viernes, 9 de febrero de 2007

El Berlín comido por las bombas de Cate y George



Berlín acoge con frialdad a Soderbergh y se deja mecer por la poética coreana

Gemma Casadevall 

Berlín, 9 feb (EFE).- La Berlinale arrancó en serio hoy, en su segundo día de competición, con "The Good German", una réplica de "Casablanca" trasladada al Berlín comido a dentelladas por las bombas, junto al cine sencillo y hermoso del brasileño Cao Hamburger y la poética coreana de Park Chan-Wook. 

Bildergebnis für cate blanchett berlinaleUna Cate Blanchett bellísima, acompañada por el director Steven Soderbergh, embutido en una camiseta berlinesa -con el hombrecillo verde de los semáforos del este de la ciudad-, acudió para defender con él "The Good German" ante un festival ansioso de ver estrellas. 
Los dos asistían como "amigos de la casa" -ambos pasaron por varias ediciones anteriores del festival- y, pese a no traer consigo a George Clooney, otro habitual de la Berlinale, eran la primera presencia de rango internacional en esta 57 edición. 
"The Good German" brinda, sobre todo, la oportunidad de asistir a un perfecto ensamblaje entre imágenes documentales del Berlín de 1945, con edificios en ruinas y sobre el trasfondo de la Conferencia de Potsdam, y la cámara legislativa actual, también en blanco y negro. 
Sin embargo, la película de Soderbergh cosechó más abucheos que aplausos en su estreno ante la crítica, con un filme que picotea entre episodios propios de cintas de cazanazis y triángulos amorosos. 
El "Casablanca" trasladado al aeropuerto berlinés de Tempelhof no cuajó, aunque Blanchett dé bien su personaje de alemana gélida y superviviente, por encima de todo, y Clooney se erija en abnegado enamorado, corresponsal de guerra, oficial y caballero. 
A la pareja Blanchett-Clooney le faltó química, por mucho que ella se esforzara en explicar ante la prensa que su compañero de rodaje es el hombre "más fantástico, divertido, rápido y energético" que uno pueda imaginar. 
Parece también que el tándem Soderbergh-Clooney, que han trabajado juntos en seis películas, no da los resultados esperados, vistas las malas críticas recibidas en Estados Unidos. "Tal vez en Europa se nos vea con más simpatía", explicó el director. 
Mientras Soderbergh dejó fría a la Berlinale con su recital de técnica fotográfica y atractivos protagonistas, el brasileño Hamburger encandiló justo con lo contrario: una historia sencilla, arrancada de los años de la dictadura y con la Copa do Mondo como bálsamo reparador de todas las heridas. 
Su protagonista es un niño de 12 años, de Belo Horizonte, cuyos padres deben irse de "vacaciones", como tantos otros izquierdistas, y que teóricamente queda al cuidado de un abuelo, en Sao Paolo. 
De discutir sobre Pelé con papá pasa a un vecindario de judíos que hablan en un yidish ininteligible para él. Del abuelo propio, de por sí desconocido, pasa a la tutela aún más remota de un vecino por fallecimiento del anterior. 
"O ano em que meus país saíram de férias" se convierte así en exponente de la capacidad de adaptación de ese niño y también del pueblo brasileño por hermanarse con la Copa do Mondo, sean estudiantes comunistas, sean judíos ortodoxos. 
Sin pretensiones, emocional, sin caer en lo lacrimógeno, y hermoso: así es el filme de Hamburger, cineasta que se sabe parte de la generación de directores latinoamericanos que miran hacia las aún recientes dictaduras. 
"Muchos en mi generación sentimos ahora la necesidad de recordar ese pasado", explicó Hamburger, nacido en 1962 y quien dice tener recuerdos "apenas vagos" de esos años de la dictadura. 
Completó la jornada "Sai bo gu ji man gwan chan a" -"I'm a cyborg, but that's ok", en su título en inglés-, una historia por momentos delirante, por momentos filosófica y con mucha carga poética dentro, con que Park Chan-Wook hizo las delicias de la Berlinale. 
Todo ocurre en un manicomio, poblado de locos como la protagonista, una muchacha que se niega a ingerir comida porque considera que es un ser cibernético que sólo se alimenta de electricidad. Su cómplice -y enamorado- es un delincuente común, que pasa de robar por las calles a "robarles" a los enfermos sus males. 
El director coreano es capaz, con estos componentes, de tejer decenas de historias paralelas, un cálido idilio y al mismo tiempo varias ensoñaciones de la muchacha cibernética, convertida en robot asesino del cuerpo médico -tan adorable como los pacientes- y el resto del personal. EFE gc/rz/fr



Latinoamérica entra con buen pie con un filme brasileño sobre fútbol y dictadura

Gemma Casadevall 

Berlín, 9 feb (EFE).- El cine latinoamericano entró hoy con buen pie en la sección a concurso de la Berlinale con la proyección de "O ano em que meus pais saíram de férias", del brasileño Cao Hamburger, exponente de cine sencillo, sin pretensiones, hermoso y con dos temas de fondo potentes: la dictadura y el fútbol. 
La historia de Mauro, un niño de 12 años cuyos padres deben marcharse "de vacaciones" por razones políticas, cautivó a un Berlín que echa de menos las emociones vividas como anfitrión del Mundial de Fútbol 2006 y que se dejó envolver por el recuerdo de la Copa do Mondo 1970. 
La crítica internacional brindó a la película la primera ovación de simpatía de esta 57 edición del Festival de Cine, en el pase previo para la prensa, acogida que se repitió luego en el estreno oficial de la película. 
En ese contexto, del fútbol como aglutinador de pasiones y bálsamo en tiempos difíciles, discurre el filme de Hamburger, nacido en 1962 y miembro de una generación de cineastas latinoamericanos jóvenes que vuelcan la mirada hacia los años de las dictaduras. 
"El fútbol es una pasión general, compartida, que ayuda a romper barreras y también a esconder aquello que no interesa que vea el pueblo", explicó el director, en su presentación ante la prensa internacional. 
De Belo Horizonte parte un día Mauro con sus padres, a bordo de un "escarabajo" Volkswagen azul hacia Sao Paulo. Teóricamente, allí vivirá una temporada corta con su abuelo, precisamente cuando está a punto de abrirse el Mundial de 1970 en México, del que Brasil ganó la Copa tras la final contra Italia. 
La fatalidad quiere, sin embargo, que el abuelo muera pocas horas antes de que papá y mamá le dejen ante el portal de su casa. Un vecino, total desconocido para el niño, deberá asumir la tutoría accidental de éste. 
De discutir sobre Pelé con papá, Mauro pasa a vivir entre vecinos judíos que hablan en un yidish ininteligible para él. Por suerte, existe el fútbol, factor que hermana a estudiantes comunistas y judíos ortodoxos. Y también la capacidad de adaptación de un niño. 
Sin pretensiones, emocional, sin caer en lo lacrimógeno, y hermoso: así es el filme de Hamburger. 
"Muchos en mi generación sentimos ahora la necesidad de recordar ese pasado", explicó Hamburger, quien dijo tener recuerdos "apenas vagos" de los años de la dictadura. 
Al director brasileño le correspondió el honor de abrir la representación de cine latinoamericano en la Berlinale. Le seguirá, el próximo martes, "El otro", de Ariel Rotter, con Julio Chávez en el papel protagonista. 
Ambos, director y actor, repiten en el Festival de Berlín. Rotter presentó en 2001 "Sólo por hoy" en la sección Panorama, mientras que Chávez estuvo en competición en 2006 con "El custodio", que ganó el Premio Alfred Bauer, instituido en memoria del fundador del certamen. 
Tal como "El custodio", la película de Rotter, una producción argentino-francesa-alemana, contó con ayuda financiera del World Cinema Fund, creado en 2004 por la Berlinale para apoyar producciones de Latinoamérica, África, Oriente Medio y Asia Central. 
Al margen de ambos títulos a concurso, en la sección Berlinale Special se proyectará la última película del director cubano Fernando Pérez, "Madrigal", de producción española-cubana. 
En la sección Panorama se exhibirá la brasileña "A casa de Alice", de Chico Texeira (Brasil), y la argentino-francesa "La León", de Santiago Otheguy. 
También en ese apartado, procedente de Argentina, se verá "Gaucho", de Juan Minujín, cortometraje previo a "La León"; y "Deserto Feliz", de Paulo Caldasm, una coproducción germano-brasileña. 
En el apartado de homenajes se recuperarán los documentales "Memorias cubanas: Fidel cuenta el Che" y "Un día con Fidel", ambos de 1987, en una gala especial en honor al cineasta italiano Gianni Minà (Italia). 
En la sección Forum se exhibirán "Extranjera", de Inés de Oliveira Cézar (Argentina, Grecia y Polonia), y "El telón de azúcar", de Camila Guzmán Urzúa (Cuba, España y Francia). 
"Antónia", de Tata Amaral (Brasil), se pasará en la sección Generation 14Plus, y "Lo que trae la lluvia", del chileno Alejandro Fernández Almendras, concursará en el festival de cortometrajes. EFE gc/fr

