sábado, 18 de febrero de 2006

Guantánamo, Bosnia, Irán... y Argentina

Osos al coraje político y honor al magnífico "Custodio"

Gemma Casadevall 

Berlín, 18 feb (EFE).- La Berlinale repartió sus máximos premios entre el cine político, con el Oso de Oro para la bosnia "Grbavica", el del Jurado a la iraní "Offside" y el de Plata al mejor director para Michael Winterbottom, por "The Road to Guantanamo", mientras que la argentina "El custodio" obtuvo el Alfred Bauer.

Bildergebnis für winterbottom guantanamo berlinale

El jurado presidido por la actriz Charlotte Rampling recompensó el valor de los debutantes: además del máximo trofeo a "Grbavica", de la neófita Jasmila Zbanic, otra primeriza, la danesa Pernille Fischer Christensen, compartió con "Offside", de Jafar Panahi, el Gran Premio del Jurado y tuvo además el premio a la mejor ópera prima. 
Rodrigo Moreno (Buenos Aires, 1972), que con "El custodio" debutó como director en solitario, recogió el premio Alfred Bauer, instituido en memoria del fundador del festival y en reconocimiento a una contribución a la apertura de nuevas perspectivas. 
La película del realizador argentino encaja perfectamente con esa distinción: apuntalado en la gran labor interpretativa de Julio Chávez, "El custodio" es el retrato de la soledad absoluta de un guardaespaldas entre la vida oficial y de lujo de su protegido -un ministro- y la sordidez de su existencia. 
Rampling y su equipo se inspiraron en los debutantes, en detrimento de los grandes maestros que desfilaron entre las diecinueve competidoras -Claude Chabrol, Robert Altman y Sydney Lumet- y mostró también un especial "corazón" para el cine anfitrión. 
Los Osos de Plata a la mejor interpretación, masculina y femenina, fueron para Moritz Bleibtreu, por "Elementarteilchen", y el de mejor actriz a Sandra Hüller, por "Requiem". 
Asimismo, se dio un Oso de Plata a la Major Aportación Artística el actor Jürgen Vogel, por su labor como intérprete, productor y coguionista de la película "Der freie Wille". 
El mensaje del conjunto de galardones estaba más que claro: la Berlinale fue política, de acuerdo con el propósito insistentemente repetido por su director, Dieter Kosslick; no se rindió al espectáculo convencional, sino que buscó aportaciones complejas, y se fijó en los nuevos rostros del cine alemán. 
El mensaje político lo dieron tanto Zbanic, con su film sobre las violaciones como arma de guerra -centrado en una mujer bosnia que no ha explicado a su hija que es una "bastarda serbia"-, como Panahi y Winterbottom. 
Panahi, que en su oportunísima película refleja la opresión de la mujer en Irán a través de un partido de clasificación para el Mundial de Fútbol de Alemania, dedicó su Gran Premio a sus "actores, que no pueden estar aquí". 
El film encontró un público propenso en una Berlinale que se sentía antesala del Mundial de Fútbol, donde la participación de la selección iraní está condenada a verse enmarcada en las tensiones entre Teherán y la comunidad internacional. 
"Offside" fue rodado casi en tiempo real, durante el encuentro entre Irán y Bahrein que dio la clasificación al primero y con actores primerizos, que no obtuvieron permiso para salir de su país e ir a Berlín. 
Sí estuvo ahí con al menos dos de sus personajes Winterbottom, a quien acompañaron nada menos que dos ex presos de Guantánamo, protagonistas reales del calvario de tres británico-paquistaníes que pasaron dos años en esa cárcel de EEUU en territorio cubano. 
Ruhel Ahmed y Shafiq Rasul, dos de los protagonistas del docudrama que es el film, desfilaron el día de la proyección por la alfombra roja, en lo que Kosslick quiso que fuera un homenaje extensible a todos los que siguen en Guantanamo. 
Hoy recogieron con Winterbottom el Oso de Plata, que el director dedicó, asimismo, a los presos. 
La Berlinale mostró el despegue del nuevo cine alemán, liberado de su obsesión por copiar de EEUU, Francia o cualquier otro país. 
El Oso a Hüller, en el papel de epiléptica a la que su familia envía a un exorcista en los 70, es más que merecido, por su impresionante interpretación de muchacha que se cree endemoniada. 
Su equivalente masculino, Bleibtreu, sería más discutible, en parte porque defendía la película más decepcionante entre las cuatro alemanas, basado en el mundo del escritor francés Michel Houellebecq. 
Vogel, en cambio, estaba soberbio en el papel de violador reincidente que pone todo su empeño en la reinserción social. 
Del conjunto del palmarés la única gran sorpresa -para algunos, injusticia- fue el doble premio para la danesa "En Soap", un film con aire de drama y telenovela sobre la relación entre una mujer y su vecina transexual, que no estaba en las quinielas de la crítica. 
EFE gc/egn

