jueves, 24 de febrero de 2005
domingo, 20 de febrero de 2005
De lo serio a la ocurrencia
Paseo planetario por el fútbol
Berlín, 20 feb (EFE).- Un penalti en la
cárcel colombiana de La Picota, un árbitro mexicano que expulsa a un jugador por
"pendejo" o niños de Sri Lanka jugando junto a un campo minado: esto es "Shoot
Goals, Shoot movies", un compendio de cortometrajes presentado en la Berlinale.
El 55 Festival de
Cine de Berlín cerró oficialmente sus puertas el sábado con la gala de entrega
de sus Osos, pero demostró hoy, en la denominada Jornada del Espectador, su
determinación de calentar motores para la gran cita del Mundial de Alemania de
2006.
Muestra de esa voluntad es "Shoot Goals...", una selección de 26 entre
el total de 611 cintas llegadas de 75 países, con el Gobierno alemán ha incluido
en el programa cultural del Mundial 2006.
El filme, de 80 minutos, es un
paseo planetario por los aspectos más diversos del fútbol, que van de lo
político al entretenimiento.
Un guardameta palestino habla de la sensación
de jugar al fútbol desde la "gran cárcel" de Gaza; y el colombiano Felipe
Aguilar traslada su cámara a la penitenciaria "La Picota" para dejar hablar a
los carceleros de esa válvula de escape para los presos.
El mexicano
Alejandro Solar Luna retrata a árbitros con el rostro hinchado a moratones; un
cineasta de Rumanía lo hace con un agresivo seguidor, que se tatúa el nombre del
ex futbolista rumano Gheorghe Hagi, tal como otros 3.000 padres del país
bautizan a sus hijos Maradona, Ronaldo o Beckham.
El compendio de cine y
fútbol salta de lo serio a la ocurrencia. Ahí están dos niños suecos,
aprendiendo el arte de tirarse al suelo para fingir una falta o un genial
goleador indio, disparando a gol contra una vaca con las patas chapoteando en un
barrizal.
Chicos occidentales bien alimentados junto a chicos de países en
guerra junto a campos de minas: todos comparten la pasión por el fútbol, igual
que el indio que se pinta botas de fútbol en los pies, en recuerdo a la
exclusión del mundial de 1950 por jugar descalzos.
Ningún corto supera los
cinco minutos, pero todos cuentan su historia, sin pretensiones y alejados de
las producciones de hasta tres horas que compitieron por los Osos.
El
evidencia diversos modos de entender la vida. Desde el "minuto de silencio"
confeccionado con las caídas más aparatosas de la Eurocopa de Portugal, al
monólogo de un hincha homosexual del Hertha de Berlín, ejemplo de una minoría
futbolística.
El "Shoot goals..." proyectado hoy en Berlín es sólo una de
las variantes entre los compendios de cine alrededor del fútbol realizados
durante el Talent Campus, una sección de la Berlinale en que directores consagrados aconsejan a
estudiantes de cine.
Además de la serie de 26 cortometrajes, del Talent
surgieron otras cintas dedicadas a aspectos específicos del fútbol, que a lo
largo de este año se proyectarán en la red de Institutos Goethe u otros centros
de todo el mundo.
El festival se despidió este domingo de su público
favorito, el ciudadano de a pie, que en los diez días pasados compró 180.000
localidades para el total de 343 filmes proyectados en el certamen.
sábado, 19 de febrero de 2005
El Oso más raro
La voz poderosa de África se alzó con el Oso
Berlín, 19 feb (EFE).- La voz poderosa de
Pauline Malefane, protagonista de la "Carmen" africana ganadora hoy del Oso de
Oro de la Berlinale, se alzó
poderosa en la ceremonia de clausura del 55 Festival de Cine de Berlín, primero
que da su máximo premio al continente negro.
Malefana, cantante de ópera por
encima de actriz, entonó un canto en "xhosa", una de las once lenguas de
Sudáfrica, al recibir el premio a la mejor película en una gala marcada por la
juventud de los premiados, la sencillez y la total ausencia de glamour.
"Simplemente seguí las instrucciones de un colega: siéntate detrás del
monitor, calla y deja trabajar", dijo Mark Dormford-May, director de la premiada
"U-Carmen e-Khayelitsa", quien debutó como realizador con esa versión de la
popular ópera de Bizet en "xhosa".
Dormford-May y su protagonista,
probablemente la más oronda Carmen que se ha visto en cine, recibieron como un
tributo al cine africano su Oro, el máximo galardón de una Berlinale que se ha volcado en Asia,
Oriente Medio y los rostros más jóvenes del cine.
Junto a la película de
Dormford-May, recogió el Gran Premio del Jurado el asimismo debutante chino Gu
Changwei, por "Kong Que". El joven realizador alemán Marc Rothemund recibió un
Oso de Plata por "Sophie Scholl" y el actor de 19 años Lou Taylor Pucci lo hizo
por su papel de adolescente cohibido en "Thumbsucker".
Faltó a la gala la
ganadora como mejor actriz, Julia Jentsch, otro rostro joven, quien esa noche
actuaba en un teatro de Múnich.
La actriz interpreta el papel de la mártir
de la resistencia contra Hitler en la película de Rothemund, quien brindó su
premio a "Sometimes in april", el film sobre el genocidio de Ruanda no incluido
en el palmarés de la Berlinale.
Otro joven realizador, el palestino Hany Abu-Assad, recibió un Angel Azul en
reconocimiento a los méritos de "Paradise now", la historia de dos terroristas
de Nablus que se preparan para un atentado palestino, film que recibió además el
premio de Amnistía Internacional y del público de la Berlinale.
Asimismo como representante de la última
generación acudió a recoger dos galardones el taiwanés Tsai Ming Liang -Oso de
Plata al mejor guión y también premio Alfred Bauer, en memoria del fundador de
la Berlinale-, cuyas metáforas
sexuales alrededor de la sandía, en el film "Tian Bian Yi Duo Yun", triunfaron
en la Berlinale.
"En
adelante, veré las sandías desde otra perspectiva", confesó el presidente del
jurado, el director alemán Roland Emmerich, uno de los maestros de ceremonia de
la gala.
Bai Ling, la actriz china integrante del jurado, hizo su último
pase exhibicionista, tras diez días de acaparar flashes con sus escotes "veo,
veo" hasta el ombligo, y se presentó con unas inmensas pestañas postizas tan
aparentes como su holgado minivestido brillante con visión panorámica sobre su
pecho.
Fue el único "glamour" en una ceremonia que respondió a la tónica de
la Berlinale, un festival más
orientado al público de a pie que a las estrellas, por mucho que a su director,
Dieter Kosslick, se le reclame año a año más espectáculo sobre su alfombra roja.
"Las estrellas están en un universo paralelo", admitió Kosslick durante la
ceremonia, sobria y, por fortuna, sin los socorridos discursos mil veces
ensayados que suelen salpicar este tipo de galas. EFE gc-jp
Un palmarés sorprendente para una Berlinale floja
Berlín, 19 feb (EFE).- El jurado de la Berlinale, presidido por el director
alemán Roland Emmerich, se decantó por un palmarés sorprendente, encabezado por
el Oso de Oro a la película sudafricana "U-Carmen eKhayelitscha", como colofón
al flojo desfile de las 22 aspirantes a premio.
El Oso de Oro a la "Carmen"
de los arrabales de Ciudad del Cabo fue una apuesta "valiente", justificó a EFE
Emmerich, tras dar a conocer su veredicto. El resto del palmarés obedeció al
"objetivo común" de premiar propuestas frescas y rostros jóvenes, añadió.