jueves, 8 de febrero de 2007

Rien de rien



Revive la Piaf más desgarrada en la apertura de la Berlinale

Gemma Casadevall 

Berlín, 8 feb (EFE).- La Edith Piaf de vida tortuosa, desgarrada por la fatalidad y la adicción revive interpretada por Marion Cotillard en "La Môme. La vie en rose", la película que abrió hoy la Berlinale y cuyo tesoro es la mítica voz del "Non, je ne regrette rien". 
La película de Olivier Dahan no es como para ver la vida de color de rosa y la capital alemana amaneció, además, bajo una fina capa de nieve y un cielo plomizo, poco propicio para desplegar glamour en la inauguración del 57 Festival de Cine de Berlín. 
Pero Cotillard y resto del equipo de Dahan llevaron a la Berlinale algo del ambiente del Olympia parisino en que Yves Montand, Jean Cocteau o Charles Aznavour aplaudieron a una Piaf que, con poco más de cuarenta años, tenía el cuerpo de una mujer de 70. 
Cotillard, la actriz francesa que encara a Piaf desde los 19 años hasta su muerte en 1963, con la metamorfosis física y mental que ello comporta, dejó al público conmocionado, con un film que no quiere ser biográfico, según Dahan, pese a las apariencias. 
"No hice una biografía, sino un retrato", explicó Dahan tras el pase de prensa, custodiado por Cotillard y varios de sus actores, aunque no por su secundario de lujo, Gérard Depardieu, quien interpreta al empresario que descubrió a Piaf cantando en la calle. 
Se trata de un retrato algo forzado, en definitiva, en que obvia aquello que no le interesa y se concentra en lo que sí, y para el que Dahan reconoce "no haber hablado con quienes la conocieron", pero sí haber leído "todo o mucho de lo que se ha escrito sobre ella". 
La película de Dahan crece en los momentos en que se escucha la poderosa voz de Piaf y tropieza en los tópicos. 
Desde una infancia con connotaciones de Charles Dickens, con una Edith niña deambulando entre prostíbulos y circos ambulantes, a la adolescencia ya alcoholizada, a modo de "herencia" paterna, y al único gran amor que retrata, el vivido con el boxeador Marcel Cerdan. 
Piaf no fue mujer de un único episodio amoroso, sino que estuvo casada tres veces y vivió múltiples pasiones y amistades tormentosas, incluido un capítulo con Marlene Dietrich, "pero me centré en Cerdan porque ése era el capítulo que me interesó", dijo Dahan. 
Dietrich aparece fugazmente y de Montand o Cocteau se sabe que existieron únicamente "por alusiones", que es lo único que se les dedica. 
Un film autobiográfico que no quiere serlo y una aproximación al personaje que en ocasiones roza la caricatura, por mucho que Cotillard se esfuerce justamente en lo contrario. 
"Evité en todo momento la sobreinterpretación porque sé que es el principal peligro a que me exponía con este personaje", declaró la actriz, hermosa y maravillosa ante la prensa, hasta el punto que costaba reconocer en ella a la decrépita Piaf de "La Môme". 
Cotillard se mete en la piel de la diva torturada, a quien ni siquiera en la infancia se retrata con un rostro fresco y a la que la vida sólo se le plantea "en rose" bajo el impacto del amor con Cerdan. 
La muerte de éste y un paralelismo entre esa pérdida y otra mucho más remota, la de la hija que tuvo casi en la adolescencia, dejan un rastro de fatalismo en la mujer del "Non, je ne regrette rien". 
El director de la Berlinale, Dieter Kosslick, no eligió bien, si es que pretendía abrir con un film que diera brío al Festival. 
Si a algo no invita "La Môme" es a cantar a coro las canciones con la Piaf, como él había anunciado, al presentar el programa oficial. 
La sección oficial de la Berlinale, por lo demás, se perfila bien cargada en cuanto a retratos complejos de mujer. 
Marianne Faithfull, icono del pop y actriz, pondrá en escena en "Irina Palm" a otra mujer castigada por la vida que trabaja en un club nocturno. 
Romola Garai lo hará con una escritora de la Inglaterra de principios del XX, en choque con sus pasiones y sociedad, en "Angel", de Francois Ozon, mientras que Sharon Stone ofrecerá un personaje tortuoso en "When a man falls in the forest". EFE gc/umj/acm

miércoles, 7 de febrero de 2007

La previa


Arranca la Berlinale "en rose"