La Berlinale cumplió su compromiso con lo político, la innovación y el público


Gemma Casadevall 

Berlín, 19 feb (EFE).- La Berlinale cerró hoy oficialmente sus puertas con el "día del espectador", rendida al público berlinés que da al festival un carácter único y tras repartir sus Osos entre el compromiso político, el joven cine alemán y la innovación, abanderada por la argentina "El custodio". 
La 56 Berlinale salió a pedir de boca: se agotaron las entradas de casi todas las 1.115 sesiones para los 360 filmes del programa oficial, se vio buen cine y el jurado presidido por Charlotte Rampling cumplió con el cometido de premiar aquello que aporta algo nuevo, en lo político y a la vez en lo cinematográfico. 
El Oso de Oro a "Grbavica", de Jasmila Zbanic, fue el triunfo del cine de bajo presupuesto, de una debutante que refleja la situación de las mujeres bosnias víctimas de la violación como arma de guerra. 
La Plata del Gran Premio del Jurado a "Offside", del iraní Jafar Panahi, se fue para una película, asimismo, reflejo de la opresión de la mujer en Irán, con el oportuno trasfondo del Mundial de Fútbol. 
El mensaje político lo completó la Plata al director Michael Winterbottom, por la impactante "The Road to Guantanamo", exponente de cine denuncia de la indefensión de los presos enjaulados en la cárcel construida por el país más poderoso del mundo, EEUU. 
El equipo de Rampling repartió honores también a otra debutante, la danesa Pernille Fischer Christensen, por "En Soap", en ese caso una película intimista de tema femenino, que recibió ex aequo con Panahi el Gran Premio del Jurado y en solitario el galardón a la mejor ópera prima. 
Los premios de interpretación fueron para el nuevo cine alemán con tres torturados personajes: el frustrado sexual Moritz Bleibtreu de "Elementarteilchen", la endemoniada Sandra Hüller de "Requiem" y el violador atormentado Jürgen Vogel de "Der freie Wille". 
"El custodio", de Rodrigo Moreno, revalidó la ley no escrita de que el cine argentino siempre se va de la Berlinale con premio. En este caso, el Alfred Bauer, instituido en memoria del fundador del festival para recompensar la innovación. 
Un premio que supone, para un realizador que debuta en solitario como largometrajista, el "reconocimiento a una forma de realización, a la cámara que custodia a 'El custodio', al espíritu de la película", en palabras de Moreno a EFE tras la gala de este sábado. 
El Alfred Bauer es "una caricia a tu trabajo", para alguien que "no hace concesiones a nada, ni a nadie" y para una película que "no ha pasado desapercibida a nadie en el Festival". 
A decir de Moreno, el galardón ratificó que el nuevo cine argentino no es "mera espuma", sino un valor ratificado tras los éxitos de Lucrecia Martel con "La ciénaga" -premio a la ópera prima en 2001- y de Daniel Burman con "El abrazo partido", Gran Premio del Jurado y Oso de Plata a su actor, el uruguayo Daniel Hendler, en 2004. 
La Berlinale se "fijó" de nuevo en el cine argentino a través de la única representante en competición de habla española entre las diecinueve participantes. 
Fue una Berlinale "espectacularmente poco espectacular", según su director, Dieter Kosslick, cuya alfombra roja tuvo un protagonista algo monótono: George Clooney, George Clooney y George Clooney, que eclipsó a Meryl Streep y Sigourney Weaver, por ejemplo. 
El escaso despliegue de estrellas no apagó la pasión berlinesa por su festival, un certamen de primera categoría con venta de entradas al público general y en una ciudad de unos tres millones y medio de habitantes. 
Eso, y no las estrellas o la selección de películas, es lo que da vitalidad al festival. Berlín se sacude de pronto el invierno de encima y abre la ventana al mundo que es el cine. 
En esta 56 edición se vendieron 150.000 entradas para los berlineses, que compartieron salas con 3.800 periodistas acreditados y 4.280 profesionales del sector. 
Con ello se garantizó la estabilidad de un festival financiado en un 40 por ciento con fondos públicos y el resto entre patrocinadores y venta de localidades. 
El "día del espectador", el domingo después de la gala de los premios, es una tradición instituida por Kosslick que refleja la sensación de "día después" en que queda el festival: las estrellas, los periodistas y los premiados se van; Berlín y sus cines quedan bajo custodia de los berlineses hasta el año siguiente. EFE 

viernes, 17 de febrero de 2006

En el Irán de los milagros

"Offside" pone el sello de oro a una Berlinale con olor a Mundial

Gemma Casadevall 

Berlín, 17 feb (EFE).- El iraní Jafar Panahi puso hoy broche de oro a la Berlinale con "Offside", un prodigio sobre represión y fútbol en el Irán milagrosamente clasificado para el Mundial de Alemania, al que acompañó en la última jornada a concurso "Requiem", un exponente del nuevo cine alemán.
Irán, derechos de la mujer y fútbol: qué más podía pedir una Berlinale deliberadamente política para el cierre de aspirantes a Osos y a cinco meses de la apertura del Mundial.
Por si fuera poco, "Offside" lleva el sello de Panahi, uno de los nombres más sólidos del cine de Irán, que durante años no ha podido estrenar allí.
La Berlinale no está reñida con los milagros, como se demostró hoy. Rodar una película prácticamente en un día, sin saber cuál será su desenlace -fiesta en la calle o desolación- e infiltrar a cinco muchachas en un estadio, en un país donde está prohibido su acceso a los partidos, forma parte del prodigio de "Offside".
Todos esos elementos confluyen en la película de Panahi, una historia sencilla de unas chicas que se disfrazan de muchacho para lograr entrar en el estadio donde se disputa el partido Irán-Bahrein, decisivo para la clasificación para el Mundial.
En lugar de infiltrarse, acaban acorraladas entre las vallas de seguridad y custodiadas por soldados iraníes. En lugar de fútbol en directo desde el graderío y con 100.000 aficionados, deben conformarse con la locución improvisada de un soldado, desde cuyo ángulo apenas se ve un saque de esquina.
Limitaciones, insultos, miedo a las consecuencias de la travesura de cinco muchachas que aman tanto el fútbol como a su país, exponente de la represión impuesta por el régimen de Teherán a su población, de la que la censura al cine es sólo una parte.
"Hasta cinco días antes del rodaje, las autoridades no sabían que estaba yo detrás del guión, porque lo registré con otro nombre. Cuando se enteraron, ya no pudieron frenarlo", explicó Panahi, quien a estas alturas no sabe aún si su película llegará a estrenarse en su país.
"Hacer la película era como un sueño, como lo era que Irán esté en el Mundial de Alemania, y espero que mis compatriotas puedan ver la película. Pero no dejaré que le corten ni una escena", dijo.
Sus actores son "muchachos y muchachas que no saben nada de cine", explicó, rodaron mayoritariamente en directo, en paralelo a lo que ocurría en el estadio y sin saber qué harían con su film si Irán no se clasificaba, y llegaron a Berlín con el compromiso de seguir trabajando por la supervivencia del cine iraní.
"Volveré a mi país y seguiré trabajando ahí", afirmó Panahi, quien pese al contenido de su film y la denuncia de la opresión de la mujer, no hace un retrato agrio de Irán, sino que trata el tema en clave de comedia, sin tiranos "visibles".
"Los iraníes somos una gran familia. El servicio militar es obligatorio y los soldados no pueden saltarse las reglas, pero son parte de esa familia", dijo respecto a la complicidad que se establece entre éstos y las muchachas que tienen "acorraladas".
"Offside" era el segundo film iraní a concurso tras el durísimo "Zemestan", de Rafi Pitts, y supuso el regreso de esa cinematografía a la sección oficial de la Berlinale tras treinta años de sequía.
"Requiem", de Hans-Christian Schmid, era la cuarta película alemana a concurso y demostró que, salvando las inmensas distancias, el fanatismo religioso no es exclusivo de países como Irán.
La inquietante película del joven director alemán -quien en 2003 compitió con "Lichter"- recrea un caso real de exorcismo en la Selva Negra alemana, no varios siglos atrás, sino en los años 70.
Sandra Hüller, una actriz de mirada limpia que recuerda a la Julia Jentsch de "Sophie Scholl" -que aspira este año a un Oscar para Alemania-, interpreta a una estudiante epiléptica, hija de una familia de rigurosísimas creencias cristianas, que en lugar de recurrir al neurólogo busca la ayuda de un exorcista.
"Considero la religión algo amenazante. La fe convierte a Michaela (personaje de Hüller) en una mártir", explicó Schmid.
Con la proyección de "Requiem" se cerró la ronda de concursantes y, a la espera de que este sábado el jurado presidido por Charlotte Rampling dé los Osos, las quinielas apuntaban hasta hoy como favoritas a "The Road to Guantanamo", de Michael Winterbottom, y "A Prairie Home Companion", de Robert Altman.
La proyección de "Offside" podría dar la vuelta al marcador, de la misma manera que el gol de Mohamed Nosrati, en el minuto 47, dio a Irán la clasificación para el Mundial. EFE gc/ih/egn