La
opción a favor de la versión sudafricana de la popular ópera de Bizet fue
recibida con sorpresa y algún que otro abucheo aislado, pero sin escándalo.
Africa había sido anunciada como plato fuerte de este festival y la película del
británico Mark Dornford-May gustó, aunque el Oro final sonase a exagerado.
Mucho más explícitas fueron las quejas por el Oso de Plata al mejor actor
-Lou Taylor Pucci, el adolescente protagonista de "Thumsucker"- o el premio de
dirección al alemán Marc Rothemund, por "Sophie Scholl", como valor añadido al
premio de interpretación -ese sí, merecido- a su actriz, Julia Jentsch.
"Cuando no hay acuerdo, a veces hay que tomar el camino del medio", comentó,
bajo compromiso de anonimato, otro miembro del jurado, mientras Emmerich eludía
dar mayores explicaciones alegando el deber de confidencialidad en las
decisiones del jurado.
La palestina "Paradise now", gran favorita, se quedó
así con un Angel Azul con sabor a premio de consolación; "Sometimes in april",
sobre el genocidio ruandés, se fue de vacío porque, según parece, alguien en el
jurado se cuadró contra ese film.
También con gran decepción se fue de la Berlinale el cine francés -a
excepción de la Plata a la mejor música para "De batre mon coeur s'est arreté",
de Jacques Audiard.
Al parecer, la actriz china Bai Ling, miembro del
jurado, impuso su criterio. Además de protagonizar lluvia de flashes diaria
sobre la alfombra roja con su colorido vestuario y alguna fugaz exhibición de
pecho al aire, cumplió con su misión de imprimir sabor asiático al palmarés.
El debutante chino Gu Changwei se llevó el Gran Premio del Jurado por "Kong
Que" y el taiwandés Tsai Ming Liang tuvo un Oso de Plata al guión de su metáfora
porno "Tian Bian Yi Duo Yun", además del premio Alfred Bauer.
El factor
sorpresa mitigó los abucheos en la presentación ante la prensa del palmarés. Al
fin y al cabo, tampoco había una clara favorita, ya que ninguna de las cintas
aspirantes a los Osos había despertado grandes pasiones.
viernes, 18 de febrero de 2005
Tres formas de echar el cierre
La Berlinale sorteó el eclipse total gracias a África
Berlín, 18 feb (EFE).- La Berlinale cierra hoy su sección de
competición con la sensación de haber sorteado el peligro de "eclipse total" de
estrellas, demasiado atareadas en prepararse para los Oscar, y bajo el impacto
de producciones de Africa, Oriente Medio y Asia, así como el espectáculo
brindado fuera de concurso.
La palestina "Paradise Now", con dos terroristas
a punto de perpetrar su atentado suicida, las producciones africanas
-capitaneada por la dramática "Sometimes in April", de Raoul Peck, sobre el
genocidio ruandés- y la creatividad visual del cine asiático compensaron la
sequía de estrellas del festival.
Catherine Deneuve sí estuvo sobre la
alfombra roja, para defender "Les temps qui changent" de André Techiné, pero no
su compañero de rodaje, Gerard Depardieu.
También cumplieron con su promesa
de acudir al más frío de los festivales europeos Keanu Reeves, por
"Thumbsucker", y Dennis Quaid, al frente de "In good company". En cambio,
faltaron Bill Murray, Michel Bouquet, Ian Mckellen y Glenn Close, por citar a
algunos.
La culpa fue, como siempre, de Hollywood. La inmediatez de la
ceremonia de los Oscar arrebató protagonismo al festival berlinés, como se temía
desde que se anunció su programa, ya que los principales estudios -sean los del
circuito comercial o los llamados independientes- tienen los ojos puestos en Los
Angeles.
La competencia es dura y Dieter Kosslick, director de la Berlinale, admitió poco antes de
abrir su festival que preferiría desplazar sus próximas ediciones a épocas más
propicias, siempre y cuando se encuentre un hueco en el apretado calendario de
certámenes -Sundance, Cannes, San Sebastián, Venecia y un largo etcétera-.
Kosslick apostó por lo político. El director había anunciado que Africa
sería el plato fuerte e incluyó tres representantes con esa temática -el film de
Peck, además de una arriesgada versión de "Carmen" en los suburbios de Ciudad
del Cabo y la menos convincente "Man to Man", de Regis Wargnier-, sin olvidar
"Hotel Rwanda", de Terry George, que de haber ido en competición lideraría las
quinielas.
El cine francés era, cuantitativamente hablando, el más poderoso,
con cinco representantes. Sin embargo, su suerte fue desigual. La película de
Techiné dividió opiniones y el Francois Mitterrand crepuscular de "Le promeneur
du Champ de Mars" se llevó los elogios gracias al buen hacer de Michel Bouquet.
Algo parecido ocurrió con "De battre mon coeur s'est arreté", de Jacques
Audiart, interpretada por Romain Duris.
El cine anfitrión, que en las dos
ediciones anteriores destacó con "Good bye, Lenin", de Wolfgang Becker, y "Gegen
die Wand", de Fatih Akin, se quedó esta vez a medio camino, con "Sophie Scholl",
de Marc Rothemund, cuya joven protagonista, Julie Jentsch, suena como candidata
a premio.
La comedia futbolística "One Day in Europe" pasó como anécdota
divertida y la deprimente "Gespenster" se llevó apasionadas críticas por parte
alemana, pero poco eco internacional.
"Fateless", un intenso film sobre el
Holocausto basado en una novela de Imre Kertesz, llevó a la Berlinale el recuerdo de las
víctimas de los campos de concentración nazi.
A falta de las proyecciones,
hoy, de las dos últimas entre las 22 aspirantes a los Osos -la china "Kong Que",
de Gu Changwei, y la danesa "Anklaget", de Jacob Thuesen-, las apuestas son
variadas, aunque se coincide en considerar "Paradise Now" y "Sometimes in April"
como candidatas a premio.
El veredicto está en manos del jurado que preside
Roland Emmerich, director alemán con reputación de catastrofista, con títulos
como "Godzilla" y "The Day after tomorrow".
Le acompañan gente como el
diseñador italiano Nino Cerruti y la actriz china Bai Ling, quien ha prometido
"pujar" por la cultura asiática. A nadie extrañaría un Oso para la imaginativa
película taiwanesa "Tian Bian Yi Duo Yun", con su desfile de sexo y sandías por
un Taipei, o el romántico samurai japonés de Yodi Yamada.
Y mientras en la
sección oficial se sucedían las sorpresas, decepciones y cancelaciones de
visitas prometidas, los otros apartados del Festival se crecieron.
Panorama
trajo las presencias gratificantes de Kevin Spacey, cantando y bailando en
"Beyond the Sea", así como de Daniel Day-Lewis, recreando el espíritu del recién
fallecido Arthur Miller en "The ballad of Jack and Rose" -de su esposa e hija
del autor, Rebecca Miller-.
Y por si faltaban estrellas, George Michael
presentó un narcisista documental sobre sí mismo y sólo apto para sus
incondicionales. EFE gc/ih/tc
Un incesto danés, al cierre del desfile
Berlín, 18 feb (EFE).- La Berlinale cerró hoy su sección a
competición con "Anklaget", un drama familiar sobre un respetable danés acusado
por su hija de incesto, y la poética cámara del chino Gu Changwei en "Kong Que".
