martes, 11 de febrero de 2003

Del sexo explícito de 2001 a la hemorragia de 2003

Chéreau retrata la decrepitud y Schmid muestra la otra Alemania

Gemma Casadevall 

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Berlín, 11 feb (EFE).- Patrice Chéreau dio una de sus lecciones de retratismo, aplicada a la degradación física por una enfermedad mortal, mientras que Hans-Christian Schmid mostró la Alemania pobre y fronteriza en una jornada que se completó con una especie de "Mortadelo y Filemón" holandés que desconcertó a la Berlinale. 


"Es la historia de una agonía, de la decrepitud física hasta la muerte", explicó Chéreau tras el pase de esa película, rodada en escenarios que van de una habitación compartida de un hospital a la playa donde el protagonista decide apurar sus últimos días. 
"Me surgió ese guión en un momento de vacío, con seis meses por delante sin un proyecto concreto, y me lancé a él", dijo Chéreau. 
El retrato de la agonía, narrada desde la perspectiva del hermano del enfermo, no da ni un momento placer o relax al espectador. 
Chéreau refleja en toda su crudeza la vida interna hospitalaria, con rostros, dependencias y puertas que recuerdan a una institución penitenciaria. El hombre joven que ingresó en el hospital queda despojado de todo derecho a la intimidad y obligado a convivir con las heridas y visitas familiares de sus compañeros de habitación. 
El director francés no ahorra al espectador largas secuencias del rasurado integral del enfermo -tórax, axilas y pubis- por dos enfermeras que actúan con esa eficiencia fría requerida por el personal hospitalario para no desmoronarse. 
Implicarse excesivamente en el dolor es tabú en esa profesión, como lo es para Chéreau, que se queda con su tarea de "retratista". 
Para algunos, "Son frere" es una nueva exhibición de sus temas recurrentes -incluida su obsesión por el cuerpo masculino y las escenas homosexuales-. Para otros, un exponente de la realidad del desmoronamiento de un ser humano, minado por la enfermedad. 
Al veterano Chéreau siguió un joven valor alemán, Schmid, quien recordó a la Berlinale que la Potsdamerplatz, territorio de flashes y "glamour" estos días, es también el destino de inmigrantes ilegales polacos, ucranianos y rusos que buscan un puesto de trabajo, generalmente en la construcción, entre los rascacielos del nuevo Berlín. 
La capital alemana es solo un referente en el filme, puesto que "Lichter" -"Luces lejanas"- discurre principalmente entre Fráncfort del Oder y Slubice, a uno y otro lado de la frontera germano-polaca. 
"Quise reflejar una realidad para muchos desconocida, pese a estar a menos de una hora de trayecto en coche", explicó Schmid. 
El joven director alemán logra su propósito. El Festival de Cine quedó confrontado, de pronto, con una Alemania que nada tiene que ver con la imagen de una sociedad de bienestar. 
En Fráncfort del Oder el paro está en el 20 por ciento, recuerda el film. Y los que tienen trabajo, no están tampoco a cubierto, como comprueba un sufrido vendedor de colchones en la ruina, desahuciado por unos créditos que no podrá asumir. 
El panorama laboral y humano en esa región fronteriza alemana no es mucho mejor que en el lado polaco. Pero ello no frena el flujo de inmigrantes a través de Polonia. Unos acaban en manos de traficantes humanos sin escrúpulos, a otros les sale al paso un alma generosa. 
La Alemania pobre se asomó con "Lichter" a la Berlinale, un festival que no disimula ya sus estrecheces presupuestarias -esa es la explicación oficial a todos sus recortes de este año, como supresión de intérpretes y recortes de otros gastos-. 
"Bienvenido a la realidad", se dice en el film de Schmid. Alemania no es lo que era y los recortes y molestias que percibe el visitante internacional en los diez días de vida de la Berlinale, no es más que su superficie. 
La crudeza de Chéreau y de Schmid tuvieron un contrapunto: "Ja zuster, nee zuster", un musical holandés de Peter Kramer, que fue recibido en la Berlinale como lo hubiera sido la inclusión a concurso de "Mortadelo y Filemón": como un cuerpo extraño. 
La estridente parodia somete al espectador a curiosas réplicas de "Singing in the Rain", cantados en un exageradamente gutural holandés y con mímica y vestuarios propios de un carnaval gay. 
Quizás se incluyó para aligerar una sección oficial sobrecogida por películas alrededor de la muerte, la enfermedad o el suicidio, como el "Son frere" de hoy, o "My Life Without Me", de Isabel Coixet, y "The Hours", de Stephen Daldry. La Berlinale lo acogió con una desbandada general, hasta el punto de que en el primer pase de prensa la sala quedó vacía. EFE gc/gsm/egn

lunes, 10 de febrero de 2003

Coixet: "Huí de la autocompasión"


Gemma Casadevall

Berlín, 10 feb (EFE).- Isabel Coixet regresó con "My Life Without Me" a la Berlinale, esta vez a la sección a concurso y en pos de los Osos, siete años después de presentar en ese festival con carácter de exhibición "Cosas que nunca te dije" y decidida a apostar por el cine con sensibilidad, pero no por las sensiblerías. 


"Afronté la película convencida en que la respuesta ante la propia muerte, sin opción a esperanza de vida, no debe ser la autocompasión", afirmó la realizadora catalana. 
El riesgo a caer en dramatismos lacrimógenos era grande, teniendo en cuenta los ingredientes del filme: mujer de 23 años de clase obrera, que vive en una caravana, con dos niñas y un esposo a los que adora, un padre al que no ve porque está en la cárcel y una madre con la que no puede contar. 
"No quería exponer en mi película la decadencia física, la agonía, las distintas despedidas -del esposo, de las niñas...- Quería presentar a una mujer que, ante el anuncio de su muerte, se da cuenta de que apenas ha vivido, porque solo se ha quedado en la superficie de la vida", continuó la directora. 
Ann, personaje interpretado por Sarah Polley, optará por esconder ese secreto -"a veces, la mentira es saludable"- y no dejarse hundir por la terrible realidad. Solo en una ocasión, ante el caso de una vecina que le cuenta la muerte de sus dos hijos siameses, se deja vencer por el llanto no a escondidas. 
Rehusará, asimismo, a someterse a tratamientos, más allá que tomar calmantes, "por temor, y con razón, a que las terapias a la desesperada se conviertan en la cárcel donde transcurriría el poco tiempo que la queda". 
Para Coixet, el mensaje es que "la vida es corta, para algunos dramáticamente corta" y por lo tanto no hay que desperdiciarla ni amargando a los demás ni con sacrificios propios. 
La opción de su personaje es la exploración de todo eso que hasta entonces no ha vivido, incluido el sexo con alguien que no sea su esposo, a pesar de que ama y se sabe amada en su matrimonio. 
Ann incluye en la lista de "deberes" que se impone, ante la muerte que acecha, acostarse con otro hombre, "lo que tiene mucho más valor que si hubiera elegido a una mujer infeliz en el matrimonio, que echa todo por la borda al enterarse de su muerte inminente". 
Coixet afirmó que la experiencia extremadamente dolorosa de su película le ha servido a ella misma para "ayudar a superar las propias angustias", pero también que la ha marcado profundamente, hasta el punto de que por ahora no tiene otros proyectos "porque aún tengo que asimilar" el resultado final de lo que cuenta ésta. 
Tampoco sabe si la próxima película será también "en inglés y "rodada en algún lugar del extranjero, quizás Islandia" -bromeó-, tras haberlo hecho en Estados Unidos, con "Cosas que nunca te dije" y en Canadá, con "My Life Without Me". 
"La cuestión del idioma y el lugar no son determinantes. Una de las cosas buenas que tiene el cine es que te da esa libertad de expresarte, no importa dónde o cómo", argumentó. "Sería una pena que solo pudiéramos filmar en nuestro barrio, en nuestra ciudad o en nuestro país". 
Coixet se confesó cansada de tener que responder "treinta veces" al día a esa eterna cuestión y explicó, asimismo, que tal pregunta se le formula casi siempre en su país, pero no fuera de él. 
"Cuando ruedo en Estados Unidos, como en Canadá, nadie me pregunta qué hace una chica como yo en un país como ese. En España, es una especie de curiosidad constante", dijo la cineasta, quien rodó en Galicia su anterior cinta, "A los que aman" (1998). 
Pese a la cálida acogida a "My Life Without Me", Coixet aseguró que no sueña con llevarse un Oso de la Berlinale
"Con las películas que se están viendo aquí, con ese `The Hours` y esa Virginia Woolf, cómo me lo van a dar a mí", dijo, para ironizar luego acerca de la prótesis nasal usada por Nicole Kidman para caracterizarse como esa escritora británica. 
"Esa nariz tiene muy mala leche, sí señor. ¿Cómo voy a competir yo con esa nariz?", bromeó, antes de asegurar que iba a tomar un vuelo de regreso a España el miércoles, sin esperar al veredicto de los premios, el sábado. 
"My Life Without Me" se estrenará en España el 7 de marzo y, según la productora, El Deseo, estos días, en el Mercado Europeo que discurre paralelamente a la Berlinale, se están concretando fechas y distribuidoras para varios países europeos -entre ellos Alemania-, así como Estados Unidos y Japón. EFE gc/pe/egn