Gemma Casadevall

Berlín, 7 feb (EFE).- La 57 Berlinale arranca mañana con "La môme. La vie en rose", la película alrededor del universo de Edith Piaf que abrirá con sabor francés el desfile de 22 aspirantes a los Osos del Festival de Cine de Berlín. 
La alfombra roja de la Berlinale espera a Marion Cotillard, la actriz que da vida al icono de la "Chanson", la mujer de aspecto frágil y voz de oro que inaugurará el festival. 
Le seguirán en el paseo Cate Blanchet, Robert de Niro, Angeline Jolie, Matt Damon, Clint Eastwood, Antonio Banderas, Jennifer López, Sharon Stone y varios miembros de la factoría Depardieu, además del veterano director Arthur Penn, que recibirá un Oso de Oro de Honor. 
A falta de papa Gérard, co-protagonista con Cotillard en la película de Olivier Dahan, sí tienen anunciada su visita Julie y Guillaume Depardieu -ella, para "Les Témoins", de André Techiné; él, para "Ne touchez pas la hache", de Jacques Rivette-. 
Una cuarta película francesa, "Angel", de Francois Ozon, cerrará la competición, el 17 de febrero, con otra emocional historia de mujer, una escritora de principios del siglo XX en Inglaterra. 
Al margen de la batería de cine francés, EEUU llevará a la Berlinale presencias poderosas: por ejemplo, de Niro, director y actor en "The good Shepherd", la historia del nacimiento de la CIA a través de un hombre que sí creía en su país. 
"The good German", de Steven Soderbergh, traerá la historia del corresponsal de guerra estadounidense en el Berlín en ruinas de la Conferencia de Potsdam, interpretado por George Clooney y Blanchet. 
"Goodbye Bafana", de Bille August, pondrá en escena a un Josepfh Fiennes en la piel del carcelero que durante veinte años vigiló a Nelson Mandela. 
"Bordertown" hará de Jennifer López, junto a Banderas, una periodista estadounidense que investiga los crímenes de centenares de mujeres en Ciudad Juárez -México-. Y "When a man falls in the Forest" pondrá a Sharon Stone en el papel de mujer atormentada. 
El actor argentino Julio Chávez ofrecerá otro recital interpretativo en "El otro", de Ariel Rotter, con su personaje de hombre maduro en crisis que asume una identidad ajena, tras el magnífico "El custodio" que en 2006 le hizo llevarse el Premio Alfred Bauer. 
La brasileña "O ano em que meus país saíram de férias", de Cao Hamburger, narrará la historia de un niño de 12 años cuyos padres se ven forzados por la dictadura a irse de "vacaciones", en los 70. Una historia emotiva, en un Brasil ilusionado con la 'Copa do Mondo'. 
Dieter Kosslick, director de la Berlinale, ha buscado la cuadratura perfecta entre el "glamour" y las historias potentes, con menos cine alemán que de costumbre, sólo dos películas, "Yella", de Christian Petzold, y "Die Faelscher", de Stefan Ruzowitzky. 
El resto de 22 concursantes, ilustrativos de la voluntad de equilibrar la balanza entre cinematografías, lo forman la israelí "Beaufort", la británica "Hallam Foe", la italiana "Memoria di me", la co-producción europea "Irina Palm", cuatro producciones asiáticas y una checo-eslovaca. 
La Berlinale arranca y Kosslick tiene ante sí una asignatura pendiente: quitarse el sambenito de "Flopmacher" -"artífice de fiascos"- que le colgó esta semana "Der Spiegel". El semanario alude a los dos últimas películas que se llevaron el Oso de Oro, la serbia "Grbavica", en 2006, y, sobre todo, la sudafricana "U-carmen", en 2005, que luego no obtuvieron la menor resonancia en taquilla. 
También se le achaca poco olfato para el cine anfitrión: es decir, no haber luchado el año pasado por tener en su Berlinale "Das Leben der Anderen", aspirante a los Oscar. 
A Kosslick se le imputa excesiva influencia sobre sus jurados. El de este año lo preside Paul Schrader, de quien se exhibe fuera de concurso "The Walker", y tendrá entre sus miembros al actor mexicano Gael García Bernal. 
El cine español no tendrá representante a concurso, más allá de la presencia de Banderas en "Bordertown", pero sí tendrá su protagonismo fuera de competición. 
Banderas estará en la Berlinale también como director de "El camino de los ingleses", en Panorama, donde asimismo se proyectará "Invisibles", firmado por Isabel Coixet, Fernando León de Aranoa, Mariano Barroso y Javier Corcuera, junto al alemán Wim Wenders. 
Berlinale Special incluirá la producción italiano-española "La masseria della allodole", de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, con Paz Vega y Angela Molina, centrada en el genocidio armenio. 
Y habrá asimismo dos presencias destacadas de Cuba: "Madrigal", de Fernando Pérez, también en Berlinale Special, y los documentales "Cuban Memories: Fidel cuenta el Che" y "Cuban Memories: Un día con Fidel", ambos de 1987, en el homenaje al italiano Gianni Milà. EFE gc/jcb/tcr

sábado, 3 de febrero de 2007

Pre-previa


Alfombra roja al estrellato y al cine de alto voltaje


Gemma Casadevall 

Berlín, 3 feb (EFE).- La Berlinale desplegará la semana próxima su alfombra roja como primera gran cita europea del año del "glamour" y el cine de alto voltaje, con 400 películas en programa y una elite de 22 cintas que compiten por sus Osos. 
Arthur Pean recibirá un "Oso de Oro de Honor" al conjunto de su carrera, Robert de Niro competirá con "The good shepherd", Clint Eastwood exhibirá "Letters from Iwo Jima", y Antonio Banderas y Jennifer López acapararán "flashes" con "Bordertown". 
Desde el jueves, día 8, en que el 57 Festival de Cine de Berlín abrirá al son de Edith Piaf con "La mome. La vie en rose", hasta diez días después, con el reparto de premios, el jurado presidido por Paul Schrader y con el actor mexicano Gael García Bernal entre sus miembros tendrá un menú variado donde elegir. 
Francia estará representada, junto al film sobre Piaf, por otros tres títulos, dos de los cuales de los maestros André Téchine -"Les Témoins"- y Jacques Rivette -"Ne touchez pas la hache"- y el último, que cerrará además la competición, de Francois Ozon -"Angel"-. 
Buscarán también su suerte "Goodbye Bafana", de Bille August, con un Joseph Fiennes metido en la piel del carcelero de Nelson Mandela, o la citada "Bordertown", en que López interpreta a una periodista estadounidense que investiga los crímenes de mujeres en Ciudad Juárez. 
La brasileña "O ano em que meus país saíram de férias", de Cao Hamburger, tocará la fibra con la historia de un niño cuyos padres se ven obligados a "viajar", en tiempos de la dictadura, y la argentina "El Otro", de Ariel Rotter, llevará a la Berlinale, por segundo año consecutivo, al actor Julio Chávez. 
Tras "El custodio", que en el 2006 obtuvo el premio Alfred Bauer, Chávez vuelve con un personaje "muy parecido" a un festival que "no disimula su corriente de simpatía" hacia la filmografía de ese país, en palabras del director de la Berlinale, Dieter Kosslick. 
George Clooney, otro "amigo" del festival alemán en ediciones anteriores, no estará esta vez sobre su alfombra roja para apuntalar con su presencia "The Good German", de Steven Soderberg, otra de las concursantes. Problemas de agenda, según el director. 
Pero Kosslick espera contar, además de con su dúo de lujo Banderas-López, con Cate Blanchet, Lauren Bacall, Matt Damon, Sharon Stone, Hanna Schygulla y, por supuesto, Niro e Eastwood. 
A diferencia de años anteriores, en los que la Berlinale se volcó hacia el cine anfitrión, este 2007 habrá apenas dos representantes alemanas: "Yella", de Christian Petzold, y "Die Faelscher", de Stefan Ruzowitzky. 
El resto hasta las 22 concursantes señaladas, van de la estadounidense "When a man falls in the forest", con Sharon Stone, a la israelí "Beaufort", la británica "Hallam Foe", la italiana "Memoria di me", la co-producción europea "Irina Palm", cuatro producciones asiáticas y una checo-eslovaca. 
Fuera de concurso, además de la película de Eastwood, se proyectará en la sección oficial "Notes on a Scandal", de Richard Eyre; "300", de Zack Snyder, y "The Walker", de Schrader, presidente del jurado y por tanto inhabilitado para competir. 
Banderas estará en la cita cinematográfica por partida doble, puesto que la sección Panorama incluirá "El camino de los ingleses", segundo largometraje que dirige. 
Ahí estará también, en el apartado Documentos, "Invisibles", firmado por cuatro directores españoles -Isabel Coixet, Fernando León de Aranoa, Mariano Barroso y Javier Corcuera-, junto al alemán Wim Wenders. 
Berlinale Special incluirá "Madrigal", del cubano Fernando Pérez, y la producción italiano-española "La masseria della allodole", de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, con Paz Vega y Angela Molina, centrada en el genocidio armenio. 
Cuba estará asimismo presente a través del homenaje al cineasta italiano Gianni Mina, de quien se proyectarán los documentales "Cuban Memories: Fidel cuenta el Che" y "Cuban Memories: Un día con Fidel", ambos de 1987. 
Otros platos fuertes fuera de competición serán el documental sobre la vida del caza-nazis Simon Wiesenthal, narrado por Nicole Kidman, y la revisión, en versión íntegra, del "Berlin Alexanderplatz", de Rainer Werner Fassbinder. 
Más históricos: Helmut Berger recibirá un homenaje especial de su público por excelencia, el homosexual, en forma del Premio Teddy Especial, al conjunto de su carrera, que otorga ese colectivo. 
Y por si no hubieran suficientes secciones, Kosslick ha incluido para la presente edición la denominada "Cine culinario", que pretende combinar el cine y la gastronomía. Sin olvidar un apartado específico para la franja de público que ya no encaja en el término infantil ni entró aún en la adultez: la "Generation 14 Plus", para muchachos a partir de esa edad. EFE gc/ltm

