domingo, 18 de febrero de 2001
Y en eso llegó Martel, Lucrecia
La Intimidades de Chéreau ganaron en Oro en una Berlinale afín al riesgo
Gemma Casadevall
Berlín, 18 feb (EFE).- "Intimacy", de Patrice Chéreau, ganó el Oso de Oro de la Berlinale por decisión de un jurado internacional que favoreció un proyecto atrevido, como es este controvertido filme de crudo contenido erótico, mientras que dio un premio de consolación al favorito, "Traffic".
Berlín, 18 feb (EFE).- "Intimacy", de Patrice Chéreau, ganó el Oso de Oro de la Berlinale por decisión de un jurado internacional que favoreció un proyecto atrevido, como es este controvertido filme de crudo contenido erótico, mientras que dio un premio de consolación al favorito, "Traffic".
La inmersión de Chéreau en las citas sexuales de una pareja fue
la gran vencedora del 51 Festival Internacional de Cine de Berlín, ya que además
de conseguir el máximo premio dio a Kerry Fox el Oso de Plata a la mejor
interpretación femenina y se llevó también el Angel Azul a la mejor película
europea.

El Oso de Plata-Gran Premio del Jurado, segundo en importancia de
la Berlinale, se fue hacia el
ámbito asiático, con "Shi qi sui de dan che" ("Beijing bicycle", de Wang
Xiaoshuai), mientras que la danesa "Italiensk for Begyndere" (Italiano para
principiantes) se llevó otro Oso de Plata del jurado, sin la mención "gran
premio".
La Berlinale
galardonó, asimismo, "La ciénaga", de la argentina Lucrecia Martel, con el
premio Alfred Bauer al mejor debut cinematográfico, mientras que Raúl Pérez
Cubero, director de fotografía de la española "You`re the one", de José Luis
Garci, obtuvo un Oso de Plata a la mejor contribución individual.
En cambio,
"Traffic", aspirante a cinco Oscar y claro favorito también de todas las
"quinielas" de la Berlinale, tuvo
que conformarse con la plata para el actor Benicio del Toro.
El jurado,
presidido por el estadounidense William Mechanic, optó por lo difícil con su
decisión a favor de Chéreau, puesto que la película había suscitado división de
opiniones entre la crítica internacional e incluso fue catalogada por algunos de
pornográfica.
"¿Pornografía? ¿Pero dónde estamos? La Berlinale no es el Vaticano", exclamó Moritz de Hadeln,
director del festival, en un aparte ante un reducido grupo de periodistas,
inmediatamente después de darse a conocer el veredicto.
Los 35 minutos de
sexo tal cual, sin aditamentos ni falso "glamour", del total de 119 minutos del
film habían causado cierto desconcierto en la Berlinale.
Otros consideraban que Chéreau se había
quedado meramente en la superficie en su irrupción en las intimidades de dos
seres que se sumergen en su sesión semanal de sexo como lobos hambrientos hasta
que descubren que ahí hay amor.
Por si ello fuera poco, el filme se incluyó
en la sección a concurso gracias a una cláusula de excepción de Hadeln, ya que
según el reglamento de la Berlinale no puede concursar ningún filme proyectado ya
en otro festival.
"Intimacy" se había visto en Sundance, en enero, pero el
director de la Berlinale
recurrió a una fórmula del reglamento que le faculta para autorizar, a título de
excepción, un filme ya exhibido.
Al jurado no le ha afectado la división de
opiniones en torno a ese filme, ya que su decisión fue por unanimidad, como
explicaron a EFE dos de sus miembros, el crítico español Diego Galán y el
director argentino-brasileño Héctor Babenco.
"Un festival está para apoyar
las películas que necesitan de ese apoyo y no a aquellas que, de por sí, lo
tienen todo garantizado", explicó Galán.
En cambio, la supuesta gran
aspirante, "Traffic", no "apareció como tan completa ni indiscutible como otros
creían o al menos no lo fue para todos nosotros", continuó Galán.
El crítico
español hizo hincapié en la palabra "unanimidad" y aseguró no estar impresionado
por los abucheos recibidos al darse a conocer el veredicto.
Babenco añadió
que, de no haberse alzado ganadora "Intimacy", probablemente el gran beneficiado
no hubiera sido el filme de Steven Soderbergh -"nunca estuvo entre los
primeros"-, sino "La ciénaga".
"El filme de Lucrecia Martel se hubiera
llevado probablemente un segundo o tercer premio del escalafón del palmarés
porque contó con la buena apreciación unánime, pero al aparecer `Intimacy`
desbarató esa estructura de premios", explicó.
Por otro lado, en el reparto
de galardones menores se percibía asimismo un gesto de reconocimiento a De
Hadeln, quien este año se despide como director tras veintidós años al frente de
la Berlinale.
Para el
veterano máximo responsable del festival, el mundo asiático es una "segunda
patria cinematográfica" y en este año de despedida había incorporado cinco
producciones de ese ámbito entre los veintitrés títulos a concurso.
Junto al
Oso de Plata del jurado a la película de Wang Xiaoshuai -definida como una
réplica u homenaje al "Ladrón de bicicletas"-, la taiwanesa "Ai ni ai wo"
("Betelnut beauty") mereció el Oso de Plata al mejor director, Ling Chen-Sheng.
Asimismo, la protagonista femenina de ese film, Angelica Lee Sinje, se llevó
el premio femenino para "nuevos talentos" de interpretación, mientras que el
equivalente masculino fue, ex aequo, para Cui Lin y Lin Bin, por el ladrón de
bicicletas pequinés. EFE gc/ih/egn/emr
sábado, 17 de febrero de 2001
Adiéu Moritz
De Hadeln pasa página con un festival de alto nivel
Berlín, 17 feb (EFE).- La Berlinale cerrará mañana un capítulo
de la historia y dirá adiós a su director, Moritz de Hadeln, quien deja el cargo
tras más de dos décadas de gestión con el orgullo de haber ofrecido un festival
de alto nivel.
De Hadeln se ha prometido no caer en la melancolía cuando
mañana, con la proyección de "2.001: una odisea del espacio" y el reparto de los
Osos, ponga fin a su etapa como "Señor de la Berlinale".
Nacido en Gran Bretaña en 1940 y formado
entre Italia, Francia y Suiza, desembarcó en la Berlinale en 1980 tras recibir una llamada del
ministerio alemán del Interior, de quien dependía el festival.
"Estaba
haciendo la siesta y me sobresalté, porque pensaba que ese departamento solo se
ocupaba de cosas relacionadas con la RAF (Fracción del Ejército Rojo)", explicó
a EFE.
