domingo, 20 de febrero de 2005

De lo serio a la ocurrencia

Paseo planetario por el fútbol

Gemma Casadevall 

Berlín, 20 feb (EFE).- Un penalti en la cárcel colombiana de La Picota, un árbitro mexicano que expulsa a un jugador por "pendejo" o niños de Sri Lanka jugando junto a un campo minado: esto es "Shoot Goals, Shoot movies", un compendio de cortometrajes presentado en la Berlinale
El 55 Festival de Cine de Berlín cerró oficialmente sus puertas el sábado con la gala de entrega de sus Osos, pero demostró hoy, en la denominada Jornada del Espectador, su determinación de calentar motores para la gran cita del Mundial de Alemania de 2006. 
Muestra de esa voluntad es "Shoot Goals...", una selección de 26 entre el total de 611 cintas llegadas de 75 países, con el Gobierno alemán ha incluido en el programa cultural del Mundial 2006. 
El filme, de 80 minutos, es un paseo planetario por los aspectos más diversos del fútbol, que van de lo político al entretenimiento. 
Un guardameta palestino habla de la sensación de jugar al fútbol desde la "gran cárcel" de Gaza; y el colombiano Felipe Aguilar traslada su cámara a la penitenciaria "La Picota" para dejar hablar a los carceleros de esa válvula de escape para los presos. 
El mexicano Alejandro Solar Luna retrata a árbitros con el rostro hinchado a moratones; un cineasta de Rumanía lo hace con un agresivo seguidor, que se tatúa el nombre del ex futbolista rumano Gheorghe Hagi, tal como otros 3.000 padres del país bautizan a sus hijos Maradona, Ronaldo o Beckham. 
El compendio de cine y fútbol salta de lo serio a la ocurrencia. Ahí están dos niños suecos, aprendiendo el arte de tirarse al suelo para fingir una falta o un genial goleador indio, disparando a gol contra una vaca con las patas chapoteando en un barrizal. 
Chicos occidentales bien alimentados junto a chicos de países en guerra junto a campos de minas: todos comparten la pasión por el fútbol, igual que el indio que se pinta botas de fútbol en los pies, en recuerdo a la exclusión del mundial de 1950 por jugar descalzos. 
Ningún corto supera los cinco minutos, pero todos cuentan su historia, sin pretensiones y alejados de las producciones de hasta tres horas que compitieron por los Osos. 
El evidencia diversos modos de entender la vida. Desde el "minuto de silencio" confeccionado con las caídas más aparatosas de la Eurocopa de Portugal, al monólogo de un hincha homosexual del Hertha de Berlín, ejemplo de una minoría futbolística. 
El "Shoot goals..." proyectado hoy en Berlín es sólo una de las variantes entre los compendios de cine alrededor del fútbol realizados durante el Talent Campus, una sección de la Berlinale en que directores consagrados aconsejan a estudiantes de cine. 
Además de la serie de 26 cortometrajes, del Talent surgieron otras cintas dedicadas a aspectos específicos del fútbol, que a lo largo de este año se proyectarán en la red de Institutos Goethe u otros centros de todo el mundo. 
El festival se despidió este domingo de su público favorito, el ciudadano de a pie, que en los diez días pasados compró 180.000 localidades para el total de 343 filmes proyectados en el certamen. 
La Berlinale se acabó, pero a los berlineses les queda el fútbol, con muestras como un festival de 11-mm de la próxima semana en una sala de la ciudad, con proyecciones de documentales como "Johan Cruyff. En un momento dado" y "FC. Barcelona Confidential". EFE gc/sa

sábado, 19 de febrero de 2005

El Oso más raro

La voz poderosa de África se alzó con el Oso 

Gemma Casadevall 


Bildergebnis für carmen berlinale
Berlín, 19 feb (EFE).- La voz poderosa de Pauline Malefane, protagonista de la "Carmen" africana ganadora hoy del Oso de Oro de la Berlinale, se alzó poderosa en la ceremonia de clausura del 55 Festival de Cine de Berlín, primero que da su máximo premio al continente negro.
Malefana, cantante de ópera por encima de actriz, entonó un canto en "xhosa", una de las once lenguas de Sudáfrica, al recibir el premio a la mejor película en una gala marcada por la juventud de los premiados, la sencillez y la total ausencia de glamour.
"Simplemente seguí las instrucciones de un colega: siéntate detrás del monitor, calla y deja trabajar", dijo Mark Dormford-May, director de la premiada "U-Carmen e-Khayelitsa", quien debutó como realizador con esa versión de la popular ópera de Bizet en "xhosa".
Dormford-May y su protagonista, probablemente la más oronda Carmen que se ha visto en cine, recibieron como un tributo al cine africano su Oro, el máximo galardón de una Berlinale que se ha volcado en Asia, Oriente Medio y los rostros más jóvenes del cine.
Junto a la película de Dormford-May, recogió el Gran Premio del Jurado el asimismo debutante chino Gu Changwei, por "Kong Que". El joven realizador alemán Marc Rothemund recibió un Oso de Plata por "Sophie Scholl" y el actor de 19 años Lou Taylor Pucci lo hizo por su papel de adolescente cohibido en "Thumbsucker".
Faltó a la gala la ganadora como mejor actriz, Julia Jentsch, otro rostro joven, quien esa noche actuaba en un teatro de Múnich.
La actriz interpreta el papel de la mártir de la resistencia contra Hitler en la película de Rothemund, quien brindó su premio a "Sometimes in april", el film sobre el genocidio de Ruanda no incluido en el palmarés de la Berlinale.
Otro joven realizador, el palestino Hany Abu-Assad, recibió un Angel Azul en reconocimiento a los méritos de "Paradise now", la historia de dos terroristas de Nablus que se preparan para un atentado palestino, film que recibió además el premio de Amnistía Internacional y del público de la Berlinale.
Asimismo como representante de la última generación acudió a recoger dos galardones el taiwanés Tsai Ming Liang -Oso de Plata al mejor guión y también premio Alfred Bauer, en memoria del fundador de la Berlinale-, cuyas metáforas sexuales alrededor de la sandía, en el film "Tian Bian Yi Duo Yun", triunfaron en la Berlinale.
"En adelante, veré las sandías desde otra perspectiva", confesó el presidente del jurado, el director alemán Roland Emmerich, uno de los maestros de ceremonia de la gala.
Bai Ling, la actriz china integrante del jurado, hizo su último pase exhibicionista, tras diez días de acaparar flashes con sus escotes "veo, veo" hasta el ombligo, y se presentó con unas inmensas pestañas postizas tan aparentes como su holgado minivestido brillante con visión panorámica sobre su pecho.
Fue el único "glamour" en una ceremonia que respondió a la tónica de la Berlinale, un festival más orientado al público de a pie que a las estrellas, por mucho que a su director, Dieter Kosslick, se le reclame año a año más espectáculo sobre su alfombra roja.
"Las estrellas están en un universo paralelo", admitió Kosslick durante la ceremonia, sobria y, por fortuna, sin los socorridos discursos mil veces ensayados que suelen salpicar este tipo de galas. EFE gc-jp

Un palmarés sorprendente para una Berlinale floja


Gemma Casadevall 

Berlín, 19 feb (EFE).- El jurado de la Berlinale, presidido por el director alemán Roland Emmerich, se decantó por un palmarés sorprendente, encabezado por el Oso de Oro a la película sudafricana "U-Carmen eKhayelitscha", como colofón al flojo desfile de las 22 aspirantes a premio.
El Oso de Oro a la "Carmen" de los arrabales de Ciudad del Cabo fue una apuesta "valiente", justificó a EFE Emmerich, tras dar a conocer su veredicto. El resto del palmarés obedeció al "objetivo común" de premiar propuestas frescas y rostros jóvenes, añadió.
La opción a favor de la versión sudafricana de la popular ópera de Bizet fue recibida con sorpresa y algún que otro abucheo aislado, pero sin escándalo. Africa había sido anunciada como plato fuerte de este festival y la película del británico Mark Dornford-May gustó, aunque el Oro final sonase a exagerado.
Mucho más explícitas fueron las quejas por el Oso de Plata al mejor actor -Lou Taylor Pucci, el adolescente protagonista de "Thumsucker"- o el premio de dirección al alemán Marc Rothemund, por "Sophie Scholl", como valor añadido al premio de interpretación -ese sí, merecido- a su actriz, Julia Jentsch.
"Cuando no hay acuerdo, a veces hay que tomar el camino del medio", comentó, bajo compromiso de anonimato, otro miembro del jurado, mientras Emmerich eludía dar mayores explicaciones alegando el deber de confidencialidad en las decisiones del jurado.
La palestina "Paradise now", gran favorita, se quedó así con un Angel Azul con sabor a premio de consolación; "Sometimes in april", sobre el genocidio ruandés, se fue de vacío porque, según parece, alguien en el jurado se cuadró contra ese film.
También con gran decepción se fue de la Berlinale el cine francés -a excepción de la Plata a la mejor música para "De batre mon coeur s'est arreté", de Jacques Audiard.
Al parecer, la actriz china Bai Ling, miembro del jurado, impuso su criterio. Además de protagonizar lluvia de flashes diaria sobre la alfombra roja con su colorido vestuario y alguna fugaz exhibición de pecho al aire, cumplió con su misión de imprimir sabor asiático al palmarés.
El debutante chino Gu Changwei se llevó el Gran Premio del Jurado por "Kong Que" y el taiwandés Tsai Ming Liang tuvo un Oso de Plata al guión de su metáfora porno "Tian Bian Yi Duo Yun", además del premio Alfred Bauer.
El factor sorpresa mitigó los abucheos en la presentación ante la prensa del palmarés. Al fin y al cabo, tampoco había una clara favorita, ya que ninguna de las cintas aspirantes a los Osos había despertado grandes pasiones.
Fue una Berlinale floja y con sequía de auténtico "glamour", al menos en su sección a competición. Dieter Kosslick, director del festival, había prometido un festival con "Africa, sexo y diversión" y el palmarés trató de aproximarse al esquema. EFE gc/ih/vv

