martes, 12 de febrero de 2002

Dieter, ante su estreno

Kosslick: "Si las películas alemanas no gustan, mala suerte"

Gemma Casadevall Berlín, 12 feb (EFE).- Dieter Kosslick se ha estrenado como director de la Berlinale dispuesto a defender cada una de las 23 películas que luchan por los Osos de Oro, por encima de las malas críticas recibidas, especialmente, por el cine alemán, a las que responde con un: "Si los filmes alemanes no gustan, mala suerte". 
"Pongo la mano en el fuego por cada film a competición, no me arrepiento de ninguno y cada cual está ahí para representar a un ámbito concreto del cine de hoy", manifestó Kosslick a EFE, a la pregunta de por qué tanto representante alemán a concurso, hasta el momento con balance más bien pobre. 
La sección a concurso de la 52 Berlinale incluye la más numerosa presencia germana desde 1992, lo que responde a una apuesta personal de Kosslick en favor de la industria nacional. 
Transcurrida ya la mitad del festival, la acogida a tal empeño ha ido de la decepción a la indignación, pasando por las acusaciones de proteccionismo mal entendido. 
"Haeven", de Tom Tykwer, fue recibida como un producto flojo para la inauguración de un festival, mientras que con "Der Felsen", de Dominik Graf, se produjeron los primeros abucheos del festival. 
La tercera entrega "nacional" llega hoy, con "Halbe Treppe", de Andreas Tresen, rodada en una desolada ciudad germano-oriental, a lo que seguirá "Baader", de Christpoher Roth, sobre la figura del fundador de la Fracción del Ejército Rojo (RAF), Andreas Baader. 
"Nadie está obligado a verlas. No está escrito en ninguna Carta de las Naciones Unidas. Si a este o aquel crítico no le gustan o indignan, que se las salte", responde. 
Su respuesta es contundente, aunque dulcificada por el tono campechano y sin acritud de este hombre cordial y decidido a romper -también ahí- los moldes de su envarado predecesor, Moritz de Hadeln, director de la Berlinale durante más de 20 años. 
"Mire: uno selecciona entre lo que hay. No puedo traer cosas que ya han sido estrenadas o no están terminadas", admite, a pesar de insistir en que todas esas producciones -incluso las más vapuleadas- son dignas "de pisar la alfombra roja del festival". 
Kosslick, de 53 años, se colocó al frente de la Berlinale tras veinte años entre productoras alemanas. Se le califica de "manager" suelto, decidido a apostar por la diversión en el más gris -desde el punto de vista climatológico- de los grandes festivales europeos. 
"El 11 de septiembre dio un vuelco a ese propósito inicial. Ahí me di cuenta de que, por lo menos este año, la Berlinale debía contribuir al entendimiento entre los pueblos", explica. 
Kosslick anunció entonces una fuerte presencia de producciones que hicieran reflexionar acerca de lo sucedido en Nueva York -"no hay películas directamente relacionadas con los atentados, puesto que no están aún listas", explica- y también de otros conflictos. 
"Filmes como `Bloody Sunday` -sobre el dramático baño de sangre de Irlanda del Norte, en 1972- nos demuestran hasta qué punto es difícil apagar un conflicto que aflora de repente y que 30 años después sigue latente", continúa. 
El director se propuso que su "estreno" en el cargo ofreciera una dosis equilibrada entre cine independiente y grandes productoras y en evitar el eterno conflicto entre Europa y Estados Unidos. 
"También ahí he seguido la línea del `fair play`", dice, para lamentar no haber podido dar cabida en la sección oficial a industrias desfavorecidas, como la latinoamericana. 
"No tenía dónde seleccionar...", insiste, en alusión a que no puede mostrar más que producciones puntualmente terminadas. 
A modo de compensación, incluyó en el jurado a la argentina Lucrecia Martel -premio Alfred Bauer en 2001 por su primera película, "La ciénaga"-. 
"Le rogué que accediera a estar aquí, como apoyo simbólico al ámbito latinoamericano", explica, para declararse a continuación un entusiasta del cine de esa región. 
Pese al traspiés del cine alemán y de los inevitables problemas iniciales de coordinación -"cada cinco o diez minutos tengo un asunto protocolario que atender"-, Kosslick se siente satisfecho, también respecto al tema "glamour". 
A la Berlinale se la tacha de festival poco frecuentado por las grandes estrellas -sobre todo en contraste con Cannes-, pero Kosslick da por bueno el desfile de estrellas logrado hasta ahora

lunes, 11 de febrero de 2002

Porque Mika no es Aki



Kaurismäki paseó el Brasil visto por un exótico finlandés

Gemma Casadevall

Berlín, 11 feb (EFE).- Mika Kaurismäki paseó por la Berlinale a su "país de adopción" a través de "Moro no Brasil", un documental sobre el universo musical brasileño, más allá de la samba y con la perspectiva de un "exótico" llegado de la órbita opuesta, Finlandia.
Los sones del maracatú, el frevo, el coro, el forró y la embolada recorrieron el Festival de Cine, de la mano del "hermano mayor" de Aki Kaurismäki, con quien además de parentesco y productora comparte las simpatías de los circuitos alternativos berlineses.
El documental de Mika se proyectó en la sección Panorama Documentos, fuera de concurso, pero ello no evitó que las entradas se agotaran como si fuera un estreno en competición y que parte del público tuviera que buscar acomodo en los pasillos de la sala.
Los berlineses estaban ansiosos de asistir al prodigio de ver cómo se mueve alguien surgido del hielo al ritmo cálido de Brasil y de comprobar si el finlandés errante consigue evitar la mera repetición del esquema marcado por Wim Wenders en "Buena Vista Social Club".
"A diferencia de aquel, yo pretendo retratar un país en su totalidad", había explicado Kaurismaki, marcando distancias respecto al exitoso precedente de Wenders, centrado sólo en la legendaria banda.
El film del finlandés es, efectivamente, mucho más ambicioso: su "Moro no Brasil" es el resultado de un recorrido por 4.000 kilómetros de país inmenso, en pos de esa música que estalla en cualquier esquina de una calle y que abraza un compendio de ritmos africanos, indígenas y europeos.
Sus protagonistas ocasionales son tanto músicos como Walter Alfaite, Margareth Menezes, Ivo Meirelles, Jackson do Pandeiro o la Velha Guarda da Mangueira, como los niños que le salen al encuentro o los fabricantes de instrumentos artesanales de los mercados en la calle.
Ni samba ni bossa nova, mucho menos carnaval: a Kaurismaki no le interesan los tópicos brasileños, sino las raíces y el mosaico cultural que confluye en un país de una riqueza multiétnica tan diametralmente opuesta a la realidad finlandesa.
A Mika tampoco parece dominarle el afán de protagonismo. Al margen de algunas imágenes, con sus rubios antebrazos al sol por las calles de Brasil, el realizador prefiere dar un tono de "neutralidad" narrativa a su documental.
"Moro no Brasil" arranca con una imagen de la glacial Finlandia, bajo el implacable frío del mes de diciembre, como referente a ese "visitante llegado del frío" que a continuación cede la atención a los personajes que conoce al otro extremo del mundo.
El realizador vive desde hace diez años en Río de Janeiro, donde tiene un club musical, pero ello no evita que siga siendo un elemento "exótico" en ese país de adopción que, para muchos, es precisamente sinónimo de exotismo.
"Somos dos mundos extremos", reconoce Mika Kaurismaki, respecto a la realidad natal a la que, por ahora, ha dejado algo aparcada, y al Brasil que recorre su cámara durante un tórrido verano.
El documental del finlandés fue acogido en su presentación, la noche del domingo, con mucha simpatía por ese público berlinés fiel, que hace unos años ya dio rango de "gran acontecimiento secreto" la proyección de su documental "Tigrero, A film That Was Never Made", sobre las andanzas de Sam Fuller y Jim Jarmusch.
Los que esperaban de "Moro no Brasil" un sucedáneo de las rúas de Río en medio del lluvioso carnaval berlinés quedaron algo decepcionados: eso es, precisamente, lo que menos interesa mostrar a Mika.
Quienes se sintieron mareados con los movimientos circulares de cámara de Wenders, en "Buena Vista Social Club", encontraron en el esquematismo neutral de Kaurismaki el bálsamo adecuado a los males pasados. EFE gc/ih/tcr/pq

domingo, 10 de febrero de 2002

De nuevo, Lucrecia

Martel: "Estar en Berlín es un guiño en tiempos de crisis"