A la enigmática llamada siguió su contratación y un largo periodo
equivalente a "más de cinco legislaturas", dice, durante las cuales han pasado
por sus manos más de 700 filmes.
Sus 22 años de gestión han sido polémicos y
le han llovido palos: en los 80 tuvo una "revuelta de directores alemanes" por
su supuesta falta de apoyo al cine anfitrión; también se le ha acusado de estar
"vendido" a Hollywood y no haber conseguido dar a su festival el "glamour" de su
directo rival europeo, Cannes.
Pero ni siquiera sus detractores negarán que
la "era Moritz" se cierra con un festival redondo, donde ha habido lugar para el
mejor cine de EEUU -"Traffic"-, producciones arriesgadas -la argentina "La
ciénaga"- o de industrias aún en mantillas -la bellísima "Little Senegal"- y,
por supuesto, cine europeo -"Intimacy" o "Chocolat"-.
"Siempre he intentado
ofrecer el mejor festival", responde de Hadeln, con una sonrisa de
autocomplacencia, a la pregunta de si quiso hacerse un "regalo de despedida" y
dar una lección, de paso, a quienes le han achacado en estos años falta de
olfato para el cine.
"Lo que se muestra no depende siempre del director,
sino de lo que hay a mi disposición. Esta no ha sido una Berlinale fácil, porque muchas películas han estado a
punto en el último minuto y otras sencillamente no estaban disponibles",
continúa.
Otra dificultad añadida fueron los "defectos formales" de su
despedida, de los que responsabiliza a Michael Naumann, hasta hace unos meses
responsable de Cultura del gobierno alemán.
"La manera en que se puso fin a
mi trabajo tuvo algo de golpe de estado a la soviética", dice de Haldeln, quien
recuerda que la decisión de Naumann saltó a la prensa la pasada primavera, desde
Cannes, sin serle consultada y ni darle opción a prepararse.
"Hubiera sido
mejor hablar conmigo, concertarlo, contactar con un sucesor...", dice de Hadeln,
quien a duras penas puede disimiular su antipatía o rencor por Naumann.
Al
margen de su interés por constatar ese aire moscovita de su cese o de hablar del
buen nivel de su última Berlinale, a de Hadeln se le notan ganas de presentar su
"cuaderno de buenas notas".
"Mi máximo logro ha sido sobrevivir", dice en
broma, "pero quizás de lo que más orgulloso me siento es de haber abierto la Berlinale a Asia", añade.
El
cine asiático es su "segunda patria cinematográfica" y ello se ha reflejado en
la sección a concurso año a año -este 2.001 hay cinco títulos entre 23
concursantes-, especialmente desde que Zhang Yimou se llevó el Oso de Oro con
"Hong gaoliang", en 1988.
Otro de sus logros, dice, es haber "actuado de
eje" entre las cinematografías del este y el oeste de Europa y haber superado
tanto las dificultades derivadas del aislamiento berlinés, durante la Guerra
Fría, como la gran mudanza, tras al caída del Muro.
"Desde aquí, ahora, todo
se ve muy fácil", dice, en alusión a la Potsdamerplatz, el corazón del "nuevo
Berlín" y también la actual sede de la Berlinale.
"Sin embargo, trasladar el festival desde
su emplazamiento en los años de división, en el oeste, hasta aquí no estaba
exento de riesgos", apunta, en referencia a las incomodidades y algún que otro
desliz ocurrido el pasado año, primero tras la mudanza.
A pesar de que él ya
no estará ahí, De Hadeln se muestra convencido de que la Berlinale seguirá siendo un festival de primer orden
porque, por mucho que las productoras se gasten millones en otros tipos de
promoción, "siempre es más barato concentrarse en un lugar al que acuden 3.500
periodistas".
Eso sí, no esconde el riesgo derivado de la extensión de
nuevas tecnologías, como la digitalización, que impondrán otros métodos de
distribución.
"Internet es más rápido que nosotros y las distribuidoras
deberán estrenar sus películas en cuanto estén, sin esperar a un festival",
dice, por lo que será más difícil para Berlín, Cannes o Venecia convencer a un
productor de que se sujete a su calendario.
A punto de concluir su
"mandato", de Hadeln insiste en que no habrá lágrimas en su adiós ni siquiera en
la ovación de gala, cuando caiga el último telón de "era Moritz".
viernes, 16 de febrero de 2001
Huraño Sean
De 1927 a 2001
miércoles, 14 de febrero de 2001
Cine carnal
Chereau asombra con su irrupción en intimidades de sexo explícito
Berlín, 14 feb (EFE).- El francés Patrice
Chéreau desconcertó en la Berlinale con "Intimacy", una película de amor con
muchas dosis de sexo explícito, mientras la polaca "Weiser" causó perplejidad
por la oscuridad de un contenido que ni siquiera consiguió desentrañar su
director, Wojciech Marczewski.
Los 35 minutos de sexo tal cual, sin trampa ni cartón ni atisbos de "glamour", del total de 119 minutos que dura la película, marcaron el paso de "Intimacy" por Berlín y probablemente también sus posibilidades de estreno en salas comerciales de ciertos países.
Chéreau tuvo que invertir buena parte de su rueda de prensa en explicar que la película "no va de sexo", sino de la relación entre un hombre y una mujer que cada miércoles se encuentran en un subterráneo de Londres para mantener una relación meramente carnal, sin hablarse ni intentar saber nada el uno del otro.
"Mi película se llama intimidad y va de eso", argumentó hoy, miércoles, el director francés, tras el pase de su largometraje para la prensa de la Berlinale.
"Hay sexo explícito, porque ese es el modo de comunicación entre ambos personajes, por lo menos hasta que se rompe ese pacto de silencio y uno busca saber más del otro", prosiguió.
Pero Chéreau no pudo evitar que, al margen de alguna pregunta a la "secundaria de lujo" que le acompañaba, la ex-musa de los Rolling Stones Marianne Faithful, prácticamente todas las cuestiones se refirieran a supuestos toques pornográficos -en opinión de algún periodista estadounidense- u otros aspectos epidérmicos del film.
Basada en la novela del mismo título de Hanif Kureishi, "Intimacy" recorre una relación que empieza como un desfogue sexual semanal entre dos adultos -ambos, padres de familia- para desembocar en confrontación, con un drama de Tennessee Williams como trasfondo.
Las escenas amorosas y también el hecho de que las imágenes más explícitas corresponden al sexo masculino -y no al femenino, como es habitual- hicieron mella en la Berlinale.