     

jueves, 16 de febrero de 2006

Impecable Huppert

Chabrol y Lumet: la veteranía es un grado incluso en la Berlinale

Gemma Casadevall 

Berlín, 16 feb (EFE).- La Berlinale demostró hoy que la veteranía es un grado y que un film de Claude Chabrol con Isabelle Huppert no puede fallar, de la misma forma que tampoco puede pinchar Sidney Lumet, aunque su "Find me Guilty" sea la enésima recreación de un juicio contra una banda de mafiosos. 
Chabrol brinda en "L'ivresse du pouvoir" un papel hecho a medida para Huppert: una juez apodada "la piraña", que aplica a sus interrogatorios el instinto de una glacial torturadora y que tiene la oportunidad de "salir en los papeles" al frente de un asunto de corrupción inspirado en el caso Elf Aquitaine. 

Lumet convierte a Vin Diesel en protagonista del mayor juicio de la Historia criminal de EEUU, contra veinte miembros de una banda de gánsteres -por supuesto, italiana- de los cuales es el único que ya está preso y también el único que decide defenderse por sí mismo. 
Por si no quedara claro el perfil de la implacable juez, Chabrol le enfunda unos guantes de piel rojos y le coloca como marido -por cierto, en declive- un médico que repasa los casos de salmonella o sida con menos ahínco que el imprimido por ella en combatir las infecciones de este corrupto mundo. 
"Isabelle fue mi primera elección. No escribí el papel ex profeso para ella, pero a medida que avanzaba veía claramente que era la actriz ideal para él", admitió Chabrol tras el pase para la prensa. 
"Un film se descubre mientras se va rodando. Por supuesto, leo el guión, por curiosidad y por información. Pero es la propia experiencia la que hace la película", añadió Huppert, por si no quedaba claro que "L'ivresse du pouvoir" es ella y sólo ella. 
Bildergebnis für isabelle huppert berlinale 2006El título del film (literalmente, "La embriaguez del poder") es de doble dirección: tan ebria de poder está la juez, orgullosa de que le coloquen a dos guardaespaldas, pese a que ello precipite la ruptura matrimonial, como los políticos, presidentes de consorcios y entorno judicial. 
La trama es lo de menos, a pesar de que Chabrol coquetee abiertamente con el caso de la petrolera Elf Aquitaine al colocar sobre el film la frase de que "todo parecido con personas vivas o muertas es coincidencia". Lo importante es la caricatura de toda la clase política-judicial-empresarial. 
¿Pueden convivir dos pirañas en un mismo acuario? ¿Puede conformarse una piraña con merendar con yogur cuando le quitan de delante la gran pieza? Son algunas de las preguntas colaterales de un film al que el único reproche que se le ve es que sólo revalida una perfección atribuida de antemano. 
Lumet tampoco se lanza a experimentos. Su "Find me Guilty" es una película sobre un proceso interminable, con un montón de ocurrentes episodios, cruce de réplicas entre el mafioso metido a abogado y ex colegas de "famiglia", así como alguna paliza carcelaria. 
Diesel borda su papel, sin llegar a la exquisitez de Huppert, y Lumet compone una constelación de gánsteres y abogados a millas de distancia de la glacial juez de Chabrol. 
"Find me Guilty" es un chiste largo en el que la veintena de mafiosos, traficantes de droga y asesinos aparece como una panda de simpáticos abuelitos a los que el espectador desea que se declare inocentes. 
Pocos experimentos y mucho "savoir faire", como corresponde a una jornada consagrada a dos maestros -Chabrol, 75 años; Lumet, 81- que se unieron a la estela de veteranía de Robert Altman -a punto de cumplir los 81-, asimismo entre los aspirantes a los Osos con "A Prairie Home Companion". 
Completó la jornada "Isabella", de Pang Ho-cheung, una producción de Hong-Kong y China a la que al handicap de compartir jornada con Chabrol y Lumet se le sumó el de llegar a la Berlinale etiquetada como "la china de las nueve de la mañana". Es decir: para quedarse en la cama. 
La etiqueta era injusta, como a veces ocurre. "Isabella" empieza como la historia de un policía de Macao al que de pronto una muchacha con la que acaba de acostarse le dice que es su hija. 
Lo que parecería un argumento folletinesco y forzado reserva un par de buenas sorpresas y hermosas imágenes, hasta llegar a un fado portugués, síntesis del Macao agónico punto de quedar adscrito a la República Popular China. EFE gc/rs/egn

miércoles, 15 de febrero de 2006

Drogadicto enamorado

Descenso a los infiernos con Heath Ledger

Gemma Casadevall 

Berlín, 15 feb (EFE).- El descenso a los infiernos de una pareja de heroinómanos, en la película australiana "Candy", y los vaivenes de un bombero enamorado, en la alemana "Sehnsucht", marcaron hoy la competición de la Berlinale, que tras el cine político de días pasados entró en el terreno de las más o menos bajas pasiones. 
Por un lado, Heath Ledger, el vaquero homosexual de "Brokeback Mountain", convertido en romántico heroinómano en la película de Neil Armfield; por el otro, Andreas Müller, un bombero de un pueblo del "Este profundo", en Brandeburgo, en un conflicto de pasiones. 
La pareja de Ledger es Abbie Cornish, tan preciosa y enamorado como él, pero igualmente esclava de la droga; Müller se debate entre dos sonrisas de mujer enamorada: la de su esposa y la de la mujer que ha conocido en una excursión con toda su muchachada, tan buena gente como su cónyuge y como él mismo. 
Armfield repasa el cielo que sus personajes creen rozar con las manos en sus primeros tanteos con la droga; luego pasan a poner los pies en el suelo al descubrir lo que su dependencia conlleva -incluida la prostitución para pagarse la adicción- y finalmente acaban en el infierno, por separado y como pareja. 
Es un retrato que por momentos responde al título del film -es decir, algo cándido-, pero de alguna manera convincente, gracias a los atractivos y buena labor interpretativa de ambos actores. 
Ledger, candidato al Oscar por su "cowboy" de la película dirigida por Ang Lee, da el tono justo de dramatismo sin caer en lo patético a su drogadicto enamorado, mientras que la hermosa Cornish está magnífica en su papel de preciosa chica de papá venida abajo por la droga. 
El film de Valeska Grisebach, en cambio, es exponente de cine de bajo presupuesto, rodado en el mundo rural de Brandeburgo -Estado que envuelve Berlín- y con actores arrancados de ese entorno, que trazan un triángulo sin pretensiones, con algún momento memorable del bombero, bailando abrazado a sí mismo al son Robbie Williams. 
Lo mejor de "Sehnsucht" está probablemente en los tres o cuatro minutos finales del film, en que un grupo de escolares comenta el desenlace de los amoríos del bombero doblemente enamorado. 
En su conjunto es una película con el encanto de lo sencillo, aunque algo sosita, que trata de demostrar que para rodar una bonita historia no hace falta viajar mucho, sino que a veces los rostros más interesantes están a la vuelta de la esquina. 
"Rodamos en familia, como entre amigos", explicó Grisebach, que para encontrar esos rostros "arrancados de Brandeburgo" hizo exactamente esto: recorrerse el estado haciendo audiciones entre actores y semiactores, hasta que dio con Müller, de profesión mecánico. 
Parte de sus comparsas es la propia gente del pueblo, así como algunos auténticos bomberos. 
La tercera película de la jornada a competición, "Romanzo criminale", de Michele Placido, provocó una de esas estampidas a ritmo lento, pero continuado, habituales en la Berlinale hacia mitad del festival y cuando la jornada se consolida como floja. 
Si "Candy" presenta el lado más o menos salvable del mundo de la droga -una pareja de adictos que de alguna manera lucha por salir del círculo vicioso-, el film de Placido se mueve en la típica batalla campal de acciones de castigo entre bandas mafiosas, en Roma, y con un par de toques de documento político. 
Todo se mueve alrededor de una banda de traficantes, iniciados desde la más tierna infancia en el delito y convertidos con el paso del tiempo en compañeros del alma, que un buen día cometen un secuestro y matan a su víctima. 
Placido alterna las masacres entre mafias, evocando casi dos décadas de sangrantes episodios criminales, entre 1977 y 1992, con imágenes del secuestro del ex primer ministro Aldo Moro y el atentado de la estación de Bolonia, en agosto de 1980, en una Italia sacudida por el extremismo de izquierda de las Brigadas Rojas. 
Las dos horas y cuarto de película se hicieron excesivas, apenas llevaderas pese a la exposición de guapos gánsteres -Kim Rossi Stuart y Claudio Santamaria- y de sus, asimismo, hermosas novias, Anna Mouglalis y Jasmine Trinca. EFE gc/rs/egn