Gemma Casadevall

Berlín, 10 feb (EFE).- La directora argentina Lucrecia Martel está de nuevo en la Berlinale, un año después de su éxito con "La ciénaga", esta vez como miembro del jurado del festival, una función que ella califica de "un guiño de apoyo desde Europa a la nueva generación de cineastas argentinos, en estos tiempos de crisis". 
"Estar aquí es un reconocimiento personal, puesto que supone incluirme en la comunidad internacional del cine, pero sobre todo es una señal indirecta de apoyo a lo que se está haciendo desde allá", explicó Martel a EFE en una pausa de las proyecciones de las 23 películas a concurso de esta 52 Berlinale
La directora argentina compitió el pasado año en la sección oficial con su inquietante "La Ciénaga", su primer largometraje, que se llevó el premio especial Alfred Bauer al debut cinematográfico. 
Martel está de nuevo en el festival ya sin los nervios de entonces, instalada entre el "tribunal" que preside la directora india Mira Nair y que repartirá los Osos de la Berlinale
La realizadora, de 36 años, califica ese trabajo de "responsabilidad histórica" y, aunque se confiesa "algo triste" por la ausencia de filmes latinoamericanos a concurso -"eso es cosa de la dirección...", dice-, considera que la actual situación de su país es favorable a la creación. 
"Es un buen momento para los creadores, escritores o directores, pero una situación pésima para los productores nacionales", explica. 
"Si yo tuviera una productora extranjera, invertiría ahí, puesto que, con el cambio, una película le cuesta ahora a una casa internacional un tercio de lo habitual y estamos viviendo un momento emergente de creatividad", añade. 
Martel apunta al éxito internacional que está teniendo en estos momentos el cine argentino y dice que la mayoría de esas películas, producidas el pasado año, reflejan un caos que "se mascaba desde largo y que ahora estalló". 
"Es lo que yo traté de transmitir con `La Ciénaga`, donde el espectador percibe que algo atroz está a punto de pasar, hasta que finalmente todo se va al diablo", señaló. 
Desde la "modesta opinión" de alguien que no está sufriendo las peores consecuencias de la crisis -"soy de clase media"-, Martel dice, sin embargo, que prefiere lo de ahora a la situación de "complicidad mentirosa con la corrupción" de los años pasados. 
"Lo de ahora es mucho más real que esos tiempos de regocijo y supuesta democracia que sucedieron a la tragedia de la dictadura", dice, aunque el reverso de la moneda es que "evidentemente, en un país empobrecido la gente no va al cine, porque no tiene plata". 
Martel considera que en estos momentos de crisis "el estado no puede dejar abandonado al cine", una industria que sólo puede funcionar "si se la protege", ya que en caso contrario "quedamos aplastados" por el cine estadounidense. 
"El Gobierno argentino tiene una enorme responsabilidad sobre la industria del cine. Si pierde la oportunidad de ayudarnos ahora a remontar la situación, habrá cometido un tremendo crimen contra la cultura argentina", subraya. 
Junto a su función en el jurado, Martel se encuentra en Berlín en busca de apoyos para la que será su segunda película, "La niña santa", un proyecto que ha sido seleccionado entre los seis incluidos en el programa Rotterdam-Berlinale Express, para promocionar proyectos de jóvenes realizadores. 
"Es una plataforma para hallar financiación", cuenta la directora, quien confiesa que el pasado año consiguió "ahorrar mucho" para sus proyectos, ya que su existencia discurrió entre una beca en París y otras invitaciones.

Bildergebnis für lucrecia martel berlinale

Pese a las dificultades, Martel está determinada a rodar "La niña santa" en Argentina, como "La Ciénaga", lo que de paso le permitirá "tocar de nuevo con los pies al suelo", tras el vertiginoso año que siguió al premio de la Berlinale en el 2001. 
"Fue una locura. Fue algo más que una plataforma de lanzamiento. Entre esa estancia de entonces en Berlín y mi regreso ahora han mediado 62 vuelos por todo mundo", recuerda Martel, para quien la cuestión tuvo "efectos medicinales", pues perdió el pánico a volar. 
La directora argentina se toma al pie de la letra las reglas de su "juramento" como parte del tribunal de la Berlinale y dice que no puede "revelar absolutamente nada" de la acogida que están teniendo entre los miembros del jurado las películas hasta ahora vistas. 
"Si me salto las reglas, me expulsan y tengo que pagar la factura de esto", bromea Martel, sentada en uno de los sillones del "lobby" del hotel Hyatt donde está alojada y que hace, a la vez, las funciones de centro de prensa de la Berlinale. EFE gc/gsm/sc/emr

Una dosis de dogma



Una debutante danesa anima la competición y Altman exhibe su veteranía

Por Gemma Casadevall Berlín, 10 feb (EFE).- La debutante danesa Annette Olesen animó la competición de la Berlinale con "Minor Mishaps", una película de bajo presupuesto y alta sensibilidad, mientras Robert Altman dio un toque de maestría con "Gosford Park", un film clásico apuntalado en la mejor escuela de actores británicos, que iba fuera de concurso.
La dirección del 52 Festival de Cine había anunciado el film de Olesen como esa "pequeña sorpresa" llegada de Dinamarca, con reminiscencias de la escuela "dogma" y en la línea del "Italiano para principiantes" que tanto gustó el pasado año.
"Minor Mishaps" o "Sma Ulykker", título original, traducible por "Incidentes menores"- sorprendió, efectivamente, a los que esperaban una mera repetición de esos esquemas o la habitual dosis de "cine modesto, pero simpático", llegada de Escandinavia.
Olesen, nacida en 1965 en Copenhague, no se ha sujetado tanto a los precedentes del "dogma" escandinavo, sino que se ha adherido al método de Mike Leigh de dejar a medias el guión para dar un voto de confianza a la improvisación.
El resultado es un magnífico cuadro familiar, al estilo del "Secretos y mentiras" de Leigh, alrededor de un padre bueno de humor cáustico que provoca ataques mutuos de celos en sus dos hijas y ayuda a reflexionar a sus dos hijos sobre sus problemas domésticos.
De acuerdo al método Leigh, Oleson persigue con su cámara los gestos de cada cual de sus actores, que son a su vez "agentes" de la historia que se va tejiendo.
"Ninguno de ellos conocía más que su papel. Les prohibimos hablar entre sí sobre qué hacía el otro o como reaccionaría a tal frase", explica Olesen.
La directora danesa admite que su experimento no siempre sale bien -"existe el riesgo de que el proyecto fracase, que haya pinchazo o se convierta en impracticable", dice- o que acabe derivando en un "pulso entre actores y director".
Ninguno de esos peligros se cebó en su film, una de esas películas de las que uno sale con la sonrisa puesta, sin que ello signifique que se haya presentado una realidad edulcorada.
La sorpresa de Olesen no fue tan pequeña y estuvo enmarcada en una buena jornada de cine, gracias al veterano Altman.
Al frente de un convoy de magníficos actores -Maggie Smith borda el papel de insoportable snob, Alan Bates hace lo propio con su envarado mayordomo y Emily Watson en la criada rebelde-, Altman pone en danza los universos paralelos de aristócratas y servidumbre.
Sigue la pauta de la famosa serie "Arriba y abajo", pero a lo grande y convertido en concierto de idas y venidas, sólo digeribles si detrás hay un pulso firme en su dirección.
Altman disfraza su film con una atmósfera a lo Agatha Christie, aunque en realidad se salta los esquemas policiales.
El crimen, supuesto objeto de la película, se produce tras hora y veinte minutos de preámbulo; el detective es una parodia de Hércules Poirot, que en lugar de recoger pistas borra huellas dactilares, desestima personajes esenciales y se centra en falsos indicios.
Altman estuvo en la sección oficial de la Berlinale no con rango de concursante, sino para exhibir su película y recibir el homenaje del festival a toda su carrera, en la sesión de gala, por la noche.
El reverso de la medalla a la agradable sorpresa de Olesen y la veteranía de Altman fue la alemana "Der Felsen", segunda película a concurso en la jornada de este domingo.
El film, dirigido por Dominik Graf, es el segundo representante del cine germano en esta Berlinale, tras "Heaven", que abrió el festival, y a la espera de las restantes "Halbe Treppe", de Andeas Dresen, y "Baader", de Christopher Roth.
Si "Heaven" supo a poco o incluso enojó a los que esperaban algo más consistente para una inauguración del festival, "Der Felsen" fue recibido incluso con algún abucheo -aunque mezclado con aplausos-.
Filmada con cámara digital y con amagos de cine experimental, la película trata de escrutar la desesperación de una turista alemana en Córcega, a la que acaba de dejar su amante y que encuentra rápido repuesto en un delincuente juvenil.
El resultado es un despropósito, que va de lo pretencioso a lo absurdo, basado en la exhibición de una chica boba y rubia, que echa por tierra los esfuerzos por reintegrar a la sociedad a muchachos perdidos, solo porque la ha dejado plantada un novio al que finalmente parece que ni siquiera quería. EFE gc/ma/emr