"Mi cuerpo no es perfecto, como tampoco lo es el suyo", respondió Chéreau, a la pregunta de una periodista acerca de por qué no dio algo más de "glamour" a su actriz -Kerry Fox-, frente al innegable atractivo físico de su amante -Mark Rylance-.
"Yo no hago cine con maniquíes como Claudia Schiffer, sino con personas de verdad, reales, como usted o como yo", dijo el director.
Chéreau trató de deshacer esos malentendidos y también los derivados de su decisión de rodar en inglés, y no en francés.
"No creo que el cine de amor sea una `specialité` francesa. Soy un director europeo y elijo el idioma en función del lugar en que transcurre mi historia", dijo Chéreau, quien hizo gala de sus dotes políglotas al responder alternativamente en su idioma natal, en inglés o en alemán, además de recordar que también habla español.
Al margen de esos equívocos, "Intimacy" dejó la sensación de haberse quedado a medio camino o, cuando menos, algo por debajo de la gran película que hubiera podido ser, a juzgar por la novela en que está basada y el microcosmos de personajes que surgen fuera de las paredes del subterráneo londinense.
Chéreau no consiguió un film redondo, pero sí dejó claro cuál era el mensaje de la producción con que compite en esta Berlinale.
"Weiser", en cambio, dejó una estela de confusión y hasta de impaciencia por la sobredosis de oscuridad de su contenido.
La película de Marczewski parte de los intentos de un adulto de desentrañar la enigmática desaparición, treinta años atrás, de un compañero de escuela, un niño judío marginado y vapuleado.
Ambos, el desaparecido y el que ahora le busca, pertenecían a un quinteto de chicos que se dedicaba a provocar explosiones con munición hallada en un antiguo arsenal y fue precisamente en una de esas detonaciones donde se "evaporó" aquél.
La película de Marczewski refleja el "antisemitismo latente, no virulento" -en palabras del director- que persiste en la sociedad polaca de hoy.
Pero, al margen de ese mensaje, no desvela qué ocurrió con ese muchacho, cuya última imagen le muestra entre descargas explosivas, o con la niña que fue su cómplice de malignos juegos infantiles.
"No todas las preguntas tienen respuesta. Si yo la tuviera para ésta, el final de mi película hubiera sido otro", fue la explicación de Marczewski.
La jornada de la sección oficial de la Berlinale se completó con la exhibición, fuera de concurso, de la película de Emir Kosturica "Super 8 Stories", un documental sobre la banda musical fundada por él mismo en 1986, de la que su hijo Stribor es el "cerebro".
El film es exactamente lo que sugiere el título: un reportaje con aire de fiesta familiar con diversas actuaciones y giras del grupo, bautizado como "No Smoking", intempestivas broncas de camerino entre sus miembros y algún toque "social" sobre la situación en Serbia, el polvorín de los Balcanes. EFE gc/dm/bjm/cbm
Los 35 minutos de sexo tal cual, sin trampa ni cartón ni atisbos de "glamour", del total de 119 minutos que dura la película, marcaron el paso de "Intimacy" por Berlín y probablemente también sus posibilidades de estreno en salas comerciales de ciertos países.
Chéreau tuvo que invertir buena parte de su rueda de prensa en explicar que la película "no va de sexo", sino de la relación entre un hombre y una mujer que cada miércoles se encuentran en un subterráneo de Londres para mantener una relación meramente carnal, sin hablarse ni intentar saber nada el uno del otro.
"Mi película se llama intimidad y va de eso", argumentó hoy, miércoles, el director francés, tras el pase de su largometraje para la prensa de la Berlinale.
"Hay sexo explícito, porque ese es el modo de comunicación entre ambos personajes, por lo menos hasta que se rompe ese pacto de silencio y uno busca saber más del otro", prosiguió.
Pero Chéreau no pudo evitar que, al margen de alguna pregunta a la "secundaria de lujo" que le acompañaba, la ex-musa de los Rolling Stones Marianne Faithful, prácticamente todas las cuestiones se refirieran a supuestos toques pornográficos -en opinión de algún periodista estadounidense- u otros aspectos epidérmicos del film.
Basada en la novela del mismo título de Hanif Kureishi, "Intimacy" recorre una relación que empieza como un desfogue sexual semanal entre dos adultos -ambos, padres de familia- para desembocar en confrontación, con un drama de Tennessee Williams como trasfondo.
Las escenas amorosas y también el hecho de que las imágenes más explícitas corresponden al sexo masculino -y no al femenino, como es habitual- hicieron mella en la Berlinale.
"Mi cuerpo no es perfecto, como tampoco lo es el suyo", respondió Chéreau, a la pregunta de una periodista acerca de por qué no dio algo más de "glamour" a su actriz -Kerry Fox-, frente al innegable atractivo físico de su amante -Mark Rylance-.
"Yo no hago cine con maniquíes como Claudia Schiffer, sino con personas de verdad, reales, como usted o como yo", dijo el director.
Chéreau trató de deshacer esos malentendidos y también los derivados de su decisión de rodar en inglés, y no en francés.
"No creo que el cine de amor sea una `specialité` francesa. Soy un director europeo y elijo el idioma en función del lugar en que transcurre mi historia", dijo Chéreau, quien hizo gala de sus dotes políglotas al responder alternativamente en su idioma natal, en inglés o en alemán, además de recordar que también habla español.
Al margen de esos equívocos, "Intimacy" dejó la sensación de haberse quedado a medio camino o, cuando menos, algo por debajo de la gran película que hubiera podido ser, a juzgar por la novela en que está basada y el microcosmos de personajes que surgen fuera de las paredes del subterráneo londinense.
Chéreau no consiguió un film redondo, pero sí dejó claro cuál era el mensaje de la producción con que compite en esta Berlinale.
"Weiser", en cambio, dejó una estela de confusión y hasta de impaciencia por la sobredosis de oscuridad de su contenido.
La película de Marczewski parte de los intentos de un adulto de desentrañar la enigmática desaparición, treinta años atrás, de un compañero de escuela, un niño judío marginado y vapuleado.
Ambos, el desaparecido y el que ahora le busca, pertenecían a un quinteto de chicos que se dedicaba a provocar explosiones con munición hallada en un antiguo arsenal y fue precisamente en una de esas detonaciones donde se "evaporó" aquél.
La película de Marczewski refleja el "antisemitismo latente, no virulento" -en palabras del director- que persiste en la sociedad polaca de hoy.