martes, 14 de febrero de 2006

Siguiente alegato de Winterbottom

Alfombra roja para los presos de Guantánamo

Gemma Casadevall 

Berlín, 14 feb (EFE).- La Berlinale desplegó hoy su alfombra roja para dos ex presos de Guantánamo presentes en el festival de la mano de Michael Winterbottom y su nuevo exponente de cine denuncia, "The Road to Guantanamo", acompañando la desesperanzadora visión de Irán que es "Zementan", de Rafi Pitts. 
Winterbottom regresó a Berlín, tres años después de llevarse el Oso de Oro con "In this World", determinado a plasmar en buen cine una realidad que clama justicia inclusive ya desde el edificio de la ONU: la ilegalidad de la cárcel construida por EEUU en territorio cubano. 
"Si hace cuatro, cinco años, hubiese hablado de un lugar así, con centenares de presos retenidos por el Gobierno de EEUU fuera de toda legalidad, nadie lo hubiese creído posible (...) Hoy estoy aquí con dos antiguos presos", dijo el director británico, recibido con rango de héroe tras la proyección para la prensa. 
Los antiguos presos arrancados de las jaulas de Guantánamo y presentes sobre la alfombra roja son Ruhel Ahmed y Shafiq Rasul, dos de los cuatro británico-paquistaníes que en septiembre de 2001 salieron de Birmingham en dirección a Karachi para asistir a la boda de uno de ellos. 
De Pakistán pasaron a Afganistán siguiendo la llamada de un imán "para ayudar a nuestros hermanos en su dolor", explicó Rasul. 
Empezó un largo viaje de Karachi a Kandahar, luego a Kabul, a Kunduz, hasta caer prisioneros de la Alianza del Norte, primero, y de EEUU, después. 
Para entonces ya eran sólo tres, puesto que el más joven del cuarteto fue separado del grupo y nunca más supieron de él. 
"The Road to Guantanamo" fusiona los testimonios del trío de muchachos paquistaníes, más escenas rodadas con actores que muestran el genio de Winterbottom para convertir la ficción en documento, e imágenes de televisión "made in USA" sobre los bombardeos de Afganistán y las acciones contra objetivos talibanes. 
Arranca de una conferencia de prensa de George W. Bush y Tony Blair, con el presidente de EEUU afirmando que los presos de Guantánamo "no son buena gente". El testimonio de los paquistaníes que salieron de Birmingham para una boda trata de probar lo contrario. 
La pregunta no es cuántos "errores" como ésos hay entre los centenares de presuntos fanáticos miembros de Al Qaeda en Guantánamo; tampoco se pretende demostrar que se encerró ahí a cientos de inocentes. 
La cuestión es si Guantánamo no es, simplemente, un producto de otro tipo de fanatismo, independientemente de a quiénes se ha torturado ahí. Cuántas convenciones internacionales se rompen desde el momento en que se empaqueta a un preso, tapándole la cabeza con una bolsa de cartón con un número y hasta que se le mete como un animal en una jaula. 
Los tres muchachos que iban de boda pasaron más de dos años en la isla de Cuba hasta su regreso a Londres, donde, tras un nuevo interrogatorio, fueron absueltos de todo cargo. 
Ellos se convirtieron hoy en la voz de los centenares de presos que pasaron o siguen ahí, sin un pasaporte occidental que les respalde. 
"The Road to Guantanamo" no fue el único testimonio de la jornada. "Zemestan" -"It's Winter", en su versión internacional inglesa- supuso el regreso a la Berlinale, tras tres décadas de ausencia, de un film iraní a concurso, lo que de por sí tenía un mensaje político. 
La película de Rafi Pitts, que sí ha representado anteriormente a su país en los festivales de Venecia, París y Locarno, es todo lo contrario al cine amable o fácil de ver. 
Desde el principio se asiste al paisaje de la más absoluta pobreza, con un protagonista, Marhab (Ali Nicsolat) andando de arriba abajo, junto a una vía de un tren, en busca de trabajo, una esposa, una simple perspectiva. 
La pobreza sin paliativos acompañan cada imagen, cada escena. Aparentemente no ocurre nada, más allá del incesante discurrir de Marhab andando sobre la nieve, sobre las piedras del andén. 
El sentido del film queda contenido en una muleta: la del esposo cuyo lugar ocupa ahora Marhab, un hombre que un día emigró en busca de una vida mejor para los suyos y que un invierno después se da cuenta de que nunca podrá recuperar el hogar que dejó. 
El heroico film de Winterbottom y la heroicidad misma que supone hacer cine en Irán ocuparon la jornada a concurso, complementada con un "thriller" tailandés, "Invisible Waves", de Pen-ek Ratanaruang, una cinta hermosa y relajante, que probablemente poco o ningún espacio encontrará en las crónicas de la jornada, colmada de emociones. EFE gc/ih/egn

lunes, 13 de febrero de 2006

Cosido a los talones de un ministro


"El custorio", un espléndido retrato de la soledad absoluta 

Gemma Casadevall 

Berlín, 13 feb (EFE).- El debutante Rodrigo Moreno dio hoy en la Berlinale una lección de buen cine argentino con "El custodio", una espléndida radiografía de la soledad del guardaespaldas, que compartió la jornada con otro retrato masculino inquietante: el de un violador, en la película alemana "Der freie Wille". 
El silencio alrededor de un hombre al que el ministro apenas da los buenos días pese a llevarlo cosido a los talones, el servidor que aguarda las horas que haga falta ante una puerta cerrada, junto al auto blindado o ante el piso al que sube el patrón para estar con la amante: ese es el mundo de "El custodio".