Emotiva reflexión sobre una enferma terminal


El canto a la vida de Coixet

Gemma Casadevall 

Berlín, 10 feb (EFE).- Isabel Coixet tocó la fibra sensible de la Berlinale con "My Life without me", la historia de una joven madre marcada, que ante la inminencia de su muerte anunciada opta por no despedirse de la vida, sino abrirse a los capítulos hasta entonces no explorados de su existencia.
El Festival de Cine de Berlín brindó una cálida acogida a la emotiva película de Coixet, rodada en inglés, en Vancouver, y que se convirtió hoy en la segunda producción con participación española a concurso en esta 53 edición del festival, tras "Io non ho paura", de Gabriele Salvatore.
"My life without me" cuenta la historia de Anna, una mujer de 23 años, que se gana la vida fregando suelos en la universidad y vive en un trailer de un suburbio, con dos preciosas niñas y un marido que la quiere.
De pronto descubre le quedan unos meses de vida y opta por no compartir con nadie ese secreto, para evitar que otros empiecen a hablarle de su muerte.
Se escribe una lista de las cosas que no quiere dejar de hacer antes de morir -desde visitar a su padre en la cárcel o tener sexo con alguien que no sea su esposo, hasta pintarse las uñas con colores improcedentes, y se lanza a lo que otros descartarían: vivir.
"Es una película sobre un personaje que no quiere despedirse de su vida, sino aprovechar lo que le queda, porque se da cuenta de que hasta entonces no ha vivido realmente, sino que se ha quedado en la superficie de su existencia", explicó Coixet, tras la proyección del film y escuchar la primera ovación, ya en el pase de prensa.

Bildergebnis für my life without me berlinale coixet

Acompañada por varios de sus actores, como Sarah Polley (la protagonista), Scott Speedmann (el marido), y Leonor Watling (una vecina), Coixet afirmó que rodar esa película había sido una "experiencia sentimental" para ella misma.
"Me emocionaba viendo a Sarah jugando y despidiéndose de sus hijas", dijo la directora, quien destacó el trabajo de "valentía interpretativa" de esa actriz -que conoce de cerca lo que es la muerte prematura de una madre, puesto que perdió a la suya con 10 años.
Coixet no quiere plasmar en su película el retrato de una especie de súper mujer, fuerte y abnegada ante la adversidad, sino de un ser humano que no quiere irse de este mundo sin vivir nuevas experiencias.
Entre éstas, se incluye el amor con otro hombre "una situación para ella nueva, porque conoce y ama a su marido desde la adolescencia".
"My life without me" no es un melodrama, aunque su temática podría abocarlo en esa dirección. Coixet ahorra deliberadamente al espectador agonías y escenas de decadencia física.
"Fue fácil hacerlo así, puesto que nos encontramos con el caso de una mujer joven, en quien el proceso de su enfermedad es muy rápido. Pero además hay en ello un propósito mío, que no quería caer en cosas lacrimógenas".
"My life without me" es una producción de El Deseo -la casa de Pedro y Agustín Almodóvar-, en colaboración con la canadiense Milestone Productions.
Fue filmada en Vancouver, en un suburbio obrero poblado de caravanas y trailers, en inglés, al igual que su anterior "Cosas que nunca te dije", que ya se proyectó con carácter de exhibición en la Berlinale, en 1996.
Ya entonces Coixet se ganó los aplausos y el respeto del Festival y, también como en esa ocasión, tuvo que explicar ahora de nuevo la pregunta de por qué rueda en un idioma y un país que no es el suyo.
"Me gusta mi país. Amo mi ciudad, Barcelona. Pero a través del cine no expreso tal o cual idioma o país, sino a mi misma", manifestó.
Su película no es de uno u otro lugar, sino un producto "internacional", cuenta, con participación de personas de distintas procedencias, incluida la suya.
Ahí están, en papeles secundarios, la estupenda "peluquera" María de Medeiros, una portuguesa que presume de rodar en cualquier país o idioma.
También, a título de "extra", Esther García, por parte de productora El Deseo, quien una vez más -de acuerdo a su tradición- pidió un papel en "su" película y obtuvo el de manicura originaria de Segovia, la ciudad donde nació.
Con "My life without me", tras la italo-hispana "Io non ho paura", se cerró el capítulo de presencias con participación española a concurso en esta Berlinale. EFE gc/rz/mcd/pq


     

domingo, 9 de febrero de 2003

Una de esas jornadas redondas


"The Hours", cine con mayúscula, combinado con "Good bye, Lenin"