sábado, 18 de febrero de 2006

Guantánamo, Bosnia, Irán... y Argentina

Osos al coraje político y honor al magnífico "Custodio"

Gemma Casadevall 

Berlín, 18 feb (EFE).- La Berlinale repartió sus máximos premios entre el cine político, con el Oso de Oro para la bosnia "Grbavica", el del Jurado a la iraní "Offside" y el de Plata al mejor director para Michael Winterbottom, por "The Road to Guantanamo", mientras que la argentina "El custodio" obtuvo el Alfred Bauer.

Bildergebnis für winterbottom guantanamo berlinale

El jurado presidido por la actriz Charlotte Rampling recompensó el valor de los debutantes: además del máximo trofeo a "Grbavica", de la neófita Jasmila Zbanic, otra primeriza, la danesa Pernille Fischer Christensen, compartió con "Offside", de Jafar Panahi, el Gran Premio del Jurado y tuvo además el premio a la mejor ópera prima. 
Rodrigo Moreno (Buenos Aires, 1972), que con "El custodio" debutó como director en solitario, recogió el premio Alfred Bauer, instituido en memoria del fundador del festival y en reconocimiento a una contribución a la apertura de nuevas perspectivas. 
La película del realizador argentino encaja perfectamente con esa distinción: apuntalado en la gran labor interpretativa de Julio Chávez, "El custodio" es el retrato de la soledad absoluta de un guardaespaldas entre la vida oficial y de lujo de su protegido -un ministro- y la sordidez de su existencia. 
Rampling y su equipo se inspiraron en los debutantes, en detrimento de los grandes maestros que desfilaron entre las diecinueve competidoras -Claude Chabrol, Robert Altman y Sydney Lumet- y mostró también un especial "corazón" para el cine anfitrión. 
Los Osos de Plata a la mejor interpretación, masculina y femenina, fueron para Moritz Bleibtreu, por "Elementarteilchen", y el de mejor actriz a Sandra Hüller, por "Requiem". 
Asimismo, se dio un Oso de Plata a la Major Aportación Artística el actor Jürgen Vogel, por su labor como intérprete, productor y coguionista de la película "Der freie Wille". 
El mensaje del conjunto de galardones estaba más que claro: la Berlinale fue política, de acuerdo con el propósito insistentemente repetido por su director, Dieter Kosslick; no se rindió al espectáculo convencional, sino que buscó aportaciones complejas, y se fijó en los nuevos rostros del cine alemán. 
El mensaje político lo dieron tanto Zbanic, con su film sobre las violaciones como arma de guerra -centrado en una mujer bosnia que no ha explicado a su hija que es una "bastarda serbia"-, como Panahi y Winterbottom. 
Panahi, que en su oportunísima película refleja la opresión de la mujer en Irán a través de un partido de clasificación para el Mundial de Fútbol de Alemania, dedicó su Gran Premio a sus "actores, que no pueden estar aquí". 
El film encontró un público propenso en una Berlinale que se sentía antesala del Mundial de Fútbol, donde la participación de la selección iraní está condenada a verse enmarcada en las tensiones entre Teherán y la comunidad internacional. 
"Offside" fue rodado casi en tiempo real, durante el encuentro entre Irán y Bahrein que dio la clasificación al primero y con actores primerizos, que no obtuvieron permiso para salir de su país e ir a Berlín. 
Sí estuvo ahí con al menos dos de sus personajes Winterbottom, a quien acompañaron nada menos que dos ex presos de Guantánamo, protagonistas reales del calvario de tres británico-paquistaníes que pasaron dos años en esa cárcel de EEUU en territorio cubano. 
Ruhel Ahmed y Shafiq Rasul, dos de los protagonistas del docudrama que es el film, desfilaron el día de la proyección por la alfombra roja, en lo que Kosslick quiso que fuera un homenaje extensible a todos los que siguen en Guantanamo. 
Hoy recogieron con Winterbottom el Oso de Plata, que el director dedicó, asimismo, a los presos. 
La Berlinale mostró el despegue del nuevo cine alemán, liberado de su obsesión por copiar de EEUU, Francia o cualquier otro país. 
El Oso a Hüller, en el papel de epiléptica a la que su familia envía a un exorcista en los 70, es más que merecido, por su impresionante interpretación de muchacha que se cree endemoniada. 
Su equivalente masculino, Bleibtreu, sería más discutible, en parte porque defendía la película más decepcionante entre las cuatro alemanas, basado en el mundo del escritor francés Michel Houellebecq. 
Vogel, en cambio, estaba soberbio en el papel de violador reincidente que pone todo su empeño en la reinserción social. 
Del conjunto del palmarés la única gran sorpresa -para algunos, injusticia- fue el doble premio para la danesa "En Soap", un film con aire de drama y telenovela sobre la relación entre una mujer y su vecina transexual, que no estaba en las quinielas de la crítica. 
EFE gc/egn