Lo imperdonable, el padre que abusa de su propia hija, fue el tema elegido
por el danés Jacob Thuesen en su debut como director y, también, el programado
por la dirección del 55 Festival de Cine de Berlín para concluir el desfile de
los 22 aspirantes a los Osos.
"Mi objetivo no es incidir en la culpabilidad
o inocencia de un padre, sino investigar el tema del incesto a través de un
personaje al que, desde el momento en que se le acusa, la sociedad en pleno
trata como a un culpable de algo injustificable", explicó Thuesen.
El
acusado no es un ser marginal. Es un ciudadano corriente de Copenhague, profesor
de natación de una piscina municipal, un supuesto buen padre de una muchacha de
14 años y con una vida sexual satisfactoria.
"La película es el descenso a
los infiernos, familiar, social y profesional, de alguien que ha cometido un
crimen atroz e inconfesable", añadió Troels Lyby, el actor que se pone en la
piel de Henrik, un danés de rostro impenetrable, hasta que estalla la tragedia
y, finamente, se somete a la confrontación con su hija.
El acusado y su
esposa, convencida de la inocencia de aquél, cerrarán filas hasta lograr la
declaración de inocencia. Pero el camino del perdón familiar es mucho más
tortuoso que la absolución judicial.
Thuesen, apuntalado en la
interpretación de Lyby y la esposa de éste, Sofie Grabal, conduce al espectador
de la presunta culpabilidad a la inocencia, luego le da la vuelta varias veces y
finalmente consigue hacer creíbles ambas versiones de la realidad.
"El final
era un desafío. Hasta ahora no había visto películas sobre esta temática tan
tabú con una conclusión tan clara. Sé que tenía la opción del final abierto,
pero opté por dejarlo cerrado", explicó Thuesen.
Entre dejar al espectador
que dé o no su propia respuesta a la cuestión de la culpabilidad y el perdón,
Thuessen opta por un final explícito, casi demasiado explícito por insistente,
como si no quisiera dejar el menor margen de duda a quien asiste a la tragedia.
La película danesa puso el broche final a la sección a concurso,
compartiendo jornada con una nueva exposición de buen cine chino, de la mano de
otro debutante en la dirección, el celebrado cámara Gu Changwei.
"Debo esta
película a lo aprendido con (el cineasta) Zhang Yimou", afirmó llanamente el
realizador ante una Berlinale que
no precisaba de tal aclaración.
"Kong Que", historia de una familia
trabajadora entre 1977 y 1984, es pura poética asiática plasmada en gran
pantalla, fiel a una escuela cinematográfica tradicionalmente mimada por la Berlinale.
Una adolescente
paseando en bicicleta y soñando con volar en paracaídas como el chico pequinés
del que está enamorada; su dura vida laboral en una planta embotelladora; su
renuncia a los ideales románticos, forzada por las rígidas tradiciones y un
régimen autoritario que no deja espacio a individualismos.
Nada en "Kong
Que" es novedoso. La vida de la muchacha y sus hermanos -uno de ellos, un obeso
disminuido psíquico para el que también se "arregla" un matrimonio- no se aparta
un ápice de los cánones marcados por la Revolución cultural.
Ni corto ni perezoso, Smith abandonó el estrado, se fue hacia
la periodista, la tomó por la cintura y casi la tumba al suelo, al precipitarse
sobre ella para un simulacro de "beso a tornillo" que, por supuesto, precipitó
un diluvio de flashes entre los reporteros.
Smith no sólo fue galante con la
prensa, sino también con Eva Mendes, quien recordó sus "raíces cubanas" para
postularse como "tanto o más apasionada" que Smith.
A la afirmación de ésta
de que las mujeres "son menos superficiales" que los hombres, puesto que no les
interesa tanto lo físico como el fondo de su pareja, respondió Smith con una
artillería de galanterías para demostrarle que él era su hombre.
"Hasta que
no se me conoce a fondo, no les gusto", sostuvo, en tono de falsa modestia.
Luego adoptó un tono supuestamente serio para sostener que, en realidad, la
única mujer que le importa es su esposa, Jada Pinkett, a la que piensa "cubrir
de flores" en cuanto la vea.
Pinkett no acompañó a la Berlinale a su esposo, lo que ha sido comentado por la
prensa alemana como síntoma de disonancias.
Las carcajadas a mandíbula
batiente del actor y su bombardeo de bromas aparentemente espontáneas a diestro
y siniestro no convencieron a los presentes.
"Hago chistes para ocultar mi
dolor", respondió, fingiendo un tono lloriqueante, a la pregunta de si tanta
alegría desbordada es real.
Sincero o no, Smith protagonizó la más
concurrida entre las conferencias de prensa de la Berlinale, a pesar de que "Hitch: Especialista en
ligues" se exhibía en la sección oficial, aunque fuera de concurso.
A su
compañero de reparto, Kevin James, apenas se le reservaron un par de preguntas
-"Uf, estoy despierto...", dijo, al ser finalmente requerido por uno de los
presentes.
El objeto de curiosidad hacia James no se debía, sin embargo, a
"Hitch: Especialista en ligues", sino a su popularidad como protagonista de la
serie de televisión "The King of Queens", que se emite a diario por una cadena
privada alemana.
"El 80 por ciento del correo de mis fans procede de
Alemania", dijo el corpulento actor respecto a su papel de repartidor de
paquetes del distrito de Queens.
Al margen del interés por Smith, la
proyección de "Hitch: Especialista en ligues" fue acogida como un "cuerpo
extraño" en la Berlinale.
La
comedia del casamentero Smith, dirigida por Andy Tennant, ha recaudado en el
primer fin de semana en las salas de EEUU 43 millones de dólares.
jueves, 17 de febrero de 2005
Desafío ruandés
Ruanda e Hirohito en la penumbra levantan el festival
Berlín, 17 feb (EFE).- La Berlinale volvió hoy a la senda del
buen cine a competición con la visión del genocidio en Ruanda de "Sometimes in
April", de Raoul Peck, la historia imposible de un matón en la francesa "De
batre mon coeur s'est arrété" y un retrato del emperador Hirohito en penumbras
del ruso Alexander Sokurov.
Jacques Audiard hizo creíble un personaje con
punto de arranque insólito -un malo de medio pelo metido a virtuoso del piano-;
Raoul Peck respondió con aplomo al desafío lanzado por "Hotel Rwanda", la
poderosa película de Terry George sobre el mismo tema exhibida unos días antes
en el festival, y Sokurov aportó con el emperador japonés su tercer perfil de
grandes personajes históricos, tras sus anteriores ejercicios sobre Hitler y
Lenin.
El haitiano Peck es quien lo tenía más difícil. Su "Sometimes in
April" parte de una situación simétrica a la aclamada "Hotel Rwanda", exhibida
al inicio de la Berlinale fuera
de competición.
Es decir, el genocidio ruandés, desde la perspectiva de un
matrimonio mixto entre un hutu y una tutsi, a través de los cuales se asiste a
la tragedia con más de un millón de muertos en que la comunidad internacional
falló sin paliativos, puesto que Africa no existe en la agenda de sus
prioridades.
Mismo tema, escenarios casi idénticos -incluido el hotel Mille
Collines, un oasis de humanidad entre la masacre- y la opción del director de no
cargar las tintas con machetes ensangrentados, sino reflejar la matanza en los
ojos de sus protagonistas.
"No he visto 'Hotel Rwanda', pero sea como sea,
doy por buena toda información que llegue al mundo sobre lo ocurrido", explicó
Peck, pese al lógico escepticismo que tal afirmación despertase entre los
presentes: difícil de creer que ambos directores no se hayan "asomado", aunque
sea a posteriori, a filmes tan gemelos.
