sábado, 22 de febrero de 2025
Oso a Oso
viernes, 21 de febrero de 2025
Pobre Ucrania
Viernes, víspera de la gala de los premios, es jornada propicia a repescar la última aspirante a los Osos que no se logró ver en su pase para la prensa. O para empezar a repasar quinielas sobre los premios entre los colegas. La concursante a recuperar este año era una película en formato documental ucraniana, 'Timestamp'. El único documental de la sección oficial, firmado por una mujer, Kateryna Gornostai.
Recorre la vida diaria de una serie de escuelas de ciudades, pueblos o extrarradios, cuyo nombre hace unos años no decían nada al espectador europeo, pero que desde la guerra de agresión rusa son sinónimo de crímenes de guerra sobre la población civil ucraniana. Por ejemplo, Bucha. El suburbio de Kiev que sufrió uno de los primeros asedios y matanzas en el inicio de la invasión. La vida escolar retomó ahí su ritmo, salpicada por las alarmas antiaéreas que obligan a desplazar grandes o pequeños actos al refugio más cercano. De ahí se traslada la cámara a otras ciudades menos conocidas, algunas a pocos kilómetros del frente o en zonas temporalmente ocupadas por las tropas rusas. Las clases presenciales no se retomaron ahí. Oero se mantiene en pie la actividad online, entre las ruinas de escuelas comidas por los bombardeos y población que trata de sobreponerse a todo por la vía de lo cotidiano.
Se diría que es un documental predestinado a impactar en un festival con reputación de político. Se cumplirán el próximo lunes los tres años del inicio de la invasión a gran escala de febrero de 2022. Desde entonces, edición a edición, la Berlinale ha brindado su pantalla a filmes que reflejan los estragos de la guerra. En su mayoría, desde la estricta perspectiva ucraniana. En 2023 se incluyó incluso un falso documental calificable directamente de propaganda pro Kiev, con un penoso Sean Penn abrazándose a Volodímir Zelenski y otros ucranianos, del búnker a la barra del bar de su hotel. Una película llamada 'Superpower' que no le hacía favor alguno a la causa ucraniana. Hasta ahora, incluso el más dudoso de estos productos, cinematográficamente hablando, llenaba salas.
En 2025 parece que el compromiso con Zelenski tocó techo. Tanto entre el público, como en cuanto a su repercusión mediática. La sala donde se proyectaba el documental, con audiencia mixta entre público corriente y prensa rezagada, no había vendido ni un cuarto de las entradas. Algo revelador en un festival que presume de agotar las localidades de prácticamente todas las sesiones.
Probablemente sí hubo un público entusiasta en la gala del estreno. Pero si un ucraniano cualquiera entre las decenas de miles llegados a Berlín por la guerra hubiera estado este viernes en el Urania, la sala elegida para la repetición, se habría sentido muy solo. Abandonado, directamente. Las butacas vacías eran un preocupante reflejo de lo que ocurre a escala internacional con el apoyo a Kiev y mientras Donald Trump parece determinado a zanjar un conflicto con un apretón de manos con Vladímir Putin a espaldas de Kiev. O del ascenso de la ultraderecha prorrusa que el domingo aspira al segundo puesto en las elecciones nacionales. Su discurso contra la acogida de refugiados y contra el apoyo a Kiev parece haber cuajado.
Pobre Ucrania, por partida múltiple. Trump tiene un aterrador buen radar para captar todo aquello que dejó de interesar y de lo que puede sacar bocado político. Europa mira desde la barrera, con Alemania a la espera de un relevo en la cancillería. Las reflexiones políticas ocuparon el resto de la jornada. No solo porque tocaba seguir completando previas e información electoral para el domingo, sino porque encima, una vez culminada esa tarea, saltó un urgente con el ataque a cuchilladas nada menos que en el monumento a la victimas del Holocausto. La víctima había ingresado con heridas de gravedad. El agresor había sido detenido, tras regresar horas después al lugar de los hechos que para entonces era escenario de un aparatoso operativo policiale. El monumento a los seis millones de judíos asesinados por el nazismo es un lugar especialmente expuesto. Sus 2.710 columnas de hormigón, repartidas en una inmensa explanada cercana a la Puerta de Brandeburgo y la embajada de EEUU es un espacio abierto día y noche al visitante, por deseo expreso del arquitecto que lo diseñó, Peter Eisenman. Un lugar al que unos acuden a posar para un selfie, otros para reflexionar, otros a merendar sin contemplaciones y alguno a vandalizarlo o dejar constancia del antisemitismo que sigue recorriendo Europa.Los 19.000 metros cuadrados del recinto quedaron vallados. Al día siguiente saltaron más detalles sobre la víctima, un turista vasco de 30 años, y sobre su agresor, un sirio de 19 años. El peor imposible para el final de una campaña que había quedado suficientemente salpicada por otros ataques a cuchilladas o atropellos múltiples cometidos por refugiados, algunos con víctimas mortales y decenas de heridos. Gasolina para la ultraderecha y para el trumpismo que la apoya.