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Las pocas frases que intercambia con su custodiado, con su jefe de protocolo o el chófer son casi monosilábicas, como escuetos son también los cruces de miradas con el guardaespaldas al que no se paga por hablar, sino por no perder ni un segundo la concentración. 
"El guión se me ocurrió una tarde en Buenos Aires, al ver a un funcionario público con dos custodios. Me interesó el silencio de esos hombres", explicó Moreno tras el pase de su película, única concursante hispanohablante de esta Berlinale
De ahí pasó a subirse un día con su cámara de vídeo al auto de un ministro "de verdad" y sus custodios, y desarrolló luego la idea que le dio el premio al Mejor Guión en Sundance. 
La cámara de Moreno hace que el espectador transite, escuche y vea lo mismo que el personaje interpretado por Julio Chávez en una de las mejores actuaciones masculinas hasta ahora vistas en esta Berlinale, con permiso de Alan Rickman en "Snow Cake". 
Todo en "El custodio" funciona a la perfección, hasta el mínimo detalle. Desde el colgante de niña boba en el teléfono de la hija del ministro hasta el rosario que lleva él en su retrovisor. 
Todo tiene su mensaje demoledor y su significado, como puede tenerlo el mínimo gesto al que debe atender el guardaespaldas. Un sujeto sin vida propia, al que ocasionalmente el patrón da trato humano y le pide que agasaje a un invitado haciéndole un dibujo a lápiz, que quedará olvidado junto al café como una servilleta usada. 
Es la soledad absoluta y también una dura crítica social alrededor de las dos realidades en que se mueve el protagonista: la del ministro de Planificación, entre el despacho oficial y el chalé con piscina, y la suya propia, entre su sórdido piso de soltero y las visitas a su hermana en un sanatorio. 
Sólo dos veces saca su pistola: en el karaoke donde celebra su cumpleaños, al arrancarle un camarero chino el micro a su sobrina, y cuando opta por dar a su entorno la respuesta merecida. 
El retrato del guardaespaldas, primer largometraje en solitario de Moreno tras "El Descanso" (2002), obra colectiva, tuvo como compañero a concurso otro ejercicio complejo: meterse en la piel de un violador, como hace el director alemán Matthias Glasner en "Der freie Wille". 
Las circunstancias no eran precisamente propicias. Programar un film de 163 minutos a las nueve de la mañana y encima alemán -lo que para la crítica internacional suele ser sinónimo de pesadez- invita a saltarse la sesión o asistir con intención de ver la primera media hora para regalarse luego un buen desayuno. 
Glasner y su actor, Jürgen Vogel, lograron amarrar a la butaca a quienes se arriesgaron a intentarlo con una historia indigesta, pero a la vez exponente del cine valiente, a años luz de la decepcionante "Elementarteilchen", la superproducción de Oskar Roehler y Bernd Eichinger que abrió la ronda de cine alemán. 
El personaje de Vogel es un violador reincidente que sale en libertad tras pasar años en un psiquiátrico y del que apenas se explica nada. Ni el proceso hasta su primera violación ni por qué dan por hecho sus terapeutas que puede salir a la calle. 
No es propósito de Glasner dar estas explicaciones, sino trazar lo que es la existencia de un individuo de esas características, que trata de llevar una vida normal entre vallas publicitarias de chicas en ropa interior y con el temor constante a cuándo volverá a sentir el impulso irrefrenable que le destrozará a él y a su próxima víctima. 
Fueron 163 minutos de cine duro, con escenas probablemente suprimibles, pero desde luego alejado del término "pesadez" con que se le etiquetó de antemano, en buena medida gracias al buen retrato del laberinto interior del violador que hace Vogel. EFE gc/ih/egn

domingo, 12 de febrero de 2006

Violación, como arma de guerra

Drama bosnio tocó la fibra a la Berlinale

Gemma Casadevall 

Berlín, 12 feb (EFE).- Una debutante, la bosnia Jasmila Zbanic, tocó la fibra de la Berlinale con "Grbavica", un drama sobre la violación como arma de guerra, y Robert Altman dio un recital a ritmo de "country" de cómo devolver el festival a la vida, en "A Prairie Home Companion". 
El cine sin trampa ni cartón, por parte de Zbanic, y un nuevo recital "made in Altman", con constelación de grandes estrellas en perfecta armonía, ocuparon hoy la sección a competición de la jornada, hasta ahora la más redonda de la presente Berlinale. 
Zbanic, desde la sobriedad absoluta, sin el menor aditamento, con un equipo mínimo y total desnudez de medios, se sumerge en la vida de una madre y su hija adolescente, marcadas por el destino de miles de mujeres bosnias violadas por sus enemigos de guerra, los serbios. 
Ni saltos en el tiempo ni ningún otro recurso cinematográfico. El primer largometraje de la directora, de 32 años, es radicalmente lineal y se apuntala en el trabajo de sus dos actrices principales, Mirjana Karanovic y Luna Mijovic, la madre y la hija del film. 
La primera es una mujer que no ha logrado aún articular en palabras su trauma, la segunda una muchacha de 12 años que ha crecido pensando que su padre fue un bosnio, caído en combate. 
Grbavica es el barrio de Sarajevo donde viven, "un lugar como tantos otros de la región", explicó Zbanic, donde un número indeterminado de mujeres viven "con ese secreto dentro". 
"No hay cifras claras al respecto. Oficialmente se habla de 20.000 mujeres bosnias en esa situación, más o menos se calcula que fueron unas 50.000 las que pasaron por el calvario", explicó Zbanic. 
La directora recorre con su cámara a una madre y a una hija que no sabe del secreto de la primera. A través de ellas describe el destino de las muchas mujeres que conoció en organizaciones de ayuda a ese colectivo de víctimas "olvidadas". 
Mujeres que, a diferencia de los veteranos o heridos de guerra, no cobran pensión alguna de la autoridades y que sacan a los suyos adelante, trabajando en lo que sea para pagarles la escuela, pero no son capaces de explicarles la verdad. 
"Documentar en cine lo que fue aquello no es posible, porque no sería soportable para el espectador. Yo misma no sé cómo se puede sobrevivir a algo así", explicó Karanovic, la actriz serbia que da vida a una bosnia violada en "expresión del primitivismo bélico". 
El hecho de ser serbia no fue un obstáculo: "Es una película importante para toda la región, no sólo para los bosnios, porque trata de cómo abordar el pasado y tirar adelante", dijo. 
"No es una película sobre mujeres bosnias, sino sobre todas las mujeres que han sido víctimas de la violación en guerra", añadió Zbanic, quien espera contribuir con su film a una especie de "catarsis", capaz de hacer que "esas mujeres silenciosas rompan el círculo de su secreto y puedan al menos llorar abiertamente". 
El primer paso es hablar para afrontar lo ocurrido, "algo que muchas mujeres no pueden hacer aún, más de diez años después, de la misma manera que muchas alemanas violadas en la II Guerra Mundial no lo lograron nunca", prosiguió la directora. 
A partir de ahí, empieza el proceso de cómo asumir esa verdad. En el caso de la muchacha, aceptarse a sí misma como "bastarda de serbio", no huérfana de un caído en la guerra. 
"Grbavica" conmovió a la Berlinale y Altmann le devolvió la sonrisa, con una nueva muestra del dominio del maestro de la fórmula del "ensemble" llevado al cine. 
Las piezas de su puzzle son Woody Harrelson, Meryl Streep y Lily Tomlin, metidos en cuerpo y alma en la tarea de entonar un "country" tras otro, además de un torpe detective (Kevin Kline), un ejecutor de embargos (Tommy Lee Jones) y un Angel de la Muerte con aires de Veronika Lake (Virginia Madsen). 
Por supuesto no es película para alérgicos al "country". Recrea el último show de un programa de radio caído en desgracia, tras 558 emisiones, con el inevitable regusto agónico y amenizado por un sinfín de canciones, que a los no afines al género sitúa al borde de la migraña. 
Para quienes no aborrecen ese estilo musical, es todo una lección de cine con el sello de la casa Altman. EFE gc/ih/cbm