Las diferencias entre ambos filmes
la marca, básicamente, su tratamiento. George parte de un aspecto -el caso del
hotel Mille Collines y su valeroso mánager Paul Rusesabagina, convertido en un
"Schindler" ruandés- para reflejar ahí la totalidad de la tragedia.
Peck es
más ambicioso y pretende relatar el todo, incluido el proceso posterior del
perdón diez años después del genocidio.
La película de George se apuntala en
el excelente trabajo interpretativo de Don Cheadle y Sophie Okonedo, y Beck
aporta unos actores de menor talla internacional -Idris Elba y Carole Karemera-,
al margen de la presencia discreta de Debra Winger.
"Pero, ¿quiénes son los
buenos y quienes los malos?", fue la pregunta de un corresponsal de la Casa
Blanca a la atribulada portavoz de la secretaría de Estado de EEUU, que resume
la banalidad con que la clase periodística trató de hacerse con un rápido
croquis acerca de dos etnias -tutsi y hutu- rivales, hasta ese abril de 1994
inexistentes en su manual de conflictos internacionales.
"Hay otros
genocidios, además del de Ruanda", dijo Peck, sumándose así al mensaje
transmitido a la Berlinale por
George, quien acudió al festival custodiado por el Rusesabagina de carne y
hueso.
De la crudeza ruandesa a la soledad de un emperador que quiere ser
humano, aunque sea en el momento de la capitulación ante el general McArthur:
Ese es el trasfondo de "Solnze", la tercera pieza de la colección de retratos
históricos realizados por Sokurov, tras el Hitler de "Moloch" (1999) y el Lenin
de "Taurus" (2000).
"No me interesa la parte política, sino la humana del
personaje", prosiguió. Su Hirohito es un hombre exquisitamente culto pero
obligado a vivir ajeno a su pueblo por la extrema rigidez de unas tradiciones
que lo estigmatizan como "hijo de la divinidad del sol".
Millones de
japoneses oyen por primera vez su voz en la alocución comunicando la
capitulación, el 15 de agosto de 1945. Hirohito ha vivido hasta entonces en una
nebulosa imperial.
El film de Sokurov es una pura neblina visual, intensa y
de ritmo extremadamente lento, no exenta de ironía hacia un personaje histórico
para muchos japoneses aún inabordable.
El tercer plato de la jornada lo
brindó Audiard con el competente Romain Duris interpretando a un matón, hijo de
un especulador de tres al cuarto y una concertista de piano, que quiere
recuperar el camino del virtuosismo abandonado tras la muerte de su madre.
La ayudará una genial maestra china -Linh Dan Pham- que no comparte con él
ni el idioma ni mucho menos ese mundo de los bajos fondos en que su pupilo se
destroza las manos a porrazos.
Desde ese punto de partida, a priori tan
difícil de meter en un guión, Audrian teje una historia que atrapa al espectador
y éste acaba dando por bueno cuanto pasa ante sus ojos.
miércoles, 16 de febrero de 2005
Lo esperpéntico y lo freak
Un Bill Murray submarino y un festín de porno y sandía
Berlín, 16 feb (EFE).- La Berlinale vivió hoy una atípica
jornada a concurso, con Bill Murray emulando a Jacques Cousteau, en "The Life
Aquatic with Steve Zissou", y la chino-taiwanesa "Tian Bian yi Dou Yun", toda
una experiencia cinematográfica con festín de porno y sandías.
El
"comandante" Murray y su tripulación -Anjelica Huston, Cate Blanchett, Willem
Dafoe y Jeff Goldblum, entre otros- se colocaron el gorro de lana característico
del uniforme Cousteau para surcar los mares a bordo de una comedia entre lo
esperpéntico y lo "freak".
El inefable Zissou -un ser pagado de sí mismo y
ansioso de publicidad, ya que al fin y al cabo dirige una empresa- acaba de
perder a su más fiel colaborador en las mandíbulas de un tiburón.
Ello no le
impide meter a su único hijo -cuya existencia acaba de conocer- en la
consiguiente operación de castigo contra el escualo, en pos de la siguiente
tragedia en la mar océana.
"Cousteau fue mi héroe de juventud, como
oceanógrafo y como personaje. Esta claro que me inspiro en él. Pero no quiero
especular acerca de si le gustaría o no mi película. Supongo que no la
reprobaría, puesto que le gustaba la notoriedad", explicó el director de la
cinta, Wes Anderson.
Notorio fue, asimismo, el paso por la Berlinale del film de Tsai Ming
Liang, un cineasta al parecer obsesionado por el agua, que coloca a sus
personajes al borde del paroxismo en medio de una pertinaz sequía en Taipei.
Números musicales en el más puro estilo "kitsch", rodajes porno domésticos
entre improvisadas duchas de agua mineral y, sobre todo, crustáceos y sandías
convertidos en sucedáneo sexual, forman el universo del realizador.
Pegajosos pasillos y cuerpos humanos inertes por falta de agua son el
escenario y los protagonistas de una historia en formato videoclip, sólo que
prolongado a casi dos horas de película, animadas por generosas exhibiciones de
sexo y lustrosas sandías.
Anderson, con su aspecto de niño prodigio en busca
del reconocimiento de sus mayores, repitió con "The Life Aquatic with Steve
Zissou" el esquema instituido tres años atrás en la Berlinale, con la excéntrica "The Royal Tenenbaums".
Como en aquella ocasión, el film ofrece más pretensiones de comedia que
auténtica diversión.
"Reconozco mis reminiscencias fellinianas", afirmó el
director, en relación con su escenografía de medusas-luciérnaga, sus caballitos
de mar en trajes marineros y demás seres marinos -incluido, por supuesto, el
tiburón- de su film.
Le acompañaron en la presentación Huston, recibida por
la Berlinale con aires de gran
dama, y Blanchett, pero no el comandante Murray, una de las presencias
anunciadas como estrella del festival.
"No tengo estampado un sólo tatuaje
en mi cuerpo", afirmó Huston, preguntada acerca de su grado de identificación
con la temática del film.
La tercera película a concurso, en medio de este
paisaje de monstruos marinos y sexo entre sandías, fue "Les mots bleus", de
Alain Corneau y con Sergi López de protagonista.
El film cuenta la historia
de una niña que no habla -Camille Gauthier-, porque su madre -Sylvie Testud- le
ha inculcado el pánico a la palabra. Un maestro para sordomudos -por supuesto,
López- resolverá los problemas de ambas.
Corneau, en el pasado habitual del
cine negro, aborda una historia de silencios y miradas sin pretensiones y desde
la sencillez de medios, demasiado "normal" para una Berlinale que, a falta de ver las dos últimas jornadas a
competición, no acaba de arrancar.
Hasta ahora, sólo una película, la
palestina "Paradise Now", ha causado auténtico impacto con su retrato de dos
terroristas preparándose para un atentado suicida. El resto ha ido de la
división de opiniones -como las francesas "Les temps qui changent" y "Le
promeneur du Champ de Mars"- a la clara decepción.
La atonía general de la
sección a concurso ha relanzando la apreciación de los otros apartados del
festival, como Panorama y el Forum, cuyas proyecciones están prácticamente
siempre a rebosar, mientras en las taquillas de competición no agotan las
localidades.