jueves, 7 de febrero de 2002

Vamos a lo serio


"Bloody Sunday" y hang Yimou imprimen buen rumbo a la Berlinale

por Gemma Casadevall
 
Berlín, 7 feb (EFE).- La Berlinale tomó buen rumbo hoy con un impactante exponente de cine político, "Bloody Sunday", mientras Zhang Yimou dio una nueva lección de maestría en "Happy Times", que pese a exhibirse fuera de competición eclipsó a la concursante "Bridget", de Amos Kollek.
La película del director británico Paul Greengrass sobre los orígenes del conflicto norirlandés subsanó el traspiés de la jornada inaugural -con una floja "Heaven", del alemán Tom Tykwer- y arrancó la primera ovación del 52 Festival de Cine de Berlín.
Filmada en formato "falsamente" documental, "Bloody Sunday" dio la nota de autenticidad y dramatismo que la Berlinale necesitaba para dar por realmente abierta la competición por los Osos.
Lo que se relata son hechos sabidos -el baño de sangre en que derivó una manifestación pacífica, en Derry, con 13 muertos y 14 heridos-, hace ahora treinta años.
Greengrass pone en escena un equipo mixto de actores y testigos reales e irrumpe, cámara al hombro, en el caos de los disturbios que empezaron como "habituales" en una Irlanda escindida entre católicos y protestantes, pero que han quedado inscritos en la historia como inicio de una guerra civil.
Entre los actores profesionales está James Nesbitt, en el papel del diputado Ivan Cooper, quien lucha por impedir que alborotadores, francotiradores del IRA, el ejército británico o sus propios sentimientos echen por la borda la marcha por los derechos cívicos.
Entre los que vivieron esa realidad está Simon Mann, en el papel de coronel Wilford, quien como soldado británico sirvió en Irlanda, así como ciudadanos de Derry, que participaron activa o involuntariamente en los disturbios.
"Trabajamos con gente que estuvo ahí, hace treinta años. No actúan, sino que reviven la desesperación de entonces, la rabia, la impotencia", explicó Greengrass, ante la prensa de la Berlinale.
"Nadie puede decir a ciencia cierta qué ocurrió. Fue una mezcla de caos, desorden y miedo, también por parte de los soldados", dijo.
Su "Bloody Sunday" es un intento de reconstrucción de una realidad manipulada por Londres -para justificar un baño de sangre derivado del desproporcionada operativo militar- y convertida en leyenda heroica en Irlanda del Norte.
A Greengrass podría reprochársele que tira la piedra y esconde la mano en las situaciones más difíciles -como el papel del IRA como agente provocador- y que disfraza su película de "documental", cuando en realidad toma partido y asume el papel de la denuncia.
Por suerte, la prodigiosa cámara de Ivan Strasburg hace algo más que plasmar el caos de ese 30 de enero de 1972: es un "transmisor" de tantos otros conflictos, en que la población civil lucha con argumentos o con las armas contra un ejército ajeno.
Greengrass compartió el protagonismo con Zhang Yimou, de quien se exhibió "Happy Times", un nuevo ejemplo de cómo de puede tocar la fibra a través de la sencillez.
El nombre del director chino tiene connotaciones legendarias en la Berlinale, que "presume" de haber descubierto el cine asiático desde que en 1987 Zhang se llevó el Oso de Oro con "Sorgo Rojo".
Los veteranos recuerdan que el pase para la prensa se hizo con una sala casi vacía, puesto que muchos optaron ese día por darse un respiro ante el anuncio de "una película china" de un desconocido.
Quince años después, la historia de una tropa de desarrapados que monta un simulacro de salón de masajes para que una muchacha ciega viva la ilusión de tener trabajo se incluye en la sección oficial, aunque fuera de concurso, como una de las joyas de esta Berlinale.
El contrapunto fue "Bridget", del israelí-estadounidense Amos Kolleck, quien insiste en su serie de culto a su musa, Anna Thomson, convertida en mujer castigada por las drogas, el sexo y la vida misma en un Nueva York agresivo y poblado de perdedores.
"Es una película hecha de personajes desesperados, al borde del abismo pero con el impulso de salir adelante", explicó Kollek.
Kollek exprime la morbosidad física de Thomson -extrema delgadez y busto igualmente extremo- para abundar en su versión de mujer maltratada.
Ver a Thomson por cuarta vez al servicio del director -tras "Sue lost in Manhattan", "Fiona" y "Fast food, fast woman"- se recibió como un exhibicionismo monótono, destinado a los incondicionales de la actriz. EFE gc/gsm/mr