Pero, al margen de ese mensaje, no desvela qué ocurrió con ese muchacho, cuya última imagen le muestra entre descargas explosivas, o con la niña que fue su cómplice de malignos juegos infantiles.
"No todas las preguntas tienen respuesta. Si yo la tuviera para ésta, el final de mi película hubiera sido otro", fue la explicación de Marczewski.
La jornada de la sección oficial de la Berlinale se completó con la exhibición, fuera de concurso, de la película de Emir Kosturica "Super 8 Stories", un documental sobre la banda musical fundada por él mismo en 1986, de la que su hijo Stribor es el "cerebro".
El film es exactamente lo que sugiere el título: un reportaje con aire de fiesta familiar con diversas actuaciones y giras del grupo, bautizado como "No Smoking", intempestivas broncas de camerino entre sus miembros y algún toque "social" sobre la situación en Serbia, el polvorín de los Balcanes. EFE gc/dm/bjm/cbm
lunes, 12 de febrero de 2001
La sutileza no es lo suyo
Spike Lee desembarca en la Berlinale con una nueva muestra de cine negro militante
Berlín, 12 feb (EFE).- "Bamboozled", el
último exponente de cine "negro militante" de Spike Lee, y "Joint security
area", sobre el conflicto intercoreano, dieron hoy el toque político a la Berlinale con dos perspectivas
opuestas sobre las posibilidades de superar -o no- las fronteras entre vecinos.
Ocho años después de pasear con éxito en Berlín su "Malcolm X" -Oso de Plata al actor Denzel Washington, en 1993-, Lee regresó con otra dosis de denuncia contra el racismo en Estados Unidos.
Su historia no gira esta vez en torno a un héroe de la comunidad negra, sino a un guionista de color necesitado de diseñar un producto capaz de disparar los índices de audiencia de una cadena de televisión.
Pero su intención sigue siendo la de entonces: mostrar la "opresión permanente de un pueblo, 400 años después de la abolición de la esclavitud", según palabras del director.
Con ese mensaje presentó Lee su "Bamboozled", una película rodada con técnica digital por razones de presupuesto, porque, según el director, no se encontró un productor dispuesto a arriesgar más dinero en el proyecto.
Los imperativos económicos no han estropeado el producto, sino todo lo contrario, ya que en el aire experimental y "barato" del filme está precisamente su mayor encanto.
Al máximo representante del cine afroamericano se le aguardaba en Berlín con escepticismo, ya que su película fue recibida en su país con críticas de exagerada y excesivamente brutal.
Esta fue también la impresión que dejó en Berlín, sobre todo por el baño de sangre en que acaba la idea del guionista de resucitar los antiguos shows de actores con el rostro embadurnado de negro, inmensos labios pintarrajeados "de rojo amapola" y bailando claqué en los campos de algodón para divertir a los blancos.
Lee se defendió de quienes le acusan de haber exagerado el tono y ser poco sutil -por no decir dogmático-, con una arriesgada comparación entre la situación de los negros y la persecución nazi.
"En mi país oigo a diario cientos de veces la palabra Holocausto y a nadie le parece excesivo. ¿Por qué debo justificar ahora que vuelva a tratar de la opresión de otros pueblos?", dijo Lee.
El realizador entró igualmente en terreno pantanoso al ser preguntado sobre uno de sus personajes, una relaciones públicas, de ascendencia judía, a la que se adjudica la misión de poner remedio a la indignación que causa el "show" entre los negros.
"No hay ninguna regla que obligue a presentar a un judío como un ser cien por cien perfecto", fue la respuesta de Lee, que a pesar de ello dio la sensación de antisemitismo mejor o peor disimulado.EFE
gc
viernes, 9 de febrero de 2001
Brigadistas de la Guerra Civil española
miércoles, 7 de febrero de 2001
El guapo francotirador Jude
Berlín, 7 feb (EFE).- La 51 edición de la Berlinale se estrenó con "Enemy at
the Gates", una película de amor y guerra con aires de "cine de toda la vida",
anunciada como el filme más caro jamás rodado en Europa, pero que tiene el sabor
de producto hollywoodiense.
El duelo entre dos tiradores de precisión -un
inexperto soldado soviético y un oficial alemán cargado de condecoraciones-, en
el Stalingrado acosado por los nazis, abrió el fuego cinematográfico del
Festival Internacional de Berlín.
Para su director, Jean-Jacques Annaud, la
película es el resultado de la afición de sus años estudiantiles "por el cine
épico ruso" y un intento de reflejar la guerra desde "una perspectiva íntima de
unas personas en conflicto", según explicó en la conferencia de prensa posterior
al pase de la película.
Annaud se propuso filmar una nueva versión de la más sangrienta derrota de las tropas nazis y "levantó" para ello un nuevo Stalingrado en las inmediaciones de Berlín, entre los remozados estudios Babelsberg y algunos escenarios naturales del estado de Brandeburgo.
"Elegí
Berlín para el rodaje entre un total de otras 18 posibles candidatas, entre
otras cosas porque así tuve oportunidad de contar con numerosos extras alemanes
y emigrantes rusos", continuó el director.
De Alemania procedió, asimismo,
el 70 por ciento del capital necesario para una coproducción
franco-germana-estadounidense presupuestada en 90 millones de dólares.
Pero
ni los escenarios, ni el dinero alemán, ni los extras han sido suficientes para
borrar del resultado final la sensación de que es una tópica "visión made in
USA" de los 180 días de acoso de Hitler a la ciudad de Stalin.
El reparto de
protagonistas está formado por guapos y guapas del firmamento estadounidense:
Jude Law, en el papel de tirador ruso; Joseph Fiennes, como su rival de amores;
Rachel Weisz, en el de la chica en liza.
El tirador de elite nazi es un frío
y marcial Ed Harris que paladea vino del Rhin, mientras un genial y casi
caricaturesco Bob Hoskins, en el papel de Kruschev, apremia a sus subordinados a
gritos de: "Podemos permitirnos el lujo del caviar y del vodka, pero no de
perder el tiempo".
Para el espectador alemán, en "Enemy at the Gates" hay
pocos trazos germánicos y mucha atmósfera de lo que, durante décadas, han sido
las producciones norteamericanas sobre la II Guerra Mundial.
"No he puesto
actores alemanes interpretando a nazis o a rusos para los soviéticos porque
quería huir de clichés engorrosos y también por razones de idioma, ya que quería
una película de habla inglesa, sin acentos poco naturales", se justificó el
director.