EFE gc/rz/eg
Sergi López, un multitalento contra las barreras del silencio
Gemma Casadevall Berlín, 16 feb (EFE).- Sergi López debutó hoy
en la sección a concurso de la Berlinale con "Les mots bleus", del francés Alain
Corneau, película en la que el actor español se pone en la piel de un maestro de
niños sordomudos que, además a enseñar a sus escolares a manejarse desde el
silencio, rescata del aislamiento a una madre que teme a las palabras.
"La
posibilidad de transmitir, de comunicarse desde el silencio, con la mirada, con
las manos, es uno de los grandes retos de un actor. La posibilidad de rodar esta
película me atrajo desde el primer momento porque significaba exactamente esto",
explicó a EFE López en un aparte de la Berlinale, tras el pase de prensa del film.
"Los
niños son máquinas. Seres sin complejos que te enseñan sus limitaciones",
prosigue el actor, que en el film interpreta -"como siempre, por cosas del
acento", explicó- a un maestro de origen catalán.
"Les mots bleus" está
rodada en una escuela francesa de niños sordomudos -"una cuestión que en Francia
está aún por desarrollar, porque hay muy pocas"-, lo que brindó a López la
experiencia de aprender sucintamente el lenguaje de los signos y, también, la
posibilidad de ejercer en el cine como "multitalento".
"Bueno, uno hace lo
que puede", comentó, entre bromas, a la pregunta de qué se siente "solucionando"
unos problemas de habla no "mecánicos o físicos", sino psicológicos, de una niña
-interpretada por la pequeña Camille Gauthier-, y a la vez los de la madre de
ésta -Sylvie Testud-, quien teje un mundo hermético con la pequeña desde la
incomunicación verbal.
"Es la historia de una madre atormentada por su
propio pasado que, en realidad, no quiere compartir a su hija con nadie", contó
el realizador del film. "Toda comunicación ajena es como una traición al mundo
de las dos".
López define "Les mots bleus" como una película algo "mágica",
con puntos "oníricos", como la presencia de un curioso pájaro que canta
canciones infantiles.
"Uno siempre empieza una película pensando que será
maravillosa, que será buenísima. Luego, a veces ocurre así, otras veces no, pero
siempre se empiezan con la mejor intención", dijo el actor, explicando cuál es
su filosofía a la hora de escoger películas.
"Me considero un privilegiado,
porque siempre me ofrecen buenos proyectos", prosiguió. Lamentablemente, en los
últimos tres años ninguno de esos múltiples proyectos le ha llevado a rodar en
España, "pero eso puede cambiar en cualquier momento; todo será que ahora me
pase tres años sin rodar en Francia".
"Debo ser un bicho raro, porque no
vivo ni en Barcelona, ni en París ni en ningún otro sitio céntrico, sino en
Vilanova (i la Geltrú, en la provincia de Barcelona), pero luego trabajo tanto
en España como en Francia o Bélgica", cuenta.
Su próxima película sí será en
España, bajo la dirección de Guillermo del Toro -"un mexicano que está muy bien,
un poco como una cabra"- y con el título provisional de "El laberinto del
fauno".
La diferencia entre rodar en Francia o no estriba, a su juicio, en
que en España "el cine se trata como algo meramente comercial, en función del
producto", mientras que el cine francés es mimado "como una especie de joya" por
la administración.
"Les mots bleus" es su primera experiencia en la sección
a concurso de la Berlinale,
aunque no exactamente su debut en ese festival -"estuve hace unos años, con
'Carícies', de Ventura Pons...", recuerda, respecto a la proyección de ese film
del director catalán, que acudió fuera de concurso.
"Mi sueño sería hacer
algún día un film en francés en que no tuviera que explicarse en algún momento
el por qué de mi acento... Ya sé que mi francés no es de Versalles, pero es sólo
un sueño", dice López acerca de ese claro "toque catalán" que delata que el suyo
no es un francés "superieur".
Alguna que otra satisfacción le brinda esa
denominación de origen, como la petición que le dirigió, en la conferencia de
prensa tras la proyección, un periodista alemán, quien le pidió "un par de
paraules en catalá, si us plau" ("un par de palabras en catalán, por favor").
martes, 15 de febrero de 2005
Bálsamo japonés
Un samurai encandiló a una Berlinale exhausta
Berlín, 15 feb (EFE).- El japonés Yoji Yamada
encandiló a la Berlinale con su
romántico y rebelde samurái de "Kakushi Ken Oni No Tsume" y endulzó una jornada
marcada por la extenuante evocación del Holocausto de "Fateless", basada en una
novela de Imre Kertész, y la depresiva película alemana "Gespenster".
Yamada
abrió la ronda de cine asiático con una revisión del mundo agónico de los
samuráis del siglo XIX, contenidos en 132 bellos minutos de los cuales muy pocos
se dedican a combates, haraquiris y demás rituales y la gran mayoría a un
guerrero de corazón atípico "En la era de los clanes, los samuráis no tenían
felicidad ni vida privada. Sólo conocían los deberes de su casta. Mi samurái
rompe con esa norma", explicó el director.
Hace dos años, Yamada "regaló" ya
al respetable de la Berlinale una
primera entrega de esa misma temática, con "Tasogare seibei", la melancólica
historia de un samurái que no quiere serlo y que sabe que la era de los
guerreros se acerca a su fin.
Esta vez, su personaje es un luchador que
asiste al deterioro de las reglas de su casta y la irrupción de la artillería
como método rápido de liquidar querellas. Visto lo visto, rompe él también las
normas para seguir los mandatos del corazón.
La poética japonesa planeó así
sobre un festival que tradicionalmente mima el cine asiático, que en esta 55
edición tiene otros dos filmes a concurso, "Tian Bian yi Duo Yun", del chino
Tsai Ming Liang, y "Kong Que", de su compatriota Gu Changwei.
Asimismo
habitual en Berlín es la mirada al horror nazi. En este año de conmemoraciones
-sexagésimo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial-, el festival no
podía dejar de rendir su tributo a las víctimas del Holocausto.
"Fateless",
del debutante húngaro Lajos Koltai, fue incluida en el último minuto en el
programa oficial -apenas 48 horas antes de abrirse la Berlinale- y llegó apuntalada en la novela "Sin destino"
de Kertész, premio Nobel de Literatura 2002, en la que está inspirada.
Auschwitz, Buchenwald y el regreso a casa de un muchacho judío deportado
desde Budapest ocupan este drama en formato extenuante -136 minutos de film en
tono sepia- e introspectivo.
El Holocausto de Koltai no es el de las
ejecuciones en masa y crematorios. Es el Holocausto lento de los condenados a
trabajar hasta caer muertos, vistos desde la mirada introspectiva del chico.
El ansia desesperada de un cazo de sopa, los confinados obligados a
permanecer firmes e insomnes hasta que el sueño los vence, la rodilla a punto de
gangrena, son los recuerdos de ese muchacho, que a fin de cuentas no sabe si lo
vivido fue o no "tan brutal" como le preguntan, puesto que para él era "lo
normal" de un campo nazi.
Necesariamente dura y hasta agotadora es la
película con la que debuta como director Koltai, considerado uno de los mejores
directores de fotografía de hoy, que ha contado para el film con una banda
sonora tan intensa como la compuesta por Ennio Morricone.
Entre los 132
minutos de Yamada y los 136 minutos de Koltai, estaba incluida en el programa de
hoy la película "Gespenster", del alemán Christian Petzold, la más corta entre
las veintidós aspirantes a los Osos, con apenas 85 minutos de duración.
Ni
ligero ni relajante: el film de Petzold, un joven director que dice escribir sus
guiones en noviembre porque ese es el mes más deprimente del año, no alivió la
jornada más que a los que optaron por "recortarlo" e irse de la sala sin esperar
al final.
