma tándem con un chantajista de empresarios en bancarrota. O sea, más zombies. 
"Yella" arrancó algún aplauso de los medios alemanes y deseos de huida a los internacionales, con poca paciencia para espectros alemanes. "300", fuera de competición, fue la válvula de escape para una Berlinale algo desangelada. 
La película dirigida por Zack Snyder, basada en un cómic de Frank Miller sobre tres centenares de guerreros espartanos capitaneados por Leónidas contra las tropas del rey persa Jerjes, dio oportunidad de asistir a una filigrana entre la digitalización y los actores de carne y hueso. 
Mucha batalla, mucha sangre, mucha extremidad sesgada por cualquier espada y saltando por los aires, pero también mucha vitalidad, contrastando con una jornada a competición triste. EFE gc/ih/egn

martes, 13 de febrero de 2007

De "El Custodio" a "El Otro"



La Berlinale ahonga en el talento de Chávez en las "manos mágicas" de Faithfull

Gemma Casadevall 

Bildergebnis für berlinale el otro chavezBerlín, 13 feb (EFE).- La Berlinale ahondó hoy en el talento del actor Julio Chávez, astro rey del film argentino "El otro", que compartió jornada a competición con las "manos mágicas" de Marianne Faithfull, convertida en abuela de un "sex-club" en "Irina Palm". 
Un año después de "El custodio", el film que se llevó el premio Alfred Bauer en memoria del fundador del festival, la película dirigida por Ariel Rotter devolvió la presencia de Chávez a la sección a concurso, también con un film hecho a su medida. 
"Mi película es un viaje interno alrededor del tiempo y del cuerpo, de un hombre que trata de entender su ciclo vital", explicó el director acerca de su personaje: un abogado que en un corto viaje de trabajo usurpa identidades ajenas, las de dos hombres que acaban de fallecer. 
Chávez se convierte así en "El otro", para lo que será una mínima trasgresión a su vida de hombre feliz, un excelente esposo cuya mujer quedó, por fin, embarazada y un amantísimo hijo, que atiende, baña y da de comer con mimo a su anciano padre cascarrabias. 
"Se indaga en una doble relación de paternidad: la que mantiene con su hijo aún por nacer, y la que tiene con su padre, para él una premonición de la decrepitud física que le aguarda", prosiguió Rotter. 
Un papel diseñado al milímetro para Chávez, que recrea algunos de los "instintos elementales" a veces olvidados: el miedo a la noche, el deseo sexual hacia una desconocida o el sabor de la fruta fresca del bosque. 
La película respira y vive con Chávez. Si éste sonríe, la pantalla se ilumina; si asoma una gota de sudor por la nariz, la sala entera percibe la sensación de calor. "El otro" sigue así la regla de la "obediencia" debida a su astro rey, de la misma forma que ocurría con "El custodio", de Rodrigo Moreno. 
La comparación es inevitable. El film de Rotter no tiene la explosiva componente social de la historia del guardaespaldas del ministro que un día empuña su pistola, pero comparte con ésta el ritmo lento y el culto al actor. 
También como su antecesora, "El otro", una producción argentino-francesa-alemana, contó con ayuda financiera del World Cinema Fund, creado por el propio festival para apoyar cinematografías latinoamericanas, entre otras. 
La pregunta que planeaba sobre la Berlinale era por qué llevar por segundo año consecutivo una producción de sello tan similar, habiendo como hay tanta riqueza de buen cine argentino actual. 
Tal cuestión, sin embargo, debe plantearse más a los criterios de selección del festival que al director, que presenta una película sobre una historia interesante y magistralmente interpretada, como una especie de ley natural en Chávez. 
No fue la única película sustentada en un único nombre. "Irina Palm" es un ejercicio similar de la ex figura del pop Marianne Faithfull, convertida por Sam Garbarski en abuela que opta por poner sus manos al servicio de un sex-club para pagar los costes de una terapia a su nieto, agonizante en un hospital. 
Lo que parecería un folletín lacrimógeno deriva en terreno de la comedia. La abuela Faithbull adopta un nombre artístico, Irina Palm, y se convierte en reina del burdel gracias a sus manos mágicas. 
Los clientes no la ven, nadie sabe su edad. Trabaja tras un panel de madera, con el correspondiente orificio a la altura del miembro para que pueda ejercer sus "manualidades". 
En ningún momento se ve uno sólo de esos miembros de los que ella saca el mejor rendimiento: un termo de café estratégicamente colocado ante la cámara los tapa, y el resto discurre casi en tonos de "cine para todos los públicos". 
La Berlinale gratificó los trabajos de Faithbull con su mejor ovación, al menos en lo que se refiere al pase para la prensa. 
La historia de la abuelita con dotes ocultas arrancó de este martes 13 festivalero sanas carcajadas, aunque sea porque de vez en cuando a todo el mundo le entra bien un "happy end". EFE gc/jcb/egn


Rotter: "La Berlinale quería más Julio Chávez y acá estamos"