viernes, 18 de febrero de 2005

Tres formas de echar el cierre

La Berlinale sorteó el eclipse total gracias a África

Gemma Casadevall 

Berlín, 18 feb (EFE).- La Berlinale cierra hoy su sección de competición con la sensación de haber sorteado el peligro de "eclipse total" de estrellas, demasiado atareadas en prepararse para los Oscar, y bajo el impacto de producciones de Africa, Oriente Medio y Asia, así como el espectáculo brindado fuera de concurso. 
La palestina "Paradise Now", con dos terroristas a punto de perpetrar su atentado suicida, las producciones africanas -capitaneada por la dramática "Sometimes in April", de Raoul Peck, sobre el genocidio ruandés- y la creatividad visual del cine asiático compensaron la sequía de estrellas del festival. 
Catherine Deneuve sí estuvo sobre la alfombra roja, para defender "Les temps qui changent" de André Techiné, pero no su compañero de rodaje, Gerard Depardieu. 
También cumplieron con su promesa de acudir al más frío de los festivales europeos Keanu Reeves, por "Thumbsucker", y Dennis Quaid, al frente de "In good company". En cambio, faltaron Bill Murray, Michel Bouquet, Ian Mckellen y Glenn Close, por citar a algunos. 
La culpa fue, como siempre, de Hollywood. La inmediatez de la ceremonia de los Oscar arrebató protagonismo al festival berlinés, como se temía desde que se anunció su programa, ya que los principales estudios -sean los del circuito comercial o los llamados independientes- tienen los ojos puestos en Los Angeles. 
La competencia es dura y Dieter Kosslick, director de la Berlinale, admitió poco antes de abrir su festival que preferiría desplazar sus próximas ediciones a épocas más propicias, siempre y cuando se encuentre un hueco en el apretado calendario de certámenes -Sundance, Cannes, San Sebastián, Venecia y un largo etcétera-. 
Kosslick apostó por lo político. El director había anunciado que Africa sería el plato fuerte e incluyó tres representantes con esa temática -el film de Peck, además de una arriesgada versión de "Carmen" en los suburbios de Ciudad del Cabo y la menos convincente "Man to Man", de Regis Wargnier-, sin olvidar "Hotel Rwanda", de Terry George, que de haber ido en competición lideraría las quinielas. 
El cine francés era, cuantitativamente hablando, el más poderoso, con cinco representantes. Sin embargo, su suerte fue desigual. La película de Techiné dividió opiniones y el Francois Mitterrand crepuscular de "Le promeneur du Champ de Mars" se llevó los elogios gracias al buen hacer de Michel Bouquet. Algo parecido ocurrió con "De battre mon coeur s'est arreté", de Jacques Audiart, interpretada por Romain Duris. 
El cine anfitrión, que en las dos ediciones anteriores destacó con "Good bye, Lenin", de Wolfgang Becker, y "Gegen die Wand", de Fatih Akin, se quedó esta vez a medio camino, con "Sophie Scholl", de Marc Rothemund, cuya joven protagonista, Julie Jentsch, suena como candidata a premio. 
La comedia futbolística "One Day in Europe" pasó como anécdota divertida y la deprimente "Gespenster" se llevó apasionadas críticas por parte alemana, pero poco eco internacional. 
"Fateless", un intenso film sobre el Holocausto basado en una novela de Imre Kertesz, llevó a la Berlinale el recuerdo de las víctimas de los campos de concentración nazi. 
A falta de las proyecciones, hoy, de las dos últimas entre las 22 aspirantes a los Osos -la china "Kong Que", de Gu Changwei, y la danesa "Anklaget", de Jacob Thuesen-, las apuestas son variadas, aunque se coincide en considerar "Paradise Now" y "Sometimes in April" como candidatas a premio. 
El veredicto está en manos del jurado que preside Roland Emmerich, director alemán con reputación de catastrofista, con títulos como "Godzilla" y "The Day after tomorrow". 
Le acompañan gente como el diseñador italiano Nino Cerruti y la actriz china Bai Ling, quien ha prometido "pujar" por la cultura asiática. A nadie extrañaría un Oso para la imaginativa película taiwanesa "Tian Bian Yi Duo Yun", con su desfile de sexo y sandías por un Taipei, o el romántico samurai japonés de Yodi Yamada. 
Y mientras en la sección oficial se sucedían las sorpresas, decepciones y cancelaciones de visitas prometidas, los otros apartados del Festival se crecieron. 
Panorama trajo las presencias gratificantes de Kevin Spacey, cantando y bailando en "Beyond the Sea", así como de Daniel Day-Lewis, recreando el espíritu del recién fallecido Arthur Miller en "The ballad of Jack and Rose" -de su esposa e hija del autor, Rebecca Miller-. 
Y por si faltaban estrellas, George Michael presentó un narcisista documental sobre sí mismo y sólo apto para sus incondicionales. EFE gc/ih/tc



Un incesto danés, al cierre del desfile

Gemma Casadevall 

Berlín, 18 feb (EFE).- La Berlinale cerró hoy su sección a competición con "Anklaget", un drama familiar sobre un respetable danés acusado por su hija de incesto, y la poética cámara del chino Gu Changwei en "Kong Que". 
Lo imperdonable, el padre que abusa de su propia hija, fue el tema elegido por el danés Jacob Thuesen en su debut como director y, también, el programado por la dirección del 55 Festival de Cine de Berlín para concluir el desfile de los 22 aspirantes a los Osos. 
"Mi objetivo no es incidir en la culpabilidad o inocencia de un padre, sino investigar el tema del incesto a través de un personaje al que, desde el momento en que se le acusa, la sociedad en pleno trata como a un culpable de algo injustificable", explicó Thuesen. 
El acusado no es un ser marginal. Es un ciudadano corriente de Copenhague, profesor de natación de una piscina municipal, un supuesto buen padre de una muchacha de 14 años y con una vida sexual satisfactoria. 
"La película es el descenso a los infiernos, familiar, social y profesional, de alguien que ha cometido un crimen atroz e inconfesable", añadió Troels Lyby, el actor que se pone en la piel de Henrik, un danés de rostro impenetrable, hasta que estalla la tragedia y, finamente, se somete a la confrontación con su hija. 
El acusado y su esposa, convencida de la inocencia de aquél, cerrarán filas hasta lograr la declaración de inocencia. Pero el camino del perdón familiar es mucho más tortuoso que la absolución judicial. 
Thuesen, apuntalado en la interpretación de Lyby y la esposa de éste, Sofie Grabal, conduce al espectador de la presunta culpabilidad a la inocencia, luego le da la vuelta varias veces y finalmente consigue hacer creíbles ambas versiones de la realidad. 
"El final era un desafío. Hasta ahora no había visto películas sobre esta temática tan tabú con una conclusión tan clara. Sé que tenía la opción del final abierto, pero opté por dejarlo cerrado", explicó Thuesen. 
Entre dejar al espectador que dé o no su propia respuesta a la cuestión de la culpabilidad y el perdón, Thuessen opta por un final explícito, casi demasiado explícito por insistente, como si no quisiera dejar el menor margen de duda a quien asiste a la tragedia. 
La película danesa puso el broche final a la sección a concurso, compartiendo jornada con una nueva exposición de buen cine chino, de la mano de otro debutante en la dirección, el celebrado cámara Gu Changwei. 
"Debo esta película a lo aprendido con (el cineasta) Zhang Yimou", afirmó llanamente el realizador ante una Berlinale que no precisaba de tal aclaración. 
"Kong Que", historia de una familia trabajadora entre 1977 y 1984, es pura poética asiática plasmada en gran pantalla, fiel a una escuela cinematográfica tradicionalmente mimada por la Berlinale
Una adolescente paseando en bicicleta y soñando con volar en paracaídas como el chico pequinés del que está enamorada; su dura vida laboral en una planta embotelladora; su renuncia a los ideales románticos, forzada por las rígidas tradiciones y un régimen autoritario que no deja espacio a individualismos. 
Nada en "Kong Que" es novedoso. La vida de la muchacha y sus hermanos -uno de ellos, un obeso disminuido psíquico para el que también se "arregla" un matrimonio- no se aparta un ápice de los cánones marcados por la Revolución cultural. 
Las casi tres horas de película -la más larga de las concursantes, con 144 minutos- rondan alrededor de la mesa en el balcón en que los hermanos y la madre comen de su cuenco de arroz. Pero la Berlinale se dejó mecer de buen grado en su jornada final por la cámara de Gu Changwei. EFE gc/gsm/eg



Will Smith, el gran besador


Gemma Casadevall 

Bildergebnis für willy smith berlinaleBerlín, 18 feb (EFE).- Will Smith acudió a la Berlinale para promocionar su última película, "Hitch: Especialista en ligues", y repartió un recital de estridentes carcajas y besos, tanto a su compañera de rodaje, la estupenda Eva Mendes, como a la prensa internacional. 