miércoles, 6 de febrero de 2002

Apuesta prematura



Tykwer abrió el desfile con un tributo a Kieslowski

Por Gemma Casadevall Berlín, 6 feb (EFE).- El alemán Tom Tykwer abrió hoy la Berlinale con "Heaven", un cuento romántico con esencias de Krzystof Kieslowski, fotografía mística y ritmo exasperantemente lento, que supo a poco para la inauguración de un Festival Internacional en el que algunos pronostican una victoria del cine local.
El amor como fuerza superior a cualquier cosa -incluida la culpabilidad de una guapa terrorista que mata a cuatro inocentes- es el tema del film con que se inició la carrera de las 23 candidatas a llevarse los premios de esta LII Berlinale.
La elección de Tykwer se inscribe en la apuesta a favor del cine alemán actual del nuevo director del festival, Dieter Kosslick, que ha incluido la mayor representación germana a concurso -nada menos que cuatro filmes- de los últimos doce años.
"Deseaba estar a toda costa en la Berlinale", admitió Tykwer, al término del pase para la prensa, donde presentó "Heaven" como una amalgama "multinacional".
Su protagonista es australiana -Cate Blanchet-, los guionistas polacos -el fallecido Kieslowski y su continuador, Kryzsztf Pieseiewicz-, ha sido rodada en Italia, los diálogos alternan en inglés y en italiano y ha sido producida entre Berlín -la modesta X-Filme de Tykwer- y EEUU -nada menos que por Anthony Minghella, el director de "El paciente inglés." La suma de todos estos ingredientes y la reputación de Tykwer como joven talento -su anterior "Corre, Lola, corre" se recibió como un revulsivo frente al anquilosado panorama alemán-, hacía prever un buen comienzo para el desfile de realizadores germanos.
"Heaven" arranca bien, con una convincente Blanchet convertida en terrorista accidental y un bien filmado atentado a la desesperada, contra el jefe de una mafia que vende drogas a escolares, pero en el que mueren un padre, dos niños y una mujer de la limpieza.
Lo siguiente es una historia de amor entre un inexperto "carabiniere" y la chica en cuestión, que deriva en fuga poética de ribetes místicos por la cuadriculada topografía urbana de Turín, primero, y las suaves colinas de la Toscana, después.
"Por encima de la culpa, de la responsabilidad sobre un acto terrible o la expiación de ese pecado, me interesaba plasmar la fuerza del amor como algo capaz de trastocar hacia lo positivo lo más negativo de uno mismo", explicó Tykwer, quien se definió como un "ateo espiritualista".
El realizador descartó cualquier influencia de los atentados del 11 de septiembre contra Estados Unidos para el arranque de su historia: la chica, a la que se ha visto tomando clases para pilotar helicópteros por ordenador, hace estallar su bomba en un rascacielos.
"Para cuando ocurrieron esos horribles atentados la película estaba en su fase final", aseguró, a la pregunta de un periodista norteamericano acerca de si semejante motivo no iba a provocar reacciones de rechazo ante el público estadounidense.
Pero, más allá de los paralelismos concretos con los atentados contra las Torres Gemelas o la insistencia de Tykwer en mantener que "no es una película sobre terroristas", "Heaven" dejó en la Berlinale cierta sensación de cuento bien filmado, pero flojo.
Tykwer cae en el tópico cuando recorre la "Bella Italia" -de la boda de pueblo en la Toscana a los mafiosos vínculos de los "carabinieri", pasando por el "revolcón" de un lechero y su novia, a pleno sol y en medio de Turín-.
La poética fuga de la chica y su enamorado carcelero, con parada en una peluquería de pueblo donde se someten a un simbiótico rapado capilar, se resuelve con una lentitud extrema, que trata de rendir tributo a Kieslowski, pero resulta exasperante.
Tykwer se ha arriesgado y ha pasado del ritmo trepidante de "Corre, Lola, corre", su película revelación, a este viaje místico por los paisajes italianos.
La prensa internacional acogió "Heaven" con simpatía, como valorando la valentía de Tykwer en su elección del fallecido director polaco para su primera película con un guión ajeno.
Pero, pese a "jugar en casa" y presentarse apuntalado por Blanchet, su simpático protagonista masculino -Giovanni Ribisi- y el propio Minghella, el pase de "Heaven" dejó la sensación de que los esfuerzos de Kosslick por favorecer a la industria nacional no cuadran para una apertura internacional. EFE gc/dm/fpa


Insistiendo en Tykwer

Tykwer inaugura la Berlinale y el desfile de nuevos talentos

por Gemma Casadevall Berlín, 6 feb (EFE).- La película "Heaven", del alemán Tom Tykwer abre hoy la 52 edición del Festival de Cine de Berlín, la Berlinale, y también la carrera por los Osos del certamen, en la que competirán 23 filmes, entre ellos "Piedras", del español Ramón Salazar.
Tykwer, uno de los valores más sólidos de la actual generación del cine alemán, romperá el hielo de la ronda de competición con una historia de amor y suspense, en la gala inaugural de esta noche para la que está anunciada la presencia del canciller Gerhard Schroeder.
La película ha sido rodada en Italia, en inglés e italiano, y está basada en un guión del polaco Krzistof Kieslowski, con la australiana Cate Blanchett en el papel principal.
A pesar de esa mezcla de idiomas y paternidades y de tratarse de una coproducción germano-estadounidense, la elección de ese film para la apertura es una clara apuesta por la industria nacional.
Dieter Kosslick, quien este año se estrena en la dirección de la Berlinale, anunció hace meses su propósito de dar un papel relevante al cine alemán y ha cumplido esa promesa.
Cuatro películas alemanas a competición, más la inclusión en la sección oficial, aunque con carácter de exhibición, de "Viel passiert", de Wim Wenders, son más que un gesto de buena voluntad, tras los veinte años con Moritz de Hadeln como director, en que Alemania se sentía maltratada por su festival más internacional.
De Hadeln justificaba la falta de presencia autóctona en la Berlinale con el argumento de que la gran mayoría de productos nacionales son comedias "domésticas" de consumo interno, en los que "éxitos sorpresa", como "Corre Lola corre", del mismo Tykwer, eran excepciones que confirmaban la regla.
Las cuatro películas a concurso en esta 52 edición forman la representación alemana más generosa en una Berlinale desde hace doce años y coincide, precisamente, con el fin de la "era de Hadeln".
Junto a Tykwer competirá Christopher Roth, con "Baader", un film sobre el líder de la RAF, Andreas Baader, que apuntala la sensación de que a la racha de películas "sobre nazis", como tema obligado alemán, sigue la del terrorismo -el precedente más cercano fue "La leyenda de Rita", de Volker Schloendorff, hace dos años-.
Los otros dos filmes alemanes son "Der Felsen", de Dominik Graf, y "Halbe Treppe", de Andreas Dresen -quien hace un par de años pasó ya por la Berlinale con "Nachtgestalten"-.
Por si faltaba "sabor germano", Costa Gavras presentará "Amen", basada en la obra "Der Stellvertreter", del alemán Ralf Hochhuth, y sobre las relaciones entre la iglesia católica y el Tercer Reich, sin olvidar a otro maestro, Bertrand Tavernier, con "Laissez passer", sobre la resistencia antinazi en la Francia ocupada.
La "segunda" gran protagonista europea será el vecino francés, representada por Tavernier y el mismo Costa Gavras -acude al frente de una producción gala-, así como por Francois Ozon -con "8 femmes"- y Otar Iosseliani -"Lundi Matin"-.
Italia tendrá un solo defensor, Silvio Soldini -"Brucio nel vento"-, al igual que Grecia -"Dekapentavgoustos", de Constantinos Giannaris-, Irlanda -"Bloody Sunday", de Paul Greengrass- y Gran Bretaña -"Iris", de Richard Eyre-.
Más llamativa aún es la escasa presencia de Estados Unidos, con tres producciones cien por cien "made in USA" -"The shipping news", de Lasse Hallstroem; "The royal Tenenbaums", de Wes Anderson, y "Monster`s Ball", de Marc Foster.
Pese a su pobre presencia en competición, al cine americano no le faltará atención informativa, puesto que uno de los platos fuertes de esta Berlinale será la proyección, fuera de concurso, de "A beautiful mind", de Ron Howard, presente en Berlín poco después de las designaciones a los Oscar.
También como exhibición se proyectará "Gosford park", de Robert Altman, quien será uno de los homenajeados de esta Berlinale, junto con Milos Forman, Claudia Cardinale y, a título póstumo, Charlie Chaplin, algunos de cuyos descendientes estarán en Berlín para la proyección de "El gran dictador", que cerrará el festival.
La Berlinale tiene, pues, garantizado el desfile de estrellas y "glamour" en sus doce días de vida, sea gracias a las concursantes francesas -que traerán la presencia de Catherine Deneuve, Fanny Ardant y algunas divas más-, o de los "invitados" de EEUU, como Russel Crowe -por parte de la película de Howard-. EFE gc/ih-op