Gemma Casadevall 

Berlín, 9 feb (EFE).- La Berlinale entró por fin en la órbita del cin e con mayúsculas con "The Hours", un drama alrededor del mundo de Virginia Woolf, y brindó además un excelente producto doméstico, "Good bye, Lenin", la primera de las tres películas alemanas a competición de este Festival de Cine de Berlín. 
Tres mujeres -entre ellas Woolf-, de épocas y condición distinta, pero unidas por el libro "Mrs. Galloway", son los ejes del segundo largometraje de Stephen Daldry, tras su debut con "Billy Elliot". 
"Se trata de tres mujeres valientes en sus decisiones, que optan por un camino determinado, a pesar del dolor propio y ajeno que éste entrañe", explicó Daldry, quien como Rob Marshall y Spike Jonze -por "Chicago y "Adaptation", respectivamente- llegó a la Berlinale como firme apuesta para los próximos Oscar. 
"The Hours" es una proyección en una ama de casa de los años 50 y una mujer emancipada de hoy del espíritu de Woolf y su "Mrs Galloway", de la idea persistente de la muerte y del suicidio. 
Los papeles protagonistas corresponden a Julianne Moore, Meryl Streep y Nicole Kidman, irreconocible con la prótesis nasal que la caracteriza como Virginia e igual de magnífica que sus compañeras. 
"The Hours" está poblada de personajes -y no sólo esas tres mujeres- atados a una serie de "santos", sean cónyuges u otro tipo de relación, que les organizan abnegadamente la vida, sus momentos de felicidad o reflexión. 
Pero, como dice Woolf, incluso los locos tienen derecho a que se les pregunte, a que no se decida por ellos. Y sólo quienes rompen la atadura dan con su camino, a menudo a un precio altísimo. 
"Los momentos de felicidad pueden ser pocos. Hay que agarrarlos", explicó Daldry, quien arropa al trío protagonista con secundarios de lujo, como Ed Harris, Stephane Dillane o Jack Rovello. 
Se trata de un compendio, más que de un film, que entra a saco, en temas como la depresión, el suicidio, la homosexualidad o el SIDA. Aparentemente, cada una de las tres mujeres representa a tipos distintos, pero las conclusiones que extraen de su experiencia vital se cruzan y complementan entre sí. 
Kidman fue la única de esas tres actrices que se acercó a Berlín, acompañada de Ed Harris y el director, y reconoció que el film había tenido un papel fundamental para ella en un momento de su vida algo convulso -supuestamente, la ruptura con Tom Cruise-. 
No puede decirse que "The Hours" tuviera para ella un "factor terapéutico", dijo, pero sí que la ayudó a dar con un "nuevo equilibrio" en sus relaciones, incluida la relación consigo misma. 
Daldry dejó a la Berlinale en estado de conmoción, por la intensidad de lo que pasa por la pantalla y sirvió para recordar que no todo lo que lleva el envoltorio "made in USA" es superficial. 
La jornada a competición se completó con uno de esos productos que devuelven la confianza en el cine alemán. 
Wolfgang Becker, quien en 1996 ya sorprendió agradablemente a la crítica internacional de la Berlinale con "Das Leben ist eine Baustelle", regresó al Festival con "Good bye Lenin". 
El film traslada al espectador, con un par de pinceladas documentales, a los últimos meses de la Alemania comunista, cuando la población perdió la paciencia y el miedo al Muro para salir a la calle al grito de "Nosotros somos el pueblo". 
Una madre, supuestamente una comunista modélica, cae en coma, del que despierta cuando su amado país ya no existe. La maquinaria reunificadora empieza con la operación limpieza de símbolos soviéticas y Coca Cola y McDonalds hacen el resto. 
Ella se ahorrará el trauma, puesto que su hijo se encargará de ocultarle lo ocurrido, en el microcosmos de su dormitorio de un bloque de viviendas prefabricadas del sector este. 
El film de Becker es sencillo, tierno e inteligente, bien rodado y con magníficos actores -encabezados por Katrin Sass y Daniel Brüehl-. El cine alemán entró así con bien pie en esta Berlinale, donde también compiten sus compatriotas Hans Christian Schmid, con "Lichter", y Oskar Roehler, con "Der alte Affe Angst". 
El tercer film del día fue "Madame Brouette", del senegalés Moussa Sene Absa, única presencia africana a concurso. 
La suya es la historia de una mujer libre, en un mundo en que la violencia doméstica es el pan de cada día, tratada con absoluta simplicidad de medios y bajo el encanto de la luminosidad de las sonrisas, ojos y cuerpos africanos. 
Absa hace de la precariedad de medios y la presunta ingenuidad sus mejores armas y "Madame Brouette" se ganó más que la simpatía solidaria, con una historia aparentemente simple de que, también en Africa, la rebelión femenina es posible. EFE gc/ih/ma

sábado, 8 de febrero de 2003

Pobreza a la italiana, entre Nicolas Cage y Clooney


Italia convierte en poético un drama rural y Clooney se transforma en reflexivo astronauta

Gemma Casadevall

Berlín, 8 feb (EFE).- Gabriele Salvatores convirtió en poético el brutal episodio rural de "No tengo miedo", la primera producción con participación española a competición de esta Berlinale, que compartió honores con el imaginativo Spike Jonze de "Adaptation" y el filosófico "Solaris" de Steven Soderbergh. 


Salvatores transformó en poesía, sobre vastos campos de trigo quemados por el sol de Italia, la historia de un niño de diez años, sepultado bajo tierra a pan y agua, no por delincuentes desalmados, sino por padres y madres de familia, embrutecidos por la pobreza. 
Para un adulto, un crimen atroz, solo posible en mentes enfermas. Para los dos niños de la historia -la víctima y otro chico de su edad, su único aliado- una experiencia vivida desde perspectivas distintas: la del muerto en vida, la del ángel de la guarda o el libertador, atenazado por juramentos de lealtad. 
"Cada film lleva una idea poética en su interior", explicó Salvatores, quien realizó un casting entre 540 niños, hasta dar con esas miradas de Giuseppe Cristiano y Mattia di Pierre, que dan vida a una historia que circula entre dorados trigales y penumbras. 
"No tengo miedo" -"Io non ho paura", en su título original- es una producción italo-española-británica, con Aitana Sánchez Gijón en el papel de madre italiana, tanto más guapa por los surcos dejados en su rostro por el asfixiante sol y los estragos de la pobreza. 
Igualmente hermosa, pero en rubio y maduro, está en "Adaptation" Meryl Streep en su papel de fría reportera en busca de los secretos de la orquídea, primero, y apasionada rastreadora de pantanales plagados de cocodrilos, después. 
El artífice de su metamorfosis es un desdentado Chris Cooper, que borda su papel de descerebrado con moral de vencedor. Pero el principal hallazgo es Nicolas Cage, que da vida a los gemelos Charlie y Douglas Kaufman -un apocado guionista en crisis, el primero, y un vividor que arrebata el oficio a su hermano, el otro. 
Jonze y su alter-ego, el "auténtico" guionista Charlie Kaufman, retoman con "Adaptation" esa genialidad rayana en la locura que fue "Being John Malkovich". 
Ambos elementos del tándem, cada uno en su particular idea de la creatividad desbocada, siguen un lema: "no frenarnos mutuamente", como explica de Jonze. 
El resultado es un film donde se cruzan historias y duplicidades, ocurrente y poblado de personajes que destilan ternura, encabezados por esos gemelos que no son un sola persona desdoblada en dos personajes, sino dos seres humanos redondos. 
Jonze deja claro que su creatividad no se agotó con "Being John Malkovich". Pero cae en la trampa que el gemelo buenazo entre los Cage recomienda debe evitar todo guionista: cargar pilas al final. 
El director no llegó a explicar el por qué de esa concesión a una regla defendida tanto por el Kaufman real como por el del guión. "No lo sé", fue su respuesta, a la pregunta de si se trataba de una concesión a la maquinaria de Hollywood. 
El presunto desliz de última hora causó cierta decepción en la Berlinale, a pesar de que quizás ello refuerce las posibilidades de "Adaptation" en la carrera por los Oscar. 
"Solaris", de Soderbergh, ofreció una versión mucho más digerible para el público corriente que su antecesora de Andrei Tarkowski, igualmente basada en la novela de Stanislaw Lem. 
George Clooney es el melancólico astronauta prisionero del recuerdo de su esposa, Rheya -la glacial Natascha McElhone-, escindido entre la renuncia a un amor que es puro espejismo o dejarse mimar eternamente por él.