Ni corto ni perezoso, Smith abandonó el estrado, se fue hacia la periodista, la tomó por la cintura y casi la tumba al suelo, al precipitarse sobre ella para un simulacro de "beso a tornillo" que, por supuesto, precipitó un diluvio de flashes entre los reporteros. 
Smith no sólo fue galante con la prensa, sino también con Eva Mendes, quien recordó sus "raíces cubanas" para postularse como "tanto o más apasionada" que Smith. 
A la afirmación de ésta de que las mujeres "son menos superficiales" que los hombres, puesto que no les interesa tanto lo físico como el fondo de su pareja, respondió Smith con una artillería de galanterías para demostrarle que él era su hombre. 
"Hasta que no se me conoce a fondo, no les gusto", sostuvo, en tono de falsa modestia. 
Luego adoptó un tono supuestamente serio para sostener que, en realidad, la única mujer que le importa es su esposa, Jada Pinkett, a la que piensa "cubrir de flores" en cuanto la vea. 
Pinkett no acompañó a la Berlinale a su esposo, lo que ha sido comentado por la prensa alemana como síntoma de disonancias. 
Las carcajadas a mandíbula batiente del actor y su bombardeo de bromas aparentemente espontáneas a diestro y siniestro no convencieron a los presentes. 
"Hago chistes para ocultar mi dolor", respondió, fingiendo un tono lloriqueante, a la pregunta de si tanta alegría desbordada es real. 
Sincero o no, Smith protagonizó la más concurrida entre las conferencias de prensa de la Berlinale, a pesar de que "Hitch: Especialista en ligues" se exhibía en la sección oficial, aunque fuera de concurso. 
A su compañero de reparto, Kevin James, apenas se le reservaron un par de preguntas -"Uf, estoy despierto...", dijo, al ser finalmente requerido por uno de los presentes. 
El objeto de curiosidad hacia James no se debía, sin embargo, a "Hitch: Especialista en ligues", sino a su popularidad como protagonista de la serie de televisión "The King of Queens", que se emite a diario por una cadena privada alemana. 
"El 80 por ciento del correo de mis fans procede de Alemania", dijo el corpulento actor respecto a su papel de repartidor de paquetes del distrito de Queens. 
Al margen del interés por Smith, la proyección de "Hitch: Especialista en ligues" fue acogida como un "cuerpo extraño" en la Berlinale
La comedia del casamentero Smith, dirigida por Andy Tennant, ha recaudado en el primer fin de semana en las salas de EEUU 43 millones de dólares. 
En la Berlinale provocó deserciones masivas durante la proyección avanzada a la prensa, desconcertada ante la inclusión en el festival de un producto claramente destinado a llenar multicines, no a satisfacer a la crítica internacional. EFE gc-dm/eg

jueves, 17 de febrero de 2005

Desafío ruandés

Ruanda e Hirohito en la penumbra levantan el festival

Gemma Casadevall 

Berlín, 17 feb (EFE).- La Berlinale volvió hoy a la senda del buen cine a competición con la visión del genocidio en Ruanda de "Sometimes in April", de Raoul Peck, la historia imposible de un matón en la francesa "De batre mon coeur s'est arrété" y un retrato del emperador Hirohito en penumbras del ruso Alexander Sokurov. 
Jacques Audiard hizo creíble un personaje con punto de arranque insólito -un malo de medio pelo metido a virtuoso del piano-; Raoul Peck respondió con aplomo al desafío lanzado por "Hotel Rwanda", la poderosa película de Terry George sobre el mismo tema exhibida unos días antes en el festival, y Sokurov aportó con el emperador japonés su tercer perfil de grandes personajes históricos, tras sus anteriores ejercicios sobre Hitler y Lenin. 
El haitiano Peck es quien lo tenía más difícil. Su "Sometimes in April" parte de una situación simétrica a la aclamada "Hotel Rwanda", exhibida al inicio de la Berlinale fuera de competición. 
Es decir, el genocidio ruandés, desde la perspectiva de un matrimonio mixto entre un hutu y una tutsi, a través de los cuales se asiste a la tragedia con más de un millón de muertos en que la comunidad internacional falló sin paliativos, puesto que Africa no existe en la agenda de sus prioridades. 
Mismo tema, escenarios casi idénticos -incluido el hotel Mille Collines, un oasis de humanidad entre la masacre- y la opción del director de no cargar las tintas con machetes ensangrentados, sino reflejar la matanza en los ojos de sus protagonistas. 
"No he visto 'Hotel Rwanda', pero sea como sea, doy por buena toda información que llegue al mundo sobre lo ocurrido", explicó Peck, pese al lógico escepticismo que tal afirmación despertase entre los presentes: difícil de creer que ambos directores no se hayan "asomado", aunque sea a posteriori, a filmes tan gemelos. 
Las diferencias entre ambos filmes la marca, básicamente, su tratamiento. George parte de un aspecto -el caso del hotel Mille Collines y su valeroso mánager Paul Rusesabagina, convertido en un "Schindler" ruandés- para reflejar ahí la totalidad de la tragedia. 
Peck es más ambicioso y pretende relatar el todo, incluido el proceso posterior del perdón diez años después del genocidio. 
La película de George se apuntala en el excelente trabajo interpretativo de Don Cheadle y Sophie Okonedo, y Beck aporta unos actores de menor talla internacional -Idris Elba y Carole Karemera-, al margen de la presencia discreta de Debra Winger. 
"Pero, ¿quiénes son los buenos y quienes los malos?", fue la pregunta de un corresponsal de la Casa Blanca a la atribulada portavoz de la secretaría de Estado de EEUU, que resume la banalidad con que la clase periodística trató de hacerse con un rápido croquis acerca de dos etnias -tutsi y hutu- rivales, hasta ese abril de 1994 inexistentes en su manual de conflictos internacionales. 
"Hay otros genocidios, además del de Ruanda", dijo Peck, sumándose así al mensaje transmitido a la Berlinale por George, quien acudió al festival custodiado por el Rusesabagina de carne y hueso. 
De la crudeza ruandesa a la soledad de un emperador que quiere ser humano, aunque sea en el momento de la capitulación ante el general McArthur: Ese es el trasfondo de "Solnze", la tercera pieza de la colección de retratos históricos realizados por Sokurov, tras el Hitler de "Moloch" (1999) y el Lenin de "Taurus" (2000). 
"No me interesa la parte política, sino la humana del personaje", prosiguió. Su Hirohito es un hombre exquisitamente culto pero obligado a vivir ajeno a su pueblo por la extrema rigidez de unas tradiciones que lo estigmatizan como "hijo de la divinidad del sol". 
Millones de japoneses oyen por primera vez su voz en la alocución comunicando la capitulación, el 15 de agosto de 1945. Hirohito ha vivido hasta entonces en una nebulosa imperial. 
El film de Sokurov es una pura neblina visual, intensa y de ritmo extremadamente lento, no exenta de ironía hacia un personaje histórico para muchos japoneses aún inabordable. 
El tercer plato de la jornada lo brindó Audiard con el competente Romain Duris interpretando a un matón, hijo de un especulador de tres al cuarto y una concertista de piano, que quiere recuperar el camino del virtuosismo abandonado tras la muerte de su madre. 
La ayudará una genial maestra china -Linh Dan Pham- que no comparte con él ni el idioma ni mucho menos ese mundo de los bajos fondos en que su pupilo se destroza las manos a porrazos. 
Desde ese punto de partida, a priori tan difícil de meter en un guión, Audrian teje una historia que atrapa al espectador y éste acaba dando por bueno cuanto pasa ante sus ojos. 
Fueron, en total, 356 minutos de cine intenso -139 para Peck, 110 a cargo del hermético Sokurov y otros 107 de Audiard-, en la penúltima jornada a competición de la presente Berlinale. La mayoría asistió a las proyecciones bajo el síndrome de los párpados cansados, pero valió la pena. EFE gc/gsm/eg