martes, 5 de febrero de 2002

La previa


Cine de contenido político y jóvenes talentos, a por los Osos

por Gemma Casadevall Berlín, 5 feb (EFE).- El Festival de Berlín, la Berlinale, entra en una nueva etapa en su 52 edición, en la que asume sus riendas el director Dieter Kosslick con el desafío de regresar al cine de contenido sin renunciar al espectáculo, con "A beautiful mind" entre los focos de atención, aunque se proyecte fuera de concurso. 
"Heaven", del alemán Tom Tykwer, abrirá mañana el desfile de las 23 películas a concurso, como claro exponente de uno de los propósitos "confesos" de Kosslick: dar protagonismo a la nueva generación de talentos. 
Los doce días de vida de la Berlinale brindarán la oportunidad de debutar en un escaparate internacional a Ramón Salazar, con "Piedras" -única producción española a competición- o al australiano Ivan Sen, con "Beneath Clouds". 
Estarán en reñida competencia con grandes nombres, como Bertrand Tavernier o Costa Gavras, con cine de alto voltaje político: el primero, con "Laissez passez", un film sobre resistencia y colaboracionismo en la Francia ocupada, y el segundo con "Amen", sobre las relaciones entre la Iglesia y el Tercer Reich. 
También como cine de contenido vienen etiquetadas "Bloody Sunday", de Paul Greengrass, sobre la brutal carga británica de 1972 en Irlanda del Norte, o "Baader", de Christopher Roth, sobre el fundador de la banda terrorista RAF, Andreas Baader. 
Marc Foster presentará "Monster`s ball", un film sobre un verdugo que se enamora de la mujer de uno de sus ejecutados, con el racismo latente en el sur de EEUU como telón de fondo. 
Kosslick parece decidido a romper con la tónica de su predecesor, Moritz de Hadeln, que en sus más de dos décadas en el cargo centró sus esfuerzos en traerse al gélido Berlín algo del "glamour" de su rival, Cannes, generalmente con escaso éxito. 
La 52 Berlinale tiene asegurada su porción de divismo, gracias en primera línea a Francois Ozon, quien concentra en "8 femmes" a varias generaciones de hermosuras galas, como Catherine Deneuve, Fanny Ardant, Danielle Darrieux e Isabelle Huppert, a las órdenes de un musical sólo para mujeres con asesina dentro. 
El sueco Lasse Hallstroem aportará rostros "made in USA" en "The shipping news", con Kevin Spacey, Julianne Moore y Judi Dench, quien además comparte con Kate Winslet el papel protagonista de "Iris", de Richard Eyre, sobre la escritora Iris Murdoch. 
El resto de presencias estadounidenses a concurso corresponderá a "The royal Tennenbaums", de Wes Anderson, con Gene Hackman, Anjelica Huston y Ben Stiller, así como "Bridget", de Amos Kollek, con Anna Thomson, que a pesar de transcurrir en Nueva York lleva sello franco-japonés. 
Sólo tres producciones estadounidenses -las de Hallstroem, Anderson y Forster-, entre el total de 23 filmes a competición, parece poco para librar a la Berlinale del reproche de provincianismo contra el que luchó de Hadeln. 
Kosslick ha apostado claramente por lo europeo, sin temor a que se le tache incluso de doméstico por la inusual inclusión de hasta cuatro alemanes en pos de los Osos -"Halbe Treppe" y "Der Felsen", además de las citadas "Heaven" y "Baader"-. 
Pero el nuevo director tiene garantizada la expectación con "A beautiful mind", de Ron Howard, que se deslizará por la Berlinale fuera de concurso, pero cuya proyección en la capital alemana tendrá lugar pocos días después de las designaciones a los Oscar. 
Igualmente "glamourosa" se presenta la sesión de homenaje a Robert Altman, de quien se proyecta fuera de competición "Gosford Park", con Kristin Scott-Thomas y Emily Watson. 
Altman será, junto con Claudia Cardinale, uno de los homenajeados de esta 52 Berlinale, que tendrá también un lugar emotivo para Zhang Yimou, que presentará "Happy Times" -"Xingfu Shiguang"-. El debut del español Salazar devolverá a la Berlinale la presencia de Angela Molina -presidenta del jurado del festival en 1999-, a quien se espera acompañen algunas compañeras de rodaje, como Antonia San Juan y Najwa Nimri. 
"Piedras" irá custodiada por otras producciones españolas, fuera de competición, en las secciones Panorama y Forum. 
Ahí estarán el documental "Los niños de Rusia", de Jaime Camino; "En la ciudad sin límites", de Antonio Hernández; la hispano-argentina "Todas las azafatas van al cielo", de Daniel Burman, o la hispano-mexicana-alemana "Francisca", de Eva López. 
El realizador catalán Ventura Pons acude, por quinto año consecutivo, a la sección Panorama de la Berlinale con "Food of love", rodada en inglés y basada en una novela de David Leavitt. EFE gc/gsm/pq

domingo, 18 de febrero de 2001

Palmarés 2001





Y en eso llegó Martel, Lucrecia


La Intimidades de Chéreau ganaron en Oro en una Berlinale afín al riesgo

Gemma Casadevall 

Berlín, 18 feb (EFE).- "Intimacy", de Patrice Chéreau, ganó el Oso de Oro de la Berlinale por decisión de un jurado internacional que favoreció un proyecto atrevido, como es este controvertido filme de crudo contenido erótico, mientras que dio un premio de consolación al favorito, "Traffic". 
La inmersión de Chéreau en las citas sexuales de una pareja fue la gran vencedora del 51 Festival Internacional de Cine de Berlín, ya que además de conseguir el máximo premio dio a Kerry Fox el Oso de Plata a la mejor interpretación femenina y se llevó también el Angel Azul a la mejor película europea.

Bildergebnis für intimacy chereau berlinale

El Oso de Plata-Gran Premio del Jurado, segundo en importancia de la Berlinale, se fue hacia el ámbito asiático, con "Shi qi sui de dan che" ("Beijing bicycle", de Wang Xiaoshuai), mientras que la danesa "Italiensk for Begyndere" (Italiano para principiantes) se llevó otro Oso de Plata del jurado, sin la mención "gran premio". 
La Berlinale galardonó, asimismo, "La ciénaga", de la argentina Lucrecia Martel, con el premio Alfred Bauer al mejor debut cinematográfico, mientras que Raúl Pérez Cubero, director de fotografía de la española "You`re the one", de José Luis Garci, obtuvo un Oso de Plata a la mejor contribución individual. 
En cambio, "Traffic", aspirante a cinco Oscar y claro favorito también de todas las "quinielas" de la Berlinale, tuvo que conformarse con la plata para el actor Benicio del Toro. 
El jurado, presidido por el estadounidense William Mechanic, optó por lo difícil con su decisión a favor de Chéreau, puesto que la película había suscitado división de opiniones entre la crítica internacional e incluso fue catalogada por algunos de pornográfica. 
"¿Pornografía? ¿Pero dónde estamos? La Berlinale no es el Vaticano", exclamó Moritz de Hadeln, director del festival, en un aparte ante un reducido grupo de periodistas, inmediatamente después de darse a conocer el veredicto. 
Los 35 minutos de sexo tal cual, sin aditamentos ni falso "glamour", del total de 119 minutos del film habían causado cierto desconcierto en la Berlinale. 
Otros consideraban que Chéreau se había quedado meramente en la superficie en su irrupción en las intimidades de dos seres que se sumergen en su sesión semanal de sexo como lobos hambrientos hasta que descubren que ahí hay amor. 
Por si ello fuera poco, el filme se incluyó en la sección a concurso gracias a una cláusula de excepción de Hadeln, ya que según el reglamento de la Berlinale no puede concursar ningún filme proyectado ya en otro festival. 
"Intimacy" se había visto en Sundance, en enero, pero el director de la Berlinale recurrió a una fórmula del reglamento que le faculta para autorizar, a título de excepción, un filme ya exhibido. 
Al jurado no le ha afectado la división de opiniones en torno a ese filme, ya que su decisión fue por unanimidad, como explicaron a EFE dos de sus miembros, el crítico español Diego Galán y el director argentino-brasileño Héctor Babenco. 
"Un festival está para apoyar las películas que necesitan de ese apoyo y no a aquellas que, de por sí, lo tienen todo garantizado", explicó Galán. 
En cambio, la supuesta gran aspirante, "Traffic", no "apareció como tan completa ni indiscutible como otros creían o al menos no lo fue para todos nosotros", continuó Galán. 
El crítico español hizo hincapié en la palabra "unanimidad" y aseguró no estar impresionado por los abucheos recibidos al darse a conocer el veredicto. 
Babenco añadió que, de no haberse alzado ganadora "Intimacy", probablemente el gran beneficiado no hubiera sido el filme de Steven Soderbergh -"nunca estuvo entre los primeros"-, sino "La ciénaga". 
"El filme de Lucrecia Martel se hubiera llevado probablemente un segundo o tercer premio del escalafón del palmarés porque contó con la buena apreciación unánime, pero al aparecer `Intimacy` desbarató esa estructura de premios", explicó. 
Por otro lado, en el reparto de galardones menores se percibía asimismo un gesto de reconocimiento a De Hadeln, quien este año se despide como director tras veintidós años al frente de la Berlinale. 
Para el veterano máximo responsable del festival, el mundo asiático es una "segunda patria cinematográfica" y en este año de despedida había incorporado cinco producciones de ese ámbito entre los veintitrés títulos a concurso. 
Junto al Oso de Plata del jurado a la película de Wang Xiaoshuai -definida como una réplica u homenaje al "Ladrón de bicicletas"-, la taiwanesa "Ai ni ai wo" ("Betelnut beauty") mereció el Oso de Plata al mejor director, Ling Chen-Sheng. 
Asimismo, la protagonista femenina de ese film, Angelica Lee Sinje, se llevó el premio femenino para "nuevos talentos" de interpretación, mientras que el equivalente masculino fue, ex aequo, para Cui Lin y Lin Bin, por el ladrón de bicicletas pequinés. EFE gc/ih/egn/emr