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Soderbergh pasó hace dos años por la Berlinale con un "Traffic" al que se le vaticinó -y acabó no llevándose- el Oso de Oro. El "Solaris" de esta 53 edición del Festival dejó la sensación de filme insulso, a pesar incluso de las generosas exhibiciones físicas de Clooney. EFE gc/ih/ma !N:C!

viernes, 7 de febrero de 2003

Intérpretes de sí mismos

Winterbottom documenta el drama afgano y Zhang da lección de maestría

Gemma Casadevall 

Berlín, 7 feb (EFE).- Michael Winterbottom abrió la ronda de competición de la Berlinale con "In This World", un ejercicio de autenticidad sobre refugiados afganos en fuga, que contrastó con un "thriller" de Alan Parker sobre la pena de muerte y una virtuosa filigrana sobre el nacimiento de la gran China, obra de Zhang Yimou. 
La odisea dos muchachos que huyen de la miseria del campamento de refugiados paquistaní de Peshawar en dirección a Londres, rodada en formato documental, recordó al Festival de Cine de Berlín que no todo lo que se ve en una pantalla es ficción, aunque detrás tenga un guión. 
"In This World" es una historia "cosida" a partir del testimonio de cientos de personas, personajes anónimos del millón de refugiados concentrados en Peshawar desde octubre de 2001, cuando empezaron los bombardeos estadounidenses contra el Afganistán talibán. 
Jamal y Enayat -dos refugiados convertidos por Winterbottom en intérpretes de sí mismos- dejan atrás esa realidad, rumbo a Europa, sin papeles y con la única ayuda del más o menos fluido inglés del primero de ellos, el más joven, despierto y preparado. 
Empieza un largo viaje, primero entre los pedregales llamados pistas que parten de Peshawar, luego a través de Irán, Turquía y Europa, sorteando fronteras y alguna devolución al punto de partida. 
Cuanto más se alejan de Pakistán, mejores son las carreteras y más inhumano el trato. De viajar camuflados entre cajas de fruta pasan a la travesía en contenedores cerrados a cal y canto. 
Unos mueren de asfixia, otros se acercan a su destino, la confortable Europa, convertidos en inmigrantes sin papeles que ofrecen baratijas a los turistas, a los que de vez en cuando se les "vuela" el bolso. 
"Mi película nació como reacción a esa Europa que se cierra al drama de millones de refugiados. Y no creo en las distinciones entre refugiados políticos y los otros", explicó Winterbottom. 
El director británico, quien ya se acercó al tema en "Welcome to Sarajevo" (1997), rodó su película con un equipo reducido -unas diez personas- y con un obstáculo no incluido en la mayoría de filmes del mercado: dotar de la documentación precisa a sus dos "sin papeles", uno de los cuales es hoy, en la vida real, un asilado en Londres. 
El largo viaje de Winterbottom desde los pedregales paquistaníes a las autopistas europeas pasa algo de puntillas sobre aspectos como el tráfico de personas. 
Pero, así y todo, el filme responde al título de "In This World" y evidencia que "la línea divisoria entre realidad y ficción puede ser muy fina, quizás inexistente", como explicó Winterbottom. 
En otra órbita, muy distinta al documental ajeno a toda floritura técnica de Winterbottom, se sitúa "Ying Xiong" -traducido como "Hero" en inglés-, la última lección de maestría de Zhang Yimou. 
Se trata de narrar una leyenda remota, de los tiempos de la China dividida en estados antagónicos en permanente y sangrienta batalla. El rey está obsesionado por acabar con tres asesinos, virtuosos de las artes marciales, a su vez determinados a liquidarlo. 
Sobre este cuento, Zhang monta un espectáculo bellísimo de luchadores voladores e impresionantes juegos cromáticos, con la técnica digital como principal aliado de sus legiones de soldados. 
El discurrir es lento y la trama reiterativa hasta la exasperación. El resultado, una película donde Zhang revalida su título de mago de la exquisitez estética. 
El tercer filme en liza en esta primera jornada a competición era el esperado "The Life of David Gale", de Alan Parker, con Kevin Spacey, Kate Winslet y Lara Linney como reclamos para el espectador. 
Parker, desde su condición de decidido enemigo de la pena de muerte, traza un alegato contra ésta, apuntalado en los errores judiciales y las condenas a inocentes. 
"Sé que es un film provocativo, que encenderá polémica. Pero estamos preparados", aseguró el veterano director, quien se presentó custodiado por Spacey, que respondió con evasivas a sí está a favor o en contra de la pena capital, y Linney, quien dijo estar ahí a título de actriz, no para pronunciarse al respecto. 
"No, un director no tiene por qué guardar las distancias respecto a su film", afirmó Parker en defensa de sus convicciones y de su apuesta por el activista-mártir que interpreta Spacey, quien de atractivo y comprometido catedrático pasa a condenado a muerte, tras un descenso a los infiernos a velocidad récord. 
"The Life of David Gale" no está basado en personajes reales, dijo Parker. En realidad, la aclaración era innecesaria, puesto que su filme, más que un alegato contra las ejecuciones, deriva en "thriller" de género sobre el trasfondo de la pena capital. EFE gc/rz/egn


jueves, 6 de febrero de 2003

Un musical de los de toda la vida

Vibrante "Chicago" abre la Berlinale con aires de "Cabaret"

Gemma Casadevall 

Berlín, 6 feb (EFE).- La vibrante "Chicago", de Rob Marshall, cargó de energía y reminiscencias de "Cabaret" la apertura de la Berlinale, con un desembarco de estrellas liderado por Richard Gere, Catherine Zeta-Jones y Reneé Zellweger, decididos a mostrar por qué su film encabeza la carrera hacia los Oscar.
Marshall y sus actores desataron el primer chaparrón de flashes con su irrupción inaugural en la 53 edición del Festival de Cine de Berlín, luciendo encantos y presentándose como un equipo compacto, capaz de llevar a buen puerto un musical redondo en la mejor tradición de Hollywood. 
"Chicago", un tributo a Bob Fosse que pasa de "All That Jazz" (1979) a "Cabaret" (1972), abrió la Berlinale a título de exhibición, con el áurea de sus tres Globos de Oro ya recogidos y el ánimo expectante ante las candidaturas de los Oscar, que se sabrán el próximo día 11. 
La historia de dos presas que convierten su cárcel en campo de batalla por el estrellato, alimentadas por un abogado tanto o más hermoso y ávido de notoriedad, dejó felices a los amantes del musical y neutralizó los reparos de los menos adictos al género.



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Un guión brillante, plagado de ocurrentes diálogos, y la eficiente exhibición de piernas y talento consiguió el prodigio. Zeta-Jones y Zellweger, implacables rivales en el film, derrocharon "juego limpio" ante la prensa -"no competimos en absoluto, ¿verdad que no, cariño?", preguntó la espléndida Catherine a su compañera, quien por supuesto corroboró esa versión Gere galanteó con ambas -"lo que más me gusta es trabajar con mujeres con talento", dijo- y Marshall se deshizo en elogios sobre el tesón aplicado por todos ellos para cantar y bailar como profesionales, a pesar de partir de la condición de debutantes. 
"Si hubiéramos seguido una semana más, hubiéramos sido capaces de aparecer en un auténtico musical, sobre el escenario", sentenció el director, flanqueado por sus tres actores principales, acompañados por John C. Reilly, intérprete del calzonazos esposo de la asesina Zellweger. 
Los actores pusieron tanto empeño en hablar del espíritu de equipo creado por Marshall -Gere afirmó que había sido el mejor de "mi larga experiencia en este negocio"- que finalmente parecía que la cosa iba en serio y no se trataba de repetir el ritual de los halagos, tópico de esa profesión. 
Marshall, con más currículum como coreógrafo que como director, tiene que haberse empleado efectivamente a fondo hasta lograr esa sincronía entre diálogos brillantes, números musicales perfectos y rápidos juegos de cámara de que hace alarde su "Chicago". 
Al director corresponde el mérito de conjugar, sin que nadie quede eclipsado, a un Gere convenciendo a ritmo de claqué de que la justicia es un circo, a Zeta-Jones con su grandiosa exhibición de ojos y piernas y a Zellweger, que sabe sacar máximo partido de su clara inferioridad física respecto a la actriz galesa. 
La producción hollywoodiense convirtió la inauguración del Festival en una exhibición de cine-espectáculo en su sentido más puro, con claras alusiones a "Cabaret", pese a las distancias entre la película basada en la novela de Christopher Isherwood y el "Chicago" concebido como un musical. 
El público del Festival no tuvo que esforzarse demasiado para dar con los paralelismos entre el mítico musical escenificado sobre el Berlín nazi -incluido el número de la silla- y el Chicago donde quien más quien menos parece haber asesinado a un esposo o un amante. 
Tras la exhibición de piernas -por parte de ellas- y amago de striptease -por parte de Gere-, la Berlinale entrará el viernes en la fase más propia de todo Festival: la competitiva. 
"In This World", de Michael Winterbottom, abrirá el fuego entre las veintidós concursantes de este año -entre ellas, "My Life Without Me", de la española Isabel Coixet- con la fuga de dos afganos en dirección a Londres, en formato de documental ficticio. 
Le seguirán, esa misma jornada, Alan Parker, con "The Life of David Gale", con la pena de muerte como trasfondo, y el maestro Zhang Yimou, con su debut en el cine de artes marciales, "Ying Xiong", traducida en su versión internacional inglesa como "Hero". 
EFE gc/dm/egn