miércoles, 16 de febrero de 2005

Lo esperpéntico y lo freak


Un Bill Murray submarino y un festín de porno y sandía

Gemma Casadevall 

Berlín, 16 feb (EFE).- La Berlinale vivió hoy una atípica jornada a concurso, con Bill Murray emulando a Jacques Cousteau, en "The Life Aquatic with Steve Zissou", y la chino-taiwanesa "Tian Bian yi Dou Yun", toda una experiencia cinematográfica con festín de porno y sandías. 
El "comandante" Murray y su tripulación -Anjelica Huston, Cate Blanchett, Willem Dafoe y Jeff Goldblum, entre otros- se colocaron el gorro de lana característico del uniforme Cousteau para surcar los mares a bordo de una comedia entre lo esperpéntico y lo "freak". 
El inefable Zissou -un ser pagado de sí mismo y ansioso de publicidad, ya que al fin y al cabo dirige una empresa- acaba de perder a su más fiel colaborador en las mandíbulas de un tiburón. 
Ello no le impide meter a su único hijo -cuya existencia acaba de conocer- en la consiguiente operación de castigo contra el escualo, en pos de la siguiente tragedia en la mar océana. 
"Cousteau fue mi héroe de juventud, como oceanógrafo y como personaje. Esta claro que me inspiro en él. Pero no quiero especular acerca de si le gustaría o no mi película. Supongo que no la reprobaría, puesto que le gustaba la notoriedad", explicó el director de la cinta, Wes Anderson. 
Notorio fue, asimismo, el paso por la Berlinale del film de Tsai Ming Liang, un cineasta al parecer obsesionado por el agua, que coloca a sus personajes al borde del paroxismo en medio de una pertinaz sequía en Taipei. 
Números musicales en el más puro estilo "kitsch", rodajes porno domésticos entre improvisadas duchas de agua mineral y, sobre todo, crustáceos y sandías convertidos en sucedáneo sexual, forman el universo del realizador. 
Pegajosos pasillos y cuerpos humanos inertes por falta de agua son el escenario y los protagonistas de una historia en formato videoclip, sólo que prolongado a casi dos horas de película, animadas por generosas exhibiciones de sexo y lustrosas sandías. 
Anderson, con su aspecto de niño prodigio en busca del reconocimiento de sus mayores, repitió con "The Life Aquatic with Steve Zissou" el esquema instituido tres años atrás en la Berlinale, con la excéntrica "The Royal Tenenbaums". Como en aquella ocasión, el film ofrece más pretensiones de comedia que auténtica diversión. 
"Reconozco mis reminiscencias fellinianas", afirmó el director, en relación con su escenografía de medusas-luciérnaga, sus caballitos de mar en trajes marineros y demás seres marinos -incluido, por supuesto, el tiburón- de su film. 
Le acompañaron en la presentación Huston, recibida por la Berlinale con aires de gran dama, y Blanchett, pero no el comandante Murray, una de las presencias anunciadas como estrella del festival. 
"No tengo estampado un sólo tatuaje en mi cuerpo", afirmó Huston, preguntada acerca de su grado de identificación con la temática del film. 
La tercera película a concurso, en medio de este paisaje de monstruos marinos y sexo entre sandías, fue "Les mots bleus", de Alain Corneau y con Sergi López de protagonista. 
El film cuenta la historia de una niña que no habla -Camille Gauthier-, porque su madre -Sylvie Testud- le ha inculcado el pánico a la palabra. Un maestro para sordomudos -por supuesto, López- resolverá los problemas de ambas. 
Corneau, en el pasado habitual del cine negro, aborda una historia de silencios y miradas sin pretensiones y desde la sencillez de medios, demasiado "normal" para una Berlinale que, a falta de ver las dos últimas jornadas a competición, no acaba de arrancar. 
Hasta ahora, sólo una película, la palestina "Paradise Now", ha causado auténtico impacto con su retrato de dos terroristas preparándose para un atentado suicida. El resto ha ido de la división de opiniones -como las francesas "Les temps qui changent" y "Le promeneur du Champ de Mars"- a la clara decepción. 
La atonía general de la sección a concurso ha relanzando la apreciación de los otros apartados del festival, como Panorama y el Forum, cuyas proyecciones están prácticamente siempre a rebosar, mientras en las taquillas de competición no agotan las localidades. 
EFE gc/rz/eg


Sergi López, un multitalento contra las barreras del silencio


Gemma Casadevall Berlín, 16 feb (EFE).- Sergi López debutó hoy en la sección a concurso de la Berlinale con "Les mots bleus", del francés Alain Corneau, película en la que el actor español se pone en la piel de un maestro de niños sordomudos que, además a enseñar a sus escolares a manejarse desde el silencio, rescata del aislamiento a una madre que teme a las palabras. 
"La posibilidad de transmitir, de comunicarse desde el silencio, con la mirada, con las manos, es uno de los grandes retos de un actor. La posibilidad de rodar esta película me atrajo desde el primer momento porque significaba exactamente esto", explicó a EFE López en un aparte de la Berlinale, tras el pase de prensa del film. 
"Los niños son máquinas. Seres sin complejos que te enseñan sus limitaciones", prosigue el actor, que en el film interpreta -"como siempre, por cosas del acento", explicó- a un maestro de origen catalán. 
"Les mots bleus" está rodada en una escuela francesa de niños sordomudos -"una cuestión que en Francia está aún por desarrollar, porque hay muy pocas"-, lo que brindó a López la experiencia de aprender sucintamente el lenguaje de los signos y, también, la posibilidad de ejercer en el cine como "multitalento". 
"Bueno, uno hace lo que puede", comentó, entre bromas, a la pregunta de qué se siente "solucionando" unos problemas de habla no "mecánicos o físicos", sino psicológicos, de una niña -interpretada por la pequeña Camille Gauthier-, y a la vez los de la madre de ésta -Sylvie Testud-, quien teje un mundo hermético con la pequeña desde la incomunicación verbal. 
"Es la historia de una madre atormentada por su propio pasado que, en realidad, no quiere compartir a su hija con nadie", contó el realizador del film. "Toda comunicación ajena es como una traición al mundo de las dos". 
López define "Les mots bleus" como una película algo "mágica", con puntos "oníricos", como la presencia de un curioso pájaro que canta canciones infantiles. 
"Uno siempre empieza una película pensando que será maravillosa, que será buenísima. Luego, a veces ocurre así, otras veces no, pero siempre se empiezan con la mejor intención", dijo el actor, explicando cuál es su filosofía a la hora de escoger películas. 
"Me considero un privilegiado, porque siempre me ofrecen buenos proyectos", prosiguió. Lamentablemente, en los últimos tres años ninguno de esos múltiples proyectos le ha llevado a rodar en España, "pero eso puede cambiar en cualquier momento; todo será que ahora me pase tres años sin rodar en Francia". 
"Debo ser un bicho raro, porque no vivo ni en Barcelona, ni en París ni en ningún otro sitio céntrico, sino en Vilanova (i la Geltrú, en la provincia de Barcelona), pero luego trabajo tanto en España como en Francia o Bélgica", cuenta. 
Su próxima película sí será en España, bajo la dirección de Guillermo del Toro -"un mexicano que está muy bien, un poco como una cabra"- y con el título provisional de "El laberinto del fauno". 
La diferencia entre rodar en Francia o no estriba, a su juicio, en que en España "el cine se trata como algo meramente comercial, en función del producto", mientras que el cine francés es mimado "como una especie de joya" por la administración. 
"Les mots bleus" es su primera experiencia en la sección a concurso de la Berlinale, aunque no exactamente su debut en ese festival -"estuve hace unos años, con 'Carícies', de Ventura Pons...", recuerda, respecto a la proyección de ese film del director catalán, que acudió fuera de concurso. 
"Mi sueño sería hacer algún día un film en francés en que no tuviera que explicarse en algún momento el por qué de mi acento... Ya sé que mi francés no es de Versalles, pero es sólo un sueño", dice López acerca de ese claro "toque catalán" que delata que el suyo no es un francés "superieur". 
Alguna que otra satisfacción le brinda esa denominación de origen, como la petición que le dirigió, en la conferencia de prensa tras la proyección, un periodista alemán, quien le pidió "un par de paraules en catalá, si us plau" ("un par de palabras en catalán, por favor"). 
"Qué curiosos son estos alemanes", comentó López, acerca de ese "si us plau" con marcado acento germano en la Berlinale. EFE gc/gsm/eg