Además del poco sabor europeo y el exceso de convencionalismos, en
la película de Annaud se echa de menos la intensidad de títulos anteriores del
director, como "El nombre de la rosa".
"Enemy at the Gates" toma el duelo
entre los dos tiradores de precisión enemigos como referente para el otro gran
combate entre Hitler y Stalin.
Coloca, además, a dos compañeros de filas al
borde de la traición a su amistad y a la bandera, por culpa de la mujer que
-lógicamente- prefiere al guapo héroe de ojos azules que es Law, frente al galán
en la retaguardia que interpreta Fiennes.
Pero, finalmente, toda la
encrucijada de conflictos personales y guerreros se queda en el terreno de lo
más "previsible" dentro del género bélico, con atisbos de duelo entre
"cow-boys".
Annaud acudió a Berlín acompañado de Law, Hoskins y Weisz y su
conferencia de prensa, la primera de esta Berlinale, entró también en el terreno de lo más
habitual.
Todos los actores hicieron gala de estar "encantados" con el
"honor" de haber trabajado en ese filme, mientras Annaud, a su vez, manifestaba
su admiración por sus intérpretes.
martes, 6 de febrero de 2001
La previa
El duelo de Stalingrado abre la batalla por el Oso
Berlín, 6 feb (EFE).- El 51 Festival
Internacional de Cine de Berlín abre mañana sus puertas con "Enemy at the
Gates", una costosa superproducción europea sobre la batalla de Stalingrado, a
la que seguirá el desfile de las 23 aspirantes a los Osos berlineses.
Un
duelo bélico y amoroso entre dos tiradores de elite -un soviético y un alemán-,
en el marco histórico de la derrota hitleriana, inaugurará el miércoles la Berlinale, cuyos platos fuertes
serán "Traffic", de Michael Soderbergh, y el estreno de "Hannibal", de Ridley
Scott. "Enemy at the Gates", la película más cara jamás rodada en Europa -90
millones de dólares-, ha sido dirigida por Jean-Jacques Annaud y filmada en las
inmediaciones de la capital alemana, pero acude a la Berlinale fuera de concurso.
La ronda a competición
se inicia el jueves con "La ciénaga", la ópera prima de la cineasta argentina
Lucrecia Martel, que compartirá jornada con "Traffic" con Michael Douglas y
Catherine-Zeta-Jones.
La película de Soderbergh, junto a "Bamboozled" de
Spike Lee, y "Forrester" de Gus Van Sant, son las tres aspirantes de Estados
Unidos, frente a un total de trece filmes europeos -entre ellos, el español
"You`re the One", de José Luis Garci-, cinco asiáticos y uno africano, "Little
Senegal".
La presencia de cine estadounidense es numéricamente baja, pero
ello no implica que la Berlinale
renuncie a su desfile de estrellas.
Ahí estarán dos ex James Bond: Sean
Connery, en "Forrester", y Pierce Brosnan, en la británica "The Tailor of
Panama".
También por parte británica, "Chocolat", de Lasse Hallstroem,
traerá a Johnny Deep y Juliette Binoche; "Wit", de Mike Nichols, a Emma
Thompson, y "The Claim", de Michael Winterbottom, incorpora a Nastassia Kinski.
También fuera de concurso llegarán "Hannibal" -segunda parte de "El silencio
de los Corderos"-, así como "Quills", de Philip Kaufman, con Kate Winslet
poniendo su cuerpo al servicio de las obsesiones del Marques de Sade.
El
pase de "Hannibal" se anuncia como la primera ocasión de descubrir la nueva
dosis de canibalismo de Anthony Hopkins, aunque para cuando llegue a Berlín ya
se habrá visto en Estados Unidos.
La 51 edición del festival será la última
que dirija Moritz de Hadeln, quien se despide tras 22 años en el cargo entre
críticas por el escaso papel que da al país anfitrión -solo una película
alemana, "My Sweet Home", dirigida por el griego Filippos Tsitos.
El
director de la Berlinale asegura
que no ha encontrado nada más en el ámbito germano listo para ser programado y
ha compensado ese vacío local con abultada presencia de otras filmografías
europeas.
Además de las citadas producciones británicas y la española de
Garci, estarán a concurso tres francesas -"Felix et Lola", de Patrice Leconte,
"Intimacy", de Patrice Chereau, y "A ma soeur", de Catherine Briellat- así como
dos italianas -"La fate Ignoranti", de Ferzan Ozpetek, y "Malena", de Giuseppe
Tornatore-.
Completan el ámbito europeo la polaca "Weiser", de Wojciech
Marczewski, y la danesa "Italiensk for Begyndere", de Lone Scherfig.
La
"segunda patria" cinematográfica de de Hadeln, el cine asiático, contará con
cinco aspirantes a premio: la china "Beijing Bicycles", la taiwanesa "Bettelnut
Beaty", las japonesas "Chloe" y "Nue", así como la surcoreana "Gong Dong Kyung".
Para el veterano director de la Berlinale del ámbito asiático es de donde llegan las
producciones más innovadoras e interesantes.
Sin embargo, el reparto de Osos
no le compete a él, sino a un jurado encabezado por el estadounidense William M.
Mechanic, entre cuyos miembros están la actriz Jacqueline Bisset, el director
argentino residente en Brasil Héctor Babenco y el crítico español Diego Galán.
Además de la sección oficial, la Berlinale incluye cerca de 700 filmes con carácter de
exhibición en sus diferentes apartados, entre las que se incluyen quince
representantes del ámbito iberoamericano.
Panorama mostrará las españolas
"Anita no perd el tren" -Ventura Pons-, "Las razones de mis amigos" -Gerardo
Herrero-, y "Extranjeros de sí mismos" -Javier Rioyo y José Luis L. Linares-;
las brasileñas "Latitude Zero" -de Toni Venturi- y "Memórias póstumas" -de André
Klotzel- y la argentina "Sólo por hoy" -de Ariel Rotter.
También en Panorama
se verán los cortos "El séptimo día", de Gabriel Lichtmann (Argentina), "Los
Rebeldes", de Ariane Kessissoglou (Cuba), "Palíndromo" de Philippe Barcinski
(Brasil), y "Lo básico", de José García Hernández (España).
Forum incluirá
"Tocá para mí", del argentino Rodrigo Fürth, y "Crónica de un desayuno", del
mexicano Benjamín Cann.