sábado, 17 de febrero de 2001

Adiéu Moritz


De Hadeln pasa página con un festival de alto nivel

Por Gemma Casadevall 


Bildergebnis für moritz de hadeln

Berlín, 17 feb (EFE).- La Berlinale cerrará mañana un capítulo de la historia y dirá adiós a su director, Moritz de Hadeln, quien deja el cargo tras más de dos décadas de gestión con el orgullo de haber ofrecido un festival de alto nivel. 
De Hadeln se ha prometido no caer en la melancolía cuando mañana, con la proyección de "2.001: una odisea del espacio" y el reparto de los Osos, ponga fin a su etapa como "Señor de la Berlinale". 
Nacido en Gran Bretaña en 1940 y formado entre Italia, Francia y Suiza, desembarcó en la Berlinale en 1980 tras recibir una llamada del ministerio alemán del Interior, de quien dependía el festival. 
"Estaba haciendo la siesta y me sobresalté, porque pensaba que ese departamento solo se ocupaba de cosas relacionadas con la RAF (Fracción del Ejército Rojo)", explicó a EFE. 
A la enigmática llamada siguió su contratación y un largo periodo equivalente a "más de cinco legislaturas", dice, durante las cuales han pasado por sus manos más de 700 filmes. 
Sus 22 años de gestión han sido polémicos y le han llovido palos: en los 80 tuvo una "revuelta de directores alemanes" por su supuesta falta de apoyo al cine anfitrión; también se le ha acusado de estar "vendido" a Hollywood y no haber conseguido dar a su festival el "glamour" de su directo rival europeo, Cannes. 
Pero ni siquiera sus detractores negarán que la "era Moritz" se cierra con un festival redondo, donde ha habido lugar para el mejor cine de EEUU -"Traffic"-, producciones arriesgadas -la argentina "La ciénaga"- o de industrias aún en mantillas -la bellísima "Little Senegal"- y, por supuesto, cine europeo -"Intimacy" o "Chocolat"-. 
"Siempre he intentado ofrecer el mejor festival", responde de Hadeln, con una sonrisa de autocomplacencia, a la pregunta de si quiso hacerse un "regalo de despedida" y dar una lección, de paso, a quienes le han achacado en estos años falta de olfato para el cine. 
"Lo que se muestra no depende siempre del director, sino de lo que hay a mi disposición. Esta no ha sido una Berlinale fácil, porque muchas películas han estado a punto en el último minuto y otras sencillamente no estaban disponibles", continúa. 
Otra dificultad añadida fueron los "defectos formales" de su despedida, de los que responsabiliza a Michael Naumann, hasta hace unos meses responsable de Cultura del gobierno alemán. 
"La manera en que se puso fin a mi trabajo tuvo algo de golpe de estado a la soviética", dice de Haldeln, quien recuerda que la decisión de Naumann saltó a la prensa la pasada primavera, desde Cannes, sin serle consultada y ni darle opción a prepararse. 
"Hubiera sido mejor hablar conmigo, concertarlo, contactar con un sucesor...", dice de Hadeln, quien a duras penas puede disimiular su antipatía o rencor por Naumann. 
Al margen de su interés por constatar ese aire moscovita de su cese o de hablar del buen nivel de su última Berlinale, a de Hadeln se le notan ganas de presentar su "cuaderno de buenas notas". 
"Mi máximo logro ha sido sobrevivir", dice en broma, "pero quizás de lo que más orgulloso me siento es de haber abierto la Berlinale a Asia", añade. 
El cine asiático es su "segunda patria cinematográfica" y ello se ha reflejado en la sección a concurso año a año -este 2.001 hay cinco títulos entre 23 concursantes-, especialmente desde que Zhang Yimou se llevó el Oso de Oro con "Hong gaoliang", en 1988. 
Otro de sus logros, dice, es haber "actuado de eje" entre las cinematografías del este y el oeste de Europa y haber superado tanto las dificultades derivadas del aislamiento berlinés, durante la Guerra Fría, como la gran mudanza, tras al caída del Muro. 
"Desde aquí, ahora, todo se ve muy fácil", dice, en alusión a la Potsdamerplatz, el corazón del "nuevo Berlín" y también la actual sede de la Berlinale. 
"Sin embargo, trasladar el festival desde su emplazamiento en los años de división, en el oeste, hasta aquí no estaba exento de riesgos", apunta, en referencia a las incomodidades y algún que otro desliz ocurrido el pasado año, primero tras la mudanza. 
A pesar de que él ya no estará ahí, De Hadeln se muestra convencido de que la Berlinale seguirá siendo un festival de primer orden porque, por mucho que las productoras se gasten millones en otros tipos de promoción, "siempre es más barato concentrarse en un lugar al que acuden 3.500 periodistas". 
Eso sí, no esconde el riesgo derivado de la extensión de nuevas tecnologías, como la digitalización, que impondrán otros métodos de distribución. 
"Internet es más rápido que nosotros y las distribuidoras deberán estrenar sus películas en cuanto estén, sin esperar a un festival", dice, por lo que será más difícil para Berlín, Cannes o Venecia convencer a un productor de que se sujete a su calendario. 
A punto de concluir su "mandato", de Hadeln insiste en que no habrá lágrimas en su adiós ni siquiera en la ovación de gala, cuando caiga el último telón de "era Moritz". 
Sin embargo, esta claro que, en ese momento y por una vez, la "estrella" de la Berlinale no serán los actores o realizadores, sino su director. EFE gc/jdl