La Berlinale cumplió su compromiso con lo político, la innovación y el público


Gemma Casadevall 

Berlín, 19 feb (EFE).- La Berlinale cerró hoy oficialmente sus puertas con el "día del espectador", rendida al público berlinés que da al festival un carácter único y tras repartir sus Osos entre el compromiso político, el joven cine alemán y la innovación, abanderada por la argentina "El custodio". 
La 56 Berlinale salió a pedir de boca: se agotaron las entradas de casi todas las 1.115 sesiones para los 360 filmes del programa oficial, se vio buen cine y el jurado presidido por Charlotte Rampling cumplió con el cometido de premiar aquello que aporta algo nuevo, en lo político y a la vez en lo cinematográfico. 
El Oso de Oro a "Grbavica", de Jasmila Zbanic, fue el triunfo del cine de bajo presupuesto, de una debutante que refleja la situación de las mujeres bosnias víctimas de la violación como arma de guerra. 
La Plata del Gran Premio del Jurado a "Offside", del iraní Jafar Panahi, se fue para una película, asimismo, reflejo de la opresión de la mujer en Irán, con el oportuno trasfondo del Mundial de Fútbol. 
El mensaje político lo completó la Plata al director Michael Winterbottom, por la impactante "The Road to Guantanamo", exponente de cine denuncia de la indefensión de los presos enjaulados en la cárcel construida por el país más poderoso del mundo, EEUU. 
El equipo de Rampling repartió honores también a otra debutante, la danesa Pernille Fischer Christensen, por "En Soap", en ese caso una película intimista de tema femenino, que recibió ex aequo con Panahi el Gran Premio del Jurado y en solitario el galardón a la mejor ópera prima. 
Los premios de interpretación fueron para el nuevo cine alemán con tres torturados personajes: el frustrado sexual Moritz Bleibtreu de "Elementarteilchen", la endemoniada Sandra Hüller de "Requiem" y el violador atormentado Jürgen Vogel de "Der freie Wille". 
"El custodio", de Rodrigo Moreno, revalidó la ley no escrita de que el cine argentino siempre se va de la Berlinale con premio. En este caso, el Alfred Bauer, instituido en memoria del fundador del festival para recompensar la innovación. 
Un premio que supone, para un realizador que debuta en solitario como largometrajista, el "reconocimiento a una forma de realización, a la cámara que custodia a 'El custodio', al espíritu de la película", en palabras de Moreno a EFE tras la gala de este sábado. 
El Alfred Bauer es "una caricia a tu trabajo", para alguien que "no hace concesiones a nada, ni a nadie" y para una película que "no ha pasado desapercibida a nadie en el Festival". 
A decir de Moreno, el galardón ratificó que el nuevo cine argentino no es "mera espuma", sino un valor ratificado tras los éxitos de Lucrecia Martel con "La ciénaga" -premio a la ópera prima en 2001- y de Daniel Burman con "El abrazo partido", Gran Premio del Jurado y Oso de Plata a su actor, el uruguayo Daniel Hendler, en 2004. 
La Berlinale se "fijó" de nuevo en el cine argentino a través de la única representante en competición de habla española entre las diecinueve participantes. 
Fue una Berlinale "espectacularmente poco espectacular", según su director, Dieter Kosslick, cuya alfombra roja tuvo un protagonista algo monótono: George Clooney, George Clooney y George Clooney, que eclipsó a Meryl Streep y Sigourney Weaver, por ejemplo. 
El escaso despliegue de estrellas no apagó la pasión berlinesa por su festival, un certamen de primera categoría con venta de entradas al público general y en una ciudad de unos tres millones y medio de habitantes. 
Eso, y no las estrellas o la selección de películas, es lo que da vitalidad al festival. Berlín se sacude de pronto el invierno de encima y abre la ventana al mundo que es el cine. 
En esta 56 edición se vendieron 150.000 entradas para los berlineses, que compartieron salas con 3.800 periodistas acreditados y 4.280 profesionales del sector. 
Con ello se garantizó la estabilidad de un festival financiado en un 40 por ciento con fondos públicos y el resto entre patrocinadores y venta de localidades. 
El "día del espectador", el domingo después de la gala de los premios, es una tradición instituida por Kosslick que refleja la sensación de "día después" en que queda el festival: las estrellas, los periodistas y los premiados se van; Berlín y sus cines quedan bajo custodia de los berlineses hasta el año siguiente. EFE 

viernes, 17 de febrero de 2006

En el Irán de los milagros

"Offside" pone el sello de oro a una Berlinale con olor a Mundial

Gemma Casadevall 

Berlín, 17 feb (EFE).- El iraní Jafar Panahi puso hoy broche de oro a la Berlinale con "Offside", un prodigio sobre represión y fútbol en el Irán milagrosamente clasificado para el Mundial de Alemania, al que acompañó en la última jornada a concurso "Requiem", un exponente del nuevo cine alemán.
Irán, derechos de la mujer y fútbol: qué más podía pedir una Berlinale deliberadamente política para el cierre de aspirantes a Osos y a cinco meses de la apertura del Mundial.
Por si fuera poco, "Offside" lleva el sello de Panahi, uno de los nombres más sólidos del cine de Irán, que durante años no ha podido estrenar allí.
La Berlinale no está reñida con los milagros, como se demostró hoy. Rodar una película prácticamente en un día, sin saber cuál será su desenlace -fiesta en la calle o desolación- e infiltrar a cinco muchachas en un estadio, en un país donde está prohibido su acceso a los partidos, forma parte del prodigio de "Offside".
Todos esos elementos confluyen en la película de Panahi, una historia sencilla de unas chicas que se disfrazan de muchacho para lograr entrar en el estadio donde se disputa el partido Irán-Bahrein, decisivo para la clasificación para el Mundial.
En lugar de infiltrarse, acaban acorraladas entre las vallas de seguridad y custodiadas por soldados iraníes. En lugar de fútbol en directo desde el graderío y con 100.000 aficionados, deben conformarse con la locución improvisada de un soldado, desde cuyo ángulo apenas se ve un saque de esquina.
Limitaciones, insultos, miedo a las consecuencias de la travesura de cinco muchachas que aman tanto el fútbol como a su país, exponente de la represión impuesta por el régimen de Teherán a su población, de la que la censura al cine es sólo una parte.
"Hasta cinco días antes del rodaje, las autoridades no sabían que estaba yo detrás del guión, porque lo registré con otro nombre. Cuando se enteraron, ya no pudieron frenarlo", explicó Panahi, quien a estas alturas no sabe aún si su película llegará a estrenarse en su país.
"Hacer la película era como un sueño, como lo era que Irán esté en el Mundial de Alemania, y espero que mis compatriotas puedan ver la película. Pero no dejaré que le corten ni una escena", dijo.
Sus actores son "muchachos y muchachas que no saben nada de cine", explicó, rodaron mayoritariamente en directo, en paralelo a lo que ocurría en el estadio y sin saber qué harían con su film si Irán no se clasificaba, y llegaron a Berlín con el compromiso de seguir trabajando por la supervivencia del cine iraní.
"Volveré a mi país y seguiré trabajando ahí", afirmó Panahi, quien pese al contenido de su film y la denuncia de la opresión de la mujer, no hace un retrato agrio de Irán, sino que trata el tema en clave de comedia, sin tiranos "visibles".
"Los iraníes somos una gran familia. El servicio militar es obligatorio y los soldados no pueden saltarse las reglas, pero son parte de esa familia", dijo respecto a la complicidad que se establece entre éstos y las muchachas que tienen "acorraladas".
"Offside" era el segundo film iraní a concurso tras el durísimo "Zemestan", de Rafi Pitts, y supuso el regreso de esa cinematografía a la sección oficial de la Berlinale tras treinta años de sequía.
"Requiem", de Hans-Christian Schmid, era la cuarta película alemana a concurso y demostró que, salvando las inmensas distancias, el fanatismo religioso no es exclusivo de países como Irán.
La inquietante película del joven director alemán -quien en 2003 compitió con "Lichter"- recrea un caso real de exorcismo en la Selva Negra alemana, no varios siglos atrás, sino en los años 70.
Sandra Hüller, una actriz de mirada limpia que recuerda a la Julia Jentsch de "Sophie Scholl" -que aspira este año a un Oscar para Alemania-, interpreta a una estudiante epiléptica, hija de una familia de rigurosísimas creencias cristianas, que en lugar de recurrir al neurólogo busca la ayuda de un exorcista.
"Considero la religión algo amenazante. La fe convierte a Michaela (personaje de Hüller) en una mártir", explicó Schmid.
Con la proyección de "Requiem" se cerró la ronda de concursantes y, a la espera de que este sábado el jurado presidido por Charlotte Rampling dé los Osos, las quinielas apuntaban hasta hoy como favoritas a "The Road to Guantanamo", de Michael Winterbottom, y "A Prairie Home Companion", de Robert Altman.
La proyección de "Offside" podría dar la vuelta al marcador, de la misma manera que el gol de Mohamed Nosrati, en el minuto 47, dio a Irán la clasificación para el Mundial. EFE gc/ih/egn



     

jueves, 16 de febrero de 2006

Impecable Huppert

Chabrol y Lumet: la veteranía es un grado incluso en la Berlinale

Gemma Casadevall 

Berlín, 16 feb (EFE).- La Berlinale demostró hoy que la veteranía es un grado y que un film de Claude Chabrol con Isabelle Huppert no puede fallar, de la misma forma que tampoco puede pinchar Sidney Lumet, aunque su "Find me Guilty" sea la enésima recreación de un juicio contra una banda de mafiosos. 
Chabrol brinda en "L'ivresse du pouvoir" un papel hecho a medida para Huppert: una juez apodada "la piraña", que aplica a sus interrogatorios el instinto de una glacial torturadora y que tiene la oportunidad de "salir en los papeles" al frente de un asunto de corrupción inspirado en el caso Elf Aquitaine. 