miércoles, 5 de febrero de 2003

La previa

"Chicago" abre una Berlinale profusa en estrellato y cine de autor

Gemma Casadevall

Berlín, 5 feb (EFE).- El "Chicago" de Rob Marshall abre mañana el Festival de Cine de Berlín, la Berlinale, que en sus diez días de vida repartirá dosis equilibradas de cine de autor y mucho "glamour", siempre que el conflicto de Irak no derive en desbandada de estrellas. 
Richard Gere, Catherine Zeta-Jones, George Clooney, Nicole Kidman, Nicolas Cage y Kevin Spacey son algunos de los nombres con que Dieter Kosslick, director de la Berlinale, espera contar para animar el desfile de las 22 películas aspirantes a concurso. 
En la lista de directores en pos de los Osos figuran Claude Chabrol, Zhang Zimou, Steven Soderberg, Patrice Chéreau, Spike Jonze, Alan Parker y Spike Lee, además de invitados ilustres fuera de competición como Martin Scorsese y Oliver Stone. 
Kosslick se ha asegurado un porcentaje de "glamour" suficiente para que la Berlinale se quite la etiqueta de "festival gélido" que se le suelen colgar, en comparación con Cannes y Venecia. 
Todo ello, siempre que los vientos de guerra no arrecien y acarreen cancelaciones de viajes por parte de las estrellas, temerosas de cruzar el Atlántico. 
Kosslick admite que no tiene un "plan B" en caso de que estalle el conflicto, pero sí cuenta con que la Berlinale se convierta en una "espontánea" plataforma de discusión sobre el tema. 
La Berlinale abre con sabor a Hollywood, con "Chicago" -fuera de competición-, pero promete ofrecer cine comprometido, de acuerdo al lema de su 53 edición, "Towards Tolerance" -"Hacia la tolerancia"-. 
Michael Winterbottom compite con "In this world", un film en formato documental sobre dos afganos en fuga a Londres; Parker lo hace con "The life of David Gale", sobre la pena de muerte, y Lee recorre en "25 hours" la última jornada en libertad de un condenado. 
Desde una órbita distinta concursan Zhang, que irrumpe en las artes marciales con "Ying Xiong"; Soderberg, que entra en la galaxia de Stanislaw Lem con "Solaris", y Spike Jonze, con su "Adaptation". 
Clooney tiene una doble cita con la Berlinale, ya que además de protagonizar el film de Soderberg lucha por un Oso con su debut como director en "Confessions of a dangerous mind". 
"The Hours", de Stephen Daldry, y la hispano-canadiense "My life without me", de Isabel Coixet, completan la ronda de títulos anglosajones. 
La respuesta francesa la darán "La fleur du mal", de Chabrol, "Son frere", de Chéreau, y Pascal Bonitzer, con "Petites Coupures", mientras que Gabriele Salvatores presenta "Io non ho paura", la producción hispano-italiana con Aitana Sánchez Gijón. 
El anfitrión se ha reservado una digna parcela con una comedia en la Alemania comunista "resucitada" -"Good bye Lenin", de Wolfgang Becker-, ambientada en la frontera polaca -"Lichter", de Hans Christian Schmid- y una historia de amor -"Der alte Affe Angst", de Oskar Roehler. 
El resto de aspirantes procede de Japón -Yoji Yamada-, Holanda

domingo, 17 de febrero de 2002

Los Osos, a juicio del equipo de Lucrecia

Reparto salomónico entre denuncia y diversión

Gemma Casadevall 

Berlín, 17 feb (EFE).- La 52 Berlinale partió salomónicamente en dos su Oso de Oro, que se fue ex aequo para el político "Bloody Sunday", de Paul Greengrass, y a los dibujos animados de "Spirited Away" de Hayao Miyazaki, mientras que reservó su Premio Especial al cine "anfitrión", con "Halbe Treppe", del alemán Andreas Dresen. 
El jurado del Festival Internacional de Cine, presidido por la directora india Mira Nair, hizo un esfuerzo de concentración para responder a su propósito de "mimar" a lo innovador, al cine de alto voltaje político y, además, a la maravillosa "Lundi matin", de Otar Iosseliani, que se llevó el Oso de Plata al director Los premios de interpretación, a la actriz Halle Berry, por "Monster`s Ball", y a Jacques Gamblin, por "Laissez-passer", eran una manera indirecta de distinguir al alegato antirracista de Marc Forster, así como de no hacer marchar de vacío a Bertrand Tavernier, a pesar de que su película no convenció. 
"El Oro a `Bloody Sunday` me llena casi de orgullo, porque de alguna manera esa película no sólo refleja el conflicto norirlandés, jamás extinguido, sino también otros conflictos de muchas partes del mundo y muchas cosas que pasan ahora mismo en Argentina ", explicó a EFE la directora argentina Lucrecia Martel, miembro del jurado. 
La película de Paul Greengrass, filmada en formato de documental, cámara en mano, y con un reparto mixto entre actores profesionales y testigos presenciales, relata el baño de sangre en que derivó la carga del ejército británico, en 1972, en Derry. 
"El otro Oro para Miyazaki es asimismo muy satisfactorio, por la pequeña revolución que implica premiar a los dibujos animados en un gran festival internacional", añadió Martel, quien calificó a su director de "Lewis Carroll japonés". 
"Por un lado, hemos premiado a la pura diversión; por la otra, el cine de alto contenido político", explicó por su parte el director alemán Oskar Roehler, asimismo miembro del jurado. 
En un aparte, tras darse a conocer los premios de esta 52 Berlinale, Martel confesó asimismo que el premio que "más me ha salido del corazón" es el de Iosseliani, quien el día anterior se llevó el premio de la Asociación de la Crítica Internacional. 
"Lundi matin", una película donde aparentemente no ocurre nada y que tiene aires de Aki Kaurismaki, mezclado con Jacques Tati, es un mosaico de personajes "que te quedan dentro y que reflejan un mundo con una sonrisa, a veces un gesto", explicó Martel. 
La directora, quien en 2001 se llevó el Premio Alfred Bauer al mejor debut, con "La ciénaga", destacó asimismo la importancia del Premio Angel Azul a la mejor película europa que recibió la danesa Annette K. Olesen, por su primera película, "Minor Mishaps". 
Martel evitó diplomáticamente -tal como establece el reglamento del jurado internacional de la Berlinale- caer en "indiscreciones" sobre luchas internas del tribunal para el reparto de premios. 
Algo más explícito fue su compañero Roehler, quien pese a dejar claro que "no se ha premiado a ninguna película que haya sido rechazada de plano por uno de nosotros", sí que admitió la existencia de "ciertas presiones" en las decisiones. 
La 52 edición de la Berlinale era el "estreno" de Dieter Kosslick como director del festival, debut que se caracterizó por la abultada presencia de cine alemán, ya que los cuatro realizadores incluidos a concurso suponían la mayor presencia germana desde 1990. 
Se daba por hecho que el cine anfitrión se iba a llevar un premio importante y "Halbe Treppe" -una excelente película rodada como un vídeo doméstico en el económicamente deprimido este del país- se recibió como un posible Oro para Alemania, que desde "Stammheim", de Reinhard Hauff, en 1986, no se ha llevado el máximo galardón. 
La película de Dresen cayó bien entre el jurado -y se acentuó así la presión psicológica-, pero "nos desprendimos elegantemente de argumentos ajenos para dejar vencer nuestra intuición", explicó a EFE, oficiosamente y en tono irónico, un miembro de ese tribunal. 
Menos sutiles fueron los "argumentos" a favor de "8 femmes", la película de Francois Ozon con Catherine Deneuve, Fanny Ardant y otras seis divas, que trajo el mayor desembarco de "glamour" y risas de esta Berlinale y a la que Kosslick quería ver con premio. 
La deliciosa comedia "kitsch" lideraba desde hacía días las quinielas de diversos medios alemanes acerca de quién se llevaría el Oro de Berlín. 
Todo quedó en un Oso de Plata para la "contribución artística individual al conjunto de sus actrices", una denominación de por sí ambigua, con aire de premio de consolación para una película contra la que, al parecer, se cuadraron varios miembros del jurado. EFE gc/dm/egn/cbm