Gemma Casadevall 

Berlín, 13 feb (EFE).- El director argentino Ariel Rotter debutó hoy en la sección a concurso de la Berlinale con "El otro", una película "pensada plano a plano para Julio Chávez", su protagonista. convertido en un hombre que precisa de una pausa en su existencia.
"La Berlinale quería más Julio Chávez y acá está 'El otro'", respondió Rotter, en entrevista con Efe, a la pregunta de si no es algo arriesgado concurrir con un film de ritmo parecido y con el mismo actor que otro del año pasado, "El custodio", de Rodrigo Moreno.
"Existían grandes temores, yo mismo pensaba que no iban a recomendarnos para la selección, habiendo como hay tan buen y tan variado cine argentino", admitió tras la proyección de "El otro", segundo film latinoamericano en esta Berlinale tras la brasileña "O ano em que meus pais saíram de férias", de Cao Hamburger.
"Pero aquí estamos, lo que significa que la Berlinale se quedó el año pasado con ganas de más Julio", resume Rotter, quien varias ediciones atrás pasó ya por el festival con "Solo por hoy", en la sección a exhibición.
Rotter es plenamente consciente de que su film "existe porque existe Julio" y recuerda que escribió "todos sus planos, todas sus escenas, pensando en los ojos de Julio, en que era una película sólo asumible con la mirada de Julio".
Dos años trabajó en el guión pensando en el actor, pero sin hablarlo con él. "Cuando finalmente lo tuve listo, el día en que había apalabrado una cita con él la cancelé, por miedo, puesto que si me decía que no, me quedaba sin película".
Los temores se diluyeron con la primera conversación -"en cuanto Julio aceptó, porque le parecía un buen trabajo"- y empezó ahí una labor en la que apenas hubo ensayos, explica Rotter.
"Sólo había que ensayar las partes en que él actúa con alguien, que son las menos. El resto era su propia mirada, su manera de hacer y entender el personaje. No podía ser de otra manera", añadió.
El hombre que interpreta Chávez es un abogado, felizmente casado y cuya esposa espera un hijo, que de pronto, en un viaje de trabajo, se permite "la licencia" de trasgredir los planes, quedarse más tiempo de lo previsto bajo un par de identidades de personas que acaban de fallecer.
"Es un hombre que indaga en sí mismo, que pide una pausa en ese momento de su vida, no porque no sea feliz, sino porque necesita pararse y explorar, recuperar sentimientos e instintos", dijo.
Entre estas sensaciones, la atracción sexual por una desconocida; entre las preguntas que se plantea, la paternidad, tanto desde la perspectiva del hijo por nacer como de la decrepitud física, representada por su padre, un anciano cascarrabias a quien atiende con mimo de buen hijo.
Rotter no considera que un segundo film similar a "El custodio" -premio Alfred Bauer 2006, en memoria del fundador del festival- pueda dejar una imagen demasiado reducida del resto del buen cine actual argentino.
"Argentina tiene ahora dos o tres entre los diez mejores directores del mundo. Y no lo digo con vanidad, o al menos no con vanidad propia, sino tal vez ajena, puesto que hablo de otros colegas", explicó.
Ello explica, también, el hecho de que el buen cine de su país encuentre buenos interlocutores en el exterior. "El otro" es una coproducción argentino-francesa-alemana con apoyos varios, incluido el World Cinema Fund, creado por la propia Berlinale en 2004.
"No es que la Berlinale trate especialmente bien al cine argentino, es que eso es así en otros festivales, de ahí tantas producciones mixtas. El cine argentino es maduro, nuestra perspectiva es muy europea y eso facilita los intercambios", afirmó.
Rotter defiende la gran variedad de estilos de esa filmografía: "Lo que se llama nuevo cine argentino es, en realidad, una confluencia de muchas miradas, de muchos estilos, donde felizmente hay mucho que elegir", lo que probablemente irá en aumento en el futuro, "porque ahora mismo hay 10.000 estudiantes de cine".
Es, además, un cine muy competitivo, porque "en la Argentina estamos acostumbrados a abrirnos camino a machete, por una mera cuestión de supervivencia". EFE gc/ih/egn



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domingo, 11 de febrero de 2007

Hipnótica Sharon


Téchiné compendia el sida entre seres vivos y Stone se transmuta en desesperanza


Gemma Casadevall


Berlín, 12 feb (EFE).- El francés André Téchiné sorprendió a la Berlinale con "Les Témoins", un film compendio sobre muchas de las tragedias que rodean el sida abordadas con una pretendida ligereza, mientras que Sharon Stone se transmutó en rostro de la desesperanza. 
"Mi película es un testimonio para tantos amigos perdidos por el sida", explicó Téchiné, consciente de que es un film "de ritmo acelerado", por la multitud de historias que se tejen alrededor de un muchacho contagiado con el virus a mediados de los 80, cuando ni los médicos sabían de esa enfermedad. 
"A esa frecuencia late mi corazón, a ritmo rápido, y así es mi película. ¿Mi mensaje? reflejar la belleza del mundo, incluso en medio de la tragedia", dijo, custodiado por Emmanuelle Béart, Sami Bouajila, Julie Depardieu y Johan Libereau, algunos de sus actores. 
El personaje de Béart, una escritora de libros infantiles casada con un policía de origen magrebí, es el hilo conductor de la película, construida como un mosaico de personajes esencialmente vivos, en una Berlinale algo saturada de lo contrario. 
Sin dramatismos, con ese ritmo acelerado al que alude Téchiné que en ocasiones parece incluso atropellado, del que si algo resulta gratificante es la sensación de que estamos ante personajes capaces de hacer las paces consigo mismos y con los demás, de restablecerse. 
Bouajila es lo que se dice un ser poliédrico: por un lado, un depredador sexual, por otro un amantísimo padre, un macho y un policía que de pronto se deja llevar a la homosexualidad pasajera. 
Béart es la mujer desbordada por su maternidad, capaz de asumir el vuelco de su esposo, de aceptar incluso al muchacho "culpable" del desaguisado familiar. Michel Blanc -ausente en la presentación-, un médico homosexual y enamorado, que supera el doloroso rechazo amoroso para pasar a la militancia del combate contra el sida.