Lumet convierte a Vin Diesel en protagonista del mayor juicio de la Historia criminal de EEUU, contra veinte miembros de una banda de gánsteres -por supuesto, italiana- de los cuales es el único que ya está preso y también el único que decide defenderse por sí mismo. 
Por si no quedara claro el perfil de la implacable juez, Chabrol le enfunda unos guantes de piel rojos y le coloca como marido -por cierto, en declive- un médico que repasa los casos de salmonella o sida con menos ahínco que el imprimido por ella en combatir las infecciones de este corrupto mundo. 
"Isabelle fue mi primera elección. No escribí el papel ex profeso para ella, pero a medida que avanzaba veía claramente que era la actriz ideal para él", admitió Chabrol tras el pase para la prensa. 
"Un film se descubre mientras se va rodando. Por supuesto, leo el guión, por curiosidad y por información. Pero es la propia experiencia la que hace la película", añadió Huppert, por si no quedaba claro que "L'ivresse du pouvoir" es ella y sólo ella. 
Bildergebnis für isabelle huppert berlinale 2006El título del film (literalmente, "La embriaguez del poder") es de doble dirección: tan ebria de poder está la juez, orgullosa de que le coloquen a dos guardaespaldas, pese a que ello precipite la ruptura matrimonial, como los políticos, presidentes de consorcios y entorno judicial. 
La trama es lo de menos, a pesar de que Chabrol coquetee abiertamente con el caso de la petrolera Elf Aquitaine al colocar sobre el film la frase de que "todo parecido con personas vivas o muertas es coincidencia". Lo importante es la caricatura de toda la clase política-judicial-empresarial. 
¿Pueden convivir dos pirañas en un mismo acuario? ¿Puede conformarse una piraña con merendar con yogur cuando le quitan de delante la gran pieza? Son algunas de las preguntas colaterales de un film al que el único reproche que se le ve es que sólo revalida una perfección atribuida de antemano. 
Lumet tampoco se lanza a experimentos. Su "Find me Guilty" es una película sobre un proceso interminable, con un montón de ocurrentes episodios, cruce de réplicas entre el mafioso metido a abogado y ex colegas de "famiglia", así como alguna paliza carcelaria. 
Diesel borda su papel, sin llegar a la exquisitez de Huppert, y Lumet compone una constelación de gánsteres y abogados a millas de distancia de la glacial juez de Chabrol. 
"Find me Guilty" es un chiste largo en el que la veintena de mafiosos, traficantes de droga y asesinos aparece como una panda de simpáticos abuelitos a los que el espectador desea que se declare inocentes. 
Pocos experimentos y mucho "savoir faire", como corresponde a una jornada consagrada a dos maestros -Chabrol, 75 años; Lumet, 81- que se unieron a la estela de veteranía de Robert Altman -a punto de cumplir los 81-, asimismo entre los aspirantes a los Osos con "A Prairie Home Companion". 
Completó la jornada "Isabella", de Pang Ho-cheung, una producción de Hong-Kong y China a la que al handicap de compartir jornada con Chabrol y Lumet se le sumó el de llegar a la Berlinale etiquetada como "la china de las nueve de la mañana". Es decir: para quedarse en la cama. 
La etiqueta era injusta, como a veces ocurre. "Isabella" empieza como la historia de un policía de Macao al que de pronto una muchacha con la que acaba de acostarse le dice que es su hija. 
Lo que parecería un argumento folletinesco y forzado reserva un par de buenas sorpresas y hermosas imágenes, hasta llegar a un fado portugués, síntesis del Macao agónico punto de quedar adscrito a la República Popular China. EFE gc/rs/egn

miércoles, 15 de febrero de 2006

Drogadicto enamorado

Descenso a los infiernos con Heath Ledger

Gemma Casadevall 

Berlín, 15 feb (EFE).- El descenso a los infiernos de una pareja de heroinómanos, en la película australiana "Candy", y los vaivenes de un bombero enamorado, en la alemana "Sehnsucht", marcaron hoy la competición de la Berlinale, que tras el cine político de días pasados entró en el terreno de las más o menos bajas pasiones. 
Por un lado, Heath Ledger, el vaquero homosexual de "Brokeback Mountain", convertido en romántico heroinómano en la película de Neil Armfield; por el otro, Andreas Müller, un bombero de un pueblo del "Este profundo", en Brandeburgo, en un conflicto de pasiones. 
La pareja de Ledger es Abbie Cornish, tan preciosa y enamorado como él, pero igualmente esclava de la droga; Müller se debate entre dos sonrisas de mujer enamorada: la de su esposa y la de la mujer que ha conocido en una excursión con toda su muchachada, tan buena gente como su cónyuge y como él mismo. 
Armfield repasa el cielo que sus personajes creen rozar con las manos en sus primeros tanteos con la droga; luego pasan a poner los pies en el suelo al descubrir lo que su dependencia conlleva -incluida la prostitución para pagarse la adicción- y finalmente acaban en el infierno, por separado y como pareja. 
Es un retrato que por momentos responde al título del film -es decir, algo cándido-, pero de alguna manera convincente, gracias a los atractivos y buena labor interpretativa de ambos actores. 
Ledger, candidato al Oscar por su "cowboy" de la película dirigida por Ang Lee, da el tono justo de dramatismo sin caer en lo patético a su drogadicto enamorado, mientras que la hermosa Cornish está magnífica en su papel de preciosa chica de papá venida abajo por la droga. 
El film de Valeska Grisebach, en cambio, es exponente de cine de bajo presupuesto, rodado en el mundo rural de Brandeburgo -Estado que envuelve Berlín- y con actores arrancados de ese entorno, que trazan un triángulo sin pretensiones, con algún momento memorable del bombero, bailando abrazado a sí mismo al son Robbie Williams. 
Lo mejor de "Sehnsucht" está probablemente en los tres o cuatro minutos finales del film, en que un grupo de escolares comenta el desenlace de los amoríos del bombero doblemente enamorado. 
En su conjunto es una película con el encanto de lo sencillo, aunque algo sosita, que trata de demostrar que para rodar una bonita historia no hace falta viajar mucho, sino que a veces los rostros más interesantes están a la vuelta de la esquina. 
"Rodamos en familia, como entre amigos", explicó Grisebach, que para encontrar esos rostros "arrancados de Brandeburgo" hizo exactamente esto: recorrerse el estado haciendo audiciones entre actores y semiactores, hasta que dio con Müller, de profesión mecánico. 
Parte de sus comparsas es la propia gente del pueblo, así como algunos auténticos bomberos. 
La tercera película de la jornada a competición, "Romanzo criminale", de Michele Placido, provocó una de esas estampidas a ritmo lento, pero continuado, habituales en la Berlinale hacia mitad del festival y cuando la jornada se consolida como floja. 
Si "Candy" presenta el lado más o menos salvable del mundo de la droga -una pareja de adictos que de alguna manera lucha por salir del círculo vicioso-, el film de Placido se mueve en la típica batalla campal de acciones de castigo entre bandas mafiosas, en Roma, y con un par de toques de documento político. 
Todo se mueve alrededor de una banda de traficantes, iniciados desde la más tierna infancia en el delito y convertidos con el paso del tiempo en compañeros del alma, que un buen día cometen un secuestro y matan a su víctima. 
Placido alterna las masacres entre mafias, evocando casi dos décadas de sangrantes episodios criminales, entre 1977 y 1992, con imágenes del secuestro del ex primer ministro Aldo Moro y el atentado de la estación de Bolonia, en agosto de 1980, en una Italia sacudida por el extremismo de izquierda de las Brigadas Rojas. 
Las dos horas y cuarto de película se hicieron excesivas, apenas llevaderas pese a la exposición de guapos gánsteres -Kim Rossi Stuart y Claudio Santamaria- y de sus, asimismo, hermosas novias, Anna Mouglalis y Jasmine Trinca. EFE gc/rs/egn