sábado, 16 de febrero de 2002

Polvorón asiático

Un complot japonés cerrando el cierre 

Gemma Casadevall 

Berlín, 16 feb (EFE).- La japonesa "KT", sobre un complot contra el presidente coreano Kim Dae Jung, cerró hoy el desfile de las 23 candidatas a los Osos de la Berlinale, para los que se dan como favoritos a los franceses Francois Ozon y Otar Iosseliani o al joven cine alemán, con "Halbe Treppe", de Andreas Dresen. 


Sakamoto ofreció un exponente de cine denso, bien llevado, pero casi impenetrable, sobre todo en una Berlinale "cansada", tras semana y media a un ritmo de tres películas diarias en la sección oficial, además de las de Panorama, Forum y retrospectivas. 
La trama de "KT" se remite a 1972, cuando el ahora presidente y entonces gran esperanza de la democracia coreana, Kim Dae-Jung, fue secuestrado en su hotel de Tokio, donde se había escondido de sus múltiples enemigos. 
El film repasa un mosaico de confrontaciones latentes -las intercoreanas, sumadas a las coreano-japonesas, amén de las tensiones entre Asia y Estados Unidos-, guerras entre servicios de espionaje antagónicos y, cómo no, conflictos personales. 
En resumen: demasiado denso para el esprint de una Berlinale que encima tuvo que desperezarse con un film con pocos alicientes. 
Giannaris cuenta la salida de vacaciones de varios vecinos de un inmueble, que queda a merced de un "revienta pisos" decidido a probarse sus vestidos, comer de su despensa y hurgar en sus vídeos. 
El film avanza alternando los episodios de unos y otros, hasta desembocar en una final místico, con amagos de "milagro en Atenas". 
Ni la película de Sakamoto ni los retazos de la vida diaria griega afectaron las quinielas de esta Berlinale, para la que los medios alemanes dan como claro favorito al desfile de mujeres de "8 femmes", encabezadas por Catherine Deneuve y Fanny Ardant. 
La película de Ozon lidera el "hit parade" entre los críticos germanos del periódico berlinés "Der Tagesspiegel", seguida de cerca del drama antiracista "Monster`s Ball", del alemán-estadounidense Marc Foster. 
Sus colegas del resto del mundo no comparten tanta fascinación por la comedia "kitch" de Ozon -a la que algunos ven como un producto superficial- y favorecen al "Lundi Matin" de Iosseliani, a la que la Asociación de la Crítica Internacional (Fipresci) dio hoy su premio, adelantándose a los galardones oficiales del domingo. 
Las apuestas coinciden en vaticinar un "premio seguro" -aunque quizás no alcance para el Oro- para "Halbe Treppe", del mencionado Dresen, una película filmada con cámara digital y pocos medios, en la Alemania más pobre, la del este del país. 
Se baraja también entre las firmes aspirantes a galardón a la debutante danesa Annette Olesen, con "Minor Mishaps" y su nueva versión del "dogma" escandinavo, desde una perspectiva renovada. 
El "Bloody Sunday" de Paul Greengrass, sobre la violenta carga del ejército británico en Irlanda, hace treinta años, es otra representante del nuevo cine con opción a premio, mientras no se descarta una "decisión revolucionaria" a favor de "Spirited Away", el film de dibujos animados del japonés Hayao Miyazaki. 
Las interpretaciones más celebradas han sido las de James Nesbitt ("Bloody Sunday"), Kevin Spacey ("The shipping news"), Jacques Bidou ("Lundi Matin") y Gene Hackman (The Royal Tenenbaums", por parte masculina. 
Las divas francesas de Ozon, Judi Dench ("Iris"), Cate Blanchett ("Heaven) y Halle Berry ("Monster`s Ball") están entre las favoritas al Oso a la mejor actriz. 
La decisión está en manos del jurado presidido por la directora india Mira Nair, entre cuyos catorce miembros se encuentra asimismo su colega argentina Lucrecia Martel (premio Alfred Bauer al mejor debut, en la Berlinale 2001, por "La Ciénaga"). 
Los Osos del Festival se entregarán mañana, en la gala de clausura, donde se proyectará además, a modo de homenaje a Charles Chaplin, "El gran dictador". EFE gc/rz/aag/cbm