sábado, 11 de febrero de 2006

Elemental Michel

El cine alemán descompone a Houellebecq

Gemma Casadevall 

Berlín, 11 feb (EFE).- El cine alemán desembarcó hoy en la Berlinale con "Elementarteilchen", una descomposición del pornográfico mundo de Michel Houellebecq, mientras que Terrence Malick encandiló con la magia de Pocahontas y el mexicano Gael García Bernal alegró el patio convertido en duende soñador. 
Oskar Roehler, en la dirección, y el productor Bernd Eichinger, auténtico artífice del proyecto, inauguraron el despliegue de cine doméstico -cuatro filmes a competición- al frente de una misión imposible: filmar la exitosa novela de Houellebecq -"Las partículas elementales", en su título español- sin pornografía y sin sátira social. 
"La pornografía es un elemento interesante en la novela de Houellebecq, pero en cine no hubiera funcionado", explicó Roehler, director "por encargo" al servicio de Eichinger, uno de los productores más poderosos del ámbito alemán, amante de lidiar con la polémica. 
Tampoco podía incluirse en los 105 minutos de película todo el "microcosmos contenido" en la novela del escritor francés, por lo que el tándem Roehler-Eichinger se limitó a reproducir "algo del espíritu" de la novela, en palabras del director. 
En esencia, la novela es "la historia de dos hermanos dispares, pero totalmente anti-románticos, que acaban descubriendo su sentimentalidad", resumió Martina Gedeck, una de las intérpretes. 
Se trata pues de reducir al máximo a las dos criaturas centrales de la novela: el genio de la biología molecular -Christian Ulmen-, obsesionado por descodificar las claves de la reproducción sin sexo, y su depresivo y racista hermano por parte de madre -Moritz Bleibtreu-, obsesionado por el sexo. 
Tanta reducción dejó a la Berlinale escindida en varios flancos: los adoradores de Houellebecq, indignados por la masacre; los conocedores, pero no entusiastas de su obra, que no entendían la obstinación por llevar al cine una novela que se sabe inabordable; y los que no lo han leído, que trataban de entender las claves del escritor desde la virtualidad fílmica. 
Eichinger ha saltado en los últimos tiempos de producciones exitosas, como "Der Untergang" -"El hundimiento. Los últimos días de Hitler"- a fracasos estrepitosos, como su incursión en la ópera de Wagner "Parsifal". Ahora se empeñó en Houllebecq y, al menos en Alemania, su película podría ser un éxito de taquilla. 
El propio novelista se ha desentendido totalmente del proyecto -"no ha visto la película hasta ahora y no está accesible, como es habitual en él", explicó Roehler-. Probablemente la única forma de llegar a disfrutar algo del film va en esa dirección: olvidarse de Houllebecq y de la pregunta de por qué se elige a un escritor si lo que se pretende es despojarle de sus partículas elementales. 
Compensaron el desconcierto dejado por el cine alemán "The New World", de Malick, y "The Science of Sleep", de Michel Gondry, con García Bernal y Charlotte Gainsbourg, ambas en la sección oficial, pero fuera de concurso. 
La película de Malick es puro Pocahontas, tal cual, sólo que en lugar del diseño Walt Disney, el sello es del director de "The Thin Red Line", Oso de Oro en 1999. 
Tras carabelas del imperio británico llegan a la Norteamérica por colonizar, en 1607. Tienen ante sí el Nuevo Mundo y varias alternativas: conquistarlo, devastarlo o amarlo. Colin Farell, el héroe, opta por lo primero. Por supuesto, está en minoría, pero poco importa teniendo ante sí la belleza de la hija preferida del rey de la tribu, Pocahontas, interpretado por la quinceañera Q,Ortianka Kilcher. 
Los indígenas de Malick son como ciervos, que se acercan al hombre blanco con curiosidad, temor y desconfianza, primero, e imponen sus condiciones, si es preciso con las armas, después. Se produce el pulso entre la nobleza del salvaje y la avaricia del conquistador que ignora las reglas del juego. 
El resultado es un cuento mágico, que podría darle un Oscar al fotógrafo mexicano Emmanuel Lubezki, entre los candidatos a las figuritas de Hollywood. 
Asimismo mágico, pero en versión colorida y divertida, es "The Science of Sleep", un nuevo ejercicio de imaginación de Gondry. García Bernal es su estrella casi en solitario, mientras que Gainsbourg se limita a hacer lo de siempre: estar ahí, con su mirada de eterna adolescente como en estado de duerme-vela. 
El actor mexicano compensa con sus aires de duende saltarín el atolondramiento de ella y se erige en el mejor aliado de los delirios de Gondry. EFE gc/ih/rt

viernes, 10 de febrero de 2006

George, estrella absolutista

El "Syriana" de Clooney eclipsó la competición

Gemma Casadevall 

Berlín, 10 feb (EFE).- "Syriana" pasó por la Berlinale fuera de concurso, pero con George Clooney como estrella absoluta del festival, y ocurrió lo que se esperaba: el "thriller" político de Stephen Gaghan eclipsó sin dificultad las películas a competición del día, la danesa "En Soap" y la austríaca "Slumming". 
Gaghan no dio la menor oportunidad a las flojas aportaciones europeas. Su ambicioso film toca muchas teclas: la denuncia del aparato político-judicial en EEUU, en complicidad con la CIA y los consorcios petroleros, o por qué tal constelación de corrupciones da alas, de paso, al extremismo islámico. 
Todo un compendio de política internacional, que va de Teherán y Beirut a los Emiratos, pasando por Marbella, Washington, Kazajistán, un rancho tejano y un campamento donde un muchacho pakistaní espera su expulsión del golfo Pérsico y empieza a visitar una escuela coránica, sin olvidar tampoco el impacto del poderío chino.