martes, 14 de febrero de 2006

Siguiente alegato de Winterbottom

Alfombra roja para los presos de Guantánamo

Gemma Casadevall 

Berlín, 14 feb (EFE).- La Berlinale desplegó hoy su alfombra roja para dos ex presos de Guantánamo presentes en el festival de la mano de Michael Winterbottom y su nuevo exponente de cine denuncia, "The Road to Guantanamo", acompañando la desesperanzadora visión de Irán que es "Zementan", de Rafi Pitts. 
Winterbottom regresó a Berlín, tres años después de llevarse el Oso de Oro con "In this World", determinado a plasmar en buen cine una realidad que clama justicia inclusive ya desde el edificio de la ONU: la ilegalidad de la cárcel construida por EEUU en territorio cubano. 
"Si hace cuatro, cinco años, hubiese hablado de un lugar así, con centenares de presos retenidos por el Gobierno de EEUU fuera de toda legalidad, nadie lo hubiese creído posible (...) Hoy estoy aquí con dos antiguos presos", dijo el director británico, recibido con rango de héroe tras la proyección para la prensa. 
Los antiguos presos arrancados de las jaulas de Guantánamo y presentes sobre la alfombra roja son Ruhel Ahmed y Shafiq Rasul, dos de los cuatro británico-paquistaníes que en septiembre de 2001 salieron de Birmingham en dirección a Karachi para asistir a la boda de uno de ellos. 
De Pakistán pasaron a Afganistán siguiendo la llamada de un imán "para ayudar a nuestros hermanos en su dolor", explicó Rasul. 
Empezó un largo viaje de Karachi a Kandahar, luego a Kabul, a Kunduz, hasta caer prisioneros de la Alianza del Norte, primero, y de EEUU, después. 
Para entonces ya eran sólo tres, puesto que el más joven del cuarteto fue separado del grupo y nunca más supieron de él. 
"The Road to Guantanamo" fusiona los testimonios del trío de muchachos paquistaníes, más escenas rodadas con actores que muestran el genio de Winterbottom para convertir la ficción en documento, e imágenes de televisión "made in USA" sobre los bombardeos de Afganistán y las acciones contra objetivos talibanes. 
Arranca de una conferencia de prensa de George W. Bush y Tony Blair, con el presidente de EEUU afirmando que los presos de Guantánamo "no son buena gente". El testimonio de los paquistaníes que salieron de Birmingham para una boda trata de probar lo contrario. 
La pregunta no es cuántos "errores" como ésos hay entre los centenares de presuntos fanáticos miembros de Al Qaeda en Guantánamo; tampoco se pretende demostrar que se encerró ahí a cientos de inocentes. 
La cuestión es si Guantánamo no es, simplemente, un producto de otro tipo de fanatismo, independientemente de a quiénes se ha torturado ahí. Cuántas convenciones internacionales se rompen desde el momento en que se empaqueta a un preso, tapándole la cabeza con una bolsa de cartón con un número y hasta que se le mete como un animal en una jaula. 
Los tres muchachos que iban de boda pasaron más de dos años en la isla de Cuba hasta su regreso a Londres, donde, tras un nuevo interrogatorio, fueron absueltos de todo cargo. 
Ellos se convirtieron hoy en la voz de los centenares de presos que pasaron o siguen ahí, sin un pasaporte occidental que les respalde. 
"The Road to Guantanamo" no fue el único testimonio de la jornada. "Zemestan" -"It's Winter", en su versión internacional inglesa- supuso el regreso a la Berlinale, tras tres décadas de ausencia, de un film iraní a concurso, lo que de por sí tenía un mensaje político. 
La película de Rafi Pitts, que sí ha representado anteriormente a su país en los festivales de Venecia, París y Locarno, es todo lo contrario al cine amable o fácil de ver. 
Desde el principio se asiste al paisaje de la más absoluta pobreza, con un protagonista, Marhab (Ali Nicsolat) andando de arriba abajo, junto a una vía de un tren, en busca de trabajo, una esposa, una simple perspectiva. 
La pobreza sin paliativos acompañan cada imagen, cada escena. Aparentemente no ocurre nada, más allá del incesante discurrir de Marhab andando sobre la nieve, sobre las piedras del andén. 
El sentido del film queda contenido en una muleta: la del esposo cuyo lugar ocupa ahora Marhab, un hombre que un día emigró en busca de una vida mejor para los suyos y que un invierno después se da cuenta de que nunca podrá recuperar el hogar que dejó. 
El heroico film de Winterbottom y la heroicidad misma que supone hacer cine en Irán ocuparon la jornada a concurso, complementada con un "thriller" tailandés, "Invisible Waves", de Pen-ek Ratanaruang, una cinta hermosa y relajante, que probablemente poco o ningún espacio encontrará en las crónicas de la jornada, colmada de emociones. EFE gc/ih/egn

lunes, 13 de febrero de 2006

Cosido a los talones de un ministro


"El custorio", un espléndido retrato de la soledad absoluta 

Gemma Casadevall 

Berlín, 13 feb (EFE).- El debutante Rodrigo Moreno dio hoy en la Berlinale una lección de buen cine argentino con "El custodio", una espléndida radiografía de la soledad del guardaespaldas, que compartió la jornada con otro retrato masculino inquietante: el de un violador, en la película alemana "Der freie Wille". 
El silencio alrededor de un hombre al que el ministro apenas da los buenos días pese a llevarlo cosido a los talones, el servidor que aguarda las horas que haga falta ante una puerta cerrada, junto al auto blindado o ante el piso al que sube el patrón para estar con la amante: ese es el mundo de "El custodio".