Pronósticos

Las divas de Ozon y el antiglamour alemán, en las quinielas de la Berlinale


Gemma Casadevall



Bildergebnis für berlinale ozon deneuve

Berlín, 16 feb (EFE).- El desfile de divas de "8 femmes", de Francois Ozon, parte como gran favorita al Oso de Oro de la Berlinale, que concluye mañana, donde también han destacado "Halbe Treppe", del joven alemán Andreas Dressen, y "Lundi Matin", del veterano Ottar Iosseliani. 
"8 femmes", una deliciosa comedia "kitch" con Catherine Deneuve en un inusual devaneo lésbico con Fanny Ardant, amenizado con números musicales, ocupa la cabecera en las quinielas de esta 52 edición del Festival de Cine de Berlín, por encima de sus compatriotas "Laissez passer", de Bertrand Tavernier, y "Amen", de Costa Gavras. 
A falta de las dos últimas proyecciones, este sábado -"Dekapentavgoustos", del griego Constantin Giannaris, y "KT", del japonés Junji Sakamoto-, la suerte ya está echada en la carrera por los Osos que se ha librado entre las 23 películas a concurso. 
Los comentarios en la recta final de la Berlinale apuntan una victoria para Ozon, a no ser que el jurado presidido por la directora india Mira Nair -con su colega argentina Lucrecia Martel, entre sus 14 miembros-, se decida por el cine más joven, bandera con la que abrió este festival su nuevo director, Dieter Kosslick. 
La "cantera" de nuevos realizadores ha brindado las más agradables sorpresas de esta Berlinale, con permiso de la pequeña maravilla ofrecida por el veterano Iosseliani, con su "Lundi Matin". 
Entre los nuevos talentos que más han gustado en Berlín está el alemán-suizo-estadounidense Marc Foster, con "Monster`s Ball", un alegato antirracista y contra la pena de muerte que sorprendió por su intensidad. 
Asimismo, se da como "premio seguro" -aunque quizás no alcance el Oro- la ya mencionada alemana "Halbe Treppe", una película filmada con cámara digital y medios modestos, en la Alemania más pobre, la del este del país. 
La debutante danesa Annette Olesen, con "Minor Mishaps" y su nueva versión del "dogma" escandinavo, desde una perspectiva renovada y sin corsés, se cuenta asimismo entre las firmes aspirantes a galardón. 
El "Bloody Sunday" de Paul Greengrass, sobre la violenta carga del ejército británico en Irlanda hace treinta años, es otra representante del nuevo cine con opción a premio, mientras no se descarta una "decisión revolucionaria" a favor de "Spirited Away", el filme de dibujos animados del japonés Hayao Miyazaki. 
La española "Piedras", del debutante Ramón Salazar, fue acogida con cariño y simpatía por ser un producto en el que el público berlinés ve la huella de Pedro Almodóvar. 
Las interpretaciones más celebradas fueron las de James Nesbitt ("Bloody Sunday"), Kevin Spacey ("The shipping news") y Jacques Bidou ("Lundi Matin"), por parte masculina, mientras que las divas francesas de Ozon, Judi Dench ("Iris") y Cate Blanchett ("Heaven), están entre las favoritas al Oso a la mejor actriz. 
La cara opuesta de la moneda -la de las decepciones- viene encabezada por el cine alemán, puesto que sólo "Halbe Treppe" ha respondido a las expectativas del anfitrión. 
Kosslick había seleccionado para la sección a concurso un total de cuatro películas de directores alemanes, clasificables como "nuevos talentos" del cine. 
Su apuesta por la industria nacional era arriesgada, puesto que no se había visto tan abultada presencia alemana en una Berlinale desde 1990. 
La producción internacional "Heaven", de Tom Tykwer -uno de los valores más sólidos del ámbito germano-, gustó por su poética recreación del mundo de Krzystof Kieslowski, pero no convenció. 
Con "Der Felsen", de Dominik Graf, la cosa fue a peor y se escucharon los primeros abucheos. 
Ya en la recta final del festival, se llegó a la indignación con "Baader", de Christopher Roth, una supuesta recreación de la figura de Andreas Baader, fundador de la banda terrorista RAF, que cae en la tergiversación histórica. EFE gc/rz/ah/pq

viernes, 15 de febrero de 2002

La perlita del cine anfitrión


El desfile alemán culmina con el despropósito de un "Baader" falseado

Gemma Casadevall 

Berlín, 15 feb (EFE).- El desconcierto y la indignación acompañaron a la exhibición de la última película alemana a concurso de la 52 Berlinale, "Baader", una supuesta recreación sobre el fundador de la banda terrorista RAF, Andreas Baader, que cae en la tergiversación histórica. 
Si "Halbe Treppe, de Andreas Dresen, reconcilió a la crítica internacional con el cine alemán actual, por ser un exponente de sensibilidad envuelta en modestia de medios, el nivel visto hoy con "Baader" dejó de nuevo al cine "anfitrión" por los suelos. 
Por primera vez en los doce días de festival, la Berlinale olvidó su habitual regla del "fair play" y los aplausos más o menos corteses, incluso para películas a las que vapulea la crítica, para entrar en la abierta confrontación. La película, del joven Christopher Roth, se centra en el periodo entre 1967, con la muerte del estudiante Beno Ohnesorg por disparos de la Policía, y 1972, con la detención de Andreas Baader, fundador con Ulrike Meinhoff de la Fracción del Ejército Rojo (RAF). 
Roth trató de explicar ante la prensa que lo suyo no es un "docudrama" ni un intento de reconstruir lo ocurrido, sino una recreación del personaje de Baader, desde sus inicios de delincuente común a su "reconversión" en revolucionario. 
Pero ni esas argumentaciones ni su inexperiencia -hasta ahora, había hecho mayoritariamente anuncios publicitarios- le sirvieron de excusa convincente ante los despropósitos de su película. 
A Gudrun Ensslin, la novia de Baader, se la representa como una especie de "chica ye-yé" en minifalda que, de pronto, recita postulados marxistas; el personaje Ulrike Meinhoff, la periodista que un día abandona a sus hijas y su existencia burguesa para unirse a su lucha, es una figura desdibujada, a años luz del papel de líder que tuvo. 
El núcleo fundador de la RAF, cuyos atentados contra "intereses capitalistas" y bases estadounidenses puso en jaque al Gobierno de Willy Brandt, toma perfiles de "banda pop" liderada por un imitador de Mick Jagger, siempre en la carretera o apurando droga. 
Especialmente absurdo es el capítulo en que los miembros de la RAF -ellas, con aires de modelo; ellos, en traje y corbata- llegan a un campamento de entrenamiento palestino -rodado en el desierto de Almería- para adiestrarse en el manejo de las armas. 
A Roth se le hubieran perdonado estas licencias, inclusive la flagrante invención final -en la película, Baader cae acribillado como un gángster en un tiroteo policial, en 1972-, si al menos se entendiera el propósito de tal "recreación". 
En la rueda de prensa posterior al pase, Roth tuvo que enfrentarse a todo tipo de preguntas acerca de por qué se había permitido transgredir la historia hasta ese punto. 
Un periodista alemán le recriminó "haber arruinado" su película con un final que traiciona toda rigurosidad acerca del capítulo de la muerte del terrorista, que para algunos nunca ha sido aclarado, pero que sin duda alguna ocurrió cinco años después de lo que cuenta Roth y no fue en la calle, sino en la prisión. 
Baader y otros tres miembros de la banda fueron encontrados muertos tras el baño de sangre en que derivó el secuestro de un avión por un comando palestino, con el propósito de forzar su liberación, a lo que siguió el asesinato del presidente de la patronal, Hans Martín Schleyer, a su vez en poder de la RAF. 
Más ilustrativa aún fue la pregunta de un periodista español, quien le pidió a Roth que explicase a qué se refería exactamente al decir que había pretendido "poner en cuestión" al personaje de Baader y su entorno. 
El joven realizador no supo encontrar un argumento convincente, más allá de dar vueltas a su propósito recreador, mientras rechazaba que su película diera rango de "perdedor simpático" al terrorista. 
La segunda proyección a competición de la jornada fue "Bad Guy" -"Na-Bbun-Nam-Ja", en el título original-, de Kim Ki-Duk. 
Su presencia en la Berlinale fue un acontecimiento para los fans del realizador coreano y para quienes confiaban en el "factor sorpresa" en la recta final del festival, que se cierra el domingo. 
Pero Kim Ki-Duk no estuvo esta vez a la altura de su impactante título anterior, "La isla". 
Lo más destacable de su historia de amor entre un chico malo y una colegiala, a la que fuerza a la prostitución, es la "ensalada" de palizas y tortazos que se acumulan en su última media hora. EFE gc/gsm/bjm/cbm