Finalmente, el Festival de Cine Infantil, lleva a
concurso tres cortos iberoamericanos: los españoles "La nota final", de Maite
Rivera Carbonell, y "Lalia", de Silvia Munt y el brasileño "O branco", de Angela
Pires y Liliana Sulzbach. EFE gc/dm-op
:NumPalabras U:Prioridad EF9635:Clave (icx mun exg):Destinos (CUL
martes, 30 de enero de 2001
Mucho cine asiático y poco brillo en el adiós a la era Hadeln
Berlín, 30 ene (EFE).- El director de la Berlinale, Moritz de Hadeln, dice
adiós al Festival de Cine tras más de dos décadas en el cargo con un programa de
abultada presencia asiática y sin brillo "hollywoodiano".
La 51 edición de
la Berlinale -que se celebra del
7 al 18 de febrero- tendrá apenas tres filmes "made in Usa" entre los 23
candidatos a los Osos del festival.
La programación incluye además cinco
películas asiáticas, la española "You`re the one", de José Luis Garci, y la
argentina "La ciénaga", de Lucrecia Martel.
"Hemos puesto el acento en Asia
porque ahí se está produciendo lo más innovador del momento", explicó hoy Hadeln
en la presentación del programa oficial.
"Traffic", de Steven Soderbergh,
con Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones; "Forrester", de Gus Van Sant, con
Sean Connery; y "Bambiizled", de Spike Lee, son los únicos filmes a concurso
llegados de Estados Unidos, frente a cinco películas procedentes de Japón,
China, Taiwán y Corea del Sur.
El contingente estadounidense se completa,
aunque fuera de concurso, con "Hannibal", de Ridley Scott -continuación del
"Silencio de los corderos" que se estrena mundialmente en Berlín-, "Quills", con
Kate Winslet; y "Thirteen Days", con Kevin Kostner.
A pesar de su reconocida
pasión por lo asiático, las palabras del director de la Berlinale sonaban a pretexto, ya que los veintidós años
de "era Hadeln" se han caracterizado por el esfuerzo por dar "glamour" a un
festival que, por su situación geográfica y la época del año en que se celebra,
luce menos que su rival más directo, Cannes.
De Hadeln ni siquiera puede
garantizar este año la presencia de grandes estrellas -como la pareja de moda
Douglas y Zeta-Jones-, bien sea porque los divos tienen otros compromisos, bien
porque los actores y guionistas de Hollywood se encuentran a punto iniciar una
huelga por sus derechos laborales.
Junto a las producciones de Estados
Unidos y las mencionadas representantes hispanas, estarán en competición las
británicas "Chocolat", de Lasse Hallstroem, con Johnny Depp y Juliette Binoche;
"The Claim", de Michael Winterbottom, con Nastassia Kinski y Milla Jovovich;
"The tailor of Panama", de John Boormann, con Pierce Brosnann; y "Wit", de Mike
Nichols, con Emma Thompson.
Francia aporta "Intimacy", de Patrice Chéreau;
"A ma soeur", de Catherine Breilat; y "Felix et Lola", de Patrice Leconte;
mientras que Italia estará presente con "Le fate ignoranti", de Ferzan Ozpetek,
y "Malena", de Giuseppe Tornatore.
Completan las candidaturas europeas la
película danesa "Italienske for begyndere", la polaca "Weiser", de Wojciech
Marczewski, y la alemana "My Sweet home", del griego Filippos Tsitos.
"No
hemos encontrado otras películas alemanas que estén listas y a punto para
concursar en el festival", dijo De Hadeln, a modo de disculpa por la modesta
presencia de producciones del país anfitrión.
Para compensar la ausencia
local, la Berlinale se abrirá con
una superproducción salida de los estudios vecinos Babelsberg, "Duell Enemy at
the Gates", de Jean-Jacques Annaud, con Joseph Finnes, Jude Law y Bob Hoskins,
que se anuncia como la película europea más cara de la historia y que se
proyecta fuera de competición.
Por parte asiática, China estará representada
por "Beijing Bicycles", de Wang Xiao-shuai, Taiwan lo hará con "Bettelnut Beaty,
de Ling-Ching-sen, Japón con "Chloe", de Go Riju, y "Nue", de Masato Harada, y
Corea del Sur con "Gong Dong Kyung", de Park Chan-Wook.
La sección oficial
de la Berlinale se completará con
"Super 8 Stoires", de Emil Kosturica, otro estreno mundial que se proyecta fuera
de concurso, así como un interesante repertorio de retrospectivas.
El más
trabajado de los homenajes especiales de este año es el ciclo dedicado a Fritz
Lang, formado por unos sesenta títulos, entre los que destaca una histórica
reconstrucción de "Metropolis".
También tendrán sus ciclos de gala Kirk
Douglas, quien recibirá un Oso de Oro especial de la Berlinale, así como el recientemente fallecido Stanley
Kubrick.
De Haldeln ha prometido contención y asegura que su adiós a la Berlinale no estará salpicado con
lágrimas porque "no soy persona que se abandone a la nostalgia".
Ello no le
ha impedido, sin embargo, dedicarse una retrospectiva con sus 23 películas más
queridas de las 700 que han pasado por sus manos en estos años. Entre las que ha
seleccionado está "El crimen de Cuenca", de Pilar Miró, y "Central do Brasil",
de Walter Selles. EFE gc/dm/mjm/ll
lunes, 17 de julio de 2000
Dieter calienta motores
Transición a Kosslick
Gemma Casadevall
Berlín, 17 jul (EFE).- Los festivales de cine, teatro, danza y música de Berlín se reestructuran para sacudirse de encima su aire de provincianismo y asumir la condición de escaparate de la "Nueva Alemania", a pesar de que las arcas de la capital están vacías. El consejo de administración del Berliner Festspiele presentó hoy sus dos grandes bazas para el futuro: Joachim Sartorius, el nuevo director general de la institución, y Dieter Kosslick, designado para llevar las riendas de su estrella, la Berlinale.
El relevo obedece a lo que el senador de Cultura del gobierno regional berlinés, Christoph Stoelzl, calificó de "necesidad imperiosa de cambio".
El argumento de Stoelzl parece fuera de discusión, teniendo en cuenta que Sartorius sustituye a Ulrick Eckhardt, tras 28 años de gestión, y que el antecesor de Kosslick, Moritz de Hadeln, lleva 20 dirigiendo el Festival de Cine de Berlín.
De Sartorius, hasta ahora secretario general del Instituto Goethe, con más de 150 centros dedicados a la proyección internacional de la cultura e idioma germanos, se espera una gestión más orientada hacia el exterior.