martes, 15 de febrero de 2005

Bálsamo japonés

Un samurai encandiló a una Berlinale exhausta

Gemma Casadevall 

Berlín, 15 feb (EFE).- El japonés Yoji Yamada encandiló a la Berlinale con su romántico y rebelde samurái de "Kakushi Ken Oni No Tsume" y endulzó una jornada marcada por la extenuante evocación del Holocausto de "Fateless", basada en una novela de Imre Kertész, y la depresiva película alemana "Gespenster". 
Yamada abrió la ronda de cine asiático con una revisión del mundo agónico de los samuráis del siglo XIX, contenidos en 132 bellos minutos de los cuales muy pocos se dedican a combates, haraquiris y demás rituales y la gran mayoría a un guerrero de corazón atípico "En la era de los clanes, los samuráis no tenían felicidad ni vida privada. Sólo conocían los deberes de su casta. Mi samurái rompe con esa norma", explicó el director. 
Hace dos años, Yamada "regaló" ya al respetable de la Berlinale una primera entrega de esa misma temática, con "Tasogare seibei", la melancólica historia de un samurái que no quiere serlo y que sabe que la era de los guerreros se acerca a su fin. 
Esta vez, su personaje es un luchador que asiste al deterioro de las reglas de su casta y la irrupción de la artillería como método rápido de liquidar querellas. Visto lo visto, rompe él también las normas para seguir los mandatos del corazón. 
La poética japonesa planeó así sobre un festival que tradicionalmente mima el cine asiático, que en esta 55 edición tiene otros dos filmes a concurso, "Tian Bian yi Duo Yun", del chino Tsai Ming Liang, y "Kong Que", de su compatriota Gu Changwei. 
Asimismo habitual en Berlín es la mirada al horror nazi. En este año de conmemoraciones -sexagésimo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial-, el festival no podía dejar de rendir su tributo a las víctimas del Holocausto. 
"Fateless", del debutante húngaro Lajos Koltai, fue incluida en el último minuto en el programa oficial -apenas 48 horas antes de abrirse la Berlinale- y llegó apuntalada en la novela "Sin destino" de Kertész, premio Nobel de Literatura 2002, en la que está inspirada. 
Auschwitz, Buchenwald y el regreso a casa de un muchacho judío deportado desde Budapest ocupan este drama en formato extenuante -136 minutos de film en tono sepia- e introspectivo. 
El Holocausto de Koltai no es el de las ejecuciones en masa y crematorios. Es el Holocausto lento de los condenados a trabajar hasta caer muertos, vistos desde la mirada introspectiva del chico. 
El ansia desesperada de un cazo de sopa, los confinados obligados a permanecer firmes e insomnes hasta que el sueño los vence, la rodilla a punto de gangrena, son los recuerdos de ese muchacho, que a fin de cuentas no sabe si lo vivido fue o no "tan brutal" como le preguntan, puesto que para él era "lo normal" de un campo nazi. 
Necesariamente dura y hasta agotadora es la película con la que debuta como director Koltai, considerado uno de los mejores directores de fotografía de hoy, que ha contado para el film con una banda sonora tan intensa como la compuesta por Ennio Morricone. 
Entre los 132 minutos de Yamada y los 136 minutos de Koltai, estaba incluida en el programa de hoy la película "Gespenster", del alemán Christian Petzold, la más corta entre las veintidós aspirantes a los Osos, con apenas 85 minutos de duración. 
Ni ligero ni relajante: el film de Petzold, un joven director que dice escribir sus guiones en noviembre porque ese es el mes más deprimente del año, no alivió la jornada más que a los que optaron por "recortarlo" e irse de la sala sin esperar al final. 
La historia de la amistad con tintes lésbicos de dos muchachas descarriadas que se encuentran un día en el parque Tiergarten de Berlín, con el contrapunto de una mujer torturada por la pérdida de su hija, entró mal pie en el Festival. 
Para los medios alemanes, Petzold no es un desconocido, sino lo que se suele llamar un "valor interesante", especializado en filmes sombríos y deprimentes, como su anterior "Wolfsburg". Para los medios internacionales, la película era más propia de la sección Fórum de Jóvenes Cineastas que de la competición. 
"Que se ría la gente no siempre significa que se divierta", respondió Petzold a la pregunta de por qué jamás se ve a sus personajes de sus filmes riendo o sonriendo. 
"Gespenster" dejó la impresión de producto a medias, rodado entre el Tiergarten y otras zonas vecinas de la Berlinale, como si a última hora a alguien se le hubiese ocurrido improvisar un film exponente del "nuevo cine alemán" para incluirlo en el programa. 
"Gespenster" cerró el turno de cine alemán, tras "One Day in Europe", de Hannes Stoehr, y "Sophie Scholl", de Marc Rothemund. EFE gc/cv/eg

lunes, 14 de febrero de 2005

Suicidas palestinos impactan en la Berlinale

Gemma Casadevall 


Berlín, 14 feb (EFE).- Dos palestinos a punto de perpetrar un atentado suicida, antesala del paraíso frente al infierno de los territorios ocupados, causaron impacto en la Berlinale, en una jornada complementada por un crepuscular Francois Mitterrand empeñado en prepararse su panteón político. 
"Paradise Now", dirigida por Hany Abu-Assad, llevó a la Berlinale la crudeza de Oriente Medio, de la mano de una película desnuda de cortesías al espectador y que presenta un retrato sensible y detallado de dos terroristas dispuestos a la acción. 
"No es un film pro palestino. Jamás haría una película con ese mensaje predeterminado. Pero sí creo que la ocupación es la culpable de todo y trato de reflejar lo que esa ocupación puede hacer de una persona, en qué puede convertirla", explicó el realizador. 
Said y Jaled -interpretados por Kais Nesif y Ali Suliman- son los elegidos para el ataque suicida. Reciben la orden de actuar con apenas tiempo para pasar la última noche con su familia, que, según sus instructores, no debe apercibirse de lo que les espera. 
La cámara de Abu-Assad les acompaña en sus últimas horas. Jaled duda sobre la legitimidad de la acción; Said, hijo de un colaborador ejecutado por traidor, no duda del camino elegido, pero le tiembla el pulso ante un atentado en el que morirán inocentes. 
El ritual del musulmán que se prepara para "matar al enemigo", incluida la lectura de su testamento ante un torpe cámara que debe repetir la toma porque no quedó grabada, forma parte de los preparativos de una acción para la que no habrá repetición posible. 
De la Naplusa de edificios derruidos y fachadas raídas pasarán al Tel Aviv con rascacielos cubiertos de anuncios sobredimensionados y mujeres paseando en bikini. Será el momento del ahora o nunca. 
"Puede que el paraíso solo esté en mi cabeza. Pero es mejor que el infierno en que vivo", concluye uno de los elegidos para morir, convertido en una bomba humana. 
El rodaje fue "más que difícil, peligroso", explicó Abu-Assad, quien acudió a la Berlinale acompañado de su equipo al completo, incluido Amil Harel, productor de la parte israelí. 
Distribuirlo en Oriente Medio se presenta complejo: "Sería estupendo pasarlo en Naplusa, pero ahí no hay cine y su suerte en Israel dependerá de si hay o no atentados cuando se estrene", dijo el director. 
Al crudo testimonio del joven director palestino, primer film de competición acogido por la Berlinale como "candidato a Oso" tras el pase de prensa, siguió el Mitterrand de "Le promeneur du Champ de Mars", de Robert Guediguian. 
También ahí, se trata de un hombre preparándose para morir. Pero su órbita está a años luz del infierno de Naplusa. 
Un megalómano Mitterrand -Michel Bouquet-, convencido de que es el "último gran presidente que tendrá Francia", relata ante un periodista de 30 años lo que aspira que sea el libro de su vida. 
Debilitado por la enfermedad y los años, el presidente no quiere un periodista, sino un escribano. Antoine -Jalil Lespert- responde a ese patrón y, encima, su existencia parece más decrépita y crepuscular que la del propio patriarca socialista. 
Sólo de vez en cuanto osará "importunar" a su entrevistado con la recurrente pregunta de qué hizo Mitterrand en el Vichy de la colaboración. Ni Francia ni él tuvieron nunca que ver con eso, es la respuesta de "monsieur le President". 
"Nunca hubiera hecho este film sin Michel Bouquet", afirmó Guediguian. El actor se incrusta en la piel de ese presidente que reflexiona y pasea por una otoñal playa o que se deshace de placer cuando una adolescente le para por la calle para pedirle un beso. 
"La familia de Mitterrand vio el film y están de acuerdo con su tratamiento", sostuvo el director, especialmente en lo que concierne a su viuda, Danielle, y su hija ilegítima Mazarine Pingeot. 
La veteranía de Bouquet es un grado en la película de Guediguian, de la misma manera que lo es la dirección tripartita de Ermanno Olmi, Abbas Kiarostami y Ken Loach en "Tickets", una pequeña maravilla presente en la sección oficial, aunque fuera de concurso. 
La historia de varios "extraños en un tren", dividida en tres episodios pero con un hilo conductor, cuenta con la gratificante presencia de Valeria Bruni Tedeschi. 
Muestra, además, cómo tres batutas distintas, como las del director italiano, el iraní y el inglés puede dar una película redonda. EFE gc/cv/eg


Olmi, Kiarostami y Loach, tres cocineros en un tren

Gemma Casadevall 

Berlín, 14 feb (EFE).- El italiano Ermanno Olmi, el iraní Abbas Kiarostami y el británico Ken Loach dieron en la Berlinale una lección de maestría a través de "Tickets", película que transcurre en un tren y en la que los tres realizadores se pasan el relevo, en una imaginativa "cocción" tripartita. 
"Nos cocinamos la película los tres juntos y los tres la saboreamos después", explicó Olmi, alma mater del proyecto. 
"Bueno, en realidad creo que comimos más que cocinamos", apuntó Loach, quien consideró "mucho más interesante" el experimento de hacer un film con sus dos colegas que meterse cada uno en su propia película. 
Meditativo y sentimental es el episodio de Olmi, que cuenta con la gratificante presencia de Valeria Bruni Tedeschi; con sabor italiano y una estupenda Silvana de Santis haciendo de insoportable viuda cascarrabias es el capítulo correspondiente a Kiarostami. 
Finalmente, Loach aporta ese toque de retrato social que caracteriza su cine, de la mano de tres adolescentes hinchas del Celtic, en viaje a Roma para seguir a su equipo en partido de la Liga de Campeones. 
Esos son los ingredientes de esa joya sin pretensiones y genial que es "Tickets", film que arranca de Austria, en un abarrotado vagón restaurante, con un viejo profesor enamorado que encarna Carlo Delle Piane. 
Las ensoñaciones del profesor se enlazan con la impertinencia de una viuda que tiraniza a medio tren -incluido el revisor- y desembocará en las broncas de los tres muchachos enfundados en la camiseta del Celtic y solidarizados con refugiados albaneses. 
"Son historias entrelazadas, con sus conflictos, sus malos entendidos y sus situaciones caóticas", explicó Loach. 
"Un tren es un espacio en movimiento. Las historias que se tejen en sus vagones expresan esa realidad en movimiento", apuntó Kiarostami. 
Olmi puso en marcha el film, Kiarostami aceleró su característico ritmo lento y Loach le puso el griterío de esos tres muchachos escoceses, cuyos continuos "fucking..." merecen la ayuda de los subtítulos en inglés, también para el público de su país, para desentrañar su fuego cruzados de exabruptos. 
"Tickets" se exhibió en la sección oficial, aunque fuera de concurso, en una jornada en que la Berlinale se vio sacudida por el impactante "Paradise Now" sobre dos terroristas suicidas palestinos. 
La película de dirección tripartita reconfortó el ánimo de un Festival de Cine que hoy llegó a su quinta jornada y que, hasta ahora, ha dado lo mejor de sí con las películas fuera de competición. Es decir, "Tickets" y "Hotel Rwanda", de Terry George. 
EFE gc/cv/eg