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Un mapamundi de conflictos internacionales metidos en 126 minutos de película, con Clooney ejerciendo de veterano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y Matt Damon de buen padre de familia tratando de hacer negocios limpios en un mundo de manos sucias. 
Gaghan retoma el esquema de episodios de "Traffic" (2000), película de Steven Soderbergh de la que fue guionista. 
Trata de responder a "la fuerte derechización de la política estadounidense tras el 11 de Septiembre", explicó, con un producto que se sabe cien por cien Hollywood y que quiere conectar con el mundo musulmán, donde el director aspira que su "Syriana" se vea "sin censura". 
Clooney, convertido en algo así como la conciencia de Hollywood, considera que "si algo bueno trajo ese caos" -la situación internacional- fue el nacimiento de un nuevo interés por lo político, a lo que él piensa aportar algo más que un grano de arena. 
Los propósitos de ambos están claros, como también lo es el mensaje de "Syriana". Otra cosa es que el espectador llegue a captar el enjambre de conspiraciones y negocios sucios que se tejen en tan amplio espectro mundial. 
También estaba claro cuál era el propósito del director del festival, Dieter Kosslick, al incluir "Syriana" en la sección oficial, aunque fuera de competición: tener a Clooney sobre la alfombra roja, un papel que le viene como anillo al dedo. 
Por si acaso a alguno se le escapaba quién era el protagonista de la jornada, el programa de la sección a concurso acabó de dejarlo claro: la debutante danesa Pernille Fischer Christensen, en "En Soap", y el austríaco Michael Glawogger, con "Slumming". 
"He buscado el contraste entre lo auténtico y el serial televisivo. Mis maestros son John Cassavetes y Douglas Sirk", explicó la directora respecto a su primer largometraje, recibido en la Berlinale como la inevitable aportación de cine de bajo presupuesto y corte escandinavo que despierta cierta ternura. 
El argumento parece sacado de los primeros filmes de Pedro Almodóvar: una mujer se emancipa de su aburrido compañero de cama para irse a vivir de vecina de una transexual. 
Una puerta que no cierra bien y el perrito de la transexual deprimida, al que no queda más remedio que cuidar, atan a la nueva pareja. 
Sobre el film planean múltiples conflictos de identidad, hasta que el transexual propina al ex novio de la vecina un puñetazo que da la medida exacta de las cosas: con o sin dudas sobre su sexo, sigue siendo un macho y el único que puede dar al intruso el bofetón que se merece, de igual a igual. 
Un par de bofetadas se merecen, asimismo, los dos impresentables personajes protagonistas de "Slumming": un niño guapo (August Diehl), que por atractivo y adinerado se otorga el derecho a ejercer de gamberrín en los bajos fondos, y un mendigo alcoholizado (Paulus Manker) que va por las estaciones pegando gritos y aporreando a turistas o niños. 
El primero se entretiene fotografiando con el móvil la entrepierna de las chicas a las que seduce, el segundo vacía botellas de lo que sea y de vez en cuando suelta algo de dinero a su novia. 
El primero acaba en Yakarta, en busca de suburbios más suburbiales que los vieneses; el segundo amanece un día en una estación checa, tras un viaje en el portaequipajes del niño bien. 
La película danesa es floja, sin más; la austríaca confirmó que el propósito de la dirección era centrar la jornada en la exhibición de Clooney y de nadie más que Clooney. EFE gc/ih/egn

jueves, 9 de febrero de 2006

Juego de actores


Un pastel de nieve entre un autista y un hombre atormentado abre la Berlinale

Gemma Casadevall 

Berlín, 9 feb (EFE).- La película "Snow Cake", de Marc Evans, abrió hoy el Festival de Cine de Berlín y llevó a la alfombra roja a un espléndido Alan Rickman y a Sigourney Weaver para una historia de arranque poderoso: la aparentemente imposible relación entre un hombre atormentado y una mujer autista. 
Rickman, en el papel de un hombre de por sí taciturno, metido en la tesitura de comunicarse con una madre autista -Weaver- cuya hija acaba de morir en accidente en el automóvil que él conducía. Ese es el detonante de un film inmerso en un bello pastel de nieve, Ontario, cuyo sabor es lo más parecido a un orgasmo para la protagonista. 
El galés Evans, autor de "Resurrection Man" (1998) y "Trauma" (2004), parte de un sólido guión escrito por Angela Pell, a su vez madre de un niño autista, de quien aprendió "lo enervante y mágico" -en palabras de la guionista- que es convivir con una persona con esa enfermedad. 
El propósito de todo el equipo, desde el director a la guionista y, por supuesto, Weaver, es retratar el autismo desde la perspectiva de la "dignidad humana que se merece", según Evans. 
"No es un film sobre una autista, sino sobre una mujer extraordinaria que aporta experiencias extraordinarias", atajó Weaver. 
Meterse en el personaje no fue fácil. Weaver dedicó a ello "mucho tiempo, empeño mental y esfuerzo físico", según explicó tras el pase de prensa, que le hizo llegar a una conclusión: "No hay un único autismo, cada autista es un ser especial en sí mismo". 
El resultado es una interpretación más que meritoria, pero que queda eclipsada por Rickman, el taciturno y sarcástico inglés de maneras impecables, recién salido de la cárcel por haber matado a un hombre y que deja subir en su automóvil, a regañadientes, a una extravertida adolescente -Emily Hampshire, también excelente-. 
La adolescente logrará arrancar la primera sonrisa, al parecer en años, a su rostro atormentado. Unos segundos después, la adversidad se cruza en su camino en forma de camión de gran tonelaje. 
"Snow Cake" toma el esquema de película melancólica pero esperanzadora, poblada por personajes castigados por la adversidad, a los que sin embargo éstas no han arruinado la capacidad de afecto. 
Weaver es una fanática del orden -al parecer, un factor común dentro de las especificidades múltiples de los autistas- y también del sabor de la nieve, que come a bocados. 
La amistad entre esa mujer incapacitada para expresar dolor por la muerte de su hija -de la que es perfectamente consciente- y el viajero de paso se plasmará en un pastel de nieve, vehículo de comunicación definitivo entre ambos. 
"Sigourney dio la medida de la autenticidad a mi interpretación", dijo, todo modestia, Rickman. 
Algo menos de autenticidad respiran algunos episodios metidos con calzador, como el tierno romance del viajero con una estupenda vecina (Carrie-Anne Moss). 
También resulta algo forzado el empeño de Evans de cerrar, como a presión, el círculo de casualidades e infortunios que une a los personajes. 
Aun así, "Snow Cake" dio una buena apertura del festival, a la medida de lo que quiere su director, Dieter Kosslick: buen cine y presencias atractivas sobra la alfombra roja. 
También ahí cumplió con su cometido Weaver, quien lució ante la prensa un generoso escote, rompedor con la imagen de mujer físicamente poco agraciada que da en la película. 
A "Snow Cake" le correspondió el honor de abrir el desfile de diecinueve aspirantes a los Osos, entre las que deberá elegir el jurado encabezado por la actriz británica Charlotte Rampling. 
"Estoy orgullosa de presidir el jurado de un festival como éste, comprometido políticamente y con el cine de calidad. Justo el cine que me interesa", afirmó Rampling en la presentación de su equipo, integrado por ocho miembros, entre ellos el actor Armin Müller-Stahl. 
El mensaje es idéntico al lanzado previamente por Kosslick: la Berlinale de esta edición tendrá un carácter marcadamente político. 
No sólo por la presencia de dos filmes iraníes -"Zemestan", de Rafi Pitts, y "Offside", de Jafar Panahi-, sino también porque la Berlinale debe ser "cercana a la realidad", según Kosslick, y en ésta se impone lo político. EFE gc/rs/egn