viernes, 16 de febrero de 2001

Huraño Sean


Connery aporta un toque de veteranía en una historia de amistad interracial

Gemma Casadevall 

Berlín, 16 feb (EFE).- El actor Sean Connery dio un toque de veteranía de rango internacional a la lucha por los Osos de la Berlinale con "Finding Forrester", una historia de amistad entre un escritor blanco retirado y un chico negro del Bronx, que, además de hacer prodigios en baloncesto, tiene dotes para la literatura.
La película, dirigida por Gus Van Sant, trajo hoy a Berlín un aire de reencuentro entre viejos conocidos, en parte porque su temática recuerda peligrosamente a "El indomable Will Hunting" ("Good Will Hunting") que ese mismo realizador presentó en el festival hace tres años y dio un Oso de Plata a su protagonista, Matt Damon.
Ambos filmes parten de la situación del muchacho talentoso, pero pobre, que sale adelante con la ayuda de un veterano que lucha por él.
"Finding Forrester" aporta a esa temática varios puntos que no tenía su antecesora -como la diferencia racial, por ejemplo- pero se mantiene en la línea del cine "de buenos sentimientos".
Connery acudió a defender la película, de la que además de protagonista es productor, sin Van Sant y acompañado de Rob Brown, el muchacho de 16 años que un día irrumpe en la vivienda de un huraño escritor, jubilado de la literatura y también de la vida.
El actor escocés se presentó en la Berlinale dispuesto a mantener su papel y posó pacientemente con el brazo sobre el hombro de su debutante compañero de reparto, estupendo en su papel de silencioso e inteligente cómplice de un cascarrabias que no sale de casa ni para comprarse calcetines.
Pero la paciencia de Connery se acabó al ver que los flashes de los fotógrafos se prolongaban más allá de los cinco minutos pactados y protestó: "Por favor, esto es una democracia y a mí me fastidia la vista".
Tampoco parecía muy dispuesto a ofrecer un "show" de respuestas simpáticas o brillantes, como el protagonizado el jueves por otro "clásico", Kirk Douglas, quien esta noche recibe el Oso de Oro de la Berlinale al conjunto de su carrera, en una gala donde se proyectará "Senderos de gloria", de Stanley Kubrick.
La única concesión de Connery ante la prensa fue la exhibición de su característico "alzamiento de ceja" y algún que otro chiste cortés a preguntas como cuál es su secreto para ser el hombre más sexy del mundo: "Me temo que me lo llevaré (el secreto) a la tumba", contestó.
A Connery se le perdonó la falta de entusiasmo y se le festejaron cada una de sus ironías, de la misma manera que a "Finding Forrester" se le disculparon las referencias al anterior film de Van Sant.
El detalle de incorporar al final a Matt Damon -que repite, además, su papel de "El indomable Will Hunting"- se tomó como un guiño al espectador, como la ocurrencia de ilustrar un viejo libro del escritor -Connery- con una fotografía rescatada de sus tiempos de James Bond.
A pesar de su parquedad, el veterano actor escocés llenó con su presencia la Berlinale y protagonizó la más concurrida conferencia de prensa de este festival, ya que atrajo a más periodistas que el hasta entonces "récord" de asistencia, Kirk Douglas.
"Finding Forrester" compartió jornada con la única representante alemana en competición, "My Sweet Home", un filme dirigido por el griego Filippos Tsitos que pretende dar una imagen del Berlín multiétnico y multicultural de hoy.
Este largometraje cuenta el ir y venir de una pareja -él, estadounidense y ella, alemana- que no sabe si quiere casarse o no y monta una improvisada fiesta en un bar con unos personajes que parecen querer reflejar el mapamundi, ya que entre ellos se encuentran un brasileño, dos rusos, un marroquí, una griega o dos japoneses.
El filme tiene alguna escena simpática y la intención de representar a la constelación humana de los grandes núcleos urbanos, poblados por "personas que han perdido el sentido de la orientación y no saben a ciencia cierta si su país y su hogar es el que dejaron o aquél donde tienen a sus amigos", explicó Tsitos. EFE gc/cv/bjm/acm


De 1927 a 2001





La Berlinale se olvida del cine de hoy para sumergirse en Metròpolis

Por Gemma Casadevall 

Berlín, 16 feb (EFE).- La Berlinale se olvidó por unas horas de su propósito de mostrar lo más nuevo del cine para sumergirse en "Metrópolis", la obra maestra de Fritz Lang, que el festival alemán recuperó en la versión más extensa y fiel al original que se ha visto en los últimos setenta años. 
Alrededor de un millar de espectadores se sumaron anoche al núcleo de privilegiados que, en 1927, asistieron el estreno de esta joya del cine mudo alemán tal y como la quiso hacer Lang. 
La proyección de la versión reconstruida de "Metrópolis" gracias a la técnica digital fue al apogeo del homenaje al genio de Lang de esta 51 Berlinale, cuyo programa incluye una exhaustiva retrospectiva del cineasta. 
El Berlinale Palast, corazón del festival, se llenó a rebosar para ver esa filigrana técnica con un nueva banda musical, interpretada en directo por la Orquesta Sinfónica de la Radio berlinesa. 
Se trataba de una ocasión única para contemplar un "Metrópolis" lo más parecido posible al que filmó Lang entre 1925 y 1926, ya que desde 1927 y hasta ahora las copias que se pueden ver en filmotecas, televisión o vídeo corresponden a versiones posteriores a la "amputación" que sufrió por razones comerciales. 
Al original de Lang, con 153 minutos de duración y 4.189 metros, se le recortó una cuarta parte tras su estreno, en Berlín, porque a sus productores de Ufa les parecía excesivamente larga e imposible de comercializar dentro o fuera de las fronteras alemanas. 
La producción más cara de la historia del cine alemán de la época quedó no solo rebajada en cuanto imágenes, sino también en contenido -se quitó parte del texto, por atribírsele "tendencias comunistas"-, pero lo peor del caso fue que se destruyó el original. 
La Berlinale de este 2001 tuvo el honor de retroceder en el tiempo hasta 1927 para presentar un producto fruto de años de investigación a cargo de Enno Patalas, al que se califica de "detective del cine". 
El millar largo de berlineses e invitados internacionales se sentaron en el Berlinale Palast con una mezcla de veneración y curiosidad ante el prodigio, para soltarse progresivamente a la espontaneidad a lo largo de los 147 minutos de proyección -6 menos que el original, a pesar de todo-. 
Por mucho rigor histórico y ánimo general de homenaje, más de uno no pudo evitar soltar risas en los momentos más dramáticos de la película ante la gesticulación propia del cine mudo y algunos "efectos especiales", que al espectador de hoy le provocan cierta dosis de hilaridad o ternura. 
La orquesta, colocada "a pie de pantalla" para interpretar la nueva banda obra del compositor berlinés Bernd Schultheis, daba al conjunto más aire de solemnidad todavía, pero el público también necesitó su tiempo para acostumbrarse a la presencia de unos músicos "intrusos" e ignorar el crujir del paso de sus partituras. 
A pesar de esos detalles distorsionadores, el "Metrópolis" reconstruido arrancó una ovación entusiasta e iluminó los rostros más cansados de críticos y profesionales, algo fatigados ya en la recta final de un festival con más de 680 películas dentro. 
El aplauso final se dirigía tanto a la labor de Patalas, como a la posterior de Martin Koerber, el responsable del montaje último y de la incorporación de prodigios digitales que han permitido a "Metrópolis" recuperar la nitidez perdida con el paso del tiempo. 
Patalas consiguió tener prácticamente montado su rompecabezas de fragmentos y partituras, casi milimétricamente fiel, en 1986. 
El equipo de Koerber ha continuado el trabajo hasta enriquecer visualmente ese conjunto y recuperar el máximo el trabajo de los cámaras de entonces, Karl Freund y Günter Rittau. 
La rebelión de los esclavos humanos y la avalancha que se abate sobre la visionaria metrópolis creada por Lang y su esposa, Thea Von Harbou, revivieron así para la Berlinale. 
La exhibición de este clásico se enmarcó en la retrospectiva de completa de Lang, el director más emblemático de la República de Weimar de entreguerras, quien se exilio a Hollywood tras la irrupción en el poder de Hitler. 
No es que fuera un "perseguido" del nazismo -el Tercer Reich le ofreció un puesto de dirección para la industria del cine y su esposa ingresó en el partido nazi-, pero Lang sintió que no era en esa órbita donde quería plasmar su genio. 
El ciclo ha discurrido simultáneamente al festival, aunque el homenaje al cineasta empezó antes de la apertura de la Berlinale -el 7 de febrero- y se prolongará también más allá del cierre de éste -el domingo-. 
Desde enero y hasta abril, el Museo del Cine de Berlín exhibe una exposición monográfica, confeccionada con material de su propio fondo museístico, que recorre toda su obra, desde los visionarios "Dr. Mabuse" o "Mujer en la Luna", a su estancia en Hollywood y su retiro del cine, en los 60, así como su fugaz reaparición, de la mano de Jean-Luc Godard, para "El desprecio". EFE gc/mcd/pq