domingo, 13 de febrero de 2005

Y una Carmen escondida


Heroínas de la resistencia contra Hitler y el "American way of life2

Gemma Casadevall 

Berlín, 13 feb (EFE).- La Berlinale brindó hoy tres retratos de mujer: el de Sophie Scholl, mártir de la resistencia alemana contra Hitler, el de la hermosa Scarlett Johansson inmersa en una intacta familia estadounidense y el de una "Carmen" sudafricana, que canta en xhosa y traslada Sevilla a un suburbio de Ciudad del Cabo. 
Alemania trajo al Festival la mirada limpia y valiente de una estudiante que, junto a sus compañeros de la organización La Rosa Blanca, plantó cara al nazismo. "Sophie Scholl. Die letzten Tage", dirigida por Marc Rothemund, reproduce los últimas días, juicio ante un tribunal nazi y ejecución de esa mujer de 21 años. 
EEUU aportó, en "In Good Company" de Paul Weitz, otra mirada diáfana: la de Johannsson en el papel de hija de un modélico padre de familia llamado Dennis Qaid, convertido en "suegro accidental" de un muchachuelo arribista -Topher Grace-, que encima le ha arrebatado su sillón de director en un consorcio. 
Y, finalmente, el sol africano irrumpió en la Berlinale de la mano de una arriesgada y exótica "Carmen" -"U-carmen eKhayelitsha", del británico Mark Dormford-May-. 
"Rindo homenaje a los miembros de La Rosa Blanca y resto de resistencia, exponente del coraje cívico frente a los millones de alemanes que simplemente levantaron el brazo y miraron hacia otro lado para no ver el horror nazi", dijo Rothemund. 
Encarna a la estudiante Judi Jentsch, un rostro popular del cine alemán, que en el film de Rothemund trata de reflejar la convicción y el miedo de una muchacha que se sabe abocada -como su hermano, Hans- a la ejecución, pero que no puede abdicar de su convicción. 
Frente a "Der Untergang", la película sobre los últimos días de Hitler en que Bruno Ganz lleva a cabo una reproducción mimética del monstruo encerrado en el búnker, Rothemund opta por dar un rostro a la frágil, pero bienintencionada resistencia estudiantil. 
"Por favor, no la vean como una nueva mirada al pasado", dijo el director, en alusión a la actual ola de películas alemanas sobre el nazismo. "Es una apuesta para el presente. Me sentiría feliz con que un solo neonazi, como los que hoy desfilan por Dresde, cambiase de opinión tras ver mi film", añadió el director. 
El pase de "Sophie Scholl" coincidió con el 60 aniversario de los bombardeos sobre Dresde, ciudad devastada por la aviación británica y estadounidense. Unos 5.000 neonazis desfilaron hoy desafiantes por esa ciudad en recuerdo de lo que califican de "genocidio aliado". 
En las antípodas de esa luchadora está la Scarlett Johansson de "In good company". A la deliciosa Alex, su personaje en el film de Weitz, la vida le sonríe y su familia es una especie de biotopo armónico y protector donde nada malo la acecha. 
Sin embargo, encontrará tiempo -y un ascensor- para enamorarse de quien no debe: el yuppi que aterriza en la empresa de su padre para apearle de su despacho, justo cuando a la hija se le había ocurrido estudiar en la universidad más cara y a su esposa quedar embarazada. 
El mundo modélico de Dennis Quaid se resquebraja, pero resurge el héroe que anida en él, sería el mensaje de esa comedia donde se roza la perfección -empezando por el trabajo interpretativo de todo el elenco-, siempre que se acepte como producto cien por cien "American way of Life". 
La "Carmen" de Ciudad del Cabo, poblada de orondas mujeres negras en chándal barato entre chabolas y entonando a Bizet, era una apuesta difícil, pero la Berlinale y Dornford-May se salieron con la suya. 
El Festival de Cine quería una representante del "otro" cine africano y lo encontró en un film en que, por difícil que parezca, se hace encajar la ópera de Bizet con el claqueo palatal del "xhosa", uno de los once idiomas sudafricanos. 
Se trata de la primera vez que se lleva al cine la ópera más popular del mundo en una lengua africana, debida a Andiswa y Pauline Melafane, responsables de la Dimpho di Kopane, una compañía lírica, que en 2000 empezó a reclutar solistas en Ciudad del Cabo con potencial de talla internacional. 
Si "Man to man", de Régis Wargnier, aportó a la Berlinale la "novedad" de una pareja de pigmeos sobre la alfombra roja -como tituló algún medio- y "Hotel Rwanda" conmocionó con su testimonio de la masacre entre hutus y tutsi, "Carmen" dejó un impacto de sol africano sobre el icono de pasión, celos y muerte de Mérimée. EFE gc/ja

viernes, 11 de febrero de 2005

Toda una vida


Deneuve y Depardieu, un maduro reencuentro entre dos enamorados

Gemma Casadevall 

Berlín, 12 feb (EFE).- El maduro reencuentro entre dos enamorados, Catherine Deneuve y Gerard Depardieu, en la cambiante Tánger, protagonizó la jornada de la Berlinale, a la que la comedia germano-española "One Day in Europe" llevó brisa futbolística de la mano del Deportivo de La Coruña y el Galatasaray. 
"Les temps qui changent", de André Techiné, reunió para el Festival de Cine de Berlín a un Antoine -Depardieu- convencido de que tres décadas de ausencia no apagan el primer amor y a una Cécile -Deneuve- transtornada ante esa consideración.
El Tánger multiétnico, con cientos de africanos clavando la mirada al otro lado del estrecho -España-, es el escenario de ese reencuentro. "Tánger representa al mundo cambiante, esa zona sísmica, cultural y política, a las puertas del paraíso europeo", explicó Techiné. 
En esa zona sísmica aparece un día Antoine, con el encargo de construir un consorcio mediático, alternativa del Islám moderado y tolerante a la cadena Al Yazira. Un pretexto, en realidad, para reencontrar a una Cécile que daba ese amor por enterrado. 
"Las mujeres y los hombres entienden el amor de manera distinta", sostuvo Deneuve, elegante y diva como siempre, pero sin ese rictus despectivo con el que pasó en 2002 por la Berlinale, a bordo del "8 femmes", de Francois Ozon. 
"Para la mujer, el amor es esencial en su vida, un permanente intento de hacer congeniar la vida profesional y la sentimental. Para el hombre, el amor es algo que está bien, si funciona, pero no es lo fundamental", prosiguió la actriz francesa. 
En "Les temps qui changent", el reparto se invierte. "Gerard es el reflejo de una obsesión enfermiza", un personaje "casi femenino", mientras que Cécile es una mujer glacial y de comportamiento hasta viril, en la que Deneuve reconoce "hay buena parte de mí". 
A Deneuve, mujer fuerte dentro y fuera del film, le correspondió "pedir disculpas" en nombre de Depardieu por la ausencia de éste -"por cuestiones de rodaje", dijo-, en la Berlinale.

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"Opté por una cámara ligera, móvil, para reflejar los desórdenes de la vida, acercarme a la trayectoria de los personajes y captar sus rostros lo más cerca posible", afirmó Téchiné. 
No exactamente desordenada, pero sí algo deshilvanada aparece el conjunto de historias que se tejen alrededor de esos dos personajes -el esposo, el hijo, la novia toxicómana de éste y otros seres ambiguos- parte de ese entorno cambiante de un Tánger en que convive el velo islámico con el cosmopolitismo europeo. 
"Es un film sobre el caos de la vida", razonó Téchiné, sobre el segundo film francés, del total de cinco, que concurren a la presente Berlinale
También multiétnico, como el Tánger de Téchiné, es la Europa que recorre Hannes Stoehr en "One Day in Europe", un film episódico enmarcado en el partido de cuartos de final entre el Galatasaray y el Deportivo de La Coruña. 
Moscú, Estambul, Santiago de Compostela y Berlín es su escenario múltiple: el común denominador, la hinchada coruñesa -como el iracundo Luis Tosar, que pide a gritos un televisor para ver el partido en la comisaría moscovita donde acaba detenido-, sus homólogos turcos y gente de paso por esas cuatro ciudades, en busca de su suerte. 
A unos les roban, otros tratan de estafar al seguro antirrobo y otros de ser más listos que el hambre. A todos les esperará un cuerpo policial -el gallego Miguel de Lira, por parte española- de acuerdo a los clichés del país respectivo. 
Stoehr, quien en 2001 pasó por la Berlinale con un imaginativo "Berlin is in Germany" sobre un germano-oriental a quien la caída del Muro pilló en la cárcel, trajo con "One Day in Europe" una comedia simpática, tal como ambicionaba la Berlinale a modo de aperitivo del Mundial 2006 del que Alemania será anfitrión. 
Completó la jornada a competición "Provincia Meccanica", del italiano Stefano Mordini, una película que no arrancó un solo aplauso en su presentación ante la Berlinale
El film se centra en una pareja de bienintencionados, pero caóticos padres, que dejan crecer a sus hijos en una vivienda donde se apilan los platos por lavar y una iguana pasea por montañas de ropa sucia, hasta que una asistenta social les quita a su hija. EFE gc/rz/ja