Kosslick deberá darle brío a una Berlinale que, tras 50 años de existencia, sigue sin aprobar la asignatura pendiente del "glamour", acomplejada ante sus rivales europeas de Cannes y Venecia.
Como responsable máximo del Berliner Festspiele, Sartorius dice que Berlín no debe mirarse en el espejo de elitistas eventos operísticos como Bayreuth o Salzburgo, sino que se debe medir con los que celebran otras metrópolis europeas, como Londres o París.
Por lo que respecta al festival cinematográfico, Sartorius ha garantizado a Kosslick manos libres en cuanto a contenidos o filosofía, con una única restricción: la presupuestaria.
Esa es la espada de Damocles que pesa sobre toda la oferta cultural de la capital alemana, ya que Berlín ha entrado en el año 2000 con los recursos económicos muy apurados, como consecuencia de la gran mudanza de Gobierno y Parlamento.
Las óperas, cuerpos de danza, orquestas y teatros nacionales tiemblan ante los planes del senador Stoelz de fusionar algunas de estas instituciones para paliar la sequía financiera.
El argumento de Stoelzl es que Berlín no puede sostener una duplicidad operística, teatral y musical heredada de los años de división por el Muro.
Grandes directores artísticos en activo en la ciudad, como Daniel Barenboim, han activado la alarma ante el propósito de fusionar, privatizar o cerrar instituciones.
Barenboim, al frente de la Opera Estatal, amenaza con marcharse, y lo mismo hacen sus colegas Harry Kupfer, de la Opera Cómica y Goetz Friedrich, de la Deutsche Oper.
El gobierno regional berlinés argumenta que no hay alternativa al saneamiento o racionalización, mientras que la administración central ha respondido con la decisión de tomar bajo su protección aquellos eventos considerados de "interés internacional".
El primer lugar lo ocupa la Berlinale, certamen "mimado" por el secretario de Estado de Cultura, Michael Neumann, quien, al parecer, intervino directamente en la designación de Kosslick.
Los primeros resultados del relevo en el festival de cine no se verán hasta el año 2002, ya que el contrato con De Hadeln (quien reaccionó a la orden de retirada con un enfado) no expira hasta mayo de 2001 y el festival se celebra en febrero.
En su pasada edición, en que se celebró el quincuagésimo cumpleaños del festival, la Berlinale se trasladó desde su antigua sede, en el otrora sector occidental, a la Potsdamer Platz, el complejo de multicines y galerías comerciales que simbolizan el "nuevo Berlín".
Pero la mudanza no fue suficiente para erradicar el estigma de provincianismo de esa Berlinale, que estuvo marcada por los plantones de grandes estrellas, como Robert de Niro, quien no se presentó a pesar de que se le entregaba un premio especial al conjunto de su carrera.
Kosslick dispone aún de un año largo de transición, hasta que De Hadeln suelte las riendas de lo que nació como festival de la guerra fría, en el sector "libre", y que las autoridades alemanas quieren convertir en símbolo de la "nueva Alemania", abierta y cosmopolita. EFE gc/dm/mt/vv
domingo, 20 de febrero de 2000
Medio siglo no es nada
Un programa que no estuvo a la altura del 50 cumpleaños
Gemma Casadevall
Berlín, 20 feb (EFE).- La Berlinale cerró hoy su quincuagésima edición dejando la sensación de que, a pesar de haber estrenado un moderno emplazamiento, propio del nuevo milenio, el programa de filmes a competición no estuvo a la altura de lo que se esperaba para el señalado cumpleaños del festival.
Berlín, 20 feb (EFE).- La Berlinale cerró hoy su quincuagésima edición dejando la sensación de que, a pesar de haber estrenado un moderno emplazamiento, propio del nuevo milenio, el programa de filmes a competición no estuvo a la altura de lo que se esperaba para el señalado cumpleaños del festival.
A la sede de la Berlinale, la Postdamer Platz, "le falta patina", según
dice un miembro del jurado, el director brasileño Walter Salles, y el nivel de
las películas a competición fue "irregular", en opinión de la actriz española
Marisa Paredes, también entre los nueve jueces del festival.
Ambas
consideraciones definen lo que ha sido el sentir general de la edición en que se
quería celebrar por todo lo alto el medio siglo de existencia de la Berlinale.
Lamentablemente, el
festival que hoy se despide no pasará a la historia ni por la calidad del
programa a competición ni por haber conseguido, por fin, romper el maleficio de
los plantones de las grandes estrellas.
El Oso de Oro fue para "Magnolia",
de Paul Thomas Anderson, porque "representa a una narrativa muy distinta a la
típica de Hollywood", explicó a EFE Salles, quien dijo que en el ánimo del
jurado estaba "premiar algo innovador".
"Anderson es un director de 30 años
que representa a una nueva generación del cine, es un supertalento que escribe,
filma y dirige sus películas", justificó el realizador brasileño, quien hace dos
años se llevó el Oro de Berlín con "Central do Brasil".
"Magnolia" era la
apuesta más segura entre una selección de 21 películas, dominada por grandes
producciones estadounidenses que no aportaban nada nuevo, como "The talented Mr.
Ripley", de Anthony Minghella, o ante las que cabía la pregunta de qué hace un
film como ese en un festival, como es el caso de "The Beach", de Danny Boyle.
Salles se va del festival con el resquemor de no haber podido incluir en el
palmarés el film "La chambre del magiciennes", el film de Claude Miller, al que
se ignora en la lista oficial de los "Osos", pero que se llevó el mejor premio
de consolación a que se puede aspirar, el de la Crítica.
"Estar en un jurado
es un ejercicio de convivencia democrática", dice Salles, "donde más o menos
reina la armonía, pero donde uno no puede repartir sus propios premios".
Marisa Paredes calificó el palmarés de "ecuánime" y dijo que en la decisión
hubo unanimidad, pero no sin admitir que se encontraban ante una selección de
nivel "irregular".
Por su parte, Moritz de Hadeln, director de Berlinale, no pudo evitar que en las
cortas entrevistas que le hacían tras conocerse el veredicto saltara una
pregunta recurrente: si se estuvo a la altura de lo esperado y por qué no se
consiguió "arrastrar" a los grandes hacia Berlín, ni siquiera ante el gran
cumpleaños.
Tras 21 años al frente del festival, de Hadeln sabe cómo
escurrir las críticas y también que éstas son siempre muy parecidas, edición
tras edición.
"Si hay mucho cine americano dicen que es un festival
"vendido" a Hollywood y poco europeo, si no lo hay, lo acusan de aburrido...",
comentaba con aire resignado ante un grupo de periodistas.