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Y Libereau es el chico de 20 años que encandila a todos en lo que empieza como una merienda junto al mar, hasta que irrumpe en la fiesta el mal del que nadie conoce aún las siglas, el sida. 
Cada una de las relaciones que se establece en esa constelación daría para un pequeño o gran drama, para mucha reflexión cinematográfica. Pero como los personajes de Téchiné son, sobre todo, seres vivos, gente que sale a flote, el conjunto adopta un tono de pretendida, refrescante ligereza. 
Todo lo contrario ocurre en "When a Man Falls in the Forest", la película dirigida por Ryan Eslinger, que trajo a la Berlinale a una Sharon Stone espléndida, tanto en lo físico como en lo mental, para nada identificable con el personaje de su film. 
Se trata de una película de tono melancólico, poblado por seres desamparados, que no encuentran el camino de salida a esa desesperación y cuyo mejor exponente es el rostro de Stone, convertida en una mujer que se siente "invisible" para los hombres. 
"Creo que todas las mujeres al llegar a una cierta edad sienten que desaparecen, que nadie las mira, que nadie las desea", dijo Stone, que dejó a la prensa internacional casi bajo un estado hipnótico con su particular modo de hablar, lentamente, saboreando cada sílaba, como si siguiera dando cuerpo al "Basic Instinct". 
Cuesta creer que alguien como Stone, en vivo, pueda llegar a sentirse invisible, con cuarenta y muchos años o más adelante, incluso, pero eso es lo que transmite en el film, igual que el resto de los personajes. 
Timothy Hutton es el esposo incapaz de volver a hacer que se sienta mujer; Dylan Baker, un solitario inseguro imposibilitado para comunicarse con el mundo que le rodea, y Pruitt Taylor Vince, un ex compañero de estudios de ambos, asimismo incapaz de superar un trauma. 
"When a Man Falls in the Forest" es un film melancólico, pero no deprimente, defendió Eslinger y también Stone -quien además de intérprete ha intervenido en la producción-, quien puso énfasis en su teoría sobre la caída y la capacidad de recuperación. 
"Lo importante no es caerse, preguntarse por qué caímos, ni quién nos empujó, sino cómo levantarse", dijo, tras pensárselo varios segundos, como si ella misma quedase embelesada en cada una de sus sílabas. 
"When a Man Falls in the Forest" y "Les Témoins" fueron las dos películas a concurso, complementadas por "Notes on a Scandal", fuera de competición, un mano a mano interpretativo entre Judi Dench y Cate Blanchett alrededor de una profesora tiránica, frustrada y lésbica que chantajea a su compañera de trabajo, sobre la que pesa la acusación de haber pervertido a uno de sus alumnos. EFE gc/umj/egn

Ovación al Bafana real


El inmenso Mandela y el poderoso Eastwood para un domingo de cine

Gemma Casadevall 

Berlín, 11 feb (EFE).- La Berlinale incluyó dos platos fuertes en un domingo bajo la nieve: el inabarcable Nelson Mandela, visto por su carcelero y filmado por Bille August, y un poderoso Clint Eastwood, que exhibió maestría con su versión "japonesa" de la batalla de Iwo Jima. 
Dennis Haysbert no lo tenía fácil en su tarea de dar en cine la talla inmensa de Mandela en "Goodbye Bafala", pero salió más que victorioso, mientras que Joseph Fiennes se puso en la piel del guarda racista que le controló y censuró sus cartas, en 27 años de vida carcelaria. 
Eastwood, por su parte, desplegó, ahora desde la perspectiva japonesa, su impresionante "Letters from Iwo Jima", su segunda aproximación tras "Flags of our Fathers" a una de las batallas más sangrientas libradas en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). 
August opta en "Goodbye Bafana" por cine de corte convencional, mientras que Eastwood se arriesga más, se lanza a ejercer de director "en japonés", para un film impactante y estremecedor. 
Que la película de August fuera a concurso, mientras que la de Eastwood se exhibiera fuera de competición parece contradictorio con los planteamientos de un festival que pretende abrir panorámicas nuevas. En cualquier caso, ambos títulos dieron como resultado un domingo de cine redondo, en un Berlín nevado. 
"Cada noche, de regreso a casa, me ponía una copa de vino tinto y lloraba", explicó Haysbert ante la prensa internacional, que recompensó con un aplauso su emocional explicación sobre cómo afrontó su personaje. 
De la intimidación, ante la figura que "dio la esperanza de unidad a ese país maravilloso que es Sudáfrica", a la complejidad para resumir en cine los rasgos de "un ser inmenso": ese fue el ejercicio llevado a cabo por el actor. 
Fiennes se concentró en biografías y testimonios acerca del otro protagonista de "Goodbye Bafana", otro personaje de la vida real, el carcelero James Gregory, un hombre convencido de que el "apartheid" es un sistema justo, aceptado por Dios, hasta que conoce a Mandela. 
A Gregory, buen padre de familia casado con otra racista, simplemente porque así se lo inculcaron de pequeños, se le asigna la vigilancia de Mandela, por el hecho de que habla xhosa, aprendido en la infancia en una granja, y puede "espiar" a los presos. 
Empieza así una relación evidentemente desigual, que evolucionará hacia la amistad en un largo trecho de tiempo, salpicado por el fatalismo y la inminencia de las turbulencias históricas, con la inevitable evolución e intercambio de papeles. 
"Fue una historia que me emocionó desde el principio, porque abordaba al inconmensurable Mandela desde una perspectiva concreta, la del carcelero", explicó August. 
La confrontación entre ambos caracteres es algo desigual, como la relación entre el personaje en que está basado el film. Fiennes es un actor que encaja más recitando a Shakespeare que soltando insultos racistas a los presos, mientras que Haysbert parece haber nacido para interpretar a Mandela. 
La ovación con que la Berlinale recibió "Goodbye Bafana" era más al personaje de Mandela que al film, cuya proyección coincidió con el aniversario de su liberación, el 11 de febrero de 1990. 
Clint Eastwood, en cambio, no precisó de apoyo ninguno para convencer y acaparar el protagonismo de la jornada, pese a no ir a competición. 
"Letters from Iwo Jima" cuenta la historia de una batalla en que cayeron 7.000 soldados estadounidenses y 20.000 japoneses a través de algunas cartas de éstos últimos. 
Eastwood traza una serie de retratos sencillos, bien narrados, tanto del pobre panadero que quiere sobrevivir para conocer a su hija, como del general ilustrado, que pasó por EEUU y que no ve claro que deba exigir a los suyos el suicidio honorable. 
Ante tal lección de cine, poco podía dar que hablar la que era la segunda película a competición de la jornada, la italiana "In memoria di Me", de Saverio Costanzo. 
Nada favorecía la proyección del film, a primera hora de la mañana del domingo, y con un tema algo disuasorio: historias de seminaristas encerrados en un convento italiano, sus reflexiones sobre culpa, pecado, fe e inclinaciones sexuales. 
El jurado presidido por Paul Schrader sí estaba en la sala, de acuerdo con su obligación, y sí habrá tomado nota del film. Pero la Berlinale, ansiosa de ver nombres con mayúsculas, apenas reparó en él. EFE gc/jcb/fpa