miércoles, 8 de febrero de 2006

Coctelera Kosslick


"Snow Cake" abre una variada Berlinale con un poco de todo

Gemma Casadevall

Berlín, 8 feb (EFE).- La película "Snow Cake", de Marc Evans, con Sigourney Weaver en el papel de una mujer autista y Alan Rickman en el de un hombre traumatizado por un accidente de coche, abrirá mañana el Festival de Cine de Berlín y también el desfile de los 19 filmes a competición de los 360 que pasarán por la Berlinale
El director de la Berlinale, Dieter Kosslick, considera que un buen festival tiene que ser variado y en su quinto año en el cargo ha metido en la coctelera a competición alto voltaje político, sexo, dramas personales, intimidad y, naturalmente, espectáculo. 
Lo más vistoso vendrá de la mano de los siete filmes incluidos en la sección oficial, aunque fuera de concurso, como "Capote" y "Syriana", que permitirá ver a George Clooney sobre la alfombra roja, además del "V. de Vendetta", de James McTeigue, con Natalie Portman, y "The New World", de Terrence Malick. 
El francés Michel Gondry exhibirá asimismo "Science of Sleep", con el mexicano Gael García Bernal en el reparto, y Chen Kaige traerá "Wu Ji". 
"The Road to Guantanamo", de Michael Winterbottom, y los iraníes "Offside", de Jafar Panahis, y "Zemestan", de Rafi Pitts, son las apuestas más políticas, según Kosslick, orgulloso de tener en competición tanto el film del británico -Oso de Oro 2002, con "In this World"-, como de poner fin a 30 años de sequía de cine iraní. 
El maestro Claude Chabrol convertirá a Isabelle Huppert en fiscal del escándalo Elf en "L'ivresse du pouvoir", y la debutante bosnia Jasmile Zbanic, presentará un drama sobre las violaciones como arma de guerra, en "Grbanica". 
Sexo en dosis vistosas lo aportará el alemán Oskar Roehler, con su versión de "Elementarteilchen", sobre la exitosa novela de Michel Houellebecq -"Las partículas elementales", en español-. 
Historias personales ofrecerán "Candy", de Neil Armfield, sobre una pareja de heroinómanos, y el debutante argentino Rodrigo Moreno, con su film sobre las presiones de un guardaespaldas "El Custodio", única representante hispanohablante a concurso. 
El jurado que encabeza la británica Charlotte Rampling tendrá asimismo en nómina al veterano Robert Altman, con la comedia "A Praire Home Companion", con Woody Harrelson y Meryl Streep, y también a Sidney Lumet con "Find me Guilty", sobre el más largo juicio de EEUU contra la mafia, con Vin Diesel. 
En esta Berlinale habrá gran despliegue de cine doméstico, encabezado por la película de Roehlers y seguido por "Requiem", de Hans Christian Schmidt; "Der freie Wille", de Matthias Glasner, y "Sehnsucht", de Valeska Grisebach. 
El resto de representantes europeos son el italiano Michele Placido con "Romanzo criminale" y la debutante danesa Pernille Fischer Christensen, con "En Soap", que aporta con ello la inevitable dosis de cine escandinavo de todas las Berlinales
El cine asiático, otro cliente habitual en Berlín, está representado por la china "Isabella", de Pang Ho-cheung, y el thriller tailandés "Invisible Waves", de Pen-ek Ratanaruang. 
La Berlinale cumplirá este año con creces la ley no escrita del festival de que quien quiera ver buen cine no debe conformarse con la sección oficial. Panorama, que abrirá con "Derecho de Familia", del argentino Daniel Burman -Oso de Plata 2004 con "El abrazo partido-, ofrecerá, por ejemplo, "Breakfast on Pluto", de Neil Jordan, y "Stay", de Maarc Foster, con Ewan McGregor. 
La sección "Berlinale Special" tendrá, con rango de premiere mundial, "La fiesta del chivo", de Luis Llosa, basado en la novela de Mario Vargas Llosa y con Isabella Rossellini, quien además protagoniza el corto "My Dad is 100 years old", por supuesto a propósito de su padre, Roberto Rossellini. 
Entre la curiosidades de Panorama está "Bye bye Berlusconi", del alemán Jan Henrik Stahlberg, sobre las vicisitudes de un equipo que pretende rodar en Génova una película sobre el secuestro del primer ministro italiano. 
Como siempre, mucho por elegir, en los diez días de festival que concluye el sábado 19, con la proyección de "Pat Garret - Billy the Kid", de Sam Peckinpah, y reparto de premios. Por primera vez, y para ganar espectación, éstos se conocerán en directo en esa gala, y no como hasta ahora en una conferencia de prensa previa, a mediodía. 
Hasta entonces habrán desfilado 360 filmes repartidos en sus secciones, desde Panorama a Forum, Festival de Cine Infantil, una retrospectiva sobre "Mujeres de Ensueño. Estrellas de los 50". También se habrán repartido los Osos de Oro de Honor, al director polaco Andrzej Wajda y al actor británico Ian McKellen. 
Otros homenajeados serán Michael Ballhaus, que fue cámara preferido de Rainer Werner Fassbinder; Laurence Kardish, promotor del cine alemán en EEUU; y el director Jürgen Boettcher, representante de la disidencia germano-oriental. EFE gc/bj/tcr