La historia de la amistad con tintes lésbicos de dos muchachas
descarriadas que se encuentran un día en el parque Tiergarten de Berlín, con el
contrapunto de una mujer torturada por la pérdida de su hija, entró mal pie en
el Festival.
Para los medios alemanes, Petzold no es un desconocido, sino lo
que se suele llamar un "valor interesante", especializado en filmes sombríos y
deprimentes, como su anterior "Wolfsburg". Para los medios internacionales, la
película era más propia de la sección Fórum de Jóvenes Cineastas que de la
competición.
"Que se ría la gente no siempre significa que se divierta",
respondió Petzold a la pregunta de por qué jamás se ve a sus personajes de sus
filmes riendo o sonriendo.
"Gespenster" dejó la impresión de producto a
medias, rodado entre el Tiergarten y otras zonas vecinas de la Berlinale, como si a última hora a
alguien se le hubiese ocurrido improvisar un film exponente del "nuevo cine
alemán" para incluirlo en el programa.
"Gespenster" cerró el turno de cine
alemán, tras "One Day in Europe", de Hannes Stoehr, y "Sophie Scholl", de Marc
Rothemund. EFE gc/cv/eg
lunes, 14 de febrero de 2005
Suicidas palestinos impactan en la Berlinale
Berlín, 14 feb (EFE).- Dos palestinos a punto
de perpetrar un atentado suicida, antesala del paraíso frente al infierno de los
territorios ocupados, causaron impacto en la Berlinale, en una jornada complementada por un
crepuscular Francois Mitterrand empeñado en prepararse su panteón político.
"Paradise Now", dirigida por Hany Abu-Assad, llevó a la Berlinale la crudeza de Oriente
Medio, de la mano de una película desnuda de cortesías al espectador y que
presenta un retrato sensible y detallado de dos terroristas dispuestos a la
acción.
"No es un film pro palestino. Jamás haría una película con ese
mensaje predeterminado. Pero sí creo que la ocupación es la culpable de todo y
trato de reflejar lo que esa ocupación puede hacer de una persona, en qué puede
convertirla", explicó el realizador.
Said y Jaled -interpretados por Kais
Nesif y Ali Suliman- son los elegidos para el ataque suicida. Reciben la orden
de actuar con apenas tiempo para pasar la última noche con su familia, que,
según sus instructores, no debe apercibirse de lo que les espera.
La cámara
de Abu-Assad les acompaña en sus últimas horas. Jaled duda sobre la legitimidad
de la acción; Said, hijo de un colaborador ejecutado por traidor, no duda del
camino elegido, pero le tiembla el pulso ante un atentado en el que morirán
inocentes.
El ritual del musulmán que se prepara para "matar al enemigo",
incluida la lectura de su testamento ante un torpe cámara que debe repetir la
toma porque no quedó grabada, forma parte de los preparativos de una acción para
la que no habrá repetición posible.
De la Naplusa de edificios derruidos y
fachadas raídas pasarán al Tel Aviv con rascacielos cubiertos de anuncios
sobredimensionados y mujeres paseando en bikini. Será el momento del ahora o
nunca.
"Puede que el paraíso solo esté en mi cabeza. Pero es mejor que el
infierno en que vivo", concluye uno de los elegidos para morir, convertido en
una bomba humana.
El rodaje fue "más que difícil, peligroso", explicó
Abu-Assad, quien acudió a la Berlinale acompañado de su equipo al completo, incluido
Amil Harel, productor de la parte israelí.
Distribuirlo en Oriente Medio se
presenta complejo: "Sería estupendo pasarlo en Naplusa, pero ahí no hay cine y
su suerte en Israel dependerá de si hay o no atentados cuando se estrene", dijo
el director.
Al crudo testimonio del joven director palestino, primer film
de competición acogido por la Berlinale como "candidato a Oso" tras el pase de prensa,
siguió el Mitterrand de "Le promeneur du Champ de Mars", de Robert Guediguian.
También ahí, se trata de un hombre preparándose para morir. Pero su órbita
está a años luz del infierno de Naplusa.
Un megalómano Mitterrand -Michel
Bouquet-, convencido de que es el "último gran presidente que tendrá Francia",
relata ante un periodista de 30 años lo que aspira que sea el libro de su vida.
Debilitado por la enfermedad y los años, el presidente no quiere un
periodista, sino un escribano. Antoine -Jalil Lespert- responde a ese patrón y,
encima, su existencia parece más decrépita y crepuscular que la del propio
patriarca socialista.
Sólo de vez en cuanto osará "importunar" a su
entrevistado con la recurrente pregunta de qué hizo Mitterrand en el Vichy de la
colaboración. Ni Francia ni él tuvieron nunca que ver con eso, es la respuesta
de "monsieur le President".
"Nunca hubiera hecho este film sin Michel
Bouquet", afirmó Guediguian. El actor se incrusta en la piel de ese presidente
que reflexiona y pasea por una otoñal playa o que se deshace de placer cuando
una adolescente le para por la calle para pedirle un beso.
"La familia de
Mitterrand vio el film y están de acuerdo con su tratamiento", sostuvo el
director, especialmente en lo que concierne a su viuda, Danielle, y su hija
ilegítima Mazarine Pingeot.
La veteranía de Bouquet es un grado en la
película de Guediguian, de la misma manera que lo es la dirección tripartita de
Ermanno Olmi, Abbas Kiarostami y Ken Loach en "Tickets", una pequeña maravilla
presente en la sección oficial, aunque fuera de concurso.
La historia de
varios "extraños en un tren", dividida en tres episodios pero con un hilo
conductor, cuenta con la gratificante presencia de Valeria Bruni Tedeschi.
Muestra, además, cómo tres batutas distintas, como las del director
italiano, el iraní y el inglés puede dar una película redonda. EFE gc/cv/eg
Olmi, Kiarostami y Loach, tres cocineros en un tren
Berlín, 14 feb (EFE).- El italiano Ermanno
Olmi, el iraní Abbas Kiarostami y el británico Ken Loach dieron en la Berlinale una lección de maestría a
través de "Tickets", película que transcurre en un tren y en la que los tres
realizadores se pasan el relevo, en una imaginativa "cocción" tripartita.
"Nos cocinamos la película los tres juntos y los tres la saboreamos
después", explicó Olmi, alma mater del proyecto.
"Bueno, en realidad creo
que comimos más que cocinamos", apuntó Loach, quien consideró "mucho más
interesante" el experimento de hacer un film con sus dos colegas que meterse
cada uno en su propia película.
Meditativo y sentimental es el episodio de
Olmi, que cuenta con la gratificante presencia de Valeria Bruni Tedeschi; con
sabor italiano y una estupenda Silvana de Santis haciendo de insoportable viuda
cascarrabias es el capítulo correspondiente a Kiarostami.
Finalmente, Loach
aporta ese toque de retrato social que caracteriza su cine, de la mano de tres
adolescentes hinchas del Celtic, en viaje a Roma para seguir a su equipo en
partido de la Liga de Campeones.
Esos son los ingredientes de esa joya sin
pretensiones y genial que es "Tickets", film que arranca de Austria, en un
abarrotado vagón restaurante, con un viejo profesor enamorado que encarna Carlo
Delle Piane.
Las ensoñaciones del profesor se enlazan con la impertinencia
de una viuda que tiraniza a medio tren -incluido el revisor- y desembocará en
las broncas de los tres muchachos enfundados en la camiseta del Celtic y
solidarizados con refugiados albaneses.