sábado, 10 de febrero de 2007

Plagas de langosta anticomunistas


La Berlinale arranca en serio con Robert de Niro y la visión a fuego lento de la CIA

Gemma Casadevall 

Berlín, 10 feb (EFE).- La Berlinale arrancó en serio hoy con la aparición de Robert De Niro y la proyección de "The Good Shepherd", una película algo mastodóntica, como desmesurada es la CIA y su poder conspirador, que eclipsó a la competencia alemana, "Die Fälscher", y más aún a la asiática "Tu ya de Hun Shi". 

Ni patriótica ni crítica, ni despiadada ni cómplice: así quiso De Niro que fuese su film, en que los agentes no son hombres de acción, sino seres reposados y con un marcado autismo sentimental, que exige del espectador el ejercicio previo de adaptarse al ritmo lento. 
El objetivo, según De Niro -director e intérprete secundario-, no es criticar el ilimitado poder de la CIA, sino presentarla "como la percibe, sinceramente, un buen ciudadano estadounidense". 
El peso de los 167 minutos de film a fuego lento recae en un personaje, Edward Wilson -Matt Damon-, el joven que ingresa en el servicio secreto por indicación de su fundador, Bill Sullivan -De Niro-, procedente de una sociedad secreta -"Calaveras y Huesos"- que exige a los suyos sacrificio y discreción. 
Se trata de retroceder sobre el nacimiento del más poderoso servicio secreto del mundo "porque así estaba en el guión de Eric Roth", justificó, sobre un proyecto en que trabajó nueve años. 
Por las mismas, quisiera rodar otras dos partes, una relativa al periodo de 1961 a 1999, centrada en el Muro de Berlín, y otra desde entonces a la actualidad. Pero eso pertenece aún a lo virtual. 
Al guión, y nada más que al guión, insistió, se debe el trabajo de inmersión en unos agentes que pasean y meditan sobre Dios y sus santos, pero luego lanzan plagas de langosta para aplastar el comunismo latinoamericano o tiran en pleno vuelo a una de sus agentes, porque se enamoró de quien no debe. 
De la paranoia de la Guerra Fría al desembarco en la Bahía Cochinos, a través de ese Wilson, incapaz de transmitir emociones al mundo que le rodea y del que el rostro impertérrito de Damon es la mejor expresión: todo eso está en "The Good Shepherd", un film que evita cargar tintas y ofrecer orgías sangrientas. 
Estático, acorralado por un sentido del deber y el patriotismo y sin capacidad siquiera para abrir la carta que dejó su padre al suicidarse, Damon es el actor perfecto para de Niro, empeñado en imprimir una lentitud exasperante, contra la que el único antídoto es el adaptarse al ritmo y saborear. 
La presencia De Niro, acompañado de Damon y la actriz alemana Martina Gedeck -intérprete de un papel secundario-, dejó poco espacio para las otras dos películas a concurso de esta tercera jornada de la Berlinale, no por falta de méritos. 
"Die Fälscher", del austríaco Stefan Ruzowitzky, aportó la dosis de "cine sobre el Holocausto" habitual en la Berlinale, centrada en un caso poco conocido fuera de Alemania, la existencia de un equipo de falsificadores en el campo de concentración de Sachsenhausen, obligados por los nazis a falsificar libras y dólares. 
Son confinados privilegiados, a los que en lugar de la cámara de gas les esperan duchas y camas limpias, y que no tienen más remedio que colaborar, puesto que la alternativa a lograr la imitación perfecta es la muerte. El propósito de los nazis es minar la economía de los aliados y la suya, simplemente, sobrevivir. 
Karl Markovics, genial en su papel de jefe de los falsificadores, y August Diehl, en el de preso que pretende plantar cara y sabotear la operación, lograron que el film no pasara por el Festival como mero producto doméstico, sino como título a tener en cuenta. 
Menos suerte tuvo el director chino Wang Quan'an con "Tu ya de Hun Shi" -"Tuya's mariage", en inglés-, proyectada en la sesión de las nueve de la mañana. 
A los filmes asiáticos presentados en esa sesión no les aguarda nunca o casi nunca una sala llena. Menos aún si se sabe que inmediatamente después vienen casi tres horas de cine. 
Ese fue el caso de esa producción, rodada entre pedregales de Mongolia y con una original historia de amor y lealtad tejida alrededor de Tuya, una mujer joven y hermosa, casada con un hombre mayor al que no quiere dejar en la estacada. 
El escenario es la Mongolia rural más dura y cada vez más despoblada, puesto que quien puede se va a la ciudad. Tuya es no solo fiel al marido que de poco le sirve, sino también a su tierra. Una lucha valerosa, para una audiencia de "resistentes" matutinos e incondicionales del cine asiático. EFE gc/jcb/sc

viernes, 9 de febrero de 2007

El Berlín comido por las bombas de Cate y George



Berlín acoge con frialdad a Soderbergh y se deja mecer por la poética coreana

Gemma Casadevall 

Berlín, 9 feb (EFE).- La Berlinale arrancó en serio hoy, en su segundo día de competición, con "The Good German", una réplica de "Casablanca" trasladada al Berlín comido a dentelladas por las bombas, junto al cine sencillo y hermoso del brasileño Cao Hamburger y la poética coreana de Park Chan-Wook. 