jueves, 20 de febrero de 2025
La sosez de ser coreano
miércoles, 19 de febrero de 2025
El Día de la Muerte: entre el Palast y Springer
Toda Berlinale tiene su 'día de la muerte'. Es la jornada en que, porque se acumularon películas a repescar o porque hay ruedas de prensa intempestivas, todo periodista acreditado se pasará de las 08.30 a las 00.00, o más, maltratando sus ojos ante sucesivas pantallas. El día de la muerte de este 75 cumpleaños cayó en miércoles. Arrancó el maltrato con 'Drommer', concursante noruega con pase avanzado de sesión matinal. Y terminó con la repesca de 'La cache', ya sobre la medianoche. No todo fue cine. A estas alturas del festival, era ya impostergable lo de culminar y enviar reportajes, previas, perfiles y todo el comboluto propio de una cobertura electoral y por duplicado, por ser dos los medios a alimentar. Había tareas acumuladas tras haber ido capeando la situación en los días precedentes gracias Donald Trump, acaparador de toda la capacidad de escándalo mediático y privado con sus barbaridades.
'Drommer' se comportó. Ofreció uno de esos productos escandinavos que se dejan ver. Gira en torno al ambivalente enamoramiento de una estudiante respecto a su profesora y los dilemas entre sus emancipadas madre y abuela, que no saben si denunciar un presunto abuso de la docente o respaldar el amor. La tercera opción es declararse fascinadas por el talento literario de su chica, plasmado en su diario que no deja espacio para imaginar que tal vez todo fue platónico.La siguiente pantalla no fue para la Berlinale, sino para el grupo Springer. El imperio mediático del tabloide más leído del país, 'Bild', invitaba a asistir a la grabación del duelo entre Olaf Scholz, el canciller titular, y el aspirante Friedrich Merz, que como todo el mundo sabía a estas alturas estaba llamado a recuperar el poder perdido para los conservadores. Pusieron a disposición de los medios su pantalla y un catering que incluía ensalada de frutas, un regalo tras días alimentándose de porquerías. Seguías sin tener a los rivales a mano, apenas se les vio fugazmente entrar en el plató. Pero de algún modo te reafirmaste en que no es lo mismo 'estar ahí' que verlo luego por televisión y en casa. Del mismo modo que no es lo mismo ver una película en cine o en streaming. De Springer, como del cine, no se levanta una a poner una lavadora. Sentada entre colegas no tiene una más remedio que atender y tomar notas.
La tercera pantalla y aún más espléndida pantalla fue la del Berlinale Palast en sesión de gala. En rigor, la misma que la del pase de prensa del filme noruego. Pero compartida con el equipo de 'Yunan', por tratarse del estreno oficial. Entre ellos, la legendaria Hanna Schygulla, convertida en una especie de abuela castañera como la propia. Por supuesto se la recibió con honores. Pero lo más destacable del filme es la fotogenia de las islas frisias devoradas por el Mar del Norte. La historia del sirio emigrado a Alemania, enfermo de tristeza, o los dotes curativos de Schygulla es lo de menos.
'La cache' no salió al rescate de los ojos cansados. O si, puesto que resultó ser una de esas películas de las que uno puede salirse a la mitad sin remordimientos. Mayo francés del 68 y una familia en formato de la serie española 'Cuéntame'. Habrá ocasión de recuperarla cuando la pasen, como ocurre con cualquier producción francesa, por alguna televisión pública alemana.
martes, 18 de febrero de 2025
De la aversión al cine 'con niño' al galán disfrazado de viejo

lunes, 17 de febrero de 2025
Las puertas correderas no dan la felicidad
domingo, 16 de febrero de 2025
La diosa Chastain y la violencia contra la mujer como género
sábado, 15 de febrero de 2025
La sonrisa de Pattinson y la camiseta imperio de Chalamet
Y sí: Pattinson cumplió con creces. En el filme, ante los medios y sobre a alfombra roja. Estuvo guapo, sonriente, simpático, encantador y hasta brillante. Impecable en su papel. Al director coreano se le recibió también de acuerdo al guión: como al esperado más esperado entre los cineastas presentes. No importaba que no compita. O quizás por eso. Porque tras el pase no hay que romperse la cabeza pensando en si un festín de muertes ingeniosas de Pattinson por el espacio sideral tendrá cabida en un palmarés. A quién le importa si se hace o no larga.
El segundo ser nacido para deslumbrar sobre la alfombra roja y poco fue Timothée Chalamet y su 'A complete Unknown', de James Mangold. El biopic con el que el ídolo de adolescentes y generación siguiente vuelve a aspirar al Oscar, tras su 'Call me by your name'.Seguramente Chalamet también estaba incluido en el programa por eso de que la Berlinale entra en el circuito promocional para los nominados a los Oscar. Hizo las delicias de quienes le adoran, que aparentemente son muchos y muchas. Desfiló por Berlinale de rosa, incluida la camiseta imperio bajo con que se exhibió tras el desfile por la alfombra roja. Como todo el mundo sabe, los actores de verdad no sienten el frío si de trata de mostrar su piel.
Pattinson camina firmemente hacia su redención incluso para quienes pensaban que nunca sería un actor, sino solo un vampiro. Chalamet sigue siendo insufrible para quienes no entienden qué le ven a ese adolescente. Hay abismos generacionales que no se superan ni en la Berlinale.viernes, 14 de febrero de 2025
Bienvenido el cine familiar chino y sus plañideras




