miércoles, 14 de febrero de 2001

Cine carnal



Chereau asombra con su irrupción en intimidades de sexo explícito

Por Gemma Casadevall 

Berlín, 14 feb (EFE).- El francés Patrice Chéreau desconcertó en la Berlinale con "Intimacy", una película de amor con muchas dosis de sexo explícito, mientras la polaca "Weiser" causó perplejidad por la oscuridad de un contenido que ni siquiera consiguió desentrañar su director, Wojciech Marczewski.
Los 35 minutos de sexo tal cual, sin trampa ni cartón ni atisbos de "glamour", del total de 119 minutos que dura la película, marcaron el paso de "Intimacy" por Berlín y probablemente también sus posibilidades de estreno en salas comerciales de ciertos países.
Chéreau tuvo que invertir buena parte de su rueda de prensa en explicar que la película "no va de sexo", sino de la relación entre un hombre y una mujer que cada miércoles se encuentran en un subterráneo de Londres para mantener una relación meramente carnal, sin hablarse ni intentar saber nada el uno del otro.
"Mi película se llama intimidad y va de eso", argumentó hoy, miércoles, el director francés, tras el pase de su largometraje para la prensa de la Berlinale.
"Hay sexo explícito, porque ese es el modo de comunicación entre ambos personajes, por lo menos hasta que se rompe ese pacto de silencio y uno busca saber más del otro", prosiguió.
Pero Chéreau no pudo evitar que, al margen de alguna pregunta a la "secundaria de lujo" que le acompañaba, la ex-musa de los Rolling Stones Marianne Faithful, prácticamente todas las cuestiones se refirieran a supuestos toques pornográficos -en opinión de algún periodista estadounidense- u otros aspectos epidérmicos del film.
Basada en la novela del mismo título de Hanif Kureishi, "Intimacy" recorre una relación que empieza como un desfogue sexual semanal entre dos adultos -ambos, padres de familia- para desembocar en confrontación, con un drama de Tennessee Williams como trasfondo.
Las escenas amorosas y también el hecho de que las imágenes más explícitas corresponden al sexo masculino -y no al femenino, como es habitual- hicieron mella en la Berlinale.
"Mi cuerpo no es perfecto, como tampoco lo es el suyo", respondió Chéreau, a la pregunta de una periodista acerca de por qué no dio algo más de "glamour" a su actriz -Kerry Fox-, frente al innegable atractivo físico de su amante -Mark Rylance-.
"Yo no hago cine con maniquíes como Claudia Schiffer, sino con personas de verdad, reales, como usted o como yo", dijo el director.
Chéreau trató de deshacer esos malentendidos y también los derivados de su decisión de rodar en inglés, y no en francés.
"No creo que el cine de amor sea una `specialité` francesa. Soy un director europeo y elijo el idioma en función del lugar en que transcurre mi historia", dijo Chéreau, quien hizo gala de sus dotes políglotas al responder alternativamente en su idioma natal, en inglés o en alemán, además de recordar que también habla español.
Al margen de esos equívocos, "Intimacy" dejó la sensación de haberse quedado a medio camino o, cuando menos, algo por debajo de la gran película que hubiera podido ser, a juzgar por la novela en que está basada y el microcosmos de personajes que surgen fuera de las paredes del subterráneo londinense.
Chéreau no consiguió un film redondo, pero sí dejó claro cuál era el mensaje de la producción con que compite en esta Berlinale.
"Weiser", en cambio, dejó una estela de confusión y hasta de impaciencia por la sobredosis de oscuridad de su contenido.
La película de Marczewski parte de los intentos de un adulto de desentrañar la enigmática desaparición, treinta años atrás, de un compañero de escuela, un niño judío marginado y vapuleado.
Ambos, el desaparecido y el que ahora le busca, pertenecían a un quinteto de chicos que se dedicaba a provocar explosiones con munición hallada en un antiguo arsenal y fue precisamente en una de esas detonaciones donde se "evaporó" aquél.
La película de Marczewski refleja el "antisemitismo latente, no virulento" -en palabras del director- que persiste en la sociedad polaca de hoy.
Pero, al margen de ese mensaje, no desvela qué ocurrió con ese muchacho, cuya última imagen le muestra entre descargas explosivas, o con la niña que fue su cómplice de malignos juegos infantiles.
"No todas las preguntas tienen respuesta. Si yo la tuviera para ésta, el final de mi película hubiera sido otro", fue la explicación de Marczewski.
La jornada de la sección oficial de la Berlinale se completó con la exhibición, fuera de concurso, de la película de Emir Kosturica "Super 8 Stories", un documental sobre la banda musical fundada por él mismo en 1986, de la que su hijo Stribor es el "cerebro".
El film es exactamente lo que sugiere el título: un reportaje con aire de fiesta familiar con diversas actuaciones y giras del grupo, bautizado como "No Smoking", intempestivas broncas de camerino entre sus miembros y algún toque "social" sobre la situación en Serbia, el polvorín de los Balcanes. EFE gc/dm/bjm/cbm

lunes, 12 de febrero de 2001

La sutileza no es lo suyo


Spike Lee desembarca en la Berlinale con una nueva muestra de cine negro militante

Por Gemma Casadevall 

Berlín, 12 feb (EFE).- "Bamboozled", el último exponente de cine "negro militante" de Spike Lee, y "Joint security area", sobre el conflicto intercoreano, dieron hoy el toque político a la Berlinale con dos perspectivas opuestas sobre las posibilidades de superar -o no- las fronteras entre vecinos.
Ocho años después de pasear con éxito en Berlín su "Malcolm X" -Oso de Plata al actor Denzel Washington, en 1993-, Lee regresó con otra dosis de denuncia contra el racismo en Estados Unidos.
Su historia no gira esta vez en torno a un héroe de la comunidad negra, sino a un guionista de color necesitado de diseñar un producto capaz de disparar los índices de audiencia de una cadena de televisión.
Pero su intención sigue siendo la de entonces: mostrar la "opresión permanente de un pueblo, 400 años después de la abolición de la esclavitud", según palabras del director.
Con ese mensaje presentó Lee su "Bamboozled", una película rodada con técnica digital por razones de presupuesto, porque, según el director, no se encontró un productor dispuesto a arriesgar más dinero en el proyecto.
Los imperativos económicos no han estropeado el producto, sino todo lo contrario, ya que en el aire experimental y "barato" del filme está precisamente su mayor encanto.
Al máximo representante del cine afroamericano se le aguardaba en Berlín con escepticismo, ya que su película fue recibida en su país con críticas de exagerada y excesivamente brutal.
Esta fue también la impresión que dejó en Berlín, sobre todo por el baño de sangre en que acaba la idea del guionista de resucitar los antiguos shows de actores con el rostro embadurnado de negro, inmensos labios pintarrajeados "de rojo amapola" y bailando claqué en los campos de algodón para divertir a los blancos.
Lee se defendió de quienes le acusan de haber exagerado el tono y ser poco sutil -por no decir dogmático-, con una arriesgada comparación entre la situación de los negros y la persecución nazi.
"En mi país oigo a diario cientos de veces la palabra Holocausto y a nadie le parece excesivo. ¿Por qué debo justificar ahora que vuelva a tratar de la opresión de otros pueblos?", dijo Lee.
El realizador entró igualmente en terreno pantanoso al ser preguntado sobre uno de sus personajes, una relaciones públicas, de ascendencia judía, a la que se adjudica la misión de poner remedio a la indignación que causa el "show" entre los negros.
"No hay ninguna regla que obligue a presentar a un judío como un ser cien por cien perfecto", fue la respuesta de Lee, que a pesar de ello dio la sensación de antisemitismo mejor o peor disimulado.EFE
gc