Bildergebnis für cate blanchett berlinaleUna Cate Blanchett bellísima, acompañada por el director Steven Soderbergh, embutido en una camiseta berlinesa -con el hombrecillo verde de los semáforos del este de la ciudad-, acudió para defender con él "The Good German" ante un festival ansioso de ver estrellas. 
Los dos asistían como "amigos de la casa" -ambos pasaron por varias ediciones anteriores del festival- y, pese a no traer consigo a George Clooney, otro habitual de la Berlinale, eran la primera presencia de rango internacional en esta 57 edición. 
"The Good German" brinda, sobre todo, la oportunidad de asistir a un perfecto ensamblaje entre imágenes documentales del Berlín de 1945, con edificios en ruinas y sobre el trasfondo de la Conferencia de Potsdam, y la cámara legislativa actual, también en blanco y negro. 
Sin embargo, la película de Soderbergh cosechó más abucheos que aplausos en su estreno ante la crítica, con un filme que picotea entre episodios propios de cintas de cazanazis y triángulos amorosos. 
El "Casablanca" trasladado al aeropuerto berlinés de Tempelhof no cuajó, aunque Blanchett dé bien su personaje de alemana gélida y superviviente, por encima de todo, y Clooney se erija en abnegado enamorado, corresponsal de guerra, oficial y caballero. 
A la pareja Blanchett-Clooney le faltó química, por mucho que ella se esforzara en explicar ante la prensa que su compañero de rodaje es el hombre "más fantástico, divertido, rápido y energético" que uno pueda imaginar. 
Parece también que el tándem Soderbergh-Clooney, que han trabajado juntos en seis películas, no da los resultados esperados, vistas las malas críticas recibidas en Estados Unidos. "Tal vez en Europa se nos vea con más simpatía", explicó el director. 
Mientras Soderbergh dejó fría a la Berlinale con su recital de técnica fotográfica y atractivos protagonistas, el brasileño Hamburger encandiló justo con lo contrario: una historia sencilla, arrancada de los años de la dictadura y con la Copa do Mondo como bálsamo reparador de todas las heridas. 
Su protagonista es un niño de 12 años, de Belo Horizonte, cuyos padres deben irse de "vacaciones", como tantos otros izquierdistas, y que teóricamente queda al cuidado de un abuelo, en Sao Paolo. 
De discutir sobre Pelé con papá pasa a un vecindario de judíos que hablan en un yidish ininteligible para él. Del abuelo propio, de por sí desconocido, pasa a la tutela aún más remota de un vecino por fallecimiento del anterior. 
"O ano em que meus país saíram de férias" se convierte así en exponente de la capacidad de adaptación de ese niño y también del pueblo brasileño por hermanarse con la Copa do Mondo, sean estudiantes comunistas, sean judíos ortodoxos. 
Sin pretensiones, emocional, sin caer en lo lacrimógeno, y hermoso: así es el filme de Hamburger, cineasta que se sabe parte de la generación de directores latinoamericanos que miran hacia las aún recientes dictaduras. 
"Muchos en mi generación sentimos ahora la necesidad de recordar ese pasado", explicó Hamburger, nacido en 1962 y quien dice tener recuerdos "apenas vagos" de esos años de la dictadura. 
Completó la jornada "Sai bo gu ji man gwan chan a" -"I'm a cyborg, but that's ok", en su título en inglés-, una historia por momentos delirante, por momentos filosófica y con mucha carga poética dentro, con que Park Chan-Wook hizo las delicias de la Berlinale. 
Todo ocurre en un manicomio, poblado de locos como la protagonista, una muchacha que se niega a ingerir comida porque considera que es un ser cibernético que sólo se alimenta de electricidad. Su cómplice -y enamorado- es un delincuente común, que pasa de robar por las calles a "robarles" a los enfermos sus males. 
El director coreano es capaz, con estos componentes, de tejer decenas de historias paralelas, un cálido idilio y al mismo tiempo varias ensoñaciones de la muchacha cibernética, convertida en robot asesino del cuerpo médico -tan adorable como los pacientes- y el resto del personal. EFE gc/rz/fr