"Vino Leonardo
DiCaprio, vino George Clooney, vino Denzel Washington... No vino Robert De Niro,
no vino Tom Cruise ni Al Pacino... Qué pena que sólo se fijen en los que no
estuvieron", manifestaba intentando equilibrar la balanza entre las presencias y
las ausencias de Berlín.
En los prolegómenos del festival, Moritz de Hadeln
había dicho en broma a un diario ciudadano que se tiraría por la ventana si le
fallaba DiCaprio.
No hizo falta llegar a ese extremo, puesto que el
protagonista de "The Beach" sí se acercó a la capital alemana, tal como hizo
Washington, que llegó a Berlín recién designado como candidato al Oscar por
"Hurricane" y se fue del festival con un Oso de Plata por su papel en esa
película.
Lo cierto es que la capital alemana, a pesar de ser la ciudad de
moda en Europa y a pesar de estrenar sede en el corazón del "nuevo Berlín",
sigue siendo territorio difícil para el "glamour".
A la mayoría de los
visitantes y prensa internacional les pareció que la constelación de galerías
comerciales y maxi-cines de la Postdamer Platz es un escenario frío y ajeno a la
vida ciudadana.
Tras doce jornadas con varias proyecciones por día, muchos
tenían la sensación de haber estado sumergidos en la vida artificial de un
moderno acuario, alimentándose en todo tipo de "fast food" y restaurantes
virtuales.
"Yo me he escapado por ahí, he visitados museos y recorrido los
cafés de Kreuzberg", dijo Salles, que confiesa haber "robado" tiempo a sus
obligaciones como miembro del jurado para pasear por las calles de dicho barrio,
el más alternativo y multiétnico de la ciudad. EFE gc/dm/mj
sábado, 19 de febrero de 2000
80 modestos minutos
Una pequeña maravilla de Claude Miller salva la recta final de la Berlinale
Berlín, 19 feb (EFE).- La Berlinale cerró su sección oficial
con una sorpresa, "La chambre des magiciennes" del francés Claude Miller, la
última de las 21 películas a concurso, capaz de levantar el balance de un
festival del que se decía no había estado a la altura de su 50 cumpleaños.
El filme de Miller disipó la sensación de que la terna de candidatos sólidos
a los premios de la Berlinale
estaba ceñida a dos títulos, "Magnolia", del estadounidense Paul Thomas
Anderson, y "Camino a casa", del chino Zhang Yimou.
Frente a las
pretenciosas películas que han pasado por este festival, el realizador francés
se presentó como el "furgón de cola" de esta quincuagésima Berlinale con una cinta de 80
modestos, pero muy bien aprovechados minutos.
"Sonaría a falsa modestia si
dijera que la mía es una pequeña gran película", explicó Miller, recogiendo la
definición que quedó en el aire tras la proyección de "La chambre des
magiciennes".
El esquema argumental es simple: una mujer perdida entre el
estrés de un examen y su maltrecha relación sentimental con un hombre casado
ingresa en un hospital aquejada de fuertes migrañas.
Lo malo es que sus
compañeras de habitación no son lo relajantes que ella desearía y que el
masificado sistema hospitalario, en este caso francés, favorece la intromisión
en la esfera privada ajena.
Miller reconduce lo que, al principio, parece
una claustrofóbica película de hospitales y paranoias hacia un sutil e
inteligente retrato social, con buenas dosis de humor sumergido y un reparto de
actores magistral.
La película se apoya en Anne Brochet, en el papel
principal, y en la veterana Annie Noel, dos "valores seguros" del cine francés,
custodiadas por geniales secundarios, desde el médico -Yves Jacques- al
enfermero -Jocelyn Siassia-.
Con un par de pinceladas y centrándose en un
único capítulo de una novela -"The blindfold", de Siri Hustvedt- Miller es capaz
de poner en solfa el racismo de la civilizada Europa occidental o los egoísmos
apenas controlados, que surgen en el espacio reducido de una habitación con tres
camas.
Miller sigue, aunque sin convertirlo en religión, las consignas de la
corriente "Dogma": rodar cámara al hombro, sin escenas superfluas y con espacios
y sonido original, entre otras características.
"No es una película
realista", indicó como repeliendo el término de cine social, cuando en realidad
en la Berlinale se tenía la
sensación de que con "La chambre de magiciennes" se entra en el cine de verdad.
El último filme a competición alteró la quiniela de los "premiables" de la
Berlinale, ya que, a medida que
avanzaba la selección de películas a concurso, parecía que las opciones se
habían quedado encalladas en Anderson y Zhang Yimou.
A favor de la película
estadounidense habla el hecho de que era una solución "de compromiso" en una
lista de 21 filmes en la que ninguno ha hecho lanzar cohetes de satisfacción.
La cinta del realizador chino se ganó el aplauso general, pero en su contra
actúa, paradójicamente, el hecho de que fue el descubridor y esposo de la
presidenta del jurado de este año, la actriz Gong Li.
Al abrirse la Berlinale, se había corrido la voz
de que, para celebrar el medio siglo de vida del festival, "convenía" repartir
un galardón al país anfitrión, que este año envió a concurso a sus dos nombres
más internacionales: Wim Wenders y Volker Schloendorff.
Sin embargo, el
primero decepcionó con "The Million Dollar Hotel" y el segundo cosechó malas
críticas con su tibia historia sobre una ex terrorista de la RAF en la Alemania
comunista, "Die Stille nach dem Schuss".
El grueso de las grandes
producciones estadounidenses no ha levantado pasiones y, mientras "The Talented
Mr.Ripley", de Anthony Minghella, y "Man on the Moon", de Milos Forman, han
tenido una aceptación digna pero nada más, "The Beach", de Danny Boyle, ha
entrado en la categoría de definitivamente mala.
Para "The Hurricane", de
Norman Jewison, se cuenta con, quizás, un premio de interpretación para Denzel
Washington, algo parecido a lo que ocurre con "Any Given Sunday", de Oliver
Stone, protagonizada por Al Pacino.
Otros firmes candidatos al premio al
mejor actor son el francés Bernard Giraudeau, por "Gouttes d`eau sur pierres
brulantes", o Tom Cruise por su secundario de lujo en "Magnolia".
En cuanto
a actrices se barajan los nombres de Julianne Moore, también por la película de
Anderson, así como Zhang Ziyi por "Camino a casa", Bibiana Beglau por el filme
de Shloendorff y el dúo de actrices de la pequeña joya de Claude Miller. EFE
gc/rz/acm
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