Miguel de Lira, un pícaro policía gallego en la Berlinale

Gemma Casadevall 

Berlín, 12 feb (EFE).- El actor español Miguel de Lira, miembro del políglota equipo de la comedia "One Day in Europe", se presentó en la Berlinale muy metido en su papel, un pícaro policía de Santiago en Compostela y, además, "falando en galego". 
"Eu quero falar galego, pero también puedo hacerlo en español o en mi inglés 'very bad'", dijo de Lira ante la prensa internacional, en la presentación de esa comedia episódica y de ambiente futbolístico, dirigida por el alemán Hannes Stoehr. 
Luciendo una vistosa camiseta granate con el anagrama "Ventos de Forsa 7" -"es de la cofradía de pescadores de mi pueblo, Lira, en la Costa da Morte", explicó orgulloso a EFE, en un aparte-, Miguel de Lira exhibió galleguismo y dio recetas sobre cómo debe funcionar Europa. 
"Lo que tenemos es una Unión Europea muy de Tratados, muy de Constitución, pero lo que necesitamos es una Europa más humana, más del trato personal", afirmó. 
A esa visión de la Europa humanizada quiere contribuir el film de Stoehr, una producción con participación de la Xunta de Galicia, en la que de Lira interpreta a un pícaro policía. 
Su misión es atender a un peregrino húngaro al que le acaban de robar su cámara digital con más de 400 fotos de "su" camino hasta Santiago. Pero, de acuerdo al cliché español, a la víctima le esperarán buenas palabras, algún vino y un "vuelva usted mañana". 
"Sí, sé que toco todos los clichés, pero también los pongo en cuestión", explicó el director de la película. 
La flema española, los mafiosos rusos, un terrorífico policía turco que recuerda las catacumbas de "Midnight Express" y la ortopedia mental alemana son algunos tópicos que recorre el film, que arranca en Moscú y recorre Estambul, Santiago y Berlín. 
La película muestra una final imaginaria de la Liga de Campeones entre el Deportivo de La Coruña y el Galatasaray de Estambul, sobre los percances de gente de paso, víctimas de robos o estafadores accidentales. 
"Recurro al fútbol porque es el equivalente europeo al 'american way of life', nuestro recurrente común", dijo Stoehr. "Es una película políglota, como lo es Europa, pero reflejo más la Europa de las regiones que la de las naciones", prosiguió el director. 
Ahí están, junto al gallego de Lira, un turco hablando el suabo del sur de Alemania, una rusa con un dialecto local y un marsellés en conflicto con el francés parisino. 
Fiel a ese multilingüismo, Stoehr se presentó con siete actores, cada uno en su idioma y sembrando el caos en la traducción simultánea. "Tenemos que aprender a convivir con esa realidad, porque así es la Europa en que nos movemos", dijo Stoehr, quien además de alemán, inglés y algo de francés habla un correcto español "funcional", aprendido "de cuando viví en Santiago". 
En la ciudad gallega conoció a de Lira, popular actor de la serie de televisión "Mareas vivas", y también a Luis Tosar, que en el film ejerce de furibundo hincha del Depor, detenido en una comisaría moscovita y pidiendo a gritos un televisor. 
"Conocí a Luis siendo éste un desconocido. Cuando volví ahora a España a preparar mi película, su nombre estaba en todas partes. Pero le llamé y aceptó trabajar para mi", recordó Stoehr. 
El director alemán, de 34 años, acudió a la Berlinale como un conocido de la casa, ya que en 2001 se llevó una cálida acogida por "Berlin is in Germany", la historia de un germano-oriental a quien la caída del Muro de Berlín pilla en la cárcel. 
"One Day in Germany", primera de las tres películas alemanas a concurso, fue recibida con simpatía, va de fútbol y la Berlinale se prepara para los Mundiales 2006, que organiza Alemania. 
De Lira, tal vez azorado, tal vez llevado por su orgullo gallego, cometió un pequeño desliz futbolístico, al afirmar que Galicia tiene "dos grandes equipos en primera división: El Deportivo de La Coruña y el Celta de Vigo". "Son las cosas del directo", reconoció tras la conferencia de prensa, al serle "recordado" que el equipo vigués está en segunda. EFE gc/jg

Una brutal lección de realidad


La poderosa "Hotel Rwanda" se come la jornada


por Gemma Casadevall 


Berlín, 11 feb (EFE).- La poderosa "Hotel Rwanda" de Terry George, exhibida fuera de competición, se comió la jornada de la Berlinale con su impactante testimonio del genocidio ruandés y dejó relegados al papel de comparsas los filmes a concurso, la meritoria "Thumbsucker", de Mike Mills, y "Asylum", de David Mackenzie.

Bildergebnis für hotel ruanda berlinale

El estadounidense Mills y el escocés Mackenzie vieron engullidas sus respectivas historias -la de un adolescente que se chupa el dedo, el primero, y un tortuoso cuadrilátero amoroso de manicomio, el segundo- por la brutal lección de realidad que es "Hotel Rwanda". 
Estaba claro que iban a tenerlo difícil quienes compartiesen jornada con el esperado film de George y su magistral dúo protagonista, Don Chaedle y Sophie Okonedo, sin olvidar a los secundarios de lujo Nick Nolte, Joaquin Phoenix y Jean Reno. 
Africa es el gran tema del 55 Festival de Cine de Berlín, según anunció por activa y por pasiva su director, Dieter Kosslick. Tras el flojo arranque que tuvo la Berlinale con "Man to Man", el film inaugural de Régis Wargnier, llegó la hora de la verdad con George. 
"Hotel Rwanda" es uno de esos filmes que hace sentir vergüenza al occidental ante un genocidio que, hace apenas diez años, acaparó titulares, y que luego desapareció de las portadas como si tales catástrofes fueran parte indisociable del continente africano. 
George no necesita derrochar sangre y machetazos para plasmar la realidad de genocidio insufrible para los ojos de ese occidental que se sienta en una butaca de la Berlinale. 
Le bastan un par de secuencias, como el desamparo absoluto en que quedan los negros -hutus o tusis- cuando se evacúa a la población blanca, animalitos de compañía incluidos, y queda claro que no hay tropas internacionales para proteger a los huérfanos negros de tres, cuatro o cinco años que la Cruz Roja arrebata a una muerte segura. 
Sin alardes ni baños de sangre, Nolte personifica perfectamente a una impotente ONU que trata de contener el caos con disparos al aire de pistola -no está legitimada para abrir ni responder al fuego-. 
Cheadle, en su papel de Paul Rusesabagina, el manager de un hotel de cuatro estrellas belga arrancado de la vida real, es el oasis de humanidad que salva a un millar de ruandeses engatusando a corruptos coroneles hutus con cohibas, cerveza y whisky escocés. 
En medio de un genocidio contabilizado en un millón de muertos, la única salida es el milagro individual, como el protagonizado por Rusesabagina, su esposa y unos pocos centenares de tusis, que escapan al destino sólo porque son o se hacen pasar por ricos. 
"Hotel Rwanda" no compite por los Osos, pero estaba incluida en la sección oficial de la Berlinale como catapulta de su promoción europea. Aún así, acaparó la atención de la jornada frente a las competidoras "Thumbsucker" y "Asylum". 
Fue una lástima para Mills, quien dio una grata sorpresa con una historia que, sobre el papel, sonaba a estupidez -el difícil paso por la pubertad de un muchacho inseguro y su curioso dentista Keanu Reeves-, pero que a medida que avanza la película cobra fuerza. 
El buen trabajo del cámara Joaquín Baca-Asay y de los actores Lou Taylor Pucci -el adolescente-, Tilda Swinton -la madre- y Vincent D'Onofrio -el padre- llevan al espectador por la senda que quiere Mills -la ironía- y a la conclusión de que, como dice el "guru" Reeves, chuparse el dedo con 17 años no tiene por qué ser malo. 
La otra película a competición, "Asylum", ofreció una nueva versión del "bello monstruo" que retrató MacKenzie en su anterior "Young Adams". En esta ocasión, es un asesino preso en un manicomio, un ser de alma torturada que toma como presa a la esposa de su psiquiatra, Natasha Richardson, asimismo claramente perturbada. 
"El papel de esa mujer me enamoró, aunque no sé si eso dice algo bueno de mí", admitió Richardson, en su presentación a la Berlinale. 
La historia, que empieza en triángulo clarividente y acaba en un enrevesado cuadrilátero, está tomada de la vida real, según explicó el autor del guión, Patrick McGrath. 
Coloca a la elegante -y luego, venida abajo- Richardson en los rancios ambientes británicos de los 50, lo que, al decir de MacKenzie, permite dar a la película "un aire de fábula y la distancia necesaria" para permitirse licencias con la realidad. EFE gc/rz/ir

jueves, 10 de febrero de 2005

Alfombra roja a Emmerich


Arranca la Berlinale con un jurado tan variado como los aspirantes a Oso
Gemma Casadevall 