Latinoamérica entra con buen pie con un filme brasileño sobre fútbol y dictadura

Gemma Casadevall 

Berlín, 9 feb (EFE).- El cine latinoamericano entró hoy con buen pie en la sección a concurso de la Berlinale con la proyección de "O ano em que meus pais saíram de férias", del brasileño Cao Hamburger, exponente de cine sencillo, sin pretensiones, hermoso y con dos temas de fondo potentes: la dictadura y el fútbol. 
La historia de Mauro, un niño de 12 años cuyos padres deben marcharse "de vacaciones" por razones políticas, cautivó a un Berlín que echa de menos las emociones vividas como anfitrión del Mundial de Fútbol 2006 y que se dejó envolver por el recuerdo de la Copa do Mondo 1970. 
La crítica internacional brindó a la película la primera ovación de simpatía de esta 57 edición del Festival de Cine, en el pase previo para la prensa, acogida que se repitió luego en el estreno oficial de la película. 
En ese contexto, del fútbol como aglutinador de pasiones y bálsamo en tiempos difíciles, discurre el filme de Hamburger, nacido en 1962 y miembro de una generación de cineastas latinoamericanos jóvenes que vuelcan la mirada hacia los años de las dictaduras. 
"El fútbol es una pasión general, compartida, que ayuda a romper barreras y también a esconder aquello que no interesa que vea el pueblo", explicó el director, en su presentación ante la prensa internacional. 
De Belo Horizonte parte un día Mauro con sus padres, a bordo de un "escarabajo" Volkswagen azul hacia Sao Paulo. Teóricamente, allí vivirá una temporada corta con su abuelo, precisamente cuando está a punto de abrirse el Mundial de 1970 en México, del que Brasil ganó la Copa tras la final contra Italia. 
La fatalidad quiere, sin embargo, que el abuelo muera pocas horas antes de que papá y mamá le dejen ante el portal de su casa. Un vecino, total desconocido para el niño, deberá asumir la tutoría accidental de éste. 
De discutir sobre Pelé con papá, Mauro pasa a vivir entre vecinos judíos que hablan en un yidish ininteligible para él. Por suerte, existe el fútbol, factor que hermana a estudiantes comunistas y judíos ortodoxos. Y también la capacidad de adaptación de un niño. 
Sin pretensiones, emocional, sin caer en lo lacrimógeno, y hermoso: así es el filme de Hamburger. 
"Muchos en mi generación sentimos ahora la necesidad de recordar ese pasado", explicó Hamburger, quien dijo tener recuerdos "apenas vagos" de los años de la dictadura. 
Al director brasileño le correspondió el honor de abrir la representación de cine latinoamericano en la Berlinale. Le seguirá, el próximo martes, "El otro", de Ariel Rotter, con Julio Chávez en el papel protagonista. 
Ambos, director y actor, repiten en el Festival de Berlín. Rotter presentó en 2001 "Sólo por hoy" en la sección Panorama, mientras que Chávez estuvo en competición en 2006 con "El custodio", que ganó el Premio Alfred Bauer, instituido en memoria del fundador del certamen. 
Tal como "El custodio", la película de Rotter, una producción argentino-francesa-alemana, contó con ayuda financiera del World Cinema Fund, creado en 2004 por la Berlinale para apoyar producciones de Latinoamérica, África, Oriente Medio y Asia Central. 
Al margen de ambos títulos a concurso, en la sección Berlinale Special se proyectará la última película del director cubano Fernando Pérez, "Madrigal", de producción española-cubana. 
En la sección Panorama se exhibirá la brasileña "A casa de Alice", de Chico Texeira (Brasil), y la argentino-francesa "La León", de Santiago Otheguy. 
También en ese apartado, procedente de Argentina, se verá "Gaucho", de Juan Minujín, cortometraje previo a "La León"; y "Deserto Feliz", de Paulo Caldasm, una coproducción germano-brasileña. 
En el apartado de homenajes se recuperarán los documentales "Memorias cubanas: Fidel cuenta el Che" y "Un día con Fidel", ambos de 1987, en una gala especial en honor al cineasta italiano Gianni Minà (Italia). 
En la sección Forum se exhibirán "Extranjera", de Inés de Oliveira Cézar (Argentina, Grecia y Polonia), y "El telón de azúcar", de Camila Guzmán Urzúa (Cuba, España y Francia). 
"Antónia", de Tata Amaral (Brasil), se pasará en la sección Generation 14Plus, y "Lo que trae la lluvia", del chileno Alejandro Fernández Almendras, concursará en el festival de cortometrajes. EFE gc/fr

jueves, 8 de febrero de 2007

Rien de rien



Revive la Piaf más desgarrada en la apertura de la Berlinale

Gemma Casadevall 

Berlín, 8 feb (EFE).- La Edith Piaf de vida tortuosa, desgarrada por la fatalidad y la adicción revive interpretada por Marion Cotillard en "La Môme. La vie en rose", la película que abrió hoy la Berlinale y cuyo tesoro es la mítica voz del "Non, je ne regrette rien". 
La película de Olivier Dahan no es como para ver la vida de color de rosa y la capital alemana amaneció, además, bajo una fina capa de nieve y un cielo plomizo, poco propicio para desplegar glamour en la inauguración del 57 Festival de Cine de Berlín. 
Pero Cotillard y resto del equipo de Dahan llevaron a la Berlinale algo del ambiente del Olympia parisino en que Yves Montand, Jean Cocteau o Charles Aznavour aplaudieron a una Piaf que, con poco más de cuarenta años, tenía el cuerpo de una mujer de 70. 
Cotillard, la actriz francesa que encara a Piaf desde los 19 años hasta su muerte en 1963, con la metamorfosis física y mental que ello comporta, dejó al público conmocionado, con un film que no quiere ser biográfico, según Dahan, pese a las apariencias. 
"No hice una biografía, sino un retrato", explicó Dahan tras el pase de prensa, custodiado por Cotillard y varios de sus actores, aunque no por su secundario de lujo, Gérard Depardieu, quien interpreta al empresario que descubrió a Piaf cantando en la calle. 
Se trata de un retrato algo forzado, en definitiva, en que obvia aquello que no le interesa y se concentra en lo que sí, y para el que Dahan reconoce "no haber hablado con quienes la conocieron", pero sí haber leído "todo o mucho de lo que se ha escrito sobre ella". 
La película de Dahan crece en los momentos en que se escucha la poderosa voz de Piaf y tropieza en los tópicos. 
Desde una infancia con connotaciones de Charles Dickens, con una Edith niña deambulando entre prostíbulos y circos ambulantes, a la adolescencia ya alcoholizada, a modo de "herencia" paterna, y al único gran amor que retrata, el vivido con el boxeador Marcel Cerdan. 
Piaf no fue mujer de un único episodio amoroso, sino que estuvo casada tres veces y vivió múltiples pasiones y amistades tormentosas, incluido un capítulo con Marlene Dietrich, "pero me centré en Cerdan porque ése era el capítulo que me interesó", dijo Dahan. 
Dietrich aparece fugazmente y de Montand o Cocteau se sabe que existieron únicamente "por alusiones", que es lo único que se les dedica. 
Un film autobiográfico que no quiere serlo y una aproximación al personaje que en ocasiones roza la caricatura, por mucho que Cotillard se esfuerce justamente en lo contrario. 
"Evité en todo momento la sobreinterpretación porque sé que es el principal peligro a que me exponía con este personaje", declaró la actriz, hermosa y maravillosa ante la prensa, hasta el punto que costaba reconocer en ella a la decrépita Piaf de "La Môme". 
Cotillard se mete en la piel de la diva torturada, a quien ni siquiera en la infancia se retrata con un rostro fresco y a la que la vida sólo se le plantea "en rose" bajo el impacto del amor con Cerdan. 
La muerte de éste y un paralelismo entre esa pérdida y otra mucho más remota, la de la hija que tuvo casi en la adolescencia, dejan un rastro de fatalismo en la mujer del "Non, je ne regrette rien". 
El director de la Berlinale, Dieter Kosslick, no eligió bien, si es que pretendía abrir con un film que diera brío al Festival. 
Si a algo no invita "La Môme" es a cantar a coro las canciones con la Piaf, como él había anunciado, al presentar el programa oficial. 
La sección oficial de la Berlinale, por lo demás, se perfila bien cargada en cuanto a retratos complejos de mujer. 
Marianne Faithfull, icono del pop y actriz, pondrá en escena en "Irina Palm" a otra mujer castigada por la vida que trabaja en un club nocturno. 
Romola Garai lo hará con una escritora de la Inglaterra de principios del XX, en choque con sus pasiones y sociedad, en "Angel", de Francois Ozon, mientras que Sharon Stone ofrecerá un personaje tortuoso en "When a man falls in the forest". EFE gc/umj/acm