miércoles, 13 de febrero de 2002

Pedrusco español en la Berlinale

Salazar, con el entusiasmo del novato

Gemma Casadevall

Berlín, 13 feb (EFE).- Ramón Salazar, director de "Piedras", ha llegado a la Berlinale con todas sus "chicas" -Angela Molina, Antonia San Juan, Vicky Peña, Najwa Nimri y Mónica Cervera- y dispuesto a defender "con el entusiasmo del novato" la única película española a concurso en este festival internacional de cine. 
"Ellas, especialmente Angela, tienen mucha más experiencia que yo en todo esto", explica a EFE el realizador malagueño, poco después de "desembarcar" con su equipo en la capital alemana ante la presentación internacional de su primer largometraje mañana, jueves. 
"Parece que les he contagiado a todos algo de mi nerviosismo de debutante y se lo están tomando como si para todas fuera la primera vez", añade Salazar, ansioso de ver cómo reacciona la Berlinale ante su historia de cinco mujeres y sus zapatos. 
Sabe que su equipo llega a Berlín con una buena "tarjeta de visita", Angela Molina, quien presidió el jurado internacional de ese festival hace dos años. 
Sin embargo, considera que en su película "el protagonismo no se decanta hacia una u otra mujer, sino hacia todo el universo femenino, incluida la componente femenina que tienen los hombres". 
Salazar es consciente, asimismo, de que el referente más inmediato con que se le medirá es con Pedro Almodóvar, no sólo por su "batallón" de chicas, sino porque a algunas de éstas se las identifica con el director manchego. 
"Está claro que pasará, pero es que casi todas la actrices españolas de hoy han sido alguna vez `chicas Almodóvar`, qué le voy a hacer", dice Salazar, para quien es "fenomenal" esa referencia, siempre que se hable de comparación y no de copia. 
El debutante no quiere pensar aún "en salir de Berlín con premio", sino que se conforma con la proyección que el festival alemán dio a Julio Medem y Alejandro Amenábar, para quienes el paso por la Berlinale -hace unos años y en ambos casos fuera de concurso- actuó de rampa de lanzamiento internacional. 
"Medem, Amenábar y otros directores jóvenes han conseguido romper con el lastre de uniformidad con que se identificó al cine español", apunta Salazar, quien se siente miembro de una generación que se presenta como un "abanico amplio" de una nueva manera de hacer cine. 
Con "Piedras" aspira a repetir la suerte lograda con su corto anterior, "Hongos", que entretanto ha sido exhibido en unos cincuenta festivales, en muchos casos con premio. 
Su historia es una metáfora "no fetichista" sobre la relación entre las personas y sus zapatos, en la que trata de "romper con el dicho ese de que el calzado es un reflejo de la personalidad", dice, mientras mira de reojo hacia sus pies. 
Para ello cuenta con Antonia San Juan -con pies planos, pero en incómodos zapatos de talón aguja-, Najwa Nimri -una zapatillas deportivas-, Vicky Peña -calzada como una mujer fatal-, Angela Molina -en babuchas- y Mónica Cervera -de rojo pasión-. 
"Nada es lo que parece y ninguna calza aquello que supuestamente le corresponde", dice Salazar, preparándose para explicar mañana, ante la prensa internacional, ese universo metafórico que refleja "Piedras", "desde la perspectiva de alguien que, como yo, no es fetichista", aclara. 
En estado avanzado tiene ya el guión de su próxima película: un musical, para el que cuenta también con Angela Molina, "quien siempre dice que, en realidad, a ella lo que realmente le gusta hacer es cantar". EFE gc/ih/mr

martes, 12 de febrero de 2002

Como de la nada, "Halbe Treppe"

Un video casero resucita al cine alemán

Gemma Casadevall 

Bildergebnis für halbe treppe berlinale


Berlín, 12 feb (EFE).- El cine alemán "resucitó" con "Halbe Treppe", una película rodada como un vídeo casero en la deprimida Alemania del este, que cautivó por su sencillez a una Berlinale decidida a no tomarse en serio la lluvia de candidaturas al Oscar de "A beautiful mind". 
Los 105 minutos de imágenes en cámara digital, aparentemente sin guión y sobre un adulterio entre dos matrimonios amigos de clase obrera, fueron un bálsamo para los que temían otra dosis de cine germano como el que hasta ahora se había visto en este Festival. 
El escenario elegido por su director, Andreas Dresen, no es precisamente favorecedor: la inhóspita Fráncfort del Oder, ciudad fronteriza con Polonia, cuya imagen más característica son las largas colas de camiones que aguardan ante la aduana. 
Los protagonistas no ofrecen el menor atisbo de "glamour": el propietario de un puesto de salchichas entre bloques de viviendas prefabricadas -llamado "Halbe Treppe" o "A media escalera"-, un locutor-estrella de una radio local y sus respectivas esposas. 
Pero Dresen, quien hace dos años ya pasó por la Berlinale con "Nachtgestalten", saca el mejor partido a ese material y los pocos aditamentos que se permite, como la banda callejera que pone música y calor humano a la fría escalera urbana donde está el bar. 
"La constelación de los personajes estaba pre-establecida, pero el resto fue improvisación", explicó Dresen en la conferencia de prensa, donde fue acogido por los medios alemanes con una ovación al "héroe" que salva el pabellón nacional. 
La 52 Berlinale se abrió con un flojo "Heaven", de Tom Tykwer, y la cosa fue a mucho peor con "Der Felsen", de Dominik Graf. Se temía que el pseudo-vídeo casero de "Halbe Treppe" fuera un exponente de cine experimental farragoso, a la espera de lo que traerá la cuarta y última película alemana a concurso, "Baader", de Christopher Roth. 
"Halbe Treppe" despertó mucho más que la mera simpatía hacia el producto de bajo presupuesto que, además, juega en casa y pasó a engrosar la lista de filmes "sospechosos" a llevarse un premio. 
La película arrancó risas y tocó la fibra, no solo del público berlinés -más receptivo a los guiños domésticos-, sino también de los medios internacionales, que agradecieron ese soplo de brisa fresca, libre de tópicos y filmado en la Alemania más pobre. 
También se saltó los pronósticos -aunque en sentido inverso- "A beautiful mind", de Ron Howard, que se exhibía fuera de competición, pero se anunciaba como uno de los platos fuertes de la Berlinale. 
La producción sobre el genio de las matemáticas John Nash, que pasa de la esquizofrenia absoluta al Premio Nobel, había sido estratégicamente colocada en el programa este martes, coincidiendo con el anuncio de las candidaturas a los Oscar de Hollywood. 
El número de designaciones a la estatuilla sí respondió a las expectativas -un total de ocho, entre ellas la del mejor actor, para Russell Crowe-, pero el tipo de cine que representa dista mucho de lo que se espera encontrar en un festival, sobre todo en Europa. 
Se trata de una película "típicamente americana" -en su sentido peyorativo- plagada de clichés, donde se pisotea sin miramientos los hechos y personajes reales en que está basado el guión. 
La interpretación de Crowe es un recital de tics, que van en aumento a medida que el actor "envejece" a golpe de maquillaje. 
El film de Howard no encajó en los gustos de la Berlinale, pero sirvió para dar por aceptable a "Iris", de Richard Eyre, la segunda película a concurso de la jornada, tras "Halbe Treppe". 
Judi Dench, la actriz que da vida a la anciana escritora Iris Murdoch, está entre las candidatas al Oscar como mejor actriz por este film. 
Su interpretación de esa escritora inteligente y brillante, que de pronto descubre que se le escapan las palabras y los recuerdos por culpa del Alzheimer, fue el reverso de la medalla -en cuanto a moderación- al esquizofrénico que supuestamente es Crowe. 
El reparto de papeles entre Dench y Kate Winster, que interpreta a una Murdoch joven y llena de vida, resultó reconfortante, en contraste con el despilfarro cosmético que separa al John Nash joven y al anciano, ambos interpretados por Crowe. EFE gc/dm/mr