Berlín, 10 feb (EFE).- "Man to Man", de Regis Wargnier, abrió hoy el Festival de Cine de Berlín, la Berlinale, en el que un total de 22 concursantes buscarán el favor del jurado liderado por el director Roland Emmmerich, responsable de películas como "Godzilla" y "The Day After Tomorrow". 
"Presidir el jurado de la Berlinale es como regresar a casa: aquí empezó mi carrera, aquí vuelvo, algo nervioso, pero excitado, a juzgar el trabajo de mis colegas", dijo Emmerich, en alusión a su "Das Arche Noah Prinzip", presentada en el festival hace 21 años. 
Un director de cine catastrofista, un elegante diseñador italiano -Nino Cerruti-, tres hermosas actrices -la china Bai Ling, la alemana Franka Potente y la lituana Ingeborga Dupkunaite- un escritor ucraniano -Andrei Kurkov- y un productor holandés -Wouter Barendrecht- son encargados de repartir los Osos. 
"Vengo preparada: llevo barritas de cereales y aspirinas en el bolso", dijo Potente, mientras Emmerich se reconocía muchos menos previsor -"yo no llevo nada, pero confío en ti..."- y Kurkov explicaba que su receta para afrontar los diez días de intenso cine es no beber "nada de vodka, y sólo algo de whisky al final del día". 
Con o sin cereales y aspirinas, los siete miembros del jurado tienen un amplio repertorio de distintos modos de entender el cine. 
"Man to Man", que romperá esta tarde el hielo de la competición, es un film de corte clásico y hermosa fotografía, alrededor de una pareja de exploradores occidentales y una de pigmeos, a los que se arranca de su entorno y pretende explotar científicamente, primero, para acabar en una relación de tú a tú. 
A la película de Wagnier, Oscar 1992 por su "Indochine ", seguirán representantes de las nuevas cinematografías, como el británico David MacKenzie con "Asylum", el danés Jacob Thuesen con "Anklaget", el estadounidense Mike Milles, con "Thumsucker", y el italiano Steffano Mordini, con "Provincia Meccanica". 
Lejos de la órbita de Emmerich, instalado en EEUU aunque diga que "mi corazón sigue latiendo en la Berlinale", están sus compatriotas Christian Petzold, con "Gespenster", y Marc Rothemund, con "Sophie Scholl", sobre esa mártir de la resistencia contra Hitler. 
Otro alemán de hoy, Hannes Stoehr, traerá la germano-española "One day in Europe", una película que transcurre entre La Coruña, Moscú, Estambul y Berlín, rodada en siete idiomas y sobre los percances de "turistas futboleros" durante la Liga de Campeones. 
Clásicos del cine francés, como Catherine Deneuve y Gérard Depardieu, competirán con "Le temps qui changent", de André Techine. Otro francés, Robert Guédiguian, retratará los últimos paseos de Francois Mitterrand en "Le promeneur du Champ de Mars" ; Alain Corneau representará al cine joven galo con "Les mots leus", interpretada por Sergi López. 
"En el buen cine entra de la pura diversión a la política y la intimidad. El cine no es bueno por su género, sino por su factura", apuntaba Kurkov, ansioso por "no dormirse en la butaca". 
Representantes de cine político serán tanto "Paradise now", en que Hany Abu-Assad retrata a un kamikaze palestino, como "Sometimes in April ", de Rauol Peck, sobre el genocidio de Ruanda, temática que también aborda "Hotel Rwanda", de Terry George, esta última con carácter de exhibición. 
"Fateless", película basada en una novela del Nobel de Literatura Imre Kertez e incluida en el último momento a concurso, invitará a reflexionar sobre el Holocausto desde Budapest. 
"Solnze", de Alexander Sokurov, aborda la figura del emperador Hirohito cuando, en verano de 1945, se dirige por primera vez de viva voz a su pueblo para comunicarles la rendición de Japón. 
Diversión pretende ofrecer Wes Anderson, con sus Bill Murray y Anjelika Huston submarinos de "The Life Aquatic". También, aunque fuera de concurso, brindarán espectáculo "Hitch", con Will Smith, y "Kinsey", de Bill Condon, sobre la vida del sexólogo Alfred Kinsey. 
"Amo la cultura, la sensibilidad, la delicadeza y la intensidad del cine asiático", proclamó la hermosa Bai Ling, quien presumiblemente defenderá esas cinematografías. 
El cine asiático estará representado por el cámara chino Gu Changwi que debuta como director con "Peacock"; por Tsao Ming Liang, un conocido del festival, que regresará con "Tian bian yi duo yun", como lo hará el japonés Yoji Yamada, con "Kakusi Ken Oni no Tsume". 
Y, finalmente, algo de exotismo traerá "U-carmen eKhayelitsha", una versión de la ópera de Bizet, interpretada por africanos. 
Si a Emmerich no le divierte lo que ve, siempre le quedará un recurso doméstico: el "The Day After Tomorrow", que se proyectará en la sección Berlinale Special, con carácter de homenaje, y brindará al director la oportunidad de incidir en sus "visiones" más o menos científicas sobre maremotos y otras catástrofes. EFE gc/ih/i


Un pseudodrama pigmeo poco convincente abre el desfile

por Gemma Casadevall 

Berlín, 10 feb (EFE).- El 55 Festival de Cine de Berlín, la Berlinale, arrancó hoy con "Man to Man", un drama histórico poco convincente de Régis Wargnier sobre la odisea de una pareja de pigmeos reducidos a moneda de cambio entre antropólogos occidentales ávidos de dar con el "eslabón perdido". 
El director francés se enfrascó en la aventura de llevar al cine el universo africano del escritor William Boyd -su amigo y coguionista del filme-, con el resultado de una película que recuerda peligrosamente a "The Elephan Man" (1980) de David Lynch o "L'enfant sauvage" (1970) de Francois Truffaut, en detrimento del propio Wargnier. 
Con la exquisita Kristin Scott Thomas y el atractivo Joseph Fiennes como dúo protagonista "occidental" contrapuesto a los pigmeos Cécile Bayiha y Lomama Boseki, "Man to Man" abrió la ronda de las veintidós concursantes de este 55 Festival de Cine de Berlín entre aplausos de cortesía y algunos abucheos. 
"No pretendí hacer un film sobre racismo, sino una película histórica. Si al espectador finalmente le queda la sensación de que entra en la cuestión del racismo, mejor que mejor, pero no era mi intención", afirmó el director tras el pase de prensa. 
Histórico es el entorno y antropológico el trasfondo: dos pigmeos -"macho y hembra", como les describen sus captores- son arrancados de su entorno africano por una exploradora que tanto enjaula a negros como a animales salvajes -Scott Thomas-, ayudada por su "contratista", el antropólogo escocés que encarna Fiennes. 
Empieza para la pareja pigmea un humillante viaje desde un Africa de hermosas cascadas a la lluviosa Escocia, entre rudimentarios exámenes médicos de un equipo de científicos empeñados en ser la sensación de la comunidad científica con sus teorías. De ahí a la exhibición en un zoológico no hay más que un paso. 
"Tal vez se perciba como racista. Así era la sociedad de 1870 ante la que esos antropólogos querían presentar su sensación científica", explicó Wargnier, que tras "Indochine", que le dio el Oscar de 1992 a la mejor película en lengua no inglesa, regresa al terreno del colonialismo, sólo que esta vez desde la vertiente de la explotación presuntamente científica. 
"Traté, apoyado en Boyd, de colocarme en la piel de esos seres a los que se contempla con repugnancia y temor, salvajes o semihumanoides, y a los que se traslada a un entorno donde nada entienden y con el no pueden comunicarse", prosiguió. 
Empieza así un proceso de transformación mutua, de acercamiento, de cambio de perspectiva de doble dirección -de la pareja pigmea a la blanca y viceversa-, y de ahí a la ruptura de los corsés científicos que se pretenden demostrar. 
"Jamie acaba comunicándose con Likola como no lo hizo con nadie hasta entonces: sin palabras", explicó Fiennes acerca de su personaje y el de la pigmea. 
El trabajo con los pigmeos, dos debutantes, fue algo parecido a lo que plasma el filme: "Un descubrimiento mutuo, su espontaneidad interpretativa frente a nuestra aparente profesionalidad. Su calor humano, su talento innato", completó Scott-Thomas. 
Ambos, Boseki y Bayiha, acompañaron al resto del equipo en la presentación en la Berlinale de "Man to Man", que llegó al festival como estreno mundial. 
La presencia del cuarteto protagonista, junto al director, dos actores secundarios -Hugh Bonneville y Ian Glenn- y el productor, Farid Lahouassa, acentuó la sensación que deja el film: la pareja pigmea es sólo una comparsa a la que se trata con paternalismo, casi en la onda del "buen salvaje" o del naturalismo romántico. 
"No sé por qué considera que se trata el racismo como una cuestión secundaria", respondió un Fiennes visiblemente enojado a la insistente pregunta de los periodistas sobre por qué se pasa de puntillas sobre la explotación -científica o de otra índole- del hombre blanco sobre el negro. 
"Nunca hasta ahora había viajado a Europa. En la Africa donde yo vivo sólo hay negros. No conozco el racismo. Pero estar aquí, esta acogida, me parece magnífico. Gracias", decía un emocionado Boseki, custodiado por un intérprete que traducía al francés sus palabras en lingala, un idioma desconocido para la Berlinale
Entre Scott Thomas y Wargnier, Cécile Bayiha, diminuta y callada, como en la película, asistía a la conferencia de prensa sin abrir la boca y con la mirada tierna que transmite su personaje, Likola, tal vez lo mejor de la floja apertura brindada por "Man to Man". EFE gc/gsm/eg