miércoles, 7 de febrero de 2007

La previa


Arranca la Berlinale "en rose"

Gemma Casadevall

Berlín, 7 feb (EFE).- La 57 Berlinale arranca mañana con "La môme. La vie en rose", la película alrededor del universo de Edith Piaf que abrirá con sabor francés el desfile de 22 aspirantes a los Osos del Festival de Cine de Berlín. 
La alfombra roja de la Berlinale espera a Marion Cotillard, la actriz que da vida al icono de la "Chanson", la mujer de aspecto frágil y voz de oro que inaugurará el festival. 
Le seguirán en el paseo Cate Blanchet, Robert de Niro, Angeline Jolie, Matt Damon, Clint Eastwood, Antonio Banderas, Jennifer López, Sharon Stone y varios miembros de la factoría Depardieu, además del veterano director Arthur Penn, que recibirá un Oso de Oro de Honor. 
A falta de papa Gérard, co-protagonista con Cotillard en la película de Olivier Dahan, sí tienen anunciada su visita Julie y Guillaume Depardieu -ella, para "Les Témoins", de André Techiné; él, para "Ne touchez pas la hache", de Jacques Rivette-. 
Una cuarta película francesa, "Angel", de Francois Ozon, cerrará la competición, el 17 de febrero, con otra emocional historia de mujer, una escritora de principios del siglo XX en Inglaterra. 
Al margen de la batería de cine francés, EEUU llevará a la Berlinale presencias poderosas: por ejemplo, de Niro, director y actor en "The good Shepherd", la historia del nacimiento de la CIA a través de un hombre que sí creía en su país. 
"The good German", de Steven Soderbergh, traerá la historia del corresponsal de guerra estadounidense en el Berlín en ruinas de la Conferencia de Potsdam, interpretado por George Clooney y Blanchet. 
"Goodbye Bafana", de Bille August, pondrá en escena a un Josepfh Fiennes en la piel del carcelero que durante veinte años vigiló a Nelson Mandela. 
"Bordertown" hará de Jennifer López, junto a Banderas, una periodista estadounidense que investiga los crímenes de centenares de mujeres en Ciudad Juárez -México-. Y "When a man falls in the Forest" pondrá a Sharon Stone en el papel de mujer atormentada. 
El actor argentino Julio Chávez ofrecerá otro recital interpretativo en "El otro", de Ariel Rotter, con su personaje de hombre maduro en crisis que asume una identidad ajena, tras el magnífico "El custodio" que en 2006 le hizo llevarse el Premio Alfred Bauer. 
La brasileña "O ano em que meus país saíram de férias", de Cao Hamburger, narrará la historia de un niño de 12 años cuyos padres se ven forzados por la dictadura a irse de "vacaciones", en los 70. Una historia emotiva, en un Brasil ilusionado con la 'Copa do Mondo'. 
Dieter Kosslick, director de la Berlinale, ha buscado la cuadratura perfecta entre el "glamour" y las historias potentes, con menos cine alemán que de costumbre, sólo dos películas, "Yella", de Christian Petzold, y "Die Faelscher", de Stefan Ruzowitzky. 
El resto de 22 concursantes, ilustrativos de la voluntad de equilibrar la balanza entre cinematografías, lo forman la israelí "Beaufort", la británica "Hallam Foe", la italiana "Memoria di me", la co-producción europea "Irina Palm", cuatro producciones asiáticas y una checo-eslovaca. 
La Berlinale arranca y Kosslick tiene ante sí una asignatura pendiente: quitarse el sambenito de "Flopmacher" -"artífice de fiascos"- que le colgó esta semana "Der Spiegel". El semanario alude a los dos últimas películas que se llevaron el Oso de Oro, la serbia "Grbavica", en 2006, y, sobre todo, la sudafricana "U-carmen", en 2005, que luego no obtuvieron la menor resonancia en taquilla. 
También se le achaca poco olfato para el cine anfitrión: es decir, no haber luchado el año pasado por tener en su Berlinale "Das Leben der Anderen", aspirante a los Oscar. 
A Kosslick se le imputa excesiva influencia sobre sus jurados. El de este año lo preside Paul Schrader, de quien se exhibe fuera de concurso "The Walker", y tendrá entre sus miembros al actor mexicano Gael García Bernal. 
El cine español no tendrá representante a concurso, más allá de la presencia de Banderas en "Bordertown", pero sí tendrá su protagonismo fuera de competición. 
Banderas estará en la Berlinale también como director de "El camino de los ingleses", en Panorama, donde asimismo se proyectará "Invisibles", firmado por Isabel Coixet, Fernando León de Aranoa, Mariano Barroso y Javier Corcuera, junto al alemán Wim Wenders. 
Berlinale Special incluirá la producción italiano-española "La masseria della allodole", de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, con Paz Vega y Angela Molina, centrada en el genocidio armenio. 
Y habrá asimismo dos presencias destacadas de Cuba: "Madrigal", de Fernando Pérez, también en Berlinale Special, y los documentales "Cuban Memories: Fidel cuenta el Che" y "Cuban Memories: Un día con Fidel", ambos de 1987, en el homenaje al italiano Gianni Milà. EFE gc/jcb/tcr