"Son historias entrelazadas, con sus
conflictos, sus malos entendidos y sus situaciones caóticas", explicó Loach.
"Un tren es un espacio en movimiento. Las historias que se tejen en sus
vagones expresan esa realidad en movimiento", apuntó Kiarostami.
Olmi puso
en marcha el film, Kiarostami aceleró su característico ritmo lento y Loach le
puso el griterío de esos tres muchachos escoceses, cuyos continuos "fucking..."
merecen la ayuda de los subtítulos en inglés, también para el público de su
país, para desentrañar su fuego cruzados de exabruptos.
"Tickets" se exhibió
en la sección oficial, aunque fuera de concurso, en una jornada en que la Berlinale se vio sacudida por el
impactante "Paradise Now" sobre dos terroristas suicidas palestinos.
La
película de dirección tripartita reconfortó el ánimo de un Festival de Cine que
hoy llegó a su quinta jornada y que, hasta ahora, ha dado lo mejor de sí con las
películas fuera de competición. Es decir, "Tickets" y "Hotel Rwanda", de Terry
George.
EFE gc/cv/eg
domingo, 13 de febrero de 2005
Y una Carmen escondida
Heroínas de la resistencia contra Hitler y el "American way of life2
Berlín, 13 feb (EFE).- La Berlinale brindó hoy tres retratos
de mujer: el de Sophie Scholl, mártir de la resistencia alemana contra Hitler,
el de la hermosa Scarlett Johansson inmersa en una intacta familia
estadounidense y el de una "Carmen" sudafricana, que canta en xhosa y traslada
Sevilla a un suburbio de Ciudad del Cabo.
Alemania trajo al Festival la
mirada limpia y valiente de una estudiante que, junto a sus compañeros de la
organización La Rosa Blanca, plantó cara al nazismo. "Sophie Scholl. Die letzten
Tage", dirigida por Marc Rothemund, reproduce los últimas días, juicio ante un
tribunal nazi y ejecución de esa mujer de 21 años.
EEUU aportó, en "In Good
Company" de Paul Weitz, otra mirada diáfana: la de Johannsson en el papel de
hija de un modélico padre de familia llamado Dennis Qaid, convertido en "suegro
accidental" de un muchachuelo arribista -Topher Grace-, que encima le ha
arrebatado su sillón de director en un consorcio.
Y, finalmente, el sol
africano irrumpió en la Berlinale
de la mano de una arriesgada y exótica "Carmen" -"U-carmen eKhayelitsha", del
británico Mark Dormford-May-.
"Rindo homenaje a los miembros de La Rosa
Blanca y resto de resistencia, exponente del coraje cívico frente a los millones
de alemanes que simplemente levantaron el brazo y miraron hacia otro lado para
no ver el horror nazi", dijo Rothemund.
Encarna a la estudiante Judi
Jentsch, un rostro popular del cine alemán, que en el film de Rothemund trata de
reflejar la convicción y el miedo de una muchacha que se sabe abocada -como su
hermano, Hans- a la ejecución, pero que no puede abdicar de su convicción.
Frente a "Der Untergang", la película sobre los últimos días de Hitler en
que Bruno Ganz lleva a cabo una reproducción mimética del monstruo encerrado en
el búnker, Rothemund opta por dar un rostro a la frágil, pero bienintencionada
resistencia estudiantil.
"Por favor, no la vean como una nueva mirada al
pasado", dijo el director, en alusión a la actual ola de películas alemanas
sobre el nazismo. "Es una apuesta para el presente. Me sentiría feliz con que un
solo neonazi, como los que hoy desfilan por Dresde, cambiase de opinión tras ver
mi film", añadió el director.
El pase de "Sophie Scholl" coincidió con el 60
aniversario de los bombardeos sobre Dresde, ciudad devastada por la aviación
británica y estadounidense. Unos 5.000 neonazis desfilaron hoy desafiantes por
esa ciudad en recuerdo de lo que califican de "genocidio aliado".
En las
antípodas de esa luchadora está la Scarlett Johansson de "In good company". A la
deliciosa Alex, su personaje en el film de Weitz, la vida le sonríe y su familia
es una especie de biotopo armónico y protector donde nada malo la acecha.
Sin embargo, encontrará tiempo -y un ascensor- para enamorarse de quien no
debe: el yuppi que aterriza en la empresa de su padre para apearle de su
despacho, justo cuando a la hija se le había ocurrido estudiar en la universidad
más cara y a su esposa quedar embarazada.
El mundo modélico de Dennis Quaid
se resquebraja, pero resurge el héroe que anida en él, sería el mensaje de esa
comedia donde se roza la perfección -empezando por el trabajo interpretativo de
todo el elenco-, siempre que se acepte como producto cien por cien "American way
of Life".
La "Carmen" de Ciudad del Cabo, poblada de orondas mujeres negras
en chándal barato entre chabolas y entonando a Bizet, era una apuesta difícil,
pero la Berlinale y Dornford-May
se salieron con la suya.
El Festival de Cine quería una representante del
"otro" cine africano y lo encontró en un film en que, por difícil que parezca,
se hace encajar la ópera de Bizet con el claqueo palatal del "xhosa", uno de los
once idiomas sudafricanos.
Se trata de la primera vez que se lleva al cine
la ópera más popular del mundo en una lengua africana, debida a Andiswa y
Pauline Melafane, responsables de la Dimpho di Kopane, una compañía lírica, que
en 2000 empezó a reclutar solistas en Ciudad del Cabo con potencial de talla
internacional.
Si "Man to man", de Régis Wargnier, aportó a la Berlinale la "novedad" de una pareja
de pigmeos sobre la alfombra roja -como tituló algún medio- y "Hotel Rwanda"
conmocionó con su testimonio de la masacre entre hutus y tutsi, "Carmen" dejó un
impacto de sol africano sobre el icono de pasión, celos y muerte de Mérimée. EFE
gc/ja
viernes, 11 de febrero de 2005
Toda una vida
Deneuve y Depardieu, un maduro reencuentro entre dos enamorados
Berlín, 12 feb (EFE).- El maduro reencuentro
entre dos enamorados, Catherine Deneuve y Gerard Depardieu, en la cambiante
Tánger, protagonizó la jornada de la Berlinale, a la que la comedia germano-española "One Day
in Europe" llevó brisa futbolística de la mano del Deportivo de La Coruña y el
Galatasaray.
"Les temps qui changent", de André Techiné, reunió para el
Festival de Cine de Berlín a un Antoine -Depardieu- convencido de que tres
décadas de ausencia no apagan el primer amor y a una Cécile -Deneuve-
transtornada ante esa consideración.
El Tánger multiétnico, con cientos de africanos clavando la mirada al otro lado del estrecho -España-, es el escenario de ese reencuentro. "Tánger representa al mundo cambiante, esa zona sísmica, cultural y política, a las puertas del paraíso europeo", explicó Techiné.
El Tánger multiétnico, con cientos de africanos clavando la mirada al otro lado del estrecho -España-, es el escenario de ese reencuentro. "Tánger representa al mundo cambiante, esa zona sísmica, cultural y política, a las puertas del paraíso europeo", explicó Techiné.
En
esa zona sísmica aparece un día Antoine, con el encargo de construir un
consorcio mediático, alternativa del Islám moderado y tolerante a la cadena Al
Yazira. Un pretexto, en realidad, para reencontrar a una Cécile que daba ese
amor por enterrado.
"Las mujeres y los hombres entienden el amor de manera
distinta", sostuvo Deneuve, elegante y diva como siempre, pero sin ese rictus
despectivo con el que pasó en 2002 por la Berlinale, a bordo del "8 femmes", de Francois Ozon.