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Las pocas frases que intercambia con su custodiado, con su jefe de protocolo o el chófer son casi monosilábicas, como escuetos son también los cruces de miradas con el guardaespaldas al que no se paga por hablar, sino por no perder ni un segundo la concentración. 
"El guión se me ocurrió una tarde en Buenos Aires, al ver a un funcionario público con dos custodios. Me interesó el silencio de esos hombres", explicó Moreno tras el pase de su película, única concursante hispanohablante de esta Berlinale
De ahí pasó a subirse un día con su cámara de vídeo al auto de un ministro "de verdad" y sus custodios, y desarrolló luego la idea que le dio el premio al Mejor Guión en Sundance. 
La cámara de Moreno hace que el espectador transite, escuche y vea lo mismo que el personaje interpretado por Julio Chávez en una de las mejores actuaciones masculinas hasta ahora vistas en esta Berlinale, con permiso de Alan Rickman en "Snow Cake". 
Todo en "El custodio" funciona a la perfección, hasta el mínimo detalle. Desde el colgante de niña boba en el teléfono de la hija del ministro hasta el rosario que lleva él en su retrovisor. 
Todo tiene su mensaje demoledor y su significado, como puede tenerlo el mínimo gesto al que debe atender el guardaespaldas. Un sujeto sin vida propia, al que ocasionalmente el patrón da trato humano y le pide que agasaje a un invitado haciéndole un dibujo a lápiz, que quedará olvidado junto al café como una servilleta usada. 
Es la soledad absoluta y también una dura crítica social alrededor de las dos realidades en que se mueve el protagonista: la del ministro de Planificación, entre el despacho oficial y el chalé con piscina, y la suya propia, entre su sórdido piso de soltero y las visitas a su hermana en un sanatorio. 
Sólo dos veces saca su pistola: en el karaoke donde celebra su cumpleaños, al arrancarle un camarero chino el micro a su sobrina, y cuando opta por dar a su entorno la respuesta merecida. 
El retrato del guardaespaldas, primer largometraje en solitario de Moreno tras "El Descanso" (2002), obra colectiva, tuvo como compañero a concurso otro ejercicio complejo: meterse en la piel de un violador, como hace el director alemán Matthias Glasner en "Der freie Wille". 
Las circunstancias no eran precisamente propicias. Programar un film de 163 minutos a las nueve de la mañana y encima alemán -lo que para la crítica internacional suele ser sinónimo de pesadez- invita a saltarse la sesión o asistir con intención de ver la primera media hora para regalarse luego un buen desayuno. 
Glasner y su actor, Jürgen Vogel, lograron amarrar a la butaca a quienes se arriesgaron a intentarlo con una historia indigesta, pero a la vez exponente del cine valiente, a años luz de la decepcionante "Elementarteilchen", la superproducción de Oskar Roehler y Bernd Eichinger que abrió la ronda de cine alemán. 
El personaje de Vogel es un violador reincidente que sale en libertad tras pasar años en un psiquiátrico y del que apenas se explica nada. Ni el proceso hasta su primera violación ni por qué dan por hecho sus terapeutas que puede salir a la calle. 
No es propósito de Glasner dar estas explicaciones, sino trazar lo que es la existencia de un individuo de esas características, que trata de llevar una vida normal entre vallas publicitarias de chicas en ropa interior y con el temor constante a cuándo volverá a sentir el impulso irrefrenable que le destrozará a él y a su próxima víctima. 
Fueron 163 minutos de cine duro, con escenas probablemente suprimibles, pero desde luego alejado del término "pesadez" con que se le etiquetó de antemano, en buena medida gracias al buen retrato del laberinto interior del violador que hace Vogel. EFE gc/ih/egn

domingo, 12 de febrero de 2006

Violación, como arma de guerra

Drama bosnio tocó la fibra a la Berlinale

Gemma Casadevall 

Berlín, 12 feb (EFE).- Una debutante, la bosnia Jasmila Zbanic, tocó la fibra de la Berlinale con "Grbavica", un drama sobre la violación como arma de guerra, y Robert Altman dio un recital a ritmo de "country" de cómo devolver el festival a la vida, en "A Prairie Home Companion". 
El cine sin trampa ni cartón, por parte de Zbanic, y un nuevo recital "made in Altman", con constelación de grandes estrellas en perfecta armonía, ocuparon hoy la sección a competición de la jornada, hasta ahora la más redonda de la presente Berlinale. 
Zbanic, desde la sobriedad absoluta, sin el menor aditamento, con un equipo mínimo y total desnudez de medios, se sumerge en la vida de una madre y su hija adolescente, marcadas por el destino de miles de mujeres bosnias violadas por sus enemigos de guerra, los serbios. 
Ni saltos en el tiempo ni ningún otro recurso cinematográfico. El primer largometraje de la directora, de 32 años, es radicalmente lineal y se apuntala en el trabajo de sus dos actrices principales, Mirjana Karanovic y Luna Mijovic, la madre y la hija del film. 
La primera es una mujer que no ha logrado aún articular en palabras su trauma, la segunda una muchacha de 12 años que ha crecido pensando que su padre fue un bosnio, caído en combate. 
Grbavica es el barrio de Sarajevo donde viven, "un lugar como tantos otros de la región", explicó Zbanic, donde un número indeterminado de mujeres viven "con ese secreto dentro". 
"No hay cifras claras al respecto. Oficialmente se habla de 20.000 mujeres bosnias en esa situación, más o menos se calcula que fueron unas 50.000 las que pasaron por el calvario", explicó Zbanic. 
La directora recorre con su cámara a una madre y a una hija que no sabe del secreto de la primera. A través de ellas describe el destino de las muchas mujeres que conoció en organizaciones de ayuda a ese colectivo de víctimas "olvidadas". 
Mujeres que, a diferencia de los veteranos o heridos de guerra, no cobran pensión alguna de la autoridades y que sacan a los suyos adelante, trabajando en lo que sea para pagarles la escuela, pero no son capaces de explicarles la verdad. 
"Documentar en cine lo que fue aquello no es posible, porque no sería soportable para el espectador. Yo misma no sé cómo se puede sobrevivir a algo así", explicó Karanovic, la actriz serbia que da vida a una bosnia violada en "expresión del primitivismo bélico". 
El hecho de ser serbia no fue un obstáculo: "Es una película importante para toda la región, no sólo para los bosnios, porque trata de cómo abordar el pasado y tirar adelante", dijo. 
"No es una película sobre mujeres bosnias, sino sobre todas las mujeres que han sido víctimas de la violación en guerra", añadió Zbanic, quien espera contribuir con su film a una especie de "catarsis", capaz de hacer que "esas mujeres silenciosas rompan el círculo de su secreto y puedan al menos llorar abiertamente". 
El primer paso es hablar para afrontar lo ocurrido, "algo que muchas mujeres no pueden hacer aún, más de diez años después, de la misma manera que muchas alemanas violadas en la II Guerra Mundial no lo lograron nunca", prosiguió la directora. 
A partir de ahí, empieza el proceso de cómo asumir esa verdad. En el caso de la muchacha, aceptarse a sí misma como "bastarda de serbio", no huérfana de un caído en la guerra. 
"Grbavica" conmovió a la Berlinale y Altmann le devolvió la sonrisa, con una nueva muestra del dominio del maestro de la fórmula del "ensemble" llevado al cine. 
Las piezas de su puzzle son Woody Harrelson, Meryl Streep y Lily Tomlin, metidos en cuerpo y alma en la tarea de entonar un "country" tras otro, además de un torpe detective (Kevin Kline), un ejecutor de embargos (Tommy Lee Jones) y un Angel de la Muerte con aires de Veronika Lake (Virginia Madsen). 
Por supuesto no es película para alérgicos al "country". Recrea el último show de un programa de radio caído en desgracia, tras 558 emisiones, con el inevitable regusto agónico y amenizado por un sinfín de canciones, que a los no afines al género sitúa al borde de la migraña. 
Para quienes no aborrecen ese estilo musical, es todo una lección de cine con el sello de la casa Altman. EFE gc/ih/cbm