sábado, 3 de febrero de 2007

Pre-previa


Alfombra roja al estrellato y al cine de alto voltaje


Gemma Casadevall 

Berlín, 3 feb (EFE).- La Berlinale desplegará la semana próxima su alfombra roja como primera gran cita europea del año del "glamour" y el cine de alto voltaje, con 400 películas en programa y una elite de 22 cintas que compiten por sus Osos. 
Arthur Pean recibirá un "Oso de Oro de Honor" al conjunto de su carrera, Robert de Niro competirá con "The good shepherd", Clint Eastwood exhibirá "Letters from Iwo Jima", y Antonio Banderas y Jennifer López acapararán "flashes" con "Bordertown". 
Desde el jueves, día 8, en que el 57 Festival de Cine de Berlín abrirá al son de Edith Piaf con "La mome. La vie en rose", hasta diez días después, con el reparto de premios, el jurado presidido por Paul Schrader y con el actor mexicano Gael García Bernal entre sus miembros tendrá un menú variado donde elegir. 
Francia estará representada, junto al film sobre Piaf, por otros tres títulos, dos de los cuales de los maestros André Téchine -"Les Témoins"- y Jacques Rivette -"Ne touchez pas la hache"- y el último, que cerrará además la competición, de Francois Ozon -"Angel"-. 
Buscarán también su suerte "Goodbye Bafana", de Bille August, con un Joseph Fiennes metido en la piel del carcelero de Nelson Mandela, o la citada "Bordertown", en que López interpreta a una periodista estadounidense que investiga los crímenes de mujeres en Ciudad Juárez. 
La brasileña "O ano em que meus país saíram de férias", de Cao Hamburger, tocará la fibra con la historia de un niño cuyos padres se ven obligados a "viajar", en tiempos de la dictadura, y la argentina "El Otro", de Ariel Rotter, llevará a la Berlinale, por segundo año consecutivo, al actor Julio Chávez. 
Tras "El custodio", que en el 2006 obtuvo el premio Alfred Bauer, Chávez vuelve con un personaje "muy parecido" a un festival que "no disimula su corriente de simpatía" hacia la filmografía de ese país, en palabras del director de la Berlinale, Dieter Kosslick. 
George Clooney, otro "amigo" del festival alemán en ediciones anteriores, no estará esta vez sobre su alfombra roja para apuntalar con su presencia "The Good German", de Steven Soderberg, otra de las concursantes. Problemas de agenda, según el director. 
Pero Kosslick espera contar, además de con su dúo de lujo Banderas-López, con Cate Blanchet, Lauren Bacall, Matt Damon, Sharon Stone, Hanna Schygulla y, por supuesto, Niro e Eastwood. 
A diferencia de años anteriores, en los que la Berlinale se volcó hacia el cine anfitrión, este 2007 habrá apenas dos representantes alemanas: "Yella", de Christian Petzold, y "Die Faelscher", de Stefan Ruzowitzky. 
El resto hasta las 22 concursantes señaladas, van de la estadounidense "When a man falls in the forest", con Sharon Stone, a la israelí "Beaufort", la británica "Hallam Foe", la italiana "Memoria di me", la co-producción europea "Irina Palm", cuatro producciones asiáticas y una checo-eslovaca. 
Fuera de concurso, además de la película de Eastwood, se proyectará en la sección oficial "Notes on a Scandal", de Richard Eyre; "300", de Zack Snyder, y "The Walker", de Schrader, presidente del jurado y por tanto inhabilitado para competir. 
Banderas estará en la cita cinematográfica por partida doble, puesto que la sección Panorama incluirá "El camino de los ingleses", segundo largometraje que dirige. 
Ahí estará también, en el apartado Documentos, "Invisibles", firmado por cuatro directores españoles -Isabel Coixet, Fernando León de Aranoa, Mariano Barroso y Javier Corcuera-, junto al alemán Wim Wenders. 
Berlinale Special incluirá "Madrigal", del cubano Fernando Pérez, y la producción italiano-española "La masseria della allodole", de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, con Paz Vega y Angela Molina, centrada en el genocidio armenio. 
Cuba estará asimismo presente a través del homenaje al cineasta italiano Gianni Mina, de quien se proyectarán los documentales "Cuban Memories: Fidel cuenta el Che" y "Cuban Memories: Un día con Fidel", ambos de 1987. 
Otros platos fuertes fuera de competición serán el documental sobre la vida del caza-nazis Simon Wiesenthal, narrado por Nicole Kidman, y la revisión, en versión íntegra, del "Berlin Alexanderplatz", de Rainer Werner Fassbinder. 
Más históricos: Helmut Berger recibirá un homenaje especial de su público por excelencia, el homosexual, en forma del Premio Teddy Especial, al conjunto de su carrera, que otorga ese colectivo. 
Y por si no hubieran suficientes secciones, Kosslick ha incluido para la presente edición la denominada "Cine culinario", que pretende combinar el cine y la gastronomía. Sin olvidar un apartado específico para la franja de público que ya no encaja en el término infantil ni entró aún en la adultez: la "Generation 14 Plus", para muchachos a partir de esa edad. EFE gc/ltm