"Para la mujer, el amor es esencial en su vida, un permanente intento de
hacer congeniar la vida profesional y la sentimental. Para el hombre, el amor es
algo que está bien, si funciona, pero no es lo fundamental", prosiguió la actriz
francesa.
En "Les temps qui changent", el reparto se invierte. "Gerard es el
reflejo de una obsesión enfermiza", un personaje "casi femenino", mientras que
Cécile es una mujer glacial y de comportamiento hasta viril, en la que Deneuve
reconoce "hay buena parte de mí".
A Deneuve, mujer fuerte dentro y fuera del
film, le correspondió "pedir disculpas" en nombre de Depardieu por la ausencia
de éste -"por cuestiones de rodaje", dijo-, en la Berlinale.
"Opté por una cámara ligera, móvil, para reflejar los desórdenes de la vida, acercarme a la trayectoria de los personajes y captar sus rostros lo más cerca posible", afirmó Téchiné.
No exactamente
desordenada, pero sí algo deshilvanada aparece el conjunto de historias que se
tejen alrededor de esos dos personajes -el esposo, el hijo, la novia toxicómana
de éste y otros seres ambiguos- parte de ese entorno cambiante de un Tánger en
que convive el velo islámico con el cosmopolitismo europeo.
"Es un film
sobre el caos de la vida", razonó Téchiné, sobre el segundo film francés, del
total de cinco, que concurren a la presente Berlinale.
También multiétnico, como el Tánger de
Téchiné, es la Europa que recorre Hannes Stoehr en "One Day in Europe", un film
episódico enmarcado en el partido de cuartos de final entre el Galatasaray y el
Deportivo de La Coruña.
Moscú, Estambul, Santiago de Compostela y Berlín es
su escenario múltiple: el común denominador, la hinchada coruñesa -como el
iracundo Luis Tosar, que pide a gritos un televisor para ver el partido en la
comisaría moscovita donde acaba detenido-, sus homólogos turcos y gente de paso
por esas cuatro ciudades, en busca de su suerte.
A unos les roban, otros
tratan de estafar al seguro antirrobo y otros de ser más listos que el hambre. A
todos les esperará un cuerpo policial -el gallego Miguel de Lira, por parte
española- de acuerdo a los clichés del país respectivo.
Stoehr, quien en
2001 pasó por la Berlinale con un
imaginativo "Berlin is in Germany" sobre un germano-oriental a quien la caída
del Muro pilló en la cárcel, trajo con "One Day in Europe" una comedia
simpática, tal como ambicionaba la Berlinale a modo de aperitivo del Mundial 2006 del que
Alemania será anfitrión.
Completó la jornada a competición "Provincia
Meccanica", del italiano Stefano Mordini, una película que no arrancó un solo
aplauso en su presentación ante la Berlinale.
El film se centra en una pareja de
bienintencionados, pero caóticos padres, que dejan crecer a sus hijos en una
vivienda donde se apilan los platos por lavar y una iguana pasea por montañas de
ropa sucia, hasta que una asistenta social les quita a su hija. EFE gc/rz/ja
Miguel de Lira, un pícaro policía gallego en la Berlinale
Miguel de Lira, un pícaro policía gallego en la Berlinale
Berlín, 12 feb (EFE).- El actor español
Miguel de Lira, miembro del políglota equipo de la comedia "One Day in Europe",
se presentó en la Berlinale muy
metido en su papel, un pícaro policía de Santiago en Compostela y, además,
"falando en galego".
"Eu quero falar galego, pero también puedo hacerlo en
español o en mi inglés 'very bad'", dijo de Lira ante la prensa internacional,
en la presentación de esa comedia episódica y de ambiente futbolístico, dirigida
por el alemán Hannes Stoehr.
Luciendo una vistosa camiseta granate con el
anagrama "Ventos de Forsa 7" -"es de la cofradía de pescadores de mi pueblo,
Lira, en la Costa da Morte", explicó orgulloso a EFE, en un aparte-, Miguel de
Lira exhibió galleguismo y dio recetas sobre cómo debe funcionar Europa.
"Lo
que tenemos es una Unión Europea muy de Tratados, muy de Constitución, pero lo
que necesitamos es una Europa más humana, más del trato personal", afirmó.
A
esa visión de la Europa humanizada quiere contribuir el film de Stoehr, una
producción con participación de la Xunta de Galicia, en la que de Lira
interpreta a un pícaro policía.
Su misión es atender a un peregrino húngaro
al que le acaban de robar su cámara digital con más de 400 fotos de "su" camino
hasta Santiago. Pero, de acuerdo al cliché español, a la víctima le esperarán
buenas palabras, algún vino y un "vuelva usted mañana".
"Sí, sé que toco
todos los clichés, pero también los pongo en cuestión", explicó el director de
la película.
La flema española, los mafiosos rusos, un terrorífico policía
turco que recuerda las catacumbas de "Midnight Express" y la ortopedia mental
alemana son algunos tópicos que recorre el film, que arranca en Moscú y recorre
Estambul, Santiago y Berlín.
La película muestra una final imaginaria de la
Liga de Campeones entre el Deportivo de La Coruña y el Galatasaray de Estambul,
sobre los percances de gente de paso, víctimas de robos o estafadores
accidentales.
"Recurro al fútbol porque es el equivalente europeo al
'american way of life', nuestro recurrente común", dijo Stoehr. "Es una película
políglota, como lo es Europa, pero reflejo más la Europa de las regiones que la
de las naciones", prosiguió el director.
Ahí están, junto al gallego de
Lira, un turco hablando el suabo del sur de Alemania, una rusa con un dialecto
local y un marsellés en conflicto con el francés parisino.
Fiel a ese
multilingüismo, Stoehr se presentó con siete actores, cada uno en su idioma y
sembrando el caos en la traducción simultánea. "Tenemos que aprender a convivir
con esa realidad, porque así es la Europa en que nos movemos", dijo Stoehr,
quien además de alemán, inglés y algo de francés habla un correcto español
"funcional", aprendido "de cuando viví en Santiago".
En la ciudad gallega
conoció a de Lira, popular actor de la serie de televisión "Mareas vivas", y
también a Luis Tosar, que en el film ejerce de furibundo hincha del Depor,
detenido en una comisaría moscovita y pidiendo a gritos un televisor.
"Conocí a Luis siendo éste un desconocido. Cuando volví ahora a España a
preparar mi película, su nombre estaba en todas partes. Pero le llamé y aceptó
trabajar para mi", recordó Stoehr.
El director alemán, de 34 años, acudió a
la Berlinale como un conocido de
la casa, ya que en 2001 se llevó una cálida acogida por "Berlin is in Germany",
la historia de un germano-oriental a quien la caída del Muro de Berlín pilla en
la cárcel.
"One Day in Germany", primera de las tres películas alemanas a
concurso, fue recibida con simpatía, va de fútbol y la Berlinale se prepara para los Mundiales 2006, que
organiza Alemania.
De Lira, tal vez azorado, tal vez llevado por su orgullo
gallego, cometió un pequeño desliz futbolístico, al afirmar que Galicia tiene
"dos grandes equipos en primera división: El Deportivo de La Coruña y el Celta
de Vigo". "Son las cosas del directo", reconoció tras la conferencia de prensa,
al serle "recordado" que el equipo vigués está en segunda. EFE gc/jg
Una brutal lección de realidad
jueves, 10 de febrero de 2005
Alfombra roja a Emmerich
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